Nosotros y la Comunidad

Un individuo que no sabía cómo hacer para sentirse dentro de una comunidad, en la cual le costaba ver el amor entre los hermanos, porque veía las características particulares de cada uno, y eran muy distintos como para ser los unos para los otros, se sentó a orar, pidiéndole al Señor que le mostrara la forma de amar a su comunidad.

Luego de un tiempo, y en el anhelo de recibir la respuesta del Señor, se encontró con un hombre que miraba un grupo de piedras de diferentes tipos: unas de cemento, otras de rubí, otras de plata, otras de arcilla, todas muy distintas entre sí. Y el hombre le preguntó:

"¿Qué ve usted, amigo mío?"."Un grupo de piedras"-respondió él."Y… ¿qué aprecia en ellas?" "Veo que hay unas muy bonitas, que hay que cuidar, otras que hay que limpiar, y otras que yo tiraría". Y el hombre le respondió: - "Muy buena apreciación particular de lo que tengo. Venga mañana y le mostraré lo que yo
veo". Al día siguiente regresa el individuo y se encuentra un hermoso mural de Cristo resucitado, realizado con todas las piedras que él había clasificado según su parecer. Y el hombre que realizó el mural le dijo:

  • "Yo veía este gran mural y entraba en una profunda reflexión de cuales eran las
    piedras que usaría, y decidí iniciarlo sin sacar ninguna; y cuando lo terminé, me di cuenta que necesitaba cada una de ellas, y que ahora, si quito alguna de las piedras, el mural estaría incompleto".

"Esto me enseñó dos cosas: Una, que el valor particular de cada una de ellas, según mi parecer, no es el mismo valor que le da Dios a ellas; y en segundo lugar, si yo fuera una de estas piedras que forman el Cuerpo de Cristo, para que yo me vea bien en este mural, sólo tendría que quedarme en el sitio que me corresponde, porque de lo contrario, no sería la figura exacta de lo que el autor quería".

El individuo se marchó con una nueva enseñanza y con una nueva forma de orar:

  • "Señor, muéstrame cual es mi misión, y sobre todo, enséñame a amarte en cada uno
    de mis hermanos".

No Seas de Esos…

No seas de los que solamente critican… ya tenemos muchos de esos.

No seas de los que gritan improperios… ya tenemos muchos de esos.

No seas de los que toman licor hasta caer… ya tenemos muchos de esos.

No seas de los que son infieles a sus cónyuges… ya tenemos muchos de esos.

No seas de lo que no se preocupan por lo otros… ya tenemos muchos de esos.

No seas de los que dicen no creer en Dios… ya tenemos muchos de esos.

¡Sé de los que llevan palabras de aliento, hablan decentemente, se mantienen sobrios, fieles, que se preocupan por los demás… de esos ¡sí hay pocos!

¡Sé de los que creen y confían en Dios y por eso todo les sale bien!

En este mundo, donde siempre se desafía a "ser como deseas ser", te influyen a vivir más bien como el mundo desea y no como deseamos ser. Atrévete a ser diferente, no seas del montón que hace lo que el mundo dicta. Sé paciente, amable, amigo de Dios.

¡ESO ES SER DIFERENTE Y SER TU MISMO…! ¡ATRÉVETE!

Ahora sí…

"SÉ COMO DESEAS SER"

No Olvides los Días Hermosos

No olvides los días hermosos…

Cuando estés cansado, cuando estés en desacuerdo con lo que te rodea. Cuando estés desesperado y te sientas profundamente desgraciado…, acuérdate tan sólo un momento de los días hermosos.

Cuando te reías y bailabas, cuando estabas alegre con todo como un niño sin problemas…, no olvides los días hermosos

Cuando el horizonte, por lejano que lo veas, aparece oscuro y sin luz. Cuando tu

Corazón esté lleno de tristeza y quizás también lleno de amargura. Cuando aparentemente toda esperanza de nueva alegría ha desaparecido, ¡te lo suplico…!, busca cuidadosamente entre los recuerdos los días hermosos.

Los días en que todo marchaba bien sin nubes en el cielo, cuando cerca de ti había alguien que te hacia sentir amparado; cuando podías todavía entusiasmarte…, no olvides los días hermosos.

Si los olvidas, no volverán jamás a sonreír.

Vuelve a ser dueño de ti mismo.

Llena tu espíritu de pensamientos alegres, tu corazón de misericordia, dulzura y de amor; tu boca de una sonrisa, y todo volverá a ir bien…

No Estás Solo

Tú no estás solo, jamás lo has estado y nunca lo estarás. Dios está contigo en cada segundo de tu vida, más cerca que tus propios pensamientos. Sólo es tu mente la que te hace creer que Dios te puede abandonar, pero ésto es imposible.

Te voy a explicar: Dios está en el aire que estás respirando y te da la vida. Si te pones la mano en el corazón, verás que ese latido de vida es Dios en tu corazón.

El sol que nos viene a alumbrar cada mañana, es una bendición de Dios para tí, para que vivas y seas feliz.

¡Tú no tienes por qué estar triste nunca! El estado natural del hombre es la felicidad, lo que pasa es que vivimos quejándonos por todo lo malo, en vez de dar gracias por todo lo que tenemos y ésto nos pone tristes.

Comienza ya a dar gracias por el aire que respiras, por cada objeto de vestir o del adorno que llevas en el cuerpo, por la cama que tienes, por cada pedacito de comida que te llevas a la boca, por cada canción que te sabes.

Cada vez que pienses en quejarte, busca algo por lo cual dar gracias a Dios.

Acostúmbrate a decir por todo: "Gracias Padre" y tú vas a ver como tu mundo va a cambiar.

Comienza a sonreír/e a todo sin importar lo que te diga la gente, es mejor sonreír que estar mal encarado. Sonríete al guardia, al médico, al abogado, al barrendero, al cajero, a los que cocinan, al chofer, a la enfermera. Sonríe/e al mundo y verás que el mundo te sonreirá también.

El rencor y el odio son la madre de la infelicidad. Comienza a perdonar ya a todo el mundo, no importa lo que te hayan hecho o dicho, eso es problema del que condena; el tuyo, es el de perdonarlos. Diles: Te doy mi amor y mi perdón.

Si hablan mal de tí, te critican o te condenan, eso no importa, de los más grandes seres se han dicho las peores cosas. Piensa: Si eso es lo que dicen, ¿dónde está lo que hacen? Yo soy una persona que hago y sólo me entiendo con los que hacen y no con los que dicen.

Si has perdido algo o te han robado, eso tampoco importa. Acuérdate que lo verdaderamente valioso y eterno en tí nadie te lo puede quitar, es tu amor, tu alma y tu derecho soberano de sentir y pensar.

"Lo maravilloso de cuando se pierde o te roban es que… ¡solamente nos queda Dios!".

Acostúmbrate a bendecir en vez de maldecir o decir malas palabras y verás que las cosas se transforman. Di constantemente a todas las cosas y a todas las personas, no importando lo que sean, hagan o digan: "Dios te Bendice". ¡Y Dios que vive en tí, la bendecirá!

Cada vez que no sepas qué hacer, estés desesperado y no te acuerdes de nada, repite simplemente el nombre de Dios tantas veces cuanto te sea necesario y verás milagros.

No Acumules Penas

Acostumbro tener un calendario del cual, día a día, arranco la hoja del día anterior.

Algo bastante simple, excepto cuando dejé de hacerlo por un par de meses, y al tratar de arrancar todas las hojas atrasadas no pude hacerlo, pues una a la vez es fácil, pero todas juntas es muy diferente.

Lo mismo sucede con nosotros cuando no nos perdonamos día a día, o cuando guardamos rencores o sufrimientos.

Muchas veces nosotros mismos no nos perdonamos los errores y decidimos cargarlos en silencio, haciendo cada vez más difícil la tarea de arrancarlos de nuestras vidas.

Pero no acumules más hojas de tu vida; decide hoy arrancarlas de tí y ser libre, pues para eso fuiste hecho.

No acumules tus penas y dáselas cada día a quien ya pagó por todas y cada una de ellas en una cruz.

Niño

Si quieres descubrir la inocencia, asómate a la sonrisa de un niño.

Si quieres saber el por qué del sufrimiento, ve en la profundidad de los ojos de un niño.

Si quieres conocer el por qué de las cosas, pregúntale a un niño.

Si quieres saber por qué construimos nuestros caminos, fíjate en las manos de un niño.

Si quieres acabar con tus problemas, juega con un niño.

Si quieres la compañía de alguien en tu soledad, hazte amigo de un niño.

Si quieres crecer como un niño, ten alma y sueños de niño.

Y si quieres que tu vida sea feliz, nunca dejes de ser niño.

"…porque el reino de Dios pertenece a quienes son como ellos” Mt. 19;14

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