1.9» Juan Tsching Hsiung

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Testimonio

Nació en 1899 de familia confucionista. Después se hizo metodista y en 1937 se hizo católico.

Los cristianos chinos tienen que agradecerle la traducción de los Salmos y el Nuevo Testamento.

También colaboró en la publicación de las principales obras de la literatura católica al chino.

Fue el primer representante chino ante la Santa Sede en 1947.

Él dice: “El poeta Dante fue mi guía hasta la puerta de la Iglesia católica. Pero ¿quién me movió a cruzarla?

Han sido la Madre de Dios y su pequeña hija Teresa de Lisieux…

Cuando estaba oculto en Shangai, un amigo católico me invitó a vivir a su casa. Allí se rezaba todas las noches el rosario en familia…

El Padre Germán me prestó libros para leer y el 18 de diciembre de 1937 recibí el bautismo bajo condición en la capilla de la Universidad.

En Shangai había nacido a la fe católica, pero fue en Hong-Kong donde se nutrió mi espíritu de fe”78.

Juan Tsching Hsiung, fue uno de los católicos chinos que más ha influido en la propagación de la fe católica en su país.

1.8» Kenyon Reynolds

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Testimonio

Próspero hombre de negocios, que ocupó cargos muy altos en la industria petrolera.

Nació en 1892 y había sido educado protestante con rechazo a los católicos.

Se casó con una mujer católica, que le hizo apreciar la Iglesia católica, pues la acompañaba a misa frecuentemente para no dejarla ir sola.

Al perder a su esposa, se hace católico y se ordena sacerdote el 15 de agosto de 1951.

1.7» Irma Barsy

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Testimonio

Irma Barsy, nacida en 1904 en Hungría, fue una gran escritora de familia evangélica luterana.

Dice: “Durante los bombardeos de la segunda guerra mundial, corríamos al refugio. Un día, después del bombardeo corrí a la iglesia católica, ya que era día laborable y no suelen estar abiertas las iglesias protestantes... Y, junto a los demás fieles, me arrodillé ante la imagen de la Santísima Virgen...

Los domingos, cuando no iba de excursión, asistía al culto evangélico. Pero mis sentimientos y emociones religiosos dependían de la predicación del pastor: buena o aburrida.

En cambio, en las clandestinas visitas a los templos católicos, notaba, cada vez con más claridad, que me faltaba algo. Posteriormente, comencé a asistir los domingos a misa”76.

“Después de la guerra, fui a Roma y fue casi un milagro entrar el Jueves Santo en la capilla Sixtina, donde su Santidad celebraba la misa.

Estaba de rodillas en la Sala Regina, cuando el Papa pasó a pie por delante de nosotros y nos bendijo con su pálida mano.

El domingo de Pascua, lo vi en la misa de San Pedro... El 8 de mayo de 1948 pude, por fin, ser hija de la santa Iglesia.

Ante el altar de San Francisco de Asís, en la iglesia del convento, pronuncié mi Credo... Poco después, viví el día más feliz y más bello de mi vida; el día de mi primera comunión

¡Qué difícil resulta explicar con palabra humana lo que sentí en aquel instante! Aquel goce infinito del alma sólo podría expresarse con el celestial idioma de la música.

Así era: la música de un coro invisible sonaba en mi alma, un canto de ángeles fluía por entre sus notas y me plegué en dichosa gratitud, con lágrimas de alegría, a la suave y amorosa mano de Dios...

Es como si hubiese nacido de nuevo. ¡Todo me parece ahora tan claro y sencillo! Después de muchas dudas y luchas internas, después de largas odiseas, ¡por fin estoy en casa!”77.

1.6» Juan W. Verkade

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Testimonio

Nacido de familia calvinista holandesa, a los 18 años se negó a recibir el bautismo.

En París, Verkade había entrado varias veces a las iglesias católicas como visitante.

Pero en Huelgoat, asiste por primera vez a una misa. Al Santo, dice él, todos se arrodillaron:

“¿Cómo? ¿Yo arrodillarme? Mi orgullo protestaba con todas sus fuerzas contra semejante humillación.

Pero yo estaba allí en pie sobresaliendo entre todos; no podía hacer otra cosa y me arrodillé como los demás. Cuando los hombres se levantaron, también yo me levanté.

Pero, al levantarme, algo había cambiado en mí. Era ya católico a medias, pues mi orgullo se había quebrantado. Me había arrodillado...

Después de unos meses de lucha interior, estando en el pueblecito de Saint-Nolff asistía con frecuencia a misa y leía el Nuevo Testamento.

Pensaba: “Si me hago cristiano, entonces lo seré de verdad y de verdad para mí quiere decir ser católico”75.

El 26 de agosto de 1893 recibió el bautismo en la capilla del colegio de los jesuitas de Vennes. Y fue profundizando su fe, leyendo libros, como la Autobiografía de santa Teresita del niño Jesús y las Confesiones de san Agustín...

Se hizo religioso con el nombre de Fray Wilibrordo, y el 20 de agosto de 1902 se ordenó de sacerdote.

Escribió su Autobiografía titulada Die unruhe zu Gott (El tormento de Dios).

1.5» Ronald Knox

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Testimonio

Gran humanista inglés, profesor de la Universidad de Oxford.

Todavía siendo sacerdote anglicano, amaba a María, como escribe en su Eneida espiritual.

La lectura del libro de Hugh Benson, Confesiones de un converso, le ayudaron mucho en su camino a la Iglesia.

Le roía la duda de que no era verdadero sacerdote como anglicano y que sus misas no eran verdaderas ni estaba Jesús en la hostia consagrada que él tenía en sus manos, al celebrar la misa anglicana.

Se retiró a meditar a la Abadía benedictina francesa de Farnborough y allí se convirtió definitivamente.

Antes creía que hacerse católico era meterse a un rígido internado, donde se le prohibirían todas las libertades, como esclavos del Papa de Roma, y ahora se sentía libre con una fe segura y a toda prueba.

Se convirtió en 1917 y escribió el libro The belief of catholics (lo que creen los católicos).

Tradujo la Biblia “Vulgata” de San Jerónimo al inglés y fue el más brillante convertido inglés después de Henry Newman.

1.4» Gilbert K. Chesterton

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Testimonio

Famosísimo periodista, novelista, poeta y crítico literario, es una figura genial de la literatura inglesa y uno de los autores modernos más citados.

Autor de novelas como Padre Brown, Ortodoxia o El hombre eterno. Bautizado anglicano, se alejó de la práctica religiosa.

Dice en su Autobiografía: “Entre las cosas dudosas en las que me enredaba, me ocupé del espiritismo, sin tener siquiera la decisión de ser un espiritista... Mi hermano y yo solíamos jugar... con una tabla de ouija, pero éramos de los pocos que jugábamos con ella en broma.

No obstante, no descarto completamente la sugerencia de algunas personas de que estábamos jugando con fuego e, incluso, con fuego del infierno... Lo único que puedo decir con completa confianza acerca del poder místico e invisible, es que todo es mentira”69.

“El ambiente general de mi niñez era agnóstico. Mis padres constituían la excepción..., porque creían en un Dios personal o en una inmortalidad impersonal”70.

“Mis ideas se alimentaron casi exclusivamente de publicaciones anticatólicas... Sin embargo, (ahora que soy católico) creo que la Iglesia católica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo...

Los católicos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diecinueve siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega a tener de repente dos mil años.

La Iglesia católica es obra del Creador y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud. Y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día”71.

“Cuando la gente me pregunta ¿Por qué ha ingresado usted en la Iglesia de Roma?, la primera respuesta es: “Para desembarazarme de mis pecados”.

Pues no existe ningún otro sistema religioso que haga realmente desaparecer los pecados de las personas...

El sacramento de la penitencia concede vida nueva y reconcilia al hombre con todo cuanto vive, pero no lo hace como suelen hacerlo los optimistas, los hedonistas y los predicadores paganos de la felicidad.

El don se concede mediante un precio y está condicionado por una confesión”72.

En una oportunidad le preguntaron: ¿Por qué se hizo usted Católico? y respondió:

“Porque quiero ser feliz. La dificultad para explicar adecuadamente el por qué soy católico consiste en el hecho de que hay 10.000 razones, que se pueden resumir en que el catolicismo es verdadero”73.

“Sé que el catolicismo es demasiado grande para mí y aún no he explorado todas sus terribles y hermosas verdades. No sé explicar por qué soy católico, pero ahora que lo soy no podría imaginarme de otra manera.

Estoy orgulloso de verme atado por dogmas “anticuados” y esclavizado por credos profundos (como suelen repetir mis amigos periodistas con tanta frecuencia), pues sé muy bien que son los credos heréticos los que han muerto, y que sólo el dogma razonable vive lo bastante para que se le llame anticuado”74.

El párroco de Chesterton recordaba que “la mañana de su primera comunión era plenamente consciente de la inmensidad de la presencia real de Jesús”. Y cuando lo felicitó le dijo: Ha sido la hora más feliz de mi vida.

Chesterton defendió a la Iglesia y la fe católica en sus escritos y hasta fundó un semanario “G. K’s Weekly” para comunicar su pensamiento católico.

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