Yo no entiendo a la gente grande

Yo no entiendo a la gente grande:
¿Por qué tapan la luz del sol, quitan las flores de las plantas para dejarlas marchitar en un jarrón, y enjaulan a los pajaritos?
¿Por qué han pintado todas las cosas de gris, y han llenado el cielo de antenas y anuncios de publicidad?
¿Por qué se creen importantes, por el sólo hecho de ser grandes?
¿Por qué no me dejan caminar descalzo, ni chapotear en la lluvia?
¿Por qué me compran juguetes, y no quieren que los use porque se rompen?
¿Por qué le han puesto nombre difícil a las cosas sencillas?
¿Por qué quieren empleos importantes, y pasan la vida sentados en sillas?

Yo no entiendo a la gente grande.
¿Por qué no sienten el placer de perder el tiempo mirando alrededor, y son incapaces de dar vueltas en un carrusel?
¿Por qué cuando me porto mal me amenazan con una inyección, y cuando me enfermo, me dicen que una inyección me va a poner bien?
¿Por qué quieren que coma con horarios, y no cuando tengo hambre?
¿Por qué cuando pregunto algo, no me contestan porque soy muy chico, y cuando pido un beso, me dicen que soy un grandulón?
¿Por qué siempre se hacen los serios? ¿Por qué dicen mentiras, y ellos mismos no se las creen? Pues cada vez que mienten, me doy cuenta y sufro mucho.

Yo no entiendo a la gente grande.
¿Por qué me dicen miedoso, y ellos me hablaron del coco y los fantasmas?
¿Por qué me piden que sea bueno, y me regalan para jugar pistolas, dardos, flechas y escopetas?
¿Por qué han llenado la casa de cristales, porcelanas y cosas que se rompen, y ahora resulta que no puedo tocar lo que veo?
¿Por qué perdieron las ganas de correr y saltar? ¿Por qué olvidaron las cosas que tanto les gustaba de chicos? ¿Por qué, antes de reírse, le piden permiso al reloj?
¿Por qué cuando hago algo malo, me dicen: "no te quiero más" y tengo miedo de que me dejen de querer en serio?

Mis manos son pequeñas, y por eso se me derrama la leche aunque no quiera. Mis piernas son cortas; por favor, espérame y camina más despacio, así no puedo andar contigo. No me pegues en las manos cuando toco algo lindo, y de color brillante. Por favor, mírame cuando te hablo, si es que me estás escuchando. No me regañes todo el día… Déjame equivocarme, sin hacerme sentir estúpido. No esperes que el dibujo que pinte sea perfecto… Ámame por haber tratado de hacerlo bien, recuerda que soy un niño, no un adulto pequeño…

A veces no entiendo lo que me dices. Te quiero tanto… por favor, ámame por lo que soy, no por las cosas que hago.

No me rechaces cuando estés molesta conmigo y vengo a darte un beso… Me siento solo, abandonado y con miedo. Cuando me gritas, me asusto… por favor, explícame qué he hecho.

No te enfades cuando en la noche, las sombras y la oscuridad me dan miedo, y me despierto y te llamo. Tu abrazo es lo único que me devuelve la paz.
Cuando vamos a las tiendas no sueltes mi mano. Temo perderme, y que no me encuentres jamás.

Me siento muy triste cuando papá y tú discuten… A veces pienso que es por culpa mía, y se me encoge el estómago, y no sé qué hacer.

Muchas veces veo que abrazas y acaricias a mi hermano… Me regañaste cuando rompí mi juguete favorito y me eché a llorar; yo estaba triste y peor que tú… no lo hice a propósito, y me quedé sin ti.

Te molestaste porque me ensucié jugando… Pero la sensación del barro en mis pies era tan rica y la tarde tan linda…

Hoy te sentiste mal y yo me preocupé mucho. Traté de entretenerte con mis juegos, y me dieron un par de nalgadas y me sacaron de tu lado… Me fui a un rincón a llorar…
¿QUÉ HARÍA YO SI TÚ TE MURIERAS?

Me infunden miedo con el infierno, y no sé lo que es… Debe ser algo tan terrible como estar sin ti.

Aunque me dejaron con los tíos y la pasé bien, los eché mucho de menos toda la semana… Ojalá no hubiera vacaciones para los papas.

¡Tengo mucha suerte, pues entre todos los niños que hay en el mundo… USTEDES ME ESCOGIERON A MÍ!

Sé el mejor maestro y entrenador de tus hijos.
Vive de tal manera que, cuando tus hijos piensen en justicia,
cariño e integridad, piensen en ti.

Vencedores

Cuando eres olvidado o despreciado, o deliberadamente dejado a un lado, y tú sonríes por dentro, gloriándote en el insulto o el desprecio, ERES UN VENCEDOR.

Cuando puedes sobrellevar cualquier discordia, cualquier exceso y cualquier disgusto, y estás contento con cualquier comida, cualquier prenda de vestir, cualquier clima, cualquier sociedad, cualquier soledad, cualquier interrupción, ERES UN VENCEDOR.

Cuando se habla mal del bien que haces, o cuando tus deseos son resistidos, tus gustos
ofendidos, tu consejo descartado, tu opinión ridiculizada, y lo soportas todo con paciencia y en amoroso silencio, ERES UN VENCEDOR.

Cuando no te importa el referirte a ti mismo en la conversación, o recordar tus propias obras buenas, o sentir comezón después de un elogio; cuando verdaderamente puedes agradarte en "ser desconocido", ERES UN VENCEDOR.

"Señor, tócame ahora con el toque conmovedor que hace toda la diferencia entre la vida abundante y la mera existencia".

Usa toda la fuerza

Se cuenta la historia de un niño muy pequeño, que hacía un gran esfuerzo por levantar un objeto muy pesado. Su papá, al entrar en el cuarto, vio la lucha que sostenía su hijo, y le preguntó: ¿Estás usando todas tus fuerzas?

¡Claro que sí! – contestó impaciente el niño. No, -le respondió su padre- no me has pedido que te ayude.

Es imposible que nosotros mismos encontremos solución a nuestros problemas, nuestras angustias, nuestras dudas, nuestras aflicciones, nuestras tristezas; por lo tanto, entreguemos nuestras cargas a CRISTO, que es la mejor solución que podemos buscar para aliviarnos de todo lo que nos afecta en nuestras vidas.

Una lección de vida

Cierta vez, una mujer tenía en su casa algunas arañas que desde luego, no eran de su gusto, pues continuamente encontraba sus telas en las paredes, pero sus constructoras no aparecían. Esta mujer maldecía constantemente a las tejedoras por interrumpir el orden de su casa, y tener que estar quitando estas obras de toda la casa. Un día, encontró en el cuarto de su hija pequeña una imagen que le heló la sangre.

Sobre la cuna de su bebé encontró un gran escorpión atrapado y muerto en una telaraña.

Amigos, cuántas veces en nuestras vidas nos dedicamos a maldecir las cosas y verlas como malas, sin saber los verdaderos designios de Dios para con nosotros.

Un pájaro marrón para darte felicidad

Ella tenía seis años cuando la vi por primera vez en aquella playa cercana por donde vivía. Suelo manejar hasta esa playa, unas tres o cuatro millas, cada que vez que siento que el mundo me agobia.

Ella estaba construyendo un castillo de arena o algo así. De repente miró hacia arriba, con sus ojos azules, tan azules como el mar. - Hola - me dijo.
Le respondí con un gesto, sin muchas ganas de preocuparme por una niña pequeña.

  • Estoy construyendo – dijo ella.
  • Ya veo. ¿Pero y qué es? – le dije, sin darle mucha importancia.
  • No lo sé, pero me gusta sentir la arena.
  • Eso suena fantástico - pensé, y me quité los zapatos, cuando de pronto un Andarríos pasó volando.
  • ¡La felicidad! - dijo la niña. ¿Qué es… qué?
  • ¡Es la felicidad! Mi mami dice que los pájaros marrones (Andarríos) vienen para traernos
    felicidad.

El ave se fue, deslizándose suavemente por la playa.

  • Hasta luego, felicidad, - murmuré interiormente, "hola
    dolor", me dije, y me volteé y seguí caminando. Estaba deprimida, mi vida estaba completamente fuera de control… Pero ella no se rendiría…
  • ¿Cómo se llama? - me dijo. Ruth -le respondí-. Me llamo Ruth Peterson.
  • Yo soy Wendy, y tengo seis años. Hola Wendy - le dije.
    Y con su risa de niña me dijo: -¡Qué graciosa es!
    En lugar de seguir triste, también me sonreí y seguí caminando… Su risita musical me acompañó…
  • Venga otra vez, señora –me dijo- y tendremos otro día feliz.
    Los siguientes días, son otra historia: un grupo de revoltosos Niños Exploradores, reuniones de la Asociación de Padres de Familia, mi madre enferma…

El sol brillaba una mañana, en que decidí sacar mis manos del agua sucia de los platos…

  • Necesito un pájaro marrón - me dije a mí misma, y cogí un abrigo. El bálsamo siempre
    cambiante de las olas del mar me esperaba…

Caminé a trancazos, a pesar de la brisa fría, tratando de recapturar la serenidad que tanto necesitaba… Había olvidado a la niña, y me sobresalté cuando ella apareció.

  • Hola, Ruth -me dijo-. ¿Quieres jugar?
  • ¿Qué tienes en mente? – le pregunté, con un tono de enojo.
  • No lo sé, lo que tú digas. ¿Qué tal unas "charadas"? -le pregunté sarcásticamente.

Su cantarína risa regresó otra vez, diciéndome: ¡No sé qué es eso!

  • Entonces, sólo caminemos -le dije.

Mirándola, me di cuenta de la delicada palidez de su rostro.

  • ¿En dónde vives? - le dije. Por allá - dijo, y señaló hacia una fila de cabanas de verano,
    algo extraño para ser invierno.
  • ¿A qué escuela vas? No voy a la escuela. Mimami dice que estamos de vacaciones - y siguió con su conversación de niña mientras nos paseábamos por la playa, pero mi cabeza estaba en otro sitio.

Cuando me iba a casa, Wendy dijo que había sido un lindo día. Sintiéndome sorprendentemente mejor, le sonreí coincidiendo con ella…

Tres semanas después, corrí a mi playa casi presa de un estado de pánico. Ni siquiera estaba de humor para saludar a Wendy. Creí ver a su madre en el portal de su cabana, y me sentí casi pidiéndole que mantuviera a su hija ahí.

  • Mira, si no te importa -le dije rápidamente cuando Wendy se cruzó conmigo-, hoy preferiría estar sola.

Se le veía extrañamente pálida, y con mucha dificultad para respirar…

  • ¿Por qué? - preguntó. Me volteé y le grité: ¡Porque mi madre ha muerto! - y pensé "Dios mío, ¿qué hago diciéndole esto a una niña?".
  • Oh, -dijo ella en voz baja- entonces hoy no es un buen día. ¡Así es, ni ayer ni antier, ni…
    oooh, vete de aquí! ¿Dolió?
  • ¿Qué dolió? -dije exasperada con ella y conmigo-¿cuándo ella murió?, ¡por supuesto que dolió!, - le contesté toscamente, sin entender bien, y me encerré en mí misma… Me fui
    rápidamente…

Un mes después o algo así, cuando fui otra vez a la playa, ella no estaba ahí…
Me sentí culpable, avergonzada, y me dije a mí misma que la extrañaba, así que después de mi caminata, fui a su cabana y toqué a la puerta. Me abrió la puerta una joven mujer, de cabellos color miel y rostro desencajado.

Hola, -le dije- Me llamo Ruth Peterson. Hoy no vi a su niña y me preguntaba dónde estaría. Ah, sí, señora, pase por favor. Wendy hablaba mucho de usted. Siento mucho haberla dejado que la molestara tanto. Acepte mis disculpas, si es que ella la molestó mucho.

  • No, no, por favor, ella es una niña encantadora - le dije, dándome cuenta de que en
    realidad era eso lo que quería decir.
  • ¿Dónde está? Wendy… murió la semana pasada, señora. Tenía leucemia.
    Tal vez no se lo dijo. Muda del asombro, busqué a tientas una silla, a la vez que trataba de recuperar la respiración…
  • Ella amaba esta playa, así que cuando pidió que viniéramos, no pudimos decirle que no.
    Parecía estar mucho mejor aquí, y tenía mucho de lo que ella llamaba… sus días felices. Pero las últimas semanas… se fue rápidamente… - dijo su madre, quebrándosele la voz.
  • Dejó algo para usted… si tan sólo pudiera encontrarlo. ¿Podría esperar un momento mientras lo busco?

Hice un gesto estúpido de aceptación, mientras mi mente buscaba algo, cualquier cosa, algo que pudiera decirle a esta amable jovencita…

Me extendió un sobre garabateado con las letras: "Sra. P" en negrita y con caligrafía infantil. Dentro de él, había un dibujo en crayolas: una playa amarilla, un mar azul y un pájaro marrón. Debajo de todo eso, se leía cuidadosamente escrito: "UN PÁJARO MARRÓN PARA DARLE FELICIDAD".

La cara se me llenó de lágrimas, y un corazón que prácticamente había olvidado amar, comenzó a abrirse… Tomé a la mamá de Wendy en mis brazos…

  • Cuánto lo siento, cuánto lo siento… cuánto lo siento - dije una y otra vez, y lloramos a mares las dos juntas…

El precioso dibujito ahora está enmarcado, y cuelga en mi estudio.
Seis palabras… una por cada año de su vida… seis palabras que me hablan de armonía, coraje y amor incondicional.

Un regalo de una niña de ojos color mar azul y cabellos color arena, una niña que me enseñó y me dio un regalo de amor.

La historia anterior es una historia de la vida real, enviada por Ruth Peterson. Que sirva
para recordarnos a todos nosotros que necesitamos darnos tiempo para disfrutar de la vida y de nosotros.

"El precio de odiar a otros seres humanos, es amarnos menos a nosotros mismos".

¡Un milagro de Dios!

Una tarde, una pareja iba en la carretera, cuando de pronto vieron a lo lejos a una mujer en la mitad de la misma, que pedía que pararan.

La esposa le dijo al esposo que mejor no se parara, porque podía ser peligroso, pero el esposo decidió pasar despacio, para no quedarse con la duda de saber qué es lo que sucedía…

Cuando iban acercándose, observaron que la mujer estaba golpeada de la cara y de los brazos; es ese momento decidieron pararse. La mujer les pidió ayuda, diciéndoles que había tenido un accidente automovilístico y que su esposo y su hija, una recién nacida, estaban adentro del carro, en el barranco; que el esposo estaba muerto, pero que la bebé se encontraba con vida.

El esposo decidió bajar a rescatar a la niña, y le pidió a la señora lastimada que se quedara con su esposa adentro del carro.

Él bajó y vio a dos personas adelante, en el carro, pero no le tomó importancia y sacó rápido a la bebé, y subió a llevársela a su madre. Cuando subió no vio a la señora, así que le preguntó a su esposa que en dónde estaba, pero la esposa le contestó que la señora se había ido tras él. Cuando el señor decidió ir a buscarla al barranco, se fijó claramente que las dos personas que estaban en los asientos de adelante estaban muertas, y eran un señor y una señora con el cinturón puesto. Y cuando vio bien a la señora, se dio cuenta de que era la misma que les pidió auxilio al principio.

¿No crees que fue un milagro de Dios?
Actualmente la niña vive con sus familiares, y vivirá para contarlo.

“El amor de Dios es como el mar, puedes ver su inicio, pero no su final”

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