por Makf | 1 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
Las almas que llegaron a la muerte en estado de gracia, pero no totalmente purificadas para entrar al Cielo, pasan a un estado de purificación que conocemos con el nombre de Purgatorio.
Mito 30. La doctrina del purgatorio fue proclamada como un dogma de la fe por el concilio de Florencia
No hay una sola palabra en la Biblia que enseñe lo del purgatorio. La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. (I Juan 1:7-9; 2:1-2; Juan 5:24; Rom. 8).
Refutación y Argumentos Católicos
"Lo que ocurre es que en el Dial 4,39.57; Ep 2321 san Gregorio Magno demuestra la existencia del fuego purificador con Mt 12,32 como base: "A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero" [cf Altaner, Patrologia (Asís 1997) p 503]. El error del mito es que como san Gregorio muestra esta realidad, se le acusa de invetarla. Como es lógico, la base no es Gregorio, sino la Escritura".
Por lo tanto, sería bueno que los autores de esta mitología se aclararan sobre la fecha de la proclamación del dogma., ya que el II concilio de Lyón (1274) afirma que los que murieron en la caridad de Dios "con verdadero arrepentimiento de sus pecados, antes de haber satisfecho por ellos con verdaderos frutos de penitencia», son purificados después de la muerte con «penas purgatorias».
Dicho concilio afirma también la validez de los sufragios (Profesión de fe de Miguel Paleólogo: DS 856). En cuanto al concilio de Florencia (1439) lo que este concilio hace es recoger los mismos principios en el Decreto para los griegos (DS 1304).
El concilio de Trento (1536) confirmará la doctrina sobre el purgatorio (DS 1820) contra los reformadores, sobre todo Lutero, que excluía toda posibilidad de purificación personal, basándose en que con ello se negaba la eficacia universal expiatoria de la muerte de Cristo. Por lo tanto, nos encontramos ante una tradición protestante más.
No ha de olvidarse que el dato más importante de los primeros siglos (I-IV) es la práctica de los sufragios, como se deduce de las inscripciones funerarias, las actas de los mártires, etc. de la Iglesia antigua.
Por otro lado, los contextos de las citas que coloca el enunciado del mito, ¿contraponen la sangre de Cristo a la purificación del purgatorio? Es decir, si la Biblia, según los protestantes con Lutero a la cabeza no enseña una sola palabra sobre el purgatorio, ¿cómo es que ponen esas citas que no dicen nada sobre el rechazo de una doctrina de la que la Biblia no habla?
Sin embargo, la Biblia sí habla, y mucho, sobre el purgatorio. Otra cosa es que no se emplee el término "purgatorio"; pueden llamarlo como quieran si el nombre lo les gusta. La enseñanza de la palabra de Dios y de la Iglesia en consonancia con ella, es clara. De lo contrario, ¿cómo es que los protestantes aceptan la doctrina del pecado original? ¿En qué parte de la Escritura aparece el término "pecado original" y cómo es que lo aceptan? De lo que sí no dice una palabra la Escritura es del principio protestante de la sola Escritura.
Las reflexiones que siguen hacen ver que la Biblia sí habla del purgatorio.
Los protestantes suelen acusarnos de que el purgatorio no figura en la Biblia, de que a su decir para la Iglesia católica no consiste sino en una "teología de segunda oportunidad" (o categoría) y un rechazo de la suficiencia del sacrificio propiciatorio de Cristo. Si hemos de sufrir para que nuestros pecados queden completamente purgados, bien puede deducirse que el sacrificio de Cristo no es suficiente".
Cabe decir ante todo que hay muchos malentendidos en lo que revela la Biblia y lo que enseña la Iglesia católica
[1].La Iglesia católica no niega que el sacrificio de Cristo sea suficiente:
La justificación nos fue merecida por la pasión de Cristo, que se ofreció en la cruz como hostia viva, santa y agradable a Dios y cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de todos los hombres (NCIC 1992).
Cristo es la expiación por nuestros pecados y no sólo por los nuestros sino por los del mundo entero (1Jn 2,2). Además, en ningún documento de la Iglesia aparece "teología ninguna de una segunda oportunidad", pues cuando morimos queda sellado el tiempo de merecer: o estamos en gracia, de suerte que vamos al cielo o no lo estamos, de suerte que vamos al infierno:
"Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo" (NCIC 1030).
El mismo catecismo explica:
"Salvo que elijamos libremente amarle, no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3, 15).
Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si omitimos socorrer a las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ´infierno´".
[2] Esto aclara que no se trata de una teología de "segunda oportunidad"; con todo, los protestantes suelen argüir preguntando en qué parte de la Escritura el cristiano ha de "purgarse de su pecado o imperfecciones".
La Escritura sí habla sobre el concepto y la realidad del purgatorio. El término "purgatorio" no aparece en la Biblia, pero eso no es ningún requisito para la doctrina cristiana: es como decir que como en la Biblia no se dice que Cristo tuviera orejas, de hecho no las tuvo, o que como Pablo no habla de Belén, Cristo no nació ahí. No aparece la palabra Trinidad y todos creemos en ella.
En 2Mac 12,39-46 se dice que "Judas Macabeo y su ejército fueron a recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres. Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres. Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido.
El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido. Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los
Ahora bien, para los hermanos separados estamos ante una obra "apócrifa", sólo que para los católicos es deuterocanónica. Hay dos puntos que tener en cuenta, lo que aquí está en juego no es la canocidad de Macabeos: es innegable que Macabeos 1 y 2 nos proporcionan una información crucial sobre la fe y práctica de los judíos poco antes del tiempo de Cristo.
El hecho es innegable: los judíos creían en la oración por los pecados de los muertos y de los vivos para que se les perdonaran los pecados". Segundo, en toda la Biblia no aparece el tema de que Dios creara las cosas de la nada, y es precisamente 2Macabeos el que nos habla de ello: se crea canónico o no, refleja en qué creían los judíos poco antes de los tiempos de Cristo. Católicos y protestantes aceptan que Dios creó las cosas de la nada: "Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia" (2Macabeos 7,28).
Esa es la fe con que fueron educados Cristo y los apóstoles, y en este contexto ha de leerse lo que Cristo dice en el Nuevo Testamento: "Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero" (Mt 12,32).
La afirmación de Cristo supone que hay almenos algunos pecados que se pueden perdonar en la otra vida. Si Jesús hubiera querido condenar esta enseñanza, lo habría hecho; en cambio no la modifica, sino que la respeta.
Se podría objetar también que el libro de los macabeos no habla del purgatorio de los católicos porque los personajes de quienes se habla, habrían sido castigados por su idolatría. Es un pecado mortal según la enseñanza católica, y por ese motivo, el lugar para ese pecado no es el purgatorio, sino el infierno.
Primeramente, el pecado de tales hombres era llevar pequeños amuletos para ir a la batalla. Podría parecer similar a cualquier cristiano que lleva una pata de conejo, o a un jugador de fútbol que realiza algunas supersticiones cuando anota un gol, va a tirar un pénalty, o un tiro de esquina. Eso era probablemente un pecado venial para tales hombres. Mas aun en el caso de que fuera un pecado grave, creemos que hemos de rezar siempre por las almas que han muerto, ya que sólo Dios conoce los corazones de los hombres (2Crónicas 6,30). Sólo Él conoce el grado de culpabilidad de estos pecadores. Algunos pudieron haberse arrepentido antes de morir.
Como cristianos, siempre esperamos y siempre oramos. Pero más importante aún es que el texto de Macabeos indica que los judíos creían en un estado en que se encuentran algunos pecadores hasta que se expíen sus pecados.
[3] En Mt 5,24-25 Jesús es más explícito sobre el purgatorio. No se ha de olvidar que Cristo pronunció estas palabras durante el Sermón de la montaña.
Es el sermón en el que nos habló del cielo (v 20), infierno (v 29-30), pecados mortales (v 22) y veniales (v 19). Todo esto indica que el Reino de los cielos es la meta definitiva (vv 3-12). Precisamente en medio de este discurso, Cristo dijo: "ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo". Notemos que esta cárcel es un lugar de castigo, donde la reparación se hace por las ofensas cometidas.
Se podría objetar ahora que en los evangelios no hay distinción entre pecados mortales y veniales, y que Cristo no habla de una prisión espiritual después de la muerte sino de una cárcel física antes de la muerte. ¿No nos estará enseñando sólo a vivir sabiamente en esta vida? ¿Acaso no nos aconseja más bien que nos reconciliemos con nuestros enemigos ahora, para que no paguemos las consecuencias de la cárcel luego?
Bien, Cristo es bastante claro en cuanto al tema del pecado mortal y venial. En Mt 5,19 dice el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos". Éstos son los pecados veniales. Una persona puede no observarlos y enseña a los demás a hacer así, e ir de todos modos al cielo. Pero en el v 22 dice que todo el que llame a otro "renegado" será reo de la gehenna de fuego". Y en los vv 29-30 Jesús nos advierte contra contra el quebrantamiento del 9º Mandamiento. ¿Por qué? Porque todo el que lo quebrante será arrojado al infierno. No se pueden buscar mejores definiciones para los pecados mortal y venial.
En cuanto a que "cárcel" se refiere a esta vida, ¿qué decir del contexto? Mt 5 versa de la eternidad. Cristo dice que si no amamos a los enemigos, ¿qué recompensa tendremos (v 46)? Luego, conforme continúa el sermón, aclara muy bien que tales recompensas no son de este mundo. Son tesoros en el cielo (6,19) y "recompensas de vuestro Padre que está en el cielo" (6,1). Asimismo, san Juan 20,31 señala que su evangelio se ha escrito para que creyendo "tengamos vida eterna". Ello sugiere que la Escritura ha de verse en el contexto de la total realización en el mundo futuro. Nuestra vida presente es "puro vapor, que hoy aparece y que mañana se marchita" (Santiago 1,17). Así pues, cabe preguntarse por qué han de descubrirse principios eternos en las palabras de Cristo durante el sermón de la montaña menos en este caso.
El contexto es obvio. Jesús está hablando de cosas espirituales, recurriendo a un ejemplo conocido en su tiempo sobre la cárcel, a fin de relacionarlo con una realidad espiritual más profunda. Las parábolas son sus ejemplos más notorios. La "cárcel" es una imgen que resultaba familiar a los oyentes de Cristo sobre la verdad del purgatorio como "estado" (lugar) de castigo tanto temporal como de reparación.
Se podría decir que Jesús se refería al infierno y no al purgatorio, y que la expresión "no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último céntimo" indicaría que de hecho no se puede salir de ahí, pues el precio por el pecado es impagable.
Sin embargo, no es eso lo que el texto dice: la imagen de Cristo se refiere a un castigo temporal y no eterno y como expiación para un pueblo que creía firmemente en este concepto [cf Pr 6,30-31: "No se desprecia al ladrón si roba para saciarse cuando tiene hambre; mas cuando es sorprendido, paga siete veces; tiene que dar todos los bienes de su casa"]. En tal caso, se ha de decir que Jesús no era un buen maestro, ya que recurre a dicho ejemplo no para hablar del purgatorio sino del infierno eterno. No dice, de hecho que se trata de un castigo "eterno". Cuando Cristo habla del infierno, se sabe perfectamente que habla del infierno. Así, la mayoría de lo que se sabe del fuego del infierno, se debe a que salió de los labios de Cristo. Y es bastante explícito cuando dice que es "eterno" (cf Mt 5,24-25). El término griego para prisión "phylake" es la misma que emplea 1Pe 3,19 para describir el sitio al que descendió Jesús tras su muerte para liberar a los espíritus creyentes del AT que lo estaban aguardando. Es
[4] Asimismo, 1Cor 3,11-15 es uno de los pasajes más claros para hablar del purgatorio:
"Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego".
Se podría objetar que este texto no habla del purgatorio, sino del juicio final... No hay duda que el texto habla del juicio; sin embargo, se aplica tanto al juicio particular como al final. Ambos son juicios, y este texto enseña algo sobre la naturaleza de ambos. Dejando de lado a qué tipo de juicio se hace referencia, no puede negarse que se habla claramente de un momento de juicio después de la muerte.
El texto dice que la calidad de la obra de cada cual la probará el fuego. El fuego en la Escritura se emplea de modo figurado para dos realidades: es agente purificador (Mt 3,11; Mc 9,49) y es agente abrasador (Mt 3,12; 2Tes 1,7-8). Es pues un símbolo conveniente para el juicio de Dios. Algunas de estas obras son quemadas y otras son purificadas según sea su cualidad. Es pues un estado en que se purifica o limpia. No puede ser el cielo, ya que hay imperfecciones que necesitan quemarse (Ap 21,27; Hab 1,13). No es el infierno, ya que en el cielo están los salvados. Es pues un juicio "purificador" que los cató
[5] ¿En 1Cor 3,11-15 se habla de purgar los pecados, pues sólo se habla de probar la obra por el fuego?
Parecería, en efecto, que el meollo del asunto es la recompensa para los creyentes por su servicio y no cómo su alma es purificada del pecado. Aquí los creyentes ven cómo sus obras son probadas por el fuego.
Sin embargo, los pecados son obras malas o imperfecciones: si estas obras no fueran pecados o imperfecciones, ¿por qué necesitan purificarse (Cf Mt 7,23; Jn 8,40; Gal 5,19-21. En segundo lugar, es imposible que una obra sea purificada fuera de la persona que la ha realizado: el obrar depende siempre del ser humano que es el sujeto de tal operación. Quien mata es un asesino... ¿Es que hay obras que flotan por ahí, separadas de la persona que las realiza? La idea de las obras separadas de las personas no tiene sentido, y contradice también el texto: el texto dice que las obras serán probadas por el fuego, pero si la obra sobrevive... él recibirá recompensa. Si la obra es quemada, él sufrirá una pérdida. Obviamente esto no es la salvación, sino sufrimiento real y experimenta una pérdida real, ya que no se puede separar el obrar humano del hombre. Finalmente, los creyentes no ven que sus obras se quemen y escapen del fuego. El texto en el v 15dice "se salvarán como por el fuego" (hôs dia pyrós). Esta es la defin
La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580).
La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7), habla de un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39) [NCIC 1031].
Según 1Cor 3, tanto las obras del creyente como el creyente pasarán por el fuego purificador descrito por san Pablo, a fin de poder ser salvo, purificado y preparado para estar en presencia de Dios. Por lo tanto, las obras purificadas no se han de separar del que las realiza y contradice al texto el decir que sólo las obras son las que se purifican.
[Readaptado y del artículo de Tim Staples, revista Envoy No, 7.1.].
por Makf | 1 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
Y en las dos especies está presente Cristo con su alma, inseparable del cuerpo, y con su divinidad, unida para siempre a la humanidad.
Mito 29. La iglesia Romana le prohibió la copa de la comunión a los laicos, instituyendo una sola clase de comunión en el concilio de Constance en 1414 AD.
La Biblia nos ordena a que celebremos la Santa Cena con pan sin levaura y la fruta de la vid. (Mat. 26:27; I Cor 11:26-29)
Refutación y Argumentos Católicos
De nuevo reaparecen nombres y abreviaciones típicos de la lengua inglesa, e incluso una mala traducción del inglés (debiera decirse "fruto de la vid"): "Constance" y "AD", "fruta de la vid".
En el enunciado de este mito hay, curiosamente, una contradicción interna: si la santa Cena protestante no es para memorial del sacrificio en la cruz ni creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, debiera darles igual que la Iglesia no dé la comunión bajo las dos especies. Se ve en el fondo, por tanto, un deseo continuo de contradecir lo que la Iglesia diga o haga.
En las citas a que alude el mito no se habla de la santa cena protestante. Ni siquiera que Cristo da la orden de celebrar la santa cena protestante.
Mt 26,27: "Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos".
Pregunta: ¿En esta cita a que ha aludido el mito se dice que Jesús ordena que celebremos la santa cena protestante con pan sin levadura y el fruto de la vid? ¿Se dice eso? ¿Cómo sabe el protestantismo que Cristo ha dado esa orden así?
1Cor 11,26-29: "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí". De nuevo los interrogantes: ¿En esta cita a que ha aludido el mito se dice que Jesús ordena que celebremos la santa cena protestante con pan sin levadura y el fruto de la vid? ¿Se dice eso? ¿Cómo sabe el protestantismo que Cristo ha dado esa orden así?
La práctica de la Sagrada Comunión bajo las dos ambas especies en la Misa se tuvo hasta fines del siglo XI. En el siglo XII se habla ya de la comunión bajo una especie es un tipo de "costumbre" de la Iglesia, y se siguió propagando hasta que el Concilio de Constanza pidió que se distribuyera únicamente bajo la especie del pan. Ahora bien, Cristo está presente en cada una de las especies.
En la consagración del pan, por obra de las palabras, es signo eficaz no solamente del cuerpo del Señor sino que al ser ahora su cuerpo inseparable de su sangre, con el cuerpo está también presente la sangre «por concomitancia». Lo mismo sucede con la especie del vino: en ella está presente la sangre en virtud de las palabras, y el cuerpo por concomitancia. Y en las dos especies está presente Cristo con su alma, inseparable del cuerpo, y con su divinidad, unida para siempre a la humanidad.
La Iglesia nos enseña esto en el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica:
"1390 Gracias a la presencia sacramental de Cristo bajo cada una de las especies, la comunión bajo la sola especie de pan ya hace que se reciba todo el fruto de gracia propio de la Eucaristía. Por razones pastorales, esta manera de comulgar se ha establecido legítimamente como la más habitual en el rito latino. "La comunión tiene una expresión más plena por razón del signo cuando se hace bajo las dos especies, ya que esta forma es donde más perfectamente se manifiesta el signo del banquete eucarístico" (IGMR 240). Es la forma habitual de comulgar en los ritos orientales".
Por otro lado, el Concilio Vaticano II ha autorizado autorizaron la extensión de la facultad para Sagrada Comunión bajo ambas especies en el documento Sacrosanctum Concilium, No. 55: "Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en que los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor.
Manteniendo firmes los principios dogmáticos declarados por el Concilio de Trento, la comunión bajo ambas especies puede concederse en los casos que la Sede Apostólica determine, tanto a los clérigos y religiosos como a los laicos, a juicio de los Obispos, como, por ejemplo, a los ordenados en la Misa de su sagrada ordenación, a los profesos en la Misa de su profesión religiosa, a los neófitos en la Misa que sigue al bautismo".
por Makf | 1 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
El escapulario es un signo exterior de la relación especial, filial y confiada, que se establece entre la Virgen, Reina y Madre del Carmelo, y los devotos que se confían a ella con total entrega y recurren con toda confianza a su intercesión maternal…
Mito 28. El Escapulario fue inventado por Simon Stock, un monje Inglés, en el año 1287 A.D.
El Escapulario es un pedazo del paño marrón, con una imagen de la Virgen y supuestamente es para obtener virtud supernatural y para protegerse contra los peligros a todos los que la vistan. Esto es fetichismo.
Refutación y Argumentos Católicos
Para comenzar figuran otra vez las típicas abreviaciones del inglés (AD, cosa que el autor del mito no ha querido nunca revelar). Nada de lo que describe el mito está expresado de modo correcto.
El llevar el escapulario tampoco es fetichismo: el criterio de la doctrina y prácticas de la Iglesia católica nunca lo han constituido los pareceres de los protestantes evangélicos.
¿Sería fetichismo también esto que nos dicen los Hechos de los apóstoles: <>(Hechos 19,11-12). ¿Otro indicio de idolatría? ¿Cómo van a sanar los paños y delantales de Pablo a los enfermos? ¿Es que Pablo era Dios? ¿Sería fetichismo esto que nos enseña la palabra de Dios?: Dios hace a Adán y a Eva unas túnicas de pieles después que pecaran (Gn 3,21).
Jonatán viste a David con su manto y le da otras vestiduras suyas como signo de amistad (incluidos su espada y tahalí) (1Sam 18,4). Dice el Apocalipsis: "El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles" (Ap 3,4-5).
“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”.
La palabra escapulario (latín "scapula", espalda) es en su origen una larga pieza de tela que cae sobre el pecho y la espalda. Primitivamente, para los monjes era una vestidura para el trabajo que protegía el vestido ordinario ("scapulare propter opera", dice la regla de san Benito, PL LXVI col 771; CIII col 1231). Con la ceremonia de su imposición se compara con la cruz de Jesucristo, con el yugo del Señor, con una armadura o con un escudo. Hoy día el escapulario se tiene entre las simples cofradías, pero lo empleaban sobre todo los benedictinos, dominicos, y los franciscanos.
Ell año 1246 san Simón Stock pasó a ser el sexto superior general de los carmelitas. Simón puso a la orden bajo la protección de María. María se le apareció el 16 de julio de 1251, de suerte que le da el escapulario para su orden con una promesa: "Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno". No es, pues, una invención de Simón Stock.
El llevar el escapulario es muestra de un deseo interior y sincero de buscar la perfección religiosa y cristiana la práctica de las virtudes. Se trata, pues, del mismo espíritu de los consejos evangélicos: servir a Dios. Ayuda también a llevar a cabo la comunión de los santos en la tierra y a recibir más abundantemente los frutos de dicha comunión. Quien lo lleva participa en los tesoros espirituales de que Cristo ha dotato a su Iglesia.
Con esto queda claro que el escapulario va contra la doctrina protestante de la sola fe; de ahí que los protestantes lo rechacen. Si creo que por la fe me salvo, ¿cómo puedo creer que cuento con un signo y privilegio para la hora de la muerte, ya que al llevarlo me he comprometido a servir mejor a Dios al tiempo que me beneficio de las gracias de la Iglesia?
por Makf | 1 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
La Biblia narra la historia de la alianza que Dios ha hecho con los hombres.
Mito 27. La Biblia fue prohibida y colocada en el Indice de Libros Prohibidos por el concilio de Valencia en 1229 A.D. Jesús ordenó que las escrituras fueran leídas por todos. (Juan 5:39; l Tim. 3:15-17)
Refutaciones y argumentos Católicos
Para empezar, las citas que nos pone el enunciado del mito no hacen al caso en ni en Jn 5,39 ni en 1Tim 3,15-17, según cuanto se afirma en el enunciado "que Jesús ordenó que las Escrituras fueran leídas por todos".
Esto dice Jn 5,37-40:
También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis.
Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.
Pregunta: ¿Está dando la orden Cristo de que todos lean las Escrituras? No.
1Tim 3,15-16 (a propósito, no existe el versículo 17 del que habla el enunciado):"para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria".
Comentario: aquí Cristo no da ninguna orden de que todos lean las Escrituras.
En cuanto al concilio de Valencia, he de confesar que no he encontrado ninguna referencia sobre este supuesto concilio. Ciertamente si se tuvo, no es parte de los concilios ecuménicos. Por otro lado el índice de los libros prohibidos existió desde 1559 hasta 1966. Que yo sepa la primera condena históricamente cierta es la de Thalías a Arrio en el concilio de Nicea (325).
El Papa Anastasio condenó los escritos de Orígenes en cuanto más nocivos para los ignorantes que útiles para los doctos (400). San León Magno rechazó en Roma los escritos maniqueos, y ordenó a los obispos españoles que hicieran algo similar ante los priscilianistas.
Inocencio III condenó el escrito de Joaquín de Fiore contra Pedro Lombardo (IV concilio de Letrán de 1215). Pero eso del concilio de Valencia y de la inclusión de la Biblia en el índice es una falsaedad y un anacronismo.
Más aún, Jesús no siempre cita la Escritura como cuando se aparece a Pablo camino de Damasco:
"Duro te es dar coces contra el aguijón" (Hechos 26,14): ¿No es Cristo el que se la dirige a Pablo en el encuentro de Damasco? ¿Cómo es que no se encuentra registrada en el Antiguo Testamento? ¿Por qué en la Escritura se cita una obra de Eurípides (Bacantes 794) y de Juliano (Or. 8,246b)?
por Makf | 1 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
Mito 26: La adoración a la hostia, fue decretada por el Papa Honorio en el año en 1220 A.D. La iglesia Romana adora a un dios hecho por manos humanas. Esto es idolatría y absolutamente contrario al Espíritu del Evangelio. (Juan 4:24)
Refutación y Argumentos Católicos
Una vez más se percibe retorcimiento en la expresión del mito: se da a entender que la Eucaristía se adora a partir de 1220, y que por lo tanto, antes la Iglesia no creía que Cristo estuviera realmente presente en ella. De ahí a la siguiente falsedad, hay sólo un paso: "la Iglesia católica adora a un Dios hecho por manos humanas". No es verdad tampoco esto. La Iglesia católica rinde un culto de adoración al Smo. Sacramento porque es verdaderamente Cristo quien está presente en ella, en su cuerpo, alma y divinidad. Es Dios quien por las palabras de la consagración decide de modo misterioso, sacramental y real quedarse siempre en medio de nosotros hasta el fin del mundo.
No está por demás volver a poner tres testimonios elocuentes de la Iglesia antigua sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía:
Ignacio de Antioquía escribe contra los que no creen que Cristo haya asumido la carne humana, por ello es que niegan asimismo la Eucaristía, pues no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro salvador Jesucristo, la misma que padeció por nuestros pecados, la que por su benignidad resucitó el Padre. "Los que contradicen el donde Dios litigando, mueren. Más les convendría amar para que resucitaran" (Ad Smirniotas c.7, No. 1 PG 5,731).
Justino hablando de la Eucaristía dice: "Este alimento se llama entre nostros ´Eucaristía, del cual a ningún otro es lícito participar, sino al que cree que nuestra doctrina es verdadera, ya que ha sido purificado por el bautismo para el perdón de los pecados y para la regeneración; y que vive como Cristo enseñó. Estas cosas nos las tomamos como pan ordinario ni como bebida ordinaria, sino que así como por el Verbo de Dios, que se encarnó, tomó carne y sangre para nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el alimento eucaristizado mediante la palabra de oración que procede de él (alimento con el que nuestra carne y nuestra sangre se nutren con arreglo a nuestra transformación) es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó" (Apología 1,65,ss).
Ireneo dice: ¿Cómo, pues, les constará que este pan en el que han sido dadas las gracias, es el cuerpo del Señor y el cáliz de su sangre, si no dicen que él es el Hijo del hacedor del mundo, su Verbo, por el que el leño fructifica y las fuentes manan, y la tierra da primero tallo y despues espiga y finalmente trigo pleno en la espiga? (Adv. Haer 4,18; PG 7,1027). También contra los herejes se pregunta cómo ellos no admiten la resurrección de la carne, siendo que en la Eucaristía nos alimentamos de la carne resucitada de Cristo (Adv. Haer 4,18; PG 7,1027).
En Juan 4,24 no se dice que la adoración a la Eucaristía sea idolatría. Se trata del diálogo de Cristo con la mujer de Samaría que previamente ha hablado de la disputa que había entre judíos y samaritanos sobre el lugar donde había que rendírsele culto a Dios. Jesús le responde: "Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Jn 4,21-24). Ahora bien, se habla de adoración a Dios en Espíritu y el sacramento se compone de una parte espiritual y una material. La dimensión espiritual está en la presencia real de Cristo a partir del momendo de la consagración; el aspecto material son los accidentes de pan y vino. Así que con la adoración eucarística la Iglesia sigue a Cristo y no se opone a sus palabras: por el aspecto espiritual, la Iglesia enseña que es el mismo Dios quien está presente en el sacramento, y la Iglesia además nos dice que está verdadera y realmente presente. Si esto no es seguir la enseñanza de Cristo, ¿cómo demuestra el protestantismo que sin tener la sucesión apostólica se pueda adorar la Eucaristía en espíritu y verdad, siendo que para ellos consiste en un mero recuerdo de la cena del Señor? Esto sí sería idolatría.
Veamos ahora qué es lo que enseña la Iglesia católica sobre el culto reservado a la Eucaristía:
1378 El culto de la Eucaristía. En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor. "La Iglesia católica ha dado y continua dando este culto de adoración que se debe al sacramento de la Eucaristía no solamente durante la misa, sino también fuera de su celebración: conservando con el mayor cuidado las hostias consagradas, presentándolas a los fieles para que las veneren con solemnidad, llevándolas en procesión" (MF 56).
1379 El Sagrario (tabernáculo) estaba primeramente destinado a guardar dignamente la Eucaristía para que pudiera ser llevada a los enfermos y ausentes fuera de la misa. Por la profundización de la fe en la presencia real de Cristo en su Eucaristía, la Iglesia tomó conciencia del sentido de la adoración silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas. Por eso, el sagrario debe estar colocado en un lugar particularmente digno de la iglesia; debe estar construido de tal forma que subraye y manifieste la verdad de la presencia real de Cristo en el santo sacramento.
1380 Es grandemente admirable que Cristo haya querido hacerse presente en su Iglesia de esta singular manera. Puesto que Cristo iba a dejar a los suyos bajo su forma visible, quiso darnos su presencia sacramental; puesto que iba a ofrecerse en la cruz por muestra salvación, quiso que tuviéramos el memorial del amor con que nos había amado "hasta el fin" (Jn 13,1), hasta el don de su vida. En efecto, en su presencia eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se entregó por nosotros (cf Ga 2,20), y se queda bajo los signos que expresan y comunican este amor:
La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración. (Juan Pablo II, lit. Dominicae Cenae, 3).
1381 "La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, no se conoce por los sentidos, dice S. Tomás, sino solo por la fe , la cual se apoya en la autoridad de Dios´. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22,19:Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros´, S. Cirilo declara: `No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque él, que es la Verdad, no miente" (S. Tomás de Aquino, s.th. 3,75,1, citado por Pablo VI, MF 18):
Adoro te devote, latens Deitas,
Quae sub his figuris vere latitas:
Tibi se cor meum totum subjicit,
Quia te contemplans totum deficit.
Visus, gustus, tactus in te fallitur,
Sed auditu solo tuto creditur:
Credo quidquod dixit Dei Filius:
Nil hoc Veritatis verbo verius.
(Adórote devotamente, oculta Deidad,
que bajo estas sagradas especies te ocultas verdaderamente:
A ti mi corazón totalmente se somete,
pues al contemplarte, se siente desfallecer por completo.
La vista, el tacto, el gusto, son aquí falaces;
sólo con el oído se llega a tener fe segura.
Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios,
nada más verdadero que esta palabra de Verdad.)
Ahora pasemos al Papa Honorio y a la fecha de 1220:
Se trata del Papa Honorio III (1216-1227). Se llamaba Cencio Savelli, un piadosísimo anciano, que había repartido sus bienes entre los pobres, fue un distinguido como buen administrador de los bienes de la Iglesia con la redacción de su "liber censuum". Se interesó por fomentar la V cruzada, que desgraciadamente no tuvo el éxito esperado. Fue árbitro entre Felipe II de Francia y Santiago I de Aragón; logró que Francia no invadiera Inglaterra. Ayudó para que Enrique III se ciñera la corona inglesa pese a ser menor de edad. Otros hechos relevantes del Papa Honorio III fueron la aprobación de los dominicos en 1216 y la confirmación de la orden para el año siguiente; la coronación en 1217 de Pedro de Courtnay, emperador latino de Constantinopla; el apoyo prestado a las misiones en los países bálticos, el respaldo de una cruzada contra los moros en España (1218); exhortó a Luis VIII de Francia a intensificar la lucha contra los albigeneses, etc. Glorias dignas de este pontífice fueron la aprobación de las reglas.
Los datos históricos que consulté afirman que con Honorio se abre una nueva fase en la historia de las colecciones canónicas, como la "Compilatio Quinta" que había iniciado Tancredi y que concluyó en febrero-mayo de 1226, que consistió en la primera recopilación de decretales que se realizó por petición expresa de un Papa, y confirmó el carácter de una "carta universitaria por excelencia". Esta compilación fue dirigida a los estudios de Boloña y París. En 1219 Honorio publicó su célebre bula "Super speculam" con que el Papa reforzaba los estudios de teología en París; en ella se confirman las resoluciones del concilio de Tours (1163).
Inocencio III decretó la adoración de la Hostia en 1220 no lo he encontrado en los diversos manuales de historia que he consultado.
Más bien, ¿cómo se explica esta tremenda afirmación con los siguientes testimonios?
En la Iglesia primitiva la Eucaristía se adoraba públicamente pero sólo en el marco de la Misa y de la comunión. ¿Cómo es que san Agustín dice que no sólo no pecamos adorando la carne que Cristo nos da a comer, sino que pecamos no adorándola"? (Enarr in Ps 98,9; PL 37,1264).
Lo que ocurre es que en el S. XII se introduce en occidente la elevación de la Eucaristía en el momento de la consagración (cf P. Browe, Die Verehrung der Eucharistie im Tittelalter, Múnich 1993, 28-29), y en el S. XIII comenzó la práctica de la adoración fuera de la misa a partir de la institución de la fiesta del "Corpus Christi" celebrada por vez primera en la diócesis de Lieja, e instituida para la Iglesia universal por Urbano IV en su bula "Transsiturus" de 1264 (surge la costumbre de la procesión eucarística; y en el S. XIV surgirá la de la exposición sacramental; nacen los himnos en honor de la Eucaristía, como el "Adoro te devote" que contribuye tanto a la formación de la piedad católica sobre la Eucaristía) . Asimismo ha de decirse que las colecciones canónicas asumen la doctrina eucarística desde la Burchard de Worms hasta el decreto de Graciano. La piedad popular se concentra en la presencia real del cuerpo y sangre de Cristo como reacción contra las tesis de Berengario. En los monasterios de Bec y Cluny se comienza a doblar la rodilla y a incensar la Eucaristía; se enciende también una lámpara ante las especias consagradas hacia fines del S. XII. No cabe duda que la profundización en el tema de la presencia real de Cristo en la Eucaristía es lo que causa esta devoción, a lo que ha de sumarse el deseo ardiente de contemplación.
"Vosotros dividís un pan, y este es el remedio para conseguir la inmortalidad, bálsamo que nos preserva de la muerte, y nos da la vida eterna en Jesucristo. (S.Ignacio, carta a los de Efeso, n. 14, Tric. T. 1, sent.
2, p. 3 l.)"
"Jesucristo tomó el pan, sustancia criada, dio gracias a Dios, y dijo: Este es mi cuerpo. Tomó el cáliz que también es criatura destinada a nuestros usos, y aseguró que era su sangre. Así enseñó la oblación del Nuevo Testamento, la Iglesia recibió de los Apóstoles, y ofrece este sacrificio en todo el mundo al Dios que nos sostiene como primicias de sus frutos en la nueva Ley. La Iglesia es como un paraíso plantado en este mundo. De todos sus árboles podemos comer, nos dice Dios, pero no tomemos de la doctrina de los herejes, no la toquemos, porque aunque se aprecian de saber del bien y del mal, son soberbios que arrojan sus impías doctrinas contra Dios, su Criador. (S. Ireneo, sent. 5, Tric. T. 1, p. 86 y 87.)"
"Si toma el alimento y la santa bebida de la Eucaristía, como que viene del Sacramento de la Cruz, pues aquel misterioso madero fue figura suya, el que hizo dulces las aguas, del mar, llenará tu alma de verdadera suavidad. (S.
Cipriano, lib. de la Oración, sent. 35, Tric. T. 1, p. 305.)"
"Supuesto que Jesucristo asegura, hablando del pan, que aquello es su cuerpo, ¿quién se atreverá a poner en duda esta verdad? y pues que dijo después, esta es mi sangre, ¿quién puede dudar o decir que no lo es? En otro tiempo había convertido el agua en vino en Caná de Galilea con sola su voluntad, ¿y no le tendremos por digno de ser creído sobre su palabra, cuando convirtió el vino en su sangre? Si convidado a las bodas humanas y terrenas hizo en ellas un milagro tan pasmoso, ¿no debemos reconocer que
aquí dio a los hijos del Esposo a comer su cuerpo y beber su sangre? para que le recibamos como que es ciertamente su cuerpo y su sangre, porque bajo del pan nos da su cuerpo, y bajo del vino su sangre, para que tomando su
cuerpo y sangre, nos hagamos un mismo cuerpo y sangre con El y seamos Cristíferos, esto es, hombres que llevamos a Jesucristo, en habiendo recibido en nuestro cuerpo su cuerpo y sangre, y según la expresión de San Pedro, vengamos a ser participantes de la naturaleza divina. (S. Cirilo de Jerusalén, Cath. Mystag., 4, sent. 7, Tric. T. 2, p. 337.)"
No consideréis ya estas cosas como que son pan y vino comunes, supuesto que son el cuerpo y sangre de Jesucristo, como El mismo dijo, porque aunque los sentidos os digan que no lo es, la fe os debe persuadir y confirmar en que lo es. No juzguéis por el gusto, sino por la fe, la que nos debe hacer creer con toda certidumbre, y sin que os quede duda en contrario, que os ha dado el cuerpo y sangre de Jesucristo. (S. Cirilo de Jerusalén, ibid., sent. 8, Tric. T. 2, p. 337.)"
"¿Cuál es la obligación propia y particular de los que comen el pan y reciben la bebida de Dios? Es la de conservar continuamente la memoria del que murió y resucitó por ellos. ¿A qué más les obliga esta memoria? a no vivir ya para sí, sino par el que murió y resucitó por ellos. (S. Basilio, Reg. 80, sent. 58, Tric. T. 3, p. 199 y 200.)"
"El que es eterno, se nos da a todos para que le comamos con el fin de que recibiéndole en nosotros mismos, lleguemos a ser lo que El es, porque dice:
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. Cualquiera, pues, que ama esta divina carne, no ama la suya; y cualquiera que tiene amor a esta divina sangre, está purificado de todos los sentimientos que la
sangre camal puede causarle. Porque la carne del Verbo, y la sangre de esta carne son suaves par los que las gustan, y deseables para los que las pretenden. (S. Gregorio de Nisa, in Eccles. 11. 8, sent. 4, Tric. T. 4, p. 113.)"
"Así como un poco de levadura, según la doctrina del Apóstol, hace fermentar toda la masa, así también el divino cuerpo de Jesucristo, que padeció la muerte, y es el principio de nuestra vida, entra en nuestro cuerpo, nos le muda y transforma todo en sí. Porque al modo que un veneno que se ha derramado por los miembros sanos, los corrompe en poco tiempo, así por contraria razón, cuando el cuerpo inmortal de Jesucristo se ha llegado a mezclar con el del hombre, que en otro tiempo había comido el fruto envenenado, le transforma todo entero en su divina naturaleza. (S. Greg. de Nisa, c. 37, sent. 29, Tric. T. 4, p. 118 y 119.)" "Sírvanos de ley el hecho de Joseph de Arimatea, para que cuando recibamos aquella prenda del sacrosanto cuerpo, no le envolvamos en lienzo de una conciencia sucia, ni le depositemos en el monumento del corazón, cuando está lleno de huesos de muertos y de todo género de nmundicias. Cada uno se prueba y examine, como dice el Apóstol: No le sirva de juicio de condenación si la recibe indignamente. (S. Greg. de Nisa, in Christ. Resurr., sent. 19, adic., Trie. ´F. 4, p. 364 y 365.)"
"Con carne y con maná que nos figuran el precioso cuerpo de Jesucristo, se alimentó el pueblo de Israel: Jesucristo es para nosotros verdadera comida y verdadero maná, no ya en figura, sino en verdad; por su verdadera humanidad
es realmente carne, y un pan que vive por su divinidad; de suerte, que cuando comenos el cuerpo de Jesucristo, participamos de su divinidad y de su humanidad. (S. Ambrosio, sent. 26, Tric. T. 4, p. 318.)"
"Acercaos al alimento del cuerpo de¡ Señor a aquella bebida que de tal suerte embriaga a los fieles, que los llena de contento con la remisión de sus culpas, y los libra de los cuidados del mundo, del miedo de la muerte y
de las inquietudes de esta vida. Esta santa embriaguez no hace titubear al cuerpo, antes bien, le confirma, no turba el espíritu, sino que le consagra y santifica. (S. Ambrosio, in Psalm. 118, sent. 65, Tric. T. 4, p. 326.)"
"Jesucristo es mi comida, Jesucristo es mi bebida. La carne de un Dios es mi comida, la sangre de un Dios es mi bebida. En otro tiempo bajó del cielo el pan que llamó el Profeta pan de Angeles: mas aquel no era el verdadero pan,
sólo era sombra del que había de venir. El Pan Eterno me tenía reservado este verdadero pan que viene del cielo, y este es el pan de vida. Aquel, pues, que come la vida, no podrá morir, porque ¿cómo había de morir el que tiene por alimento la misma vida? (S. Ambrosio, in Psalm. 118, sent. 69, Tric. T. 4, p. 326.)"
"Puede ser que me digáis que el pan que recibís del altar, es pan común y ordinario. No hay duda que antes de ser consagrado era pan común; pero al punto que se dijeron las palabras de la consagración, se convirtió ese mismo pan en la carne de Jesucristo. Si me preguntan: ¿Qué palabras son las que sirven en esta consagración? Digo que nos valemos de las palabras propias de Jesucristo. (S. Ambrosio, lib. 4, de Sacram. c. 4, setit. 107, Tric. T. 4,
p. 335.)"
"Antes de consagrar, no es más que pan; pero pronunciadas las palabras de Jesucristo, es el cuerpo de Jesucristo. Oid lo que el mismo dice: Tomadle y comedle todos, porque este es mi cuerpo. Antes de las palabras de Jesucristo
sólo hay en el cáliz vino y agua mezclados; pero después de lo que han obrado las palabras de Jesucristo, se convierte en su sangre, la cual redimió su pueblo. (,S. Ambrosio, ibid., c. 5, sent, 108, Tric. ibid., ibid.)"
"Si el pan de la Eucaristía es el pan cotidiano, ¿por qué le recibís una vez al año solamente? Recibidle todos los días para conseguir todos los días el fruto. Vivid de modo que merezcáis comulgar todos los días, a la verdad, el
que no es digno de recibirle todos los días, tampoco merece recibirle una vez al año. Sabéis que el Santo Job ofrecía sacrificio por sus hijos, receloso de que hubiesen pecado en pensamiento o en palabras: ¿cómo, pues,
sabiendo vosotros que siempre que se ofrece el sacrificio se hace memoria de la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo, y de la remisión de los pecados? ¿,Cómo, vuelvo a decir, lo que esto sabéis, no recibís todos los
días este pan de vida´? El que se siente herido, busca el remedio para sanar. Todos estamos heridos, pues hemos pecado. Ahora bien, este venerable y celestial sacramento es el remedio de todas nuestras heridas. (S. Ambrosio, lib. 5, c. 4, sent. 109, Trie. ibid., ibid.)"
"Llegad a el y saciaos, porque es divino pan: llegad y bebed, pues es fuente: llegad a El para ilustraros, pues es luz: llegad y libraos, porque en donde está el espíritu del Señor, está la libertad; llegad y quedad absueltos, pues es perdón de los pecados. (S. Ambrosío, in Psalm 118, sent.
36, adic., Tric. T. 4, p. 404.)"
"Pruébese cada uno, y lléguese después al cuerpo de Jesucristo. No es decir que un día o dos que difiera la comunión, haga al cristiano más santo, ni que yo merezca mañana o después de mañana lo que hoy no he merecido; sino
que el dolor que debo sentir de no haberme hallado en estado de comulgar, me obligue a separarme por algunos días del consorcio, de mi propia mujer, prefiriendo al amor que la tengo, el que debo a Jesucristo. (S. Jerónimo.
Epist. 48, ad Pammach., sent. 40, Tric. T. 5, p. 245.)"
"Debemos saber que el pan que partió el Salvador y le dio a sus discípulos, era su propio cuerpo, según lo que el mismo Señor dijo: Tomad y comed, este es mi cuerpo. Moisés, pues, no fue el que nos dio el verdadero pan, sino
nuestro Señor Jesucristo: éste es el que está sentado en el convite y el mismo es nuestro convite: El es el que come y el que es comida. (S. Jerón., Quaes, 2, ad Hedib., ep. 120, sent. 59, Tric. T. 5, p. 248.)"
" Como la carne de nuestro Señor es un verdadero alimento, y su sangre una verdadera bebida, el único bien que nos resta en este mundo, es comer su carne y beber su sangre, no solamente en los santos misterios, sino también
en la lección de las Escrituras, porque las luces que en estas hallamos, son el sustento y la bebida que sacamos de la palabra de Dios. (S. Jerón., in Ecclesiast., c. 3, sent. 82, Tric. T. 5, p. 253.)"
"Vosotros ofrecéis sobre mi altar un pan profanado y manchado. Sin duda profanamos y manchamos el pan, esto es, el cuerpo de Jesucristo cuando nos acercamos al altar en un estado indigno de participarle: cuando estando
impuros bebemos aquella sangre pura; y no obstante decimos: ¿Es que es despreciada y deshonrada la mesa del Señor? No porque haya quien se atreva a decirlo, ni a proferir con delicuente voz la impiedad que tiene su alma,
pero las malas obras de los pecadores son las que efectivamente deshonran la mesa de Dios. (S. Jerón., in Malach., e. 1, sent. 88, Tric. T. 5, p. 25 l.)"
"Así como aquel que no se siente reo de iniquidad alguna, debe comulgar todos los días; por el contrario, el que ha pecado y no ha hecho penitencia no lo puede hacer con seguridad ni en los de fiesta. (S. Juan Crisóst.,
Homil. 31, sent. 26, Tric. T. 6, p. 305.)"
"Vamos como la Hemorroisa a tocar la orla de la vestidura de Jesucristo, o por mejor decir, vamos a poseerle todo entero: pues tenemos ahora su cuerpo en nuestras manos. Ya no es sólo su vestido el que permite tocar, sino que
nos presenta su mismo cuerpo para que lleguemos a comerle. Acerquémonos, pues, con ardiente fe, los que estamos enfermos. Si los que entonces tocaron solamente la orla de sus vestidos sintieron tan grande efecto, ¿qué no
podrán esperar los que aquí le reciben todo entero? (S. Juan Crisóst., Homil. 5 1, sent. 62, Tric. T. 6, p. 31 l.)"
"Cuántos hay que dicen: Yo quisiera ver a nuestro Señor Jesucristo con aquel mismo cuerpo con que conversaba con los hombres; mucho me alegraría de ver su rostro y su traje. Yo os digo, que al mismo Señor véis, tocáis, y aun
coméis. Deseáis ver sus vestidos, y veis aqui que os permite tocarle y recibirle en vuestro pecho. (S. Juan Crisót., Homil. 83, sent. 70, Tric. T. 6, p. 312 y 313.)"
"¿Quién debe estar más puro que aquel que participa de semejante sacrificio, que aquella mano que distribuye esta divina carne, que aquella boca que está llena de este fuego espiritual y aquella lengua que rojea con esta preciosa sangre? Imaginad bien la honra que recibís y a que mesa os sentáis. Aquel mismo a quien los ángeles miran con temblor, es el que ahora nos sirve de alimento, se une con nosotros, y somos con el un mismo cuerpo y una misma
sangre. (S. Juan Crisóstomo, ibid., sent. 71, Tric. ibid., ibid.)"
"¿Qué pastor ha dado jamás su sangre para alimentar sus ovejas? Vemos muchas madres que habiendo parido sus hijos, los dan a criar a otras mujeres, pero no procede Jesucristo, así con nosotros: El mismo nos alimenta con su carne, nos junta y une consigo estrechamente. (S. Juan Crisóst., ¡bid., sent. 72, Tric. ibid., ibid.,)"
"No nos quedemos insensibles a tan grande honra, y a un amor tan religioso.
Reparad con que ímpetu se arrojan los niños al seno de sus madres, y con qué ansia chupan los pechos. Imitémosles acercándonos con las mismas ansias a esta divina mesa, bebiendo, por decirlo así, la leche espiritual de aquellos
sagrados pechos: pero vamos corriendo con mayor ardor para atraer a nuestros corazones, como hijos de Dios, la gracia del Espíritu Santo: sea nuestro mayor dolor el vemos privados de este alimento celestial. (S. Juan Crisóst.
Homil., 87, sent. 73, Tric. T. 6, p. 313.)"
"Si vosotros no os atrevéis a arrojar del sagrado altar los indignos, decídmelo a mi, que yo no permitiré que se lleguen a él: porque primero perderé la vida, que dar el cuerpo del Señor al indigno; y primero permitiré
que derramen mi sangre, que presentar tan santo y venerable cuerpo al que no se halla en estado de recibirle. Si vosotros ignoráis que los que se acercan
son indignos, entonces no es falta vuestra, si antes habéis puesto el mayor cuidado en conseguir este discernimiento; porque no hablo ahora de aquellas
personas que públicamente son conocidas por viciosas. (S. Juan Crisóst., íbid., sent. 74, Tric. ¡bid., ¡bid.)"
"Muchos una vez al año se acercan al Santo Sacramento: otros llegan más a menudo. ¿A quiénes estimaremos más? a los que comulgan a menudo, o a los que comulgan una vez? Solamente debemos estimar a los que comulgan con
conciencia pura y sincera, con un corazón limpio y con una vida irreprensible; los que se hallan en esta disposición, lleguen todos los días; los que no, ni una vez se acerquen: porque no hacen otra cosa que irritar contra sí el juicio de Dios y hacerse dignos de la más rigurosa
condenación. (S. Juan Crisóstomo. Homil. 17, ad Hebr., sent. 147, Tric. T.
6, p. 327.)"
"¿Pensáis que comulgando una vez al año serán suficiente 40 días de penitencia para puríficaros de los pecados que habéis cometido en tanto La Biblia fue prohibida y colocada en el Indice De Libros Prohibidos por el concilio de Valencia en 1229 A.D. Jesús ordenó que las escrituras fueran leídas por todos. (Juan 5:39; l Tim. 3:15-17)
Para empezar, las citas que nos pone el enunciado del mito no hacen al caso ni en Jn 5,39 ni en 1Tim 3,15-17 Jesús ordena que todos lean las Escrituras.
Esto dice Jn 5,37-40:
También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto,ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis. Escudriñad las Escrituras [¿Está dando la orden Cristo de que todos lean las Escrituras? No.]; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.
1Tim 3,15-16 (a propósito, no existe el versículo 17 del que habla el enunciado) dice esto otro: “para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria”.
En cuanto al concilio de Valencia, he de confesar que no he encontrado ninguna referencia sobre este supuesto concilio. Ciertamente si se tuvo, no es parte de los concilios ecuménicos. Por otro lado el índice de los libros prohibidos existió desde 1559 hasta 1966. Que yo sepa la primera condena históricamente cierta es la de Thalías a Arrio en el concilio de Nicea (325). El Papa Anastasio condenó los escritos de Orígenes en cuanto más nocivos para los ignorantes que útiles para los doctos (400). San León Magno rechazó en Roma los escritos maniqueos, y ordenó a los obispos españoles que hicieran algo similar ante los priscilianistas. Inocencio III condenó el escrito de Joaquín de Fiore contra Pedro Lombardo (IV concilio de Letrán de 1215). Pero eso del concilio de Valencia y de la inclusión de la Biblia en el índice es una falsaedad y un anacronismo.
por Makf | 1 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
«Hay que decir con firmeza y convicción que el sacramento de la Penitencia es la vía ordinaria para alcanzar el perdón y la remisión de los pecados graves cometidos después del Bautismo» (Juna Pablo II).
Mito 25: La confesión de pecados al sacerdote una vez al año fue instituida por el Papa Inocencio II, en el concilio de Laterán, en el año 1215 A.D. La Biblia nos ordena a que confesemos nuestros pecados directamente a Dios (Salmo 51:1-10; Lucas 7:48; 15:21; Juan 1:8-9).
Refutación y Argumentos Católicos
Cualquiera que conozca un poco la historia eclesiástica sabe muy bien que el IV Concilio de Letrán, celebrado en 1215 lo que hizo fue señalar el tiempo dentro del cual debían los fieles cumplir con el precepto divino de la confesión, es decir: "al menos una vez al año", a fin de estimular a los cristianos perezosos a servirse de este medio de salvación, instituido por Jesucristo.
Como se ve, en ese Concilio no se estableció la Confesión, al contrario, demuestra que ésta ya existía antes.
La Didaché (año 98-120) dice: "El día domingo, al reunirnos, fraccionad el pan y dad gracias, después que hayáis confesado vuestros delitos, para que sea puro vuestro sacrificio" (Didaché, Nº 14).
San Ireneo, en el siglo II, refiere que algunas mujeres que habían sido seducidas por el hereje Marco, al convertirse, confesaron sus pecados e hicieron penitencia pública (Adversus Haereses, Libro 5, capítulo 13)
Y una prueba más, que destruye el mito:
Las iglesias cismáticas orientales, que no aceptan la autoridad papal, entre sus sacramentos, tienen la Confesión, la cual consideran instituida por el mismo Cristo. Si la Iglesia Católica hubiera inventado la Confesión, ¿No habrían protestado los Orientales? ¿No lo hicieron cuando Occidente añadió el "Filioque"? Sin embargo, tal reclamo no ocurrió, por que la Confesión fue instituida por el mismo Cristo.
Por otro lado, en la historia de la Iglesia sí tenía lugar la confesión privada de los propios pecados; sólo que la Iglesia ha ejercido el poder de perdonar los pecados de modos diversos:
La penitencia antigua: desde los orígenes hasta el S. VI: el cristiano que ha pecado gravemente después del bautismo conserva la posibilidad de hacer penitencia "pública", a fin de obtener el perdón (impureza como adulterio y fornicación, homicidio, aborto, apostasía, idolatría, magia, hurto, embriaguez); los pecados veniales se pueden perdonar con oraciones y buenas obras. La Iglesia siempre ha concedido el perdón y combatido a los herejes como Montano y Novaciano que negaban el perdón en los casos de homicidio, adulterio y apostasía. No hay pecados irremisibles (a menos que se trate del rechazo de la gracia, obstinación en el mal).
El pecador contrito se solía inscribir en la lista de los penitentes; es separado de la comunión con la Iglesia y excluido de la participación en la Eucaristía. Hace su confesión secreta al obispo que le impone algunos actos de penitencia que ha de cumplir en público. Su duración depende de la gravedad y cantidad de los pecados cometidos y confesados (dos, cinco, hasta diez años incluso). Esta penitencia pública no podía repetirse. Los que reincidían no eran abandonados por la Iglesia: cuando estaban a punto de morir la Iglesia les concedía la absolución privada y el viático. Pero el pecador después de la reconciliación no podía casarse o volverse a casar, etc.
La penitencia tarifada, desde el S. VII hasta el S. XII. Tiene origen en los monasterios de Irlanda, Inglaterra y Escocia hacia fines del S. VI. Para cada pecado se establece una penitencia bien determinada, como mortificaciones corporales, veladas prolongadas, oraciones sobre todo de salmos, ayunos, limosnas, peregrinaciones, etc.
La penitencia actual a partir del S. XII. Dios ha dicho en el Antiguo Testamento: "Tendré misericordia de quien tendré misericordia y me apidará de quien me apiadaré" (Ex 33,19). Por lo tanto, el perdón de los pecados ha de venir de Dios y no de lo que subjetivamente yo me perdone (cae con ello el sofisma de que "yo me entiendo personalmente con Dios. Él me perdona y basta").
En la primera carta de Juan se nos enseña que el pecado se perdona confesándolo: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1Jn 1,9). Esto, a la luz de la cita de Ex 33,19, nos lleva a preguntarnos de qué modo hemos de obtender el perdón de los pecados: el Éxodo nos dice que ha de ser objetivo, la primera carta de Juan nos enseña que ha de ser por la confesión.
Al final del Evangelio de Juan tenemos la respuesta: "Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos" (Jn 20,22-23).
Por confesión sacramental no se ha de entender un coloquio tenido con alguien, como psicólogo, o amigo, o incluso sacerdote, a quienes se les desea abrir la propia intimidad aun revelándoles las faltas graves, sino el verdadero hecho de acusarse de los propios pecados, realizado al sacerdote confesor con la intención de recibir la absolución sacramental de parte de él, a fin de obtener el perdón de Dios. Es, pues, un sacramento: "signo eficaz de la gracia". Se lo puede llamar también sacramento de la conversión, sacramento de la penitencia, sacramento de la confesión, sacramento del perdón, sacramento de la reconciliación.
Las condiciones indispensables que se requieren para obtener la remisión de los pecados cometidos después del bautismo, son: arrepentimiento de los pecados, firme propósito de evitarlos en el futuro, el debido acto de acusarse ante el sacerdote confesor y la aceptación de la penitencia que él impone junto con la absolución sacramental.
Se compone de tres elementos
La materia (se les llama "cuasi materia" ya que falta una especie de "sustancia corpórea"): está constituida por los actos del penitente: dolor, propósito, confesiónd e los pecados y aceptación de la penitencia.
La forma esencial del sacramento se tiene en las palabras de la absolución sacramental: "Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".
El ministro es el sacerdote confesor que absuelve a nombre de Cristo y de la Iglesia, y dotato de la debida jurisdicción como prescribe el Derecho Canónico (969, 967).
La gracia
El efecto principal de la confesión sacramental es la reconciliación del pecador con Dios, que concede la remisión de los pecador mediante la efusión de la gracia santificante: ésta es restituida o, si no se había perdido por el pecado mortal, se aumenta. Con la culpa se remite o perdona también la pena eterna, mientras que las penas temporales no se perdondan siempre del todo. Con la gracia santificante, restituida o aumentada, se concede asimismo la gracia sacramental, que nos ayuda a producir verdaderos frutos de penitencia y a evitar otros pecados futuros, y la recuperación -reviviscencia- de los méritos perdidos con el pecado mortal. Como efecto secundario, la confesión produce gran paz y serenidad en la conciencia, así como consuelo espiritual.
Institución por parte de Cristo. La confesión sacramental fue instituida por Cristo como Hijo de Dios, Redentor de todos los hombres. El Verbo eterno del Padre asumió la naturaleza humana para redimir y salvar al género humano. Desde el primer momento de su concepción en el seno de María Santísima hasta el último respiro sobre el Calvario, Cristo se ofreció al Padre para expiar los pecados de todos los hombres, pasados, presentes y futuros. Esta obra que Cristo ha realizado se hace eficaz sólo cuando a ella se une la cooperación de cada alma con el arrepentimiento y la conversión. Todas las gracias que Cristo adquirió durante su vida terrena son distrubuidas a cada hombre según las disposiciones de cada uno por medio del miniesterio de la Iglesia, por medio la acción de los apóstoles y de los sacerdotes por medio de la predicación de la palabra de Dios y la administración de los sacramentos, sobre todo del bautismo y de la penitencia.
La Iglesia y el poder de perdonar los pecados. En Mc 2,7 encontramos el gran interrogante en labios de los escribas: "¿Por qué habla éste así? Dice blasfemias . ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" Ahora bien, dado que Cristo es Hijo de Dios, con todo derecho puede decir de sí mismo: "El Hijo del hombre tiene poder sobre la tierra para perdonar los pecados" (Mc 2,10). Jesús ejerce dicho poder: "Hijo tus pecados te son perdonados" (Mc 2,5). Pero no sólo, sino que lo confiere a Pedro y a los apóstoles (Mt 16,18-19; 18,18), y lo confirma (Jn 20,21-23).
El perdón de los pecados realizado pro la Iglesia por medio de sus sacerdotes es igual al de Cristo -no es un simple encubrimiento de la culpa o una mera condonación de la pena- sino un perdón real del pecado (C. de Trento sesión XIV; DS 1668, 1703).
La Iglesia siempre ha tenido conciencia de poder perdonar los pecados cometidos después del bautismo, aunque en los primeros siglos se ejerció este poder con cierta severidad. Este poder de la Iglesia es verdadero: con la absolución de la Iglesia los pecados son perdonados real y verdaderamente ante Dios. Es un poder universal, ya que se extiende a todos los pecados sin excepción, con las debidas disposiciones del penitente. Se ejerce de modo judicial: dicho ejercicio de perdonar los pecados es un acto judicial (la autoridad está compuesta por el confesor; el conocimiento de la causa consiste en la manifestación de los pecados en la confesión; la sentencia es la absolución). El juicio se tienen en el remitir o retener los pecados: su aplicación no puede ser arbitraria, sino que ha de conformarse a la norma objetiva de la ley de Dios y a las disposiciones del penitente.
Los actos que se requieren para hacer una buena confesión son cinco
Examen de conciencia: se ha de pensar en las faltas comeditas (pensamientos, palabras y obras), sobre todo los mortales a partir de la última confesión bien hecha. Se puede examinar la propia vida a la luz de los diez mandamientos, el mandamiento del amor al prójimo, los preceptos de la Iglesia, los pecados capitales, y los deberes del propio estado (familia, profesión, etc.).
Dolor de los pecados cometidos: tras realizarse el examen de conciencia se ha de pedir a Dios a gracia de tener un vivo y profundo dolor de todos los pecados cometidos, sobre todo de los mortales que han ofendido a Dios. El dolor es la detestación del pecado cometido con el propósito de no volver a pecar.
El dolor puede ser perfecto o contrición: es el dolor de los propios pecados cometidos por constituir una ofensa a Dios. Este dolor, unido a la voluntad de ir a confesarse cuanto antes en la primera ocasión justifica al pecador: le concede la gracia santificante y si muere, se salva aun antes de que se realice realmente la confesión sacramental. Pero tiene la obligación de manifestar al sacerdote confesor los pecados mortales cometidos (Lc 7,47)
El dolor puede ser imperfecto o atrición : el dolor que se tiene es debido a los castigos eternos o temporales; es suficiente para el perdón de los pecados en el sacrmento de la penitencia.
Propósito de no cometerlos más: ha de ser firme, eficaz y universal (que abarque a todos los pecados cometidos, sobre todo los mortales).
Confesión de los pecados
Satisfacción: penitencia impuesta por el confesor al penitente para expiar las penas temporales que han quedado después de la remisión de las culpas y de la pena eterna merecida por quien ha cometido pecados mortales.
Es la voluntad de aceptar y de cumplir la satisfacción o penitencia está implicada en la confesión (pero si no se puede realizar por olvido, etc…, el sacramento no deja de ser válido).