Lo que cuesta tener un hijo

Recientemente, un artículo decía que el costo de crianza de un niño desde su nacimiento hasta la edad de 18 años, era de $1,451,520 pesos para una familia de clase media.

Para aquéllos que tenemos hijos, estos números nos llevan a fantasear sobre todo el dinero que podríamos tener amontonado si no fuera por ellos. Para otros, ese número podría confirmar su decisión de seguir sin hijos. Pero $1,451,520 no son algo tan grande, si lo desglosamos de la siguiente manera.
Se convierten en: $80,640 por año, $6,720 por mes, o $1,680 por semana. Tan sólo $240 por día.

Simplemente a $10 pesos la hora. Aún así, se pudiera pensar que el mejor consejo financiero sería decir: "no tenga niños, si quiere ser rico". Resulta que es precisamente justo lo contrario.

¿Qué obtienes por ello? Derecho para poner nombres: Primer nombre, segundo nombre y apellidos.
Señales de Dios todos los días. Risitas bajo las sábanas todas las noches. Más amor que el que tu corazón puede soportar. Besos de mariposa y abrazos de oso.

  • La maravilla interminable sobre las piedras, hormigas, nubes y galletas calientes.
  • Una mano para sostener, normalmente cubierta de mermelada.
  • Un compañero para hacer burbujas, papalotes, construir castillos de arena, e ir saltando
    por la acera mientras llueve a cántaros.
  • Alguien para reírse tontamente de uno mismo, sin importar lo que diga el jefe, o cómo se hayan comportado las acciones durante el día.
  • Ver prenderse la luz cuando ellos finalmente "entienden" la multiplicación, cómo equilibrarse en la bicicleta, y que Santa "no es el verdadero significado de la Navidad".
    Por $1,451,520, tú nunca tienes que crecer..
    Tienes permiso para pintar con los dedos, comer dulces, jugar al escondite, capturar insectos luminosos, y nunca dejar de creer en milagros.
    Tienes una excusa para seguir leyendo los cuentos de Peter Pan, ver dibujos animados en la mañana del sábado, ir a ver películas de Disney, y pedirle deseos a las estrellas.
    Puedes pegar arcoiris, corazones y flores debajo de los imanes del refrigerador, y coleccionar flores de tallarines pintados para navidad, impresiones de las manos en arcilla para el Día de la Madre, y larjetas con letras en la parte de atrás, para el Día del Padre.
    Por $1,451,520 no hay mejor inversión para tu dinero… Puedes •,rr un héroe, sólo por recuperar una pelota del techo de la cochera, por quitar las ruedas de entrenamiento de la bicicleta, por sacar una astilla, llenar la piscina inflable, escupir una goma de mascar muy lejos, y por adiestrar un equipo de béisbol que nunca qana, pero siempre logra como premio un helado.
    Consigues un asiento de VIP en la historia, para ser testigo del primer paso, la primera palabra, el primer diente, la primera cita, la primera oración y la primera vez en la feria.
    Consigues ser inmortal. Logras agregar otra rama a tu árbol (¡cinealógico y, si tienes suerte, una larga lista de miembros en tu obituario, llamada nietos. En una palabra, ¡logras verdaderamente trascender!
    Obtienes una educación, algunas veces con honores, en: psicología, nutrición, justicia criminal, comunicación y sexualidad humana, que ninguna universidad del mundo puede igualar.

Ante los ojos de un niño, estás en el mismo escalafón con Dios; tienes todo el poder para sanar un llanto, espantar los monstruos que están debajo de la cama, remendar un corazón roto, vigilar una fiesta, ponerlos siempre sobre la tierra y amarlos sin límites de forma tal, que un día ellos amen como tú, sin tomar en cuenta el costo.
Por todo esto, quiere sin temor, ama sin restricción, busca sin desesperación. Por una vez que seas amado, valdrá la pena el millón de oportunidades en que "tú" crees haber fallado, o piensas haber sido engañado o defraudado…
Prefiero mil veces mil, sentir el fuego del amor por un segundo, que la lejanía de la felicidad por mi terquedad al temer ser herido, o herir a alguien.
Sin palabras, ¿verdad?

Lista de compras

Una mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba derrota, entró a una tienda.
La mujer se acercó al dueño de la tienda y de la manera más humilde, le preguntó si podía llevarse algunas cosas a crédito.

Con voz suave le explicó que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar; tenía siete niños y necesitaban comida. El dueño le pidió que abandonara su tienda.
Sabiendo la necesidad que estaba pasando su familia, la mujer continuó:

  • ¡Por favor, señor! Se lo pagaré tan pronto como pueda.
    El dueño le dijo que no podía darle crédito, ya que no tenía una cuenta de crédito en su tienda.

De pie, cerca del mostrador, se encontraba un cliente, que escuchó la conversación entre el dueño de la tienda y la mujer.

El cliente se acercó y le dijo al dueño de la tienda que él se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su familia. El dueño, preguntó a la mujer:

  • ¿Tiene usted una lista de compras? La mujer dijo: Sí señor.

Está bien, -dijo el dueño- ponga su lista en la balanza, y lo que pese su lista le daré yo en comestibles.

La mujer titubeó por un momento, y cabizbaja, buscó en su cartera un pedazo de papel y escribió algo en él. Puso el pedazo de papel, en la balanza.

Los ojos del dueño y del cliente se llenaron de asombro cuando la balanza se fue hasta lo más bajo, y se quedó así.

El dueño entonces, sin dejar de mirar la balanza dijo:

  • ¡No lo puedo creer!

El cliente sonrió, y el dueño comenzó a poner comestibles al otro lado de la balanza.
La balanza no se movió, por lo que continuó poniendo más y más comestibles, hasta que no aguantó más.

El dueño se quedó allí, parado con gran asombro.
Finalmente, agarró el pedazo de papel y lo miró con mucho más asombro…

No era una lista de compras, era una oración que decía:

"Querido Señor, tú conoces mis necesidades, y yo voy a dejar esto en tus manos".
El dueño de la tienda le dio los comestibles que había reunido, y quedó allí en silencio.
La mujer le agradeció y abandonó su tienda.

El cliente le entregó un billete de quinientos pesos al dueño y le dijo:

  • Valió cada centavo de este billete.

Sólo Dios sabe cuánto pesa una Oración. La Oración es uno de los mejores regalos gratuitos que recibimos. No tiene costo, pero sí muchas recompensas.

La oración es el aliento del alma, y debe conducirnos a persistir en nuestro intento de
conocer la voluntad del Padre.

Las 3 hijas del Rey

Cuenta una leyenda que un rey tenía tres hijas, y a cada una de ellas le pidió que le describiera la profundidad de su amor por él.

La mayor dijo que lo quería tanto como el pan; la segunda, tanto como el vino, y la tercera, tanto como la sal… El rey se enfadó con su hija menor, y por haber elegido la sal, la desterró de su presencia.

La hija permaneció desheredada, hasta que un día, recibió la ayuda del cocinero del palacio… Siguiendo su consejo, la hija menor le preparó a su padre una de sus comidas favoritas… pero sin sal, totalmente insípida.

Entonces, cuando el monarca probó aquel manjar, pero que sin sal se convirtió en algo nada apetecible, comprendió que no podía vivir sin la sal, y acogió con gusto a su hija, al entender la profundidad de su amor.

Las moneditas

Cierta vez, una niña encontró en el jardín donde jugaba una pequeña moneda de diez centavos. Desde ese momento en adelante, decidió que siempre caminaría con la cabeza baja y con los ojos pegados al piso en busca de más tesoros.

Durante el resto de su vida, ella había coleccionado 500 moneditas de diez centavos, 40 monedas de veinte centavos, 22 monedas de un peso, 14 monedas de cinco pesos y un sólo billete de 50 pesos, totalizando 200 pesos.

Mientras ella juntaba moneditas que no representaban ningún esfuerzo de su parte, ella sacrificó otras cosas de valor mucho mayor. Ella perdió el privilegio de observar el puestas de sol, el brillo de las estrellas en alguna de esas bellísimas noches de cielo claro, el vuelo de las majestuosas águilas y el colorido de las aves en lo alto de los árboles. Las sonrisas de sus amigos, a los que no veía por su obsesión de andar con la cabeza agachada en busca de más monedas. Por cierto, perdió mucho más que lo que encontró.

Así es como estamos tan ocupados con los negocios de la vida en busca de los llamados "tesoros", para al final terminar habiendo gastado nuestras vidas mirando hacia abajo, en lugar de apreciar la belleza que nos rodea. Así que recuerda, es bueno descansar en el césped, pero evita recoger centavos.

"Vive la vida al máximo, recuerda que sólo nos toca un viaje por persona"

Las apariencias engañan

En una prestigiosa universidad de Sudamérica, el primer día de clases, se encontraba en la biblioteca un hombre vestido de overol, de ésos que usan los trabajadores de las fábricas, y calzaba sandalias en un día muy frío. En sus manos llevaba varios libros.

  • ¿Quién es ese hombre? – era la pregunta general.
  • Es un profesor de Física, y viene de Norteamérica - fue la respuesta, con la siguiente
    historia:

Un día, este hombre llegó hasta la facultad de Física, vestido del modo tan particular en que le gusta vestir. Pidió, en un español poco fluido, una entrevista con el decano. Le indicaron que estaba en una reunión con un grupo de docentes. El hombre insistió en verlo. La secretaria lo buscó, y al rato salió el decano a verlo.

Luego de saludarlo, el hombre le dijo: -Vengo a pedir trabajo como docente de Física.
El decano miró su apariencia de arriba abajo; su aspecto era la antítesis de un profesor universitario. De pronto, el decano dibujó una leve sonrisa en su rostro, y lo invitó a que lo acompañara. Entraron en una sala, donde había una media docena de docentes universitarios.

El decano le dijo: - Hace poco recibimos este libro como texto guía. Estamos
aquí, intentando solucionar unos problemas de Física. Si usted es capaz de resolverlos, lo contrato como docente.

El hombre tomó el texto, se dirigió a una pizarra, y tranquilamente comenzó a resolver uno a uno los problemas que le habían indicado. Los docentes cambiaron poco a poco la sonrisa de burla que tenían en sus rostros, por una cara de asombro. Cuando terminó, el decano, atónito, le dijo casi tartamudeando:

  • ¿Cómo pudo hacerlo? ¡Hemos estado aquí varios días sin poder resolver estos teoremas! El hombre, con sencillez, simplemente respondió: - Yo soy el autor del libro.
    La mejor forma de equivocarnos con las personas es juzgarlas por aspectos externos.

Ninguna persona encaja fácilmente en los estereotipos que nos formulamos de ellas. Es por eso que las palabras de Dios tienen tanto valor: "No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Dios no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón". (1 Samuel 16,7).

Ora a Dios, para que te dé la sabiduría de no juzgar a las personas por aspectos externos, sino por los principios que tienen.

La ternura

No es ternura el fuego de una pasión… sino la suavidad de una caricia.
No es ternura el oleaje que se desborda… sino el beso del cielo con el mar.
No es ternura la montaña que nos sobrecoge… sino la maceta de violetas perfumadas en la ventana.

No es ternura lo grandioso… sino la delicadeza, la insignificancia, el detalle.
No es ternura lo que se da… sino lo que se refleja y se deja traslucir.
No es ternura el sol que calcina… sino la luna que inspira.
No es ternura el fuego que abraza… sino el leño que se consume.
No es ternura lo que sobresale y resalta… sino el escondite… el beso… la insinuación… la luz y la rosa.

La ternura parece por momentos olvidada y tendríamos que revivirla, pues es lo que logra que nuestros días, nuestra vida, pasen de ser un mero transitar a ser inolvidables.

La ternura está en aquello que parece pequeño, pero que se hace grande en el corazón.
El beso sincero, el apretón cálido de manos, el abrazo inesperado, una mirada llena de cariño que nos dice… ¡ estoy aquí, puedes contar conmigo! pocas palabras en un papel que dicen todo…

En los niños vemos la ternura todos los días… nos cautivan con sus expresiones sinceras, con la caricia que llega a nosotros, sin tener que hacer ningún reclamo…
En el beso, en el abrazo cortito que no puede envolvernos, pero que nos hace sentir ese corazoncito muy cerca de nosotros…

Hemos crecido, somos adultos y dejamos muchas cosas olvidadas o de tanto golpearnos, quedaron en nuestro interior adormecidas, paralizadas, congeladas…
Intentemos revivirlas…

La ternura no está en lo grande, ni en lo brillante, ni en lo que se destaca; está en lo chiquito, en lo sencillo, en esas pequeñas cosas de todos los días…

La ternura es eso que… vitaliza al viejo… duerme al niño… ¡y desarma al hombre!

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