¿Qué es un Amigo?

Un grupo de amigos estaba reunido haciendo vida social. La conversación se deslizó hacia el tema de la amistad.

Un atleta dijo: - En mi opinión, un amigo es la vara de equilibrio, que nos permite caminar por la cuerda floja sin caer.

Un médico dijo: - Creo que un amigo puede ser comparado con una venda y un ungüento, para los cortes y golpes de la vida.
Un botánico dijo: - Un amigo es una vid que se pega a nosotros, y encubre los desengaños y asperezas de la vida.

Un joyero dijo: - Un amigo es un eslabón de oro, en la cadena de la vida.
Una mujer, que estaba de luto dijo: - Un amigo es el que se aparece, cuando todo el mundo parece haber desaparecido.

El mejor de todos los amigos, dijo un hombre de cabeza blanca y ochenta años de edad, es: JESÚS que dijo: NADIE TIENE MAS AMOR, QUE AQUEL QUE DA SU VIDA POR LOS AMIGOS.

Amigo es aquella persona que te conoce bien, y te ama a pesar de conocerte.
No puedes comprar un amigo. Es un don de Dios, y su amistad dura por toda la eternidad.

Queda Prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender, levantarme un día sin saber qué hacer, tener miedo a mis recuerdos, sentirme solo alguna vez.

Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quiero, abandonarlo todo por tener miedo, no convertir en realidad mis sueños.

Queda prohibido no demostrarte mi amor, hacer que pagues mis dudas y mi mal humor, inventarme cosas que no ocurrieron, recordarte sólo cuando no te tengo.

Queda prohibido dejar a mis amigos, no intentar comprender lo que vivimos, buscarles sólo cuando los necesito.

Queda prohibido no ser yo ante la gente, fingir ante las personas que no me importan, hacerme el gracioso con tal de que me recuerden, olvidar a toda las personas que me quieren.

Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo, no creer en mi Dios y hacer mi destino, tener miedo a la vida y a sus castigos, no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme, olvidar tus ojos, tu risa, tus besos, todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse, olvidar nuestro pasado, y pagarlo con nuestro presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas, pensar que sus vidas valen más que la mía, no saber que cada uno tiene su camino y su dicha, pensar que con su falta, el mundo se termina.

Queda prohibido no crear mi historia, dejar de agradecer por mi vida, no tener un momento para quien me necesita, no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita…

"SÓLO LAS VOLUNTADES FUERTES SABEN QUE, A MEDIDA QUE SE VUELVE MÁS DIFÍCIL LA JORNADA, MEJOR SE PRUEBA EL TEMPLE DEL ESPÍRITU"

Por unas Nueces

En una isla del Pacífico Sur, los nativos capturaban monos con un método muy particular:
El cazador tomaba un coco, le hacía un agujero en uno de sus lados, le ponía unas cuantas nueces dentro, lo colocaba entre la vegetación, y luego esperaba. Al poco tiempo, llegaba un mono que, por su naturaleza curiosa, comenzaba a explorar el coco.

Invariablemente, el mono hallaba las nueces, y metía su mano en el coco para tomarlas, pero cuando intentaba sacarla… quedaba atorado. Con su puño aferrando las nueces dentro del coco, golpeaba desesperadamente el fruto contra el suelo, o contra un árbol, y corría de aquí para allá mientras gritaba. Hacía cualquier cosa, excepto abrir la mano y soltar las nueces.

Luego, los cazadores llegaban y capturaban al mono exhausto, quien gastaba sus últimas energías en una débil lucha… pero nunca soltaba las nueces. Así, perdía, como mínimo, su libertad y muchas veces su vida. ¿Por qué? Por un puñado de nueces. Desde luego, nosotros los seres humanos, nunca haríamos algo tan ridículo…
¿O sí?…

Por Fin Yo Era Libre

Siempre habíamos sido una familia "respetable" y poco expresiva. Entre nosotros escaseaban los abrazos, y aún más los besos. Los hombres nos dábamos la mano. Mi padre nos había enseñado a estrecharla con firmeza, y a ver a las personas a los ojos al hacerlo.

De pronto, noté que mi padre se mostraba mucho menos inhibido conforme envejecía. Ya no le apenaba que otros lo vieran llorar. Un buen día, tomó a mi madre de la mano, y la besó frente a sus hijos y sus nietos: algo que nunca le vimos hacer antes.

Una vez me confió que, cuanto más envejecía, más se daba cuenta de que había confundido la espontaneidad con la incorrección. La vida, comentó, es demasiado corta para no manifestar nuestros sentimientos.

A medida que mi padre se "liberaba", y mi amor por él crecía, empecé a sentir la necesidad de expresarle mi afecto de una manera más significativa. Sin embargo, cada vez que estaba con él, y llegaba el momento de decirle adiós, en lugar de inclinarme para besarlo, extendía la mano. Aún las palabras "te quiero" se me atoraban en la garganta. Ansiaba decirlas, pero me daba miedo.

Un sábado por la tarde hice un viaje especial de 55 kilómetros hasta la casa paterna. Entré al estudio de mi padre y lo encontré en su silla de ruedas, trabajando en un libro que estaba escribiendo.

Me le acerqué, y le dije: -Vengo con el propósito de decirte algo.
Me sentí como un tonto. Yo tenía 46 años y él 86. Pero ya había empezado, y no iba a echarme atrás.

  • Te quiero, -musité, sintiendo que me ahogaba-. ¿Es eso lo que viniste a decirme?, -preguntó con ternura tras dejar la pluma en el escritorio, y descansar las manos sobre su regazo-. No necesitabas recorrer tantos kilómetros para decírmelo; pero me alegra
    sobremanera.
  • Desde hacía años quería decirte esas palabras, -continué-. Encuentro fácil escribirlas sobre un papel, pero no así pronunciarlas. Quizá obré más por mí, que por ti.
    Su rostro se tornó melancólico. - Hay algo más, -agregué-.

Mi padre, sin levantar el rostro, permaneció con la mirada fija, y moviendo la cabeza suavemente, me incliné y lo besé en una mejilla, después en la otra y luego en la frente. Él se estiró, y con sus fuertes manos me atrajo hacia sí, de modo que pudo rodearme el cuello con sus brazos.

Por largo rato permanecimos en esa incómoda posición. Por fin, me solté y me incorporé. Fue entonces que noté que mi padre lloraba, y con sus labios temblorosos me dijo:

  • Mi padre murió siendo yo muy joven. Poco después dejé el hogar para ir a la universidad; di clases por un tiempo y luego marché a Francia. Nunca desde entonces regresé al hogar, más que para visitar esporádicamente a mi madre, -hizo una pausa, y su rostro se enterneció. Cuando mi madre envejeció, la invité a vivir con nosotros. "No", me respondió; "me quedaré aquí, en mi casa, pero me encanta que me hayas pedido que viva contigo. Aunque nunca he de acceder, espero que me lo sigas pidiendo, hasta el día de mi muerte.

Mi padre me miró, y dijo a su vez: -Sé que me quieres, pero espero que me lo sigas diciendo hasta el día de mi muerte.

Ese sábado me quité de encima un gran peso, una atadura de muchos años. De regreso a casa, sentí que mi espíritu se remontaba. Por fin yo era libre también.

A los hombres, de manera equivocada, desde niños se les ha inculcado no llorar. ¡Pero qué equivocación tan grande! ¡A un ser humano se le está mutilando el alma, el corazón y el sentimiento! Muchos de ellos viven con un dolor tan grande en su corazón, que el alma les duele y su dolor proviene de un duelo no resuelto. Pasan los años, y aquellos hombres no pueden llorar el dolor del padre fallecido.|

Si este es tu caso, ¡te invito a que descargues tu peso, y si quieres llorar, llora y que nadie se atreva a detener tus lágrimas; es tu dolor, y sólo es tuyo! Es bueno también escribir a ese padre fallecido una carta de despedida, y expresarle todo nuestro amor, firmarla, introducirla en un sobre cerrado y luego quemarla; verás como tu carga se volverá liviana.

Y a ti, querido amigo, si tienes a tu padre terrenal vivo, te dedico este mensaje, porque nunca es tarde para decir "te quiero", y dar gracias a ese ser tan especial en nuestras vidas.

"Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías, mientras aguardan la gran felicidad,
que quien sabe si llegue".

Para los Hijos

Te di la vida, pero no puedo vivirla por ti.

Puedo enseñarte muchas cosas, pero no puedo obligarte a aprender.
Puedo dirigirte, pero no puedo responsabilizarme por lo que haces.
Puedo llevarte a la Iglesia, pero no puedo obligarte a creer.
Puedo instruirte en lo malo y lo bueno, pero no puedo decidir por ti.
Puedo darte amor, pero no puedo obligarte a aceptarlo.
Puedo enseñarte a compartir, pero no puedo forzarte a hacerlo.
Puedo hablarte del respeto, pero no puedo evitar que seas irrespetuoso.
Puedo aconsejarte sobre las buenas amistades, pero no puedo escogértelas.
Puedo decirte que el licor es peligroso, pero no puedo decidir No por ti.
Puedo advertirte acerca de las drogas, pero no puedo evitar que las uses.
Puedo exhortarte a la necesidad de tener metas altas, pero no puedo alcanzarlas por ti.
Puedo enseñarte acerca de la bondad, pero no puedo obligarte a ser bondadoso.
Puedo explicarte cómo vivir, pero no puedo elegir cómo vivir por ti.

Nunca Más

Nunca más diré "no puedo" porque "todo lo puedo en Cristo que me fortalece". (Fil. 4:13)
Nunca más diré estar pobre, porque "mi Dios me dará todo lo que me falte conforme a sus gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús". (Fil. 4:19)
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Nunca más aceptaré el temor, porque "Dios no me ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de buen juicio. (2 Tim. 1:7)

Nunca más aceptaré la duda y la falta de fe, porque "Dios me ha dado sus dones,
junto con la fe". (Rom. 12:3) Nunca más seré débil, porque "El Señor es la fuerza de mi vida"(Sal. 18:1), y el pueblo que ama a su Dios se mantiene firme y hace frente a la situación". (Dan. 11:32)

Nunca más aceptaré que Satanás gobierne mi vida, porque "el que está en mí es más poderoso que el que está en el mundo".(1 Juan 4:4)

Nunca más me sentiré derrotado, "Dios siempre me lleva en el desfile victorioso de Cristo Jesús".(2 Cor. 2:14).

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