6.0» Para Conocer la Fe Católica

REGRESANDO A CASA

Para conocer la fe católica pueden dirigirse a:

http://ar.geocities.com/magisterioiglesia/pa/escritos_padres.html (sobre escritos de los Santos Padres).
www.marialuzdivina.com
www.aciprensa.com
www.apologetica.org
www.basilicapress.com
www.catholic.com
www.catholicexchange.com
www.catholicfamilies.org
www.CatholiCity.com
www.catolicos.org
www.chnetwork.org
www.cuf.org
www.electriciti.com/~answers
www.encuentra.org
www.envoymagazine.com
www.esglesia.org
www.ewtn.com
www.iclnet.org/resourses/christian-history.html
www.ignatius.com
www.io-online.com/james/index.htm
www.minutodedios.org
www.osv.com
www.riialp.org
www.secondexodus.com
www.sophiainstitute.com
www.vatican.org
www.vatican.va
www.vidahumana.org
www.zenit.org
www.catolicosfirmesensufe.org/

5.0» Bibliografía

REGRESANDO A CASA

Allan Alfred, Catholics courageous, Ed Echo books, New York, 1966.
Amatulli Flaviano, Diálogo con los protestantes, Ed apóstoles de la Palabra, México, 2002.
Baram Robert, Spiritual journey, Ed Daughters of St Paul, 1998.
Belloc Hillaire, How the reformation happened, Tan books, Rockford, 1992.
Betancourt Darío, ¿Por qué creo?, Ed Tierra Nueva, Buenos Aires, 2000.
Chesterton G.K., Autobiografía, Ed Espasa Calpe, Buenos Aires, 1939.
Chesterton G.K., Perché sono cattolico, Ed Gribaudi, Milán, 2002.
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Daniel Rops, The catholic Reformation, Image books, New York, 1963.
Diercks Paulo y Miguel Jordá, Sepa defender su fe, Ed Salesiana, Arequipa, 2000.
Graham Henry, Where we got our bible ,our debt to the catholic church, Tan books, 1991.
Frossard André, ¿Hay otro mundo?, Ed Rialp, Madrid, 1981.
Frossard André, No tengáis miedo, Ed Plaza y Janes, Barcelona, 1982.
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Guindon Kenneth, The King’s Highway, Ignatius Press, San Francisco, 1996.
Guinness Alec, Memorias, Ed Espasa Calpe, Madrid, 1987.
Hardt Kart, We are now catholics, Newnam Press, Westminster (USA), 1959.
Howard Thomas, On being catholic and Evangelical is not enough, Ignatius Press, San Francisco, 1984.
Hugh Benson Robert, Confesiones de un converso, Ed Rialp, Madrid, 1998.
Idígoras José Luis, La verdad de la Iglesia ante las sectas, Ed Latina, Lima, 1991.
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Madrid Patrick, Supervised by truth, vol 2, Sophia Institute Press, Manchester, 2000.
Madrid Patrick, Supervised by truth, vol 3, Sophia Institute Press, Manchester, 2002.
Marks Frederick, A brief for belief, Ed Queenship, Goleta,
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Merton Thomas, La montaña de los siete círculos, Ed Sudamericana, Buenos Aires, 1950.
Mosé del C. Manzanares, Respuesta a las sectas protestantes, Ed Paulinas, Caracas, 1985.
Moss Rosalind, Home at last, Ed Catholic answers, San Diego, 2000.
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Stravinskas Peter, The bible and the mass, Ann Arbor: servant publication, 1989. S
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Sungenis A. Robert, Not by faith alone, Ed Queenship, Goleta (CA).
Sungenis A. Robert, Not only scripture alone, Ed Queenship, Goleta (CA).
Vernon Johson, Un Señor, una fe, Ed Fax, Madrid.
Whitehead Kenneth, One holy, catholic, apostolic.

Nota.- Se pueden ver otras muchas historias de convertidos en www.chnetwork.org/converts.htm

Apenas habrá en USA cien personas que odien
a la Iglesia católica, pero hay millones que
odian lo que erróneamente suponen que es la
Iglesia católica.
(Cardenal Fulton Sheen)

4.0» Conclusión

REGRESANDO A CASA

Después de haber visto algunos de los muchos testimonios que podríamos presentar sobre cristianos convertidos a la fe católica, vemos algunas constantes que se repiten.

Todos han descubierto en la presencia real de Jesús en la Eucaristía el mayor tesoro de la Iglesia y, por eso, se enamoran de Jesús Eucaristía hasta el punto de ir a misa y comulgar con la mayor frecuencia posible.

Otro descubrimiento grande es el de María, como Madre nuestra e intercesora ante su hijo Jesús.

Quizás el amar a María y rezar el rosario les resulta difícil al principio a casi todos los convertidos; pero, una vez que han aceptado a Jesús Eucaristía dentro de la Iglesia, poco a poco, aceptan a María y llegan a enamorarse también de la Madre de Jesús y la reconocen como Madre.

El descubrimiento de que todas las verdades de la fe católica las creían también los cristianos de los primeros siglos, les da mucha seguridad.

Esa seguridad falta siempre en las iglesias nacidas de la Reforma protestante.

En algunos casos, como en el de Malcolm Muggeridge, la firme postura de la Iglesia católica en cuanto a la contracepción, lo decidió a ser católico.

Ciertamente, hasta 1930, todas las iglesias protestantes rechazaban los anticonceptivos y, a partir de esa fecha, los aceptaron, basándose por supuesto en la Biblia.

En algunas iglesias, hasta aceptan el aborto, en ciertas circunstancias, y dan su aporte para apoyar campañas abortivas.

En otras iglesias, se acepta el matrimonio de homosexuales, la ordenación sacerdotal de mujeres o el divorcio.

En algunos casos, fue decisivo el conocer la fe católica, asistiendo a misa, invitados por algún amigo católico, o ir unos días a alguna abadía para ver cómo viven y oran los monjes.

También les ha sido muy útil el conocer testimonios de otros convertidos y relacionarse con ellos.

Al convertirse, todos hablan de un sentimiento de felicidad por haber regresado “a casa”.

Algunos hablan de pasar el Tiber (río de Roma), como si dijeran que han llegado a Roma, a la Iglesia, que tiene su centro en Roma.

Todos tienen el sentimiento de que estaban extraviados y vuelven al hogar.

Muchos de estos cristianos tenían fuertes sentimientos anticatólicos, porque les habían enseñado que los católicos no son cristianos bíblicos y tienen creencias paganas.

Pero, al estudiar detenidamente la Biblia, descubrieron que la Biblia los llevaba directamente a la Iglesia católica.

Sobre todo, les ha llamado la atención el haber sido “engañados”, pues, al estudiar la historia de la Iglesia, se han dado cuenta de que esas creencias, supuestamente paganas, las creían también los cristianos de los tres primeros siglos; pues ellos tenían imágenes, amaban a María y creían en Jesús Eucaristía.

Por eso, como decía Henry Newman, el gran convertido del anglicanismo:

El protestante, que estudia la historia de la Iglesia, deja de ser protestante.

Invito a todos los católicos a profundizar su fe y vivirla en plenitud, a sentirse felices de ser católicos y a compartir su fe con los que no la tienen.

A todos los no católicos les deseo que estudien la Biblia y la historia de la Iglesia con sinceridad y profundidad para descubrir en ella, la plenitud de la verdad y no sus ideas con su interpretación personal de la misma.

En la Iglesia hay UNIDAD y universalidad. Hay autoridad a través del Papa y los obispos, que vienen en continuidad ininterrumpida desde Cristo y los apóstoles y, sobre todo, hay miles y miles de ejemplos de santidad.

Solamente el Papa Juan Pablo II ha hecho beatos a más de 1.350, y santos a más de 485.

En estos últimos años, después del concilio Vaticano II, se han fundado más de 350 congregaciones religiosas de derecho pontificio.

Lo cual nos habla de que la Iglesia católica está más viva que nunca y que, a pesar de los errores y pecados de algunos, que siempre los habrá, la Iglesia fundada por Cristo sigue en pie, fundada en la Roca de Pedro.

Por eso, a todos los no católicos, que se convierten, y a los ex-católicos que regresan les decimos: Bienvenidos a casa, Cristo los espera.

Que Dios los bendiga por María.
Su hermano para siempre.
Ángel Peña O.A.R.
Parroquia La Caridad
Pueblo Libre – Lima – Perú
Tlf. 461-5894

Donde está Jesucristo Allí está la Iglesia católica
(San Ignacio de Antioquía, Carta a los de Esmirna 8,1)

3.3» André Frossard

REGRESANDO A CASA

Era periodista y llegó a ser el escritor católico francés más grande del siglo XX, miembro de la Academia francesa.

Se convirtió el 8 de julio de 1935, cuando tenía 20 años.

Cuenta en su libro Dios existe, yo me encontré, el momento clave de su conversión, cuando era un “perfecto ateo”, que ni siquiera se planteaba la existencia de Dios, como no se planteaba la existencia de caperucita roja o de los siete enanitos.

Él dice que su experiencia de Dios lo llevó instantáneamente, no sólo a la Iglesia católica, sino a conocer intuitivamente las verdades que la Iglesia ha enseñado durante siglos; especialmente, la presencia real de Jesús en la Eucaristía, pues desde la custodia, donde se adoraba la hostia consagrada, recibió la oleada de amor y de luz que cambiaría para siempre su vida.

Por eso, creía, sin lugar a dudas, que la Iglesia verdadera, la auténtica, fundada por Cristo, es la Iglesia católica.

Dice así:

“Entré por casualidad en una capilla de Paris… y salí católico algunos minutos más tarde.

Algunos cartesianos se han permitido sugerir que yo habría quizás salido protestante de un templo (protestante) o musulmán de una mezquita.

¿Puede concederse a un decorado tan grandes poderes mágicos?

Todo lo que puedo decir es que yo ha sido hecho católico aquel día; católico de pies a cabeza, católico sin ningún género de dudas y no protestante o musulmán, ni judío.

Quedé tan sorprendido de verme cambiado en jirafa a la salida de un zoo”157.

“Después de mi conversión, me di cuenta de que hacía mucho tiempo la Iglesia había plasmado en fórmulas lo que se me había revelado de otra manera.

Los sacerdotes no habían pasado por la misma experiencia; sin embrago, sabían e, incluso, tenían todavía mucho que enseñarme”158.

“Yo no vi a Dios, pero vi su luz… una luz de verdad, una luz enseñante que, al iluminar, informa y que, en un instante, enseña más sobre la religión cristiana que diez libros de doctrina…

La verdad cristiana es la misma, tanto si te llega como un rayo de sol espiritual como por el canal de la fe transmitida por la tradición. La coincidencia es absoluta y perfecta…

Creo que este argumento aboga con fuerza por la veracidad de la enseñanza cristiana (católica). Siento que haya sido utilizado tan pocas veces”159.

“Al salir de la capilla de la calle Ulm, sabía cuatro cosas, o mejor dicho, veía cuatro cosas evidentes que todavía me asombran: hay otro mundo; Dios es una persona; estamos salvados y, paradójicamente, estamos por salvar; la Iglesia (católica) es de institución divina…

La Iglesia es de institución divina, porque es Dios quien le confía las almas y no al contrario… Yo no le he dado mi adhesión; he sido conducido a ella como un niño a quien se lleva a la escuela cogido de la mano, o llevado a su familia, a quien él no conocía.

Esta sensación de connivencia entre la Iglesia y lo divino ha sido tan fuerte, que siempre me retuvo, no de evaluar los errores cometidos en cada siglo por la gente de Iglesia, sino de tomar la parte por el todo… Su santidad invisible me impresiona, sus debilidades e imperfecciones de aquí abajo me tranquilizan, y me la hacen más próxima. Sucede que tampoco yo soy perfecto”160.

El conoció instantánea e intuitivamente, por revelación de Dios, las verdades de la fe católica, sobre todo, de la Eucaristía y, por eso, amó y vivió nuestra fe hasta las últimas consecuencias.

Y dice: “¡Dios mío! Entro en tus iglesias desiertas, veo a lo lejos vacilar en la penumbra la lamparilla roja de tus sagrarios y recuerdo mi alegría.

¡Cómo podría olvidarlo! ¿Cómo echar en olvido el día en que se ha descubierto el amor desconocido por el que se ama y se respira; donde se ha aprendido que el hombre no está solo, que una invisible presencia le atraviesa, le rodea y le espera: que, más allá de los sentidos y de la imaginación, existe otro mundo, al lado del cual el universo material, por hermoso que sea, no es más que vapor incierto y, reflejo lejano de la belleza de quien lo ha creado?

Y no hablo de él por hipótesis, por razonamiento o de oídas. Hablo por experiencia”161.


157 André Frossard, ¿Hay otro mundo?, Ed Rialp, Madrid, 1981, p. 22.
158 ib. P. 154.
1595 Frossard André, No tengáis miedo, Ed Plaza Janes, Barcelona, 1982, p. 49.
160 Frossard André, ¿Hay otro mundo?, o.c., pp. 51-52.
161 André Frossard, ¿Hay otro mundo?, o.c. p. 11., p. 88.

3.2» Eugenio Zolli

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Fue gran rabino, jefe de la Sinagoga de Roma.

Cuando se convirtió a católico, se dedicó a dar clases en la Universidad gregoriana de Roma, y a todos sus alumnos les decía:

“Vosotros, que habéis nacido en la religión católica, no sois conscientes de la riqueza que habéis recibido desde la infancia por la fe y la gracia de Cristo; pero yo, que he llegado a la fe después de un largo trabajo de años y años, aprecio la grandeza del don de la fe y siento toda la alegría de ser cristiano católico”155.

Cuando le preguntaron algunos por qué no se había hecho protestante, respondió:

“Protestar no es testimoniar. ¿Para qué han esperado 1500 años para protestar?

La Iglesia católica fue reconocida por el mundo cristiano como la verdadera Iglesia durante quince siglos seguidos. Después de estos quince siglos nadie puede decir que la Iglesia católica no es la Iglesia de Cristo sin plantearse serios problemas.

Yo admito la autenticidad de una sola Iglesia, aquella que fue anunciada a todos por mis propios antepasados, los doce apóstoles, que, como yo, han salido de la sinagoga”156.

Y defendió el primado del Papa en un libro titulado La confesión y el drama de Pedro, que dejó inconcluso a su muerte.

Aprendamos de él a amar a Jesús hasta las últimas consecuencias y dejarlo todo por él.


155 Dezza Padre, Eugenio Zolli, da gran rabino a testimone di Cristo, en revista Civiltà cattolica, 21 de febrero de 1981, pp. 340-347.
156 Comastri Angelo, Dov'è il tuo Dio, Ed san Paolo, Milano, 2003, p. 88.

3.1» Alfonso de Ratisbona

REGRESANDO A CASA

Era un hombre rico, hijo de un banquero judío, y totalmente descreído, pero el día 20 de enero de 1842, entró por curiosidad en la iglesia de san Andrés delle Fratte, de Roma.

Allí se le apareció la Virgen María y, en un instante, cambió totalmente su vida, hasta el punto de dejar a su novia, con quien se iba a casar en poco tiempo, y hacerse sacerdote, llegando a ser un santo: san Alfonso de Ratisbona.

Él cuenta cómo conoció intuitivamente las verdades de la fe católica. Dice así:

“Todo lo que sé es que, al entrar en la iglesia, ignoraba todo; que saliendo de ella, veía claro. No puedo explicar ese cambio, sino comparándolo a un hombre a quien se despertara súbitamente de un profundo sueño; o por analogía, con un ciego de nacimiento que, de golpe, viera la luz del día; ve, pero no puede definir la luz que le ilumina y en cuyo ámbito contempla los objetos de su admiración.

Si no se puede explicar la luz física ¿cómo podría explicarse la luz que, en el fondo, es la verdad misma?

Creo permanecer en la verdad, diciendo que yo no tenía ciencia alguna de la letra, pero entreveía el sentido y el espíritu de los dogmas.

Sentía, más que veía, esas cosas; y las sentía por los efectos inexpresables que produjeron en mí.

Todo ocurría en mi interior; y esas impresiones, mil veces más rápidas que el pensamiento, no habían tan sólo conmocionado mi alma, sino que la habían como vuelto al revés, dirigiéndola en otro sentido, hacia otro fin y hacia una nueva vida.

A partir de ese momento, mis prevenciones contra el cristianismo se borraron sin dejar rastro, lo mismo que los prejuicios de mi infancia.

El amor de Dios ocupaba el lugar de cualquier otro amor”154.


154 Citado por André Frossard, ¿Hay otro mundo?, Ed Rialp, Madrid, 1981, p. 35-36.

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