por makf | 17 Sep, 2025 | Nehemias
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Capítulo 13
1 Aquel día, se leyó el libro de Moisés en presencia del pueblo, y en él se encontró escrito: «El amonita y el moabita no entrarán jamás en la asamblea de Dios,
2 porque no acogieron a los israelitas con pan y agua, sino que contrataron contra ellos a Balaam para que los maldijera, peor nuestro Dios cambió la maldición en bendición».
3 Cuando escucharon la Ley, separaron de Israel a todos los mestizos.
4 Antes de esto, Eliasib, el sacerdote encargado de las dependencias de la Casa de nuestro Dios, un pariente de Tobías,
5 había acondicionado para este una habitación amplia, donde antes se depositaban las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del trigo, del vino nuevo y del aceite fresco, o sea, lo que estaba mandado para los levitas, los cantores y los porteros, y lo reservado para los sacerdotes.
6 Mientras tanto, yo estaba ausente de Jerusalén, porque el trigésimo segundo año de Artajerjes, rey de Babel, había ido a ver al rey. Al cabo de un tiempo, con el permiso del rey,
7 volví a Jerusalén y me enteré de la mala acción que había cometido Eliasib en beneficio de Tobías, al acondicionarle una sala en el recinto de la Casa de Dios.
8 Esto me disgustó muchísimo, y arrojé fuera de su habitación todo el mobiliario de la casa de Tobías.
9 Luego mandé purificar las habitaciones e hice poner de nuevo allí los utensilios de la Casa de Dios, las ofrendas y el incienso.
10 Supe también que no se entregaban las porciones a los levitas, y que los levitas y cantores encargados del culto se habían refugiado cada uno en su campo.
11 Entonces encaré a los magistrados y les dije: «¿Por qué se ha descuidado la Casa de Dios?». Luego reuní a los levitas y cantores y los restablecí en sus puestos.
12 Todo Judá trajo a los depósitos los diezmos del trigo, del vino nuevo y del aceite fresco;
13 y puse al frente de los depósitos al sacerdote Selemías, al escriba Sadoc, y a Pedaías, uno de los levitas, y como ayudante, a Janán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, porque se los consideraba personas de confianza. Ellos eran los encargados de distribuir las porciones entre sus hermanos.
14 Por todo esto, ¡acuérdate de mí, Dios mío, y no olvides las obras de piedad que realicé por la Casa de mi Dios y por su culto!
15 En aquellos días, vi gente en Judá que pisaba los lagares durante el sábado. Otros acarreaban gavillas y también cargaban sobre los asnos vino, uvas, higos y toda clase de cargas, para traerlos a Jerusalén en día sábado. Y yo los reprendí, mientras vendía sus mercaderías.
16 Además, algunos tirios que se habían establecido en Jerusalén, hacían entrar pescado y toda clase de mercancías para venderlas durante el sábado a los judíos, en Jerusalén.
17 Yo encaré a los notables de Judá y les dije» «¡Ustedes obran mal profanando el día sábado!
18 Eso mismo hicieron sus padres, y por eso nuestro Dios envió tantas desgracias sobre nosotros y sobre esta ciudad. Al profanar el sábado, ustedes aumentan la ira de Dios contra Israel».
19 Cuando las puertas de Jerusalén estaban en penumbra, antes del sábado, mandé que las cerraran y ordené que no las reabrieran hasta pasado el sábado. Además aposté a algunos de mis hombres junto a las puertas, para que no entrara ninguna carga el día sábado.
20 Una o dos veces, los traficantes y vendedores de toda clase de mercancías pasaron la noche fuera de Jerusalén.
21 Pero yo les advertí: «¿Por qué pasan la noche delante de la muralla? Si lo vuelven a hacer, los haré detener». Desde entonces, ya no volvieron más durante el sábado.
22 Luego ordené a los levitas que se purificaran y fueran a custodiar las puertas, a fin de santificar el día sábado. También por esto, ¡acuérdate de mí, Dios mío, y ten piedad de mí, por tu gran fidelidad!
23 También vi en esos días que algunos judíos se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas.
24 La mitad de sus hijos hablaban asdodeo u otras lenguas, pero ya no sabían hablar la lengua de los judíos.
25 Yo los reprendí y los maldije, golpeé a algunos, les tiré de los cabellos y los conjuré en nombre de Dios, diciéndoles: «¡No entreguen sus hijas a los hijos de ellos, ni se casen con sus hijas, ni ustedes, ni sus hijos!»
26 ¿No fue acaso por esto que pecó Salomón, rey de Israel? Entre tantas naciones, no había otro rey semejante a él; era amado por su Dios y Dios lo había hecho rey de todo Israel. Sin embargo, incluso a él, lo hicieron pecar las mujeres extranjeras.
27 ¿También de ustedes se oirá decir que cometen ese gran crimen de traicionar a nuestro Dios, casándose con mujeres extranjeras?
28 Yo eché de mi lado a uno de los hijos de Ioiadá, hijo del Sumo Sacerdote Eliasib, que era yerno de Sambalat, el joronita.
29 ¡Acuérdate de esta gente, Dios mío, porque mancillaron el sacerdocio y la alianza de los sacerdotes y de los levitas!
30 Yo los purifiqué de todo elemento extranjero. Establecí para los sacerdotes y los levitas reglamentos que determinaban la tarea de cada uno,
31 e hice lo mismo para la ofrenda de la leña, en los tiempos fijados, y para las primicias. ¡Acuérdate de mí, Dios mío, para mi bien!
por makf | 17 Sep, 2025 | Nehemias
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Capítulo 12
1 Estos son los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Sealtiel, y con Josué: Seraías, Jeremías, Esdras,
2 Amarías, Maluc, Jatús,
3 Secanías, Rejúm, Meremot,
4 Idó, Guinetón, Abías,
5 Miamín, Maadías, Bilgá,
6 Semaías, y también Ioiarib, Iedaías,
7 Salú, Amoc, Jilquías, Iedaías. Estos eran los jefes de los sacerdotes y de sus hermanos, en tiempos de Josué.
8 Los levitas eran: Josué, Binuí, Cadmiel, Serebías, Judá y Matanías, encargado de este último con sus hermanos de los himnos de alabanza.
9 Bacbuquías, Uní y sus hermanos los asistían en sus cargos.
10 Josué fue padre de Ioiaquím; Ioiaquím fue padre de Eliasib; Eliasib fue padre de Ioiadá;
11 Ioiadá fue padre de Jonatán; Jonatán fue padre de Iadúa.
12 En la época de Ioiaquím, los jefes de las familias sacerdotales era: de la familia de Seraías: Meraías; de la de Jeremías: Jananías;
13 de la de Esdras: Mesulam; de la de Amarías: Iejojanam;
14 de la de Melicú: Jonatán; de la de Sebanías: José;
15 de la de Jarím: Adná; de la de Meraiot: Jelcái;
16 de la de Idó: Zacarías;
17 de la de Adías: Zicrí; de la de Miamín...; de la de Maadías: Piltal;
18 de la de Bilgá: Samuá; de la de Semaías: Jonatán;
19 además, de la de Ioiarib: Matenái; de la de Iedaías: Uzí;
20 de la de Salái: Calái; de la de Amoc: Eber;
21 de la de Jilquías: Jasabías; de la de Iedaías: Netanel.
22 En la época de Eliasib, de Ioiadá, de Iojanán y de Iadúa, los jefes de las familias sacerdotales fueron registrados hasta el reinado de Darío, el persa.
23 Los jefes de familia de los hijos de Leví fueron registrados en el libro de las Crónicas, hasta la época de Iojanán, hijo de Eliasib.
24 Los jefes de los levitas eran Jasabías, Serebías, Josué, Binuí, Cadmiel y sus hermanos, que los asistían alternándose por grupos en la alabanza y en la acción de gracias, según la orden de David, hombre de Dios.
25 Matanías, Bacbuquías, Abdías, Mesulam, Talmón y Acub eran porteros y hacían guardia en los depósitos que estaban junto a las puertas.
26 Todos estos vivían en tiempos de Ioiaquím, hijo de Josué, hijo de Josadac, y en tiempos del gobernador Nehemías y del sacerdote escriba Esdras.
27 Cuando se dedicaron las murallas de Jerusalén, se fue a buscar a los levitas de todos los sitios donde vivían para llevarlos a Jerusalén, a fin de celebrar alegremente esa dedicación, con cantos de acción de gracias y con música de címbalos, arpas y cítaras.
28 Los cantores, hijos de Leví, se reunieron de la región cercana a Jerusalén, de los pueblos de los Netofatitas,
29 de Bet Guilgal, de los campos de Gueba y de Azmávet; porque los cantores se habían construído pueblos alrededor de Jerusalén.
30 Los sacerdotes y los levitas se purificaron, y luego purificaron al pueblo, las puertas y las murallas.
31 Yo mandé entonces a los jefes de Judá que subieran a las murallas y organicé dos grandes coros. El primero avanzaba por encima de las murallas hacia la derecha, en dirección de la puerta del Basural.
32 Detrás de este grupo iba Josaías y la mitad de los jefes de Judá.
33 como así también Azarías, Esdras, Mesulam,
34 Judá, Miamín, Semaías y Jeremías,
35 elegidos entre los sacerdotes y provistos de trompetas. Después iban Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías, hijo de Micá, hijo de Zacur, hijo de Asaf,
36 con sus hermanos Semaías, Azarel, Milalai, Guilalai, Maai, Netanel, Judá y Jananí, provistos de los instrumentos musicales de David, hombre de Dios. Y el escriba Esdras iba al frente de todos ellos.
37 A la altura de la puerta de la Fuente, subieron derecho por las gradas de la Ciudad de David, por la cuesta de la muralla, encima de la casa de David, hasta la puerta del Agua, hacia el este.
38 El segundo coro avanzaba hacia la izquierda; yo iba detrás con la otra mitad de los jefes del pueblo, por encima de la muralla, pasando por la torre de los Hornos y hasta el muro Ancho,
39 y después por encima de la puerta de Efraím, la puerta de la Vieja, la puerta de los Pescados, la torre de Jananel y la torre de los Cien, hasta la puerta de las Ovejas, y nos detuvimos en la puerta de la Inspección.
40 Los dos coros se ubicaron en la Casa de Dios. Junto a mí estaban la mitad de los magistrados
41 y los sacerdotes Eliaquím, Maaseías, Miniamín, Miqueas, Elioenai, Zacarías y Jananías, provistos de trompetas
42 y Maaseías, Semaías, Eleazar, Uzí, Iehojanán, Malaquías, Elam y Ezer. Los cantores entonaron su canto bajo la dirección de Izrajías.
43 Aquel día, se ofrecieron grandes sacrificios y hubo mucha alegría, porque Dios les había dado un gran motivo de gozo. También las mujeres y los niños compartían la alegría, y el regocijo de Jerusalén se oía desde lejos.
44 En aquel tiempo, se nombró a los encargados de los depósitos destinados a almacenar las contribuciones, las primicias y los diezmos, a fin de guardar las porciones asignadas por la Ley a los sacerdotes y levitas, las cuales provenían de los campos cercanos a las ciudades. Porque la gente de Judá estaba contenta con los sacerdotes y levitas que ejercían sus funciones.
45 Ellos, en efecto, aseguraban el culto de su Dios y los ritos de purificación –lo mismo que los cantores y porteros– conforme a las órdenes de David y de su hijo Salomón.
46 Porque desde tiempos antiguos, en los días de David, Asaf había sido el jefe de los cantores y se entonaban cantos de alabanza y de acción de gracias a Dios.
47 Todo Israel, en tiempos de Zorobabel y de Nehemías, daba día tras día las porciones asignadas a los cantores y porteros. También se daba a los levitas las ofrendas santas, y estos entregaban su parte a los hijos de Aarón.
por makf | 17 Sep, 2025 | Nehemias
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Capítulo 11
1 Los jefes del pueblo se establecieron en Jerusalén. El resto del pueblo fue sorteado para que uno de cada diez hombres viviera en Jerusalén, la Ciudad santa, y los otro nueve en las de más ciudades.
2 Y el pueblo bendijo a todos los hombres que se ofrecieron voluntariamente para vivir en Jerusalén.
3 Estos son los jefes de la provincia que se establecieron en Jerusalén, y en las otras ciudades de Judá. Así, todo Israel, los sacerdotes, los levitas, los empleados del Templo y los hijos de los servidores de Salomón, vivían en sus respectivas ciudades, cada uno en su propiedad.
4 En Jerusalén vivían hijos de Judá e hijos de Benjamín. De los hijos de Judá: Atalías, hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahalalel, de los descendientes de Peres;
5 Maaseías, hijo de Baruc, hijo de Col José, hijo de Jazaías, hijo de Adaías, hijo de Ioiarib, hijo de Zacarías, hijo de Selá.
6 El total de los descendientes de Peres que vivían en Jerusalén era de 468 hombres aguerridos.
7 Los hijos de Benjamín eran: Salú, hijo de Mesulam, hijo de Ioed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maaseías, hijo de Itiel, hijo de Isaías,
8 y sus hermanos Gabai y Salai, en un total de 928 hombres aguerridos.
9 Joel, hijo de Sicri, estaba al frente de ellos, y Judá, hijo de Hasenúa, era el segundo jefe de la ciudad.
10 De los sacerdotes: Iedaías, hijo de Ioiarib, Iaquím,
11 Seraías, hijo de Jilquías, hijo de Mesulán, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ajitub, superintendente de la Casa de Dios,
12 y sus hermanos, que estaban dedicados al servicio del Templo: en total, 822; Adaías, hijo de Ierojam, hijo de Pelaías, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Malquías,
13 y sus hermanos, jefes de familia: en total, 242; y Amasái, hijo de Azarel, hijo de Ajzái, hijo de Mesilemot, hijo de Imer,
14 y sus hermanos, hombres aguerridos: en total 128. Zabdiel, hijo de Haguedolím, estaba al frente de ellos.
15 De los levitas: Semaías, hijo de Jasub, hijo de Azricam, hijo de Jasabías, hijo de Buní;
16 Sabtái y Jozabad, jefes levíticos encargados de los asuntos exteriores de la Casa de Dios;
17 Matanías, hijo de Micá, hijo de Zabdí, hijo de Asaf, que dirigía el canto de los himnos y entonaba la oración de acción de gracias; Bacbuquías, el segundo entre sus hermanos; Abdá, hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Iedutún.
18 El total de los levitas en la Ciudad santa era de 284.
19 Los porteros: Acub, Talmón y sus hermanos, que custodiaban las puertas: en total 172.
20 El resto de los israelitas, de los sacerdotes levitas vivían en todas las ciudades de Judá, cada uno en su propiedad.
21 Los empleados del Templo habitaban el Ofel; Sijá y Guispá estaban al frente de ellos.
22 El jefe de los levitas de Jerusalén era Uzí, hijo de Baní, hijo de Jasabías, hijo de Matanías, hijo de Micá; era uno de los hijos de Asaf, que estaban encargados del canto en el culto de la Casa de Dios.
23 Había, en efecto, una ordenanza del rey y un reglamento que fijaba a los cantores, lo que debían hacer cada día.
24 Petajías;, hijo de Mesezabel, de los hijos de Zéraj, hijo de Judá, era comisionado del rey para todos los asuntos del pueblo.
25 En los pueblos de campaña vivía una parte de los hijos de Judá: en Quiriat Arbá y sus poblados; en Dibón y sus poblados; en Icabsel y sus alrededores;
26 en Iesuá, Moladá, Bet Pélet,
27 Jasar Sual, Berseba y sus poblados;
28 en Siclag, Mejoná y sus poblados;
29 en En Rimón, Soreá, Iarmut,
30 Zanóaj, Adulam y sus alrededores, en Laquis y su campaña; en Azecá y sus poblados. Se establecieron desde Berseba hasta el valle de Hinón.
31 Los hijos de Benjamín vivían en Gueba, Micmás, Aiá, Betel y sus poblados;
32 en Anatot, Nob, Anaías,
33 Jasor, Ramá, Guitaim,
34 Jadid, Seboím, Nebalat,
35 Lod, Onó y el valle de los Artesanos.
36 Entre los levitas hubo grupos que fueron de Judá a Benjamín
por makf | 17 Sep, 2025 | Nehemias
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Capítulo 10
1 Como consecuencia de todo esto, asumimos un firme compromiso y lo consignamos por escrito. En el documento sellado atestiguan nuestros jefes, nuestros levitas y nuestros sacerdotes.
2 En el documento sellado firmaron: Nehemías, el gobernador, hijo de Jacalías, y Sedecías;
3 Seraías, Azarías, Jeremías,
4 Pasjur, Amarías, Malaquías,
5 Jatús, Sebanías, Maluc,
6 Jarím, Meremot, Abdías,
7 Daniel, Guinetón, Baruc,
8 Mesulam, Abías, Miamín,
9 Maazías, Bilgai, Semaías: estos son los sacerdotes.
10 Luego los levitas: Josué, hijo de Azanías, Binuí, de los hijos de Jenanad, Cadmiel,
11 y sus hermanos: Sebanías, Hodías, Quelitá, Pelaías, Janán,
12 Micá, Rejob, Jasabías,
13 Zacur, Serebías, Sebanías,
14 Hodías, Baní, Beninú.
15 Luego los jefes del pueblo: Parós, Pájat Moab, Elán, Zatú, Baní,
16 Buní, Asgad, Bebai,
17 Adonías, Bigvai, Adín,
18 Ater, Ezequías, Azur,
19 Hodías, Jasúm, Besai,
20 Jarif, Anatot, Nebai,
21 Magpiás, Mesulam, Jezir,
22 Mesezabel, Sadoc, Iadua,
23 Pelatías, Janán, Anaías,
24 Oseas, Jananías, Jasub,
25 Halojés, Piljá, Sobec,
26 Rejúm, Jasabná, Maaseías,
27 Ajías, Janán, Anán,
28 Maluc, Jarím, Baaná.
29 El resto del pueblo, de los sacerdotes y levitas, los porteros, los cantores, los empleados del Templo, en una palabra, todos los que se separaron de los pueblos extranjeros para seguir la Ley de Dios, lo mismo que sus mujeres y sus hijos, y todos los que son capaces de entender,
30 se unen a sus hermanos y a sus dignatarios, y se comprometen con imprecación y juramento a proceder según la Ley de Dios, que ha sido dada por medio de Moisés, el servidor de Dios, y a observar y practicar todos los mandamientos del Señor, nuestro Dios, sus normas y preceptos. Las cláusulas del compromiso
31 En particular, no daremos nuestras hijas a la gente del país ni tomaremos sus hijas como esposas para nuestros hijos.
32 Si la gente del país trae mercancías o cualquier otro objeto, para vender en día sábado, no les compraremos nada en sábado o en día festivo. El séptimo año, dejaremos los campos sin cultivar y cancelaremos cualquier clase de deuda.
33 Nos imponemos la obligación de dar cada año un tercio de siclo para el culto de la Casa de nuestro Dios,
34 para el pan de la ofrenda y la oblación perpetua, para el holocausto diario y los sacrificios del sábado, de las neomenias y solemnidades, para las ofrendas consagradas y los sacrificios de expiación por los pecados de Israel, en una palabra, para todo el servicio de la Casa de nuestro Dios.
35 En cuanto a la ofrenda de leña, los sacerdotes, los levitas y el pueblo hemos echado suertes para que cada una de nuestras familias la traiga por turno a la Casa de nuestro Dios, en los tiempos fijados, año tras año, a fin de que arda en el altar del Señor, nuestro Dios, como está escrito en la Ley.
36 Nos obligamos asimismo a traer a la Casa del Señor, año tras año, los primeros frutos de nuestro suelo, las primicias de todos los árboles frutales
37 y los primogénitos de nuestros hijos y de nuestro ganado, como está escrito en la Ley. Los primogénitos de nuestro ganado serán llevados a la Casa de nuestro Dios para los sacerdotes que prestan servicio en ella.
38 Lo mejor de nuestra molienda, de nuestros productos, de toda clase de frutos, del vino nuevo y del aceite fresco, los llevaremos a los sacerdotes para los depósitos de la Casa de nuestro Dios; el diezmo de nuestro suelo será para los levitas, y ellos mismos cobrarán el diezmo en todas las ciudades de nuestras zonas de cultivo.
39 Un sacerdote, hijo de Aarón, estará con los levitas cuando cobren el diezmo, y los levitas harán llegar la décima parte del diezmo a la Casa de nuestro Dios, para los depósitos del Tesoro.
40 Porque en esos depósitos los israelitas y los hijos de Leví colocarán las ofrendas de trigo, de vino nuevo y aceite fresco. Allí están también los utensilios del Santuario, los sacerdotes que prestan servicio, los porteros y los cantores. Así no descuidaremos la Casa de nuestro Dios.
por makf | 17 Sep, 2025 | Nehemias
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Capítulo 9
1 El día veinticuatro de ese mes, los israelitas se reunieron para un ayuno, vestidos de sayales y cubiertos de polvo.
2 Los de la estirpe de Israel se separaron de todos los extranjeros y se presentaron para confesar sus pecados y las faltas de sus padres.
3 Una vez ubicados en sus puestos, durante una cuarta parte del día se leyó el libro de la Ley del Señor, su Dios, y durante otra cuarta parte, confesaron sus pecados y se postraron delante del Señor, su Dios.
4 Sobre la tribuna de los levitas se levantó Josué, junto con Binuí, Cadmiel, Sebanías, Buní, Serebías, Baní y Quenaní, y clamaron en alta voz al Señor, su Dios.
5 Luego los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasbanías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petajías dijeron: «¡Levántense, bendigan al Señor, su Dios, desde siempre y para siempre! Sea bendecido tu Nombre glorioso, que supera toda bendición y alabanza».
6 Y Esdras dijo: «¡Tú eres el Señor, sólo tú! Tú hiciste los cielos, lo más alto del cielo y todo su ejército, la tierra y todo lo hay en ella, los mares y todo lo que contienen, A todo eso le das vida. y el ejército del cielo se postra ente ti.
7 Tú, Señor, eres el Dios que elegiste a Abram, lo hiciste salir de Ur de los caldeos y le pusiste por nombre Abraham.
8 Al ver que su corazón te era fiel, concluiste con él la alianza, para darle el país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jebuseos y guirgasitas, y para dárselo a su descendencia. Y has cumplido tus palabras, porque eres justo.
9 Tú viste la miseria de nuestros padres en Egipto, oíste su clamor junto al Mar Rojo,
10 Hiciste signos y prodigios contra el Faraón, contra sus servidores y todo el pueblo de su país, porque sabías con qué arrogancia los habían tratado; así adquiriste un renombre que perdura hasta hoy.
11 Abriste ante ellos el mar, y ellos lo cruzaron sin mojarse los pies; pero a sus perseguidores los hundiste en el abismo, como una piedra en las aguas caudalosas.
12 Los guiaste de día con una columna de nube y de noche, con una columna de fuego, para iluminarles el camino que debían recorrer.
13 Tú bajaste a la montaña del Sinaí y hablaste con ellos desde el cielo; les diste normas justas y leyes fidedignas, preceptos y mandamientos excelentes.
14 Les hiciste conocer tu santo día sábado y les prescribiste mandamientos, preceptos y una Ley, por medio de Moisés, tu servidor.
15 Tú les diste pan del cielo para saciar su hambre, hiciste brotar agua de la roca para calmar su sed, y les mandaste ir a tomar posesión de la tierra que, con la mano en alto, habías jurado darles.
16 Pero nuestros padres se mostraron arrogantes, se obstinaron y desoyeron tus mandamientos.
17 Se negaron a obedecer, sin acordarse de las maravillas que habías hecho por ellos; se obstinaron, empecinándose en volver a su servidumbre en Egipto. Pero tú eres el Dios del perdón, compasivo y misericordioso, lento para enojarte y lleno de fidelidad; por eso, no los has abandonado.
18 Ellos se fabricaron un ternero de metal fundido, diciendo: «Aquí está tu Dios, el que te hizo salir de Egipto», y así cometieron un gran ultraje.
19 Pero aún entonces, por tu gran misericordia, no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no se alejó de ellos de día, para guiarlos por el camino, no la columna de fuego durante la noche, para iluminarles el camino que debían recorrer.
20 Tú les diste tu buen espíritu, para que supieran discernir; no les quitaste el maná de la boca y les diste agua para calmar su sed.
21 Cuarenta años los sustentaste en el desierto y nunca les faltó nada: no se gastaron sus vestidos ni se les hincharon los pies.
22 Tú les entregaste reinos y pueblos, y se los repartiste como zona fronteriza: tomaron posesión del país de Sijón, rey de Jesbón, y del país de Og, rey de Basán.
23 Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los introdujiste en la tierra que habías prometido a sus padres en posesión.
24 Los hijos entraron y tomaron posesión del país, y tú sometiste ante ellos a los habitantes del país, los cananeos: los pusiste en sus manos, igual que a sus reyes y a los pueblos del país, para que ellos los trataran a su arbitrio.
25 Así conquistaron plazas fuertes y un suelo fértil; se adueñaron de casas llenas de toda clase de bienes, de cisternas excavadas, viñas y olivares y de árboles frutales en abundancia. Comieron hasta saciarse y engordaron, y por tu gran bondad, vivieron en medio de delicias.
26 Pero después fueron indóciles y se rebelaron contra ti: arrojaron tu Ley a sus espaldas, mataron a los profetas que los conminaban a volver a ti, y cometieron grandes ultrajes.
27 Tú los entregaste en manos de sus opresores, y ellos los oprimían. En el momento de la opresión, clamaban a ti; tú los escuchabas desde el cielo y, por tu gran misericordia, les mandabas salvadores que los salvaban de sus opresores.
28 Pero apenas se sentían tranquilos, volvían a hacer el mal delante de ti, y tú los abandonabas en manos de sus enemigos, que los oprimían; ellos volvían a invocarte y tú los oías desde el cielo: ¡cuántas veces los salvaste por tu misericordia!
29 Tú los conminabas a que volvieran a tu Ley, pero ellos se mostraron arrogantes y no obedecieron tus mandamientos; pecaron contra tus normas, las que el hombre debe cumplir para tener la vida; volvieron la espalda con rebeldía, se obstinaron y no obedecieron.
30 Tú fuiste paciente con ellos durante muchos años; les advertiste con tu espíritu, por medio de tus profetas; pero ellos no escucharon y tú los entregaste en manos de otros pueblos.
31 Sin embargo, por tu gran misericordia, no los has exterminado ni abandonado, porque eres un Dios compasivo y misericordioso.
32 Y ahora, Dios nuestro, Dios grande, poderoso y temible, que mantienes la alianza y la fidelidad, no menosprecies las tribulaciones que nos han sobrevenido a nosotros, a nuestros reyes y a nuestros jefes, a nuestros sacerdotes y profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los tiempos de los reyes de Asiria hasta el día de hoy.
33 Tú has sido justo en todo lo que nos ha sobrevenido, porque tú has obrado con fidelidad y nosotros cometimos el mal.
34 Sí, nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no practicaron la ley, no hicieron caso de tus mandamientos ni de las advertencias que les habías hecho.
35 Durante su reinado, en medio de los grandes bienes que les concediste, y en la tierra espaciosa y fértil que les entregaste, ellos no te sirvieron ni se convirtieron de sus malas acciones.
36 Mira que hoy estamos esclavizados, sí, somos esclavos aquí, en el país que diste a nuestros padres, para que gozáramos de sus frutos y de sus bienes.
37 Sus abundantes productos son para los reyes que tú nos has impuesto a causa de nuestros pecados, y ellos disponen a su arbitrio de nuestras personas y nuestro ganado. ¡En qué opresión hemos caído!».
por makf | 17 Sep, 2025 | Nehemias
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Capítulo 8
1 Todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que está ante la puerta del Agua. Entonces dijeron a Esdras, el escriba, que trajera el libro de la Ley de Moisés, que el Señor había dado a Israel.
2 El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesto por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes.
3 Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.
4 Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Junto a él, a su derecha, estaban Matitías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda Pedaías, Misael, Malquías, Jasúm, Jasbadaná, Zacarías y Mesulam.
5 Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –porque estaba más alto que todos– y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.
6 Esdras bendijo al Señor, el Dios grande y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!». Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.
7 Josué, Baní, Serebías, Iamín, Acub, Sabtai, Hodías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Jozabad, Janán y Pelaías –los levitas– exponían la Ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos.
8 Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.
9 Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren». Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.
10 Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes».
11 Y los levitas serenaban al pueblo, diciendo: «¡Tranquilícense! Este día es santo: no estén tristes».
12 Todo el pueblo se fue a comer y a beber, a repartir porciones y a hacer grandes festejos, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado. La celebración de la fiesta de las Chozas
13 El segundo día, los jefes de familia de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron junto a Esdras, el escriba, para profundizar las palabras de la Ley.
14 Y en la Ley que el Señor había promulgado por medio de Moisés, encontraron escrito que los israelitas debían habitar en chozas durante la Fiesta del Séptimo mes,
15 y que debían anunciarlo y publicar la proclama por todas sus ciudades y por Jerusalén, en estos términos: «Salgan a la montaña y traigan ramas de olivo, de olivo silvestre, de mirto, de palmera y de árboles frondosos, para hacer chozas, como está escrito».
16 El pueblo fue a buscar ramas, y se hicieron chozas sobre sus techos, en sus patios y en los atrios de la Casa de Dios, en la plaza de la puerta del Agua y en la plaza de la puerta de Efraím.
17 Toda la asamblea de los que habían vuelto del cautiverio hicieron chozas y habitaron en ellas. Desde los días de Josué, hijo de Nun, hasta ese día, los israelitas no habían hecho nada igual. La alegría fue muy grande.
18 Día tras día, desde el primer día de la semana hasta el último, se leyó el libro de la Ley de Dios. Durante siete días se celebró la Fiesta, y el octavo día hubo una asamblea solemne, como está establecido.