por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Una represa de cierto pueblo se rompió y estaban evacuando a todos los habitantes del poblado, pero un hombre se negaba dejar su casa, alegando que era cristiano, que oraba todos los días y que Dios lo iba a salvar.
La policía pasó por las calles anunciando que se fueran a un refugio, y le dijeron al hombre que ellos lo llevarían hasta el refugio, pero el hombre les dijo:
- Yo soy cristiano y oro todos los días. Dios me salvará.
Ya cuando las aguas cubrían las calles, pasó un hombre en una canoa y le gritó:
- Ya vienen las aguas, venga conmigo, que yo lo llevaré a salvo.
El hombre le respondió: -Yo soy cristiano y oro todos los días. Dios me salvará.
El hombre de la canoa se fue.
Luego pasó un helicóptero y le tiró una soga para sacarlo de la casa, pero el hombre rechazó la soga diciendo:
- Yo soy cristiano, oro todos los días. Dios me salvará.
El hombre murió ahogado, y al llegar delante de Dios, le dijo:
- Señor, ¿no oraba yo todos los días, y era un cristiano fiel?,
¿por qué no me salvaste? Dios le contestó:
- ¿No te envié a la policía, al hombre en la canoa y hasta un helicóptero?, ¿qué más querías de mí, hijo mío?
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Un día, Diógenes estaba comiendo un plato de lentejas, sentado en el umbral de una casa. No había ningún alimento en toda Atenas más barato que el guiso de lentejas. Comer guiso de lentejas, significaba que te encontrabas en una situación de máxima precariedad.
Pasó un ministro del Emperador, y le dijo:
- ¡Ay, Diógenes! Si aprendieras a ser más sumiso y adular un poco más al Emperador, no tendrías que comer lentejas.
Diógenes dejó de comer, levantó la vista y, mirando intensamente al acaudalado interlocutor, contestó:
- ¡Ay de ti, hermano! Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al Emperador.
Si para vencer estuviera en juego tu honestidad, pierde y serás siempre un vencedor.
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Cuenta una historia, que un valiente guerrero regresó a su pueblo, después de haber combatido con toda el alma, por su patria.
Al llegar a casa, su alma se derrumbó, cuando le dieron la triste noticia de que su amada esposa había muerto.
El guerrero, abatido por el dolor, hizo todo lo posible por entrevistarse con un sabio profeta, y entre otras cosas le dijo:
- Aconséjame qué puedo hacer para que mi querida esposa nunca sea olvidada.
Construye un pozo en el desierto, -dijo el profeta-. Así, todas las caravanas que se beneficien de él, darán gracias a Dios por calmar la sed en sus frescas aguas, y por tu amada esposa.
Así lo hizo el apenado guerrero y con el paso del tiempo, descubrió que había ganado la batalla más importante de la vida: Había derrotado a la desesperación y al pesimismo.
Una victoria que sólo se obtiene cuando en la fe, en la esperanza y en un amor hecho servicio, le hallamos sentido a la vida, a pesar de la muerte y las penas.
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Ira. Semana. Hoy cumplí una semana de nacido. ¡Qué alegría haber llegado a este mundo!
ler mes. Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.
2° mes. Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós, esperando que mi nueva "familia humana" me cuidará tan bien como ella lo había hecho.
4° mes. He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí, son como "hermanitos". Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo les muerdo jugando.
5° mes. Hoy me regalaron. Mi ama se molestó porque me hice "pipi" adentro de la casa; pero nunca me habían dicho dónde debo hacerlo. Además dormía en la recámara. !Ya no me aguantaba!
8° mes. Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar, me siento tan seguro, tan protegido. Creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho. Cuando están comiendo me convidan. El patio es para mí sólito y me doy vuelo escarbando, como mis antepasados los lobos, cuando esconden la comida. Nunca me educan. Ha de estar bien todo lo que hago.
12° mes. Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. ¡Qué orgullosos deben sentirse de mí!
13° mes. ¡Qué mal me sentí hoy! Mi "hermanito" me quitó la pelota. Yo nunca agarro sus juguetes. Así que se la quité. Pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes, así que lo lastimé sin querer. Después del susto, me encadenaron casi sin poderme mover al rayo del sol. Dicen que van a tenerme en observación, y que soy un perro malo. No entiendo nada de lo que pasa.
15° mes. Ya nada es igual… vivo en la azotea. Me siento muy solo… mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando llueve, no tengo techo que me cobije.
16° mes. Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me perdonó. Yo me puse tan contento, que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía rehilete. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Nos enfilamos hacia la carretera, y de repente se pararon.
Abrieron la puerta y yo me bajé feliz, creyendo que haríamos nuestro "día de campo". No comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron. ¡Oigan, esperen! ladré, se olvidan de mí. Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta que casi me desvanecía; ellos no se detendrían, me habían olvidado.
17° mes. He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento cansado y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón, que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran, y sería leal como ninguno. Pero sólo dicen: "pobre perrito", se ha de haber perdido.
18° mes. El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis "hermanitos". Me acerqué y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras "a ver quién tenía mejor tino". Una de esas piedras me lastimó el ojo, y desde entonces ya no veo con él.
19° mes. Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mí. Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo, y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.
20° mes. Casi no puedo moverme. Hoy, al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo estaba en un lugar seguro llamado "alcantarilla", pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado, pero sólo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden, y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba a la ladera del camino. Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: "no te acerques". Ya estoy casi inconsciente, pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. - Pobre perrito, mira como te han dejado - decía… Junto a ella venía un señor de bata blanca, que empezó a tocarme y dijo:
- Lo siento, señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir.
A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré,
agradeciéndole me ayudara a descansar. Sólo sentí el piquete de la inyección, y me dormí
para siempre pensando en por qué tuve que nacer, si nadie me quería.
La solución no es echar un perro a la calle, SINO EDUCARLO.
No convierta en problema una grata compañía.
Ayuda a dar conciencia, y así poder acabar con el problema de los perros callejeros.
El perro es el mejor amigo del hombre.
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
CREO que colaboro en el plan de la creación, porque Dios me ha dado un hijo.
CREO que mi hijo formará parte de una sociedad mejor, y debo prepararlo para ello
.
CREO que la madre es la principal gestora del verdadero progreso humano, y por eso anhelo ser madre de verdad.
CREO que para elevar el espíritu de mi hijo hay un sólo camino: levantar la mirada al cielo. Le enseñaré a mirar muy alto, hasta encontrar a Dios en su corazón.
CREO que debo moldear la conciencia de mi hijo. Purificaré la mía, que ha de ser para ello la mejor inspiración.
CREO que el hábito del trabajo desarrolla las mejores cualidades, y evita que crezcan
las malas tendencias. Haré que mi hijo se acostumbre al esfuerzo continuo, para poder desarrollar en él lo mejor que posee.
CREO que la formación religiosa y moral es el mejor dique contra todo mal. Velaré por darle un auténtico sentido religioso.
CREO que la demasiada protección maternal, o la dependencia continua de los padres, forma gente sin iniciativa y amante de lo fácil. Trataré de que mis directivas le hagan independiente, para que pueda hacer buen uso de la libertad.
CREO que debe educarse de acuerdo con su vocación, y así tener un trabajo a gusto, para enriquecer la sociedad con la obra original.
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Había una vez un rey muy triste, que tenía un sirviente muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno, y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su relajada cara, y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día, el rey lo mandó llamar.
Paje -le dijo- ¿Cuál es el secreto? ¿Qué secreto, Majestad? ¿Cuál es el secreto de tu alegría? ¡No hay ningún secreto, Alteza!
- No me mientas, paje. He mandado cortar cabezas por ofensas menores que una
mentira. No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto. ¿Por qué estás siempre alegre
y feliz?, ¿por qué? Majestad, no tengo razones para estar triste. Amo a Dios sobre todo, su Alteza me honra permitiéndome atenderlo, tengo mi esposa y mis hijos viviendo
en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados, y además, su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
- Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey-. ¡Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado! Pero, Majestad, no hay otro secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando…
- Vete. ¡Vete antes de que llame al verdugo! El sirviente sonrió un poco asustado, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores, y le contó su conversación de la mañana.
- ¿Por qué él es feliz? Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo? Así es. ¿Y eso es lo que lo hace feliz? No Majestad, eso es lo que no
lo hace infeliz. A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz. Así es.
- ¿Y cómo salió? Nunca entró. ¿Qué círculo es ése? El círculo del 99.
- Verdaderamente, no te entiendo nada. La única manera para que entendiera, sería mostrártelo en los hechos. ¿Cómo? Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
- Eso, obliguémoslo a entrar. No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el
círculo. Entonces habrá que engañarlo. No hace falta, su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará sólito, sólito. Son pocos los hombres tan grandes, que
sean capaces de resistir. ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
- No, al contrario. Pensará que es su fortuna.Y después, cuando se sienta
infeliz, ¿no podrá salir? Si podría, pero muy pocos hombres son capaces de lograrlo.
Les llamamos "santos". Qué esperas, hagamos la prueba. Majestad, ¿está dispuesto a
perder un excelente sirviente, para poder entender la estructura del círculo?
-Sí. Bien, esta noche pasaré a buscarlo. Debe tener preparada una bolsa de cuero con 99
monedas de oro, ni una más, ni una menos. ¡99! ¿Qué más?, ¿llevo los guardias por si acaso? - Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche. - Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio, y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa, y le pinchó un papel que decía: "Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste". Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse.
Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y entonces se acercaron a la ventana para ver la escena.
El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa, y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido de la bolsa sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro!. Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando, empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60 hasta que formó la última pila: ¡9 monedas! Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego, el piso y finalmente la bolsa.
- No puede ser - pensó. Puso la última pila al lado de las otras, y confirmó que era más baja. ¡Me robaron -gritó- me robaron, malditos!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro; "sólo 99".
- 99 monedas. Es mucho dinero -pensó-. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- cien es un número completo, pero noventa y nueve, no.
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes.
El sirviente guardó las monedas en la bolsa, y mirando para todos lados para ver si alguno de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma, y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien? Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después, quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro, un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.
- Doce años es mucho tiempo -pensó-. Quizás pudiera decirle a mi esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de que terminara su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche, y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡Erademasiado tiempo! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender… vender… vender… estaba haciendo calor.
¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99…
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y amargado.
- ¿Qué te pasa? - preguntó el rey de buen modo. Nada me pasa, nada me
pasa. Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo. Hago mi trabajo, ¿no?, ¿qué
quería su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.
No era agradable tener un paje del círculo del 99.
El siervo del rey no repudió directamente a Dios y a su familia por el dinero, pero si los relegó a un segundo plano. ¡Suficiente para perderse!
Quizás pensó que su amor al dinero era para el bien de su familia, pero no era verdad. La avaricia lo cegó.
Sólo hay una ambición que es santa:
Acerca del amor mutuo no es necesario que les escriba, porque ustedes mismos han aprendido de Dios a amarse los unos a los otros… Sin embargo, hermanos, los exhortamos a que progresen más y más, y a que pongan su empeño en vivir pacíficamente, ocupándose cada uno de lo suyo y trabajando con sus propias manos, como les hemos recomendado. (I Tes 4, 9-11)
¡Anhelen los carismas más valiosos! Y yo les mostraré un camino que los supera a todos.
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como campana que suena o platillo que retumba. (I Cor 12,31-13,1)
Por eso les digo: No se inquieten pensando qué van a comer o a beber para subsistir, o con qué vestirán su cuerpo. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? (Mt 6, 25)