por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
El abuelo se había hecho muy viejo. Sus piernas flaqueaban, veía y oía cada vez menos; babeaba y tenía serias dificultades para tragar.
En una ocasión, cuando su hijo y su nuera le servían la cena, al abuelo se le cayó el plato y se hizo añicos en el suelo.
La nuera comenzó a quejarse de la torpeza de su suegro, diciendo que lo rompía todo, y que a partir de aquel día, le darían de comer en una palangana de plástico. El anciano suspiraba asustado, sin atreverse a decir nada. Un rato después, vieron al hijo pequeño buscando algo en el armario.
Movido por la curiosidad, su padre le preguntó:
- ¿Qué haces, hijo? El chico, sin levantar la cabeza, repuso:
- Estoy preparando una palangana para darles de comer a mamá y a ti cuando sean
viejos.
El marido y su esposa se miraron, y se sintieron tan avergonzados que empezaron a llorar. Pidieron perdón al abuelo y a su hijo, y las cosas cambiaron radicalmente a partir de aquel día. Su hijo pequeño les había dado una severa lección de sensibilidad y de buen corazón.
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Cierto día, una gigantesca águila de Escocia arrebató de su madre a un bebé dormido.
Enseguida, toda la gente de la aldea se movilizó para ofrecer su ayuda.
Pero el águila no tardó en posarse sobre un elevado despeñadero, por lo que todos temieron por la suerte de la criatura.
Un marino trató de ascender, pero se vio obligado a desistir de su intento.
Luego, trató de subir un robusto montañés, acostumbrado a escalar los cerros de la región.
Pero su esfuerzo fue en vano.
Por fin, se adelantó una humilde campesina, quien fue
afirmando sus pies en una saliente tras otra de la roca, hasta llegar a la cumbre del despeñadero.
Mientras temblaban los corazones de los observadores, la mujer descendió paso a paso, hasta que, en medio de los gritos de los aldeanos, regresó con el bebé junto a su pecho.
¿Por qué esa mujer tuvo éxito donde el fuerte marino y el experimentado montañés habían fracasado?
Porque ella tenía un gran amor hacia la criatura.¡Era su madre!
Su amor maternal la había llevado a arriesgar su vida, con tal de salvar a su pequeño hijo.
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Cuando el Dr. Martín era un joven alumno de la escuela de medicina, estaba profundamente convencido de la estupidez que suponía llenar el mundo de enfermos incurables y seres inválidos. Defendía ardientemente la eutanasia, y acostumbraba discutir esos temas con sus compañeros de clase.
- Pero si ésa es precisamente nuestra misión -le contestaban-. Estamos aquí para cuidar del cojo, el lisiado y el ciego. La misión del médico - replicaba siempre Martín- es sanar a los enfermos, y si no existe remedio, lo mejor es que mueran.
Ya cursaba el último año de estudios cuando, cumpliendo sus deberes fuera del hospital, asistió en un barrio pobre de la ciudad al parto de una inmigrante colombiana. Era el décimo chiquillo que la mujer traía al mundo, y había nacido con una pierna bastante más corta que la otra. La fuerza de la costumbre hizo al médico soplar en la boca de la criaturita para iniciar la respiración, pero un momento después pensó:
"¡Qué estoy haciendo! Está condenado a caminar toda la vida con su desdichada pierna. Los otros chicos le llamar joven alumno de la escuela de medicina, estaba profundamente convencido de la estupidez que suponía llenar el mundo de enfermos incurables y seres inválidos. Defendía ardientemente la eutanasia, y acostumbraba discutir esos temas con sus compañeros de clase.
- Pero si ésa es precisamente nuestra misión -le contestaban-.
Estamos aquí para cuidar del cojo, el lisiado y el ciego.
- La misión del médico - replicaba siempre Martín- es sanar a los enfermos, y si no
existe remedio, lo mejor es que mueran.
Ya cursaba el último año de estudios cuando, cumpliendo sus deberes fuera del hospital, asistió en un barrio pobre de la ciudad al parto de una inmigrante colombiana. Era el décimo chiquillo que la mujer traía al mundo, y había nacido con una pierna bastante más corta que la otra. La fuerza de la costumbre hizo al médico soplar en la boca de la criaturita para iniciar la respiración, pero un momento después pensó:
"¡Qué estoy haciendo! Está condenado a caminar toda la vida con su desdichada pierna. Los otros chicos le llamarán carga de penas. Su único hijo y su nuera murieron en un accidente de automóvil, dejando una niñita de cuya crianza tuvo que encargarse. Aquella nietecita era su adoración. El verano que cumplió los diez años, Ana despertó una mañana, quejándose de rigidez del cuello y extraños dolores en brazos y piernas.
Al principio pensaron que era parálisis infantil, pero resultó ser una infección virulenta tan poco frecuente, que sólo ha merecido breves referencias en los tratados médicos. En toda su larga práctica profesional, el propio Dr. Martín no había encontrado un solo caso de aquel mal.
Consultó a especialistas neurólogos, que movieron la cabeza con desaliento, y dijeron que no se conocía remedio para la enfermedad, cuyos progresos eran lentos, pero acababa siempre en parálisis, de mayor o menor grado.
- Sin embargo, hay un médico joven en el Oeste -dijo al doctor uno de los especialistas- que ha escrito recientemente un artículo sobre los éxitos obtenidos por él en algunos casos de esta enfermedad. Se llama T. J. Méndez. Si yo me encontrara en la situación de usted, iría a verlo.
El doctor voló con Ana a la pequeña clínica particular donde el Dr. Méndez había puesto en práctica el nuevo y revolucionario tratamiento terapéutico para los varios tipos de enfermedades que causan lesión. El Dr. Martín observó que su colega cojeaba pronunciadamente.
- Esta pierna corta me coloca entre el grupo de los lisiados - dijo el Dr. Méndez, al observar la mirada de su visitante-. Los chicos me llaman Pata-corta. Yo se los permito, y a ellos les encanta. La verdad es que me gusta más que mi verdadero nombre, Tadeo, que siempre me ha parecido un poco ceremonioso. Como a muchos chiquillos, me pusieron el
nombre del joven estudiante de medicina que me trajo al mundo.
El Dr. Tadeo Martín tragó saliva, recordando que en aquella ocasión se había dicho a sí mismo: "El mundo no lo necesita para nada". ¡Cuan ciego era en aquel tiempo!
Alargó la mano al médico, cuya ciencia haría posible que Ana volviera a caminar, y dijo:
- Es mejor ser lisiado que ciego.
No es tu APTITUD, sino tu ACTITUD, lo que determina tu ALTITUD
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5, Sin categoría
Unos padres tenían dos hijos revoltosos. Una niña de 8 años y un varón de 10. Resultó que los padres estaban teniendo una gran dificultad para controlarlos, y decidieron buscar ayuda. Hablaron con un padre, y él pronto accedió a hablarles a los muchachos.
Hicieron una cita, y los padres primero trajeron al varón a la oficina del sacerdote. Al entrar el niño en la oficina, encontró al sacerdote sentado detrás de su escritorio con una mirada impresionante, y le dijo que se sentara en la silla que estaba directamente al frente de él, y así lo hizo el muchacho.
Una vez que se sentó, en un tono autoritario, el sacerdote le preguntó:
- ¿Dónde está Dios? – existía un gran silencio en la habitación, y el niño no dijo nada.
Nuevamente el padre preguntó: - ¿Dónde está Dios?
Pero el silencio persistía aún más. Esto sucedió tres veces, y a la tercera vez, el niño se levantó de la silla, y salió corriendo de la oficina del sacerdote.
Corrió y corrió hasta llegar a su casa, entró por la puerta y subiendo las escaleras, corrió hasta la habitación donde se encontraba su hermana. Con una voz alarmada, le dijo:
- ¡Estamos en tremendo problema!
A lo que ella respondió: - ¿Por qué?, ¿qué pasó? Y respondiendo, el niño dijo:
- Aparentemente Dios se ha perdido, y nos están echando la culpa a nosotros.
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Un sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretara su sueño.
- ¡Qué desgracia, mi señor! -exclamó el sabio-, cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad. ¡Qué insolencia! -gritó el sultán enfurecido-. ¿Cómo te
atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran al sabio cien latigazos.
Más tarde, el sultán dispuso que le trajeran a otro sabio, y le contó lo que había soñado.
Este, después de escuchar al sultán con atención, le dijo:
' - ¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes.
Se iluminó el semblante del sultán con una gran sonrisa, y ordenó que le dieran al sabio cien monedas de oro.
Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo:
- ¡No es posible! La interpretación que has hecho de los sueños es la misma que el
primer sabio. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.
- Recuerda bien, amigo mío, -respondió el segundo sabio-. Todo depende de la forma en
el decir… uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse.
De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.
Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, no cabe duda, mas la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.
La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir; pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.
Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y Iwego, hablando se aprende a callar. Diógenes de Sinope
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
1.- Acéptate tal como eres.
2.- Considera que has recibido, con toda probabilidad, más de lo que necesitas. No envidies a nadie.
3.- Acepta a los demás tal como son, empezando por los más cercanos: tu familia, tus amigos, tus compañeros, tus vecinos.
4.- Aprende a decir y a sentir lo bueno que hacen los demás y dilo en voz alta, sin resentimientos ni temores.
5.- No te compares nunca con los demás, pues eso conduce al orgullo o a la desesperación, que nunca te harán feliz.
6.- Vive en la verdad sin temor a decir "sí" a lo que está bien, y "no" a lo que está mal.
7.- Resuelve los problemas y los conflictos con el diálogo, y nunca guardes rencor. El rencor te encierra en la tristeza.
8.- Empieza a dialogar con lo que nos une, y sólo después, ocúpate de lo que nos divide. Siempre son más las cosas que nos unen que las que nos separan.
9.- Da el primer paso, sin esperar a que lo dé el otro, y hazlo antes de que se haga de noche. Que no se ponga el sol sin haber hecho las paces, sin el abrazo de la reconciliación.
10.-Ten bien por seguro y por cierto, que perdonar y amar, es siempre, más importante que tener razón.