19.2» Los santos y la Eucaristía – San Pascual Bailón (1540-1592)

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Es el patrono de los Congresos eucarísticos y de las Asociaciones eucarísticas.

Según las Actas del Proceso de la canonización, que se guardan en los archivos de los padres franciscanos españoles del convento de Santi Quaranta de Roma (Transtevere), dicen testigos presenciales:

En una ocasión, estando en el campo guardando las ovejas, Pascual oraba de rodillas con las manos juntas.

Se oye en ese momento el sonido de la campana y el joven exhala un grito: ¡Mirad! ¡Allá, allá!, indicando el cielo. Sus ojos ven una estrella en el firmamento…

Luego la nube se rasga y Pascual contempla, como si estuviera delante del altar, una hostia puesta sobre un cáliz y rodeada por un coro de ángeles, que la adoran…

El joven, llevado de transportes de alegría, dice: “Jesús, Jesús se encuentra allí57.

Después de muerto, durante la misa de cuerpo presente, abrió dos veces los ojos en el momento de la elevación de la hostia y en la elevación del cáliz.

Este milagro, atestiguado por numerosísimas personas, fue reconocido en el proceso de beatificación y mencionado por el Papa Inocencio XII en la bula Rationi.

Y León XIII hace alusión a él en la bula Providentissimus del 28-XI-1897.

Como si el santo quisiera hablarnos a todos y darnos ejemplo de su amor a Jesús Eucaristía, aun después de su muerte.

Incluso, durante mucho tiempo, en su sepulcro se oían, de vez en cuando, unos golpes, como si dijera a todos: No se olviden, Jesús sigue esperándolos en la Eucaristía.

57 Citado por Beaufays Ignacio, Historia de san Pascual Baylón, Ed. Gratis date, Pamplona, 2001, p. 19.

19.1» Los santos y la Eucaristía – Beata Imelda Lambertini

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Desde muy niña, sintió un amor inmenso a Jesús Eucaristía y deseaba recibir la comunión lo antes posible; pero, en aquel tiempo, sólo podían recibir la primera comunión a los doce años.

Sus padres la llevaron a vivir con las religiosas del convento de dominicas de santa María Magdalena de Valdipietra de Bologna (Italia).

Cada vez que las religiosas se acercaban a comulgar, ella sentía unos vivos deseos de recibir a su amigo Jesús.

El 10 de mayo de 1333, fiesta de la Ascensión del Señor, la comunidad estaba oyendo la santa misa.

Cuando la misa terminó, las hermanas se retiraron y ella se quedó sola para seguir orando. Pero, entonces, ocurrió un prodigio, que vio alguna religiosa que entró a la iglesia.

Una hostia blanca y brillante aparecía suspendida encima de la cabeza de Imelda. Inmediatamente, llamaron a un sacerdote que tomó la hostia y la colocó en una patena.

El sacerdote interpretó el suceso como que el Señor quería que Imelda, que tanto lo deseaba, pudiera comulgar y le dio la hostia en comunión.

En ese momento, se sintió tan encendida en amor a su Señor que se quedó en éxtasis, del que nunca más volvió, pues murió ese mismo día. Era el 12 de mayo de 1333 y tenía 11 años.

Muchas personas comenzaron, inmediatamente después de su muerte, a considerarla como una santa y a invocarla.

Su cuerpo incorrupto se conserva en la iglesia de san Segismundo de Bologna.

Fue beatificada por el Papa León XIII en 1826.

En 1922 se fundó una Comunidad religiosa de dominicas de la beata Imelda, que tiene como carisma propagar el amor a la Eucaristía por medio de la adoración perpetua.

El Papa san Pío X la nombró patrona de los niños que hacen su primera comunión.

56 Notas sacadas de los libros de Corredor Antonio, Prodigios eucarísticos, Ed. apostolado mariano,
Sevilla, 1987, p. 45; Lord Bob y Penny, Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre, Ed. Journeys of faith,
1987, p. 87-91.

18» Milagros eucarísticos

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Son muchísimos los milagros, que Jesús ha hecho para confirmar su presencia real en el sacramento de la Eucaristía.

No quiero repetir los que ya escribí en mis libros Jesús Eucaristía, el amigo que siempre te espera o Milagros vivientes. Pero veamos algunos otros.

- En la localidad de Silla, al Sur de España, en 1907, un desconocido robó de la iglesia las hostias consagradas del sagrario.

Aparecieron a los pocos días enterradas, pero exactamente igual que antes, es decir, incorruptas. Este hecho fue considerado milagroso en 1934.

A comienzos de la guerra civil (1936-1939), por el peligro de que de nuevo fueran profanadas.

Elodia Carbonell, que entonces era una adolescente, llevó las hostias incorruptas milagrosas a su casa y las escondió en el marco de una puerta.

Al finalizar la guerra, ella misma las devolvió a la parroquia.

Ella no tuvo miedo de esconder a Jesús, a pesar de los peligros de que fuera descubierto el hecho por las autoridades comunistas.

Y ella se pasaba mucho tiempo adorando a Jesús, escondido detrás de la puerta. Un ejemplo de valentía y de amor a Jesús para todos nosotros.

- El obispo Roman Danylak, administrador apostólico de la Eparquía de Toronto para los católicos ucranianos, ha testificado que, durante su visita a Corea, celebró la misa el jueves 22 de setiembre de 1995 a las 5 p.m. junto con los sacerdotes Luis Chang y Joseph Meter Finn.

Le dio la comunión bajo las dos especies a Julia Kim, mística coreana mundialmente conocida, y a otras once personas presentes. La sagrada hostia, recibida por la señora Julia Kim, había cambiado en carne y sangre vivientes.

Después de la misa, la señora Kim compartió que había experimentado la carne de Jesús como de espesa consistencia y copioso flujo de sangre.

El sabor de la sangre permaneció en ella durante algún tiempo. Este milagro le ha ocurrido varias veces.

La primera vez le sucedió el 5 de junio de 1988, cuando asistía a misa en el santuario italiano de Lanciano, donde se guarda la carne y sangre del milagro eucarístico, famoso en el mundo.

También le ocurrió el 24 de setiembre de 1994 en su parroquia de Naju, en Corea. Y el 24 de noviembre de ese año en presencia del nuncio apostólico de Corea, Monseñor Giovanni Bulaitis.

Pero el hecho más extraordinario ocurrió la mañana del martes 31 de octubre de 1995 en Roma, en la capilla privada del Papa, quien al darle la comunión, pudo comprobar que se había convertido en carne y sangre. El Papa se arrodilló y besó su mano54.

- En el pueblecito de Moure55, concejo de Barcelos, a 14 kms. de Braga, en Portugal, ocurrió un milagro eucarístico el 18 y 19 de mayo de 1996.

El párroco, Antonio Duarte Miranda, de 69 años, después de celebrar la misa de 7 p.m., hizo la Exposición del Santísimo Sacramento.

En el momento de incensar la custodia, se dio cuenta de que en la hostia consagrada se veía la imagen de Jesús con la cabeza coronada de espinas, las manos cruzadas sobre el pecho y los ojos abiertos, pero hacia abajo, con el rostro triste. Después de la ceremonia, se fue a cenar sin decir nada a nadie.

Cuando estaba terminando de cenar, fue llamado urgentemente por teléfono para decirle que las 200 personas, que había en la iglesia, estaban viendo la imagen de Jesús, que se asemejaba a la imagen del santo Cristo, que se venera en las Azores.

Regresó a la iglesia y con ayuda de un ministro extraordinario de la Eucaristía, hicieron algunas experiencias.

Apagaron gradualmente las luces y, aún estando totalmente apagadas y la iglesia en oscuridad, se seguía viendo la imagen, como si la hostia tuviera luz propia.

También hicieron girar la custodia a la derecha e izquierda a ver si se trataba de algún efecto de la luz y siempre se veía, desde todos los ángulos, la misma imagen de Jesús. Todos los presentes la vieron.

A las 11,30 p.m. se hizo la acostumbrada reserva de la Eucaristía y dejó de verse la imagen en la hostia.

Al día siguiente, que era domingo, se hizo la Exposición del Santísimo sacramento a las 8 a.m. y comenzó a verse de nuevo la imagen hasta la noche, en que, después de la misa, el párroco partió la hostia santa en pedacitos y los dio a comulgar a los feligreses.

En total, serían unas 500 personas las que vieron la imagen de Jesús, incluso el sacerdote Olavo Teixeira Martins, que llegó esa tarde del domingo.

Por todo esto, el consejo parroquial determinó que todos los 18 de mes hubiera una hora de desagravio al Santísimo Sacramento de 10 a 11 de la noche, considerando que la imagen de Jesús estaba triste a causa de tantos pecados del mundo entero.


54 Pueden verse datos sobre la mística Julia Kim en el libro de Piero Vigorelli, Miracoli, Ed. Piemme, 2002, pp. 207-210. También es interesante el libro de Spies, Messaggi della Vergine di Naju, Ed.
Segno. Y pueden verse fotos de Julia Kim con el Papa en www.reinadelcielo.org/naju.htm
55 Puede leerse el libro de Fernando Leite, Prodigio eucarístico, Ed. A.O., Braga, 1996.

17» La Eucaristía y los santos Padres

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

San Ignacio de Antioquía (†107) decía:

Los herejes se apartan de la Eucaristía, porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la misma que padeció por nuestros pecados, la misma que por su bondad resucitó el Padre43.

La Eucaristía es alimento para vivir siempre en Cristo Jesús44.

San Ireneo de Lyon (†200) afirma:

Así como el pan y el vino, recibida la palabra de Dios se hacen Eucaristía, es decir, cuerpo y sangre de Cristo, así también nuestros cuerpos, alimentados con la Eucaristía, resucitarán a su debido tiempo para gloria de Dios Padre45.

San Cirilo de Jerusalén (315-387) dice:

Lo que parece pan, no es pan; aunque al gusto le parece tal, sino que es el cuerpo de Cristo, y lo que parece vino, no es vino, aún teniendo el gusto, sino la sangre de Cristo46.

San Ambrosio (340-397), luchando contra los arrianos, que negaban la divinidad de Cristo, decía:

Mi alimento es la carne de Dios, mi bebida es la sangre de Dios47.

Tal vez dices: Mi pan es común. Pero este pan es pan antes de las palabras sacramentales; cuando se añade la consagración, el pan se hace carne de Cristo.

¿Y cómo puede ser que el pan sea cuerpo de Cristo?

Esta consagración ¿con cuáles palabras se realiza y de quien son estas expresiones? Del Señor Jesús.

Porque todo lo demás que se dice antes, son palabras del sacerdote.

Pero, cuando llega el momento de efectuar el venerable sacramento, el sacerdote ya no pronuncia sus palabras, sino las de Cristo.

Luego la palabra de Cristo es la que realiza el sacramento48.

San Cirilo de Alejandría (†444), que estuvo presente en el concilio de Éfeso el año 431, donde se definió que María era Theotokos, es decir, Madre de Dios, afirma:

Cuando celebramos en las iglesias el santo, vivificador e incruento sacrificio de la misa, no consideramos que lo que tenemos delante sea el cuerpo de un hombre común como nosotros o que lo sea la sangre preciosa, sino que lo recibimos como lo que se ha convertido en el cuerpo y la sangre propios del Verbo, que a todo da vida49.

San Juan Crisóstomo (†407):

No es un hombre quien hace que las ofrendas se conviertan en cuerpo y sangre de Cristo, sino el mismo Cristo sacrificado por nosotros, el cual está representado por el sacerdote en la misa50.

San Agustín (357-430) dice:

Hácense las ceremonias y recítanse las preces para que el pan y el vino se conviertan en el cuerpo y sangre de Cristo.

Suprimidas las palabras no hay más que pan y vino.

Pronunciadas las palabras, el pan y el vino hácense otra cosa.

Y esta cosa, ¿qué es? El cuerpo y la sangre de Cristo.

Lo repetimos: antes de pronunciar las palabras sólo hay pan y vino, al pronunciar las palabras se convierten en el sacramento51.

¡Oh sacramento de piedad! ¡Oh signo de unidad! ¡Oh vínculo de caridad! Quien quiere vivir, sabe dónde está su vida y sabe de dónde le viene la vida. Acérquese, crea, incorpórese para ser vivificado52.

Este pan que vosotros veis sobre el altar santificado por la Palabra de Dios, es el cuerpo de Cristo.

Lo que contiene el cáliz santificado por la Palabra de Dios, es la sangre de Cristo53.

Y podríamos seguir anotando más textos, pero creemos que son suficientes para demostrar que, desde el principio mismo de la Iglesia, todos creían en la divinidad de Cristo y en su presencia real en el sacramento de la Eucaristía.

Ya en el año 70, en el primer catecismo católico, llamado Didache o doctrina de los doce apóstoles se dice:

Reuníos en el día del Señor, partid el pan (celebrad la misa) y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro…

Que no se atreva nadie a acercarse a comer o beber la Eucaristía si no ha sido antes bautizado.


43 Carta a los de Esmirna 7, 1.
44 Carta a los efesios, 20, 2.
45 Contra los herejes V, 2, 3.
46 Cateq 4, 9; PG: 33, 1104.
47 De sacramentis IV, 5, 24.
48 Sobre los oficios de los ministros IV, 4, 14.
49 Explanatio 12 capitulorum Anathem. 11.
50 De proditione Iudae I, 6.
51 Sermón 6, 3; MA I, 30-31.
52 In Io. Ev. Tr. 26, 13.
53 Sermón 227; MA I, 462.

16» Los ángeles y la Eucaristía

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Una de las cosas más maravillosas de la Eucaristía es que, están también millones de ángeles y santos, adorando a Jesús, como a su Dios y Señor.

Por supuesto, nosotros no podemos verlos con nuestros ojos corporales, pero debemos verlos, con los ojos del alma, con los ojos de la fe.

Los ángeles están adorando a Jesús y, durante la misa, se hacen presentes de una manera especial.

En el momento del Gloria, cantan como en Navidad: Gloria a Dios en cielo…

En el momento del ofertorio, los ángeles custodios de los presentes presentan sus ofrendas e intenciones a Jesús.

Cuando las personas no tienen nada que presentar ni que pedir, porque están en la misa por compromiso social o sin devoción, sus ángeles custodios están tristes de no tener nada que ofrecer.

En el momento del Santo, todos los ángeles presentes se unen al canto de los serafines en el cielo y cantan a su Dios.

En el momento de la consagración, millones de ángeles del universo vienen hasta el altar para adorar a Jesús.

Y, en el momento de la comunión, los ángeles custodios acompañan alegres a quienes van a comulgar, pero qué tristes estarán los ángeles de quienes comulgan en pecado o sin devoción o de quienes no comulgan y así se pierden infinidad de bendiciones, que Dios tenía para ellos.

Los ángeles custodios de las personas se alegran mucho, cuando uno va a la iglesia a visitar a Jesús y, mucho más, si va a asistir a la misa con fervor y devoción.

Los ángeles y el sagrario están íntimamente unidos, porque no dejan solo a su Dios, de quien reciben tanto amor y felicidad.

Los ángeles lo adoran por nosotros, aunque Jesús esté solo, durante las horas de la noche o a lo largo del día.

Los ángeles custodios de los sacerdotes ofrecen a Jesús la ofrenda de su vida durante la misa, pues la misa es la misa de Jesús y consiste fundamentalmente en el ofrecimiento que Jesús hace de sí mismo al Padre por la salvación del mundo.

Y en este ofrecimiento quiere que se le unan los sacerdotes y los fieles presentes.

En la liturgia (misa) no sólo estamos reunidos unos con otros, sino que hay alguien más. Nos encontramos asociados a los ángeles, mirando la faz de Dios.

Con nuestras voces nos unimos a sus coros y las suyas se juntan con nosotros.

De aquí viene la grandeza de la Liturgia; porque en ella elevamos nuestros ojos hacia los ángeles y, con ellos, nos ponemos ante la faz del Creador.

Si comprendemos a fondo lo que esto significa, la liturgia será para nosotros una fuente de alegría que jamás podrá ser comparada con todas esas fiestas que nosotros hemos inventado y en las cuales no se hermanan los cielos y la tierra.

Y, al tener la certeza de que estamos ante los ángeles de Dios y que ellos mismos están entre nosotros, brotará con nuestro gozo el espíritu de adoración hacia la inmensa Presencia que nos envuelve41.

En resumen, los ángeles acompañan a Jesús Eucaristía y nos invitan continuamente a acercarnos a Jesús y hacerle compañía.

¡Dichoso quien escucha su voz y va cada día a adorarlo y a hacerle compañía y, sobre todo, asiste a la misa!

Dice san Juan Crisóstomo que, en la misa los ángeles asisten al sacerdote, entonan cantos y llenan el recinto alrededor del altar, para honrar a Dios que ahí está presente42.

Personalmente, tengo la costumbre de invitar a todos los ángeles del universo y, especialmente, de mis familiares y amigos a unirse a mí en la celebración de la misa.

¡Es muy hermoso celebrar la misa, rodeado de millones de ángeles!


41 Ratzinger Joseph, De la mano de Cristo, Ed. Eunsa, Pamplona, 1998, p. 72.
42 San Juan Crisóstomo, Diálogo sobre el sacerdocio VI, 4; PG: 48, 681

15» María y la Eucaristía

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

María es mujer eucarística con toda su vida (EE 53).

Cuando en la visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en tabernáculo, el primer tabernáculo (sagrario) de la historia, donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como irradiando su luz a través de los ojos y la voz de María.

Y la mirada embelesada de María, al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística? (EE 55).

Dice san Efrén: María nos da la Eucaristía en oposición al alimento que nos da Eva. María es, además, el sagrario donde ha habitado el Verbo que se ha hecho carne, símbolo de la morada del Verbo en la Eucaristía.

El mismo cuerpo de Jesús, nacido de María, es nacido para hacerse Eucaristía40.

Recibir la Eucaristía debía significar para María, como si acogiera de nuevo en su seno el corazón que había latido al unísono con el suyo y revivir lo que había experimentado en primera persona al pie de la cruz…

Así como la Iglesia y la Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía.

Por eso, el recuerdo de María en la celebración eucarística es unánime ya desde la antigüedad, en las Iglesias de Oriente y Occidente (EE 56).

María… está presente cada domingo en la Iglesia. ¿Cómo podría ella, que es la Madre del Señor y Madre de la Iglesia, no estar presente por un título especial, el día, que es a la vez día del Señor y día de la Iglesia?...

De domingo en domingo, el pueblo peregrino sigue las huellas de María y su intercesión materna hace particularmente intensa y eficaz la oración que la Iglesia eleva a la Santísima Trinidad (DD 86).

Ciertamente, María, como Madre de todos nosotros, no puede estar ausente de sus hijos en el momento más importante en que están reunidos para celebrar la Eucaristía y unirse a Jesús en la comunión.

Porque, junto a Jesús, siempre está María; María y Jesús son inseparables. Hace dos mil años, María vivía para Jesús, para servirlo y hacerlo feliz.

Y ahora está para servirnos y hacernos felices a nosotros, llevándonos a su Hijo Jesús.

María es el camino hacia Jesús, es la estrella que nos lleva a Belén. La estrella que nos guía a la Eucaristía, donde Jesús siempre nos espera. Y en el sagrario, como en la cueva de Belén, junto a Jesús, siempre está María, realmente presente.

Si queremos hablar con Jesús en persona, vayamos a la Eucaristía; si queremos hablar con María personalmente, vayamos a la Eucaristía.

En la Eucaristía nos encontraremos siempre con Jesús y María.

Centrando nuestra vida en Jesús Eucaristía, imitaremos a María, pues la Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea como la de María, toda ella un magnificat (EE 58). María guía a los fieles a la Eucaristía (RM 44).

Ella es madre de Cristo y, podemos decir, que es también madre de la Eucaristía, por ser la madre de Jesús Eucaristía.


40 E. Back, Corpus scriptorum christianorum orientalium, 218-219, Lovaina, 1961.

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