Un Milagro de Guerra

Durante la guerra en Korea, un hombre fue gravemente herido en un campo de batalla en Heartbreak Ridge. Sus amigos estaban cubiertos en una cueva de zorros, como a 10 metros del lugar, cuando éste fue herido en una emboscada. Mientras el fuego continuaba, los otros hombres discutían entre ellos qué hacer. Pero como el fuego era intenso, era difícil seguir arrastrándose, y traer a su compañero herido, pues eso significaría la misma muerte.

Por un rato, nadie se movía. Los hombres que estaban en la cueva, podían escuchar a su compañero herido clamar por ayuda. Entonces, uno de los hombres que estaba en la cueva, empezó a mirar el reloj. No podía quitar la vista del mismo. Todos los demás lo notaron, y empezaron a preguntarle cosas, pero el soldado no dejaba de mirar el reloj, y permanecer en silencio.

De repente, el hombre del reloj saltó de la cueva, y se arrastró hasta donde estaba su compañero herido. Lo tomó por la solapa del uniforme, y de una manera lenta, empezó a regresar a la cueva, todo mientras el ataque era intenso a su alrededor.

Sorprendentemente ambos lograron llegar a la cueva del zorro sin ser heridos por bala alguna. Luego que el fuego cesara, le preguntaron al héroe que salvó a su compañero ¿por qué había esperado tanto tiempo para rescatar a su amigo? A lo cual el respondió:

  • "Mi madre me dijo que a la misma hora exactamente, todos los días, ella estaría orando por mí. Y de acuerdo a mi reloj, dejé la cueva exactamente cuando ella empezó a orar.
    Dice la palabra que el justo por su fe vivirá.

¿Cuánto oras por tus hijos? Nunca dejes de hacerlo, pues ellos viven en medio de una guerra, donde el enemigo quiere destruirles, ¡NO lo permitas! ¡Ora por ellos!

Un Gesto de Amor

Un muchacho pobre, de alrededor de doce años de edad, vestido muy humildemente, entró en una tienda, eligió un jabón de tocador común, y le pidió al propietario que se lo envolviera para regalo.

"Es para mi madre", dijo con orgullo.
El dueño de la tienda se conmovió ante la sencillez de aquel regalo. Miró con piedad a su joven cliente y, sintiendo una gran compasión, tuvo ganas de ayudarlo.

Pensó que podría envolver, junto con el jabón tan sencillo, algún artículo más significativo. Sin embargo, estaba indeciso: miraba al muchacho, miraba los artículos que tenía en su tienda, pero no se decidía.

¿Debía hacerlo o no? El corazón le decía que sí, pero la mente le decía que no.
El muchacho, notando la indecisión del hombre, pensó que estaba dudando de su capacidad para pagar.

Llevó la mano al bolsillo, tomó las moneditas que tenía, y las puso en el mostrador.
El hombre se conmovió mucho más aún , cuando vio las monedas de valor tan insignificante. Continuaba con su conflicto mental. En su interior ya había concluido que, si el muchacho pudiera, le compraría algo mucho mejor a su madre.

Recordó a su propia madre. Había sido pobre y, muchas veces, en su infancia y adolescencia, también había deseado regalarle algo a su madre. Cuando consiguió empleo, ella ya había partido para el mundo espiritual. El muchacho, con aquel gesto, estaba tocando lo más profundo de sus sentimientos.

Del otro lado del mostrador, el chico empezó a ponerse ansioso. Parecía que algo no estaba bien. ¿Por qué el hombre no envolvía de una vez el jaboncito?

El ya lo había escogido, ya había pedido que se lo envolviera y hasta le había mostrado las monedas con que pagaría. ¿Por qué se demoraba tanto? ¿Qué estaba sucediendo?
En el campo de la emoción, dos sentimientos se entrecruzaban: la compasión del hombre, y la desconfianza por parte del muchacho.
Impaciente, le preguntó:

"¿Señor, falta algo?"
"No", contestó el propietario de la tienda. "Es que… de repente recordé a mi madre. Ella se murió cuando yo todavía era muy joven. Siempre quise darle un regalo; pero, sin trabajo, nunca logré comprarle nada."

Con la espontaneidad de sus doce años, el muchacho le preguntó:

  • ¿Ni un jabón?

El hombre se calló. Caviló un poco más, y abandonó la idea de mejorar el regalo del muchacho. Envolvió el sencillo jabón con el mejor papel que tenía en la tienda, le puso una hermosa cinta de colores, y se despidió del cliente sin hacer ningún comentario más.

A solas lloraba, y se puso a pensar: ¿Cómo nunca se me había ocurrido darle algo pequeño y sencillo a mi madre? Siempre había pensado que un regalo tenía que ser algo significativo, tanto que, minutos antes, sintiera piedad de la humilde compra y había pensado en mejorar el regalo adquirido.

Conmovido, entendió que ese día había recibido una gran lección. Junto al jabón del
muchachito, lo acompañaba algo mucho más importante y grandioso, el mejor de todos los obsequios: ¡El gesto de amor!

Invierte en el amor, que es el medio más poderoso de hacer que las personas sean felices.
En cualquier circunstancia, en cualquier fecha especial para determinadas conmemoraciones, lo más importante no es lo que se da, sino cómo se da.

Todo obsequio debe estar revestido de sentimiento, y no debe haber diferencia en los homenajes que se brindan a una persona pobre o a una rica.

La expresión debe ser siempre de afecto. Lo que se debe dar, es el corazón vibrando con amor.

El valor del regalo no está en lo que marcará la caja registradora, sino en cuánto sumará en la contabilidad de tu corazón.

Un Error en el Cielo

¿Por qué existen personas que salen fácilmente de los problemas más complicados, mientras que otras sufren por problemas muy pequeños, muriendo ahogadas en un vaso de agua?

Había una vez un sujeto que vivió amorosamente toda su vida. Cuando murió, todo el mundo dijo que se iría al cielo, pues solamente un hombre bondadoso como él, podía ir al Paraíso.

En esa época, el cielo todavía no tenía un buen programa de recepción de almas. El ángel que lo recibió le dio una mirada rápida a las fichas que tenía sobre el mostrador, y como no vio el nombre de él en la lista, lo orientó para ir al infierno.

En el infierno nadie exige credencial o invitación; cualquiera que llega es invitado a entrar. Así que el sujeto entró, y se fue quedando. Unos días después, Lucifer llegó furioso a las puertas del Paraíso, para pedirle explicaciones a San Pedro:

  • ¡Esto es un sabotaje! Nunca me imaginé que fueses capaz de una bajeza semejante. ¡Esto que estás haciendo es puro terrorismo!
    Sin saber el motivo de tanta furia, muy sorprendido San Pedro le preguntó a Lucifer:- No te entiendo, ¿de qué me hablas?

Lucifer, trastornado, le gritó: -Tú me enviaste a ese sujeto al Infierno, y ahora él está
haciendo un verdadero desastre allí.

Él llegó escuchando a las personas, mirándolas a los ojos, conversando con ellas, y ahora todo el mundo está dialogando, abrazándose, y besándose. ¡El Infierno está insoportable, se parece al Paraíso! ¡Pedro, por favor, ve por ese sujeto y tráelo para acá! Vive con tanto amor en el corazón, que si por error fueses a parar al infierno, el propio demonio te lleve de vuelta al Paraíso.

Los problemas forman parte de nuestra vida, pero no dejes que ellos te transformen en una persona amargada. La crisis siempre sucederá, y a veces no tendrás opción. Tu vida está sensacional, y de repente puedes descubrir que un ser querido está enfermo; que la política económica del país cambió, y otras infinitas posibilidades de preocupación aparecen.

En las crisis no puedes elegir, pero puedes elegir la manera de enfrentarlas. Y al final, cuando los problemas sean resueltos, más que sentir orgullo por haber encontrado la solución, tendrás orgullo de ti mismo.

Un Ejemplo de Amor

En la sala de mi casa hay colgado un marco, con una fotografía familiar de gran tamaño. Fue tomada hace aproximadamente 30 años en mi pueblo natal. Todo aquel que la ve, se queda observando los rostros de felicidad de los siete hijos y los dos padres. En realidad, fuimos una familia privilegiada, al haber tenido el hogar tan maravilloso que Dios nos regaló.

Un día, uno de mis hermanos invitó a desayunar a la casa a un gran maestro de arte y la pintura, y no pudo evitar quedarse un rato mirando la fotografía. Al verlo, le hablé de lo felices que habíamos sido al tener los padres que tuvimos. Por un momento se quedó callado, luego me miró y me dijo:

  • Yo no tuve un hogar. Yo crecí alejado de mis padres, mi madre me regaló a las dos
    semanas de haber nacido.

Yo lo miré en silencio, un poco turbada, pero él continuó: -¿Pero sabes? Cuando me
hice adulto, los busqué sólo para decirles que a pesar de los errores de su juventud, ya los
había perdonado, y que los amo porque me dieron la vida. Ellos me dieron la oportunidad de ser lo que hoy soy.

Esto, es un ejemplo de amor.

Un Amor Incansable

A causa de una obra de mejora en su hogar, alguien en Japón tiró una pared.
Las casas de los japoneses tienen, normalmente, un espacio hueco entre las paredes de madera.

Mientras esta persona echaba abajo los muros de su casa, se dio cuenta de que allí había una lagartija inmóvil, porque un clavo, desde fuera, le había atravesado una de sus patitas, y la había hecho permanecer fija en la pared.
El dueño de la casa, viendo ésto, sintió al mismo tiempo, piedad y curiosidad. Cuando estudió el clavo, quedó pensativo… El clavo había sido clavado hacía diez años, cuando la casa fue construida.

¿Qué habría ocurrido entonces?
¡La lagartija había sobrevivido en esa posición durante diez años! ¡En un oscuro muro en esa posición, durante diez años sin moverse! ¡Era imposible, inimaginable!

Entonces, aquella persona se preguntó t ¿cómo esta lagartija habría podido sobrevivir
durante diez años inmóvil?, ¡si desde entonces su patita estaba clavada allí!
Así que, paró de trabajar y observó a la lagartija, preguntándose qué podría haber hecho, y cómo ella habría conseguido alimentarse.

Más tarde, sin saber de dónde venía, apareció otra lagartija, ¡con alimento en su pequeño hocico!

¡Ah! Quedó aturdido y emocionado al mismo tiempo. En ese mismo instante, cayó en la cuenta; ¡otra lagartija había estado alimentando incansablemente, durante diez largos años, a la lagartija que permanecía clavada en la pared, sin perder la esperanza de liberar a su compañera!

¿Cómo era posible? ¿Que instinto o sentimiento la guiaba a traerle, día y noche, alimento a la pobre cautiva? ¿Acaso sería simplemente instinto de conservación, o fidelidad, solidaridad o… no sería amor? ¿Si una criatura tan pequeña como una lagartija puede amar así?…

¡Tanto amor ha tenido esta pequeña criatura!
¿Qué no puede lograr el amor?
¡Puede hacer maravillas!

¡El amor puede hacer milagros! Imagina… ¡cómo podemos nosotros amar si lo intentamos!!

Trece Principios para la Vida

  1. La verdad
    Se sincero al hablar. No digas nada, a menos de que tengas pruebas de lo que
    hablas.
  2. Agilidad
    Aprovecha el tiempo. Lo que debe ser hecho, hazlo inmediatamente. El tiempo es muy valioso para ser malgastado.
  3. La Diligencia
    Toma decisiones conscientemente. Decide qué es lo que debes hacer, y luego
    hazlo con entusiasmo. En caso de duda, pide consejo. No permanezcas en estado de confusión.
  4. El Respeto
    Debes tener mucho cuidado con los sentimientos de otras personas. Todo ser humano es precioso, por haber sido creado a la imagen de Dios. Se pues, amable con todas las personas.
  5. La Tranquilidad
    No dejes que pequeñas cosas te saquen de tu tranquilidad. Conserva la calma, y ten serenidad. Demuestra sosiego en todo lo que hagas.
  6. La Serenidad
    Acuérdate del consejo del rey Salomón: "las palabras del sabio son dichas
    calladamente"
    Los sabios hablan pausadamente. Fomenta ese hábito, te comprenderán y te comprenderás mejor.
  7. La Higiene
    Es importante que mantengas tu higiene personal; ropas, casa, vehículo y lugares públicos, limpios. Respeta tanto a tu cuerpo, como a tus vestimentas.
  8. La Paciencia
    Es necesario que cultives la paciencia, sea cual sea tu situación. Hay un momento para todo en la vida, no pretendas adelantarlo.
  9. El Orden
    Es importante concentrarte en todo lo que hagas, sin distraerte.
    Guarda cada cosa en su respectivo lugar. Evitarás pérdida de tiempo y de paciencia. Maneja tu tiempo y tus objetos con orden. Planifica y organiza; así concretarás tus proyectos con éxito.
  10. La Humildad
    Reconoce tus propias limitaciones, e ignora los errores del prójimo. Aprende de todos. Cada persona tiene algún conocimiento o virtud que no poseemos. ¡No eres perfecto!
  11. La Rectitud
    Acuérdate: "No hagas a otros lo que es desagradable para ti" Aquel que ama y practica la justicia es justo, y su conciencia es limpia. Haz siempre lo que es correcto, especialmente en lo que respecta a tus obligaciones.
  12. La Austeridad Moderada
    Acuérdate de lo que enseñó Ben Zoma: "¿quién es rico?, aquel que está satisfecho con
    lo que tiene".
    El dinero es para ser usado, no amado. Es un medio, y no un fin en sí mismo. No malgastes el dinero innecesariamente. A otras personas les será de vital importancia.
  13. El Silencio Juzga el valor de las palabras antes de hablar. Hablar es una de las armas más poderosas. Es la única característica humana.
    El silencio es expresión de sabiduría.
    Piensa antes de hablar, y no hables a menos que tengas algo importante para decir.
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