por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 6
Autor: P. Eduardo Volpacchio | Fuente: www.algunasrespuestas.com
Muchas veces oís decir que todas las religiones son lo mismo, que todas llevan a Dios.¿Esta afirmación es razonable? ¿Cómo considerar categorías de verdad en las religiones?
La respuesta inmediata a esta pregunta es bastante obvia: las diferentes religiones son distintas, ya que si no se diferenciaran entre sí serían la misma religión. De manera que las distintas religiones no son lo mismo.
Y a la pregunta de por qué no todas las religiones son lo mismo, habría que responder sencillamente ¡precisamente porque son diferentes!
El problema de fondo: el indiferentismo religioso
Pero en realidad la pregunta que estamos analizando no apunta a la identificación de todas las religiones entre sí. En realidad sugiere que, más allá de sus diferencias, sería lo mismo creer en una religión o en otra, practicar una u otra diferente, ya que todas ellas conseguirían el mismo objetivo: “todas llevan a Dios”.
La única manera de que todas las religiones fueran lo mismo
es que todas ellas fuesen falsas
Sólo se puede afirmar que todas las religiones son lo mismo desde algunas posiciones ideológicas:
- El ateísmo dirá que todas son igualmente falsas.
- El agnosticismo afirmará que ninguna tiene el menor fundamento.
- El indiferentismo sólo considerará una cierta utilidad psicológica a la religión (paz interior, sentido de trascendencia, cierta fraternidad, etc.), que podría conseguirse con cualquiera de ellas (lo que supondría que la religión no fuera un camino hacia Dios, sino una medicina que el hombre se da a sí mismo para resolver sus ansias de infinito).
Quien acepte que Dios existe y que tiene un proyecto cognoscible para el hombre –cualquiera sea la religión que profese- nunca podrá aceptar la afirmación de que todas las religiones sean lo mismo.
¿Qué sentido tiene una religión?
Para responder a esta pregunta había que ver qué se entiende por religión y qué papel se le asigna en la vida de una persona.
Si las concibo como una creación humana (un invento del hombre), con una finalidad genéricamente espiritual, un refugio psicológico a la hora de los problemas y peligros de al vida, etc., posiblemente no me preocupará demasiado las diferencias entre las distintas religiones, y todas –dentro de ciertos límites- me parecerán igualmente válidas.
Pero si concibo la religión como un encuentro entre Dios y el hombre, en el cual Dios tiene la iniciativa, se ha mostrado al hombre y enseñado un camino de salvación, la cosa es diferente: me interesará mucho saber cuál es la verdadera.
Porque verdadera sólo puede haber una religión
Aquella que Dios haya revelado. No puede haber varias religiones distintas igualmente verdaderas por el principio de no contradicción: dos afirmaciones contrarias no pueden ser al mismo tiempo, ambas verdaderas, en el mismo sentido. Si una es verdadera, la otra no lo será.
¿Hay religiones falsas y verdaderas?
Quizá fuera mejor hablar de religiones reveladas y no reveladas. O de religión verdadera y religiones que se acercan más o menos a la verdad.
La gran mayoría de las religiones son buenas, en cuanto que enseñan un camino de aproximación al Creador. Responden a la religiosidad natural del hombre. Le proponen un ideal ético. Y tienen –en distintos grados- una mayor o menor aproximación a la verdad.
¿Cuánto contienen de verdad?
Al responder a la religiosidad natural del hombre todas contienen aspectos verdaderos. Hay religiones más cercanas a la verdad y otras menos cercanas.
No son todas lo mismo. Las hay más serias y menos serias, más profundas y más superficiales, más espirituales y más terrenales, trascendentes o inmanentes…
Unas más concordes a la dignidad de la persona humana (obviamente una religión que propugnara sacrificios humanos no sería aceptable racionalmente), y otras menos.
La Iglesia considera que las religiones no cristianas contienen semillas de verdad, que conducen a la verdad completa .
Religión verdadera sólo puede una que haya sido revelada por Dios mismo
Porque sólo Dios puede decirnos con precisión quién es y qué quiere de nosotros. Una religión no revelada por Dios, no pasará de ser un buen intento del hombre por acercarse al Creador: algo muy valioso, pero que resultará muy pobre si consideramos la infinita distancia que nos separa de Dios, distancia que el hombre no puede recorrer por su propios medios.
Si Dios existe y creó seres racionales –como somos nosotros-, no parece razonable que no les haga conocer cómo llegar hasta Él: que se quedase mirándonos mientras nosotros nos equivocamos tratando de encontrar el camino.
Si Dios existe, lo razonable sería que existiera una sola religión verdadera. En caso contrario todas son falsas.
¿Para qué sirve una religión?
Si la religión sirve para hacernos entrar en comunión con Dios y brindarnos la salvación –que de eso se trata-, es obvio que nos interesa mucho encontrar el camino que realmente lo realiza.
¿Qué es el sincretismo religioso?
Es la mezcla de elementos de diferentes religiones. En este caso nos encontramos claramente con una creación humana, fruto de la recolección de elementos religiosos variados según el propio gusto.
La adhesión a una religión no es como ir de compras a un supermercado: ver qué me ofrece el mercado de las religiones y elegir la que más me guste (o incluso armar una con los elementos que más me atraigan de muchas de ellas).
¿En qué consiste la libertad religiosa?
Es el derecho que tengo a obrar según mi conciencia en materia de religión.
Este derecho no se basa en que todo sea lo mismo –y entonces da igual qué elija-, sino en el derecho a no ser presionado en mis convicciones religiosas. La raíz es la dignidad de la persona humana.
Libertad religiosa y obligación de buscar la verdad
Hay dos aspectos complementarios: el derecho a la libertad religiosa (derecho exigible ante el Estado y los demás) y la obligación personal delante de Dios y de mí mismo de buscar la verdad.
Nadie debería coaccionarme en materia religiosa: el acceso a Dios supone la libertad.
Al mismo tiempo, mi honradez personal me exige personalmente buscar la verdad: no sería honesto si no lo hiciera. Evidentemente Dios me pedirá cuenta de cuánto lo he buscado, de cuánto de sincero he sido en esa búsqueda.
Este es un asunto entre Dios y yo, del que rendiré cuentas después de mi muerte. Los demás podrán aconsejarme, pero no reemplazan mi libertad: es una cuestión entre Dios y yo.
El derecho a la libertad religiosa no consiste en que haya el derecho a profesar y practicar cualquier religión porque todas sean lo mismo. Consiste en que mi dignidad humana exige el derecho a no ser coaccionado en cuestiones religiosas.
Ambas cosas no sólo son compatibles, sino que complementarias. La misma dignidad humana que exige a los demás respetarme en mis convicciones religiosas, me “exige” a mí buscar la verdad.
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 6
Autor: Interrogantes.net | Fuente: Interrogantes.net
¿Tiene alguien derecho a imponerme sus valores?.
¿Existen valores absolutos?
Cuenta Peter Kreeft que un día, durante una de sus clases de ética, un alumno le dijo que la moral era algo relativo y que él como profesor no tenía derecho a "imponerle sus valores".
Bien -contestó Kreeft, para iniciar un debate sobre aquella cuestión-, voy a aplicar a la clase tus valores y no los míos. Tú dices que no hay valores absolutos, y que los valores morales son subjetivos y relativos. Como resulta que mis ideas personales son un tanto singulares en algunos aspectos, a partir de este momento voy a aplicar esta: todas las alumnas quedan suspendidas.
El alumno se quedó sorprendido y protestó diciendo que aquello no era justo.
Kreeft le argumentó: ¿Qué significa para ti ser justo? Porque si la justicia es solo "mi" valor o "tu" valor, entonces no hay ninguna autoridad común a nosotros dos. Yo no tengo derecho a imponerte mi sentido de la justicia, pero tú tampoco puedes imponerme el tuyo...
Por tanto, sólo si hay un valor universal llamado justicia, que prevalezca sobre nosotros, puedes apelar a él para juzgar injusto que yo suspenda a todas las alumnas. Pero si no existieran valores absolutos y objetivos fuera de nosotros, sólo podrías decir que tus valores subjetivos son diferentes de los míos, y nada más.
Sin embargo -continuó Kreeft-, no dices que no te gusta lo que yo hago, sino que es injusto. O sea, que, cuando desciendes a la práctica, sí crees en los valores absolutos.
No me impongas tu verdad
Los relativistas y los escépticos consideran que aceptar cualquier creencia es algo servil, una torpe esclavitud que coarta la libertad de pensamiento e impide una forma de pensar elevada e independiente.
Sin embargo -como decía C. S. Lewis-, aunque un hombre afirme no creer en la realidad del bien y del mal, le veremos contradecirse inmediatamente en la vida práctica.
Por ejemplo, una persona puede no cumplir su palabra o no respetar lo acordado, arguyendo que no tiene importancia y que cada uno ha de organizar su vida sin pensar en teorías. Pero lo más probable es que no tarde mucho en argumentar, refiriéndose a otra persona, que es indigno que haya incumplido con él sus promesas.
Cuando los defensores del relativismo hablan en defensa de sus derechos, suelen desprenderse de todo su relativismo moral y condenar con rotundidad la objetiva inmoralidad de quien pretenda causarle daño. Y si alguien les roba la cartera, o les da una bofetada, lo más probable es que olviden su relativismo y aseguren -sin relativismo ninguno- que eso está muy mal, diga lo que diga quien sea (sobre todo si lo dice el ladrón o agresor correspondiente).
Porque si la palabra dada no tiene importancia, o si no existen cosas tales como el bien y el mal, o si no existe una ley natural, ¿cuál es la diferencia entre algo justo o injusto? ¿Acaso no se contradicen al mostrar que, digan lo que digan, en la vida práctica reconocen que hay una ley de la naturaleza humana?
El relativismo, al no tener una referencia clara a la verdad, lleva a la confusión global de lo que está bien y lo que está mal. Si se analizan con un poco de detalle sus argumentaciones, es fácil advertir -como explica Peter Kreeft- que casi todas suelen refutarse a sí mismas:
- "La verdad no es universal"(¿excepto esta verdad?)
- "Nadie puede conocer la verdad" (salvo tú, por lo que parece)
- "La verdad es incierta" (¿es incierto también lo que tú dices?)
- "Todas las generalizaciones son falsas" (¿esta también?)
- "No puedes ser dogmático" (con esta misma afirmación estás demostrando ser bastante dogmático)
- "No me impongas tu verdad" (tú me estás imponiendo ahora tus verdades)
- "No hay absolutos" (¿absolutamente?)
- "La verdad solo es opinión" (tu opinión, por lo que veo)
- Etcétera ad nauseam
El boxeador que nunca sube al ring
Cuando uno dice que es muy difícil o casi imposible saber lo que es verdad o mentira, o lo que es bueno o malo, porque asegura que todo es relativo, adopta una cómoda postura en la que apenas necesita argumentar nada. Elude cualquier debate o discusión seria, porque niega su presupuesto. Por eso decía Wittgenstein que es como un boxeador que nunca sube al ring.
En vez de subir al ring, lo que suele hacer en la práctica es meter de tapadillo, en un descuido retórico, su propia verdad y su propio concepto de bien. Porque también él guarda muchas certezas, aunque quizá no las advierta por estar demasiado ocupado en acusar a los demás de dogmatismo. Lo que el relativista suele mirar con sospecha no son las certezas, sino más bien las certezas de los demás.
¿Se dejarían operar por un cirujano si no estuviera seguro de su competencia? ¿Se subirían a un avión de una compañía aérea que manifestara incertidumbres sobre la seguridad del vuelo? Todo hombre, por naturaleza, busca siempre certezas.
Según Christopher Derrick, la apoteosis del relativismo puede deberse a esa impresión -vaga, pero persuasiva- de que expresar duda es un signo de modestia y de democracia, mientras que hablar de certidumbres se considera algo dogmático y casi dictatorial.
Sin embargo, el relativismo no puede llevarse hasta sus últimas consecuencias. Por eso Ortega decía que el relativismo es una teoría suicida, pues cuando se aplica a sí misma, se mata. La mayoría de las veces, el relativismo es una especie de pose académica, una cómoda evasión de la realidad.
¿Da lo mismo una religión que otra?
Charles Moore, director del Sunday Telegraph, relató hace unos años su conversión al catolicismo.
Moore buscaba la religión verdadera, ante el asombro de sus amigos que le decían que daba igual una religión que otra, y que lo único importante era el deseo de hacer el bien. Él disentía completamente y replicaba: «Eso sería como si unos médicos se reunieran en torno a un paciente y concluyeran: "Bueno, todos queremos que mejore, así que todos los tratamientos que propongamos serán igualmente buenos". Sin embargo, es evidente que no sucede así. Dar con el tratamiento adecuado puede ser cuestión de vida o muerte».
Es cierto que personas de religiones distintas reciben de sus creencias aliento y enseñanza para ser mejores. Todas las religiones distintas de la verdadera contienen y ofrecen elementos de religiosidad, que proceden de Dios, y que reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Pero deducir de eso que todas las religiones son iguales, o que da igual una que otra, sería mucho deducir.
A la hora de elegir religión, hay que preguntarse sobre todo qué puerta es la verdadera, no cuál es la que más nos gusta por sus adornos o atractivos externos. No basta la buena intención, pues no se puede olvidar cuánto mal ha sucedido en la historia en nombre de opiniones e intenciones buenas.
Cada hombre tiene la obligación -y también el derecho- de buscar la verdad en materia religiosa, a fin de que, utilizando los medios adecuados, llegue a formarse rectos y verdaderos juicios de conciencia.
-Entonces, lo que importa para salvarse es vivir de acuerdo con la propia conciencia.
Cuando se habla de vivir de acuerdo con la conciencia, algunos lo entienden como un simple vivir conforme a lo que cada uno subjetivamente piensa, como si en las cuestiones religiosas y morales no hubiera nada objetivo. Pero no siempre basta con seguir la conciencia, pues a veces su voz puede ser ahogada, o puede ser errónea. Por ejemplo, Hitler escribió pocas horas antes de morir que no se arrepentía de nada, que de nada pedía perdón porque afirmaba seguir de buena fe su conciencia...
La conciencia no es un simple reducto del subjetivismo, sino el lugar donde se da la apertura del hombre hacia la verdad, hacia Dios. El hombre, si busca, tiene posibilidad de conocer el camino que le conduce a la verdad.
Y obedecer a la conciencia en ese camino puede exigir un notable esfuerzo. Supone no dejarse guiar solo por lo que a uno le apetece, sino mirar alrededor, purificarse y tener el oído atento a la escucha de la voz de Dios para ponerse en camino hacia la verdad.
Solamente así se puede entender en qué consiste la grandeza de la fe. Y las diferentes religiones pueden suministrar elementos que nos conducen hacia ese camino, pero también nos pueden desviar de él.
-¿Entonces, la Iglesia no admite que el cristianismo sea una vía de salvación entre otras muchas?
La Iglesia sostiene que Jesucristo no es un simple guía espiritual, o un camino más hacia Dios entre otros muchos, sino el único camino de salvación.
-¿Y eso no es una afirmación un poco arrogante por parte de la Iglesia?
Pienso que no. Lo natural es que un creyente musulmán reconozca a Mahoma como profeta, o que un fiel hebreo escuche la Torah como la palabra de Dios. Lo que dice la Iglesia católica no supone menosprecio ni falta de consideración hacia otras confesiones religiosas. Dice que Jesucristo es el único camino de salvación, pero también dice claramente que Dios salva a los no cristianos que se hacen merecedores de ello.
La salvación -por decirlo de un modo un tanto informal- es monopolio de Dios, no de los cristianos. Dios da a todos los hombres luz y ayuda para salvarse, y lo hace de manera adecuada a la situación interior y ambiental de cada uno.