20. Puntos comunes para la reflexión teológica

Autor: Oscar Gerometta | Fuente: Cristiandad.org   

Introducción en las pautas esenciales de análisis y comprensión del problema sectario.

Informar y orientar a nuestras comunidades, en base a un lúcido discernimiento, acerca de las formas religiosas o para-religiosas … y las distorsiones que encierran para la vivencia de la fe cristiana
Documento de Puebla n. 1669

Hablar generalizando es una tentación permanente, sobre todo en un fenómeno como el que nos ocupa, las generalizaciones están al orden del día. Cuando nos ocupamos de las "sectas" una de las grandes tentaciones es hacer también una caracterización global de un fenómeno que es singularmente amplio, diverso y no de fácil comprensión.

La diversidad de origen histórico de los distintos grupos, la variedad de sus fuentes doctrinales y rituales, junto con la enorme variabilidad doctrinal que engendra todo sincretismo, hacen utópico todo intento de dar una visión unificada del fenómeno sectario.

Por esto mismo no es posible caracterizar sencillamente a las sectas, de un modo tal que todas puedan considerarse abarcadas por esas características. Esta dificultad la apuntamos y experimentamos al intentar elaborar una clasificación suficientemente abarcativa y clarificadora.

Pero por otro lado, no podemos ignorar que el fenómeno en su conjunto responde a una problemática cultural que sí es única, y por lo tanto, a partir del hecho de que la diversidad religiosa es síntoma de un mal social único, podemos referir algunos puntos comunes no a cada grupo en particular, sino al hecho social y religioso en su conjunto. Son esos puntos los que queremos ahora detenernos a enunciar brevemente, a modo de un borrador que sirva para una mayor profundización de la situación.

Un denominador común: el subjetivismo religioso
Un hecho sociológico transportado a la religión: el individualismo
Un fenómeno en expansión: la lectura heterodoxa de los textos sagrados
La lectura fundamentalista
La lectura ocultista

Al realizar nuestro recorrido histórico del desarrollo del fenómeno y repasar los acontecimientos que jalonaron el surgimiento de las iglesias protestantes alrededor del movimiento reformista del siglo XVI, hemos destacado el hecho de que la introducción del principio de "Libre Interpretación" de las Escrituras significó la introducción en la estructura eclesiológica de Occidente del subjetivismo religioso.

Según define el diccionario, el subjetivismo en materia filosófica es el punto de vista "según el cual lo decisivo para el valor del conocimiento no es el objeto, sino la constitución del sujeto…".

Trasladado al ámbito religioso, cuando hablamos de "subjetivismo religioso" nos referimos al fenómeno moderno que ha implicado que la búsqueda religiosa del hombre contemporáneo se haya desplazado de una búsqueda de comunión objetiva con la Trascendencia a la mera búsqueda de la experiencia íntima y personal de "lo divino".

Como expresa el Catecismo de la Iglesia Católica, "el deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios". Esta búsqueda o deseo de Dios es lo que los hombres han expresado a lo largo de la historia bajo la forma de diferentes creencias y comportamientos rituales.

Esta búsqueda es la búsqueda de la comunión con la Trascendencia en la que anhelamos encontrar la cura para la angustia de nuestro ensimismamiento. Es la búsqueda de la unión con el Todopoderoso que nos permite trascender los límites de nuestra condición limitada. Es bucear en la realidad en busca de un Otro, de un Distinto del hombre que pueda dar respuesta a las angustias que brotan de su propia experiencia de contingencia.

Por esto a lo divino, lo misterioso, lo trascendente, se lo ha definido como lo "totalmente otro", en definitiva, como lo máximamente objetivo. De aquí que la experiencia básica del hombre religioso es la de lo divino como algo total y absolutamente distinto del hombre, como un Otro objetivo que se le impone: a la contingencia de la profanidad de lo humano se contrapone la absoluta necesidad de lo sagrado, como absoluta y totalmente distinto del hombre, y por lo tanto, como esperanza de solución para el dilema de la contingencia.

Este era, desde el principio de los tiempos y hasta el nacimiento de la modernidad, el denominador común de toda experiencia religiosa: lo divino como una realidad que se impone al hombre y que desde su objetividad es aceptada o rechazada por el individuo, siendo su aceptación el punto de partida para el desarrollo del hecho religioso de comunión con lo divino, y de allí para la experiencia subjetiva de comunión con la divinidad.

Esta misma es la objetividad de lo Cristiano: Jesús, el Cristo, es propuesto por su Iglesia a todos los hombres como Camino, Verdad y Vida, como única respuesta valedera a ese deseo de Dios inscrito por Él mismo en el corazón de todo hombre, un corazón humano que debe enfrentar, desde la intimidad de su respuesta libre, el desafío que el llamado evangélico supone.

En esta decisión libre, a la que llamamos "conversión", se funda la verdadera comunión con lo Divino:"Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo". A esa experiencia íntima y personal de Comunión, fruto de una conversión objetiva al Dios Trino que se descubre como totalmente Otro, es a la que llamamos "experiencia religiosa".

Esta experiencia religiosa es el eco subjetivo y personal de la realidad objetiva de la conversión. El "sentimiento" religioso es estable y profundo, cuando es consecuencia de el encuentro personal con Dios. De este modo, el objeto primero de la búsqueda religiosa es el encuentro objetivo con la Divinidad.

La modernidad en cambio, ha desplazado la objetividad de esta experiencia al plano de lo puramente fenomenológico y por ende subjetivo; convirtiendo en meta de la conversión no el encuentro con Cristo, sino la experiencia de "sentirse" salvado.

Ya no importa encontrar la respuesta a las expectativas más profundas del hombre en la objetividad del Dios que se manifiesta como respuesta verdadera a esos interrogantes, sino que la preocupación está puesta en alcanzar un sentimiento de redimido, sin importar en el fondo si tal sentimiento está fundado en la realidad objetiva e inconmovible de la Gracia o no.

De este modo se deja de lado toda referencia al ámbito de lo real para sumergirse en el lenguaje de lo experiencial y subjetivo. La preocupación no es ya conocer a Dios, sino solamente "sentirlo" y "sentirse" conocido y amado por Dios.

Este camino frustra esa expectativa de trascendencia que está encerrada en el corazón de todo hombre. La frustra, ante todo porque deja al hombre librado a su propia limitación y contingencia, limitación que por experiencia conoce como insalvable, y a la que se despoja de la esperanza que asegura la trascendencia y permanencia de lo divino.

Pero la frustra también, porque encierra al hombre en su soledad, aislándolo de la necesaria referencia a la experiencia objetiva comunitaria de salvación que funda al verdadero Pueblo de Dios: la comunión sólo puede fundarse en la experiencia común, y esto requiere un objeto común.

De este modo, el mismo sujeto que experimenta la omnipotencia de "sentirse salvado", sufre paralelamente la angustia de sentirse sumergido en la noche solitaria y triste del individualismo. Debe ahora buscar la experiencia de "sentirse" miembro de una comunidad. Pero el Pueblo de Dios es la comunidad de los que han sido salvados por Cristo, no de aquellos que se "sienten" salvados por Él.

Un hecho sociológico transportado a la religión: el individualismo

El subjetivismo inhabilita al hombre para la comunión, por eso está inevitablemente unido a otro fenómeno de la transición de este milenio: el individualismo.

En el ámbito sociológico este avance del individualismo se ha plasmado es una serie de estructuras sociales que, aún cuando se sigue definiendo a la familia como la célula de la sociedad, están privilegiando al individuo por encima de la familia.

Quizás el fenómeno cultural más evidente y a la vez el menos debatido es esta tendencia a considerar al individuo como un ente con sentido y razón en sí mismo, desgajado de su historia (su familia de origen) y de su futuro (su proyecto de familia).

Este fenómeno quizás sea necesario referirlo al rol creciente que se ha dado a partir de fines del siglo XVII, a la afirmación de la libertad individual muchas veces como contrapuesta y por encima del bien común. De este modo se ha eliminado progresivamente todo elemento que permita presumir al menos una mínima limitación al ejercicio de una libertad que se supone erróneamente absoluta.

De este modo el hombre se ha ido despojando progresivamente de su historia, luego de los nexos nacionales, más tarde de los esquemas culturales, y en este último tiempo de su referencia familiar. Así ha eliminando toda referencia a una comunidad verdadera, aún a la más elemental y primaria: la comunidad familiar.

Como consecuencia inmediata podemos observar una cultura en la que se presentan habitualmente como contrapuestos el bien común y la felicidad personal, y que por ende procura reemplazar la verdadera comunidad de vida por una libre asociación transitoria fruto de la comunidad de intereses.

El ejemplo más claro podemos encontrarlo en el intento de la década del ´90 de reemplazar la comunidad familiar por modelos alternativos en los que la convivencia se limita a la compañía eliminando radicalmente toda comunidad de proyecto de vida.

Pero esto no es sólo un problema social, sino que implica también un desafío directo para todos las propuestas religiosas. Toda religión supone una comunidad en la cual, desde la objetividad de la experiencia de lo divino, se comparte el recuerdo de la experiencia fundante y el esfuerzo por caminar hacia la comunión definitiva con la Trascendencia.

Esta comunidad religiosa podrá permanecer simplemente como tal o plasmarse en estructuras sociales que canalicen ese recuerdo y ese proyecto (estructuras a las que en el contexto del cristianismo denominamos "iglesias"), pero en todos los casos mantiene su identidad comunitaria; y, a la vez que ofrece al individuo una referencia estable y segura, exige también de este su aceptación y asimilación al proyecto que se manifiesta como común.

De este modo toda comunidad religiosa supone para el individuo que en ella se inserta ambivalencia: por una parte la seguridad que es consecuencia de la objetividad de la experiencia religiosa, por otra la limitación que supone aceptar una tradición heredada y la responsabilidad de un futuro común.

Esta ambivalencia se ha hecho difícilmente tolerable para el hombre contemporáneo infectado de individualismo.
Es que por un lado se ha desplazado la preocupación de la comunión objetiva a la subjetividad de la vivencia personal; por otro, la aceptación de una comunidad supone una renuncia libre para la que no estamos culturalmente preparados.

Es mucho más tentadora la posibilidad de poder construir, desde la que considero como mi experiencia personal de lo divino, una fórmula religiosa personal en la que combinen los elementos que más condicen con mi sentimiento personal sin ligarme necesariamente a normas o moldes comunitarios que limitan mi libertad.

Es así que nos encontramos con el fenómeno de que el fin de este milenio asiste por un lado a un reverdecimiento de la necesidad subjetiva de una referencia trascendente, y por otro a la negación sistemática de ligarse a una comunidad religiosa claramente estructurada. Esto explica también el fenómeno del tránsito fluido a través de grupos religiosos inmensamente diversos, y el clima general de "deísmo" que vive nuestra sociedad, de espiritualidad sin religión.

El hombre del tercer milenio se siente solo ante la inmensidad de lo divino, y ha perdido la seguridad que transmite la pertenencia al Pueblo de Dios. Hastiado de soledad busca la pertenencia a una comunidad, pero se niega a renunciar a algo de la ilusión de su libertad.

¿Cómo encajan en este planteo las numerosas "comunidades" que surgen cada día? Encajan como respuesta a la angustia de la soledad. El subjetivismo nos deja solos y sin pertenencia. Requerimos de un esquema de pertenencia pero ya no podemos encontrarlo en el hecho de compartir una experiencia objetiva. Aquí surgen las "comunidades" nucleadas no en la aceptación de una realidad común sino en el esfuerzo de compartir un afecto.

Son las comunidades de los que "se sienten salvados". Los nuclea el esfuerzo por alcanzar una experiencia, esto es lo que las hace particularmente peligrosas estas comunidades para la psiquis de sus miembros: las personas se engregan acríticamente buscando "experimentar" a Dios, y para lograr esa experiencia están dispuestos a abandonar todas sus defensas personales.

Pero por otro lado, como la experiencia personal es algo intransferible, y en el caso de que se alcance, lábil (no duradero), las comunidades tampoco son estables: sus miembros permanentemente migran por cansancio o rechazo, en busca de otra comunidad que prometa la "experiencia".

Un fenómeno en expansión: la lectura heterodoxa de los textos sagrados

Pero el drama de la libertad no sólo se expresa en el aspecto vivencial comunitario, sino que se vuelve mucho más terrible cuando se instaura en el orden intelectual y se quiere reivindicar como libertad para la interpretación del mensaje revelado. El fundamentalismo contemporáneo, en el ámbito del cristianismo, no es más que un hijo no querido del subjetivismo de la libre interpretación.

Es que, como señalara el Concilio Ecuménico Vaticano II en lo que se refiere a la interpretación de las Sagradas Escrituras:
"Habiendo, pues, hablado Dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que Él quiso comunicarnos, debe investigar con atención qué pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y qué quiso Dios manifestar con sus palabras.

"Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a ´los géneros literarios´, puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: históricos, proféticos, poéticos o en otras formas de hablar.

Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia, según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época…"

Es decir, la recta interpretación de las Sagradas Escrituras exige que la pauta de interpretación sea la realidad histórica del momento en que el texto fue escrito. Pero en este sentido hay dos tentaciones fundamentales:

Hija del subjetivismo y de la libre interpretación, acunada en los brazos del pietismo, se ha gestado una forma de lectura del texto bíblico que prescinde totalmente del contexto histórico en que fueron escritos los distintos libros que lo componen, dejando de lado todo el instrumental de interpretación que hoy llamamos "exégesis" y, lo que es peor, la interpretación tradicional de los textos bíblicos dentro de la Iglesia, para simplemente procurar "entender lo que me dice el texto", ignorando de este modo la objetividad del texto y dejándolo librado al capricho del lector de turno. Esto es esencialmente lo que denominamos una "lectura fundamentalista". 

Por otro lado, siempre existe la tentación de lo novedoso, por lo que en los casos en que la interpretación tradicional de un texto no alcanza o no se ve como suficiente, y la interpretación fundamentalista resulta muy primitiva, no es extraño que se eche mano de elementos ajenos a la historia de la redacción del texto bíblico tales como los principios del ocultismo teosófico, o alguna pretendida revelación mantenida oculta desde tiempos inmemoriales, cuando no de los mensajes recibidos por algún canalizador, vidente o profeta de turno. 

Esta forma de interpretación totalmente espúrea y ajena al espíritu verdaderamente cristiano, constituye lo que podríamos denominar una "lectura ocultista" de las Escrituras.

Pero atención. Hasta aquí hemos descrito el fenómeno que denominamos "lecturas heterodoxas" tomando como base el texto bíblico. Nos ha parecido el modo más directo de explicar lo que entendemos por lectura fundamentalista y lectura ocultista.

Pero este fenómeno no se circunscribe a los textos fundantes del cristianismo. Se trata solamente de un modo de ejemplificar lo que podríamos llamar más genéricamente como "lecturas aberrantes de textos sagrados" y que se dan hoy en casi todas las religiones: islamismo, budismo, brahmanismo, etc.

El fundamentalismo y el ocultismo son dos estructuras mentales que hacen estragos en cualquier cultura y en todo contexto religioso. Dos de los gérmenes que carcomen las entrañas de nuestras culturas globalizadas.

La lectura fundamentalista

Denme una cita bíblica…
Dado que el propósito primero de la lectura bíblica debiera ser que el hombre se encuentre con lo que Dios quiere manifestar a quien lo busca con corazón recto, o lo que Pío XII llama "descubrir y exponer el sentido genuino de la Sagrada Escritura", el objeto primario de esa lectura tendría que ser la determinación de lo que llamamos el "sentido literal" de las Escrituras.

Para esto, según dice el mismo Papa, es preciso valerse "del conocimiento de las lenguas, ayudándose del contexto y de la comparación de otros pasajes análogos", pero como estos textos han sido redactados en el seno de una comunidad perfectamente identificada (el Pueblo de Dios), y para esa misma comunidad, alcanzar el recto significado de los mismos exige también tener en cuenta el sentido que ese Pueblo de Dios dio a esas palabras a lo largo de la historia, y cómo las enseñó.

Es decir, una recta interpretación del texto bíblico exige un doble parámetro de objetividad; por una parte una objetividad referida a lo que materialmente dice el texto mismo que lo que exige contextualizarlo en la cultura y el tiempo histórico en el que fue escrito; y por otra, una objetividad referida al autor y destinatario del texto, lo que requiere la consideración del modo particular en que ese texto ha sido leído a la largo de la historia por la Iglesia.

Esta doble objetividad es la que nos pone permanente a salvo de la tentación del fundamentalismo.

Pero el fundamentalismo arrebata el texto del seno de la comunidad desde la cual y para la cual fue concebido, convirtiéndolo en un libro sin autor y sin destinatario, desvinculándolo de la lectura que de él han realizado los cristianos a través de los siglos; convirtiéndolo de este modo también en un escrito atemporal, sin situación cultural e histórica concreta, sin otro parámetro de interpretación auténtico que no sea lo que este lector aislado en el tiempo y el espacio cree encontrar en el texto.

Por eso toda lectura fundamentalista, tanto de la Biblia como de cualquier otro texto sagrado (p.e. el Corán) se reduce a una lectura del libro por o a través del mismo libro. Esto quiere decir que el único parámetro de interpretación auténtico que se reconoce en toda lectura fundamentalista son los textos paralelos, las menciones posteriores, las citas cruzadas, etc..

Sin duda que estos elementos constituyen una herramienta importante para la interpretación de todo texto sagrado, pero de ningún modo son la única, ya que no se puede ignorar la importancia que tienen el contexto histórico y cultural en el cual fue escrito y para el cual está destinado, y por sobre todo, la lectura que realiza la la comunidad desde la fe.

Pero la dificultad no queda simplemente reducida a que el fundamentalismo conduce necesariamente a un empobrecimiento arbitrario de la lectura del texto sagrado. Si tenemos en cuenta la amplitud y vastedad del texto bíblico, así como la variedad de géneros literarios y épocas de composición de los distintos textos, y se lo combina con una lectura fuera del debido contexto, el resultado será la posibilidad de fundamentar prácticamente cualquier opción personal a partir de un texto bíblico.

Y esto no es una mera hipótesis… el "flirty fishing" de los Niños de Dios, la negativa a recibir transfusiones de sangre de los Testigos de Jehová, el frenesí paramilitar de grupos apocalípticos como el de Waco, no se pueden justificar solamente a partir de una presunta actitud de fanatismo religioso, sino que encuentran un sostén religioso a partir de una lectura fundamentalista de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

El fundamentalismo ha sido y será siempre la tentación para el espíritu religioso simple que tiende a rechazar los artilugios muchas veces vanamente artificiosos de la especulación racional, tentación que abre la puerta al fanatismo y al sectarismo de cualquier tipo. Si se acepta el punto de partida del fundamentalismo, parafraseando a Arquímedes podríamos decir: "…denme una cita bíblica y justificaré lo que sea".

La lectura ocultista

Busca la sabiduría y corre tras ella…
El fundamentalismo es la tentación de rechazar todo elemento interpretativo que no sea el mismo texto sagrado.

Pero hay otra tentación que evidentemente ha rondado los ambientes cristianos desde la época de los mismos apóstoles: la introducción de elementos parcial o totalmente ajenos a la fe y el contexto cultural bíblico, como pautas de interpretación del texto bíblico; a esto parece referirse la carta a los Gálatas cuando afirma:"… aún cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema! Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!".

Estas formas de lectura heterodoxa contemplan la introducción de todo tipo de elementos realmente ajenos a la tradición religiosa de origen.

En algunos casos se introducen escritos de un estilo pretendidamente semejante al de los escritos bíblicos, surgidos en un contexto cultural relativamente cercano al de los hagiógrafos, aunque totalmente ajenos al canon de las Escrituras.

Escritos antiguos, redactados en los últimos siglos del período del Antiguo Testamento o los primeros de la Era Cristiana, muchos de ellos de origen claramente heterodoxo, que pudieron en algún momento haber tenido cierta aceptación dentro de la iglesia primitiva aunque nunca fueron aceptados como verdadera Revelación. 

Es el caso de los escritos denominados Apócrifos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. En su momento muchos de ellos fueron elaborados a partir de sectas heréticas de los primeros siglos que pretendían dar su propia versión de los dichos y hechos de Jesús de Nazaret. 

Hoy en día su uso es particularmente habitual entre algunos grupos ocultistas o gnósticos que reivindican ser la verdadera continuidad del cristianismo, los poseedores de la verdadera doctrina cristiana que se hallaría corrompida en la predicación de la Iglesia.

Escritos modernos, casi contemporáneos, que plagian burdamente el estilo sobre todo del Antiguo Testamento, y que son presentados como un complemento necesario del texto bíblico que ha permanecido oculto hasta ahora por algún designio particular. 

Tal es el caso del Libro de Mormón de la Iglesia de Jesucristo de los Santos del Último Día, especie de tercer testamento que la humanidad ha recibido a través de José Smith. Es habitual que en estos casos el escrito nuevo se considere como más importante para la vida del grupo que la Biblia misma.

En otros casos se trata de verdaderos escritos modernos, frutos de alguna revelación o iluminación particular que recibe el vidente, y que se convierten en la clave de interpretación necesaria del texto bíblico sin la cual toda interpretación bíblica es considerada falsa. 

Este es el caso de tanta profecía que se convierte en "oficial" dentro de muchas sectas, también el del Principio Divino de la Secta Moon, Ciencia y Salud como clave de las Escrituras de Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana, etc.. Según algunos especialistas tendrían un rango semejante las interpretaciones bíblicas que realiza la revista Atalaya para los Testigos de Jehová. 

Esta misma jerarquía adquieren las visiones, revelaciones o interpretaciones de textos sagrados que hacen diversos videntes o profetas en cuyo entorno se cultivan conductas de corte sectario dentro de muchas comunidades cristianas. 

Tanto los grupos adscriptos al Movimiento de la Nueva Era, como los grupos de doctrina de origen oriental que se desempeñan en un medio culturalmente cristiano, suelen afirmar que su doctrina o enseñanza es perfectamente compatible con la fe cristiana. A partir de aquí, si bien aceptan y "veneran" el texto bíblico, no lo consideran propiamente como Palabra de Dios, y colocan junto a él algunos de los libros sagrados de las grandes religiones de Oriente cuya lectura e interpretación ocupa casi toda su atención. Este es el caso por ejemplo del Bhagavad Gita en el Hare Krishna.

Dentro de la predicación de los grupos ocultistas existe la creencia en que la sabiduría que ha de posibilitar a los seres humanos alcanzar la verdadera felicidad ha sido revelada a los hombres (bien sea en los tiempos primordiales, o modernamente a algunos elegidos) por seres divinos, y que es transmitida a lo largo de la historia por ciertos "maestros" o "iluminados". 

Esta transmisión se daría originalmente dentro de las órdenes mágicas, las logias u otras asociaciones semejantes, a las que sólo pueden ingresar los iniciados. 

Esta "sabiduría", mantenida oculta a lo largo de los siglos y transmitida dentro de estos grupos iniciáticos, es a su criterio la verdadera clave de interpretación de toda la realidad, y por supuesto que también de la Biblia (cuando se la acepta como un libro sagrado). 

Esta es la modalidad de lectura bíblica a la que asistimos dentro de muchas sectas platillistas (que pretenden encontrar en la Escritura rastros de antiguas visitas alienígenas), y de la vanguardia New Age que apela a fuentes como Isis Desvelada de Madame Blavatsky, o a los escritos de Saint Germain, Eliphas Levi, o Papus como herramienta de interpretación de la verdad revelada.

Sin duda que el término de "lectura ocultista" se aplica con mayor propiedad a la última modalidad descripta, pero podemos generalizar el término a todo este grupo ya que en todos los casos se está apelando a una "verdad revelada" exterior al mismo texto sagrado para su interpretación.

Estas formas de lectura son inaceptables para un cristiano. Como se manifestara ya a través del mandato de Jesús al enviar a sus discípulos: "Id por todo el mundo proclamando la buena noticia a toda la humanidad", el designio salvador de Dios es universal, es decir, alcanza a todos los hombres de todos los tiempos y desde la perspectiva del amor de Dios no conoce otra restricción que la voluntad misma del hombre que puede responder o no a su Amor Redentor.

Por lo tanto, la introducción de una revelación secundaria, conocida sólo por un grupo de iniciados, iluminados, o favorecidos de algún otro modo, que deba complementar necesariamente al texto bíblico para que el individuo pueda alcanzar la Verdad, contradice no sólo la advertencia del Apóstol a la que hiciera referencia más arriba, sino también a esta designio universal de salvación.

Además, en este camino de interpretación del texto bíblico se suele perder la verdadera perspectiva. Para el fiel cristiano, sabiduría no es un don en sí mismo, el objeto de su búsqueda no es la ciencia racional en sí, sino la sabiduría como un instrumento para alcanzar la unión con Dios, la paz… "apártate del mal, obra el bien, busca la paz, persíguela´

19. Los 144.000

Autor:  Xavier Villalta 

Cómo interpreta la iglesia católica los 144.000 elegidos para la salvación que menciona el libro del Apocalipsis?.

Respuesta de APOLOGETICA.ORG.

Dicen los Testigos de Jehová:

Los que son llamados por Dios para participar en el servicio celestial son pocos. Como dijo, son "un pequeño rebaño". Años después de su regreso al cielo, Jesús dio a saber el número exacto en una visión dada al Apóstol Juan, quien escribió: "Vi, y,¡miren! el cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil… que han sido comprados de la tierra" (Revelación 14, 1-3).

El "Cordero" al que se hace referencia aquí es, por supuesto, Jesucristo; el "monte Sión " no está en la tierra, sino en el cielo donde Jesús está (Jn 1, 29; Heb 12, 22). De modo que los 144.000 son personas que mueren en la tierra como hermanos y son resucitados a la vida celestial como criaturas espíritus, tal como le sucedió a Jesús (Rom 6, 5). Cuando se les compara con los miles de millones de personas que viven en la tierra, son, verdaderamente, un "rebaño pequeño".

(La verdad que lleva a vida eterna, 77). Taze Russell dice más. De esos 144.000, doce mil pertenecen a su grupo de Testigos de Jehová, y el resto pertenecieron a los siglos pasados. Dice literalmente:

En la tierra hoy día sólo sobrevive un resto de los 144.000 escogidos quienes son cristianos dedicados, bautizados, engendrados por el espíritu de Jehová Dios para ser coherederos con su Hijo Jesucristo en el reino celestial (Rom 8, 14-17). Los informes muestran que ahora hay menos de 12.000 de estos sobrevivientes. No todos los "Testigos de Jehová" esperan ir al cielo. Verdaderamente, sólo una porción pequeña esperan esto (Lc 12, 32). El todopoderoso Dios, quien coloca a todos los miembros en su organización como a él le place, ha limitado a 144.000 el número del "´Cuerpo de Cristo", cuyos miembros reinarán con Cristo Jesús en el reino celestial de Dios.

(Cosas en las cuales es imposible que Dios mienta, 337).

Dice la Biblia:

a) Jesús es nuestro Salvador Jesús de Nazaret ha venido a dar la respuesta definitiva a las esperanzas de salvación que alimentaba el Antiguo Testamento. Esta convicción expresa ya con toda claridad el anciano Simeón (Lc 2, 29-32): Ahora, Señor, dejas marchar a tu siervo… mis ojos han visto tu salvación… El mismo nombre de Jesús significa "Salvador" (Mt 1, 21; Hech 4,12). Somos herederos de la salvación y estamos plenamente justificados (Rom 5, l). Sin embargo, sólo en esperanza estamos salvados (Rom, 8, 24). Dios nos destina a la salvación, pero se trata de una herencia que sólo se manifestará plenamente al fin de los tiempos (1 Tes 5,9): "Dios no nos ha destinado al castigo, sino a obtener la salvación por medio de nuestro señor Jesucristo".

De manera parecida se expresa 1 Ped 1, 4-5. Cristo aparecerá para damos la salvación. Así lo dice Heb 9, 28: "Cristo, después de ofrecerse una sola vez para quitar los pecados de muchos, se presentará por segunda vez, sin pecado, a los que le esperan para la salvación ".

b) Dios quiere que todos se salven 1 Tim 2, 3-4: Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. La voluntad de Dios es la Salvación de todos los hombres. La obra de la Redención tiene un valor universal. No se trata de una voluntad absoluta que se cumplirá a pesar de todo, sino de un deseo ardiente, cuya eficacia está condicionada por la libertad del hombre.

El hombre, a quien se han aplicado todos los méritos del sacrificio de Cristo, de la predicación apostólica y de la oración de los hermanos, debe cooperar en la aceptación de la verdad. Llegar al conocimiento de la verdad es la condición indispensable para salvarse, y en cierto modo es la salvación misma, como enseña Jesucristo: "La vida eterna es ésta: que te conozcan a ti como el único Dios verdadero, y al que enviaste, Jesucristo" (Jn 17, 3).

c) El número de los que se salvan Lc 13,23-30: Cuando uno pregunta a Jesús si son pocos los que se salvan, Jesús no establece ninguna limitación en cuanto al número; exhorta a entrar por la puerta estrecha, antes de que esa puerta se cierre. El libro del Apocalipsis habla de los 144.000 que se salvan.

El libro del Apocalipsis tiene como tema fundamental nuestra lucha actual y la victoria que nos espera; aborda la cuestión de los que se salvan y, por dos veces, señala el número determinado de 144.000. ¿Se trata de un número matemático exacto? ¿Tan reducido es el número de los que se salvan? Habrá que tener en cuenta que el Apocalipsis utiliza con frecuencia el simbolismo de los números y de los colores. Por ejemplo: 7 es el número perfecto;
8 (7+1) es la superabundancia de la perfección;
6 (7-1) es la deficiencia, el mal: la bestia está expresada por 666;
3 1/2 (7/2) = tres años y medio = 42 meses = 1.260 días. Significa un período corto, un tiempo escaso;
1.000 es número inmenso, infinito.
12 es cifra santa, indica plenitud;
Blanco = victoria, pureza;
Rojo = sangre, crueldad, guerra;
Púrpura = poder imperial;
Negro = miseria;
Verde (o amarillo) = peste;
Arco iris (descomposición de colores) = presencia divina.

Apoc 7,4-10: Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel: de la tribu de Judá, doce mil marcados, de la tribu de Rubén, doce mil, de la tribu de Gad, doce mil, de la tribu de Aser, doce mil, de la tribu de Neftalí, doce mil, de la tribu de Manasés, doce mil, de la tribu de Simeón, doce mil, de la tribu de Leví, doce mil, de la tribu de Isacar, doce mil, de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil marcados.

Después de esto apareció en la visión una muchedumbre innumerable de toda nación y raza, pueblo y lengua; estaban de pie ante el trono y ante el cordero, vestidos de blanco y con palmas en la mano; aclamaban a gritos: La victoria pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero. Apoc 14, 1-13: En la visión apareció el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban inscrito en la frente el nombre del cordero y el nombre de su Padre. Oí también un fragor que bajaba del cielo, parecido al estruendo del océano y al estampido de un trueno fuerte: era el son de citaristas que tañían sus cítaras delante del trono, delante de los cuatro vivientes y los ancianos, cantando un cántico nuevo.

Nadie podía aprender aquel cántico fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, los adquiridos en la tierra. Éstos son los que no se pervirtieron con mujeres, porque son vírgenes; éstos son los que siguen al Cordero adonde quiera que vaya; los adquirieron como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero. En sus labios no hubo mentira, no tienen falta. Vi otro ángel que volaba por mitad del cielo; llevaba un mensaje irrevocable para anunciarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo… Oí una voz del cielo que decía: Escribe: Dichosos los que en adelante mueran en el Señor.

Cierto, dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan. ¿Cómo interpretar estos textos? -Los ciento cuarenta y cuatro mil marcados son todos del pueblo de Israel. A continuación se habla de una multitud incontable de todos los demás pueblos y razas. -El número ciento cuarenta y cuatro mil hay que entenderlo en sentido simbólico, de acuerdo con el carácter del Apocalipsis, y no con un valor matemático exacto. De cada una de las tribus son sellados doce mil. El doce es número sagrado que indica plenitud; el mil es número de inmensidad.

Quiere, pues, decir, que de cada tribu son muchos los que se salvan. En la enumeración de las tribus, se omite la de Dan. Tal vez porque -según una tradición judía- de ella nacería el anticristo; por eso era considerada como maldita. No obstante, hay que mantener el número de doce por su simbolismo; para ello, además de nombrar a José, nombra a su hijo Manasés.

-La multitud incontable (a la que podemos pertenecer los que no somos descendientes de Israel) alcanza igualmente la Salvación, pues: -tienen vestiduras blancas (color de victoria), -tienen palmas en la mano (símbolo de triunfo), -están delante del trono y del Cordero. -En el capítulo 14 esta muchedumbre está en la tierra, mientras que los ciento cuarenta y cuatro mil están en el cielo. Es decir, "el Resto de Israel" ya se ha salvado y está en el cielo cuando Juan escribe este libro, porque Israel como pueblo religioso ha acabado.

En cambio, hay muchas gentes que se han de salvar y están todavía en la tierra, en la tribulación, en la lucha. A éstos exhorta el ángel para que se mantengan fieles, reconozcan y teman a Dios … porque "dichosos los que en -adelante mueran en el Señor". Se trata de una diferencia actual: unos salvados están ya en el cielo, mientras que otros que se han de salvar están todavía en la tierra.

No hay nada en el texto que haga pensar que unos alcanzan una salvación plena en el cielo, mientras que la salvación de otros es de menor valor, permaneciendo para siempre en la tierra. Esta distinción no estaría de acuerdo tampoco con los muchos textos que hablan de la salvación, y nunca mencionan una categoría diversa en los salvados. -La virginidad de los ciento cuarenta y cuatro mil, de que habla el capítulo 14, hay que entenderla igualmente en sentido simbólico. Si sólo se salvaran los "vírgenes" en sentido fisiológico, habría que excluir de la salvación a todos los Patriarcas comenzando por el mismo Abraham.

En el AT se habla con frecuencia de la Alianza de Dios con Israel con el simbolismo de la alianza matrimonial. El pueblo debe mantenerse fiel a estos desposorios. Si abandona a Yahveh, su legítimo esposo, para servir a otros dioses, comete adulterio. La virginidad, en consecuencia, es la fidelidad a Dios, evitando toda idolatría. Viene, pues a decir el Apocalipsis: Muchos judíos han alcanzado la salvación ya. Muchos más de la gentilidad la alcanzarán, pero todavía están en la lucha, todavía han de esforzarse por alcanzar esta salvación.

Fr. Nelson M.

18. ¿Debo Quedarme?

Autor: Bryan López Huarhua | Fuente: Catholic.net 

Texto que Martín Lutero no conocía de la Biblia…

Con respecto a si debo o no quedarme…..Dios dio libertad al hombre ….así que puedes hacer lo que desees ..pero te doy un texto que Martín Lutero desconocía de la Biblia antes de que saliera del Catolicismo y fuera el iniciador de las 35500 denominaciones protestantes de la actualidad …todas profesando ser las verdaderas ……cuando solo hay una que Fundo Cristo mismo!!!…

"Obedeced a vuestros superiores y sujetaos a ellos, porque velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta, a fin de que lo hagan con alegría y no con pena, pues esto no os sería provechoso." Hebreos 13:17

Texto que Martín Lutero no conocía de la Biblia y Propicio la "sola escritura" o "solo Biblia" interpretando a la ves lo que le gustaba para hacer el mismo su sola autoridad, a lo cual la Biblia dice…."Entiendo ante todo: Que ninguna profecía de la Escritura es objeto de interpretación propia (personal), porque la profecía no ha sido jamás proferida por humana voluntad, sino que llevados por el Espíritu Santo hablaron los hombres (de parte) de Dios."
2Pedro 1:20-21, en la actualidad también texto desconocido por muchos protestantes.

Cuando todo comenzó en 1520, la Iglesia Católica era la institución más antigua de la tierra, habiendo existido por casi 1500 años. La Iglesia, descansaba, como lo hace actualmente, soportada en tres poderosos pilares:

  1. La Sagrada Escritura,
  2. La Santa Tradición Apostólica,
  3. El Papa y el Magisterio, autoridad de la enseñanza.

Por sus propias acciones al separarse de la única Iglesia legítima fundada por Cristo Jesús, Lutero perdió el soporte que otorga autoridad, puesto que no podía reclamar el Papado y el Magisterio por él mismo.

Seguidamente puesto que formó su propia iglesia, no podía reclamar la Santa Tradición Apostólica, dado a esto, dictaminó todo como tradición humana condenando así toda tradición. Al hacerlo así, volvió a infraccionar otro versículo de la Sagrada Escritura:
"Así pues hermanos, estad firmes y guardad las tradiciones que habéis recibido, ya de palabra, ya por carta nuestra." 2 Tesalonicenses 2:15

¡Dos pilares de apoyo perdidos inmediatamente! El único a salvo fue la Sagrada Escritura, la cual recibió de la Iglesia Católica pretendiendo que solamente eso era necesario, y así principiando la doctrina falsa de Sola Scriptura. Inmediatamente después mutiló la Biblia, agregándole a Romanos 3:28, y eliminando siete libros del Antiguo Testamento simplemente por no estar de acuerdo con sus enseñanzas. Igualmente atacó varios libros del Nuevo Testamento.

Después de algunos años comenzó la Reforma, Lutero examinó el daño causado a su movimiento por Sola Scriptura, y la interpretación individual de la Sagrada Escritura. Shards se separó de su iglesia Luterana con Munzer yendo por un lado, Calvin por el otro, Zwingli por otro mas y todos dispersando al rebaño.

"Quien no está conmigo, está contra Mí, y quien no amontona conmigo, desparrama." Mateo 12:30, Lucas 11:23

Inmediatamente los errores del Protestantismo surgieron, pues ¿quién originó la desunión? El daño causado por la interpretación individual de la Sagrada Escritura inmediatamente cobró su pérdida. Percibimos el lamento de Lutero al decir lo siguiente:

"Este no escuchará del bautismo, aquél niega el sacramento, el otro pone un mundo de diferencia entre éste y el ultimo día: Algunos enseñan que Cristo no es Dios, otros enseñan esto y aquellos lo otro: existen tantas sectas y credos como hay cabezas. Ningún patán es tan rudo como cuando tiene sueños y fantasías, cree haber sido inspirado por el Espíritu Santo y ser un profeta."
De Wette III, 61. Dicho en O’Hare, LOS HECHOS DE LUTERO, 208.

"Hombres de alcurnia, ciudadanos, campesinos, todas las clases entienden el Evangelio mejor que yo o San Pablo; ahora son sabios y se piensan más educados que todos los ministros."
Walch XIV, 1360. Dicho en O’Hare, Ibíd. , 209.

A estas alturas, Lutero se dio cuenta de haber abierto la puerta al error y era impotente para poder cerrarla. Liberó al genio de su botella, encontrando después que el genio había crecido tanto que ya no cabía de regreso en la misma.

Amigo puedes quedarte o no dentro de la Iglesia Católica estas en tu libertad y si Dios lo respeta pues nosotros también……. pero fuera de la Iglesia te encontraras con 35500 doctrinas dadas por hombres "el evangelio de la prosperidad""salvo siempre salvo""el famoso diezmo"..etc,etc…. es mas ni siquiera hay autoridad !! por ello cada pastor hace lo que quiere con respecto a la doctrina….. que nos dice Pablo…Efecios2,20 edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo …… ahora algún pastor puede justificar con Biblia en mano (ya que son muy apegados a la Biblia) el fundar "iglesias" con diferente doctrina? ….pues no verdad?

Ciertamente hay de todo en la Viña del Señor!!…Mt13,24 Y les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. 26 Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. 27 Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?". 28 Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo". Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?". 29 "No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. 30 Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero"".

En esta Viña hay de todo ya que esta conformada por hombres pecadores, pero sigamos el ejemplo de los Santos que con su testimonio de Vida fueron transformando la iglesia desde adentro por ejemplo San Francisco de Asis, Don Bosco, hace poco Madre Teresa de Calcuta, Juan Pablo II….uffff muchos verdaderos Siervos !!! pero fuera de la Iglesia quebrantamos la oración de Jesús!!!…para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tu me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí» (Jn 17, 21-23).

Bueno hermanos solo quise poner un pequeño aporte ……Dios los bendiga grandemente y los Guarde en la Unidad con su Iglesia !!, y como dijo el Papa Juan Pablo II …. " Es una necesidad del Cristiano pedir Espíritu Santo Todos los días y en Cada monento!! "

17. ¿Salvados sólo por la fe?

Autor: Martín Zavala | Fuente: apologetica.org  

Estudio bíblico sobre la relación entre fe y buenas obras..

Durante los últimos días hemos visto aparecer en la opinión pública debates muy interesantes a propósito de enfrentamientos entre católicos y protestantes. Por una parte por la violencia utilizada en nuestra contra y en contra, incluso, imágenes veneradas de la Excelsa Madre de Dios o de Nuestro Señor Jesucristo.

Por otra, la falsa noción sobre el acercamiento que la Iglesia intenta de los protestantes: no se trata de cambiar nuestra fe sino de sentar bases sobre lo que en común sostenemos para dialogar.

¿Qué es "Sola Fide"?

Es la creencia de que estamos salvados ÚNICAMENTE por nuestra fe en Jesucristo, y que, como la salvación viene sólo por la fe, no estamos obligados a las obras buenas, o, como mínimo, no representan nada para salvarnos. En otras palabras, perfectamente podemos faltar a la caridad - por ejemplo abandonando al prójimo en su sufrimiento - y aún así salvarnos. Quienes creen en la sola fe no luchan contra el mal, sino que se combate con fuerza a quienes tratan de oponérsele. Obstinados, sólo se empeñan en defenderse.

La primera consecuencia de este error tremendo es que, por sentido común, permite que la gente sea mala, que peque como desee ya que mientras tenga fe en que Cristo la salvó alcanzará la vida eterna. ¿Y la coherencia en el bien, la unidad entre lo que digo, siento, pienso y actúo? No existe, o mejor aún, no importa. La Verdad, la verdad plena y auténtica, sólo permite y exige con fuerza el triunfo de la Justicia y de la pureza.

Suplantando al Espíritu Santo

Si es tan absurda y perversa esta idea, ¿en qué se basa para ser defendida con tanto fanatismo?
Podemos recordar brevemente las persecuciones, las matanzas y las guerras que movilizaron a los protestantes contra los católicos en nombre de esta idea. Entonces, ¿será que la Biblia lo enseña y la Iglesia fundada por Cristo se apartó de ella?

No. Eso nunca, jamás, podría ocurrir, porque es Su cabeza y porque la sucesión apostólica ha sido ininterrumpida, porque el Espíritu Santo al conforta y asiste, porque el Santo padre es infalible en materias de fe y de moral, y ante todo, porque el error, la mentira, tiene que imitar a la verdad.

¿Qué tiene que ver esto último con lo que trabajamos? En que los protestantes se apoyan y argumentan con un versículo del Santo Evangelio. Si el lector nos hace un favor y toma un ejemplar de las Sagradas Escrituras podrá leer en la epístola de San Pablo a los Gálatas, 3:11:

"El justo vivirá por la fe".

¿Pero qué decimos? Dice:
"El justo vivirá por la fe sola".

¿Tienen razón, entonces, en que es por la fe sola que nos salvamos?

Absolutamente NO. Porque Lutero, como autodenominado ‘corrector’ del Espíritu Santo AGREGÓ la palabra ‘sola’ a esa epístola. Así podía coincidir lo que él quería que dijese para apoyar sus ideas con lo que, a partir de entonces, podía leerse en las Escrituras Sagradas.

El nuevo texto, ‘corregido’ a su gusto, lo apoyaba irrebatiblemente. De hecho, si se revisan otras traducciones no protestantes o anteriores a las de Lutero, puede leerse siempre la misma frase original de San Pablo, porque ha sido considerado el texto primitivo o ha sido removido definitivamente. Leemos, entonces, al Apóstol verdadero sin el agregado adulterador de Lutero.

Sin embargo, algunos se confunden y oros se cierran ciegamente creyendo que la sola fe es el único camino de salvación.

Revisando el origen

Los días extraordinarios que contemplaron al Verbo Encarnado sobre la tierra presenciaron además el amanecer de la Cristiandad. Los primeros hombres eran hombres de fe, muy fieles a su religión original, que creyeron en el mesías esperado. Y se entregaron en cuerpo y alma a la Buena Nueva.

Y los gentiles y paganos conocieron con lágrimas de alegría la Noticia y fueron instruidos en la fe. Como aceptaron y creyeron, fueron bautizados e ingresaron a la Iglesia de Cristo. Es decir, primero creían y luego se bautizaban. Deseaban adherir a todo y pertenecer al Pueblo Santo. La buena nueva (evangelio) corría por la tierra y quienes se enteraban se convertían de corazón.

Nosotros no tenemos que creer para ser bautizados. Somos bautizados, accedemos a la salvación inmediatamente y luego somos predicados, formados en la fe e instruidos en ella.

En este sentido, podemos decir que los primeros cristianos (cuyos padres y antecesores no poseían la fe cristiana) tenían que creer antes de bautizarse y sólo en ese sentido podemos decir que su fe los salvaba, porque por ella accedían al bautismo y por él a la salvación. Nosotros, en cambio, fuimos salvados por la fe de nuestros padres, que tuvieron la prudencia y caridad de bautizarnos desde pequeños.

El sentido común y las Sagradas Escrituras

Como mencionamos arriba, es la misma Biblia que ellos interpretan antojadizamente la que los contradice abundantemente. Como si la palabra de Dios no fuese suficiente para ellos, el sentido común más elemental puede contestarles.
Examinemos más de cerca la carta de San Pablo a los Gálatas:

3:9 "De modo que los que toman el camino de la fe reciben la bendición junto con el creyente Abraham". 3:10 " Al contrario, pesa una maldición sobre los que quieren practicar la Ley, pues está escrito: Maldito sea el que no cumple siempre todo lo que está escrito en la Ley".

3:11 "Por el camino de la Ley, nadie llega a ser justo a los ojos de Dios, pues ya fue escrito: El justo vivirá por la fe".

La profundidad de su contenido exige más detenimiento. El versículo 3:11 es una cita tomada del libro de Habacuq (2:4). Observemos bien: no es una idea simple o un simple decir. Se trata, evidentemente, de una cita bíblica, o no diría "ya fue escrito".

Esto es, en realidad, bellísimas y contundentes palabras de apoyo para los justos que tengan fe en Dios Nuestro Señor, y confirmación de condenación eterna de los injustos. En su contexto real, el versículo 3:11 es un mensaje del Apóstol de Gentiles a la Iglesia naciente contra aquellos que aún creían que era necesario cumplir con la ley de Moisés para salvarse.
Nuestros amigos protestantes probablemente insistirán en este punto, alegando que en consecuencia aquellos que crean en Jesús serán salvados así nada más, sólo por eso y sin importar nada más.

Pero las mismas Escrituras Sagradas son espada de doble filo contra aquellos que intentan manipularlas aún a costa de agregar o suprimir palabras. ¿Qué golpe le dan a los protestantes? Un argumento simple, rotundo y final: el versículo 3:11 no dice
"el hombre vivirá por la fe",

sino que dice exactamente y aún en sus imitaciones de Biblia lo reconocen:

"el JUSTO vivirá por la fe"

Es algo fatigoso y limitante vivir la fe desde la interpretación literal o antojadiza de las Escrituras, pero para quienes la viven actualmente así es importante exponerla desde esta forma.

El versículo en cuestión nos dice que creemos, es verdad, pero si nuestros actos demuestran que no tenemos amor, entonces nuestra fe de nada nos sirve. Es como la higuera maldita porque no dio frutos.

El ardiente apóstol Santiago nos dice en 2:26:
"Así como el cuerpo sin espíritu está muerto, del mismo modo la fe que no produce obras está muerta"

¿Podrían las Escrituras ser más claras y concluyentes?

Al parecer si, porque el mismo San Pablo (porque podría ser que alguna escuela protestante o evangelista niegue a Santiago porque lo contradice) se encarga de recalcar el asunto que enseña en toda su obra. Leamos la carta a los Corintios:

1Cor 13:1 "Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, y me faltara el amor, no sería más que bronce que resuena y campana que toca." 13:2 " Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy."

13:13 "Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor, los tres. Pero el mayor de los tres es el amor."

La pregunta es vergonzosa: si según San Pablo (como los protestantes quieren que sea) dice que somos salvados sólo por la fe, ¿por qué el mismo Apóstol sigue afirmando que el amor es el más grande, en lugar de la fe? ¿Y por qué nos sigue alentando para que hagamos el bien? (2-Tes 3:13) Y el mismo Pablo recalca el punto insistiendo en que hay gente peor que aquellos que no creen y que aquellos que después de creer, regresan al pecado.

Podría ser, si no media la buena voluntad y el deseo sincero de comprender la Verdad, que aún persistan las dudas. Recurramos entonces a la primera carta a Timoteo donde nos dice:
1:18 "… tienes que pelear el buen combate con la fuerza que te da la fe y la buena conciencia. Algunos rechazaron esta buena conciencia hasta que naufragó su fe."
5:8 "… Quien no se preocupa de los suyos, especialmente de los que viven con él, ha renegado de la fe y es peor que el que no cree."

Y aún el mismo San Pedro, en su segunda carta, nos previene contra los maestros falsos:
2:15 "Abandonaron el camino recto y siguieron a Balaam, hijo de Bosor, que se perdió para ganar dinero haciendo el mal. Este, sin embargo, fue reprendido por su torpeza…" 2:17 "Ellos son fuentes sin agua, nubes empujadas por el huracán, que corren hacia densas tinieblas…"

2:20 "En efecto, después de haberse librado de los vicios del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Cristo Jesús, vuelven a esos vicios y se dejan dominar por ellos; y resulta que su estado actual es peor que el primero."
¿Qué significa esto, entonces? Simplemente, que aunque creamos, nuestra fe puede morir por nuestra falta de amor hacia nuestros semejantes. En sus epístolas, Santiago Apóstol nos dice más sobre la fe y las obras de una manera inequívoca y radicalmente opuesta a la tesis protestante.

2:14 "Hermanos, ¿qué provecho saca uno cuando dice que tiene fe, pero no la demuestra con su manera de actuar? ¿Acaso lo puede salvar su fe?"

2:15 "Si a un hermano o hermana les falta ropa y el pan de cada día," 2:16 "y uno de ustedes les dice: "Que les vaya bien; no sientan frío ni hambre", sin darles lo que necesitan, ¿de qué les sirve?" 2:17 "Así pasa con la fe si no se demuestra por la manera de actuar: está completamente muerta."

El lector a esta altura con seguridad se estará preguntando ¿cómo es posible que precisamente la gente que más se ufana de conocer las Escrituras no conozca estas otras afirmaciones tan contrarias a ese único versículo adulterado en que basan su fe?

Leamos en San Mateo sobre quienes están en peores condiciones y su justo castigo:

Mateo 25:42-45 "´Porque tuve hambre y no me dieron de comer, porque tuve sed y no me dieron de beber; era forastero y no me recibieron en su casa; no tenía ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron.´

Aquellos preguntarán también: ´Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no ayudamos?´
Y el Rey [Dios] les responderá: ´En verdad les digo que siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, que son mis hermanos, conmigo no lo hicieron.´
Y éstos [aquellos a la izquierda de Dios] irán al suplicio eterno y los buenos a la vida eterna."
Sigamos ahora, con la epístola de Santiago:
2:18-19 "Y será fácil rebatir a cualquiera: ´Tú tienes la fe y yo hago el bien, ¿dónde está tu fe que no produce nada? Yo por mi parte te mostraré mi fe por el bien que hago.´ ¿Crees que hay un solo Dios? Muy bien. No olvides que también los demonios creen y, sin embargo, tiemblan."

2:21 "Acuérdate de Abraham, nuestro padre. ¿No fue reconocido justo por sus obras, sacrificando a su hijo Isaac en el altar? Y ya ves: la fe inspiraba sus obras, y por las obras su fe llegó a ser perfecta."

Es impresionante que exista gente que aprenda de memoria las Escrituras y no medite o relacione su contenido, ¿verdad? Porque hasta los demonios creen, nos dice le Apóstol. Para los lectores más ardientes recomendamos leer completos los pasajes: Mateo 25: 31-46, y Santiago 2:14-26.

¿Dónde quedan sus objeciones?

El problema queda entonces resuelto, pero abiertas más preguntas: si aún pensamos que creemos en Jesucristo Nuestro Señor, debemos probarlo, no a otros, sino más bien a NOSOTROS MISMOS. El mismo Divino Redentor dijo a sus apóstoles que aquel que cree en El haría cosas más grandes que El, mientras les pedía que creyeran en El por sus propias obras (Juan 14:10)

"… Créanme:" 14:11 " Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí. Al menos créanmelo por mis obras." 14:12 "En verdad, el que cree en mí hará las mismas cosas que yo hago, y aún hará cosas mayores que éstas".
Acerquémonos a nuestros amigos protestantes y con confianza plena en que Dios desea convertir esos corazones orgullosos o convertidos preguntémosles:

"Y tú, ¿crees en Cristo? ¿Crees en el amor? Quizá, querido amigo, te gustaría rebatirme, diciendo que el libro de Santiago es sólo paja, algo insignificante, y que lo que dice el apóstol Santiago tampoco importa mucho y que San Mateo evangelista tampoco tiene mucha importancia. "Deberíamos seguir a Pablo en vez de Santiago", me dices con la Biblia en la mano. Pero escucha, hermano querido, San Pablo también está a favor de las obras para PERMANECER salvados. Te escucho hablar interrumpiéndome y decirme: "Cortaron las ramas para injertarme a mí". Muy bien colega. Fueron cortadas porque no creyeron, y tú te sostienes sólo por la fe. Pero no te creas tanto, sino que más bien ten cuidado. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco te perdonará a ti"

"Fíjate a la vez en la bondad y en la severidad de Dios: fue severo con los que cayeron, y bueno contigo, pero con tal de que sigas siendo bueno. De lo contrario, tú también serás cortado. Lee en tu Biblia querida Romanos 11:19-22

"Así pues, no se requiere sólo la Fe para ser salvado. Tienes que dar FRUTOS para PERMANECER salvado. Recuerda lo que Jesús le dijo a aquellos que NO practican la palabra de Dios (eso es, no hacen nada en favor de sus prójimos):

"¿Por qué me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que yo digo? Les voy a decir a quién se parece el que viene a escuchar mis palabras y las practica. Se parece a un hombre que, al construir su casa, cavó bien profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Vino una inundación y la corriente se precipitó sobre su casa, pero no pudo removerla porque estaba bien construida. Por el contrario, el que escucha mi palabra, pero no la práctica, se parece a un hombre que construye su casa sobre la tierra, sin cimientos. La corriente se precipitó sobre ella y en seguida se desmoronó, siendo grande el desastre de esa casa." Lc 6:46-49

Si sigues pensando que en ninguna parte de la Biblia se menciona que tienes que ser bueno para ser salvado, lee este pasaje:

Yo soy la Vid verdadera, y mi Padre el viñador. Si alguna de mis ramas no produce fruto, él la corta; y limpia toda rama que produce fruto para que dé más. El que no se quede en mí, será arrojado afuera y se secará como ramas muertas: hay que recogerlas y echarlas al fuego, donde arden. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo permanezco en el amor de mi Padre, guardando sus mandatos. Yo les he dicho todas estas cosas para que participen en mi alegría y sean plenamente felices. Ahora les doy mi mandamiento: Ámense unos con otros, como yo los amo a ustedes.

A esto es a lo que se refería San Pablo cuando hablaba en Romanos 11. Permanecer en Cristo. Y ¿cómo sabemos si permanecemos en Él? Siendo buenos, Y ADEMÁS amando a nuestros prójimos. Si no amamos a nuestros prójimos, entonces NO estamos en Cristo, y seremos echados al fuego, donde arderíamos.

¿Entonces es esto suficiente para creer que necesitas obedecer los mandamientos de Cristo (amarnos los unos a los otros como El nos amó), hacer obras buenas (dar frutos) para permanecer en El (la viña) y no ser quemados (en el infierno)?

Perdón si esto te asusta querido amigo, pero yo sólo repito lo que Jesús dijo. Y esto es necesario para que seas completamente feliz, en la compañía de Jesús."

Últimas objeciones

Entonces, te escucho preguntar asfixiado por los argumentos e intentando no ya tanto refutarme con la Biblia sin ridiculizando mis palabras: "¿qué significa lo que dijo San Pablo en su epístola a los Romanos, sobre salvados por la Fe? ¿Y por qué Santiago nos dice que tenemos que tener obras buenas? ¿No se contradice la Biblia?"

No. En absoluto. Claro que la fe ES necesaria para ser salvados. Cuando el dulcísimo Redentor se presenta a nuestras vidas, lo aceptamos como a Nuestro Señor y Salvador, y eso es lo que nos salva (por el momento). Pero si dejas de ser bueno, y te olvidas de tu prójimo, ya no estás en Él. Y la fe no ayudará.

Digamos esto más claramente: Primero es la fe. Y ENTONCES, se necesitan las obras. No estamos salvado sólo por las obras. Estamos salvados porque creímos, y mientras estamos en la gracia de Jesucristo seguiremos dando frutos. Los frutos de la fe Y nuestros trabajos.

Pero ¿vamos a pecar porque hemos pasado de la Ley [Judía] al reino de la gracia? Claro que no. Desde el momento en que se entregaron a alguien para ser sus servidores y cumplir sus órdenes, deben hacerle caso y obedecerlo. Si ese dueño es el pecado, irán a la muerte, pero si obedecen a la fe llevarán una vida santa.

Otra pregunta bella para hacerle a nuestros hermanos extraviados es la siguiente: "Cuando ustedes eran los esclavos del pecado, no sentían ninguna obligación respecto al bien, pero ¿qué provecho sacaron de las cosas que ahora les dan vergüenza? El resultado final es la muerte. Pero ahora ustedes están libres del pecado y sirven a Dios; su oficio es hacerse santos y tendrán por premio la vida eterna. Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. (Rom 6:15-16, 20-23) ¿Ven ahora? No pueden dar frutos si no están en Cristo, sino que son esclavos del pecado. Cuando aceptaron a Jesucristo como su Señor y Salvador, no fue sólo una palabra que no cumplirán. TIENEN que cumplir esa palabra. Y eso es dejar que Jesucristo Nuestro Señor sea realmente el Señor de sus vidas. ¿De qué sirve decirle que es Señor, si en vez de hacer lo que El quiere, hacemos lo que nos da la gana? Es como decirle a alguien: Mira, ten. Esto es mi tesoro. Pero en vez de dárselo lo escondemos en una caja fuerte para nosotros mismos. ¿No era Señor de nuestras vidas? Entonces, ¿Por qué no lo dejamos que USE ese derecho que le dimos?
En otras palabras, si creemos en Cristo, esa fe no nos salvará si no nos dejamos salvar por Él. Si nos dejamos llevar por el pecado, entonces, obviamente seguimos siendo esclavos del pecado. Nuestra conducta probará de quién somos servidores.

La cuestión se reduce a este punto: ¿a quién sirvo? ¿A Jesucristo, nuestro Salvador? ¿O a Satanás, que nos tiene inmersos en el pecado?

Conclusión

Del punto anterior se nos presenta algo que es absurdo negar u omitir: la importancia de la Gracia. Si no nos preocupamos por hacer oración, no podremos salir del pecado. Sólo Dios nos puede sacar, pero nos corresponde a nosotros llamarlo para que El nos haga libres.

Para hablar de acuerdos entre protestantes y católicos debemos pensar lo mismo respecto a la misma cosa, pero si coincidimos en este o aquel punto y en lo esencial o en sus consecuencias diferimos hasta arriesgar la salvación, no podemos en absoluto decir que coincidimos en ese punto doctrinario. Creemos que si, que la salvación es efectivamente un regalo. Pero un regalo que implica responsabilidades.
Recordemos la parábola de los Talentos: vemos claramente como los Talentos son un regalo, que es la salvación.

Un hombre de gran familia se dirigió a un país lejano para ser nombrado rey y volver en seguida. Llamó a diez empleados suyos, les entregó a cada uno una moneda de oro y les dijo: Trabajen este dinero hasta que yo vuelva. Pero sus compatriotas lo odiaban y mandaron detrás de él una comisión encargada de decir: Nosotros no lo queremos por rey.

Cuando volvió, había sido nombrado rey. Entonces hizo llamar a los empleados a los que había entregado dinero, para averiguar cuánto había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: "Señor, tu moneda produjo otras diez." El le contestó: "Está bien, servidor bueno, ya que fuiste fiel en lo poco, recibe el gobierno de diez ciudades".

Vino el segundo y dijo: "Señor, tu moneda produjo otras cinco". El rey contestó igualmente a éste: "También tú gobierna cinco ciudades".
Vino el tercero y dijo: "Señor, aquí tienes tu moneda. La guardé envuelta en un pañuelo, porque tuve miedo de ti. Eres un hombre exigente, reclamas lo que no has depositado y cosechas lo que no has sembrado".

Contestó el rey: "Servidor malo, te juzgo por tus propias palabras. Sabías que soy hombre exigente, que reclamo lo que no he depositado y que cosecho lo que no he sembrado; entonces, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? A mi regreso yo lo habría cobrado con intereses." Y dijo el rey a los que estaban presentes: "quítenle la moneda y désenla al que tiene diez".

"Pero señor, le contestaron, ya tiene diez monedas".

Yo les declaro que a todo hombre que tenga se le dará, pero al que no tenga se le quitará aún lo que tiene.

En cuanto a mis enemigos, que no me quisieron por rey, tráiganlos para acá y mátenlos en mi presencia." (Lc 19:12-27)

Este pasaje nos enseña muchas cosas: Primero, tenemos que usar nuestras ´monedas´, esto es, nuestra Gracia, para santificarnos y santificar al próximo, para procurar su salvación.

Y es que mientras no estemos trabajando para Cristo, esto es, escuchando Sus divinas palabras y no haciendo nada, los enemigos de Dios, esto es, los sirvientes del demonio, estarán tratando de arrastrar a todos los que caminan en la duda.

Por eso es que tenemos que trabajar para Dios, no sólo para NUESTRA salvación, sino para la salvación de OTROS. Es por eso que Sola Fide se queda corta en esto. No sirve, favorece en su restricción a la actuación de Satanás. Si no trabajamos y acercamos a la gente a la Verdad, a la Verdadera y Santa Iglesia fundada por Cristo para nuestra salvación, pero tuviésemos posibilidad, seremos culpables de dejar que esa gente se pierda. Y el día del Juicio en que compareceremos ante Dios, nuestro justo Juez, todas y cada una de esas almas se presentarán ante nosotros para presentar testimonio en contra nuestra. Nos señalarán y seremos responsables por nuestra inacción, por nuestra omisión o por nuestros pecados que los escandalizaron.

El juez que cometió el crimen más monstruoso de la Historia, Poncio Pilatos, lo hizo al no hacer nada, al marginarse del asunto. De la misma manera, somos culpables de que otras gentes se pierdan por no hacer nada al respecto.

Si Pilatos aún pudiera excusarse en que no creía en el Divino Redentor (cosa dudosa, en vista de testimonio del Evangelio), nosotros no, porque creemos en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Entonces, tenemos más responsabilidades que los no creyentes. ¿Acaso no tenemos Fe? ¿No amamos a nuestros hermanos? Bien, usemos, pues, nuestra fe, ¡y demos fruto! Debemos salvar a nuestros prójimos, y darles amor.

Los criminales más ruines, los traficantes de niños, de mujeres, de armas o de drogas, los abortistas o los enemigos de Dios o de la civilización cristiana también creen, como los demonios también creen. Su destino es horrible, según el mismo Evangelio. Y las mismas cosas les pasarán a los que creen en Jesús de palabras, pero no lo aceptan en sus corazones: Serán cortados y echados al fuego.

Como buenos cristianos los evangelistas y protestantes saben que no es por miedo que basamos nuestra fe, sino por amor. Pero la realidad de los novísimos debe, nos obliga a hacernos pensar. El Juicio, el Purgatorio, el cielo y el Infierno son realidades que no pueden negarse aunque lo queramos. El que nada debe, nada teme. Ese es un proverbio muy sabio. Si amas a tu prójimo, daremos fruto. Esa es la promesa que el Divino Redentor nos hizo a todos.

Por amor, daremos frutos así como por los frutos conoceremos el árbol, según el Evangelio. "Obras son amores y no buenas razones" dice el refrán popular. Por amor obramos y la fe sin obras es como guitarra sin cuerdas.

Si acaso nuestros hermanos en Cristo siguen oponiéndose en sus corazones a aceptar la multitud de citas evangélicas y de la simple razón, podemos recomendarle, además, que mediten los siguientes pasajes que prueban que son imprescindibles las obras para la salvación:

1.La higuera que no dio frutos (Lucas 13:1-9)
2.La lámpara que debe alumbrar (Lucas 8:16-18)
3.El buen samaritano (Lucas 10:25-37)
4.Renunciar a las riquezas para poder entrar al Cielo (Mateo 19:16 ss.; Marcos 10:17 ss)
5.Permanecer fiel (la parábola de las diez jóvenes (Mateo 25:1-13)
6.No quitarles la fe a los pequeños, y alejarse de la tentación (Marcos 9:42-48)

16. Jesús NO es un ángel

Fuente: voxfidei-apologetica.blogspot.com

Hay quienes afirman que Jesús es un arcángel, con fundamentos bíblicos demostraremos el error de tal afirmación.

Hay quienes enseñan que Jesús no es Dios, sino la encarnación de un arcángel.

Esta enseñanza ha surgido, como muchas otras, de la interpretación errada de ciertos textos bíblicos sacados fuera de contexto y se remonta a los primeros siglos de la Iglesia.

Esta posición errada pasa por alto numerosos textos de las Escrituras que la contradicen claramente.

Hebreos 1, 5-13: En efecto, ¿a qué ángel dijo alguna vez: "Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy y también: yo seré para él Padre y él será para mi Hijo?" Y nuevamente al introducir a su Primogénito en el mundo dice: "Y adórenle todos los ángeles de Dios." Y de los ángeles dice: "El que hace a sus ángeles vientos y a sus servidores llamas de fuego." Pero del Hijo: "Tu trono, ¡oh Dios!, por los siglos de los siglos y el cetro de tu realeza, cetro de equidad. Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por eso te ungió, ¡oh Dios!, tu Dios con óleo de alegría con preferencia a tus compañeros." Y también: "Tú al comienzo, ¡oh Señor!, pusiste los cimientos de la tierra y obras de tu mano son los cielos.

Ellos perecerán, mas tú permaneces; todos como un vestido envejecerán; como un manto los enrollarás, como un vestido y serán cambiados. Pero tú eres el mismo y tus años no tendrán fin". Y ¿a qué ángel dijo alguna vez: "Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies?" ¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?

Este pasaje de Epístola a los Hebreos es una contundente respuesta a la antigua herejía que declara que Jesús es meramente un ángel. San Pablo enfrenta el asunto directamente y demuestra el error de esta creencia.

Daniel 10, 13: El Príncipe del Reino de Persia me opuso resistencia durante veintiún días, pero Miguel, uno de los primeros príncipes, ha venido en mi ayuda. Yo lo dejé allí, junto al príncipe de los reyes de Persia.

Aquí vemos como Miguel es uno entre muchos príncipes celestiales. Eso contradice lo que claramente se expresa en el primer capítulo del Evangelio de Juan, donde se enseña que Cristo es singularmente especial y único, la "Palabra de Dios" por medio de quien toda la creación llegó a existir, incluídos todos los miembros de los ejércitos celestiales.

Judas 1, 9: En cambio el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar contra él juicio injurioso, sino que dijo: "Que te castigue el Señor".

Miguel no ejecuta el juicio sino que se lo deja a Dios porque él mismo, como arcángel no está autorizado a juzgar a Satanás por sus acciones. Jesús en cambio fue reconocido por los demonios como el "Santo de Dios" con autoridad absoluta sobre ellos. Comparar con Marcos 1, 21-28.

Colosenses 1, 15-17: El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en El fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por El y para El, El existe con anterioridad a todo y todo tiene en El su consistencia.

Todos los ángeles y también el mismo Lucifer fueron creados por Dios el Hijo.

Colosenses 2, 18-19: Que nadie os prive del premio a causa del gusto por ruines prácticas, del culto de los ángeles, obsesionado por lo que vió, vanamente hinchado por su mente carnal, en lugar de mantenerse unido a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, por medio de junturas y ligamentos, recibe nutrición y cohesión, para realizar su crecimiento en Dios.

Todos hemos sido creados para adorar a Dios. Por lo tanto adoramos a Dios en Jesús. Si Jesús fuera un ángel, estaría prohibido adorarle, por ser una contradicción con 1 Pedro 4, 11 donde encontramos esta admonición:

"Si alguno habla, sean palabras de Dios; si alguno presta un servicio, hágalo en virtud del poder recibido de Dios, para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén."

1 Tesalonicenses 4, 16: El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar.

Este es uno de los textos que con mayor frecuencia se usan erróneamente para afirmar que Cristo es un arcángel. Sin embargo, si Cristo fuera un arcángel, la expresión "por la voz de un arcángel" sería una aclaración innecesaria en este caso. Es obvio que, como todos los reyes, el Rey de Reyes no hará uso de su propia voz para iniciar esta acción histórica, sino que la delegará en un heraldo angelical de alto rango, un arcángel, como corresponde a la dignidad de un rey.

Apocalipsis 19, 10: Entonces me postré a sus pies para adorarle, pero él me dice: "No, cuidado; yo soy un siervo como tú y como tus hermanos que mantienen el testimonio de Jesús. A Dios tienes que adorar."

El ángel que habla con el apóstol Juan le advierte que sólo Dios es digno de adoración. Esto es consistente con el consejo apostólico de 1 Pedro 4, 11 que ya hemos leído anteriormente. Ver también el capítulo titulado Divinidad de Cristo.

15. ¿Creían los padres de la Iglesia en la doctrina de la Sola Fides?

Autor: Por José Miguel Arráiz | Fuente: Apologetica.orgutor:  Xavier Villalta 

Un estudio sobre los Padres de la Iglesia y la cuestion de Sola Fide..

Durante la época en que yo coqueteaba con el protestantismo nunca reparé en esta pregunta. Yo llegué a rechazar esta doctrina por considerar que no tenía ningún sustento escriturístico, sin embargo, hoy día puede llegar a ser clarificador responder esta pregunta, que si bien para un fundamentalista pudiera parecer irrelevante, hay razones escrituristicas para que a mi no me lo parezca.

Y es que si esta doctrina fue una novedad del siglo XVI no habría manera que yo la tomara en serio, porque aunque como católico estoy abierto a lo que considero legítimos desarrollos en la doctrina cristiana, quien se ha tomado el tiempo de estudiar la historia y los textos patrísticos va a llegar a una cruda conclusión: La doctrina de salvación por la Sola Fe no solo no fue creída antes de Lutero, sino explicitamente anatemizada y rechazada.

¿Como podría ocurrir esto de ser esta una doctrina verdadera? ¿Quiere decir esto que la Iglesia estuvo ciega durante quince siglos? A un protestante se le puede hacer fácil aceptar esto, pero yo simplemente no puedo creerlo. La mayoría de fundamentalistas sostienen que la Iglesia se “paganizó” a raiz de que el emperador Constantino el Grande se convirtió al cristianismo y decretó la libertad de culto en el edicto de Milán, pero incluso siglos antes de Constantino, esta doctrina ya era rechazada como herética.

A continuación pretendo hacer una recopilación de textos patrísticos de los más preeminentes padres y escritores eclesiáticos de la Iglesia, comenzando desde los discípulos directos de los apóstoles, y con ellos demostrar que el consenso de los padres de la Iglesia creía que:

  • El hombre aunque tiene libre albedrío, no puede salvarse sin la gracia de Dios. Dios por su gracia tiene la primera iniciativa de su salvación y ejerciendo esta libertad el hombre responde y coopera con la gracia. (Entendiendo que gracia es el favor gratuito e inmerecido de Dios)
  • Dios llama a todos los hombres a la salvación y sobre todos derrama su gracia a través de Cristo, porque quiere que todos los hombres se salven. Quienes se condenan lo hacen por su propia voluntad.
  • La gracia de Dios mueve al hombre a creer en Cristo y obedecer. Sin la gracia no puede ni lo uno ni lo otro, y nisiquiera tiene la iniciativa para hacerlo.
  • Así, la salvación es gracia pero nosotros debemos cooperar haciendo uso de nuestra libertad o libre albedrio.
    Por medio de la fe el hombre es justificado. Al ser justificado no solo es declarado justo sino hecho justo (regenerado).
  • Luego el hombre justificado movido por la gracia debe vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, obrando el bien y cumpliendo los mandamientos, pero es libre de no hacerlo y caer del estado de gracia de Dios.
  • En este sentido para salvarse no basta solo creer (Sola Fides), sino creer y luego obrar, pero donde luego las obras y el cumplimiento de los mandamientos son necesarios para la salvación, pero no como moneda de pago por ella, porque es gracia.

Esto solo pretende ser un breve resumen de la doctrina católica referente a la justificación, para quienes deseen estudiar a fondo la doctrina católica respecto a estos puntos sugiero leer los decretos de Trento y “El mérito, del Cardenal Charles Journet”.

La Didaché

Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, incluido en la categoría de “padres apostólicos” y considerado por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del 160 d.C.

La traducción de J. B. Lightfoot. Puede consultarse AQUI

Ya en este primitivo testimonio de la fe de la Iglesia se advierte que de nada servirá tenido fe durante toda la vida si en el último momento no somos perfectos:

La Didaché 16,1-2 “Vigilad sobre vuestra vida; no se apeguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir el Señor. Reuníos con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas. Porque de nada os servirá todo el tiempo de vuestra fe, si no sois perfectos en el último momento.” (1)

San Clemente Romano

San Clemente, discípulo de los apóstoles San Pedro y San Pablo, es reconocido como uno de los padres apostólicos, y cuarto obispo de Roma (luego de San Pedro, San Lino y San Anacleto). Se conserva una epístola donde disciplina a la comunidad corintios por una disputa surgida en esa iglesia. La traducción de J. B. Lightfoot puede consultarse AQUI

Clemente ha sido citado frecuentemente por apologetas protestantes como partidarios de la doctrina de la Sola Fides, en base al siguiente texto:

Clemente a los Corintios XXXII,3-4 “En conclusión, todos fueron glorificados y engrandecidos, no por méritos propios ni por sus obras o justicias que practicaron sino por voluntad de Dios. Luego tampoco nosotros, que fuimos por su voluntad llamados en Jesucristo, nos justificamos por nuestros propios méritos, ni por nuestra sabiduría, inteligencia, piedad, o por las obras que hacemos en santidad de corazón, sino por la fe, por la que el Dios omnipotente justificó a todos desde el principio.” (2)

Clemente realmente dice lo mismo que establece el concilio de Trento cuando declara que “Nada de lo que precede a la justificación, ya sea fe u obras, merece la gracia de la justificación. Porque si es por la gracia no lo es por las obras. Además como dice el Apóstol, la gracia ya no es más gracia.” (Trento, Sesión VI, “Decreto sobre la Justificación", Cap. 8). Trento enseña así que no hay nada anterior a la justificación, incluyendo las obras (de cualquier tipo) que merezca la justificación.

En otros textos sin embargo Clemente habla de como los profetas fueron declarados justos no solo al creer, sino al obedecer:
Clemente a los Corintios XXX,3 “Unámonos, pues, a aquellos a quienes fué dada la gracia de parte de Dios; revistámonos de concordia manteníéndonos en el espíritu de humildad y continencia, justificados por nuestras obras y no por nuestras palabras” (3)

Clemente a los Corintios, IX,3 “Tomemos por ejemplo a Enoc, quien, hallado justo en la obediencia, fué trasladado, sin que se hallara rastro de su muerte” (4)

Clemente a los Corintios X,1 “Abraham, que fué dicho amigo de Dios, fué encontrado fiel por haber sido obediente a las palabras de Dios” (5)

Clemente viene siendo un excelente exponende de la doctrina católica de la justificación. El hombre se justifica por la fe, pero se salva a condición de que guarde los mandamientos y cumpla de modo acabado la voluntad de Dios (las obras no son solo producto de la fe, sino condición para salvarse):

Clemente a los Corintios XXXV,4-8 “Por nuestra parte, luchémonos por hallarnos en el número de los que le esperan, a fin de ser también participes de los dones prometidos. Mas ¿cómo lograr esto, carísimos?. Lograrémoslo a condición de que nuestra mente esté fielmente afianzada en Dios; a condición de que busquemos doquiera lo agradable y acepto a Él; a condición, finalmente, de que cumplamos de modo acabado cuanto dice con sus designios irreprochables y sigamos el camino de la verdad, arrojando lejos de nosotros toda injusticia y maldad, avaricia, contiendas, malicia y engaños, chismes y calumnias, odio a Dioos, soberbia y jactancia, vanagloria y inhospitalidad. Porque los que tales cosas hacen son odiosos a Dios, y no sólo los que las hacen, sino quienes las aprueban y concienten. Dice en efecto la Escritura: Al pecador empero le dijo Dios: ¿A qué fin explicas tu mis justificacioes y tomas en tu boca mi alianza?. Pues tú aborreciste la disciplina y te echaste mis palabras a la espalda” (6)

Clemente también advierte sobre el peligro de perder la salvación, por lo que advierte que para salvarse hay que perseverar hasta el fin llevando una conducta digna de Dios y obedeciendo los mandamientos.

Clemente a los Corintios XXI,1-4 “Vigilad, carísimos, no sea que sus beneficios que son muchos, se conviertan para nosotros en motivo de condenación, caso de no hacer en toda concordia, llevando conducta digna de Él, lo que es bueno y agradable en su presencia. Dice, en efecto en alguna parte la Escritura: El Espíritu del Señor es lámpara que escudriña los escondrijos del vientre. Consideremos cúan cerca de nosotros está y cómo no se le oculta uno solo de nuestros pensamientos ni propósito que concibamos. Justo es, por ende, que no desertemos del puesto que su voluntad nos ha asignado” (7

(Nótese, que en el texto anterior Clemente reconoce que se puede caer del estado de gracia y condenarse, a diferencia de la doctrina protestante “Salvo siempre Salvo”)

Clemente a los Corintios XXVIII,1-2 “Ahora, pues, como sea cierto que todo es por Él visto y oido, temámosle y demos de mano a los execrables deseos de malas obras, a fin de ser protegidos por su misericordia de los juicios venideros. Porque ¿dónde podrá nadie de nosotros huir de su poderosa mano? ¿que mundo acojerá a los desertores de Dios?” (8)

Clemente a los Corintios LVIII,2 “…Porque vive Dios y vive el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, y también la fe y la esperanza de los elegidos, que sólo el que en espíritu de humildad y perseverante modestia cumpliere sin volver atrás las justificaciones y mandamientos dados por Dios, solo ése será ordenado y escogido en el número de los que se salvan por medio de Jesucristo…” (9)

También tiene un claro exponente de la doctrina católica del mérito:
Clemente a los Corintios XXXIV,2-4 “Bien está, pues, que seamos prontos y fervorosos para el bien obrar, pues de Él nos viene todo. Previénenos, en efecto: He aquí al Señor y su recompensa delante de su cara, a fin de dar a cada uno según su trabajo. Con todo lo que nos incita, a los que creemos en Él con todo nuestro corazón, a que no seamos perezosos ni remisos para toda obra buena” (10)

Pero si esto no fuera poco, reconoce que por medio de la caridad se puede obtener el perdón de los pecados:
Clemente a los Corintios L,5 “Dichosos de nosotros, carísimos, si hubiéremos cumplido los mandamientos de Dios en la concordia de la caridad, a fin de que por la caridad se nos perdonen nuestros pecados” (11)

San Policarpo

Obispo de Esmirna instituido por el apóstol San Juan de quien fue discípulo. Nació aproximadamente por el año 75 y murió martir. Es considerado también uno de los padres apostólicos. Se conserva una carta dirigida a la Iglesia de Filipos, (La traducción de J. B.
Lightfoot puede consultarse AQUI) en la cual al igual que establece como condición para salvarse no solo la fe sino el cabal cumplimiento de la voluntad de Dios y la obediencia a los mandamientos:

Policarpo de Smirna a los Filipenses 2 “Por lo cual, ceñidos vuestros lomos, servid a Dios en temor y en verdad, dando de mano a la vana palabrería y al extravío del vulgo, creyendo al que resucitó a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos y le dio gloria y asiento a su diestra; a él fueron sometidas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra; a Él rinde adoración todo aliento; Él ha de venir de juez de vivos y muertos; y Dios requerirá su sangre de mano de quienes no quieren obedecerle. Ahora bien, el que a Él le resucitó de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, con tal que cumplamos su voluntad y caminemos en sus mandamientos y amemos lo que él amó, apartados de toda iniquidad, defraudación, codicia de dinero, maledicencia, falso testimonio…; no volviendo mal por mal, ni injuria por injuria, ni golpe por golpe, ni maldición por maldición. Acordemonos, más bien, de lo que dijo el Señor para enseñanza nuestra: No juzguéis, para que no seais juzgados, perdonad y se os perdonará; compadeced para que seáis compadecidos. Con la medida que midiereis se os medirá también a vosotros. Y: Bienaventurados los pobres y los que sufren persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (12)

El Pastor de Hermas

Una obra muy apreciada en la Iglesia primitiva al punto de que algunos padres lleggaron a considerarlo canónico. Fue compuesto por Hermas, hermano del Papa Pío I, en Roma entre el 141 a 155. La traducción de J. B. Lightfoot. Puede consultarse AQUI

Hermas habla de haber tenido una visión donde ve una torre que se construye sobre las aguas, y donde se traen piedras para edificarla. Llama la atención que no todas las piedras son utilizadas, unas eran lanzadas lejos de la torre, otras hechas añicos, otras colocadas cerca de la torre pero que no utilizaban por estar carcomidas, otras por su forma descartadas por no ajustarse a la construcción, Posteriormente la Dama explica que la Torre es la Iglesia y nosotros las piedras:
El Pastor de Hermas, Visión tercera, 5,3 “Los que entraban en la construcción sin necesidad de labrarlos son los que aprobó el Señor, porque caminaron en la rectitud del Señor y cumplieron sus mandamientos” (13)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 5,4 “-Y los que rechazaban y tiraban ¿quienes son?
Estos son los que han pecado, pero están dispuestos a hacer penitencia; por esta causa, no se los arrobaba lejos de la torre, pues cuando hicieran penitencia serán útiles para la construcción…” (14)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 6,1 “¿Quieres conocer las piedras que eran hechas trizas y se las arrojaba lejos de la torre? Estos son lo hijos de iniquidad; se hicieron creyentes hipócritamente y ninguna maldad se apartó de ellos. De ahí que no tienen salvación, pues por sus maldades no son buenos para las construcción..” (15)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 6,2-4 “Respecto a las otras, que viste tiradas en gran número por el suelo y que no entraban en la construcción, de ellas, las piedras carcomidas representan a los que han conocido la verdad, pero no perseveraron en ella ni se adhirieron a los santos. Por eso son inútiles.

-¿Y quiénes representan las piedras con rajas? -Estos son los que guardan unos contra otros algún resentimiento en sus corazones y no mantienen la paz mutua…. Las piedras desportilladas representa a los que han creído y mantienen la mayor parte de sus actos dentro de la justicia, pero tienen también sus porciones de iniquidad. De allí que están desportillados y no enteros” (16)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 7 “En cuanto a las otras piedras que viste arrojar lejos y caer en el camino y que rodaban del camino a parajes intransitables, éstas representan a los que han creído; pero que luego, arrastrados de sus dudas, abandonan su camino, que es el verdadero. Imaginándose, pues que son capaces de hallar camino mejor, se extravían y lo pasan miserablemente andando por soledades sin senderos” (17)

Establece así que no basta creer, sino también perseverar y cumplir los mandamientos, de lo contrario uno vendrá a representar una de esas piedras carcomidas arrojadas lejos de la torre. Más adelante cuando el autor del pastor le pregunta a la Dama si se salvaría, esta le contesta afirmativamente pero si guarda los mandamientos y persevera en ellos.

El Pastor de Hermas, Mandamiento cuarto, 2,2-4 Yo -dijo- estoy encargado de la penitencia, y a todos los que se arrepienten les concedo inteligencia. ¿O es que no te parece -me dijo- que este mismo arrepentimiento es un género de inteligencia? Si -prosiguió-, el arrepentimiento es una inteligencia grande. Porque el pecador que hace penitencia cae en la cuenta que hizo el mal delante del Señor y sube a su corazón el remordimiento de la obra que ejecutó y se arrepiente y ya no vuelve a obrar el mal, sino que se entrega a la práctica del bien por múltiples modos y humilla y atormenta su alma por haber pecado. Ya ves, pues, cómo la penitencia es un género de inteligencia grande. Pues por eso justamente, señor -le dije,, te quiero preguntar a ti todo puntualmente; primero, porque soy pecador y quiero saber qué obras he de practicar para vivir, pues mis pecados son muchos en número y de muy variadas formas. Vivirás -me contestó- si guardares mis mandamientos y caminares en ellos. Y quien quiera que guardare estos mandamientos, vivirá para Dios” (18)

San Ignacio de Antioquía

Obispo de Antioquia, martirizado en Roma (devorado por los leones) en tiempos del emperador Trajano (98-117). Se conservan de él las siete cartas que escribió camino al martirio aproximadamente en el año 107. Pueden consultar la traducción protestante de las cartas de San Ignacio directamente AQUI la cual está basada en el libro Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE

Para San Ignacio no basta proclamar la fe, sino perseverar en ella hasta el final, por eso la fe y la caridad deben estar trabadas en unidad. El premio del atleta de Dios es la vida eterna, donde recibirá la recompensa de sus buenas obras. También establece que la salvación está a disposición del hombre que quien por su libre albedrío elige entre la vida y la muerte, pero si no se está incluso dispuesto a morir por Cristo no se tiene la vida eterna:
Ignacio de Antioquía a los efesios, XIV,1-2 “Nada de todo eso se os oculta a vosotros, como tengáis en grado acabado para con Jesucristo aquella fe y caridad que son principio y término de la vida. El principio, quiero decir, la fe; el término, la caridad. Las dos, trabadas en unidad, son Dios, y todo lo demás, que atañe a la pefección y santidad se sigue de ellas. Nadie, que proclama la fe, peca; ni nadie, que posee la caridad, aborrece. El árbol se manifiesta por sus frutos. Del mismo modo, los que profesan ser de Cristo, por sus obras se pondrán de manifiesto. Porque no está ahora el negocio en proclamar la fe, sino en mantenerse en la fuerza de ella hasta el fin” (19)

Ignacio de Antioquía a Policarpo, II,3 “Se sobrio, como un atleta de Dios. El premio es la incorrupción y la vida eterna, de la que también tú estás persuadido. En todo y por todo, rescate tuyo soy, y conmigo mis cadenas, que tú amaste” (20)

Ignacio de Antioquía a Policarpo, VI,1-2 “Atended al obispo, a fin de que Dios os atienda a vosotros. Yo me ofrezco como rescate por quienes se someten al obispo, a los ancianos y a los diáconos. ¡Y ojalá que con ellos se me concediera entrar a la parte en Dios! Trabajad unos junto a otros, luchad unidos como administradores de Dios, como sus asistentes y servidores. Tratad de ser gratos al Capitán bajo cuyas banderas militáis, y de quien habéis de recibir el sueldo. Que ninguno de vosotros sea declarado desertor. Vuestro bautismo ha de permanecer como vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas. Vuestra caja de fondos han de ser vuestras buenas obras, de las que recibiréis luego magníficos ahorros.” (21)

Ignacio de Antioquía a Magnesios, V,1-2 “Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, y que lleva cada una grabado su propio cuño: los incrédulos, el de este mundo; más los fieles, por la caridad, el cuño de Dios Padre grabado por Jesucristo. Si no estamos dispuestos a morir por Él, para imitar su pasión, no tendremos su vida en nosotros.” (22)

San Justino Martir

Mártir de la fe cristiana hacia el año 165 (decapitado), es considerado el mayor apologeta del Siglo II. San Justino hace referencia a la salvación del hombre no solo en base la fe, sino a su caminar en la virtud y el mérito de sus acciones:
Justino Martir, Primera Apología 12,1-2 “Nosotros somos vuestros mejores auxiliares y aliados para el mantenimiento de la paz, pues profesamos doctrinas como la de que no es posible que se le oculte a Dios un malechor, un avaro, un conspirador, como tampoco un hombre virtuoso, y que cada uno camina, según el mérito de sus acciones, al castigo o a la salvación eterna. Porque si todos los hombres conocieran esto, nadie escogería la maldad por un momento, sabiendo que caminaba a su condenación eterna por el fuego, sino que por todos los medios se contendría y se adornaría de virtud, a fin de alcanzar los bienes de Dios y verse libre de los castigos” (23)

Justino Martir, Primera Apología 21,6 “…ahora, alcanzar inmortalidad a nosotros se nos ha enseñado que sólo la alcanzan los que viven en santa y virtuosamente cerca de Dios, así como creemos que han de ser castigados con fuego eterno quienes vivieren injustamente y no se conviertan” (24)

Justino Martir, Primera Apología 16,8 “Mas aquellos que se vea no viven como El enseñó, sean declarados como no cristianos, por más que con la lengua repitan las enseñanzas de Cristo, pues El dijo que habían de salvarse no los que sólo hablaran, sino que también practicaran las obras. Y efectivamente dijo así: No todo el que me diga “Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi padre que está en los cielos.” (25)

También tiene una perspectiva clara del libre albedrío y con casi 1400 años de antelación rechaza la posición calvinista donde el hombre es virtualmente un títere que no puede resistir la gracia (de donde concluyen que quien se condena es porque Dios nunca derramó la gracia sobre él sino que le abandonó a su maldad).
Justino Martir, Primera Apología 43.1-8 “De lo anteriormente por nosotros dicho no tiene nadie que sacar la consecuencia de que nosotros afirmamos que cuanto sucede, sucede por necesidad del destino, por el hecho de que decimos ser de antemano conocidos los acontecimientos. Para ello, vamos a desatar también esta dificultad. Nosotros hemos aprendido de los profetas, y afirmamos que ésa es la verdad, que los castigos y tormentos, lo mismo que las buenas recompensas, se dan a cada uno conforme a sus obras; pues de no ser así, sino que todo sucediera por destino, no habría en absoluto libre albedrío. Y, en efecto, si está determinado que éste sea bueno y el otro malo, ni aquel merece alabanza, ni éste vituperio. Y si el género humano no tiene poder para huir por libre determinación de lo vergonzoso y escoger lo bello, es irresponsable de cualesquiera acciones que haga.

Mas que el hombre es virtuoso y peca por libre elección, lo demostramos por el siguiente argumento: Vemos que el mismo sujeto pasa de un contrario a otro. Ahora bien, si estuviera determinado ser malo o bueno, no sería capaz de cosas contrarias ni se cambiaría con tanta frecuencia. En realidad, no podría decirse que unos son buenos y otros malos, desde el momento que afirmamos que el destino es la causa de buenos y malos y que obra cosas contrarias a sí mismo, o habría que tomar por verdad lo que ya anteriormente insinuamos, a saber, que virtud y maldad son puras palabras y que sólo por opinión se tiene algo por bueno o por malo. Lo cual, como demuestra la verdadera razón, es el colmo de la impiedad y de la iniquidad. Lo que si afirmamos ser destino ineludible es que a quienes escogieron el bien, les espera digna recompenza y a los que lo contrario, les espera igualmente digno castigo. Porque no hizo Dios al hombre a la manera de las otras criaturas, por ejemplo, árboles o cuadrúpedos, que nada pueden hacer por libre determinación; pues en este caso no sería digno de recompenza o alabanza, no habiendo por sí mismo escogido el bien, sino nacido ya bueno; ni, de haber sido malo, se le castigaría justamente, no habiéndolo sido libremente, sino por no haber podido ser otra cosa que lo que fue.” (26)

San Teófilo de Antioquía

Sexto obispo de Antioquía según Eusebio de Cesárea y San Jerónimo. Solo se conservan tres libros escritos aproximadamente en el 180 d.C. (A Autólico). En su primer libro habla de como seremos juzgados de acuerdo nuestras obras, y de como los que perseveran en las buenas obras obtienen la vida eterna:
Teófilo de Antioquía, Autólico I,14 “Y si quieres, lee tú también con interés las Escrituras de los profetas y ellas te guiarán con más claridad para escapar a los eternos castigos y alcanzar los bienes eternos de Dios. Porque El, que nos ha dado la boca para hablar y formó el oido para oír e hizo los ojos para ver, lo examinará todo y juzgará con justicia, dando a cada uno según sus méritos. A los que, conforme a paciencia, buscan la incorrupción por las buenas obras, les hará gracia de la vida eterna, de alegría, paz, descanso y muchedumbre de bienes…” (27)

San Ireneo de Lyon

San Ireneo (obispo y mártir). Fue discípulo de San Policarpo que a su vez fue discípulo del apóstol San Juan. Celebre por su tratado “Contra las Herejías” donde combate las herejías de su tiempo, en especial las de los gnosticos. Nació aproximadamente en el 130 d.C. y murió en el 202 d.C. Para Ireneo la gracia también es resistible porque Dios hizo libre al hombre, y como Dios derrama su gracia sobre todos los hombres, quien se condena es por propia elección, al igual que el que se salva es porque persevera en las buenas obras:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,1-2 “Esta frase: «¡Cuántas veces quise recoger a tus hijos, pero tú no quisiste!» (Mt 23,37), bien descubrió la antigua ley de la libertad humana; pues Dios hizo libre al hombre, el cual, así como desde el principio tuvo alma, también gozó de libertad, a fin de que libremente pudiese acoger la Palabra de Dios, sin que éste lo forzase. Dios, en efecto, jamás se impone a la fuerza, pues en él siempre está presente el buen consejo. Por eso concede el buen consejo a todos. Tanto a los seres humanos como a los ángeles otorgó el poder de elegir -pues también los ángeles usan su razón-, a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre este bien como un don de Dios que ellos custodian. En cambio no se hallará ese bien en quienes le desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo; porque Dios ciertamente les ofreció benignamente este bien, mas ellos ni se preocuparon por conservarlo ni lo tuvieron por valioso, sino que despreciaron la bondad suprema. Así pues, al abandonar este bien y hasta cierto punto rechazarlo, con razón serán reos del justo juicio de Dios, de lo que el Apóstol Pablo da testimonio en su Carta a los Romanos: «¿Acaso desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que la bondad de Dios te impulsa a arrepentirte? Por la dureza e impenitencia de tu corazón amontonas tú mismo la ira para el día de la cólera, cuando se revelará el justo juicio de Dios» (Rom 2,4-5). En cambio, dice: «Gloria y honor para quien obra el bien» (Rom 2,10).

Dios, pues, nos ha dado el bien, de lo cual da testimonio el Apóstol en la mencionada epístola, y quienes obran según este don recibirán honor y gloria, porque hicieron el bien cuando estaba en su arbitrio no hacerlo; en cambio quienes no obren bien serán reos del justo juicio de Dios, porque no obraron bien estando en su poder hacerlo. Si, en efecto, unos seres humanos fueran malos por naturaleza y otros por naturaleza buenos, ni éstos serían dignos de alabanza por ser buenos, ni aquéllos condenables, porque así habrían sido hechos. Pero, como todos son de la misma naturaleza, capaces de conservar y hacer el bien, y también capaces para perderlo y no obrarlo, con justicia los seres sensatos (¡cuánto más Dios!) alaban a los segundos y dan testimonio de que han decidido de manera justa y han perseverado en el bien; en cambio reprueban a los primeros y los condenan rectamente por haber rechazado el bien y la justicia. Por este motivo los profetas exhortaban a todos a obrar con justicia y a hacer el bien, como muchas veces hemos explicado; porque este modo de comportarnos está en nuestra mano pero, habiendo tantas veces caído en el olvido por nuestra mucha negligencia, nos hacía falta un buen consejo. Por eso el buen Dios nos aconsejaba el bien por medio de los profetas.” (28)

Enfatiza también que la salvación se obtiene mediante mucho esfuerzo y “luchando”:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,7 “Por eso el Señor dice que el reino de los cielos es de los violentos: «Los violentos lo arrebatan» , quiere decir aquellos que se esfuerzan, luchan y continuamente están alerta: éstos lo arrebatan. Por eso el Apóstol Pablo escribió a los corintios: «¿No sabéis que en el estadio son muchos los que corren, pero sólo uno recibe el premio? Corred de modo que lo alcancéis. Todo aquel que compite se priva de todo, y eso para recibir una corona corruptible, en cambio nosotros por una incorruptible. Yo corro de esta manera, y no al acaso; yo no lucho como quien apunta al aire; sino que mortifico mi cuerpo y lo someto al servicio, no vaya a suceder que, predicando a otros, yo mismo me condene». Siendo un buen atleta, nos exhorta a competir por la corona de la incorrupción; y a que valoremos esa corona que adquirimos con la lucha, sin que nos caiga desde afuera. Cuanto más luchamos por algo, nos parece tanto más valioso; y cuanto más valioso, más lo amamos. Pues no amamos de igual manera lo que nos viene de modo automático, que aquello que hemos construido con mucho esfuerzo. Y como lo más valioso que podía sucedernos es amar a Dios, por eso el Señor enseñó y el Apóstol transmitió que debemos conseguirlo luchando por ello. De otro modo nuestro bien sería irracional, pues no lo habríamos ganado con ejercicio. La vista no sería para nosotros un bien tan deseable, si no conociésemos el mal de la ceguera; la salud se nos hace más valiosa cuando experimentamos la enfermedad; así también la luz comparándola con las tinieblas, y la vida con la muerte. De igual modo el Reino de los cielos es más valioso para quienes conocen el de la tierra; y cuanto más valioso, tanto más lo amamos; y cuanto más lo amamos, tanto más gloria tendremos ante Dios.” (29)

Ireneo es otro padre que rechaza la doctrina de Salvo siempre Salvo:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 27,2 “Por eso decía aquel presbítero, no debemos sentirnos orgullosos ni reprochar a los antiguos; sino hemos de temer, no sea que después de conocer a Cristo hagamos lo que no agrada a Dios, y en consecuencia no se nos perdonen ya nuestros pecados, sino que se nos excluya de su Reino. Pablo dijo a este propósito: «Si no perdonó las ramas naturales, él quizá tampoco te perdone, pues eres olivo silvestre injertado en las ramas del olivo y recibes de su savia»”. (30)

Clemente de Alejandría

Nació hacia el año 150, probablemente en Atenas, de padres paganos; después de hacerse cristiano, viajó por el sur de Italia y por Siria y Palestina, en busca de maestros cristianos, hasta que llegó a Alejandría; las enseñanzas de Panteno (jefe de la escuela catequética de Alejandría, en Egipto) hicieron que se quedara allí. Hacia el año 202, la persecución de Septimio Severo le obligó a abandonar Egipto, y se refugió en Capadocia, donde murió poco antes del 215.

Su conocimiento de los escritos paganos y de la literatura cristiana es notable; según Quasten, en sus obras se encuentran unas 360 citas de los clásicos, 1500 del Antiguo Testamento y 2000 del Nuevo, por tanto es considerado cronológicamente como el primer sabio cristiano conocedor profundo no sólo de la Sagrada Escritura sino de obras las obras cristianas anteriores a él, e incluso obras de literatura profana. Clemente consideraba el cristianismo la realización más bella y el coronamiento de todos los elementos de verdad dispersos en la filosofía.

Su rechazo a la doctrina de la Sola Fides es tan diáfano que no hace falta comentar nada:
Clemente de Alejandría, Stromata, VI, XIV “Hay también otras ovejas” dice el Señor, «las cuales no son de este redil» – consideradas dignas de otro redil y morada, en proporción a su fe. «Pero mis Ovejas oyen mi voz» entendiendo intuitivamente los mandamientos. Y estos deben ser tomados en magnánima y digna aceptación así como también la recompensa fruto del trabajo. Así que cuando oímos, «Tu fe te ha Salvado», no pensamos que El dice absolutamente que los que han creído serán salvados, a no ser que también trabajen para ello. Pero fue solo para los judíos que el dijo estas palabras, quienes guardaban la ley y vivían de manera blasfema, quienes querían solo fe en el Señor. Nadie entonces puede ser un creyente y al mismo tiempo licencioso; pero aunque renuncie a la carne, el creyente debe vencer las pasiones, para así se capaz de alcanzar su propia morada.

Ahora sabemos que es mas que creer, al ser coronado con el mas alto honor inmediatamente ser salvo es algo mayor que el salvado. En consecuencia el creyente, a través de una gran disciplina, quitándose las pasiones, pasa a la morada que es mejor que la anterior, a sabiendas que el mayor tormento, es llevar con él, el arrepentimiento por los pecados cometidos después del bautismo.” (31)

San Hipólito

Se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento, aunque se sabe fue discípulo de San Ireneo de Lyon. Su gran conocimiento de la filosofía y los misterios griegos, su misma psicología, indica que procedía del Oriente. Hacia el año 212 era presbítero en Roma, donde Origenes—durante su viaje a la capital del Imperio—le oyó pronunciar un sermón.

Con ocasión del problema de la readmisión en la Iglesia de los que habían apostatado durante alguna persecución, estalló un grave conflicto que le opuso al Papa Calixto, pues Hipólito se mostraba rigorista en este asunto, aunque no negaba que la Iglesia tiene la potestad de perdonar los pecados. Tan fuerte fue el contraste que se separó de la Iglesia y, elegido obispo de Roma por un reducido círculo de partidarios suyos, fue así el primer antipapa de la historia.

l cisma se prolongó tras la muerte de Calixto, durante el pontificado de sus sucesores Urbano y Ponciano. Terminó en el año 235, con la persecución de Maximino, que desterró al Papa legítimo (Ponciano) y a Hipólito a las minas de Cerdeña, donde se reconciliaron. Allí los dos renunciaron al pontificado, para facilitar la pacificación de la comunidad romana, que de este modo pudo elegir un nuevo Papa y dar por terminado el cisma. Tanto Ponciano como Hipólito murieron en el año 235. San Hipólito al igual que el resto de los padres reconoce que el hombre por medio de la fe se prepara para la vida eterna a través de sus buenas obras, por las cuales alcanzarán el reino de los cielos:
San Hipólito, Comentarios sobre proverbios “Y de igual manera, los gentiles por la fe en Cristo, preparan para ellos la vida eterna a través de buenas obras” (32)

San Hipólito, Contra Platón sobre el Universo “Él, al administrar el justo juicio del Padre a todos, dará a cada quien lo que es justo de acuerdo a sus obras…la justificación será vista en en dar a cada uno lo que es justo; desde aquellos que han hecho bien, tendrán un justo gozo eterno, y los amantes de la iniquidad tendrán un castigo eterno . . Pero los justos recordarán sólo las buenas obras por las cuales alcanzaron al reino de los cielos, en la cual no hay sueño, ni dolor, ni corrupción” (33)

Orígenes

Orígenes fue escritor eclesiástico, teólogo y comentarista bíblico. Vivió en Alejandría hasta el 231, se pasó los últimos 20 años de su vida en Cesarea del Mar, Palestina y viajando por el imperio romano. Fue el mayor maestro de la doctrina cristiana en su época y ejerció una extraordinaria influencia como intérprete de la Biblia.

Orígenes es cuidadoso en alertar que los cristianos deben ser instruidos para entender que no basta solo creer, sino también obrar:
Orígenes, Comentario sobre Romanos 2:5 “Ahora consideremos el justo juicio de Dios, en el que se recompensa a cada uno según sus obras. En primer lugar debemos rechazar los herejes que dicen que las almas buenas o malas por naturaleza y mantener en su lugar que Dios recompensará a cada uno según sus obras y no según su naturaleza. En segundo lugar, los creyentes serán inistruidos para no pensar que es suficiente solamente creer; ellos deben darse cuenta que el justo juicio de Dios recompensará a cada uno según sus obras” (34)

Orígenes, Comentario sobre Romanos 4:2 “Que nadie piense que alguien que tiene fe suficiente para estar justificado y tener gloria ante Dios al mismo tiempo tener maldad viviendo en él. Porque la fe no puede coexistir con la incredulidad, ni la justicia con la maldad, como la luz y las tinieblas no pueden vivir juntos. (35)

También reconoce que los creyentes justificados pueden caer del estado de gracia cuando por su propia voluntad cometen pecados graves y no cumplen los mandamientos (si el hombre puede hacer o dejar de hacer algo que luego de justificado lo haga perder su salvación, entonces nuevamente ya la salvación no es solo fe):
Orígenes, Comentario sobre Romanos 2:25 “…Incluso en la iglesia, si alguien es «circunciso» por la gracia del bautismo y luego se convierte en transgresor de la ley de Cristo, la circuncisión del bautismo cuenta para él como incircuncisión, porque «la fe sin obras es muerta» (36)

Orígenes, De Principiis, Libro III,1 “El Salvador también diciendo, «yo os digo: no resistan al mal» y, «El que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio», y «quien mira a una mujer para desearla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón», y así como en otros mandamientos, no se transmite otra cosa sino que está es facultad nuestra observar lo que se ha mandado. Por lo tanto, somos con razón responsables de condenación si transgredimos los mandamientos que somos capaces de cumplir. Y, por tanto, también él mismo declara: «Quien oye mis palabras, y las practica es como un hombre sabio que edificó su casa sobre una roca». También la declaración: «Quien oye estas cosas, y que no haga, es como un hombre necio que edificó su casa sobre la arena»". Incluso las palabras que ha dirigido a aquellos que están en su mano derecha, «Venid a mí, benditos de mi Padre», «Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber», muestra claramente que dependía de ellos mismos, quienes deberían ser merecedores de alabanza por hacer lo que fue mandado y recibiendo lo que fue prometido, o merecedores de censura quienes oido o recibido lo contrario les fue dicho «Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno».

Observemos también lo que el apóstol Pablo nos enseñó sobre tener el poder sobre nuestra propia voluntad, poseedores de cualquiera de las causas de nuestra salvación o ruina : «¿Desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que su bondad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en hacer el bien, buscan gloria, honra e inmortalidad; pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia. Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, sobre el judío en primer lugar, y también sobre el griego; en cambio, gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno: al judío en primer lugar y también al griego» Encontrarán también innumerables pasajes de la Sagrada Escritura que claramente demuestran que tenemos libre albedrío. De lo contrario sería una contrariedad los mandamientos datos a nosotros, por observar aquello que nos podría salvar, o por transgreddir aquello que nos condenaría, si el poder de mantenerlos no fuera dado a nosotros.” (37)

En su obra más importante conocida como De principiis o el Peri-Archon (Περί αρχών ) escribe
Orígenes, De Principiis, Prefacio 5 “La enseñanza apostólica es que el alma, teniendo una substancia y vida propia, será, luego de su partida del mundo, recompensada de acuerdo con sus merecimientos, siendo destinada a obtener la herencia de vida eterna y bienaventuranza, si sus acciones lo han procurado, o será entregada al fuego y penas eternas, si la culpa de sus crímenes la ha llevado a ello.” (38)

San Cipriano de Cártago

San Cipriano nació hacia el año 200, probablemente en Cartago, de familia rica y culta. Se dedicó en su juventud a la retórica. El disgusto que sentía ante la inmoralidad de los ambientes paganos, contrastado con la pureza de costumbres de los cristianos, le indujo a abrazar el cristianismo hacia el año 246. Poco después, en 248, fue elegido obispo de Cartago. Al arreciar la persecución de Decio, en 250, juzgó mejor retirarse a un lugar apartado, para poder seguir ocupándose de su grey. San Cipriano también establece como condición para salvarse el cumplimiento de los mandamientos y las buenas obras:
Cipriano de Cártago, Sobre la unidad de la Iglesia 16 “Profetizar y echar fuera demonios, y hacer grandes actos en al tierra, son sin duda, cosas sublimes y admirables, pero uno no alcanza el reino de los cielos aunque haga todas esas cosas, a no ser que camine en la observancia del derecho y la justicia. El Señor denuncia, y dice, “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y yo les diré «Nunca los conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad». Existe la necesidad de justicia, que uno puede bien merecer de Dios el juez; debemos obedecer sus preceptos y advertencias, para que nuestros méritos puedan recibir su recompensa” (39)

Cipriano de Cártago, Sobre los lapsos, Tratado III,17 “Creemos, en efecto, que los méritos de los mártires y las obras de los justos son de gran valor con el Juez, pero que será cuando el día del juicio venga, cuando, después de la conclusión de esta vida y el mundo, su pueblo estará en pie ante el tribunal de Cristo” (40)

En De opere et eleemosynis (Las buenas obras y las limosnas) escribe:
Cipriano de Cártago, Las buenas obras y la limosna. Tratado VIII,2 “El Espíritu Santo habla en las Sagradas Escrituras, y dice, «por la limosna y la fe se purgan los pecados». Seguramente no los pecados que habían sido previamente contraidos, sino aquellos que son limpiados por la sangre y santificación de Cristo. Además, Él dice que de nuevo «como en el lavado del agua salvífica el fuego del infierno es extinguido, así también es sojuzgada la llama por la limosna y por las buenas obras». Porque en el bautismo se concede la remisión de los pecados una vez para siempre, el ejercicio constante e incesante de las buenas obras, a semejanza del bautismo, otorga de nuevo la misericordia de Dios…; los que después de la gracia del bautismo se han descarriado, pueden ser limpiados otra vez” (41)

Aquí San Cipriano explícitamente habla de como por medio de buenas obras se obtiene también el perdón de los pecados cometidos luego del bautismo (un concepto totalmente ajeno a la doctrina protestante). Es notorio también que cite como Escritura no solo a proverbios (16,6) , sino a Eclesiastico (3,30) , y en el capítulo 5 cita Tobías, dos libros que los protestantes han sacado de sus Biblias acusándolos de ser “apócrifos” (por lo visto, para San Cipriano no).

De este mismo texto comenta Quasten:

“Cipriano enseña aquí la eficacia de las buenas obras para la salvación. Puesto que nadie está exento «de alguna herida de la conciencia», todo el mundo está obligado a practicar la caridad. No puede haber excusa para nadie. Los que temen que sus riquezas disminuyan por el ejercicio de la generosidad y se vean expuestos en el futuro a la pobreza y a la necesidad, deberían saber que Dios cuida de aquellos que socorren a los demás. «Que nadie, carísimos hermanos, impida y retraiga a los cristianos del ejercicio de las obras buenas y rectas, con la consideración de que alguno pueda excusarse de ellas en beneficio de sus hijos, puesto que en los desembolsos espirituales debemos pensar solamente en Cristo, que ha declarado que es El quien los recibe, prefiriendo, no nuestros semejantes, sino el Señor a nuestros hijos» (16). «Si realmente quieres a tus hijos, si les demuestras plenamente la suavidad de tu amor paternal, deberías ser tanto más caritativo, a fin de que por tus buenas obras puedas recomendar tus hijos a Dios»(18). Este tratado de Cipriano fue una de las lecturas favoritas de la antigüedad cristiana. Las actas del concilio general de Efeso (431) citan varios pasajes, aunque no sabemos de ninguna traducción griega de esta obra” (42)

Cipriano de Cártago, Las buenas obras y la limosna. Tratado VIII,2 “Los remedios para propiciar a Dios son dados en las palabras de Dios mismo; las instrucciones divinas han enseñado lo que los pecadores deben hacer, que por obras de justicia de Dios es satisfecho….” (43)

Lactancio

Nació en el Norte de Africa, hacia el año 250, de familia pagana. Abrazó el cristianismo probablemente en Nicomedia. Durante la última gran persecución, hacia el año 303, se vio obligado a abandonar su cátedra y a exilarse en Bitinia. Después del Edicto de Milán, Constantino le llamó a Tréveris para confiarle la educación de Crispo, su hijo mayor. Se estima murió en torno al año 317. En Divinae institutiones haciendo referencia al libre albedrío advierte que podemos ganar la vida eterna por nuestra virtud o perderla por nuestros vicios (nuevamente nada de Sola Fides):
Lactancio, Las instituciones divinas, VII,5 “Por esta razón El nos ha dado la vida, que podemos o perder aquella verdad y vida eterna por nuestros vicios, o ganarla por nuestra virtud” (44)

San Hilario de Poitiers

Obispo y escritor, santo, Padre y Doctor de la Iglesia nacido a principios de siglo IV, hacia 315, en Poitiers (Francia) y fallecido en esta misma ciudad en 367. San Hilario habla de como el perseverar en la fe es también un don de Dios, pero eso no excluye el libre albedrío:
Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Nun,20 Perseverar en la fe es un don de Dios, pero el primer movimiento de la fe comienza en nosotros. Nuestra voluntad debe ser tal que, propiamente y por sí misma lo haga. Dios le dará el aumento después que ha sido hecho el comienzo. Nuestra debilidad es tal que no podemos llevar por nosotros mismos llevarla a término, pero él recompensa el comienzo en vista de haber sido hecho libremente” (45)

Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Ain,10 La debilidad humana es impotente si espera lograr algo por sí misma. El deber de tal naturaleza es simplemente esto: hacer el comienzo con la voluntad, con el fin de adherirse al servicio del bien. La misericordia divina es tal que ayudará a los que están dispuestos, fortaleciendo aquellos que han comenzado y asistiendo a aquellos que están tratando. El comienzo sin embargo, es parte nuestra, tal que él pueda traernos a la perfección” (46)

Rechaza con antelación la doctrina cavinista de la predestinación donde se atribuye la elección a un juicio divino inescrutable. Para San Hilario esta distinción se basa en el mérito (nuevamente nada de Sola Fides)
Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 64 [65], sección 5 “Porque de acuerdo al evangelio, muchos son los llamados y pocos los escogidos…La elección, por lo tanto, no es cuestión de juicio accidental. Es una distinción hecha por medio de una selección basada en el mérito. Beato, entonces, es él que elige a Dios: bendecido por la razón que él es digno de la elección.” (47)

San Atanasio

Nacido hacia fines del siglo III y principios del IV. Aproximadamente en el año 320 cuando es ordenado diácono, y como diácono asistió al al Concilio de Nicea. En 328 era ordenado obispo antes de cumplir treina años. Es reconocido como doctor de la Iglesia y campeón de la ortodoxia por su defenza a la fe nicena. Afirma que en el juicio se verá si hemos perseverado en la fe y cumplido los mandamientos:
San Atanasio, Vida de san Antonio 33 Para esto no es productivo de la virtud, ni es ninguna muestra de bondad. Para ninguno de nosotros se juzga por lo que no sabe, y nadie es llamado santo por su aprendizaje y conocimiento, sino que cada uno será llamado a juicio en esos puntos - si han mantenido la fe y realmente observado los mandamientos. (48)

Atanasio de Alejandría, La encarnación del verbo 56 “Él ha de venir, no a sufrir, sino a hacernos frutos de su propia cruz, el cual es la resurrección y la incorrupción, y ya no para ser juzgado, sino a juzgar a todos, por lo que cada uno ha hecho en la vida mortal, ya sea el bien o el mal…Así, el Señor mismo también dice «verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo en las nubes del cielo en la gloria del Padre»…De acuerdo al beato Pablo: «Todos tenemos que estar ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba lo que hizo en su vida mortal, ya sea el bien o el mal»” (49)

En su obra Contra los arrianos, en el capítulo 25 del tercer discurso declara que es posible caer del estado de gracia y perder la salvación al cometer pecados gravies y no hacer penitencia:
Atanasio de Alejandría, Contra los arrianos 3,25 “Por lo que la Palabra tiene por naturaleza, como yo dije, en el Padre, que El desea nos sea dada irrevocablemente por el Espíritu, a sabiendas de que el Apóstol dice, «¿Quién nos separará del amor de Cristo?», pues «los dones de Dios» y «y la gracia de Su llamado son irrevocables». Este es el Espíritu del que está en Dios, y no el que vemos en nosotros mismos; y como somos hijos y dioses porque la Palabra Es en nosotros, así deberíamos estar en el Hijo y el Padre, y seremos considerados para ser uno con el Hijo y el Padre, porque el Espíritu esta en nosotros, el cual esta en la Palabra y en el Padre. Cuando entonces un hombre cae del Espíritu por cualquier maldad, si se arrepiente de haber caído, la gracia queda irrevocablemente a como este dispuesto, de lo contrario, si el que ha caído no esta mas en Dios (porque el Espíritu Santo y Paráclito que esta en Dios lo ha abandonado) pero el pecador estará en aquel que lo ha sometido , como ocurrió en el caso de Saúl, el Espíritu de Dios se apartó de él y un espíritu maligno lo afligía.". (50)

Atanasio de Alejandría, Cartas festales XI,7 “Por lo tanto, la meditación de la ley es necesaria, mi amado, y el continuo conversar con la virtud, «para que el santo se encuentre perfecto y preparado para toda obra buena». Por estas cosas es la promesa de vida eterna, como Pablo escribió a Timoteo, llamándolo al constante ejercicio y meditación, y diciendo «ejercítate para la piedad. Porque el ejercicio corporal es provechoso para un poco; mas la piedad a todo aprovecha, porque tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera»” (51)

San Cirilo de Jerusalén

Nació en Jerusalén o en sus cercanías, hacia el 313 ó 315, en el 348 era ya obispo. Murió aproximadamente en el año 386. Nuevamente concibe la salvación desde una perspectiva completamente opuesta a los reformadores. Para salvarse no hay solo que creer, sino perseverar unido a Cristo como el sarmiento a la vid, de lo contrario la posibilidad de que Jesús nos maldiga por no producir frutos está latente. Es por eso que al cristiano le corresponde aportar fruto para no ser cortado.

San Cirilo de Jerusalén, Catequesis I,4 “Eres hecho partícipe de una vid santa: si permaneces en la vid, crecerás como un sarmiento fructífero; pero si no permaneces, serás consumido por el fuego. Así pues, produzcamos fruto dignamente. Que no nos suceda lo mismo que a aquella vid infructuosa, no sea que, al venir Jesús, la maldiga por su esterilidad. Que todos puedan, en cambio, pronunciar estas palabras. «Pero yo, como verde olivo en la casa de Dios, confio en el amor de Dios para siempre jamás» . No se trata de un olivo sensible, sino inteligible, portador de la luz. Lo propio de él es plantar y regar; pero a ti te corresponde aportar el fruto. Por ello, no desprecies la gracia de Dios: guárdala piadosamente cuando la recibas.” (52)

San Basilio el Grande

Nació hacia el año 329 en Cesarea de Capadocia llegó a ser uno de los Padres de la Iglesia griega que más brillaron en el siglo IV. Murió aproximadamente en el año 379 Para San Basilio para salvarse no basta nisiquiera solo renunciar al pecado, sino que los frutos (obra) también son requeridas:
Basilio el Grande, Las Morales I,3 “La mera renuncia del del pecado no es suficiente para la salvación de los penitentes, sino también los frutos dignos de penitencia, que también se requiere de ellos”(53)

Basilio el Grande, Las Morales II,1 “Quien obedezca el evangelio debe ser purgado de todos las deshonras de la carne y el espíritu para que pueda ser aceptable a Dios en orden de las buenas obras de santidad” (54)

Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo XVIII “Es de acuerdo a tus méritos el «estar siempre con el Señor», y si esperas ser arrebatado «en las nubes al encuentro con el Señor en el cielo para estar siempre con el Señor»” (55)

También reconoce que aquellos que se salven serán aquellos que fueron fieles. Habla también de como aquellos que reciben al Espíritu Santo pueden ser apartados de Él si comienzan a vivir una vida pecaminosa:
Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo XVI,40 Ellos, entonces, que fueron sellados por el Espíritu hasta el día de la redención, y preservaron puros e intactos los primeros frutos que recibieron del Espíritu, son ellos los que oirán las palabras «¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de muchas cosas». De la misma manera que los que han ofendido al Espíritu Santo por la maldad de sus caminos, o no han forjado para él lo que Él les dio, serán privados de lo que han recibido, y su gracia será dada a otros; o, de acuerdo con uno de los evangelistas, serán totalmente cortados en pedazos – cuyo significado es ser separados del Espíritu” (56)

Basilio el Grande, Homilía I,4 “Dios es el Creador del universo, y el justo juez que recomenza todas las acciones de la vida de acuerdo a sus méritos” (57)

Basilio el Grande, Sobre los salmos 114, no 5 “..Espera el descanso eterno a los que han luchado a través de la vida atento de las disposiciones de la ley, no como pago adeudado de sus obras, pero otorgado como un don de Dios en la magnificencia a los que han de esperado en él” (58)

San Gregorio de Nisa

Nacido entre el 331 al 335 d.C. Fue consagrado obispo en el 371 y fallece en el 394. Para ilustrar la necesidad de no solo la fe sino de las obras para la salvación, Gregorio utiliza la figura de la armadura del hoplita (http://es.wikipedia.org/wiki/Hoplita), soldado élite de la armada griega que poseía una coraza especial que constaba de dos placas que protegían ambos lados del torzo. Gregorio compara al hoplita bien armado por ambos lados, con el cristiano que tiene fe y obras.
Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Eclesiastés 8 Pablo, uniendo la virtud a la fe y tejiéndolas juntas, construye de ellas la coraza del hoplita, armando al soldado propia y seguramente de ambos lados. Un soldado no puede considerarse satisfactoriamente armado cuando una parte de la armadura no está unida a la otra.La fe sin las obras de justicia no son suficientes para la salvación, ni tampoco sin embargo, es justo vivir seguro en si mismo para la salvación, si se separa de la fe” (59)

San Ambrosio

Padre y doctor de la Iglesia nacido en el año 340 consagrado obispo en el año 374 quien fue también un ardiente defensor de la ortodoxia en contra del arrianismo. Muere en el año 397. Para San Ambrosio habla de como las obras serán puestas en el juicio en una balanza en la cual se decidirá si nos salvaremos o nos condenaremos, por tanto la vida eterna no se basa solo en el conocimiento de las cosas divinas sino también en el fruto de las buenas obras:
Ambrosio, Carta II, a Constancio, un obispo “Los méritos de cada no de nosotros serán colocados en una balanza, en la cual un poco de peso, ya sea de buenas obras o de mala conducta la balancearán a su destino, si el mal prevalace, ¡hay de mi! si lo hace bien, se recibe el indulto. Ningún hombre está libre del pecado, pero donde el bien prevalece, el mal se aleja, se eclipsa, y cubre. Por tanto, en el día del juicio nuestras obras nos socorrerán o nos hundirán a la profundidad con el peso de una piedra de molino…” (60)

San Ambrosio, Sobre los deberes del clero, Libro II, 2,5 “Pero las Sagradas Escrituras dicen que la vida eterna se basa en el conocimiento de las cosas divinas y en el fruto de buenas obras. El Evangelio es testigo de estos ambas sentencias. Porque el Señor Jesús habló así del conocimiento: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tu haz enviado”. Sobre las obras dio esta respuesta: Todo el que abandone casa, hermanos, hermanas, padre, madre, esposa, hijos, o tierras por ni nombre, recibirá el ciento por uno, y heredará la vida eterna” (61)

San Juan Cristóstomo

Considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia oriental, nació en Siria aproximadamente en el año 347 Fue patriarca de Constantinopla y murió en el 404 d.C. Es tajante en recordar que para tener vida eterna no basta creer, porque si no se lleva una vida recta la fe no vale de nada para salvarse:
Juan Cristóstomo, Homilía sobre el evangelio de Juan 31,1“«¿Es entonces suficiente», dijo uno «creer en el Hijo, para tener vida eterna?». De ninguna manera. Y escuchar esta declaración de Cristo mismo, y decir: «No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos», y la blasfemia contra el Espíritu es suficiente para lanzar un hombre al infierno. Pero, ¿por qué hablo de esta porción de doctrina? Aunque el hombre crea debidamente en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sino lleva una vida recta su fe no le valdrá nada para su salvación. Por lo tanto cuando Él dijo,«Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, el el único Dios verdadero», no debemos suponer que el (conocimiento) de que habla es suficiente para nuestra salvación…Aunque se ha dicho aquí, «El que cree en el Hijo tiene vida eterna»…todavía nisiquiera de esto afirmamos que la fe sola es suficiente para la salvación.Y las directrices de vida dadas en muchos lugares del evangelio muestran esto” (62)

Juan Cristóstomo, Homilía sobre la epístola a los corintios 23,2 “«No piense» dice él, “que porque habeis creído, que esto es suficiente para su salvación…a menos que exhiba una conducta intachable” (63)

San Jerónimo

Reconocido como uno de los cuatro Doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las ciencias bíblicas y traductor de la Biblia al latín. Presbítero, hombre de vida ascética, eminente literato. Nació en el año 347 y murió en el 420. San Jerónimo al igual que otros padres declara que los bautizados pueden caer del estado de gracia y perder su salvación por medio de las elecciones de su libre albedrio. Aquellos que por medio de la gracia soporten las pruebas recibirán la corona de la vida:
“No va de acuerdo a la justicia divina olvidar las buenas obras, y las acciones que has ministrado y ministras a los santos por su nombre, y para recordar solamente los pecados. El apóstol Santiago también, a sabiendas de que los bautizados pueden ser tentados, y caer de su propia libre elección, dice «Bienaenturado el hombre que soporta la tentación, porque cuando ha sido aprobado recibirá la corona de la vida que el Señor les prometió a quienes le aman». Y que no podemos pensar que somos tentados por Dios, como leemos en el Génesis que Abraham fue, añade: «Que nadie diga cuando es tentado, es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado por el mal ni tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte». Dios nos creó con libre albedrío, y no somos forzados por la necesidad ni a la virtud ni al vicio. De lo contrario, si no estamos obligados por necesidad, no hay corona. Como en las buenas obras es Dios quien los trae a la perfección, ya que no es de quien quiera, ni de lo que corre, sino de Dios que piadosamente nos ayuda a ser capaces de llegar a la meta” (64)

San Agustín

Obispo de Hipona y doctor de la iglesia, es reconocido como un de los cuatro doctores mas reconocidos de la Iglesia Latina. Nació en el 354 y llegó a ser obispo de Hipona durante treinta y cuatro años. Combatió duramente todas las herejías de la época y murió el año 430
San Agustín es muy citado por protestantes (tanto luteranos y calvinistas) como un exponente de la doctrina de la Sola Fides y por sus textos relacionados con la predestinación. Particularmente no puedo explicarme el porqué existiendo también textos tan claros del mismo Agustín sobre el purgatorio, la oración por los difuntos, doctrinas opuestas a la Sola Fides.
La mayoría de los textos citados por protestantes son textos donde San Agustín combate al pelagianismo (una herejía que predicaba que el hombre se salvaba por obras y no por gracia). Pelagio vendría siendo algo así como la Némesis de Lutero (Pelagio predicaba “Solo Obras”, Lutero “Solo Fides”, San Agustín la doctrina ortodoxa: La católica)

Un ejemplo lo tenemos en lo referente al libre albedrío, que Lutero declaró ser “pura mentira” (en De Servo Arbitrio) , sin embargo, cuando Agustín es acusado por los pelagianos de negar el libre albedrío se defiende vigorozamente:
Agustín de Hipona, Replica a Juliano IV,47 “Afirmas que en otro de mis libros dije: «Se niega el libre albedrío si se defiende la gracia, y se niega la gracia si se defiende el libre albedrío». Pura calumnia. No dije esto; lo que dije fue que esta cuestión presenta tan enormes dificultades que pudiera parecer que se niega uno si se admite la otra. Y como mis palabras son pocas las voy a repetir para que vean mis lectores cómo amañas mis escritos y con qué mala fe abusas de la ignorancia de los tardos y romos de inteligencia, para hacerles creer que me has respondido porque no sabes callar.

Dije hacia el final del primer libro, dedicado al virtuoso Piniano, cuyo título es De gratia contra Pelagium: «En esta cuestión que trata del libre albedrío y de la gracia de Dios es tan difícil delimitar el campo, que, cuando se defiende el libre albedrío, parece se niega la gracia de Dios, y cuando se defiende la gracia de Dios, parece se destruye el libre albedrío». Pero tú, varón honesto y verás, suprimes las palabras que dije y pones otras de tu invención. Dije, sí, que esta cuestión era difícil de resolver, no que fuera imposible. Y mucho menos afirmé, como falsamente me acusas, que, si se defiende la gracia, se niega el libre albedrío, si se defiende el libre albedrío, se niega la gracia de Dios. Cita mis palabras textuales y se evaporan tus calumnias” (65)

Agustín de Hipona, Replica a Juliano III,2 “No es cierto, como dices “que llamamos pelagianos o celestianos a todo el que reconoce en el hombre el libre albedrío y afirme que Dios es el creador de los niños", sino que damos este nombre a los que no atribuyen la libertad, a la que hemos sido llamados, a la gracia divina; y a los que rehúsan reconocer a Cristo como Salvador de los niños; a los que no admiten en los justos la necesidad de dirigir a Dios petición alguna de la oración dominical. A éstos sí, los llamados pelagianos y celestianos, porque participan de sus criminales errores.” (66)

Agustín de Hipona, Replica a Juliano V,65 “Dices que “alabo la continencia de los tiempos cristianos no para encender a los hombres en amor a la virginidad, sino para condenar el matrimonio, instituido por Dios". Mas para que nadie crea te atormenta la sospecha de una mala interpretación de mis sentimientos, me dices, como queriendo aprobar: “Si con sinceridad exhortas a los hombres a la virginidad, has de confesar que la virtud de la castidad puede ser observada por los que quieran, de suerte que cualquiera puede ser santo en el cuerpo y en el espíritu". Respondo que lo admito, pero no en tu sentido. Tú atribuyes este poder sólo a las fuerzas del libre albedrío; yo lo atribuyo a la voluntad, ayudada por la gracia de Dios. Sin embargo, pregunto: ¿Sobre qué ejerce el espíritu su poder para no pecar sino sobre un mal que, si vence, nos hace caer en pecado? Y para no tener que decir, con los maniqueos, que este mal viene de una naturaleza mala, a nosotros extraña y con la cual se mezcla, nos resta confesar que existe en nuestra naturaleza una herida que es necesario curar, y cuya mancha nos hace culpables si no es lavada por el sacramento de la regeneración” (67)

San Agustín también rechaza la posición calvinista y declara que es el hombre por su propia elección quien pierde la gracia y se hace malvado (Calvino afirmaba que quienes no fueron predestinados nunca recibieron la gracia, porque de haberla recibido, no pudieran resistirla y se salvarían

Agustín de Hipona, Amonestación y Gracia 6,9 “Pero si alguien ya regenerado y justificado tendría, por voluntad propia, que recaer en su mala vida, ciertamente ese hombre no puede decir: Yo no lo he recibido; porque él perdió la gracia que él recibió de Dios y por su propia libre elección se hizo malvado” (68)
Agustín de Hipona, Comentario sobre los Salmos 83:16 “Él otorgó el perdón, y pagará la corona. Del perdón es donador, y de la corona deudor, pero ¿por qué deudor? ¿Él recibió algo?…El Señor se hizo a sí mismo deudor no por recibir algo, sino por prometer algo. Uno no le dice “Paga por aquello que haz recibido”, sino , “Paga por aquello que haz prometido” (69)

También rechaza explícitamente la doctrina de la Sola Fides:

Agustín de Hipona, Manual de fe, esperanza y caridad XVIII,3 “Ahora, si el malvado fuera salvado por el fuego a cuenta de solamente su fe, y si esta fue al forma en que el pasaje del bienaventurado Pablo debería ser entendido-”Pero él mismo será salvado, como por fuego”– entonces la fe sin obras sería suficiente para salvarse. Pero entonces lo que el apostol Santiago dice sería falso. Y también falso sería otra frase del mismo Pablo: “No se equivoquen", dice, “ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni ladrones, ni los codiciosos, ni borrachos, ni revilers, ni extortioners, heredarán el reino de Dios” (70)

Quizá la declaración más clara de San Agustín a este respecto lo tenemos en su tratado sobre la gracia y el libre albedrio.
Agustín de Hipona, Sobre la gracia y el libre albedrío. XVIII-XX “La fe sin buenas obras no es suficiente para la salvación Personas poco inteligentes, sin embargo, con respecto a las palabras del apóstol: «pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley» han pensado que quiere decir que la fe es suficiente para un hombre, incluso cuando lleva una mala vida, sin buenas obras. Imposible es que tal persona debiera juzgarse recipiente de la elección por el apostol, quien, después de declarar que en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por la caridad. Es esa la fe infiel a Dios de los demonios impuros, -que incluso «creen y tiemblan», como dice el apóstol Santiago. Por tanto, ellos no poseen la fe por la que el hombre vive, - la fe que actúa por el caridad en tal sabiduría, que Dios la recompensa de acuerdo a sus obras con la vida eterna. Pero en la medida en que tenemos nuestras buenas obras de Dios, de quien también proviene de nuestra fe y nuestro amor, por lo que el mismo gran maestro de los gentiles ha designado a la vida eterna como un regalo de Su gracia”.

Y de aquí nace otro problema de no poca importancia, que, con la gracia de Dios, hemos de resolver. Si la vida eterna se da a las buenas obras, como con toda claridad lo dice la Escritura: Porque el Hijo del Hombre. . .pagará a cada uno conforme a sus obras, ¿cómo puede ser gracia la vida eterna, si la gracia no se da por obras, sino gratis, de acuerdo con el Apóstol: Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda? Y en otro lugar: Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia y a continuación: Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. ¿Cómo, pues, será gracia la vida eterna, si a las obras responde? ¿O es que quizá no llama gracia el Apóstol a la vida eterna? Es más: tan claramente lo dice, que es de todo punto innegable. Y no es que requiera esta cuestión un ingenio agudo. Basta sólo un oyente atento. Porque cuando dijo: Porque la paga del pecado es muerte, en seguida añadió: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Este problema, a mi parecer, sólo puede resolverse entendiendo que nuestras buenas obras, a las que se da la vida eterna, pertenecen también a la gracia de Dios, toda vez que nuestro Señor Jesucristo dice: Sin mí nada podéis hacer. Y el mismo Apóstol, al decir: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe, vio que los hombres podrían entender como no necesarias las obras y bastar sólo la fe, como también que los hombres podrían gloriarse por sus buenas obras, cual si a sí mismos se bastaran para realizarlas; y por eso añadió: porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. ¿Y qué significa, pues, esto, que, recomendando el Apóstol la gracia y asegurando que no proviene de las obras, para que nadie se gloríe, da luego la razón y dice: somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras? ¿Cómo, pues, no por obras para que nadie se gloríe? Pero repara y entiende: no por obras como tuyas y de tu procedencia, sino como obras en las que el Señor te plasmó, es decir, te formó y creó, porque esto es lo que dice: Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, no con la creación que dio vida a los hombres, sino con aquella otra que ya supone al hombre y de que habla el Salmo: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y de la cual dice el Apóstol: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios. Somos plasmados, es decir, somos formados y creados para buenas obras, que no preparamos nosotros, sino Dios, para que en ellas vivamos. Así, pues, carísimos, si nuestra vida buena no es más que gracia de Dios, sin duda alguna que la vida eterna, que se da a la vida buena, don es de Dios, ambas por cierto gratuitas. Pero sólo aquella que se da es gracia; mas la que se da en este caso, ya que es premio de la vida buena, es gracia que recompensa a otra gracia, como retribución por justicia, para que se cumpla, ya que es verdadero que Dios dará a cada uno según sus obras. (71)

Conclusiones

No es difícil después de lo anterior entender porqué Lutero no pudo recurrir al testimonio de los padres de la Iglesia, testimonio que no solo le era hostil, sino que le declaraba hereje. De allí que tuvo que refugiarse en la Sola Scriptura (doctrina que como vimos anteriormente también era rechazada de forma unánime por la Iglesia primitiva y los padres de la Iglesia). Sin embargo ni siquiera allí encuentran apoyo las doctrinas del monje agustino. No es de extrañar que llamara a la epístola de Santiago epístola de “paja”, e intentara sacarla del Nuevo Testamento junto con la epístola a los hebreos, Judas y el apocalipsis. Y es que para justificar la doctrina de la Sola Fides hubiera tenido que mutilar media Biblia.

Nota: Quiero agradecer a mis hermanos Jorge Baca y a Berene, miembros del foro de apologética de Catholic.net, quienes me ayudaron a traducir varios de estos textos.

Referencias
(1) Tomado de Padres Apostólicos, 5ta edición. Daniel Ruiz Bueno, BAC 65, pág. 92-93
(2) Ibid. pág. 207
(3) Ibid. pág. 205
(4) Ibid. Pág. 185
(5) Ibid. Pág. 186
(6) Ibid. Pág. 210
(7) Ibid. Pág. 198
(8) Ibid. Pág. 204
(9) Ibid. Pág. 231
(10) Ibid. Pág. 209
(11) Ibid. Pág. 224
(12) Ibid. Pág. 662-663
(13) Ibid. Pág. 954
(14) Ibid. Pág. 955
(15) Ibid. Pág. 955
(16) Ibid. Pág. 955-956
(17) Ibid. Pág. 957
(18) Ibid. Pág. 977
(19) Ibid. Pág. 455
(20) Ibid. Pág. 498
(21) Ibid. Pág. 500-501
(22) Ibid. Pág. 462
(23) Tomado de Padres Apologetas Griegos, 2da edición, Daniel Ruiz Bueno, BAC 116, pág. 191-192
(24) Ibid pág. 205-206
(25) Ibid pág. 199
(26) Ibid pág. 228-229
(27) Ibid pág. 781
(28) Tomado de http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/0d.htm
(29) Ibid.
(30) Tomado de http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/0a.htm
(31) Traducido desde Stromata / Miscellanies, Chapter XIV; ANF, Vol. II
http://www.ccel.org/print/schaff/anf02/vi.iv.vi.xiv
(32) Traducido desde Commentary on Proverbs; ANF, Vol. V, 174
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iii.iv.i.vi.i
(33) Traducido desde Against Plato, 3; ANF, Vol. V, 222-223
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iii.iv.ii.iii
(34) Traducida desde Commentary on Romans [2:5]; Bray, 57-58 The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 136
(35) Traducida desde Commentary on Romans [4:2]; Bray, 109-110 The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 137
(36) Traducida Commentary on Romans 2:25; Bray, 76 desde The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 136
(37) Traducido de De Principiis, Book III, 1,6
http://www.newadvent.org/fathers/04123.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/anf04/vi.v.iv.ii
(38) Traducido desde Origen De Principiis , preface, 5; ANF, Vol. IV, 240)
http://www.ccel.org/print/schaff/anf04/vi.v.i
http://www.newadvent.org/fathers/04120.htm
(39) Traducido de On the Unity of the Church, 16; ANF, Vol. V, 423
http://www.newadvent.org/fathers/050701.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.v.i
(40) Traducido de On the Lapsed [Treatise III], 17; ANF, Vol. V
http://www.newadvent.org/fathers/050703.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.v.iii
(41) Tomado de Patrología I, Johhanes Quasten, BAC 206, pág 324
http://www.newadvent.org/fathers/050708.htm
(42) Tomado de Patrología I, Johhanes Quasten, BAC 206, pág 324
(43) Traducido desde On Works and Alms [Treatise VIII], 5; ANF, Vol. V
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.v.viii
http://www.newadvent.org/fathers/050708.htm
(44) Traducido de Divine Institutes, 7:5; ANF, Vol. VII, 200
http://www.newadvent.org/fathers/07017.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/anf07/iii.ii.vii.v
(45) Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol I, pág. 386
(46) Ibid. pág. 386-387
(47) Ibid. pág. 386
(48) Traducido de Life of Antony; NPNF 2, Vol. IV, 205
http://www.newadvent.org/fathers/2811.htm
http://www.ccel.org/ccel/schaff/npnf204.xvi.ii.xi.html
(49) Traducido de Incarnation of the Word, 56, 4; NPNF 2, Vol. IV, 66
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf204/vii.ii.lvi
(50) Traducido desde Athanasius,Discourse Against the Arians,3:25 in NPNF2, Vol IV:407
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf204/xxi.ii.iv.iii
(51) Traducido desde Athanasius, Festal Letters. Letter XI,7. NPNF2, Vol IV
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf204/xxv.iii.iii.ix
(52) Tomado de http://www.mercaba.org/tesoro/CIRILO_J/Cirilo_03.htm
La versión en ingles en Cyril of Jerusalem,Catechetical Lectures,I:4,NPNF 2,Vol. VII, 7
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf207/ii.v
(53) Traducida desde The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 142
(54) Ibid.
(55) Traducido de De Spiritu Sancto, Chapter XXVIII; NPNF 2, Vol. VIII)
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf208/vii.xxix
http://www.newadvent.org/fathers/3203.htm
(56) Traducido de De Spiritu Sancto Chap. XVI, 40 NPNP 2 Vol VIII, p. 25.
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf208/vii.xvii
http://www.newadvent.org/fathers/3203.htm
(57) Traducido de (Homilía I; NPNF 2, Vol. VIII)
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf208/viii.ii
http://www.newadvent.org/fathers/32011.htm
(58) Traducido de ST. Basil the Great, On Ps. 114, no. 5 en The Faith of the Early Fathers, Vol II, pág. 22
(59) Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol II, William A. Jurgens, pág. 45-46
(60) Traducida desde The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 144
(61) Traducido desde On the Duties of the Clergy, Book II, 2, 5; NPNF 2, Vol. X
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf210/iv.i.iii.ii
http://www.newadvent.org/fathers/34012.htm
http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010605_ambrogio_en.html
(62) Traducido de Homilía XXXI, 1, Por Juan 3:35-36; NPNF 1, Vol. XIV
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf114/iv.xxxiii
http://www.newadvent.org/fathers/240131.htm
(63) Traducido de Homilía XXIII on Corinthians NPNF1: Vol. XII, p. 133
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf112/iv.xxiv
(64) Traducido de Against Jovinian, Book II, 3; NPNF 2, Vol. VI
http://www.newadvent.org/fathers/30092.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf206/vi.vi.II
(65) Tomado de Obras Completas de San Agustín XXXV. BAC 457, pag 703
(66) Ibid. pag 574
(67) Ibid. pag 825
(68) Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol III, William A. Jurgens, pág. 157
(69) Ibid. pág. 19
(70) Traducido de Enchiridion of Faith, Hope, and Love, Chapter XVIII, paragraph 3; NPNF 1, Vol. III
http://www.ccel.org/print/augustine/enchiridion/chapter18
(71) Traducido de On Grace and Free Will XVIII-XX NPNF1 Vol V
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf105/xix.iv.xviii
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf105/xix.iv.xix
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf105/xix.iv.xx
http://www.newadvent.org/fathers/1510.htm

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