por Makf | 30 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Si todos los católicos buenos se comprometieran a estar una hora diaria en adoración ante Jesús Eucaristía, el mundo cambiaría, porque la fuerza y el poder que salen del sagrario cambiarían el mundo.
Pero ¡hay tantos que ya ni creen que Jesús está en el sagrario!
San Juan María Vianney, el famoso cura de Ars, decía constantemente a sus feligreses:
Jesús está ahí; si supieran cuánto los ama Jesús en el Santísimo Sacramento, morirían de felicidad.
Y él, que lo creía firmemente, se pasaba muchas horas del día y de la noche en adoración.
Monseñor Fulton Sheen, arzobispo de Nueva York, todos los días tenía su hora santa de adoración ante Jesús sacramentado.
Esta práctica le había sido inspirada por una historia real, ocurrida en China, cuando los comunistas ocuparon el poder.
En un pequeño pueblo, entraron a la iglesia, destrozaron el sagrario y tiraron las hostias por el suelo, encerrando al sacerdote en su propia casa.
Pero una niña del pueblo entraba cada día, sigilosamente, a la iglesia, al anochecer, y se pasaba una hora en adoración ante las hostias tiradas por el suelo y, después, recibía una para comulgar.
Esto lo podía ver cada noche el sacerdote desde su casa, que estaba junto a la iglesia.
El día en que la niña comulgó con la última hostia, los guardias comunistas la vieron y la mataron a golpes. El sacerdote pudo sobrevivir para contarlo.
Y el obispo Fulton Sheen escuchó esta historia, siendo seminarista, y, desde entonces, hasta los 82 años en que murió, siempre mantuvo su promesa de hacer una hora santa cada día, en recuerdo de aquella niña valiente, que dio la vida por amor a Jesús Eucaristía.
El padre Roberto DeGrandis nos dice:
Hace poco una mujer compartió conmigo su vida y me dijo que había sufrido mucho y que la única paz que había sentido en esos momentos, la había encontrado en la hora diaria que ella pasaba ante el Santísimo Sacramento. Ése era un lugar de curación para ella.
Yo pienso que eso fue algo muy cierto. Hay una tremenda curación con sólo estar en la iglesia rodeados de la paz del Señor128.
Otra mujer me dijo que, cuando tenía 29 años, pensó que se iba a volver loca, porque estaba pasando una menopausia anticipada. Emocionalmente, le estaban sucediendo todas las cosas posibles.
Ella también sentía que debía ir a la iglesia todos los días y estar allí una hora santa en oración; y me dijo:
Usted sabe, hay muy pocas cosas que no puedan ser curadas, estando una hora todos los días ante el Santísimo Sacramento129.
El Padre Josefino Ramírez en su libro Cartas a un hermano sacerdote dice:
Hoy, durante mi hora santa, vi algo muy peculiar: una caja de chocolates sobre el altar. Pensé que alguien la había dejado olvidada, hasta que leí la tarjeta que había en la caja: “Para Jesús, porque su amor es el más dulce de todos. Ninay”.
Una niña le había dejado a Jesús una caja de chocolates para demostrarle su amor. ¿Qué le daremos nosotros?
Otra niña le entregó a su padre el día de su cumpleaños una caja forrada con un lindo papel de regalo.
Su padre, al abrirla, vio que estaba vacía y le preguntó por qué le regalaba una caja vacía. Y la niña le dijo:
Papá, no está vacía, antes de cerrarla, la llené de besos para ti.
¡Qué hermoso sería, si todos los días vamos a visitar a Jesús y le dejamos nuestro corazón lleno de amor y lleno de besos para Él!
El beato Damián de Molokai organizó en la isla de los leprosos la adoración perpetua en su capilla y allí se pasaba muchas horas en adoración ante Jesús, ofreciéndole todo su amor por Él y por aquellos leprosos, que tanto lo necesitaban.
Un día llegó un voluntario para ayudarlo en su tarea. Era un hombre bueno, que estaba buscando un sentido para su vida. Se llamaba Dutton y venía de USA.
Un día, Dutton necesitaba consultar algunas cosas con el Padre Damián y no lo encontraba por ninguna parte. Por fin, lo encontró en la capilla.
El Padre Damián se veía como transformado de amor y sus ojos brillaban de felicidad. A Dutton le impresionó tanto esa actitud y ese amor ante Jesús sacramentado, que se convirtió al catolicismo y siguió ayudando a los leprosos.
Hoy está abierta la causa de su beatificación.
El beato Damián decía:
Sin mi hora santa diaria en presencia de Jesús sacramentado, no hubiera sido capaz de quedarme en este lugar ni un solo día.
San Pedro Julián Eymard insistía: Hay que considerar la hora de adoración como una hora de paraíso. Vayan a ella como si fuesen al cielo, como a un banquete divino130.
San Juan María Vianney vio en una ocasión con sus propios ojos cómo Jesús tomaba con cariño en sus manos la cara de cada persona que lo visitaba en el Santísimo Sacramento y le daba un tierno beso de amor y agradecimiento.
Como si quisiera cumplir lo que dice Oseas:
Con cuerdas humanas, con lazos de amor los atraía… Era para ellos como quien alza a un niño contra su mejilla y se baja para darle de comer (Os 11, 4).
128 DeGrandis Roberto, Curación a través de la misa, Ed. Minuto de Dios, Bogotá, p. 3.
129 ib. p. 30.
130 San Pedro Julián Eymard, Obras eucarísticas, Ed. Eucaristía, p. 3.
por Makf | 30 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
¡Cuánta luz y cuánto amor y ternura sale de los sagrarios de nuestras iglesias, mientras tantísimos católicos están muriendo de frío, porque están vacíos por dentro o porque han perdido la fe!
La Madre Teresa de Calcuta decía:
En el capítulo general que tuvimos en 1973, las hermanas pidieron que la adoración al Santísimo, que teníamos una vez por semana, la tuviéramos cada día, a pesar del enorme trabajo que pesaba sobre ellas. Esta intensidad de oración ante el Santísimo ha aportado un gran cambio en nuestra Congregación.
Hemos experimentado que nuestro amor a Jesús es más grande, nuestro amor de unas a otras es más comprensivo y nosotras tenemos el doble de vocaciones.
Pero, para muchos, Jesús Eucaristía es el gran desconocido, el Dios olvidado y abandonado.
En su vida terrena fue un hombre, en la hostia consagrada ni parece hombre y la mayoría de los católicos no le dan mucha importancia.
En su vida terrena, lo seguía mucha gente; en el sagrario está muy solo.
Pasa muchas noches en soledad, esperando que amanezca para que algún amigo venga a visitarlo. Y, sin embargo, del sagrario sale una luz divina que ilumina al mundo, mientras nosotros vamos a ciegas por la vida buscando estrellas de luz.
Él es la fuente de la vida y nosotros nos morimos de sed de amor.
Si queremos calentar nuestro espíritu, si necesitamos un amigo de verdad, si estamos tristes y necesitamos un poco de comprensión y alegría, ahí, en el sagrario, está Jesús, el amigo que siempre nos espera para bendecirnos y darnos todo lo que necesitemos.
Él esta deseando bendecirnos como bendijo a aquel niño, pequeño custodio de Jesús Eucaristía, en España.
Ocurrió en un pueblecito de España, llamado Almolda, de la provincia de Zaragoza, en el año 1936, durante la guerra civil.
Cuando los rojos (comunistas) entraron al pueblo, obligaron al hornero que quemase en su horno todas las imágenes de la iglesia, a las que habían hecho pedazos.
Cuando estaba quemando los restos de aquellas imágenes, el hijo del hornero, de tan solo cinco años de edad, vio que algo brillaba de modo especial.
Era el viril de la custodia que tenía todavía la hostia santa dentro de él.
En ese momento, el niño tomó la hostia con respeto y le dijo a su padre: Papá, aquí está Nuestro Señor.
Su padre le dijo: Guarda la hostia tú, hijo mío, que tú eres un ángel puro. El niño la cogió con respeto y la llevó a su habitación.
Durante el día, acompañaba a Jesús siempre que podía y durante la noche dormía junto a Él. Realmente, sintió un amor y un cariño especial por Jesús Eucaristía. Esto ocurrió durante más de dos años.
Al acabar la guerra, se avisó al párroco y se organizó una brillante procesión para llevar a Jesús hasta la iglesia parroquial.
Y pudo comprobarse que, a pesar del tiempo transcurrido, no se había corrompido la sagrada hostia.
El nombre de aquel niño era Antonio Peña y el de su padre José Peña Pallás, hornero del pueblo de Almolda124.
El padre Darío Betancourt cuenta: Una mañana me llamaron del hospital de Armenia, en Nueva York, para atender a Ann Greer, que llevaba dos meses inconsciente, rígida y con traqueotomía.
Yo le puse el portaviáticos (con Jesús Eucaristía) sobre la frente, que era el lugar donde había sido golpeada en un terrible accidente automovilístico.
Por la noche fuimos informados de que la niña había recobrado un poco de calor y sus miembros estaban más flexibles.
Al día siguiente, los médicos estaban admirados de la mejoría tan grande de la noche a la mañana. Dos días más tarde, reconocía y recordaba.
Una semana más tarde, Ann dejaba el hospital totalmente recuperada125.
Escribe el padre Ronald La Barrera: Durante una noche de adoración y alabanza, me llamó fuertemente la atención una niña de seis o siete años que, desde el momento en que expuse el Santísimo, vino delante del altar y estuvo las dos horas de rodillas o postrada con muchas lágrimas.
No podía creer lo que estaba viendo; por eso, al terminar, me dirigí hacia la niña para averiguar lo que le sucedía.
Ella me dijo que pedía a Jesusito que su papá volviera a casa.
Lo único que le dije fue: “El Señor ha escuchado tu oración y te dará fuerza para que aceptes su voluntad”.
Después me enteré que el papá hacía cuatro meses que se había ido de casa y nadie sabía nada de él. En todo ese tiempo, no se había comunicado con su familia ni por teléfono ni por carta.
Los vecinos ayudaban a la señora y a sus hijos para la comida y la dueña de casa esperaba que, en algún momento, le pudieran pagar.
Cada día que pasaba perdían, poco a poco, la esperanza de que el papá volviera.
Esta niña acudió aquella noche a Jesús y se postró delante de Él, lloró y suplicó durante dos horas para que su papá volviera…
Al día siguiente, a las 7 a.m., el papá apareció, tocando la puerta de la casa. Traía dinero para pagar la renta de la casa y llevó a su esposa e hijos a comer a un restaurante.
Algunos dirán que fue una coincidencia, pero para los que creemos en Dios sabemos que nada sucede sin que Él lo permita.
La oración humilde y sencilla de esta pequeñita, arrancó este milagro de Dios. Así la familia, libre de las angustias y tristezas, volvió a vivir con gozo y alegría el reencuentro con el papá126.
En otra ocasión: Habíamos terminado una noche de alabanza y adoración ante el Santísimo en Lindsey, California.
Pasamos dos horas maravillosas y nos despedíamos contentos de haber pasado unos momentos junto a Jesús. Alguien se acercó a pedirme que orara por un bebé; sus padres habían hecho dos horas de camino para llegar a la oración.
Les dije que Jesús es el que sana y nos pusimos delante del sagrario, con el papá que tenía al bebé de pocos meses de nacido y la mamá a su lado.
Un grupo de personas nos rodearon para unirse a la oración. El bebé tenía un soplo en el corazón y tenía que ser operado.
Los padres, con lágrimas en sus ojos, suplicaban a Dios por su hijo. De pronto, el bebé dejó de llorar y sonreía, y los padres, derramando lágrimas, también sonrieron.
Después me enteré que ya no necesitó la operación127.
124 Este caso fue publicado en el boletín parroquial del 29 de octubre de 1940. También se encuentra en el libro Milagros eucarísticos de Manuel Traval y Roset, Ed. Apostolado mariano, Sevilla, 2001, p. 306.
125 Betancourt Darío, La Eucaristía, p. 14.
126 La Barrera Ronald, El poder de la oración, Ed. Huellas, Trujillo (Perú), 2003, p. 80.
127 ib. p. 99.
por Makf | 30 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
La devoción de adorar a Jesús Eucaristía tiene sus antecedentes remotos en el amor con que los primeros cristianos guardaban la Eucaristía en las casas, cuando no había templos, para poder llevar la comunión fuera de la misa a los enfermos, a los presos y a otros que se encontraban en especiales necesidades.
¿Nos imaginamos con qué cuidado, respeto y devoción tendrían en sus casas aquellos primeros cristianos a Jesús Eucaristía? Y ¿con qué amor y devoción la llevarían a los enfermos, sabiendo que no era un simple pan bendito sino el mismo Señor Jesús?
Por eso, podemos comprender que el niño Tarsicio fuera capaz de dejarse matar antes de entregar a sus compañeros las hostias consagradas que llevaba a los enfermos.
Inmediatamente después de las persecuciones, en el siglo IV, según se dice en las Constituciones apostólicas, las hostias consagradas que sobraban, después de haber distribuido la comunión, se guardaban en un sacrarium (de ahí viene la palabra sagrario).
Pronto delante del sacrarium se colocó una lámpara encendida para manifestar la presencia viva de Jesús.
En el siglo VI, en el sínodo de Verdún, se manda guardar la Eucaristía en un lugar eminente y honesto, y si los recursos lo permiten, debe tener una lámpara permanentemente encendida, y se colocaba el pan eucarístico en unas cajitas preciosas.
De modo que ya el Papa León IV, en el siglo IX, dispone que en el altar solamente se coloquen las reliquias de los santos, los cuatro evangelios y la píxide (cajita) con el cuerpo del Señor para el viático a los enfermos.
El hecho de tener la Eucaristía sobre el altar, les da a las iglesias un ambiente de recogimiento y de respeto especial.
De modo que muchos se arrodillan, cuando van a la iglesia, adorando a Jesús allí presente.
Esta adoración al Santísimo Sacramento comienza a desarrollarse más, cuando, en el siglo XI, se hacen monumentos eucarísticos para la adoración el día del Jueves Santo, costumbre que continúa hasta el presente.
Esta devoción se incrementa, especialmente a partir de 1208, cuando Jesús se aparece a santa Juliana de Mont-Cornillon, una religiosa agustina de Lieja, en Bélgica.
Ella era una enamorada de Jesús Eucaristía, de modo que hasta físicamente encontraba en la comunión su único alimento.
Bajo el influjo de estas apariciones, el obispo de Lieja, Roberto de Thourotte, instituye en 1246 la fiesta del Corpus Christi.
En 1264, el Papa Urbano IV, antiguo arcediano de Lieja, extiende esta fiesta a toda la cristiandad por la bula Transiturus, que es una especie de carta magna sobre el culto eucarístico fuera de la misa.
San Francisco de Asís, en este mismo siglo XIII, antes de morir, aconseja en su Testamento:
Quiero que estos santísimos misterios del cuerpo y de la sangre de Cristo sean honrados y venerados por encima de todo y colocados en lugares preciosos.
Santo Tomás de Aquino (1224-1274) celebraba todos los días la misa a primera hora y luego asistía a otra.
Era un enamorado de la Eucaristía y compuso para su adoración himnos, que se han hecho famosos a lo largo de los siglos como Pange lingua, Lauda Sion o Sacris solemniis.
A partir de este siglo, la adoración eucarística va creciendo más y más en todo el mundo católico.
En ese tiempo, tiene su origen la devoción de la Cuarenta horas, que comienza en Roma.
En el siglo XIV se fundan muchas capillas de adoración al Santísimo Sacramento y se hace, frecuentemente, Exposición del Santísimo.
Hacia 1500, en muchísimas iglesias católicas del mundo, los domingos en la tarde se acostumbraba ya a rezar vísperas con Exposición del Santísimo.
En el siglo XVI se multiplican las Asociaciones y obras eucarísticas como Hora santa, Jueves sacerdotales, Cruzada eucarística, Guardia de honor, visitas al Santísimo, procesiones eucarísticas y congresos eucarísticos diocesanos, regionales o nacionales.
En 1881 comenzó el primer Congreso eucarístico internacional en Lille (Francia), motivado por Emile Tamisier.
Actualmente, en muchos lugares, la adoración del Santísimo Sacramento tiene cotidianamente una importancia destacada y se convierte en fuente inagotable de santidad.
La participación de los fieles en la procesión eucarística en la solemnidad del Corpus Christi es una gracia de Dios, que cada año llena de gozo a quienes toman parte en ella (EE 10).
San Alfonso María de Ligorio escribió:
Entre todas las devociones ésta de adorar a Jesús sacramentado es la primera, después de los sacramentos, la más apreciada por Dios y la más útil para nosotros (EE 25).
El Papa Juan XXIII, en su Diario de un alma, declara que tenía la costumbre de hacer frecuentes visitas al Santísimo, es decir, a Jesús sacramentado. Y eso lo convirtió en el Papa tan alegre que el mundo entero llegó a amar.
Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, cuando le preguntaban por qué sonreía tanto y por qué era tan alegre, respondía:
Porque Jesús en el Santísimo Sacramento me ama mucho.
El Papa Juan Pablo II se pasaba dos horas diarias ante Jesús sacramentado y hacía frecuentes visitas a Jesús Eucaristía.
La beata Madre Teresa de Calcuta, cuando le preguntaban qué será lo que convertirá al mundo, decía sin dudar: la oración.
Y añadía:
En cada parroquia es preciso orar delante del Santísimo Sacramento en horas santas de adoración.
por Makf | 30 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
La beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824), nos habla de la Eucaristía en muchas de sus visiones y revelaciones:
Vi que los apóstoles se dispersaron por países lejanos y que los cristianos no tenían todavía iglesias, sino que se reunían en salas.
Vi que los apóstoles guardaban en sus casas la Eucaristía y que, cuando la llevaban a la celebración, los fieles iban detrás de ella con mucho respeto; en esto me fue mostrado el origen de las procesiones y del culto público a la Eucaristía…
Vi que los cristianos recibían el sacramento en sus propias manos y luego lo ponían en la boca.
Vi que las mujeres lo recibían en sus manos, pero tomándolo con un paño pequeño.
Vi también que, en un principio, los cristianos podían llevar consigo el Santísimo Sacramento a sus casas y tenerlo pendiente del cuello en una bolsa o cajita con una funda, en la cual estaba envuelto en un lienzo pequeño.
Vi que, cuando esta costumbre fue perdiéndose, aún se permitió durante largo tiempo, en ciertos lugares a personas piadosas, el conservarlo así.
De este modo, vi una tras otra muchas cosas sobre la comunión en ambas especies120.
En una gran ciudad de un país lejano y cálido, donde se producían frutos como dátiles, vi a los cristianos reunidos dentro de la iglesia y a los sacerdotes junto al altar. En la puerta se produjo un gran tumulto.
Un tirano feroz, montado en un caballo blanco quiso entrar en la iglesia para burlarse de los fieles, forzando a entrar en la iglesia a aquel indómito animal.
Me parecía oír a aquel hombre que decía: Ahora verán los cristianos, si su Dios de pan es verdadero Dios.
Muy grande era la angustia de los cristianos que estaban dentro de la iglesia. Pero el sacerdote dio la bendición con el Santísimo Sacramento, mirando hacia el lugar donde estaba el tirano.
Entonces, el caballo se quedó como clavado en el suelo, cual si hubiera echado raíces.
El sacerdote se acercó a la puerta de la iglesia con el Santísimo Sacramento en las manos y, apenas se llegó a la bestia, ésta se prosternó de rodillas humildemente.
A la vista de este prodigio, el tirano y los que le seguían se sintieron transformados, se arrodillaron, entraron en la iglesia y se convirtieron121.
Una vez, llegué en visión a cierto lugar donde se celebraba una procesión del Santísimo Sacramento.
Al Santísimo lo vi rodeado de ángeles y de otros bienaventurados, todos con gran magnificencia y esplendor.
El Santísimo tenía forma de niño del todo transparente en medio de un sol esplendoroso.Lo que he visto es realmente inefable.
Si los que llevaban y acompañaban al Santísimo, hubieran visto lo que yo veía, habrían caído al suelo con temor y asombro y no habrían podido seguir llevándolo y acompañándolo122.
En otra ocasión, unos ladrones cometieron un robo sacrílego en una iglesia.
Cuando los ladrones volcaron las hostias sagradas sobre el altar, dijo uno de ellos:
Quiero hacer un lecho a Nuestro Señor. El espectáculo era horrible.
Cada uno de los ladrones tenía un demonio que lo ayudaba.
Pero yo vi a los ángeles sobre el cuerpo del Señor, adorándolo123.
120 Ana Catalina Emmerick, Visiones y revelaciones, Ed. Guadalupe, México, 1944, p. 285.
121 ib. p. 286.
122 ib. p. 293.
123 ib. p. 468.
por Makf | 30 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
SCOTT HAHN, pastor y teólogo norteamericano, cuenta cómo comenzó su conversión, yendo a una misa católica por curiosidad:
Allí estaba yo, un ministro protestante de paisano, deslizándome al fondo de una capilla católica del Milwaukee para presenciar mi primera misa.
Me había llevado hasta allí la curiosidad y todavía no estaba seguro si era una curiosidad sana…
Me prometí no arrodillarme ni tomar parte en ninguna idolatría. Me senté en la penumbra en un banco de la parte de atrás.
Delante de mí había un buen número de fieles, hombres y mujeres de todas las edades.
Me impresionaron sus genuflexiones y su aparente concentración en la oración.
Como evangélico calvinista se me había preparado durante años para creer que la misa era el mayor sacrilegio que un hombre podía cometer.
Me habían enseñado que la misa era un ritual que pretendía volver a sacrificar a Jesucristo. Así que permanecí como mero observador.
Me quedé sentado con mi Biblia abierta junto a mí…
La experiencia fue sobrecogedora. Quería interrumpir a cada momento y gritar:
Eh, ¿puedo explicar en qué sitio de la Escritura sale eso? ¡Esto es fantástico! Pero aún mantenía mi posición de observador.
Permanecía al margen hasta que oí al sacerdote pronunciar las palabras de la consagración: Esto es mi Cuerpo… Este es el cáliz de mi Sangre. Sentí, entonces, que todas mis dudas se esfumaban.
Mientras veía al sacerdote alzar la blanca hostia, sentí que surgía de mi corazón una plegaria como un susurro: Señor mío y Dios mío. Realmente eres Tú…
Volvería a la misa al día siguiente y al siguiente y al siguiente118.
Él descubrió a Jesús en la Eucaristía y, por eso, dice:
A los hermanos separados les falta nada menos que la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
¿Acaso nos pide demasiado Nuestro Señor a los católicos al decirnos que hagamos más, mucho más, para ayudar a nuestros hermanos separados a descubrir en el Santísimo Sacramento al Señor que tanto aman?
Si nosotros no lo hacemos, ¿quién lo hará?…
Él dice: Volved a casa en la Iglesia fundada por Cristo. La cena está preparada y el Salvador nos llama119.
118 Hahn Scott, La cena del Cordero, Ed. Rialp, Madrid, 2003, pp. 27-28.
119 Hahn Scott y Kimberly, Roma, dulce hogar, Ed. Rialp, Madrid, 2003, p. 198.
por Makf | 30 Oct, 2025 | La Eucaristía el Tesoro Más Grande del Mundo
Autor: P. Angel Peña O.A.R
AMES J. PITTS había sido pastor presbiteriano durante 25 años.
Un día fue a hacer un retiro espiritual al monasterio benedictino de Nuestra Señora de Guadalupe, en Pecos, Nuevo México, USA.
Fue con su esposa Sandra.
Y dice:
La comunidad benedictina tenía adoración de 6.30 a 7.30 cada tarde. Una gran hostia consagrada era colocada en una custodia para adorar a Jesús. Todos estaban de rodillas.
Después de unos minutos de leer la Biblia, yo miré la hostia y vi una luz radiante, que brilló como si saliera de ella.
De pronto, un sentimiento de amor vino sobre mí, sin saber por qué. Yo me arrodillé de nuevo y oré al Señor.
No podía apartar mis ojos de la hostia y decía:
¿Cómo puedo saber que tú estás aquí con nosotros, Señor?…
La presencia de Cristo en la Eucaristía y el amor a María me llevó a abrir mi corazón a Dios.
Durante la cuaresma de 1999, en el fin de semana de la fiesta de la Anunciación, yo y mi esposa Sandra fuimos recibidos en la Iglesia católica por el buen obispo de Alexandría117.
117 Moss Rosalind, Home at last, Ed. Catholic Answers, San Diego, 2000, pp. 26-30.