por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
114. - Doctrinas religiosas y filosóficas
Como confirmación de todo lo procedente, daré aquí las conclusiones a que llegó el Congreso Antimasónico Internacional celebrado no ha mucho en Trieste, conclusiones que tomo de la obra de Creus y Coronura, La Masonería, páginas 311 y siguientes.
Apoyándose en la autoridad oficial que ha sancionado las doctrinas contenidas en más de 150 volúmenes de obras masónicas, volúmenes que han figurado en la pequeña exposición del Congreso de Trento, se ha declarado por unanimidad ‘Que las doctrinas religiosas y filosóficas reproducidas y propagadas por la Francmasonería son las doctrinas phalicas de los antiguos Misterios de la India, de la Persia, de la Etiopía, del Egipto, de la Fenicia, de la Grecia, de los Romanos, de los Druidas; y, después del Cristianismo, de los Gnósticos, de los Maniqueos, de los Albigenses, de los Pataros y otros semejantes, de los Templarios, de los filósofos del Fuego o Alchimistas o Rosa-Cruces.
Estos últimos, en 24 de junio de 1717, fundaron la Masonería con un símbolo actual, para perpetuar bajo su nombre el culto del Phallus, llamado asimismo Naturalismo, o culto de la Naturaleza. Por esto la Masonería se define a sí misma, por boca de la Gran Madre Logia de todas las logias del mundo, Madre Logia de Inglaterra. ‘La capacidad de la naturaleza, la inteligencia del poder que existe en la naturaleza en sus diversas operaciones’. En cuanto a la capacidad de la naturaleza, se define por esa simple palabra ‘Luz’, la luz por excelencia que ilumina a todo hombre que viene al mundo.
En cuanto a la inteligencia del poder que existe en la naturaleza, se proclama: ‘Un hermoso sistema de moral, bajo el velo de las alegorías y el adorno de los símbolos’.
En fin, para resumir en pocas palabras las precedentes definiciones: ‘Ella es la ciencia del Santo Nombre de Dios, de la palabra para Jehová, pronunciada e interpretada en logia por Hi-Ho, que quiere decir El-Ella, los dos sexos, las potencias generadoras’.
115. - Masonería y Satanismo
Respecto de las relaciones de la Masonería con el Satanismo se convino por unanimidad que la simple Masonería de los tres primeros grados, de Aprendiz, de Compañero y de Maestro, hallándose como se hallan, común y necesariamente divididas en exotérica y esotérica, es decir, que sus miembros, ignorando como ignoran, en su mayor parte la significación de sus símbolos, y, por consiguiente, no hallándose todavía moralmente preparados y dispuestos a un comercio físico o sensible con los espíritus, o bien con Satán, no existe esta relaciópn desde el punto de vista moral e intelectual, sin embargo, tienen una perfecta relación con el Satanismo, puesto que es una asociación que se llama a si misma ‘Dios’, o, como la definía Mazzini, ‘Ecclesia Sancta Dei’, entendiendo por este Dios a Lucifer o el Sol, principio de la generación material universal.
‘Que, en fin, los Maestros de la simple Masonería, bien distintos por sus símbolos y por la separación de sus reuniones, de los Aprendices y Compañeros, a los cuales no les son explicados sus símbolos’, pueden practicar si quieren, el Arte Hermético o negro, la Magia, bajo el nombre de Masonería Sacerdotal, supuesto que por el hecho mismo de ser Maestros, son sacerdotes de Satán, representado en todas las logias simbólicas por la Estrella flamígera o flameante.
116. — Relación de los dogmas masónicos entre sí
Respecto de si existe alguna relación entre las diversas doctrinas profesadas, al menos en apariencia, por los Francmasones, y si existe realmente, cuál sea, se contestó unánimemente también, que las diversas doctrinas profesadas públicamente por los Francmasones bajo diferentes nombres, se resumen en el Masonismo ‘por el todo en el todo’ o en el Dios. Gran-Todo del Panteísmo idealista y del Materialismo, bajo el nombre de ciencia positiva o Positivismo.
‘Que esas doctrinas, en el lenguaje simbólico universal de los masones, reciben de ellos el nombre de ‘Masonería ostensible a los profanos’. ‘Que tienen entre ellas una íntima relación, en cuanto todas identifican el universo con Dios.
‘Que provienen todas de la Masonería, escuela y seminario de ateísmo, ‘Que su relación consiste únicamente en la substitución del concepto de un Dios generador del Universo, al concepto cristiano del Dios creador del cielo y de la Tierra.
‘Y que esta institución se halla indicada en la Masonería por el nombre de Arquitecto del Universo, aplicado a Dios. Y el Arquitecto supone la preexistencia o la coexistencia de la materia sobre la cual debe ejercerse la arquitectura y emplearse los instrumentos… ponerla en obra’.
117. – Objeto de la Masonería
Y tocante a cuál sea el objeto de la Masonería, después de una larga discusión, con igual unanimidad fue contestado: ‘Que el objeto de la Francmasonería es la destrucción universal en el orden físico, intelectual y moral:
‘En el orden físico, o de la existencia, puesto que la Masonería ha divinizado la muerte o la destrucción universal, sustituyendo a la Santísima Trinidad Cristiana la Trinidad india de un Dios Generador, Destructor y Regenerador, representado por su Triángulo realizado en el Cosmos por el principio general según el que ‘mors unius est generatio alterius’, y viceversa, sucesiva y eternamente, y puesto en práctica por los masones con grave perjuicio de la sociedad humana, bajo los especiosos nombres de lucha por la vida, revolución perpetua y progreso indefinido.
En el orden moral, el objeto de la Masonería es la destrucción universal, puesto que deifica el principio del mal, y con él, todos los vicios bajo el nombre de todas las virtudes.
‘En el orden intelectual, su objeto es la destrucción universal de la verdad, por la profesión explícita y necesaria del secreto, de la mentira, del perjuicio y de la blasfemia cotidiana.
‘En una palabra, resumiendo todo lo que precede, se ha concluído que, así como apagando u obscureciendo, en cierta manera, el Sol, los que cierran los ojos a la luz, apagan y obscurecen la vida, el orden y la belleza del Universo; los Francmasones, falseando el concepto cristiano de un Dios creador, por la substitución del concepto de un Dios Generador, tienden a la destrucción universal, visto que en todos los ritos simbólicos y todas las ceremonias profesan la adoración y el culto del maldito pecado mortal en acto, ‘per peccatum mors’ y visto que adoran la rebeldía universal en Satán y la lujuria infinita de la humanidad, que son el Alpha y Omega de su dios, la Destrucción.
118. Acción masónica
Sobre la acción masónica nos dicen las conclusiones del Congreso: 1º ‘Que la Francmasonería es una secta religiosa y maniquea; que la última palabra de sus secretos y de sus misterios es el culto de Lucifer o Satán, adorado en las tras-logias como el Dios-Bueno, por oposición al Dios de los Católicos, que los iniciados blasfemadores llaman el Dios-Malo.
2° ‘Que el demonio, inspirador de las sectas masónicas, sabiendo que no ha de llegar jamás a hacerse adorar directamente por la generalidad de los hombres, procura infiltrar en las almas, por medio de la Masonería, el gérmen del naturalismo, que no es otra cosa que la completa emancipación del hombre respecto a Dios.
3º ‘Que para implantar en el mundo este naturalismo impío, la Francmasonería se esfuerza en acostumbrar a los hombres a colocar en el mismo pie de igualdad todas las religiones, la única verdadera y las falsas; substituir a la atmósfera católica masónica, por medio de la prensa y la escuela sin Dios.
4º ‘Que el medio particular de que se sirve la Masonería para perder las almas afanosas de lo sobrenatural, pero no suficientemente preparadas para el maniqueísmo luciferiano, es excitarlas a que se entreguen a las prácticas perversas del espiritismo.
5º ‘Que la Francmasonería es también una secta política, que procura apoderarse de todos los gobiernos, para hacer de ellos ciegos instrumentos de su acción perversa y que trata también de sembrar por doquiera la rebelión.
6° ‘Que el objeto de la Francmasonería, sembrando la revolución por todos los ámbitos del globo, es el establecimiento de la república universal, basada sobre la rebelión contra la soberanía divina, sobre la destrucción de las libertades y las franquicias locales, sobre la abolición de las fronteras y la perversión del sentimiento patriótico, sentimiento que, después del amor de Dios, ha inspirado al género humano sus más bellas acciones, sus más nobles sacrificios, sus más heroicas abnegaciones.
7º ‘Que la Francmasonería prosigue su lucha contra la Iglesia, introduciendo en los pueblos cristianos una legislación anticristiana.
8° ‘Que la Francmasonería es directamente responsable del socialismo moderno, porque ha substituido el ideal cristiano de la felicidad social, su ideal propio; a la jerarquía social cristiana, gobernada por la justicia y templada por la caridad, una pretendida igualdad de todos los hombres entre sí; porque haciendo olvidar a los hombres que es en la vida futura donde será recompensado cada cual según sus obras, les enseña que la felicidad sólo se halla en los goces materiales de acá abajo y que todos tienen un derecho estrictos una parte igual de esa felicidad.
9º ‘Que la filantropía masónica, opuesta a la caridad cristiana, siendo, como es, el amor puramente natural de unos hombres a otros hombres, es incapaz de servir de lazo entre la humanidad y Dios; y que, además, esta filantropía masónica no se ejerce sino respecto a los Francmasones mismos, y muy a menudo, en detrimento de la sociedad civil.
11° ‘Que para corromper irremediablemente a la familia, la Francmasonería procura corromper a la mujer, que no solo hace ingresar, siempre que pueda, a las mujeres a sus logias, sino que es el alma de este movimiento llamado feminista o de emancipación de la mujer, destinado a introducir la perturbación y el desorden en las familias, por el vago deseo de una reforma completamente inasequible.
12° ‘Que para acostumbrar a los hombres a prescindir de la iglesia en la vida social, la secta procura hacer suprimir las fiestas religiosas y los días consagrados a la santificación de las almas y al descanso de los cuerpos, para substituirlos por las fiestas meramente civiles’.
Hasta aquí el resumen del Congreso.
119. — ¿Qué es, pues, la Masonería?
Después de lo dicho, se puede dar la siguiente definición de la Masonería: La conspiración habilidosamente organizada y disciplinada contra Jesucristo y la Iglesia, y consiguientemente contra el mismo Dios y contra todo lo que significa orden y respeto a alguna autoridad y reconocimiento de algún deber que cumplir y de un freno a nuestras pasiones.
Era lo que con desembozo confesaba Proudhon: ‘Nuestro principio propio es la negación de todo dogma; nuestro punto de partida, la nada; negar, siempre negar; he ahí nuestro método; él nos conducirá a poner como principios: en religión, el ateísmo; en política, el anarquismo; en economía política, la no propiedad’ (Benoit, F. M., I, 17) Eso es lo que se ha esforzado por realizar la Masonería, sin poder jamás conseguirlo del todo, no sólo porque la Providencia vela por el género humano y deficiente de un modo especial su Iglesia, sino porque del fondo mismo de nuestra naturaleza se levanta la protesta contra el exceso del mal y surge la reacción contra él.
Después de lo dicho, también se puede definir la Masonería, en conformidad con lo que muchos masones han declarado: una sociedad compuesta de dos clases (de miembros: los que engañan y explotan a los demás, y por medio de ellos al mundo profano, y otros, la gran mayoría, que son engañados y explotados por los primeros y les sirve de instrumento para toda clase de fines, aun los más perversos, y para trabajar en contra de sus propias ideas religiosas, patrióticas, sociales, etc.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
108.- Materialismo y Ateísmo
Casi todas la variantes del culto y simbolismo masónico van a parar en la negación del Ser Supremo, distinto de este mundo material, es decir, en la negación de Dios, tal cual lo ha conocido el mundo cristiano, el pueblo mahometano y el judío; espiritual, infinito, con una infinidad de perfección actual y no sólo con la infinidad pasiva, de recibir formas indefinidamente posibles, propias de la materia.
La Masonería, busca de sus pontífices protesta del cargo de ateísmo que lo hace; pero trata de conciliar su afirmación de divinidad con el materialismo: ‘El materialismo, dice Ragón, es muy impropiamente llamado ateísmo. El ateísmo no es concebible: sería suponer efecto sin causa; puesto que es la causa de todo lo que existe lo que se designa con el nombre de DIOS, el cual es la causa desconocida de efectos conocidos. Pues bien, tal absurdo no es admitido por nadie, sino por la ignorancia o por la mala fe. Por tanto, no puede haber ateos.
La sola división que existe está en la cuestión de saber si la causa de toda existencia es espiritual o material, es decir, aislada, independiente de la materia, o bien inherente a la materia y formando parte integrante de ella. Pero un materialista no es un ateo’ (Benoit, F. M., I, 232.) Eso está bueno para engañar tontos.
Desde el momento en que se acepta que la divinidad no es más que el mundo material, y principalmente el hombre, que es la parte superior del mundo, se niega la existencia de Dios en la realidad, dejando solamente el nombre, como una muestra más del engaño e hipocresía que usa la Masonería.
‘Viendo (los masones) que cada ser construye, infieren de ahí que la construcción es universal, que una actividad constructiva se ejerce a través del mundo, el cual no existe sino porque perpetuamente se construye. El universo aparece así como un inmenso taller que se edifica él mismo por el intermedio de infinidad de seres dedicados a su construcción.
Pero los seres se construyen por un tiempo limitado, mientras que la construcción del conjunto es indefinida. Notemos aquí que construcción implica discernimiento. Un pollito se desarrolla en el huevo según un plan. Las células que se multiplican obedecen a una sugestión constructiva para constituirse en organismo.
¿No se ejerce en grande una sugestión análoga sobre todo lo que se desarrolla, sobre la evolución humanitaria, por ejemplo?
¡Y he ahí al Gran Arquitecto reconocido en su obra, que es la gran obra del Progreso general!..
‘Un masón no tiene nada de metafísico, hábil para hacer el titiritero con concepciones etéreas; es un constructor sobre la tierra plana, que no construye en las nubes.
Sintiendo bajo sus pies el suelo, se vuelve hacia él antes de investigar las nubes. Lo que cae bajo sus sentidos es para él el punto de partida de toda revelación.’ (Oswald Wirth, ‘El Dios de la Teología y el Gran Arquitecto de los Francmasones’
Otros hay que proponen con más franqueza su ateísmo: ‘Somos personalmente tan ateos como se puede ser. La idea de Dios es de las que rehusamos aun discutir; tan indigna de consideración nos parece. ¡Pues bien! No por eso somos menos partidarios de que se mantenga el Gran Arquitecto del universo. Esta inscripto en la cabeza de las primeras constituciones. Dejémoslo. Otros lo aceptan como una verdad; nosotros lo soportamos como una convención’. (H.. Lantoine, cit. Rev.des SS. SS. N° 18, p. 328, 1925)
Sobre esos principios se edifica la libertad absoluta que defiende la Masonería, y con mucha lógica; porque si no hay más Dios que la Naturaleza, de la cual nosotros los hombres somos la parte culminante, nosotros somos dios o parte principal de dios, somos soberanos independientes de todo otro ser como no sean las leyes naturales, físicas, químicas, mecánicas. De ahí que se exhorte al hombre a ser su propio dios y adorador de sí mismo.
109. — Negación del alma espiritual e inmortal
Respecto a la inmortalidad y espiritualidad del alma, no pueden ser dudosas las teorías masónicas. Si el alma a lo sumo es una parte de la divinidad y no puede ser parte de ella si ésta no es algo material, divisible, claro está que, el alma es también algo puramente material, sujeta, por lo mismo, a corrupción y a muerte.
‘En el principio, dice Pike, el Universo no era más que un alma. Era un Todo solo, con Tiempo, Espacio, e Infinito como ellos. Tuvo ese pensamiento: - Yo creo al hombre, cuya Alma sea mi imagen y e´l gobernará. Y ¡he ahí! El Hombre con sentidos, instintos, y un alma nacional!’Y sin embargo, no hombre todavía, sino un animal que respiraba, que veía, que pensaba, hasta que penetró en su cerebro una centella inmaterial del propio Infinito Ser de Dios , y se hizo Alma: y ¡he ahí al hombre, al Inmortal’. (Preuss, A.F.,204.)
Esta centella, en la muerte vuelve al seno de Dios, si está purificada con la iniciación masónica, que es como una muerte espiritual que borra lo pasado, y si no está purificada tendrá que dar vueltas por la vida hasta que se purifique. Esta es la doctrina del Supremo Gran Pontífice de la Masonería Universal, Pike.
Es cierto que afirma que el alma tendrá su actividad e inteligencia en Dios, como antes de unirse con el cuerpo, pero ésa no es ni puede ser otra vida que la que tiene la parte en el todo en cual se refunde. Se deja, pues, en el nombre la Inmortalidad del alma; en realidad se la niega; pues, si su inmortalidad se reduce a eso, también las pIantas, los frutos, son inmortales, ya que ninguno de sus componentes se reduce a la nada, sino que todos los elementos disueltos con la muerte, vuelven a formar parte del todo material de donde habían salido.
Las doctrinas masónicas sobre este punto, tales como las han expuesto Pike y Mackey, son las mismas de los gnósticos, con las viejas teorías de la preexistencia de las almas, de su transmigración y de su vuelta a Dios, con todo su cortejo de incongruencias y de falta de lógica, que los doctores masones prefieren pasar por alto y aceptar, porque esas eran las doctrinas de los antiguoos. (Véase Preuss, A. F., 200 -220)
El predominio de las ideas materialistas entre los hermanos es la causa de la insistencia con que se enseña en las cátedras oficiales, que están casi todas en su poder, la teoría del darwinismo o transformismo, con su postulado indispensable de la generación espontánea y su cortejo de absurdos, de ridiculeces, de afirmaciones sin fundamento serio y de esfuerzos por sorprender en las capas de la tierra algún mezquino indicio, entre la inmensa mina de hechos que no no dejan subsistir por un momento la absurdísima idea de que las cosas se pongan solas en movimiento, después de haber comenzado a existir sin que nadie les diera la existencia, que se hayan dado solas la vida, las que la tienen, sin recibirla de un ser que antes la tuviera, que se hayan dado la inteligencia, los seres que la tienen, sin recibirla de quien pudiera darla, que las cosas se hayan ordenado solas, que se construyan solos esos admirables organismos, que nuestra inteligencia no alcanza aun a conocer y admirar, sin que haya una inteligencia que haya establecido el orden y las leyes, en una palabra, que la nada haya producido lo que existe y que el acaso ciego haya llenado de leyes y de orden el universo.
Contra estas enfermedades de los espíritus, que no son nuevas en la humanidad, hay que tener paciencia y mucha caridad, al mismo tiempo que hay que usar de la reflexión para con todos aquellos que no están aun fanatizados y cegados por el constante repetir de los mismos errores acompañados de los mismos aordes de las palabras ciencia, progreso, evolución y otras parecidas.
110. — Doctrinas comunistas, antianarquistas, bolchevistas
No son más que consecuencias de la doctrina masónica acerca de la igualdad primitiva, que se propone restaurar entre los hombres, de esa igualdad absoluta, tan invocada y querida por los Comunistas corno fundamento de la realización de sus sueños.
Ya desde la entrada en la logia se previene a los adeptos que en la Masonería no hay distinciones, que todos son iguales; se le hace hacer la entrega del metal, es decir del dinero que llevan y si no se les deja desnudos es porque las costumbres no permiten realizar ese ideal. Así los hombres quedarían iguales en todo lo que no depende únicamente de la naturaleza.
Esa igualdad trae consigo la comunidad de bienes y lógicamente las demás comunidades, especialmente la de mujeres y de la patria, a que aspiran ciertas escuelas socialistas.
Naturalmente, cuando la Masonería necesitaba el apoyo de los reyes y príncipes, para trabajar a las sombras de ellos en derribar sus tronos, y cuando necesitaba del dinero de los ricos para su propaganda o para sus misiones revolucionarias, no se proponían tan claramente las doctrinas socialistas o anarquistas. Y ahora mismo, no en todas partes se habla claramente de esos ideales; eso haría que se retiraran muchos de cuyo apoyo y dinero la Viuda tiene necesidad.
Todos o casi todos los autores que he tenido a la vista establecen el parentesco doctrinal entre la Masonería y los sistemas destructores del orden social y los esfuerzos empleados por la Masonería para tener a los partidos revolucionarios como aliados o instrumentos suyos; y los autores de los últimos tiempos manifiestan a las claras la íntima relación del judaísmo con la Masonería y con los partidos revolucionarios, desde el Socialismo hasta el Bolchevismo.
‘De la explicación del ritual (masónico,) dice Eckert, cómo de la historia y de las confesiones de la Orden hay razón para concluir que la Francmasonería es una conjura contra el altar, el trono y la propiedad, con el fin de establecer sobre el haz de la tierra un reino social y teocrático, cuyo gobierno religioso y político tendría su sede en Jerusalén!..
La condición indispensable para su realización es la destrucción de los tres obstáculos que se le oponen: la Iglesia, el trono y la propiedad’ (I. 208.) El Congreso masónico de Saintes, en 1847, y los que le siguieron ‘prueban con demasiada claridad que la Masonería tiene por fin el socialismo y por medio de la revolución’ (Eckert, II, 227, nota.)
Eso explica el favor que la Masonería prestó y presta a todas aquellas asociaciones o ligas que directa o indirectamente se proponen parcial o totalmente la destrucción de la propiedad, la revolución social y la guerra al cristianismo, asociaciones que se multiplicaron en Europa y América en el siglo pasado.
A ellas dedica Benoit la sección segunda de la segunda parte de su obra ‘la F.M.’, tantas veces citada, a la cual remito al lector que quiera estudiarlas más detalladamente. Lo digno de observación, es, como hace notar Webster, que todos esos movimientos subversivos, de los cuales el bolchevismo se nos presenta como la última fase, tienen una sola mira: la destrucción del Cristianismo. ‘Lo repito: No es una revolución económica lo que forma el plan de los directores reales del movimiento, no es ni la ‘dictadura del proletariado’ ni la reorganización de la sociedad por los inteligentes del ‘Trabajo’; es la destrucción de la idea cristiana.
Los oradores socialistas pueden prorrumpir en invectivas contra la aristocracia corrompida o los ‘hinchados capitalistas’, pero éstos no serán los que más sufrirán una vez que esté ejecutada la conspiración. La revolución mundial se ha manifestado siempre indulgente para con los aristócratas egoístas y corrompidos, desde el marqués de Sade y el duque de Orleáns para adelante. Son los buenos, los rectos, los benévolos, los que han caído víctimas de la furia revolucionaria’ (p.341.)
Las logias quieren hoy, dice el Marqués de Colbet en el Echo du Cher, el despojo de los propietarios, la supresión de la herencia, la socialización del individuo, nuevos impuestos, la nacionalización de las grandes empresas, etc.’, es decir, el programa de la Internacional roja (Rev. de SS. SS., p. 41, 1925.)
Con razón, detrás de todo este movimiento revolucionario, ramificado en tantos sistemas, grupos o partidos, a veces contrarios entre si, y que, sin embargo, todos van al mismo fin, la destrucción del orden social cristiano, los que estudian y observan no pueden menos de ver una dirección general que habilísimamente maneja los hilos de todo ese ejército revolucionario, cuyas compañías al parecer andan por su cuenta y parece dirigirse por sí mismas.
La libertad masónica, que lleva al hombre a tenerse como su propio dios, conduce naturalmente a todas las revoluciones y al anarquismo más absoluto, y si no se puede realizar ese ideal es porque el sentido común no se ha perdido del todo entre los hombres y porque la naturaleza racional y social que hemos recibido deja sentir, aun en los que profesan los principios más disolventes, otra fuerza arraigada en las profundidades mismas de nuestro ser que pone algún dique a los más peligrosos extravíos humanos.
La historia muestra las reacciones que se han producido cuando la fuerza disolvente de los principios masónicos ha llegado a ponerse en ejercicio con el mayor furor y cuando parecía que el triunfo del desorden era definitivo.
‘El hombre, dice el Jerofante en la secta de los Iluminados al adepto que se recibe de epopta o sacerdote, el hombre es malvado, porque la religión, el estado, los malos ejemplos lo pervierten’ (Benoit, F.M. I, 46.) Con toda verdad y lógica dijo, pues, Prudhon, que el sistema de la Masonería era la negación de todo…en política el anarquismo’.
Dadas las relaciones del anarquismo con el judaísmo, no es de extrañar que no sólo se haya lecho notable la proporción de judíos anarquistas criminales, sino también de anarquistas judíos insanos, como lo hace notar el médico neuropsiquiátrico de Nueva York, Mr. Collins (Webster, p. 397.)
111.- Doctrinas disolventes de la Familia
El ataque de la Masonería a la familla ha sido uno de los más dañosos a la sociedad. Ha comenzado por las leyes de matrimonio civil, haciendo perder al matrimonio ante los ojos de la muchedumbre ignorante o viciosa esa consagración, ese carácter de institución sacramental de que lo dotó Nuestro Señor Jesucristo, y lo ha reducido al carácter de un contrato humano, como tantos otros, cuya fuerza depende de la ley humana.
Los males que ha causado en la sociedad cristiana en que vivimos ese primer atentado contra el matrimonio y contra la familia están, por desgracia, a la vista de todos, y son tan enormes, que casi ha concluido la familia en las clases populares de las ciudades. Y como si fuera poco todavía el mal hecho, la Masonería, siguiendo los ejemplos o instrucciones venidas de otras naciones, anhelo establecer la ley del divorcio.
En la ceremonia del matrimonio masónico, el Venerable y el Primer Vigilante tienen en presencia de los recién unidos este diálogo: ‘¿Qué pensáis de la indisolubilidad del matrimonio? - Que es contraria a las leyes de la naturaleza y de la razón; a las leyes de la naturaleza, porque las conveniencias sociales han unido muchas veces a seres que la naturaleza había separado por antipatías que no se descubren sino por el matrimonio; a las leyes de la razón, porque la indisolubilidad hace una ley del amor y pretende sujetar al más caprichoso y al más involuntario de los sentimientos - ¿Y cuál debe ser el correctivo? - El divorcio, responde el Primer Vigilante’… (Ragón, cit. Benoit, F. M., II, 234 -235.) La ley del divorcio es ya un hecho en varias naciones; en otras, como en Chile, es un proyecto auspiciado por la Masonería.
De ahí al amor libre, como lo quieren los socialistas, hay muy poca distancia. Fuera de eso, la Masonería introduce la Corrupción de costumbres en el mismo matrimonio, recomendando prácticas que van contra su fin principal.
Con la ley del secreto y las insistentes recomendaciones de guardarlo especialmente con la familia, amigos y vecinos establece un muro entre los consortes y crea un antagonismo entre la mujer cristiana que profesa con sinceridad su religión y el que renegó de ella con su ingreso a la Masonería y sigue instituyéndose y preparándose para combatirla con todas las armas que ella suele usar.
Ya se comprende qué vida de martirio tiene que llevar una esposa que se dé cuenta, algo siquiera, de la escuela en que se encuentra su marido, de los proyectos a los cuales presta su concurso obligado por los juramentos, y todavía, sin poder tener con ella una confidencia sobre asuntos que son de tanta entidad para un alma cristiana. No soñó tal cosa al escoger por compañero o íntimo confidente de su vida, al que había de tener un juramento que le impedirá ser confidente con ella, y que tras de ese juramento está conspirando por destruir lo que ella más aprecia, su Religión.
Nadie hay que no vea cuánto se debilitan así los vínculos de familia. Todavía la Masonería se empeña en separar de su hogar al niño, sustrayéndolo en el colegio y fuera de él, cuanto puede a la dirección y formación moral y religiosa de sus padres y debilitando, por consiguiente, en ellos los sentimientos y deberes filiales y los vínculos de familia. ¡Se comprende!
La familia está destinada para ser centro de virtudes y es el conservatorio de la religiosidad cristiana, como lo es de las buenas costumbres.
El Gran Oriente de Bélgica puso, el año 1864, a la orden del día de todas las logias, la cuestión de la enseñanza obligatoria. De las discusiones de las logias salió el proyecto de ley laica y obligatoria, cuyo último artículo era el siguiente: ‘5º Arrebatar el niño a la dirección paterna’. Dos meses después se formaba la Liga de la Enseñanza con el concurso activo de los masones y judíos enfeudados a la Masonería, para preparar el terreno a la aceptación de la ley (I. Bertrand, La F. M., Secte juive, 54-55.)
112. — Ataque hipócrita a la confesión
La Masonería suele atacar la confesión, como si ella impidiera o debilitara la confianza mutua que han de tener entre si los esposos; en lo cual falta, como acostumbra, a la verdad; pues nada impide que la esposa diga a su marido todo lo que necesita decir a su confesor para que se le perdonen sus pecados.
Otra cosa es si le convendrá a ella, a su marido o a la paz del hogar el hacerlo; pero no hay juramento ni prohibición alguna que se lo estorbe. Y si no le basta la confesión con su marido, como hipócritamente suelen decirlo los masones, es porque su marido no tiene poder de perdonar las ofensas cometidas contra Dios. Por lo demás, la intervención del confesor jamás puede ser causa de que se perturbe un hogar en que se observen las leyes naturales y positivas.
113. – Doctrina antipatriótica y hechos que la confirman
Como sociedad internacional, empeñada en establecer la libertad, igualdad y fraternidad universales, entendidas a su modo, por supuesto, la Masonería es enemiga de la nacionalidad, y buenas pruebas ha dado de ello.
Si así como en el convento de Wilhemsbad (1782) se decretó que la Revolución comenzara en Francia, se hubiera resuelto que comenzara por Alemania, habría sido éste el país devorado por la Revolución y, en vez de ayudar los traidores a las armas revolucionarias o imperiales, cuando invadían a Italia o al imperio germánico habría sido Francia el teatro de esas increíbles perfidias que le hacían decir a Napoleón que Italia estaba completamente minada; y a Henry de Beauregard, Jefe de Estado Mayor de Carlos Manuel, que los franceses ponían allí fuego a la pólvora por todas partes y que su poder no tenía más límite ni freno que su conciencia (Benoit, F. M., II, 395 396.)
Lo mismo pasaba en Austria, donde los emisarios de las logias francesas encontraban bastantes afiliados para secundarle sus planes. La captura de Semonville, enviado extraordinario de los Jacobinos a Constantinopla, vino a hacer descubrir ‘un mundo de traidores’, como dice una publicación de aquel tiempo, de los cuales no se tenía la menor sospecha.
De Alemania, durante el furor de la Revolución francesa, hay que decir otro tanto ‘Creo haberlo demostrado suficientemente, dice Eckert, en la Historia de la Masonería Francesa, es incontestable que los masones alemanes, por su unión con la asociación general y especialmente con las logias militares, fueron cómplices o los instrumentos de varias traiciones. La infame conducta de la guarnición de Maguncia es notoria.
¿La defección de que en esta época se hicieron culpables muchos comandantes de plazas prusianas, tuvieron todas el mismo fundamento? . No me atrevería a asegurarlo, pero es lo cierto que muchos hechos no pueden explicarse de un modo plausible en otra forma.. Estos hechos desconsoladores no se han verificado sino durante la época en que la Masonería estuvo completamente entregada a Napoleón; no se pudo comprobar lo mismo, o más bien sucedió todo lo contrario, cuando al fin la Orden adquirió la convicción de que no era el Emperador quien había sido su fácil instrumento, sino que era la Masonería la que no había siso más que un medio de que se había servido Napoleón.
Jamás Alemania volvió a mancharse con tal infamia, cuando la Masoneria lanzó el grito contra la profanación sacrílega que Napoleón había hecho de los santuarios masónicos’. ‘En España y Portugal, dice el mismo autor, la Masonería mostró una docilidad que no se le conocía hasta entonces y desplegó una gran actividad para crear un partido imperial’ (Eckert, II, p.151 y sigs.)
Ya antes se ha dicho cómo la Masonería fue preparando la caída de Napoleón III y la derrota de Francia en 1870.
La historia de Italia es, tal vez, la que presenta en su aspecto más repugnante la connivencia de los revolucionarios con los poderes extranjeros, por medio de. las logias, con Napoleón III, con Lord Palmerston, el Oriente de los Orientes, como se le ha llamado, y con el Supremo Pontífice de la Masonería Norteamericana y, a lo que parece, de toda la Masonería, Alberto Pike, que, si no los podía auxiliar con fuerzas, los auxiliaba con dólares.
Margiotta suministra muchos y preciosos datos al respecto. También los dan las Historias en general (Véase especialmente a Crétineau-Joly. L’Engl, en fase de la Revol..)
Con tales antecedentes históricos nada es más natural, justo y patriótico, que la ley que ha dictado el Gobierno de Italia sobre las asociaciones secretas, para defender a la Patria de semejantes traiciones, no sólo en tiempo de guerra, sino aun en tiempo de paz, en que las influencias extranjeras pueden obrar, por medio de las sociedades secretas, en contra de los intereses más vitales del país, como de hecho ha pasado en Italia, por lo que toca al aspecto religioso, considerado como de suprema necesidad para la moralidad y para la paz interna.
En el informe que sobre ese proyecto de ley pasó el señor Bodrero, se lee: ‘Al impregnar a sus adeptos de una seudo- moral en que los conceptos de nación y de patria ceden a los más universales de humanidad, toda masonería coloca efectivamente la calidad de masón en las diversas organizaciones sociales como anterior y superior a toda otra cualidad, autoridad u obligación jerárquica’.
‘Si es una falta grave, continúa, para todos los súbditos del estado el formar parte de sociedades secretas, ¿qué decir de los magistrados, cuya función debe siempre inspirarse en una conciencia recta, serena, objetiva, libre de toda influencia, presión, hecho de jefe que amenazaría la honrada equidad de su misión?
¿Qué decir de los oficiales de todas las fuerzas del Estado (ejército, marina, aviación, milicia voluntaria) que deben ser fieles y lealmente fieles a un solo juramento sagrado, el que prestan al Rey y a la Patria; hombres selectos por el uniforme que visten y por la muy noble misión que han escogido libremente?
Por eso el Estado no podría admitir que puestos delicados y esenciales, como la administración de los fondos públicos, la justicia, la enseñanza, la defensa nacional, la asistencia pública, sean confiados a hombres que, en nombre de una asociación secreta, puedan trastornar todas las reglas expresamente establecidas para el cumplimiento de sus funciones... ‘(Rev, de Sociétés Secretes, p. 382-383, Por lo que toca a España, dice Nocedal, en su discurso ya citado, que, en tiempo de la invasión francesa, ‘el gran Duque de Berg, caudillo entonces de los ejércitos invasores, pudo encontrar malos españoles, afrancesados aduladores del poderoso, traidores a la patria, buscándolos en las logias, y mientras España entera se apercibía a la heróica pelea, los masones enviaron a sus jefes más conspicuos a poner la corona en la sienes de Napoleón Bonaparte… De modo que sobre la Masonería pesan, a más del crimen de traición a la patria, todos los crímenes, matanzas, incendios y rapiñas de los franceses, de que fué cómplice y auxiliadora...’ (La Igl. y la Mas., p.155-156.)
No es de extrañar todo eso, pues es doctrina de los Iluminados que ‘El amor a la Patria es incompatible con los objetos de un amor inmenso, con el fin ulterior de la Orden’. Y Rebold, que ‘La Francmasonería proclama la fraternidad universal; sus esfuerzos tienden constantemente a ahogar entre los hombres los prejuicios de casta, la distinción de color, de origen, de opinión, de nacionalidad’ ( Benoit, F. M. 246.)
Los resultados de esos esfuerzos los expresa L’ltalie, de Roma, en su artículo de fondo, el 16 de octubre de 1879: ‘Lo que asombra en las doctrinas profesadas hoy día por los oradores radicales de todos los Estados de Europa, es la perversión completa de los sentimientos patrióticos. Los filósofos y los filántropos (es decir los masones,) que pedían ingenuamente una alianza universal de los pueblos, estaban, sin duda, muy lejos de imaginarse que sus sueños inocentes producirían tantas extravagancias criminales’ ( Rosset, La F. M., p 192.)
En los libros y magazines de la Masonería los actos ilegítimos y traicioneros ejecutados para la mutua asistencia son recomendados y alabados como gloria de la Masonería.
‘Las mismas inexorables leyes de la guerra,’ dice el Gr. O. de Francia Lefévre (Solsticio 24 Junio 1841, Proceso verbal, 62,) ‘tienen que doblegarse ante la F.M..; lo cual es tal vez la prueba más elocuente de su poder. Una señal hasta para detener una matanza; los combatientes arrojan lejos sus armas, se abrazan fraternalmente entre sí y al momento llegan a ser amigos y hermanos, como lo prescriben sus juramentos’. En el mismo sentido se expresa el ‘Handbuch’ o Manual Mas.. Alemán. (Cath. Encycl.)
Muy loable es el amor a todos los hombres en general y especialmente a los de nuestra misma asociación; pero deja de serlo y se convierte en un crimen de lesa Patria, cuando con ese pretexto se la traiciona o pone en peligro.
Ese peligro, nacido de los juramentos masónicos a que alude el orador citado, cuyas obligaciones se sobreponen a las de la disciplina militar y a las de la Patria, justifican de más la prohibición hecha en varios Países a los militares, de afiliarse a la Mas.., prohibición que la influencia masónica ha dejado desgraciadamente sin efecto entre nosotros.
No es, pues, de extrañar que, cuando en Chile se ha levantado una voz para herir el sentimiento patrio, siempre haya habido entre los HH.. apologistas o defensores de los sin patria.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
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- La honradez masónica.
No había querido tocar este punto, pero como suele ser el más tenido en cuenta por los que dominan las opiniones sociales, cuando se juzga de la moralidad y corrección de los hombres, me es necesario hacerlo, aunque sea brevísimamente.
Repito la advertencia ya muchas veces hecha: No me refiero sino en general a las personas de los masones y sólo a aquéllos que viven masónicamente. Sería injusto si pensara siquiera que tantos y tantos masones, que conozco, en los cuales no han penetrado las doctrinas masónicas, y que las ignoran casi por completo, fueran a manchar su honradez con actos incorrectos; como sería injusto quien atribuyera a la doctrina católica los robos y escándalos que cometen los católicos que no viven como tales, que no conocen, o al menos no practican, las doctrinas que profesan.
- La Masonería y los bienes de la Iglesia.
Desde luego, hay que notar en la Masonería el ningún respeto por la propiedad de la Iglesia y el plan sistemático de apoderarse de sus bienes, como lo ha hecho en las varias naciones que ha dominado: Francia, Italia, Méjico, Portugal, España, &c., y como se ve que piensan hacerlo aquí mismo mandando hacer la estadística de sus propiedades.
Ya se sabe que en Francia, cuando se hizo la confiscación de los bienes de la Iglesia, se dijo al pueblo que eso iba a ser para dedicarlo a sus necesidades, y es notorio también a qué escándalos dio lugar la liquidación.
Esa explotación de los bienes que los pueblos cristianos han mirado como sagrados basta por sí sola como lección objetiva muy elocuente para quitar el temor al robo; ¡pero ojalá fuera eso sólo!
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- Mentira masónica.
Comentando una circular del Gran oriente de Francia a las logias de su obediencia, en que se les habla de la prudencia, de la ‘obra grande y bienhechora de la Masonería’, Copin-Albancelli hace esta observación, que viene a propósito: ‘La Masonería miente.
Trata de hacer creer que su obra es ‘grande y bienhechora’, que las ideas a las cuales se consagra son ‘nobles y puras.’
Pero los hechos la desmienten; porque hay miembros conspicuos de la congregación masónica que se llaman Wilson; Mayer, antiguo director estafador de la Linterna; Geyer, perceptor, en quiebra de caja; Tomás, el desvalijador de las Iglesias; hay otros en gran número que se cuentan en los panamistas, los suditas, los humbertistas, los defraudadores del sur, los falsificadores de toda especia y los coimeros de toda suerte. ¡Es cosa extraordinaria que una doctrina ‘noble y pura’ produzca tales frutos y en tan gran número!’ (Copin, P. O., 9.)
Los robos y escándalos de Adriano Lemmi, Supremo Gran Pontífice de la Masonería Italiana, han sido públicos, especialmente los fraudes de la provisión de tabacos, de los cuales ya se ha hecho mención, y otros muchos en que anduvo Crispi, Sciarra, Carducci, el poeta de Satanás, &c. Los narra Margiotta, en su obra Adriano Lemmi.
¡Ojalá la Masonería entre nosotros pudiera levantar la frente siempre pura y limpia de esa mancha que se ha echado encima en otras naciones! ¡Ojalá sólo la Iglesia tuviera que temer de las doctrinas que quitan todo temor de Dios y que enseñan al hombre a no combatir ninguna de sus inclinaciones!
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- La beneficencia masónica.
¿A quién no se le ha dicho muchas veces que la Masonería es únicamente una sociedad de beneficencia? ¡Cuántos se habrán imaginado al oírlo que, fuera del socorro mutuo que se promete a los adherentes, la Masonería se ocupa únicamente del socorro de los necesitados con las grandes sumas que reúne!
Desgraciadamente, la Masonería usa tanto, tanto el misterio que, a pesar de que muchos otros secretos se llegan a traslucir por las obras que ejecutan los hermanos, de su beneficencia muy poco, por no decir nada, se trasluce ordinariamente.
No digo que bajo sus auspicios no se hagan obras de beneficencia o de filantropía, como les gusta llamarla.
Las hacen y a veces grandes; pero no con el dinero de la Orden o Hermandad, sino con el que colectan en fiestas, rifas o loterías, &c.
No voy tampoco a negar la generosidad individual de muchos adeptos; pues hay personas que son naturalmente inclinadas a dar y lo harían siendo o no siendo masones.
Pero en Iquique, donde la Masonería está floreciente, con sus cuatro o cinco logias, donde ha reinado durante tanto tiempo, realmente su beneficencia es mucho más misteriosa y secreta que sus conspiraciones contra la Iglesia o sus trabajos políticos, que por algo salen a luz.
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- La generosidad.
Y lo curioso es que lo que me pasa a mí les pasa y les ha pasado a todos los que han puesto alguna atención a las cosas de la Masonería. Ved lo que decía Eckert de su tiempo: ‘Se dice que la beneficencia es el fin de la Masonería. Pero en ninguna parte se comprueba esa beneficencia, que sería el sello distintivo de la Orden.
¿Dónde están, pues, sus larguezas y actos de generosidad en vasta escala?
Jamás se ha visto nada sino cosa muy modesta. Además, esos actos de beneficencia, por mínimos que sean, no han sido sino locales, de ningún modo universales’ (La F. M., I, p. 121.)
Preuss, por su parte, después de un largo estudio de la doctrina masónica, tal cual la expone Mackey, llega más o menos a la misma conclusión: ‘Su caridad, dice, es para el pobre Hermano.•. que ha caído en pobreza o desgracia y para ninguno más.
Si el hermano ha caído en pobreza, no estaba en esa condición al ser recibido. La prosperidad o al menos el bienestar mudado en pobreza, la fuerza de vigorosa humanidad minada por la edad y necesitada, y esto solamente dentro de los límites de la Orden, que rigurosamente excluye de sus filas a las clases necesitadas, ése es el propio campo de la caridad masónica; si algún campo más estrecho de caridad puede encontrarse, señálesele’ (Preuss, A. M., 340.)
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- Falsedad masónica.
Y como el Doctor masón había dicho que la principal beneficencia consiste en los beneficios intelectuales de la Orden, enseñando ‘la verdad de Dios y del alma’; en ‘quebrantar las cadenas del error y de la ignorancia que antes han tenido al candidato en el cautiverio moral e intelectual’, &c., el autor citado hace ver que, dado el secreto que usan las logias con extraños y aún con los propios hermanos de grados inferiores, esa benevolencia o beneficencia es lo más mezquina que pueda darse, ante una necesidad tan universal de luz masónica como la Masonería tiene que suponer.
Por otra parte, lo que ya se ha dicho hasta aquí y lo que ve todo el que quiere abrir los ojos, la conducta bárbaramente cruel de la Masonería para con sus enemigos, hace pensar que la sonada beneficencia masónica ha de seguir el mismo estilo de las demás afirmaciones que hasta ahora se han estudiado.
Cualquiera puede preguntarse: ¿Dónde están las obras de beneficencia masónica? ¿Quién las ha visto?
Fuera de la Masonería Inglesa, que tiene algunas obras de beneficencia, con el auxilio de unos pocos HH.•. ricos, es difícil, si no imposible, divisarlas en otra parte.
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- Formación de una logia.
Como apéndice a esta capítulo transcribiré los siguientes datos sobre la formación de una Logia, que me escribe un amigo en cuya veracidad tengo absoluta confianza:
‘He tenido ocasión de sorprender en su primera reunión a los fundadores de una logia aquí en el norte.
El H.•. fundador era antiguo meritorio militar, decrépito ya; el Secretario, a quien sorprendimos con el maletín de la documentación en la mano, un Visitador de Escuelas que tuvo que salir… los profesores jóvenes podrían contar el porqué; otro de los fundadores, un militar, tal vez el más envuelto en el pavoroso proceso de ha pocos años, y que ha quedado fuera del Ejército porque no hacía honor al uniforme; un Director de Correos, que era una medianía y que tuvo que optar por ocultar las insignias masónicas que ostentaba sobre su abultado abdomen como dije de cadena; un Director de establecimiento de enseñanza y municipal, que era el tony de las sesiones; otro municipal fatuo e ignorante; un profesor que, por desgracia, lo es todavía, de una inmoralidad públicamente escandalosa dentro y fuera de su hogar; cuatro jovenzuelos sin vergüenza, sin educación y sin ley ni Dios, de patriotismo dudoso; un empleado fiscal henchido de orgullo, elevado de la nada, hereje empedernido y envuelto en ruidos procesos… Tales eran lumbreras que pretendían difundir la luz, la ciencia y la filantropía en aquella ciudad.’
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
1. 105. La moralidad masónica.
Dice el Dr. masón Mackey que es una definición muchas veces citada la que dice que ‘La Masonería es una ciencia de moral, velada en alegorías e ilustrada por símbolos’ (Preuss, A. F., 8.) En el art 1° de la Constitución Masónica se nos dice que: ‘La Orden Masónica tiene por objeto la beneficencia, el estudio de la moral universal y la práctica de todas las virtudes15[5]. El Congreso Mas.•. Intern:: de Ginebra (1921,) entre los principios de la ‘Asociac.•. Masonería Internacional:’ establece que ‘La Francmasonería tiene por objeto la investigación de la verdad, el estudio y la práctica de la moral…’
Es pues, de sumo interés conocer la moral masónica.
1. 106. Ligera explicación.
Fíjese bien el lector que digo la moral masónica y no la moral de los masones. En repetidas ocasiones he dicho que hay en la Masonería muchos hombres sinceros, que nada o casi nada saben de Masonería, que no están sino superficialmente iniciados en sus secretos y doctrinas, que no viven masónicamente, aun cuando tampoco vivan del todo cristianamente. No hablo, pues, de la moral de los masones, en general ni en particular, salvo de aquellos que viven en conformidad con las doctrinas masónicas.
1. 107. Los principios de la moral masónica.
Es imposible precisar los fundamentos de la moral que enseña la Masonería. Y la razón es muy sencilla: esa no es la moral fundada en la Religión Cristiana; no es la fundada en Budismo, ni en el Mahometanismo, ni en ninguna religión particular, por lo mismo que la Masonería prescinde de todas para agrupar en su seno a los hombres de todas las religiones.
Tampoco es una religión fundada en el Deísmo, o conocimiento racional de Dios, puesto que ella ha renegado de Dios, como Ser Supremo, distinto del hombre y superior a él. Y tener una moral que corresponda a las exigencias del cristiano y del materialista, del budista y del mahometano, es simplemente imposible. Y sin embargo, la Masonería afirma que se dedica al estudio de la moral universal y a la práctica de todas las virtudes.
¿Cuál es esa moral maravillosa que puede avenirse con todos los credos religiosos? Es imposible a un profano como yo imaginarla o concebirla.
1. 108. El fin justifica los medios.
A decir verdad, una cosa se encuentra de cierto y de fijo, cuando se busca la moral masónica no sólo en las declaraciones doctrinarias, que suelen ser muy falaces, sino en la práctica, en el modo de proceder a que se ajusta la Masonería, y es ésta: El fin justifica los medios.
La Masonería suele atribuir a los jesuitas ese principio o norma de moral; en lo cual no hace sino confirmar que miente y que ella es la que sigue esa norma. No hace muchos años se aceptó por parte de los católicos un desafío, con los que les atribuían esa moral, en Alemania, si mal no recuerdo, exponiéndose una buena cantidad de francos por parte del que perdiera. Se nombró un jurado; se examinaron con diligencia las obras de los moralistas jesuitas jesuitas.
En ninguna se encontró esa doctrina; en todas se encontró reprobada, como no puede menos de serlo, estando tan claramente condenada por el Apóstol S. Pablo: ‘Y no (como somos calumniados y dicen algunos que nosotros decimos,) hagamos el mal para que resulte un bien. Los que dicen esto son justamente condenados’ (Rom., 3, 8.) Es, pues, una calumnia que infieren a los jesuitas, empleando una norma corriente en la Masonería. La Civitta Cattolica dio cuenta de aquel desafío.
1. 109. Pruebas concluyentes.
Para no aparecer calumniador yo también, voy a dar las pruebas de que no sólo en declaraciones, sino sobre todo en la práctica, se sigue esa moral. Desde luego, Weishaupt, el famoso Jefe de los Iluminados, en la instrucción que hace a un iniciado en el grado de Mago, después de recordarle todo lo que se ha hecho antes para descuartizarlo, le dice: ‘Acordaos que el fin legitima los medios, que el cuerdo debe tomar para el bien todos los medios del malvado para el mal: Los que hemos usado… no son sino un piadoso fraude, &c.’ (Ronel, 104.)
En la misma secta de los Iluminados se hacía al novicio estas preguntas, entre otras: ‘2ª. Pregunta: ¿Habéis pesado maduramente que aventuráis un paso importante, al tomar compromisos desconocidos? 6ª.; Si llegaseis a descubrir en la orden algo de malo o de injusto por hacer, ¿qué partido tomarías? 12ª. Pregunta: ¿Estáis dispuesto a dar en toda ocasión a los miembros de nuestra Orden la preferencia sobre todos los demás hombres? 20ª. Pregunta: ¿Os comprometéis a una obediencia absoluta, sin reserva? La respuesta está sugerida en las preguntas, y los archivos de la Orden presentan el protocolo de la recepción de dos novicios.
Uno de ellos responde a la sexta pregunta: ‘Haría aún esas cosas (malas o injustas) si la Orden me las mandase.’ Y da esta razón: ‘Aun cuando podrían ser injustas bajo otro aspecto, dejan de serlo desde que llegan a ser un medio de llegar a la felicidad y para obtener el bien general.’ El segundo novicio responde a la misma pregunta: ‘No rehusaría hacer estas cosas, si contribuyen al bien general.’
‘De todos los detestables principios de los iluminados, decía Reuner en su deposición jurídica, el más peligroso me parece éste: El objeto santifica los medios.. Según esta moral y según su práctica fielmente seguida, les bastará para calumniar a un hombre de bien, el suponer que un día podrá poner obstáculos a los proyectos de la Orden. Intrigarán para arrojar a éste de su puesto; asesinarán a otro; en suma, harán todo lo que les conduce al gran fin.’ Nota. Reuner fue iluminado; pero se retiró de la secta cuando se dio cuenta de sus principios. Era profesor de la Universidad de Munich.
En el mismo sentido se hicieron varias otras deposiciones jurídicas que pueden verse en Bénoit (f: M. II, 273-274.)
110. Todo es permitido.
Hablando de los Carbonarios, decía Juan Vitt, que había llegado al grado de Príncipe Soberano Patriarca: ‘Todos lo medios para la ejecución de sus proyectos, la ruina de toda religión y de todo gobierno positivo, son permitidos: el asesinato, el veneno, el juramento falso, todo está a su disposición.’
1. 111. Frases antisociales.
En los estatutos de la Alianza humanitaria universal se lee: ‘Los reyes, los nobles, la aristocracia del dinero, los empleados de la policía o de la administración, los sacerdotes y los ejércitos permanentes, son los enemigos del género humano. Contra ellos uno tiene todos los derechos y todos los deberes. Todo es permitido para aniquilarlos: la violencia y la astucia, el fuego y el fierro, el veneno y el puñal: el fin santifica los medios.’
Pueden verse varios otros testimonios tomados de los mismos estatutos o catecismos masónicos citados por Bénoit (T. II, 274-276.)
De conformidad con esas doctrinas morales, Adriano Lemmi, en la plancha secreta ya citada, decía que aprovechaba aquella circunstancia ‘para recordar que son legítimos los medios’ que permitían a los hermanos hacer dinero para su propaganda.
1. 112. Secreto masónico.
Lo que no siempre se dice con toda la crudeza y claridad de las declaraciones citadas y de otras que he omitido en favor de la brevedad, se inculca de otros modos igualmente eficaces: ‘En todos los institutos masónicos se enseña al adepto desde los primeros grados, que no podrá jamás, bajo ningún pretexto, revelar nada de todo lo que ha visto u oído, de lo que verá y oirán en las logias; se agrega que no está ligado por ninguno de sus compromisos anteriores contrarios a sus nuevos deberes de masón. Es implicítamente declarar que podrá verse obligado a hacer lo que es injusto o a violar sus obligaciones más sagradas.’
‘En la mayor parte de los institutos, el que va a ser recibido jura ejecutar pronta y perfectamente todos los mandatos que sean dados por sus superiores y aun renunciar a su propio modo de ver y a su propio juicio, para seguir la conducta que le sea indicada. ¿No es esto tomar el compromiso de hacer tanto el bien como el mal? (Bénoit, F. M. II, 272-273.)
1. 113. Hecho incontestable.
Dice un adagio filosófico que contra el hecho no hay argumento. Si alguna duda quedara de que en la Masonería se sigue esa norma moral: el fin justifica los medios, los hechos, la práctica constante disiparía toda duda. Para no alargar demasiado este trabajo, reduciré esos hechos a tres categorías: la mentira, ya sea en forma de simple mentira, ya en la de hipocresía o calumnia; el crimen, en forma de atentado contra los individuos o contra las sociedades, en forma de revueltas, sediciones, &c., y la deshonestidad y el libertinaje, autorizados y elevados aún a la categoría de un culto o de una ceremonia cultual.
1. 114. La mentira como práctica corriente.
Aunque, por lo que va dicho, casi no hay necesidad de demostrarlo, sin embargo, para que aparezca con mayor luz la moral masónica, agregaré alguna cosa a lo dicho. Desde luego, la Masonería no sólo engaña al que quiere conquistar, como se ha probado, sino que lo engaña, cuando ya esta bajo su dirección: Los grados azules, dice el Dr. Mackey, no son más que el pórtico del templo. Parte de los símbolos se explica allí al iniciado; pero es intencionalmente extraviado con falsas interpretaciones.
No se intenta que él los entienda, sino que se imagine que los entiende. Su verdadera explicación está reservada para los Adeptos, los Príncipes de la Masonería’….
(Morand, Dogma, 819, cit. Por Preuss A. M. 12.) ‘La Masonería dice el H.•. Pike como todas las religiones, todos los misterios, Hermeticismo y Alquimia, oculta sus secretos a todos, menos a los Adeptos y Sabios o Electos, y usa explicaciones y representaciones falsas de sus símbolos, para engañar a los que merecen ser engañados… Así la Masonería celosamente oculta sus secretos e intencionadamente extravía a los intérpretes presumidos’ (Preuss, A. F., 13-14)16 [6].
Hablando del engaño que se hace a los iniciados sobre el respeto a las religiones, dice Knigge-Philon en su carta desde luego que descubrir a los adeptos este piadoso fraude, en seguida demostrar por los escritos el origen de todas las mentiras religiosas’ (Preuss A. F. 86.)
Entre los estatutos de la secta de los Iluminados se lee: ‘Vosotros tendréis como principio constante entre nosotros que la franqueza no es una virtud sino ante los superiores.’ Aplicaos al arte de contrahaceros, de ocultaros, de enmascararos, observando a los demás para penetrar en su interior’; era una de las instrucciones de Westhaupt.
La mentira, decía Voltaire, no es un vicio sino cuando hace mal; es una gran virtud cuando hace bien. Sed, pues, más virtuosos que nunca. Es preciso mentir como un diablo, no tímidamente, no por un poco tiempo, sino audazmente, siempre… Mentis, mentid, amigos míos, yo os lo pagaré, cuando llegue la ocasión, yo sé bien lo que haría; pero como no los tengo, comulgaré por Pascua y vosotros me llamaréis hipócrita hasta que os dé la gana…’
‘Guardémonos de explicarnos claramente, decía un alto masón de Módena, antes de haber reconocido bien las disposiciones y la fuerza de carácter del aspirante. Si no lo encontramos bastante sólido… debemos al momento aderezar una nueva batería; a fuerza de astucia y habilidad dar un giro más 178 favorable, debilitar o atenuar la fuerza de cada término hasta hacer desaparecer de ellos nuestra intención… La libertad, la igualdad, debemos decir, no miran a la sociedad, sin pensar en extenderse más allá; no se trata de revuelta, de independencia, de sustracción a toda autoridad.
Todo esto debe metamorfosearse en un instante con destreza: No hay más que deberes que cumplir, un Dios que reconocer, virtudes que practicar, sumisión y fidelidad inviolable que observar respecto de toda autoridad. Es menester saber a propósito incensar y adorar al coloso que nos quebranta, para trabajar con más seguridad en su ruina’ (Memorial Católico, cit. Por Benoit, F. M., II, 282-284.)
¿Cómo se cumplen las instrucciones?
¿Se ponen en práctica o no estos consejos o instrucciones?
Este breve resumen que hace Copin-Alancelli, lo pone a la vista: ‘Aunque la Masonería Francesa, como todas las otras, haya comenzado por decirse espiritualista y deísta, de hecho siempre ha tendido a obrar la concentración de los ateos y materialistas.
‘Aunque anunciase en su enseña y mientras creyó tener en ello interés, que trabajaba a la Gloria del Gran Arquitecto del universo, se ha apresurado a renegarlo, cuando se sintió libre de toda presión.
‘Aunque persiste en proclamar la libertad de conciencia, no quiere ya que se afirme su existencia, ni aún que se pronuncie el nombre del Gran Arquitecto que sus afiliados adoraban en otro tiempo cadenciosamente. ‘Aunque afirma su respeto por toda fe religiosa, hace una guerra fanática a la fe católica.
‘En fin, aunque haya declarado que no se ocupa de política, se ha instalado dos veces en el poder, que ha ocurrido durante la Revolución como lo ocupa ahora (1910,) manifestando su espíritu de tolerancia, a veces por matanzas en masas en las prisiones y fuera de ellas, a veces por las proscripciones, las persecuciones y el monopolio de la enseñanza que se propone establecer para su exclusivo provecho’ (Copin, P. O., 100.101.)
1. 116. La Masonería y la calumnia.
No haré caudal de las calumnias que aquí mismo, donde era tan fácil destruirlas, la prensa inspirada por la Masonería ha inventado contra el clero, sin que jamás haya hecho un honrado desmentido. ¿Cuántas por ese estilo habrá todas partes! ¡Cuántas que han pasado a la historia, como las inventadas para llevar a cabo la supresión de la Compañía de Jesús, después de cometer con sus miembros toda suerte de vejámenes! Cuando estaba por celebrarse el Congreso Eucarístico de Montreal, que por el número de fieles y por su fervor, quizás ha sido el más grande de todos, la Masonería intentó desbaratarlo levantando calumnias al clero.
Felizmente, se pudo saber la maquinación y se previno el golpe y se destruyó el infame plan. ¡Cuántas otras calumnias, como la de los ‘mónita secreta’ de los jesuitas, que la Masonería ha tenido especial cuidado en divulgar y mantener!
En el libro ya citado ‘The Book of Red and Yellow’, el autor Kelly, entre los puntos que indica que va tratar y probar, señala con el número octavo el siguiente: ‘Para llevar a cabo todas esas cosas (matanzas, ultrajes, sacrilegios, &c.) con alguna muestra de razón, han publicado (los revolucionarios) los más viles mentiras contra la Iglesia y contra el clero.’ Ya sabemos que la Masonería fue como el alma de esa revolución.
Terminaré con el resumen que hace Mgr. Rosset sobre el mentir de la Masonería: ‘En la campaña que ha emprendido contra el clero, las congregaciones religiosas y la enseñanza cristiana, ella emplea el equívoco, la hipocresía, la tergiversación de la verdad, la mentira, la calumnia, todo lo emplea. Hace mentir la historia, hace mentir los monumentos, mentir la ciencia, mentir la poesía, hace mentir todo; es la conspiración de la mentira universal contra la caridad, la justicia y la verdad’ (La F. M., p. 54-55.)
1. 117. La moral masónica respecto del crimen.
La lectura del ritual masónico deja ver, al menos en muchos casos, que prepara a sus adeptos para la revolución y para el crimen. ‘En todos los ritos, dice Bénoit, los masones son sometidos a una educación que les enseña, en la teoría y en la práctica, la violencia. Se les dice que la Orden masónica tiene por fin vengar la muerte de Adonhiram de sus tres compañeros traidores, o la de Jacobo Molay, de ‘sus asesinos, el Papa, el Rey y Noffodai.’
En un grado, el que va a iniciarse, ensaya su valor sobre cuellos y cabezas guarnecidas de tripas llenas sangre; en otro grado, el que va a recibirse debe derribar cabezas colocadas sobre una serpiente, o aun degollar un cordero (grado 30° del Rito Escocés AA,) creyendo matar a un hombre. Aquí debe tratar sangrientos combates con enemigos que le disputan la vuelta a su patria; allí hay cabezas humanas expuestas sobre estacas, hay un cadáver encerrado en un ataúd y alrededor los hermanos de duelo conciertan la venganza.
‘Estas ceremonias diversas… tienen por fin enseñar a los adeptos que es po la violencia que la Masonería ha de destruir a sus enemigos, los sacerdotes y los reyes, y hacer volver la humanidad al estado de naturaleza. ‘Por las mismas razones se prescribe a los miembros de la Jove Italia armarse de un puñal, de un fusil y de cincuenta cartuchos; y en todas las logias, como lo hemos notado, se sacan a relucir espadas, puñales y todo un aparato militar17[7].
‘En fin, para hacer de todos los hermanos instrumentos pronto a ejecutar los crímenes, para tener en ellos los ejecutores dóciles de los atentados tramados por criminales invisibles, se exige que cada adepto desde su entrada a la orden y a la recepción de un nuevo grado, se ligue con juramentos execrables, jure una obediencia absoluta a jefes desconocidos y se comprometa bajo penas horribles a hacer todo lo que le sea mandado…
1. 118. La violencia masónica.
‘En verdad, si se quisiese formar asesinos, diremos con un autor del último siglo, ¿se obraría de otro modo para acostumbrarlos a los horrores de la muerte y hacerlos ahogar los remordimientos de una conciencia que sería capaz de alarmarse?
…¡Ah! si en la Iglesia de Dios se encontrase la sombra siquiera de este aparato de violencia, ¡qué generosos arranques de indignación! Si la Compañía de Jesús presentase solamente algunos rastros de esos sombríos juramentos, ¡qué de declamaciones! Pero esos juramentos atroces, esas pruebas lúgubres, esos despliegues de hachas y de puñales pertenecen a la Masonería, uno no se indigna y casi siente la tentación de encontrarlo todo irreprochable! (Bénoit, F. M., I, 354-355.)
1. 119. Hecho inexplicable.
En la secta del Martinismo se llega a jurar honrar el agua tofana, un veneno en que entra el opio y las cantáridas, que produce un debilitamiento y consunción que conduce irremediablemente a la muerte. Se jura honrarla ‘como un medio seguro, pronto y necesario, para purgar la tierra por la muerte o embrutecimiento de los que tratan de envilecer la verdad o de arrancarla de las manos de los masones (Bénoit, F. M., I, 396.)
1. 120. Triste enseñanza.
Y la enseñanza del crimen es práctica de veras, a juzgar por lo que el exmasón Uriele Cavagnari escribía a Lemmi en 1871, retirándose de la Masonería: ‘…No hay que pensar que la Masonería nos desprecie porque somos pequeños! … No! La Masonería tiene fierro, calumnias y veneno para todo el mundo. ‘En la casa y en la villa del difunto Gran Maestre de la Masonería José Petroni, se hacía un doble orden de estudios teórico-prácticos de toxicología mineral, vegetal y animal. Especialista perfecto en la cultura de las tomainas era el Gran Maestre Adjunto Rafael Petroni, y en Roma hay aún personas que pueden atestiguarlo tanto como nosotros’ (Margiotta, A. L., 195.)
¿Pero toda esa preparación para el crimen ha servido alguna vez para cometerlo? ¿Es culpable la Masonería de algunos crímenes?
1. 121. Castigos masónicos.
Los autores que han escrito sobre la Masonería citan varios, clasificados de castigo de las traiciones, de suicidios ordenados por las logias y de asesinatos individuales; de matanzas, ejecuciones sumarias y saqueos, sediciones, guerras, revoluciones y el Terror. Dentro del plan que me he propuesto y del espacio de que dispongo, no puedo detallar todo eso. Puede verse en Dom Bénoit (F. M., II, 355-405,) o en Sena (II, 152-164.) Extractaré algo, sin embargo, de lo que traen esos autores:
1. 122. Castigo de traiciones.
Todos conocen el asesinato de Rossi, Ministro de Pío IX, por sus antiguos hermanos de la Carbonara. Todos saben que Orsini fue encargado por las logias, en 1858, para atentar contra la vida de Napoleón III, acusado de infidelidad a sus juramentos, y que desde entonces los sectarios no cesaron de arrancarle nuevas concesiones, con amenazas de muerte.
En el último siglo, el caballero Lescure, que quiso renunciar a la logia Ermenonville, fue envenenado: ‘Muero víctima de esta infame horda de los Iluminados’, dijo a su amigo el marqués de Montroi. ‘En 1833, cuatro italianos, Emiliani, Scuriatti,, Lazzoneschi y Andriani, miembros de la Joven Italia y refugiados en Francia, fueron denunciados a Mazzini y a sus cómplices como culpable:
‘1° De haber propagado escritos contra la sociedad santa; 2° de ser partidarios del infame gobierno Papal.’ Algunos jefes se reunieron en Marsella bajo la presidencia de Mazzini, y sin oír a los acusados, sin darles defensores, condenaron a Emiliano y a Securiatti a la pena de muerte, a Lanzoneschi y Andriani, a ser azotados con varas. Como los condenados estaban refugiados en Rodez, el tribunal agregó a la sentencia el decreto siguiente: ‘El Presidente de Rodez elegirá cuatro ejecutores de la presente sentencia, que quedarán encargados de ella en el plazo riguroso de veinte días; el que rehusaré incurrirá en la pena de muerte ipso facto.’ La sentencia se ejecutó.
1. 123. Sobre el mismo asunto.
‘Cuando la Revolución Francesa trabajaba por sus emisarios toda la Europa y preparaba esas numerosas traiciones que debían servir, más aún que el valor de los soldados franceses, para obtener victorias y conquistas provincias, el brabantés Segré, enviado a Portugal para urdir una conspiración, pero descubierto, arrestado y encarcelado, recibió de sus hermanos… un colchón con el anuncio de que encerraba una navaja.
El sectario comprendió el lenguaje mudo de sus jefes: pronto se le encontró sobre el colchón nadando en su sangre.’Cuando, casi por la misma época, la Corte de Viena descubrió esa famosa conspiración de Semonville, dirigida por los clubs de París, y lista para trastornar completamente la monarquía austríaca, varios sectarios se dieron la muerte para escaparse al interrogatorio’ (Bénoit, F. M. I, 360-362.)
1. 124. Asesinatos de profanos.
Leopoldo II, emperador de Alemania, fue envenenado el de 2 de marzo de 1792 por sectarios italianos, y quince días después, Gustavo III de Suecia, fue muerto a bala por Ankastroem, emisario de la gran logia de presidía Condorcet. ‘El Cardenal Mathieu, arzobispo de Benzanzón, y Mons. Besson, Obispo de Nimes, han referido, en cartas conocidas de todo el mundo, las revelaciones que les han sido hechas sobre la resolución tomada en 1787 por el convento de Wilhelmsbad de asesinar a Luis XVI y al rey de Suecia. Esas revelaciones les habían sido hechas por dos antiguos miembros de ese convento… El asesinato del Duque de Berry… el del gran patriota y ardiente católico de Lucerna, José Leu, el del incomparable Presidente del Ecuador García Moreno… han sido resueltos y ejecutados por sectarios…’
Cuando se trató en nuestra Cámara de Diputados del asesinato de García Moreno, uno de los defensores de la Masonería opuso por único testimonio la declaración de uno de los asesinos: ‘Yo lo afirmo y se me debe creer’, decíame ese honorable historiador cuyas palabras, citaba el Hon.•. ‘La imputación del asesinato a las logias ha sido repetida en todo el mundo civilizado, en la prensa, en las revistas, libros y en discursos desde el propio día del suceso…’ En Chile, don Carlos Walker Martínez, en su magistral discurso sobre el Liberalismo y los principios religiosos, lanzó al rostro de la Masonería ese crimen… y ningún diputado masón osó romper el silencio que siguió a las palabras de aquel hombre extraordinario (La Mas. Ante el Congreso, 68.)
1. 125. Hecho moderno.
El famoso crimen de Sarajevo, ocasión de la Gran Guerra, fue también obra de la Masonería. Lo publicó un diario de Londres, poco tiempo después, y fue reproducido por un diario de Iquique. Una logia serbia que funcionaba en Londres lo había decretado.
1. 126. Intento frustrado.
El intento de asesinato del Rey de España, don Alfonso XIII, el día de su casamiento, milagrosamente frustrado, tuvo por autor a un miembro de la Escuela Moderna, centro anarquista de Barcelona, cuyo Director era Ferrer. Pues bien, Ferrer desempeñaba un gran papel en la Masonería. Después de haber sido profesor de Español en los Cursos Comerciales del Gran Oriente, en París, y miembro de la Logia ‘Les Vrais Experts’ y del Capítulo ‘Les Amis Bienfaisants’, mantenía en España las más estrechas relaciones, en nombre de la Gran logia Regional de Cataluña, con el Gran Oriente de Francia. En el Convento del Gran Oriente se han afirmado los proyectos de establecimiento de una república española y la Gran Logia de Cataluña tiene por programa político la ruina de la monarquía española. ¿Ha tenido parte la Masonería en aquel conato de crimen? El lector podrá juzgar y sabrá por qué se formó tanto ruido en el mundo por el proceso de Ferrer.
¿Quiénes subieron al poder en Portugal, después del asesinato del Rey don Carlos y de su hijo? El lector ya lo sabe. Fue la Masonería la que entró a gobernar el país. ¿Quiénes habrán sido entonces los autores del crimen? El lector lo podrá suponer18[8] (Copin, P. O., 85-86; Bénoit, F. M., I, 434.)
Cuando se sabe esto, entre otras muchas cosas, cuando se lee que Felipe- Igualdad llevó su crueldad hasta llevar en triunfo a los jacobinos la cabeza de su padre y de su madre, entonces se comprende que por algo la Masonería glorifica a Caín y se jacta de tenerlo por padre y fundador!
1. 127. Matanzas, ejecuciones sumarias y saqueos.
Sería necesario leer la descripción de Taine, libre pensador, para tener idea de lo que pasó en Francia cuando dominaron los masones en 1789 y tres años siguientes: Cuanta más de 150.000 fugitivos y desterrados; 10.000 personas muertas sin ser juzgadas en la sola provincia de Anjou; 50.000 muertos en la sola provincia del Oeste. En 1796, el general Hoche escribía al Ministro del Interior: ‘No hay sino un hombre por veinte de la población de 1789.’ Ha habido hasta 400.000 detenidos a la vez en las prisiones. Más de un millón doscientos mil particulares han sufrido en sus personas; varios millones, todos los que poseían algo, han sufrido en sus bienes (Taine, cit. por Bénoit, F. M. I, 368, nota.)
1. 128. Falsa apreciación.
Si la Iglesia Católica, a quien se atribuye falsamente la San Bartolomé, la revocación del Edicto de Nantes, y a quien se echa en cara la prisión de Galileo en un palacio que tenía por cárcel, hubiera hecho una centésima parte siquiera de lo que se hizo en esos cuatro años de furor masónico, ¡cómo estaría aún resonando toda la tierra de las imprecaciones y condenaciones del género humano! Pero lo ha hecho la Masonería, y eso ¡no es más que el fruto de una santa exaltación!
1. 129. Iniquidades masónicas.
¿Qué pasó en Italia cuando las fuerzas organizadas por la Masonería se dejaron caer sobre Nápoles? Se han visto sacrificios humanos de 40 ó de 50 prisioneros a la vez. En Montecoglioso, de 87 prisioneros, 47 fueron pasados por las armas; en Montefiacone, fueron degollados 50 hombres que se habían refugiado en la casa de Dios. En Montecoglioso, un oficial hizo encerrar en una choza diez o doce labradores que no le habían dado buenas indicaciones sobre la marcha de los que defendían a su rey y los quemó en presencia de sus familias. En el tiempo de Garibaldi, poblaciones enteras han asistido a las matanzas de Ariano, de Trasso, de Paduli, de Monemileto, de Terrecuso, de Panepisi, de Sant-Antino, de Castelacio, de Castelsarraceno, de Carbone, de Lutronico, asilos pacíficos de la Agricultura y de la industria…
Según Las cifras oficiales, comunicadas por el Ministerio del interior de Turín, sin duda muy inferiores a la realidad, y referidas por el ‘Postafoglio Maltese’, habría 30.000 italianos mendigando el pan en tierra extranjera; 80.000 privados de su posición y reducidos a la miseria en el interior; fusilados o caídos en las matanzas más de 18.000.
Los napolitanos reducidos a prisión en un solo año pasarían de 14.000 (Memorias sobre la Revol. Y los acontecimientos de Italia. Bénoit, L. M. II, 371- 372.)
De las matanzas de religiosos en España en 1834, tomamos de Menéndez Pelayo lo siguiente: ‘Nadie sabe a punto fijo a nadie quiere confesar cuál era la organización de las logias en 1834; pero en la conciencia de todos está y Martínez de la Rosa (jefe del ministerio entonces) lo declaró abiertamente antes de morir, que la matanza de los frailes fue preparada y organizada por ellos’ (Heterod, Esp. T. III, 589.)
La matanza tuvo lugar en Madrid el 17 de julio, y fue preparada con la calumnia que los frailes envenenaban las aguas, de donde provenían los estragos del cólera, que por aquellos días eran espantosos. Siguió ese año y el siguiente en otras poblaciones, principalmente en Murcia y Barcelona (25 julio 1835.) Hay que leer la descripción que hace Menéndez Pelayo de aquellos horrendos crímenes y sacrilegios, obrados por la Masonería (Heterodoxos, t. III, 590-595.)
En 1871, cuando las matanzas e incendios de los comunistas en París, aquella monstruosa Comuna, que destruyó monumentos respetados por las balas enemigas y que hizo morir a bala o quemados con petróleo, los soldados patriotas que habían escapado con vida en la guerra, esa Comuna que asesinó a los rehenes mismos, fue solemnemente aprobada, felicitada y aplaudida por diez mil francmasones, que organizaron con ese fin la más odiosa manifestación (Rosset, la F.M., 193.)
1. 130. Sediciones masónicas.
De las sediciones dice Dom Bénoit, que todas las que ha habido desde 1789, si se exceptúa tal vez tres o cuatro, son obra de la Masonería. Edmond About, redactor de la Opinión Nacional, ha escrito en ella que desde 1728 hasta 1789 no ha hecho otra cosa que conspirar (Rosset, La F.M., p. 67.)
Sería demasiado largo entrar a detallar el modo de obrar que se ha seguido, primero con las órdenes dadas en las logias, después con la conquista de soldados o policía y levantamiento de las turbas, para producir el movimiento. Puede verse en el autor citado (F.M. II, 372-388.) Es interesante la narración de la revolución de Parma, hecha por Carletti, encargado de ejecutarla. Parece una comedia.
1. 131. Las guerras.
Una vez en el poder, la Masonería ha sido implacable para manejar las fuerzas nacionales en provecho de sus planes. La historia nos dice que, dueña del poder en Francia, el año 1792, en pocos meses y aún en pocos meses y aún en pocos días declaró la guerra a Austria, a Holanda, a Inglaterra, a Italia y a España, y no cesó de trastornar la Europa hasta establecer un nuevo orden de cosas en conformidad a sus aspiraciones.
En Crétinneaux-Joli19[9], en Margiotta, &c., puede leerse toda la intervención que tuvieron no sólo las logias italianas, sino aún de los Estados Unidos, de Inglaterra y de Francia en las guerras de Italia, para despojar al Papa y a otros soberanos legítimos de sus Estados y para falsificar la violuntad popular, y en la guerra de Crimea que costó tantas vidas. ¿Por qué se han formado tantas coaliciones contra el Austria? ¿Por qué vinieron los desastres de Francia en 1870? ¿Por qué se formó el gran imperio protestante alemán? ¿Por qué Napoleón I encontraba tantos amigos y auxiliares en sus campañas por toda Europa?
‘Los gobiernos de este siglo, decía en 1876, D’Israeli, primer Ministro de Gran Bretaña, los gobiernos de este siglo no tienen que hacer solamente con los gobiernos, con los emperadores o los reyes y ministros, sino aún con las sociedades secretas, que en el último momento pueden dejar en nada los arreglos, que tienen agentes en todas partes, agentes sin escrúpulos, que empujan al asesinato y pueden, si es menester, ocasionar una matanza’ (Discurso en Aglesbury, el 20 de sept. Bénoit, F. M., I, 390-391.)
1. 132. La revolución y la Masonería.
Ya antes, al hablar de la Masonería y de la política, se ha esbozado la parte que tuvo la Masonería en todas las revoluciones francesas durante el siglo pasado. Sería interminable seguirla paso a paso al través de la Europa, dice el célebre historiador librepensador Taine: ‘Habiendo devorado a Francia, la banda emprende devorar a Europa, hoja por hoja, como una cabeza de alcachofa. Pero, ¿para qué contar la tragicomedia que representan y hacen representar en el extranjero?
Es una repetición en el extranjero de la pieza que representan en París, una traducción improvisada y ridícula en flamenco, en holandés, en alemán, en italiano, una adaptación local, tal cual, con variantes, recortes, abreviaciones, pero siempre con el final, que es una granizada de sablazos y de culatazos sobre todos los propietarios, comunidades y particulares, para obligarlos a entregar la bolsa y todos los objetos de algún valor: lo hacen hasta quedar en camisa y sin centavo’ (Benoit, F. M. II, 392.)
En efecto, las logias de París, sobre todo la de la Propaganda, habían organizado sucursales en Bélgica, en Holanda, en Alemania, en Suiza, en Italia y hasta en Austria. Zimmermann se gloriaba de haber establecido con el nombre de sociedades literarias o con otros títulos análogos, más de cien de estas logias o de estos clubs. Los miembros recibían la dirección de París, se dedicaban a crear partidarios del ‘régimen vigente en Francia’ y a paralizar la resistencia nacional.
‘Vuestro país está enteramente minado’, decía Bonaparte a los oficiales italianos que acababan de firmar con él el armisticio de Cherasco. ‘He encontrado en Génova una suma de 700.000 francos en efectivo, consignada por revolucionarios ocultos, lombardos y piamonteses, para favorecer los progresos del ejército francés’ (Cit. Por Bénoit, F. M., I, 395)20[10]. ‘Desde 1821 todas las tentativas y agitaciones revolucionarias de que fue teatro Italia han sido, según Walter, obra de la Francmasonería’ (Espasa.)
1. 133. Basta de testimonios.
Para muestra creo que basta. El que desee conocer más sobre esa repugnante actitud, tendrá mucho con que entretenerse en las obras citadas.
Allí pueden verse también las pruebas de que la Masonería no sólo presidió, sino que preparó y decretó de antemano la época del Terror, la que en curso de los siglos, entre todas las que han sido de terror, ha merecido por excelencia ese nombre (Bénoit, F.M., II, 397-403.)
1. 134. La pureza y honestidad masónicas.
Nadie negará que la pureza de afectos, de pensamientos y de obras sensuales desordenadas, es uno de los puntos más delicados de la moral cristiana, y de tal modo importante, que aun los mismos enemigos de la Iglesia, si son sinceros, admiran su doctrina sobre aquellas virtudes, y si no lo son, hipócritamente buscan como acusarla de no guardarla con perfección. Es, pues, una piedra de toque de la perfección de la moral que se profesa. Veamos cuál es la moral católica sobre este punto. Pero, por lo mismo que es tan delicado, procuraré tocarlo lo más superficialmente que se pueda, remitiendo a los que tengan un interés legítimo mayor a las obras citadas, que suministran muchos datos y documentos.
1. 135. Funestos principios masónicos.
Hay principios masónicos que necesariamente deben conducir a mayor licencia de costumbres a los que los profesan y sienten su influencia, aun cuando sea inconscientemente. Tales son: La libertad masónica; es decir la independencia de toda sujeción, de tal modo que cada cual sea su dios, su rey y su Papa, el adorado y adorador, a la vez.. Cuando no se reconoce ley alguna superior, falta un freno poderoso que contribuya a sujetar las malas inclinaciones.
1. 136. Los mandamientos y los masones.
De ahí viene como consecuencia muy natural la enseñanza de que el decálogo, o sea los diez mandamientos que todos nos conocemos, no obliga a los masones. Expresamente lo dice ‘The Encyclopedia of Freemasonry’: ‘No son obligatorios (los diez mandamientos) para un masón como masón, porque la institución es tolerante y cosmopolita…’ (Preuss, A. F., 295-296.)
1. 137. El materialismo masónico.
Además, el materialismo que actualmente se profesa en casi toda la Masonería, no permite obligaciones morales. La materia no es libre, no es responsable.
1. 138. La mujer y la Masonería.
Es doctrina masónica también, proclamada por los doctores como Mackey, que ‘la mujer es esencialmente incapaz de verdadera moralidad; ¡lejos de ellas las cadenas del error y de la ignorancia cristiana y de Moisés!’El masón no debe luchar contra sus propios instintos.’ Son enseñanzas de A. Pike, generalísimo que fue de toda la Orden (Preuss, A. F., 303.)
1. 139. La moral humana.
Por otra parte, y en conformidad con los mismos principios, se dice que el hombre difícilmente tiene una moral superior a la de los brutos. ‘El hombre, dice Mackey, gran doctor de la Orden, no tiene falta o vicio que alguna bestia no los tenga; y por tanto, en sus vicios no es más que una bestia de orden superior, y difícilmente tiene alguna excelencia moral, tal vez ninguna que algún animal no la tenga en el mismo grado y aún más excelente, como la generosidad, la fidelidad y magnanimidad’ (Morals and Dogma, 857. Preuss, A. F., 305.)
1. 140. Lo que es el alma.
El mismo autor enseña, siempre en conformidad con las doctrinas fislosóficas de la Orden, que el hombre es un animal que ha recibido un rayo de la divinidad que hace las veces de alma. ¡Si será capaz de pecado el rayo de la divinidad o el simple animal!
1. 141. Culto de la carne.
De tales principios proviene todo un culto de lo que en lenguaje cristiano suele llamarse la carne, a tal punto, que según los doctores masones más estudiosos, todo en las logias, todos los símbolos tienen un sentido que tiende al honor, en conformidad con los ritos paganos: escuadra y compás; columnas del templo; árbol del medio y sala del medio, el círculo con el punto en el medio, el culto mismo dado al sol, culto puramente simbólico, todo, digo, va encaminando a honrar las facultades generativas del hombre.
La misma letra G, que los ingleses tal vez se imaginan que es la inicial de God, Dios, no es más que la inicial de generación. (A veces le dan también el sentido de geometría.) La misma palabra God, si alguna vez la usan con todas sus letras, no es más que la resultante de las iniciales de tres palabras que representan ideas relativas al mismo objeto de culto pagano (Preuss, A. F., 410.) (Ver también el cap. Amer. Freem. And Paganismo, entre otros.)
1. 142. Falsa moral.
Los mandamientos de la moral masónica, al hablar de la castidad, mandan respetar la mujer o la hija del hermano; de las demás no se preocupan (Preuss, A. F., 302.) ‘En cuanto a pureza, dice Ragón, la Masonería no reconoce sino la limpieza física. No hay otra mancha para el hombre que el desaseo corporal’ (Cit. Por Mgr. Rosset, La F. Mas.•. p. 178.)
1. 143. Enseñanza corruptora.
En la Masonería de adopción, como llaman a la Masonería de las mujeres, bajo símbolos o leyendas, se les enseña el vicio más nefando y dañoso para la humanidad, el amor de la poligamia, el amor libre y a practicar la beneficencia masónica, con los hermanos o amigos. Los lectores me excusarán de dar más detalles sobre esta materia y de decir lo que se practica en grados más altos aún.
Lo dicho hasta para tener alguna idea de la moral masónica, que es todo el reverso de la moral cristiana, y aun de lo que podríamos llamar la moral natural, que nunca autorizará el sistema de la mentira, de la violencia y de la licencia de costumbres.
15[5] ‘La F. M.•. es una institución esencialmente filosófica y progresista, tiene por objeto la investigación de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de todas las virtudes’ (Constit.•. de 1912.)
16[6] Ya se ha dicho que es falso que la religión cristiana tenga una doctrina pública y otra secreta. Todas las verdades que enseña son para todos los fieles, y la autoridad docente tiene interés en que todas las conozcan.
17[7] Ver los estatutos de la Joven Italia, (Bénoit, F. M. II, 60-61.)
18[8] Ver en Magiotta, adriano Lemmi 24 y sigs. el complot masónico para asesinar a Fernando de Nápoles, p. 20 sigs. el complot de las logias que terminó con el asesinato del Duque de Parma (1854.)
19[9] L’Église Romaine en face de la Révolution.
20[10] ‘Hemos adquirido (con Guillermo III de Prusia, decía Hangewitz, la convicción de que todas las asociaciones masónicas, desde la más modesta hasta la más elevada, no pueden proponerse sino explorar los sentimientos religiosos, ejecutar los planes más criminales y servirse de los primeros como de manto para cubrir los segundos’ (Eckert II, 179.)
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
1. 95. La Masonería y sus ideales. Palabras mágicas. La Libertad.
Como al hablar de los fines de la Masonería, ella hace alarde de batallar por los ideales de la libertad, igualdad y fraternidad. Veamos qué hay en eso de sinceridad y de verdad.
Ya sabemos que para la Masonería la libertad es la independencia absoluta de toda autoridad, sea la de Dios, sea la del Rey, sea la de la Iglesia, o del padre, del esposo, &c. ‘Vos seréis libre; dice a sus adeptos, si sois soberano, si sois sacerdote, rey y dios, si sois el adorador como el adorador del templo.’ Es la antigua promesa de la serpiente a nuestros padres (Bénoit, F. M. I, 10.)
Semejante libertad en la revuelta, la rebelión contra toda autoridad. Si alguno creyere que hay en esto exageración, no tiene más que leer las declaraciones de autoridades masónicas ya citadas. Hay que darse cuenta también del simbolismo masónico y de los discursos rituales, para comprender toda la profundidad de la libertad masónica. Esos datos pueden verse en Bénoit (La F. M. I, 7.)
Cualquiera podría creer, después de leer estas declaraciones de la Masonería y de saber el continuo alarde que hace de esas palabras, libertad, liberalismo, que esa institución deja mucha libertad a sus adeptos. La verdad es todo lo contrario. Es cierto que en el sentido de libertinaje y de la licencia de costumbres hay muchos que han aprendido y practican la libertad masónica, viviendo sin Dios ni ley, como tantos otros que no son masones. La diferencia está en que unos lo hacen por principios y por flaqueza.
Pero no hay tiranía igual a la tiranía masónica. Yo mismo he oído decir a masones que sufre la presión que se les hace en las logias, aún contra sus conveniencias comerciales; he oído de otros que quieren recobrar su libertad, retirándose de las logias; he llegado a saber que cuando un hermano se ha tomado la libertad de ir a la iglesia por satisfacer quizás su curiosidad, luego tuvo la visita de otro hermano, para tomarle cuenta de lo que había hecho.
Estoy viendo que iniciarse un hermano y perder su libertad religiosa es la misma cosa; porque no puedo suponer que personas serias que vienen a misa el domingo pierdan inmediatamente su fe desde la iniciación cuando todavía no se han dado cuenta de la apostasía que aquella ceremonia significa.
96.- No existe libertad en la Masonería.
En cuanto a los políticos, por lo que se ha dicho poco antes poco antes, se puede ver que son todavía menos libres que los demás ciudadanos. Basta recordar las decisiones del Gran Oriente de Bélgica y la conclusión a que llega, que ‘es menester ser severo e inexorable contra los que, rebeldes a las advertencias, llevan la felonía hasta apoyar en la vida política actos que la Masonería combate con todas sus fuerzas, como contrarios a sus principios, sobre los cuales no puede ser permitido el transigir’ (Copin, P. O. 132-133.) Ahí tenéis, pues, al hermano masón, que no tiene aquella libertad de que goza el último de los ciudadanos; que ha renegado de la infalibilidad de la Iglesia para reconocer una infalibilidad que no sabe dónde está ni de dónde viene.
Mientras el profano obedece a autoridades legítimas, visibles, y a leyes que conoce, al Hermano está expuesto a ser manejado como el niño pequeñuelo, según el capricho de esa dirección oculta que, como se ha visto, en Francia lo pasó jugando a la política, haciendo adorar y derrocar sucesivamente a los jefes de la nación. Por algo se le obliga a hacer en las logias ejercicios infantiles.
Por algo también hace sus juramentos, en los cuales renuncia a su voluntad mucho más aún de lo que lo hace un religioso. ‘Juro obedecer sin restricción, tanto la Const.•. masónica, como los Reglamentos Generales de la Ord.•. etcétera’, dice en Chile el masón. El Minerval de los Iluminados decía: ‘Prometo un silencio eterno, una fidelidad y obediencia inviolables a todos los superiores y estatutos de la Orden. En lo que es objeto de esta misma Orden, renuncio plenamente a mi propio modo de ver y a mi propio juicio’ (Bénoit, F. M. I, 589.)
1. 97. Falsas promesas de libertad.
Por otra parte, desde que la Masonería puede imponer la ley, se pueden dar por perdidas aún aquellas libertades que son más naturales e inviolables, como es la libertad de conciencia, la de educar a los hijos, la de vivir cada cual conforme a sus inclinaciones, con tal de no perjudicar a terceros, &c.
En Méjico, por ejemplo, está prohibido el traje eclesiástico, desde hace muchos años. Allí, como en Francia y en otras partes, está prohibida la enseñanza religiosa en las escuelas públicas.
En Estados Unidos, la Masonería está empeñada en suprimir la enseñanza privada, para obligar a todos los niños a ir a la escuela laica.
En varios países, la Masonería ha desconocido las congregaciones religiosas, al mismo tiempo que amparaba toda clase de asociaciones inmorales o subversivas; las que ha expulsado y perseguido como no se persigue en ninguna parte a los anarquistas o subversivos.
La libertad que predica la Masonería es, pues, otra gran mixtificación con que engaña a los propios adeptos y prepara la tiranía para con los extraños y las sociedades en general. La Masonería sabe realizar las instrucciones ya citadas de Weishaupt: ‘Que la fuerza suceda al imperio invisible: ligad las manos a todos los que resisten, subyugad’, &c.
Los que saben entre nosotros el poderío que la Masonería ejerce en el ramo de la enseñanza y la tendencia a suprimir en ella toda libertad y lo mucho que ya se ha hecho en ese sentido, tendrán en casa una prueba de la libertad masónica.
1. 98. La igualdad masónica.
Cualquiera, al oír repetir con tanto entusiasmo esa palabra como las otras dos, creería que la igualdad se practica con mucha perfección dentro de la Masonería y para con los profanos. Precisamente, sucede todo lo contrario. Al hermano iniciado, desde su misma iniciación, se le hace creer que en la Masonería todos son iguales, salvo la distinción de cargos o dignidades, y sin embargo, no hay asociación alguna en que haya más desigualdad.
Los masones compañeros, maestros o de altos grados, llaman ‘hermano’ al aprendiz. ‘Pero es un hermanito de tres años solamente, que no está iniciado sino en la sociedad de los niños masones, y esta sociedad aún formando cuerpo con las sociedades masónicas de los altos grados, no solamente está debajo de todas, sino que, cosa mucho más importante, está penetrada y realmente dominada por todas.
Los aprendices, se puede decir, no pueden entrar en ninguna parte del templo masónico, si no es en cierta parte que se les ha asignado. Asignado, decimos, no reservado, porque ellos no pueden cerrar la puerta a los masones de los grados superiores. Éstos van y vienen como les place en las reuniones de los aprendices, lo mismo que los profesores pueden ir y venir en las diversas clases de los liceos, donde hacen cursos.’ Son palabras de un ex-masón (Copin, P. O.
210.)
Lo mismo les va pasando a los de los demás grados respecto de los grados superiores: no saben sus secretos, no pueden asistir a sus reuniones, y son constantemente espiados o vigilados, sin que ellos se den cuenta siquiera; lo que les hace ser de peor condición que los niños de la escuela, que al menos saben quién los vigila.
La Iglesia Católica, acusada por la Masonería de mantener la desigualdad entre los hombres, enseña que ante Dios todos los hombres son iguales, y de hecho todos los católicos tenemos la misma doctrina, no hay doctrina oculta para nadie; todos podemos llegar a la misma mesa eucarística, es decir, todos podemos tomar parte en el acto más elevado del culto que profesamos.
En la Masonería los masones de los grados inferiores no son más que el juguete de los grados superiores, especialmente de los ocultísimos, en donde se admirarán de la estupidez humana que se deja atraer con el cebo de un secreto que jamás se revela.
1. 99. La fraternidad masónica.
Éste es el otro lema con que la Masonería difunde en rededor suyo una atmósfera de simpatía, especialmente entre aquéllos que necesitan ser alentados en la vida. Esa fraternidad tiene, como se ha dicho, un doble sentido: el de borrar toda diferencia de familia, patria, religión, derechos, &c., y el de mutua protección entre los masones.
No niego que esta fraternidad se ejercite entre hermanos y que sea un derecho legítimo, el de buscar en la asociación esa ayuda mutua; pero con tal que sea dentro de ciertos límites, con tal que no sea contra los derechos que por equidad natural o justicia corresponden a un tercero, o no se causen perjuicios a la sociedad, a la nación o a particulares.
Así, por ejemplo, ¿quién negará que las preferencias por los hermanos en el ejército francés causaron gravísimo daño a la institución y pusieron en gravísimo peligro a la nación entera, que en la última guerra, guiada por el instinto de conservación, fue dejando a un lado a los jefes ineptos que la Masonería había encumbrado y llamando a los jefes católicos que ella había dejado en la sombra, y gracias a eso se salvó?
¿Quién negará que las preferencias para con los hermanos en la provisión de los empleos públicos ha dado en todas partes ocasión a grandes desfalcos al fisco y a grandes injusticias para con los particulares? Sería interesante leer la historia de la cuestión de los tabacos en que se vio envuelto el Ven. Crispi y el delegado Supremo Gran Comendador Adriano Lemmi, Gran Maestro de la Masonería Italiana, en 1890.
Los masones eran 300 en la Cámara; el total de los diputados 504. El diputado Imbriani pidió que se abriese una investigación. Los diputados masones se vieron en la alternativa de ser o buenos masones o buenos diputados, y para ser buenos masones y ayudar al hermano en sus apuros, negaron la investigación y salvaron al hermano Crispi y al Hno. Y Gran Maestro Lemmi. Margiotta suministra los datos sobre este asunto (Margiotta, A. L., 188 y sigs..)
1. 100. Nuestra Cámara y la Masonería.
En el debate que hubo en nuestra Cámara sobre la Masonería y el Ejército, se leyeron datos interesantísimos sobre la escandalosa cuestión de las fichas en el ejército francés, sistema que usó la Masonería para hacer ascender a los suyos y concederles todas las gollerías posibles y para postergar a los que no eran suyos y negarles todos los favores posibles. Es digna de leerse la interpelación que se hizo en la Cámara con este motivo.
Especialmente cuando se trató del castigo impuesto al coronel Quinemont, ‘que como jefe de regimiento poseía los más bellos estados de servicio del ejército; que había sido hecho subteniente en el campo de batalla de Morsbronn… y que no había cesado de ser soldado irreprochanle.’
¿Por qué fue puesto en reserva? Porque había castigado con toda justicia a un oficial prevaricador. Pero el oficial era hermano y la Masonería lo vengó: ‘Entre un prevaricador de oficina y un soldado heroico, terminaba el interpelante, dirigiéndose al Ministro, no habéis dudado: Habéis herido al soldado heroico y, habéis protegido al ladrón.’ (La Masonería ante el Congreso, p. 73-89.)
Ese asunto de las fichas que usó en Francia la Masonería para hacer su trabajo en el ejército, es uno de los más repugnantes y bajos que, sobre todo para un militar, puede haber. ¡Quiera Dios que esa horrible gangrena no esté minando también a nuestro glorioso ejército!
A esos extremos suele conducir la fraternidad interna de la Masonería, para con los suyos, y ésas son también muestras de la fraternidad que ejercita para con los profanos, muestras que, por desgracia y para vergüenza nuestra, comienzan a verse estampadas en la gran prensa del país y a vislumbrarse alrededor nuestro14[4]
1. 101. Odios masónicos.
Agregaré también que no he visto odios más encarnizados que los que nacen en las logias contra los infelices que caen en desgracia. Recuerdo principalmente dos casos que han tenido lugar en Iquique, durante el tiempo que he vivido aquí.
Quizás a eso se refiere lo que contó no ha mucho un señor Pallavicini a ‘La Unión’ de Valparaíso, del señor Llanos, el español que dio honrosa sepultura a los restos de Prat, que se suicidó en Iquique, en tiempo de la guerra con el Perú, y la razón que da del suicidio es que ‘se creyó lo más lógico aquí’ que lo hizo por orden de la Masonería.
1. 102. Las mejores muestras de la libertad, igualdad y fraternidad masónicas.
Ya se ha visto que la Masonería fue dueña en Francia durante la revolución Francesa, como lo ha sido últimamente, antes de la guerra, según confesión de los mismos masones. Han tenido, pues, la ocasión de manifestar al mundo la realización de aquellos sublimes ideales proclamados por el Cristianismo.
Ved lo que han hecho: ‘En nombre de esa fórmula se ha visto establecer, por decirlo así, de una manera legal, el saqueo, el incendio,, la proscripción, el despojo y el asesinato. Tres años después de su proclamación, nada más que tres años, el ideal de fraternidad revolucionaria terminaba con la innobles matanzas en las prisiones. ¡Sí! Tres años habían bastado para que se produjese esa atroz desfiguración!
‘Y un año más tarde era el Terror y los millares de cadáveres con que se ensangrentaba a Francia. En cuatro años la destrucción del verdadero espíritu cristiano y su reemplazo por la contrahechura de que hablamos, tenían, como consecuencia del establecimiento de la más espantosa tiranía de que la historia haya hecho mención jamás.’
A fin de explicar cómo la fraternidad revolucionaria pudo morder tan ferozmente la carne humana, se han buscado razones; pero no se han encontrado sino sinrazones.
Se ha dicho que los principios se encontraron falseados por los obstáculos que les fueron opuestos. (El Cristianismo los encontró también y no por eso se convirtió en el destructor de la humanidad: el Cristianismo moría, no mataba.)
‘Sin duda se encontraron obstáculos. Los hay siempre, cualquier cosa que se haga; pero es lo que reprochamos precisamente a los principios revolucionarios: el haberse dejado falsear tan fácilmente. Han sido falseados en 1789; falseados en 1871; falseados ahora; falseados siempre…’ (Copin, C. C. J., 243-244.)
1. 103. Odio a la Iglesia.
En los tiempos del Terror, el sacerdote, para poder celebrar una misa, tenía que ocultarse en los bosques y esperar las sombras y el silencio de la noche. Tal era la libertad. Y si era sorprendido, era fusilado o guillotinado por la fraternidad imperante.
Cuando volvió la Masonería a adueñarse del poder, a principios de este siglo, puso de nuevo en práctica sus ideales al revés: los ciudadanos franceses fueron expulsados del país por el delito de cargar sotana en una congregación religiosa.
¡Santa libertad! A ellos, que enseñaban la doctrina cristiana, se les prohibió enseñar, mientras que hasta los anarquistas podían predicar sus doctrinas disolventes con toda tranquilidad. ¡Santa fraternidad e igualdad! Sólo los religiosos no podían tener una casa en Francia.
1. 104. Deseo masónico entre nosotros.
Lo que se ha hecho en Francia, en Méjico y en Portugal, bajo el imperio de la Masonería, eso mismo se anhela hacer aquí. Ya están hechas las listas de las propiedades de la Iglesia. Después de la venida del Masón de alto grado M. Martinenche, que vino a despertar las logias chilenas de la inercia en que parecían vivir, se oyen con frecuencia los deseos de que se expulse a los sacerdotes extranjeros de este país, a donde llegan con toda facilidad los extranjeros de todo el mundo, aun los que vienen a predicar ideas subversivas.
De la libertad e igualdad en la enseñanza y en la distribución de los puestos públicos, no hay que hablar: todo el país sabe lo que pasa.
La libertad, la igualdad y la fraternidad masónicas son, pues, una mixtificación más, un engaño más, cruelísimo a veces, con la Masonería engaña al mundo profano, como engaña a sus propios adeptos.
14[4] ‘Aun la sospecha universalmente extendida de que la justicia en algunas veces estorbada y los criminales masones librados del debido castigo, no puede creerse sin fundamento. Dicha práctica de mutua ayuda es tan reprensible que aun autores masones
(e.g. Krause Macbach) la condenan severamente (CATH. ENCYCL.)
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
1. 84. La Masonería y la política.
‘La Masonería no se ocupa… de las constituciones civiles de los Estados… debe respetar y respeta las simpatías políticas de sus miembros… En consecuencia, toda discusión que tienda a este objeto, queda expresa y formalmente prohibida.’
Así dicen las constituciones masónicas. Veamos si dicen tanta verdad, como cuando se trata de religión. A este propósito no estará demás citar los que dice Copin-Albancelli: ‘Durante ciento cincuenta años la Francmasonería ha afirmado, ha proclamado en sus estatutos, como lo hemos dicho, que no ocupaba de política y que aún prohibía en las logias toda discusión que pudiera tener relación con esta materia.
Pues bien, ¡cosa verdaderamente extraordinaria de parte de una asociación que no se ocupa de política’! Ella apareció súbitamente en posesión de todos los puestos del Estado durante la Revolución, y en nuestros días se le ve renovar este milagro!
‘Agregaremos que se necesitarían volúmenes para citar todos los documentos que probarían que las reuniones de sus talleres están llenas por las discusiones políticas, a pesar de la declaración que está contenida en los estatutos.’
Y no de otro modo se podría explicar el hecho de que en 1900 ‘los masones, que no eran sino veinticinco mil en Francia, tuvieran más de cuatrocientos senadores y diputados, o sea un senador por sesenta masones, mientras que para el resto de los franceses, la proporción no era de un senador o diputado por diez mil electores. Los masones se encontraban, pues, trescientas veces más favorecidos que la masa de los franceses’ (Copin, P. O., 23, 97-98.)
En realidad, la Masonería estuvo preparando en Francia la caída de la monarquía, como preparó la caída de Napoleón I y de todos los gobiernos que siguieron después, hasta apoderarse completamente del poder en la República Francesa y quedar en aptitud de ejecutar sus planes contra la Iglesia.
Durante sesenta años había estado en Francia profesando el más profundo respeto a la monarquía y a la religión; había inscrito las declaraciones más formales sobre estos puntos en sus estatutos; había atraído a sus templos a miembros del clero, de la nobleza, y aún, de la misma familia real, que se había propuesto destruir, y había sostenido este papel con constante hipocresía. Un Convento Masónico reunido en Wilhelsbad, bajo Luis XVI, resolvió que la revolución humanitaria que se había preparado en ese tiempo, estallara en Francia más bien que en Alemania, y así se ejecutó.
Ya en 1746, en el libro La F. Mas.•. Ecrasée’, un experimentado exmasón, que cuando masón había visitado muchas logias en Francia e Inglaterra y consultando altos masones de puestos oficiales, describía como el verdadero programa de la Masonería, un programa que, según Boos, historiador de la Masonería (p. 192,) coincide de un modo que asombra con el programa de la Gran Revolución de 1789.
1. 85. Hipocresía masónica.
Cuando Napoleón llegó a ser el ídolo de la Revolución, la Masonería le dobló la rodilla y lo aduló, al mismo tiempo que trabajaba por derrocarlo. En 1812, en la fiesta de la Orden, el Gran Orador del Gran Oriente pronunciaba esta enfática abjuración: ‘Y nosotros, hermanos míos, colocados en este Oriente, como en otro tiempo uno de los jefes Hebreros sobre la montaña, mientras que los guerreros de Israel combatían, elevemos nuestras manos hacia el Eterno, que ha ligado la victoria a las águilas de su Predilecto y gocemos con reconocimiento de la paz interior que nos asegura su poder’ (Copin, P. O., 369.) Y sin embargo, las mismas logias militares, la mayor parte al menos, se habían hecho antinapoleónicas, hasta el punto que, durante la invasión, algunas llegaron a admitir a los oficiales masones de las potencias aliadas.
Cuando subió Luis XVIII al trono hizo con él como con Napoleón: el Gran Maestro Adjunto, el General Beurnonville, la puso a los pies del monarca, declarando que respondía de ella como de sí mismo. Pero llegó la nueva subida de Napoléon, a su vuelta de Elba, y al momento la Masonería, virando hacia él, dirigió un saludo de bienvenida al predilecto del Eterno.
Y cuando Napoleón desapareció, después de los cien días de Restauración, allí estaba de nuevo la Masonería a los pies de Luis el deseado, elevando oraciones por él y cantando himnos en su honor. Lo que no quita que al fin terminara por asesinarlo, llegando a falsificar el voto relativo a su condenación, cuando se vio que no había mayoría para la pena de muerte (Copin, P. O., 374.)
1. 86. La Masonería y los gobiernos.
Y la misma historia sigue repitiéndose con Carlos X, con Luis Felipe, con la República y con Napoleón III. Luis Felipe llegó a prohibir que los militares pertenecieran a las logias, sabiendo que la Masonería estaba trabajando a la sombra para derrocarlo. Todo fue inútil. Un gran congreso de masones alemanes, franceses y suizos, reunidos en Estrasburgo, el año 1847, decidió sustituir la Monarquía por la República.
Cinco directores 12[2] de logias parisienses prepararon la revolución, y Odilón Barrot, masón de la logia de los trinosofos, Presidente del Consejo de Ministros, después de haber jurado fidelidad a Luis Felipe, hizo cesar el combate contra los revolucionarios, y se organizó el gobierno provisorio.
La Masonería envió una diputación de la Gran Logia de Francia, compuesta de masones revestidos con sus insignias, a prestar su adhesión al Gobierno Provisorio, en un oficio que terminaba así: ‘Cuarenta mil masones, distribuidos en quinientas logias, que no tienen entre sí sino un mismo corazón y un mismo espíritu, os prometen su concurso para acabar la obra de la regeneración tan gloriosamente comenzada’ (Copin, P. O., 378.)
En ese Gobierno Provisorio, entre once Ministros, nueve eran masones conocidos. Sólo Lamartine y Dupont de l’Eure, no lo eran, pero recibían la sugestión masónica, rodeados como estaban de masones. El Gobierno era, pues, masónico.
Cuando el 10 de marzo de 1848, el Supremo Consejo del Rito Escocés fue a felicitar al Gobierno Provisorio, Lamartine, en el nombre del Gobierno, respondió a los masones delegados: ‘Estoy convencido de que es del fondo de vuestras logias de donde han emanado, primero en la sombra, después a media luz y finalmente en pleno día, los sentimientos que han acabado por hacer la sublime explosión de que hemos sido testigos en 1789 y de la cual el pueblo de París acaba de dar al mundo la segunda, y lo espero, la última representación hace pocos días’ (Copin, P. O., 380.)
1. 87. Incalificable conducta.
Como la nación eligió después una asamblea que no era masónica como el Gobierno, comenzó la lucha del Gobierno con la Asamblea, hasta llegar al golpe de estado que hizo de Luis Napoleón el Emperador Napoleón III, en noviembre de 1852. ¿Había tomado parte en todo este movimiento la Masonería que se había mostrado antes tan republicana?
Por supuesto: el 15 de octubre de 1852, la Masonería enviaba al Presidente Bonaparte un oficio en el que se le decía: ‘La Francia os debe la salvación. No os detengáis en medio de tan bella carrera. Asegurad la felicidad de todos, poniendo la corona imperial sobre vuestra noble frente. Aceptad nuestros homenajes y permitidnos haceros oír el grito de nuestros corazones: ¡Viva el Emperador!’
El Príncipe Murat, primo del Emperador, había sido elegido Gran Maestre al día siguiente del golpe de estado del 2 de diciembre de 1851, por el cual Napoleón disolvió las Cámaras, para hacer aprobar una nueva Constitución. Napoleón era saludado y vivado Emperador por las logias seis semanas antes de serlo.
Pero lo curioso es que, después de todo esto, la Masonería ha echado sus maldiciones al ‘hombre de diciembre’, ‘al bandido’, al ‘asesino de la libertad’, como lo llamaba Víctor Hugo, y le fue preparando la caída. ‘M. Charles Goyau, dice Copin-Albancelli, nos muestra en su hermoso libro sobre ‘La Idea de Patria y el Humanitarismo’, cómo la Masonería se opuso a la reorganización del Ejército, emprendida por el mariscal Niel; cómo la masonería francesa acogía con las muestras de la más estúpida ternura la fundación de una logia alemana en París; cómo el H.•. Brisson iba a esta logia, la Concordia, a estrechar con su corazón a sus HH.•. alemanes, y a celebrar con ellos la supresión de fronteras y la fraternidad universal.
Durante este tiempo, Alemania aumentaba incesantemente el poder de su organismo de combate. El Poder Oculto hacía predicar el pacifismo y el humanitarismo en Francia, por la Masonería francesa, mientras que hacía predicar el patriotismo en Alemania por la Masonería alemana. Atacado en sus recursos morales y en sus recursos materiales, el Imperio acabó por caer’ (Copin, P. O., 387-388.)
1. 88. Deseo de dominio absoluto.
Lo que pasó en Francia es lo que la Masonería ha procurado hacer en todas partes. En las confesiones del conde de Haugwitz, presentadas al Congreso de Verona, después de hablar de la división de la Masonería en dos partidos, uno con sede en Berlín y el otro con el Príncipe de Brunswick, como jefe aparente, agrega: ‘En lucha abierta entre sí, los dos partidos se daban la mano para llegar a la dominación del mundo. Conquistar los tronos, servirse de los reyes como de administradores, tal era su fin… Ejercer una influencia dominante sobre los tronos y sobre los soberanos, tal era nuestro fin, como había sido el de los Caballeros Templarios…’
Siento que el espacio no permita dar en toda su amplitud el testimonio de Weishaupt, Jefe de los ‘Iluminados’; citaré sólo algunas de sus palabras: ‘Soplar por todas partes un mismo espíritu, dirigir hacia el mismo objeto, en el mayor silencio y con toda la actividad posible, a todos los hombres esparcidos sobre la faz de la tierra: he ahí el problema por resolver aún en la política de los estados, pero sobre la cual se establece el dominio de las sociedades secretas.
Una vez establecido este dominio, por la unión y la multitud de los adeptos, haced que la fuerza suceda al imperio invisible: ligad las manos a todos los que resisten, subyugad, ahogad la maldad en su germen. Los sacerdotes y los príncipes resisten a nuestro gran proyecto…. Alrededor de los poderes de la tierra es menester reunir una legión de hombres infatigables… Pero todo esto debe hacerse en silencio. Nuestros hermanos deben sostenerse mutuamente, socorrer a los buenos en la opresión, y tratar de ganar todos los puestos que dan poder para el bien de la Orden’ (Bénoit, F. M., I, 173-175.)
¿Es o no el plan que aconsejaba Weishaupt el que se ha ejecutado o se está ejecutando en todas partes? ¿Qué se ha hecho en Méjico? ¿Qué se ha hecho en Uruguay, donde se ha llegado hasta prohibir la entrada a los eclesiásticos extranjeros, lo que no se prohíbe a los anarquistas? ¿Qué es lo que se está haciendo actualmente en Rusia?
1. 89. La Masonería en Italia.
No tendría espacio para dar una idea siquiera de lo que Masonería ha hecho en Italia, valiéndose de la política; pero de ello será una muestra la siguiente plancha secreta dirigida a todos los Venerables por el Gran Oriente del Valle del Tíber y firmada por Adriano Lemmi, el 10 de octubre de 1890. ‘A los Hermanos de las Venerables Logias Italianas.
‘El edificio que los Hermanos del mundo entero están en camino de elevar, no podrá ser declarado construido con solidez, mientras los Hermanos de Italia no hayan dado a la humanidad los escombros de la Institución del gran enemigo.
‘Nuestra obra se persigue con actividad en Italia, y el Gran Oriente del Valle del Tíber ha podido, en el aniversario de 1789, proclamar que las leyes en Italia se elaboran a la luz del espíritu de la Masonería universal. Vamos a aplicar el escalpelo al último refugio de la superstición, y la fidelidad del Hermano 33° que está a la cabeza del poder político (Crispi) nos sirve de garantía segura de que el Vaticano caerá bajo nuestro martillo vivificante.’
‘Pero para que este trabajo no tenga tregua y no pierda ninguno de los beneficios que de él espera la humanidad, es indispensable que en las próximas elecciones políticas entren en la Cámara Legislativa al menos 400 hermanos. En la legislatura actual son 300. Este número no basta para el trabajo futuro…
‘La Logia del Tíber adhiriéndose a las numerosas logias italianas, ha podido obtener que su Venerable Crispi prorrogase la disolución de la Cámara, a fin de que nosotros pudiésemos arreglar juntos las listas de nuestros candidatos a la representación nacional…
‘Los hermanos de las diferentes logias obrarán, pues, cerca de los Prefectos, que nos pertenecen en su mayoría, cerca de los Consejos Departamentales y de las personas influyentes por el triunfo de nuestras candidaturas. Quien haya cooperado a la difusión de la luz vivirá de la luz.
Es menester poner en la imposibilidad de hacernos daño a los sacerdotes, a los diarios de las tinieblas y aún a los irregulares que han atacado, durante la legislatura actual, a la Masonería bajo pretextos fútiles, tales como la cuestión de los tabacos o la de nuestras influencias. Y aprovechamos esta circunstancia para recordar que son legítimos los medios que nos permitan hacer dinero con el fin de sembrar una propaganda fecunda, y, respecto de nuestras influencias, a las cuales el Gran Oriente no debe renunciar, que las hagamos valer siempre en favor del interés supremo de la Orden.
‘El Gran Oriente invoca el Genio de la Humanidad, a fin de que todos los Hermanos trabajen haciendo el último esfuerzo por dispersar las piedras del Vaticano para construir con ellas el templo de la Razón…’ Adriano Lemmi, 33° Delegado Soberano Gran Comendador’ (Margiotta. A. L., 196-197.)
Es tanto el interés que suele reinar en las logias, que, cuenta Copin- Albancelli, que uno de los rarísimos casos en que advirtió que se daban órdenes en la Masonería, fue aquél en que la Masonería se empeñó por inutilizar para candidato a uno de los Hermanos que, como diputado elegido en 1898, no seguía sus inspiraciones respecto de la campaña antisemítica que se levantó en Francia por aquellos años.
1. 90. Dominio masónico sobre sus adeptos.
No repasaré el simbolismo de varios grados y ritos, que arman a sus adeptos para la revolución y contra los soberanos. Pueden verse en la obra de Bénoit. Siento no poder, por falta de espacio, manifestar hasta dónde llega la dominación masónica sobre sus adeptos políticos, si bien lo que ya se ha dicho es más que suficiente para comprender que con la intervención política de la Masonería resulta terriblemente verdadera la frase de D’Israeli:
‘Los que gobiernan el mundo no son los que parecen gobernarlo sino los que operan tras de bastidores.’ Con razón decía el H.•. Blatin, diputado, en 1888: ‘Hemos organizado en el seno del Parlamento un verdadero sindicato de Francmasones y me ha sucedido no diez sino cien veces a mí mismo el obtener intervenciones verdaderamente eficaces cerca de los poderes públicos.’
El autor tantas veces citado, Copin-Alancelli, dedica en su libro, Le Pouvoir Occulte, un artículo a los medios de coerción de que dispone la Masonería para mantener a los Diputados, Senadores y Ministros Francmasones en la disciplina masónica. Siento no poder darlo aquí, pero por él se ve que no hay medio: o el político obedece a la sugestión de las logias o cae en la nada de donde las logias lo han levantado.
1. 91. Supervigilancia masónica.
El Gran Oriente de Bélgica ha afirmado categóricamente ‘el derecho y el deber de las logias de supervigilar los actos de la vida pública de aquellos de sus miembros que ellas han hecho entrar en las funciones políticas, el deber de pedir explicaciones… el deber de aceptarlas con benevolencia cuando son satisfactorias, de reprimir, si dejan de desear, y aun de cortar del cuerpo masónico a los miembros que han faltado grave y voluntariamente a los deberes que su calidad de masón les impone, sobre todo en su vida pública’ (Copin, P. O, 132.)
¡No deja de ser envidiable la libertad de que gozan en la Masonería los hombres públicos!
92.- La Masonería en Estados Unidos.
Y para que no se crea que en Estados Unidos, donde hay tanto masón, se piensa de otra manera, terminaré este artículo citando algunas palabras pronunciadas por Mr. Merritt, Gran Maestro de Ceremonias y Gran Maestro, en su contestación al brindis ‘El Gran Consistorio de California.’
Nosotros sostenemos que ningún hombre o corporación de hombres tiene el derecho de influenciar nuestra conducta política. No reconocemos partido. Votamos según los principios de la Masonería del Rito Escocés, y el hombre que pertenece al Rito Escocés y no lo hace así, viola toda obligación, desde la primera hasta la trigésima tercera, cada una de ellas’ (Preuss, A. F. 284.)
No haré comentarios sobre la patente contradicción que está bastante clara entre la primera afirmación y la última.
1. 93. ¿La Masonería no sabe de política entre nosotros?
Así lo dice en sus Estatutos13[3] y lo proclama por boca de sus propagandistas y adeptos. Y, sin embargo, se ve también aquí realizado el milagro que se observó en Francia: que siendo, relativamente al resto de los electores, muy pocos los masones, sin embargo, son muchos sus representantes en las distintas ramas del poder de la nación y en los puestos públicos, como si la mayoría de los chilenos fueran masones. Es cosa sabida de cuántos tienen contacto con el manejo político del país. Éstos saben también que no son los méritos los que se toman en cuenta para dar esa preferencia a los masones, sino la insignia del mandil y las órdenes de las logias, órdenes mucho más respetadas que los acuerdos del Gobierno. Eso está en la conciencia de los que conocen a los hombres.
¡Ojalá me engañara! Los que hemos vivido algún tiempo en Iquique, donde hay más facilidad para conocer a los hombres, sabemos muy bien cuánto ha valido el ser masón para ocupar altos puestos y ser mantenidos en todos los órdenes del poder, al mismo tiempo que se hacía la busca de adeptos para la Masonería, pregonando que la Masonería es una asociación de beneficencia y que en ella no se trata ni de religión ni de política; cosa que se decía, por supuesto, a los que manifestaban temores o desconfianzas, mientras que a otros más preparados para recibir la verdad masónica se les prometía ayudarles a obtener buenos puestos.
Naturalmente, los puestos, por muchos que sean, no han de alcanzar para todos. Debe pasar ahora lo que se cuenta en la revista de la Orden que aconteció en tiempos de Santa María, contado por un exmasón: ‘Llegar yo al Ministerio y descargarse sobre mí una lluvia de cartas, de tarjetas, y hasta de telegramas para pedirme empleos públicos y comisiones, todo fue uno.
Me pedían LAS LOGIAS EN NOTAS OFICIALES para algunos de sus miembros o para los parientes de éstos, me pedían los hermanos para sí y para los extraños. No se imagine que exagero: hasta para clérigos de vida un tanto airada me pidieron ayuda. (¡Honor para la Orden!) La mayor parte de la correspondencia privada que recibía era de masones, que sin recapacitar en lo que hacían, iban en camino de convertir el Ministerio de mi cargo en oficina de colocación de empleados públicos… Aquello era para volver loco al Ministro y, sobre todo, era abusar de la Masonería, era prostituirla’ (‘La Verdad’, 15 enero 1921.)
Es de tener lástima a los señores Ministros cuando son masones, sobre todo si ignoran los consejos de los jefes de la Orden: ‘Nuestros hermanos deben sostenerse mutuamente… y tratar de ganar todos los puestos que dan poder para bien de la Orden.’
13[3] ‘La Masonería respeta tanto la fe religiosa como las simpatías políticas de sus miembros.’ (Const. de la Gr.•. Log. De Chile, 1912.)
1. 94. La Masonería influye poderosamente en política.
Los que hemos vivido algún tiempo en Iquique, podríamos refrescar en la memoria cambios de empleados o jefes, horribles hostilidades para con algunos, inesperados favores políticos para con otros, sin que haya habido otra explicación que la intervención de las logias, Se podría citar hechos y nombres; pero no debo herir a nadie. Mi propósito es sólo dar a conocer la verdad, si fuera posible aún a los mismos que han caído víctima del engaño inicial que los llevó a las logias, es decir, la palabra dada de que en ellas se respeta toda religión y toda opinión política.
Yo también había llegado a creerlo tratándose de la política, y parecía confirmarlo el hecho de que fuera masón uno que otro caballero que no pertenecía al partido radical, que sirve de instrumento a la Masonería; pero el que conozca a los hombres verá que esos caballeros o están anulados o están dentro de su partido sirviendo a las inspiraciones de la Masonería, y procediendo de acuerdo con ella en la realización del programa anticristiano, que es su fin principal entre nosotros.
Se suele oír en ciertos círculos esta frase: ‘Esto hay que arreglarlo por medio de la Masonería.’ Y hay en verdad cosas que a los ojos del profano no tienen más remedio que un carcelazo, o algún castigo disciplinario, o suspensión, o pérdida de empleo, y sin embargo, una mano oculta, que no es la de Dios, las arregla, con asombro de los pobres profanos, y los culpables se quedan riendo de los cándidos que pensaban que podían regir con ellos las leyes o sanciones públicas del país.
Tenemos, entonces, que la afirmación que hace la Masonería y que suelen hacer también sus adeptos de que en ella no se hace política, es otra gran mentira constitucional de la Asociación, y que las primeras víctimas de ese engaño son los propios adeptos de la Masonería.
12[2] Rosset. La F. M., p. 75.