REGRESANDO A CASA
Testimonio

Irma Barsy, nacida en 1904 en Hungría, fue una gran escritora de familia evangélica luterana.

Dice: “Durante los bombardeos de la segunda guerra mundial, corríamos al refugio. Un día, después del bombardeo corrí a la iglesia católica, ya que era día laborable y no suelen estar abiertas las iglesias protestantes... Y, junto a los demás fieles, me arrodillé ante la imagen de la Santísima Virgen...

Los domingos, cuando no iba de excursión, asistía al culto evangélico. Pero mis sentimientos y emociones religiosos dependían de la predicación del pastor: buena o aburrida.

En cambio, en las clandestinas visitas a los templos católicos, notaba, cada vez con más claridad, que me faltaba algo. Posteriormente, comencé a asistir los domingos a misa”76.

“Después de la guerra, fui a Roma y fue casi un milagro entrar el Jueves Santo en la capilla Sixtina, donde su Santidad celebraba la misa.

Estaba de rodillas en la Sala Regina, cuando el Papa pasó a pie por delante de nosotros y nos bendijo con su pálida mano.

El domingo de Pascua, lo vi en la misa de San Pedro... El 8 de mayo de 1948 pude, por fin, ser hija de la santa Iglesia.

Ante el altar de San Francisco de Asís, en la iglesia del convento, pronuncié mi Credo... Poco después, viví el día más feliz y más bello de mi vida; el día de mi primera comunión

¡Qué difícil resulta explicar con palabra humana lo que sentí en aquel instante! Aquel goce infinito del alma sólo podría expresarse con el celestial idioma de la música.

Así era: la música de un coro invisible sonaba en mi alma, un canto de ángeles fluía por entre sus notas y me plegué en dichosa gratitud, con lágrimas de alegría, a la suave y amorosa mano de Dios...

Es como si hubiese nacido de nuevo. ¡Todo me parece ahora tan claro y sencillo! Después de muchas dudas y luchas internas, después de largas odiseas, ¡por fin estoy en casa!”77.

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