2. Naturaleza de la masonería

Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net

1. 5. - Organización de la Masonería.

No cabe dentro de mi propósito dar una descripción detallada de la organización de la masonería; pero considero necesario dar de ella alguna idea, aunque sea superficial. Los que deseen más detalles, pueden consultar las obras citadas, Espasa, Dom Benoit, &c.

1. 6. Gobierno y Administración.

La Masonería está constituida por grandes Logias o Grandes Orientes, que también se llaman Federaciones, Soberanos Consejos, Potencias Masónicas, y son las grandes divisiones de la Masonería, gobernadas por un Consejo o Comité Ejecutivo, cada una de ellas.

Este Consejo es elegido en la Asamblea Masónica compuesta de representantes nombrados anualmente por las logias de la Federación uno por cada Logia. La Asamblea es el cuerpo legislativo de la Gran Logia o Federación. También suele llamarse Convento.

Las Grandes Logias o Grandes orientes son formados por Talleres o Logias, de las cuales tienen bajo su dependencia mayor o menor número, según sea la prosperidad de la orden o la extensión territorial de su jurisdicción.

Cuando la logia no está regularmente constituida, se llama triángulo o logia en formación. Cada logia tiene su mesa directiva o Consejo de administración, que también suele llamarse Oriente2[2] , y se compone del Venerable (o Presidente,) Primero y segundo Vigilantes (Vice-Presidentes,) Orador, Secretario, Tesorero, Hospitalario, Experto,, Diputado a la Gran logia, Guarda del Templo, maestros de ceremonias, íd de banquete, porta estandartes, archiveros, &c., &c. y H.H. sirvientes.

1. 7. Consejo Directivo. 

Sólo los siete primeros forman el Consejo Directivo. Los cinco primeros son llamados ‘las cinco luces o lumbreras’ del taller. Son elegidos por mayoría de votos, entiendo que en el mes de diciembre de cada año. ‘Un Venerable no es, pues, dice un ex francmasón, una personalidad tan alta como el vulgo ordinariamente lo cree. No lo es sino en su taller, donde es la primera de las lumbreras y eso sólo por un año, a no ser que se le reelija’ (Copin P. O. 157.)

1. 8. Los ritos masónicos.

No todas las logias pertenecen al mismo rito. Estos son las constituciones, reglas, símbolos y observancias de los institutos masónicos. Siendo, al menos aparentemente, independientes entre sí las agrupaciones que siguen los diversos ritos, puede suceder que un mismo jefe o un mismo consejo gobierne muchos ritos.

Así, bajo el imperio de Nápoles, Cambaceres reunía en su cabeza las dignidades supremas de un gran número de ritos: ‘Era, dice Ragón, Gran Maestre Adjunto del Gran oriente de Francia, Gran Maestre y Protector del Rito Francés Antiguo y Aceptado; Gran Maestre de Honor del Rito de Heredom; Gran Maestre de la Logia Gran Maestra del Rito Escocés Filosófico; Gran Maestre del Rito Primitivo’, &c. (Benoit. I, 199.)

Como se ve, hay gran número de ritos. Actualmente, sólo una decena está en vigor, saber: El Rito de York o Masonería del real Arco, practicado en Inglaterra en sus antiguas y actuales colonias y en países donde hay numerosos miembros de esa nacionalidad como China, Puerto Rico y Chile.

El Rito Escocés Antiguo y Aceptado, practicado por masones de diversas naciones. Es el más popular y el más difuso, según la Encyclopedia od Freemasonry, y en muchos países, especialmente latinos, sus Supremos Consejos son la única obediencia masónica. Es el que está más en boga en
Chile3[3].

El Rito de Herodom, practicado por masones de Escocia, Alemania y Hungría. El Rito Escocés Antiguo Reformado, practicado en Bélgica y Holanda. El Rito Escocés Filosófico, practicado en la Gran Logia Alpina, de Suiza.

El Rito Joanita, o de Zinnendorf, practicado por algunos masones de Alemania. El Rito Ecléctico, practicado por la Gran Logia de Frankfurt-am-Mein. El Rito Sueco de Swedenborg, practicado en Suecia y Noruega.

El Rito de Mizraim, practicado por algunos masones sujetos al Consejo General de París, &c., &c.

1. 9. Los grados.

Todos los ritos tienen los tres primeros grados de aprendiz, compañero y maestro, grados simbólicos, como los llaman; pero no todos tienen el mismo número de grados filosóficos, variando el número total de grados desde cinco o siete hasta noventa y dos que tiene el rito de Menfis. Los masones de los primeros grados se reúnen en logias; los grados superiores se reúnen en capítulos, consejos, cortes, tribunales, consistorios.

Los tres primeros grados se confieren siempre con el ceremonial de estilo; no siempre se hace lo mismo con los grados superiores, sino que se suelen conferir por simple nombramiento. Como se comprende fácilmente, los grados filosóficos corresponden a los grados de conocimiento y alegorías que se proponen en la Masonería desde los primeros grados.

Sólo en los últimos grados de cara rito se revelan todos los secretos y se adquiere en toda su desnudez, libre de ambigüedades y disimulos, la verdad masónica, que no se enseña en los grados inferiores, por no estar aún preparados los espíritus para recibirla.

Los americanos de los Estados Unidos, suelen por sarcasmo o quizá en serio también, dar a algunos masones el título de Brillantes, a otros el de masones del grado de cuchillo y tenedor y a otros el de masones mohosos.

Los masones brillantes son los que se saben las ceremonias y las practican al pie de la letra. Parece que hay muchos sencillos que creen que en eso consiste la perfección masónica y quedan muy pagados del título; los de cuchillo y tenedor son los que piensan que todo el fin de la Masonería es el tener buenas comilonas, y los mohosos, son los que vegetan en la Masonería, sin preocuparse mucho de adelantar en el conocimiento de sus doctrinas y propósitos.

Creo que entre nosotros hay muchos masones mohosos, es decir, caballeros serios y honorables, que están en la Masonería sin saber por qué ni para qué, como no sea para contribuir con su dinero y con su nombre a que otros realicen lo que a ellos les causaría horror, si lo supieran.4[4]

Pero no vayamos a creer que los masones se contentan con títulos tan modestos como los de aprendiz, compañero y maestro, para designar los miembros de los altos grados, por más que la igualdad sea uno de sus lemas. No sé que haya otra institución que haya inventado títulos tan retumbantes para distinguir su jerarquía, como la Masonería.

Ahí van unas muestras, tomadas del rito escocés antiguo aceptado: el masón del cuarto grado se llama Maestro Perfecto; el del 11°, Sublime Maestro Electo; el de 16°, Príncipe de Jerusalén, Gran Consejo Jefe de las Logias; el del 19°, Gran Pontífice o Sublime Escocés de la Jerusalén Celeste; el del 28°, Caballero del Sol o Príncipe Adepto; el del 30°, Caballero Kadosh o Gran Inquisidor, Gran Electo, Caballero del Águila Blanca y Negra; el del 32°, Soberano Príncipe del Real Secreto, &c.

1. 10. Influjo de los grados y logias superiores.


La elección de los dignatarios de las logias se hace por los miembros de ellas; pero la elevación a los grados superiores viene de arriba; a veces, como pasa en los altos grados, sin que los del grado del cual se asciende se den cuenta y aún crean que es por iniciativa de ellos.

Eso proviene de que el mecanismo de las logias está admirablemente constituido para ocultar esa y otras muchas influencias que descienden de lo alto, de un poder que está a mucha distancia de aquellos a quienes dirige, sin que ellos lo sepan. Para tener una idea de esta organización, hay que pensar que en el grado ínfimo, que es el de aprendiz, nunca se trabaja en el taller estando solos los aprendices, sino que están siempre vigilados por masones de los grados superiores, por maestros o por otros más altamente graduados, pero que sólo llevan las insignias de maestros.

El aprendiz que da esperanzas de corresponder a los designios de la Masonería recibe ‘aumento de salario’, es decir, es ascendido al grado de compañero, y de la misma suerte ascenderá al grado de maestro. Confundidos con los maestros, suelen asistir a las logias los hermanos de los grados superiores, que los vigilan a ellos y les procuran el ascenso o aumento de salario, si lo merecen.

De modo que así como los aprendices tienen ya secretos para con el mundo profano, así los tienen los compañeros y los maestros respectivamente con sus inferiores, y así los tiene cada grado con el que le es inferior.

A veces son conocidos los hermanos de grados superiores; a veces son desconocidos; el que asiste a la logia los ve sujetos al venerable, obedientes a él y se imagina que son de su mismo grado, o a lo sumo del grado maestro, siendo así que está en presencia de miembros de una logia superior. Éstos son los que traen de arriba las inspiraciones masónicas, así como ellos, a su vez, las reciben de otros superiores. Cada logia es, para la de grado superior, como el mundo profano es para la ínfima.

Conocidos o desconocidos, los hermanos, los de grado superior estudian el estado de ánimo, la preparación alcanzada por la logia inferior y en el momento oportuno sugieren la idea que quieren hacer prevalecer, la resolución que quieren hacer tomar.

La propone uno de ellos y la apoya otro u otros que ya están convenidos en la logia superior; y los de la logia inferior, que ignoran tal vez que la resolución que se les propone es un acuerdo tomado más arriba, las adoptan como de propia iniciativa.

Hay, pues, una ingeniosísima pirámide masónica, como la llanta Copin-Alancelli, que tuvo buena ocasión de conocerla. Y sin embargo, ¡cuánto se habla de igualdad y libertad en las logias!

2[2] Los talleres, o templos, llamados también logias, donde trabajan los masones, suelen estar construidos de modo que la Presidencia, a la cual también se da el nombre de oriente, esté hacia ese punto cardinal. Ya se verá el porqué de esa disposición.

En la Constitución de la Gran Logia se llama indiferentemente talle o logia, la corporación misma de masones que tienen su oficialidad propia.

3[3] El Rito Escocés Antiguo Aceptado fue organizado en 1801 sobre la base de Rito de Perfección Francés Escocés, establecido en París, en 1758, por el Consejo de los
Emperadores del Oriente y del Occidente. En 1908 había 26 Supremos Consejos universalmente reconocidos, entre los cuales figura el de Santiago de Chile, establecido en
1870.

4[4] También llaman Masones Papagayos a los que saben de memoria el ritual y catecismo sin preocuparse de su historia ni de su sentido (Preuss, A.F. 11)

1. Primera parte: Introdución

Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net

I.- Introducción.

Con verdadero temor entro a tratar la materia de este librito, presintiendo que voy a disgustar a más de uno con el intento de vulgarizarla como, con el favor de Dios, me propongo.

Hay entre los masones personas serias y sinceras, que, tal vez, han llegado a formarse la convicción de que la asociación a la cual han dado su nombre no sólo es inofensiva, sino honorable y digna de reconsideración.

Entre esas personas hay algunas que me manifiestan benevolencia y me honran con sus atenciones; a otras les debo servicios y les estoy agradecido. Pero si esas personas, cuya sinceridad reconozco, piensan rectamente, comprenderán que yo también voy a tratar esta materia con toda la sinceridad de mi alma, y que no es mi intención ocasionar a nadie la menor molestia, sino cumplir con una obligación que me impone la conciencia.

Más aún, descubrirán en este trabajo un esfuerzo para sacar del error a los que, a mover y según las reglas generales del común sentir, han caído en él sin darse cuenta o por una excesiva condescendencia.

2.- Mi propósito.


Hay muchas obras escritas sobre la Masonería, como puede verse en la Bibliografía que ponen los Diccionarios Enciclopédicos, especialmente el de Espasa, al tratar de ella. Aquí mismo, en Chile, se han publicado algunos opúsculos o se han difundido otros venidos de otras partes, algunos traducidosdel francés, como los de Mons. Fava.

¿Para qué, entonces, un nuevo opúsculo? dirá el lector.

Cierto que no es por el prurito de escribir, lo que, por varias razones, harto me cuesta. Las obras grandes, o están escritas en idiomas extranjeros o son demasiado extensas y no están al alcance sino de muy pocos.
Los opúsculos dichos, o por no llevar nombre de autor o por dejar a un lado aspectos importantes de la materia que se trata, dejan, a mi parecer, algo que desear.

Ésa es la razón por qué he emprendido este trabajo, para poner al alcance del mayor número de personas, sean o no sean masones, cosas que no pueden menos de interesarles; pues creo que a todos los padres de familia católicos, a todos los jóvenes y señoritas, a toda persona que tome a pechos su Religión, su patria y el bienestar de la humanidad entera, les conviene saber algo de lo mucho que ignoran sobre una institución y sobre doctrinas que tienen íntima relación con asuntos de tan vital importancia como esos.

Deseo desvanecer ciertas dudas y disipar ciertos engaños, a favor de los cuales se hace mal a muchos incautos o imprudentes y, por medio de ellos, a todo lo que más puede estimar un corazón bien puesto, comenzando por el propio bienestar moral, por la educación de la propia conciencia. Estoy seguro de que muchos masones me agradecerán este servicio de darles a conocer lo que a ellos se les está ocultando: he oído ya a varios el desengaño sobre la Masonería, y eso sin que hayan penetrado el fondo de sus secretos, y precisamente éste ha sido uno de los estímulos que he tenido para emprender este estudio sobre ella.

Espero dar a muchos la luz que por ahora no tienen y que me la agradecerán.

1. 3. - ¿Pero los profanos pueden saber algo acerca de la Masonería?


He aquí una pregunta que necesariamente ha de ocurrir a todo el que sepa las interminables precauciones que toma la Masonería para que no se conozcan sus secretos. Esta pregunta se la van a hacer aún los mismos masones, sobre todo los que poco o nada se preocupan de conocer su institución, sino que aceptan ciegamente lo que en ella se les dice.

Hay entre nosotros muchísimos masones que, estoy seguro, saben de Masonería mucho menos que yo; mucho menos de lo que yo sabía antes de dedicar un poco de tiempo a este estudio, como lo he hecho últimamente, y saben menos, porque en esta materia se atienen con toda buena fe a lo que oyen en las logias y no tienen tampoco tiempo para preocuparse más de ello. Ahora bien, ¿cómo ha podido saberse lo que se encierra en el recinto de las logias y en el círculo juramentado de los masones?

He aquí cómo: En primer lugar no han faltado muchos que, al dar cuenta del fin y de los manejos de la Masonería y sintiendo los reproches de su razón y de su conciencia, han vuelto atrás, se han separado de las logias y han manifestado lo que su conciencia les decía que no debían ocultar más tiempo.

Citaré como ejemplos al conde de Haugwitz, quien, después de haber ejercido mucha influencia y de haber ocupado altos grados en las logias, presentó en 1822 una memoria al Congreso de Verona sobre los manejos de las Sociedades Secretas, ‘cuyo veneno, decía, amenaza la humanidad hoy más que nunca.’

Citaré a Copin-Albancelli, que, después de haber llegado a Caballero Rosa-Cruz y en vísperas de ascender o otro grado más alto, se retiró también y se dedicó a manifestar el peligro que encierra la Masonería para su patria, la Francia, y para la civilización cristiana. Ha fundado un periódico y ha escrito la obra antes citada. Citaré a Domenico Margiotta, ex-33 y ex Gran Maestre de muchas logias de varios ritos, en Italia, autor de ‘Adriano Lemmi’.

Otro medio de saber los secretos de la Masonería son los documentos oficiales de las logias, de los cuales han logrado apoderarse los gobiernos. Así, por ejemplo, el Gobierno de Baviera, en 1786, sorprendió todos los papeles y archivos de la secta de los Iluminados, fundada por Weishaupt, y los hizo publicar con el nombre de ‘Escritos originales de la Orden y de la Secta de los Iluminados.’ Eckert también tuvo en su mano, para escribir su obra, documentos suministrados por los gobiernos.

Otro medio de saber los secretos de la Masonería son los rituales de la misma; rituales diversos entre sí, según los ritos, pero concordantes en las ideas generales. Del mismo modo, las obras y revistas masónicas destinadas a circular dentro de la orden, en las cuales se suelen publicar las conferencias o discursos de los masones, especialmente en sus grandes asambleas.

Son conocidas las revistas ‘El Mundo masónico’, ‘La Revista Masonica’, La Revue Maconnique’, las obras de Ragón, de Findel, de Pike, Mackey, de Mac-Clenachan, estos tres últimos de Estados Unidos, y otras muchas que pueden verse citadas en los autores que tratan de la Masonería. Entre nosotros se edita ‘La Verdad.’ Con paciencia y perseverancia se ha llegado a formar una Biblioteca masónica suficiente para tener sobre la Masonería el juicio cabal que conviene tener.

1. 4. - Un verdadero Proteo.

Lo que las fábulas cuentan del personaje mitológico llamado Proteo, a quien no se le podía coger por la variedad de formas con que se presentaba, se realiza con exactitud en la Masonería: ella, como el personaje aludido, cambia de formas según le conviene: unas veces es monárquica, otras republicana y otras veces, comunista; unas veces enciende la revolución, otras veces defiende el orden; unas veces patrocina las doctrinas y reconocer como suyos los hechos de sus miembros; otras veces, sobre todo cuando son tales que despierten a la execración pública, se lava las manos y atribuye esos hechos a la exageración o apasionamiento personal del que los llevó a cabo.
Por otra parte, lo que se hace o enseña en unas logias lo ignoran otras logias inferiores.

No todos los ritos son los mismos. Queda, pues, un ancho campo para que un masón pueda decir: ‘Yo soy masón y aún he ocupado altos puestos en las logias y no sé nada de eso que se atribuye a la Masonería; son calumnias que le levantan sus enemigos.’ La mayor parte de ellos lo dirá con verdad, porque así es: los masones ignoran muchas cosas de la masonería; pero otros lo dirán mintiendo, porque así les conviene decirlo.

Como se comprende fácilmente, una sociedad que se oculta en las tinieblas de la noche o del secreto para hacer sus trabajos, tiene una ventaja inmensa sobre sus adversarios para despistarlos y engañarlos, y dará ímprobo trabajo al curioso que pretenda descubrir una parte de ellos siquiera. Con esa condición a la vista, allegaré pruebas a lo que vaya diciendo, de tal manera que el lector se forme de esa asociación una idea fundada en los datos más auténticos e innegables que hay, sin olvidar lo que dice un ex masón: ‘El masón está descalificado para hablar de la Masonería’ (Copin, P.O. 106.107.)

Introducción general

Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net

El siguiente libro presenta a la Masonería sin velo, es decir: su naturaleza, principios, secretos, metas, objetivos y especialmente la respuesta que la Iglesia ha dado a esta Institución.

"He emprendido este trabajo, para poner al alcance del mayor número de personas, sean o no sean masones, cosas que no pueden menos de interesarles; pues creo que a todos los padres de familia católicos, a todos los jóvenes y señoritas, a toda persona que tome a pechos su Religión, su patria y el bienestar de la humanidad entera, les conviene saber algo de lo mucho que ignoran sobre una institución y sobre doctrinas que tienen íntima relación con asuntos de tan vital importancia como esos.

Deseo desvanecer ciertas dudas y disipar ciertos engaños, a favor de los cuales se hace mal a muchos incautos o imprudentes y, por medio de ellos, a todo lo que más puede estimar un corazón bien puesto, comenzando por el propio bienestar moral, por la educación de la propia conciencia".

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