por Makf | 28 Nov, 2025 | Angeles en Acción
Autor: P. Angel Peña O.A.R
SAN BASILIO, en el siglo IV, escribe:
Hay ángeles que custodian naciones enteras. Así lo enseñan Moisés y los profetas17.
SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, también del siglo IV, nos dice en una oración eucarística:
Ten piedad, Señor, de los fieles aquí presentes y por la virtud de tu santa cruz y por la custodia de los ángeles, líbralos de todo peligro y de toda necesidad:
Incendios, inundaciones, fríos, bandidos, serpientes, fieras salvajes, ataques, asechanzas del demonio y enfermedades18.
SAN ROBERTO BELARMINO afirma:
Los ángeles custodios protegen a los hombres de peligros físicos y morales. Nada de lo que afecta a los hombres deja de interesarles. Todo lo que, de un modo u otro, afecta a nuestro destino eterno, les afecta:
Desencadenamiento de las fuerzas de la naturaleza, ataques de animales, pasiones, intrigas, conspiraciones, guerras, todo puede ser objeto de una intervención decisiva del ángel, desde el momento en que el destino eterno de los amigos de Dios está en juego.
17 Adv Eunom 3, 1; PG XXIX, 657 A.
18 Prex eucarística, editada por Antón Haenggi y Irngard Pahl, Friburgo, 1968, p. 341.
por Makf | 28 Nov, 2025 | Catecismo Parte 3
1878 Todos los hombres son llamados al mismo fin: Dios. Existe cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la fraternidad que los hombres deben instaurar entre ellos, en la verdad y el amor (cf GS 24, 3). El amor al prójimo es inseparable del amor a Dios.
1879 La persona humana necesita la vida social. Esta no constituye para ella algo sobreañadido sino una exigencia de su naturaleza. Por el intercambio con otros, la reciprocidad de servicios y el diálogo con sus hermanos, el hombre desarrolla sus capacidades; así responde a su vocación (cf GS 25, 1).
1880 Una sociedad es un conjunto de personas ligadas de manera orgánica por un principio de unidad que supera a cada una de ellas. Asamblea a la vez visible y espiritual, una sociedad perdura en el tiempo: recoge el pasado y prepara el porvenir. Mediante ella, cada hombre es constituido “heredero”, recibe “talentos” que enriquecen su identidad y a los que debe hacer fructificar (cf Lc 19, 13.15). En verdad, se debe afirmar que cada uno tiene deberes para con las comunidades de que forma parte y está obligado a respetar a las autoridades encargadas del bien común de las mismas.
1881 Cada comunidad se define por su fin y obedece en consecuencia a reglas específicas, pero “el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana” (GS 25, 1).
1882 Algunas sociedades, como la familia y la ciudad, corresponden más inmediatamente a la naturaleza del hombre. Le son necesarias. Con el fin de favorecer la participación del mayor número de personas en la vida social, es preciso impulsar, alentar la creación de asociaciones e instituciones de libre iniciativa “para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos, tanto dentro de cada una de las naciones como en el plano mundial” (MM 60). Esta “socialización” expresa igualmente la tendencia natural que impulsa a los seres humanos a asociarse con el fin de alcanzar objetivos que exceden las capacidades individuales. Desarrolla las cualidades de la persona, en particular, su sentido de iniciativa y de responsabilidad. Ayuda a garantizar sus derechos (cf GS 25, 2; CA 16).
1883 “La socialización presenta también peligros. Una intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según éste, “una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común” (CA 48; Pío XI, enc. Quadragesimo anno).
1884 Dios no ha querido retener para Él solo el ejercicio de todos los poderes. Entrega a cada criatura las funciones que es capaz de ejercer, según las capacidades de su naturaleza. Este modo de gobierno debe ser imitado en la vida social. El comportamiento de Dios en el gobierno del mundo, que manifiesta tanto respeto a la libertad humana, debe inspirar la sabiduría de los que gobiernan las comunidades humanas. Estos deben comportarse como ministros de la providencia divina.
1885 El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los límites de la intervención del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional.
por Makf | 28 Nov, 2025 | Catecismo Parte 3
1943 La sociedad asegura la justicia social procurando las condiciones que permitan a las asociaciones y a los individuos obtener lo que les es debido.
1944 El respeto de la persona humana considera al prójimo como “otro yo”. Supone el respeto de los derechos fundamentales que se derivan de la dignidad intrínseca de la persona.
1945 La igualdad entre los hombres se vincula a la dignidad de la persona y a los derechos que de ésta se derivan.
1946 Las diferencias entre las personas obedecen al plan de Dios que quiere que nos necesitemos los unos a los otros. Esas diferencias deben alentar la caridad.
1947 La igual dignidad de las personas humanas exige el esfuerzo para reducir las excesivas desigualdades sociales y económicas. Impulsa a la desaparición de las desigualdades inicuas.
1948 La solidaridad es una virtud eminentemente cristiana. Es ejercicio de comunicación de los bienes espirituales aún más que comunicación de bienes materiales.
por Makf | 28 Nov, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Ya hemos dicho que la cercanía máxima de Dios en nuestra vida se da en el momento cumbre de la comunión. Es el momento de nuestra mayor identificación con Cristo.
Durante los momentos en que las especies eucarísticas están presentes en nosotros, hay entre Jesús y nosotros, una identificación plena, sobre todo, si el alma está abierta a Dios y a su santa voluntad; pues puede uno comulgar físicamente, y espiritualmente estar lejos de Jesús o, al menos, no muy cerca.
Hay muchas personas que comulgan por costumbre o porque es la fiesta de un santo o la misa de un familiar, pero no se han preparado y no dan gracias.
Es como comer sin provecho, porque no se asimila. Es como estar físicamente unidos en un autobús repleto de pasajeros, pero espiritualmente estar a kilómetros de distancia, porque cada uno piensa en sus cosas y no le interesa el vecino, a quien no conoce.
Comulgar es participar en la vida divina de Cristo, de esa vida que Él recibe del Padre y que el Espíritu Santo recibe del Padre y del Hijo.
En una palabra, comulgar es una participación real en la vida de la Trinidad por medio de la humanidad de Jesús, pues por Cristo-Hombre llegamos a la Trinidad. Él es el mediador entre Dios y los hombres.
Al comulgar con devoción, nuestro ser humano se eucaristiza, se funde con Cristo, como el hierro se une al fuego y se convierte en hierro rusiente; de modo que parecen dos cosas inseparables.
El cielo será precisamente una unión con Cristo y, por Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, para toda la eternidad.
Es por esto que, si las especies sacramentales fueran permanentes en nosotros, viviríamos, en cierta manera, un cielo adelantado, aunque no sintiéramos toda la felicidad de la unión con Cristo por vivir todavía atados a las cosas de la tierra. Esta gracia la han recibido algunos santos como san Antonio María de Claret.
Él dice: El día 26 de agosto de 1861, hallándome en oración en la iglesia del Rosario en la Granja (Segovia), a las 7 de la tarde, el Señor me concedió la gracia grande de la conservación de las especies sacramentales y tener siempre, día y noche, el Santísimo Sacramento interiormente31.
Decía san Pedro Julián Eymard: Jesús creó el hermoso cielo de la Eucaristía. La Eucaristía es un hermoso cielo…
Porque ¿no está el cielo allí donde está Jesucristo? Por eso, cuando comulgamos recibimos el cielo, puesto que recibimos a Jesucristo, causa y principio de toda felicidad y gloria del paraíso celestial32.
Hay una bella página del libro de las Actas de los mártires, en la que se cuenta que santa Felicitas lloraba, porque había dado a luz en la cárcel a su hijo y el guardián se reía de ella, diciéndole: ¿cómo vas a ir al martirio, si no eres capaz de soportar sin llanto los dolores humanos?
Y ella respondió: Es que ahora estoy sola; pero, cuando esté en el anfiteatro, estará Cristo conmigo y no tendré miedo alguno. Eso mismo podemos decir de Jesús Eucaristía.
Nosotros tenemos miedo de todo, pero, si comulgamos y tenemos a Jesús con nosotros, entonces, podremos superar cualquier dificultad. Por eso, decía san Pablo: Todo lo puedo en Aquel (Cristo) que me fortalece (Fil 4, 13).
Veamos un hecho concreto.
En una leprosería del Extremo Oriente, había un joven enfermero que era la admiración de todos por su alegría contagiante y por su espíritu de servicio y de caridad para todos sin excepción.
Se llamaba Marcos Vang. Él había sido leproso y, una vez curado, había querido quedarse para ayudar a tantos leprosos que necesitaban ayuda.
Un día, un cierto personaje chino visitó la leprosería, acompañado de la Madre Superiora, y se fijó en la sonrisa brillante de Marcos, que estaba curando las llagas purulentas de un enfermo.
La religiosa le dice al visitante: Eso lo hace todos los días y con una cara de alegría que contagia a todos.
Entonces, el personaje chino le pregunta con curiosidad:
- Muchacho, ¿por qué estás siempre alegre en medio de tanto sufrimiento y de tantos leprosos, que tienen la carne medio podrida? - Jesús es mi fuerza. Yo comulgo todos los días.
Y, mientras se retiraba del jardín, la religiosa le iba explicando al visitante qué era eso de comulgar y quién era Jesús, el amigo que nunca falla y nos da la fuerza necesaria para seguir viviendo, aun en medio de las mayores dificultades de la vida33.
31 Autobiografía, o.c., p. 339.
32 San Pedro Julián Eymard, o.c., p. 198.
33 Tomado del libro Éstos dan con alegría del padre José Julio Martínez, Ed. Edapor, Madrid, 1983, pp.
211-212..
por Makf | 28 Nov, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
La Eucaristía es el milagro más maravilloso y el tesoro más grande del mundo.
¿Puede haber algo más grande y valioso que Cristo mismo, el Señor y Rey del universo, el Rey de reyes y Señor de los señores?
Sólo los santos han podido comprender en toda su profundidad el valor y el significado de la presencia viva y real de Jesús en la Eucaristía.
Jesús Eucaristía es el mismo Jesús de Nazaret, que hace dos mil años paseaba por los caminos de Palestina, sanando a los enfermos y bendiciendo a los niños.
Jesús Eucaristía es la fuente de la vida, del amor y de la paz.
Jesús es el pan de vida, el pan para la vida, el pan que nos alimenta para darnos vida eterna.
Pero ¿supone algo para nosotros que Jesús, como hombre y Dios, nos esté esperando todos los días en el sagrario de nuestras iglesias?
¿Acaso es lo mismo rezar en la casa que ante Jesús sacramentado?
Son muchas las preguntas que podríamos hacer.
Para responder a algunas de ellas hemos querido escribir este libro; pero, sobre todo, para encender en los corazones de los verdaderos cristianos el amor a Jesús.
El año 1997 escribí el libro Jesús Eucaristía, el amigo que siempre nos espera.
Ahora quiero completar muchas de aquellas ideas, evitando repetirme en la relación de milagros o de otros temas que ya están escritos en dicho libro.
De todos modos, la Eucaristía es algo tan profundo que, aunque se escribieran miles de libros más, nunca se agotaría el tema.
Les deseo a todos una vida cristiana abundante y victoriosa, llenos del Espíritu Santo, amando a Jesús con todo su corazón, para hacer de su vida una continua alabanza al Padre Dios, como hijos queridos.
Nota.- Sobre los escritos del Papa Juan Pablo II:
RM se refiere a la encíclica Redemptoris mater;
RH a la encíclica Redemptor hominis;
EE a la encíclica Ecclesia de Eucharistia;
DD a la carta apostólica Dies Domini;
MND a la carta apostólica Mane Nobiscum Domine;
Cat al catecismo de la Iglesia católica.