REGRESANDO A CASA
Testimonio
Él nos dice: “El comienzo de mi conversión fue la confusión dentro de los cristianos evangélicos.
Yo creía en Cristo, creía que mis pecados habían sido perdonados y creía que conocía el Evangelio del Nuevo Testamento. También creía que todas las demás religiones eran falsas.
A la Iglesia católica la veía como apóstata, llena de corrupciones medievales, y estaba convencido de que la Palabra de Dios era la única autoridad.
Pero los evangélicos están divididos; por ejemplo, unos aceptan el bautismo de los niños y otros creen que sólo es para creyentes adultos.
Estudié el asunto del bautismo y descubrí que el bautismo, exclusivamente de adultos, había comenzado en el siglo XVI.
Esto fue la clave de la verdad y traté de convencer a cristianos evangélicos bautistas de esta verdad, pero me decían que eso era secundario.
Por otra parte, ninguno de los Padres de la Iglesia predica la justificación por sola fe.
La teoría de que en el siglo IV, el emperador Constantino había empezado la corrupción de la Iglesia, me pareció menos creíble.
Yo descubrí que los líderes de la primitiva iglesia creían en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, en la sucesión apostólica, en las oraciones por los difuntos y en el puesto especial del obispo de Roma.
Por eso, como diría el cardenal Newman: el que estudia la historia, deja de ser protestante.
A mí me dijeron que la Iglesia católica había quemado copias de la Biblia, pero yo descubrí que la Iglesia había conservado la Biblia y había definido cuáles eran los libros inspirados, y sólo había prohibido las ediciones que eran traducciones heréticas, que atacaban a la Iglesia y al Papa como la de Tyndale.
Además, antes de la Reforma, ya se había traducido la Biblia a las principales lenguas modernas...
Por otra parte, los cristianos bíblicos se preocupan mucho de condenar ciertas conductas de los demás.
Por ejemplo, consideran que tomar licor es pecado y están convencidos que Jesús tomó sólo jugo de uva en la Última Cena o que el vino que multiplicó en las bodas de Caná no era alcohólico.
Para algunos el bailar es una abominación, para otros el fumar o el comprar lotería y, sin embargo, casi todos ellos aceptan los medios artificiales anticonceptivos.
Por esto y por mucho más, yo me he hecho católico. Y no estoy solo.
En los últimos años, muchos evangélicos conservadores han entrado en la Iglesia, a pesar de que el camino a la Iglesia está bloqueado por muchas falsas ideas y malas interpretaciones sobre lo que es la Iglesia.
La Iglesia católica es como la pequeña piedra de la visión de Daniel que destruye la falsa imagen (Dan 2), es la semilla de mostaza que llega a ser un árbol grande. Es la casa edificada sobre roca”109.
109 ib. pp. 112-123.
