1.27» Stephen Ray

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Testimonio

Cuando su mejor amigo, que era pastor evangélico, decidió con su esposa hacerse católico, él empezó a investigar el porqué de su decisión y, acudiendo a la Iglesia primitiva, encontró que era la auténtica Iglesia de Cristo, que se conservaba viva en la Iglesia católica.

En su libro Crossing The Tiber cuenta cómo el 2 de enero de 1994 fueron, él y su esposa, por primera vez a una misa, acompañados de sus dos amigos, Al y su esposa Sally.

Dice: “A media misa, de pronto, me di cuenta que era la misma liturgia, con los mismos textos de la Escritura, que era celebrada a lo largo del mundo en Japón, Rusia, Nueva York, Israel, Egipto, Sudáfrica, India, Roma y en cualquier otra parte del mundo, y así había sido por dos mil años.

La misma antigua liturgia que había sido celebrada por los apóstoles y Policarpo, Ireneo, Clemente, Cirilo, Atanasio, Agustín y todos los santos y predecesores de la primitiva Iglesia”110.

“Mi esposa Janet y yo nunca hemos olvidado la experiencia de aquella primera misa y nunca olvidaré el lugar donde estuve sentado...

Después de visitar aquella iglesia de Cristo Rey durante varias semanas, pedimos unirnos a ella. Pero tuvimos que estudiar por doce semanas, diferentes aspectos de la fe católica y así pudimos entrar en la Iglesia el domingo de Pentecostés...

El domingo que fuimos recibidos en la Iglesia católica romana será recordado como uno de los más importantes de la vida.

Era Pentecostés, 22 de mayo de 1994, y nos unimos junto a Rob Corzine, otro convertido de la Iglesia bautista”111.

“Mi esposa y yo, en nuestra conversión a la fe católica hemos tenido la experiencia de ser cristianos en plenitud.

Nosotros somos todavía evangélicos, en el mejor sentido de la palabra, y amamos y admiramos su fervor y su celo por la evangelización.

El evangelismo nos enseñó a amar a Dios, conocer las Escrituras y seguir la verdad. El evangelismo fue una nodriza que nos llevó a la plenitud de la fe en la Iglesia católica.

La profundidad de alegría y paz que acompañó nuestra conversión es inexpresable. Hemos descubierto que esta misma experiencia han tenido los que han cruzado el Tiber y han llegado a la fe del Papa de Roma, a la plenitud de la fe en la Iglesia católica”112.

Stephen Ray, bautista y profesor de estudios bíblicos, en USA, encontró en la Iglesia la plenitud de su fe cristiana.


110 Ray Stephen K., Crossing the Tiber, Ignatius Press, San Francisco, 1997, p.85.
111 ib. p. 87.
112 ib. p. 275.

1.26» Robert Williams

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Testimonio

Él nos dice: “El comienzo de mi conversión fue la confusión dentro de los cristianos evangélicos.

Yo creía en Cristo, creía que mis pecados habían sido perdonados y creía que conocía el Evangelio del Nuevo Testamento. También creía que todas las demás religiones eran falsas.

A la Iglesia católica la veía como apóstata, llena de corrupciones medievales, y estaba convencido de que la Palabra de Dios era la única autoridad.

Pero los evangélicos están divididos; por ejemplo, unos aceptan el bautismo de los niños y otros creen que sólo es para creyentes adultos.

Estudié el asunto del bautismo y descubrí que el bautismo, exclusivamente de adultos, había comenzado en el siglo XVI.

Esto fue la clave de la verdad y traté de convencer a cristianos evangélicos bautistas de esta verdad, pero me decían que eso era secundario.

Por otra parte, ninguno de los Padres de la Iglesia predica la justificación por sola fe.

La teoría de que en el siglo IV, el emperador Constantino había empezado la corrupción de la Iglesia, me pareció menos creíble.

Yo descubrí que los líderes de la primitiva iglesia creían en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, en la sucesión apostólica, en las oraciones por los difuntos y en el puesto especial del obispo de Roma.

Por eso, como diría el cardenal Newman: el que estudia la historia, deja de ser protestante.

A mí me dijeron que la Iglesia católica había quemado copias de la Biblia, pero yo descubrí que la Iglesia había conservado la Biblia y había definido cuáles eran los libros inspirados, y sólo había prohibido las ediciones que eran traducciones heréticas, que atacaban a la Iglesia y al Papa como la de Tyndale.

Además, antes de la Reforma, ya se había traducido la Biblia a las principales lenguas modernas...

Por otra parte, los cristianos bíblicos se preocupan mucho de condenar ciertas conductas de los demás.

Por ejemplo, consideran que tomar licor es pecado y están convencidos que Jesús tomó sólo jugo de uva en la Última Cena o que el vino que multiplicó en las bodas de Caná no era alcohólico.

Para algunos el bailar es una abominación, para otros el fumar o el comprar lotería y, sin embargo, casi todos ellos aceptan los medios artificiales anticonceptivos.

Por esto y por mucho más, yo me he hecho católico. Y no estoy solo.

En los últimos años, muchos evangélicos conservadores han entrado en la Iglesia, a pesar de que el camino a la Iglesia está bloqueado por muchas falsas ideas y malas interpretaciones sobre lo que es la Iglesia.

La Iglesia católica es como la pequeña piedra de la visión de Daniel que destruye la falsa imagen (Dan 2), es la semilla de mostaza que llega a ser un árbol grande. Es la casa edificada sobre roca”109.


109 ib. pp. 112-123.

1.25» Thomas Ricks

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Testimonio

Dice:

“Yo crecí fundamentalista bautista en una zona rural de Carolina del Norte (USA).

Al catolicismo sólo lo conocía por televisión y por las enciclopedias. Por eso, crecí sin ningún sentimiento anticatólico...

Mi padre era pastor... Y yo llegué a ser predicador bautista...

En una conferencia ecuménica, encontré a muchos devotos e instruidos católicos, que vivían profundamente su fe y sabían exactamente por qué eran católicos.

Un domingo asistí a su misa. Era la fiesta del Corpus Christi y Fr. John Michael Beers celebraba la misa en la que citó a san Agustín, hablando de la Eucaristía.

Mi esposa y yo comenzamos a estudiar el catolicismo, del que sabíamos muy poco, y, cuando viajábamos, íbamos a la misa católica, en vez de ir al servicio bautista.

Después de varios meses de estudio, encontramos a Fr. Conrad Kimbrough, un sacerdote de la diócesis de Charlotte, que fue providencial para nosotros.

Este santo y sabio sacerdote, convertido él mismo, fue el instrumento de nuestra conversión. Nos recomendó leer los escritos de los Santos Padres de la primitiva Iglesia para ver cuál era la religión de los primeros cristianos.

Cuando comencé a leer estos escritos como la Didache, la tradición apostólica de san Hipólito, la epístola de Papa san Clemente a los corintios o los escritos de san Ireneo, me admiré de que aquellas doctrinas, que yo había considerado como inventos medievales, por ejemplo la veneración de los santos o la oración por los difuntos, estaban claramente aceptadas en la antigüedad...

Después leí las siete cartas de san Ignacio de Antioquía, que fue martirizado el año 107, y en ellas habla de la presencia real de Jesús en la Eucaristía y de la importancia esencial de la sucesión apostólica desde el principio. Por eso, me hice católico.

El 1° de enero de 1994, mi esposa y yo, fuimos bautizados condicionalmente y recibidos en la Iglesia católica, recibiendo la primera comunión.

Yo me sentí como un hombre que había vivido comiendo sólo pan y agua toda su vida, y descubre de pronto un suntuoso banquete al que es invitado...

Me sentía como un hombre que toda su vida ha estado hablando de que debe construir una casa, pero nunca ha tenido un martillo ni una sierra para hacerlo.

Ahora he descubierto todas las herramientas en la adoración eucarística, el rosario, el oficio divino, etc.

Desde que hemos entrado a la Iglesia católica, Dios nos ha bendecido con tres nuevos hijos.

Hemos vivido en distintos lugares y hemos encontrado maravillosos católicos y muchos convertidos.

Cada conversión es única. Pero la conversión no es el final, sino el comienzo de un nuevo viaje de crecimiento.

Desde hace dos mil años, Jesús ha estado presente en el sacramento eucarístico para hacernos santos”108


108 Moss Rosalind, o.c., pp. 71-81.

1.24» James Pitts

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Testimonio

Veamos un resumen de lo que dice sobre su conversión:

“Hace dos años, yo estaba completando mi segundo año como pastor en la iglesia presbiteriana de Abilene, Texas, y se acercaba el vigésimo aniversario de mi ordenación como ministro.

Yo amaba a Jesús, yo amaba ser pastor y amaba a mi congregación, a la que yo servía. En el verano de 1998, sin embargo, yo sentí la necesidad de una renovación espiritual en mi vida. Recuerdo cómo deseaba estar más cerca del Señor...

Un amigo, sacerdote episcopal, me habló sobre un monasterio católico que ofrecía retiros espirituales. Era el monasterio de Nuestra Sra. de Guadalupe, abadía benedictina en Pecos, Nuevo México...

A mediados del verano, ya estábamos mi esposa Sandra y yo, disfrutando de la oración monástica, y cantando el oficio divino con los benedictinos.

En los cinco años anteriores, yo estaba buscando una vida más sacramental y había llegado ya a creer en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y, aunque yo sabía que la consagración del pan y del vino no podía tener lugar en la Iglesia presbiteriana, yo tenía la esperanza de incrementar las celebraciones de comunión, de una vez al mes hasta cada domingo.

La comunidad benedictina tenía adoración de 6,30 a 7,30 cada tarde. Una gran hostia (consagrada) era colocada en una custodia para adorar a Jesús. Todos estaban de rodillas.

Después de unos minutos de leer la Biblia, yo miré la hostia y vi una luz radiante, que brilló como si saliera de ella. De pronto, un sentimiento de amor vino sobre mí, sin saber por qué. Yo me arrodillé de nuevo y oré al Señor.

No podía apartar mis ojos de la hostia y decía: ¿Cómo puedo saber que tú estás aquí con nosotros, Señor?

Al otro día, celebró la misa Fr. Kevin en honor de la Virgen María, al conmemorar sus 20 años de sacerdocio...

Él me dijo después de la misa: Yo amo a María. Ella es mi madre, la madre de todos. Ella es también tu madre.

La presencia de Cristo en la Eucaristía y el amor a María me llevó a abrir mi corazón a Dios.

Durante la Cuaresma de 1999, en el fin de semana de la Fiesta de la Anunciación, yo y mi esposa Sandra fuimos recibidos en la Iglesia católica por el buen obispo de Alexandria, Luisiana.

La Iglesia consideró válido mi bautismo, recibido 46 años antes en la Iglesia metodista”107.


107 Moss Rosalind, Home at last, Ed Catholic Answers, San Diego, 2000, pp. 25-36.

1.23» Raymond Ryland

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Testimonio

Nos dice:

“Yo y mi esposa Ruth habíamos estudiado juntos y nos casamos antes de terminar la segunda guerra mundial.

Yo estudié en la Universidad de Cambridge y, poco a poco, me di cuenta de que muchos de los estudiantes eran unitarios, es decir, que creían que Jesús era solamente un gran maestro moral y no Dios. Y así empecé yo a pensar.

Después nos trasladamos al Seminario teológico de Nueva York y allí estuvimos durante tres años. Allí estudiábamos todas las tradiciones del protestantismo, cada una contradiciendo a la otra y todas basadas en la Biblia.Allí había estudiantes de muchas denominaciones.

Decidimos pasarnos a la Iglesia episcopal, que decía tener una continuidad histórica con la primitiva Iglesia.

El obispo episcopal de Washington me ordenó sacerdote en la catedral nacional.

Allí serví en dos parroquias. Tres de nuestros hijos nacieron en esos años. Nosotros estábamos felices como episcopalianos; pero cada vez más, nos fuimos sintiendo en desacuerdo con lo que decían sobre la teología de la Iglesia primitiva.

Cuanto más estudiaba yo la Iglesia episcopal, su teología y moral, más veía las diferentes opiniones que había dentro de ella.

Durante unas vacaciones de verano, fuimos a recibir un curso sobre la Iglesia ortodoxa en Sewanee, Tennessee.

Fue muy interesante y yo y mi esposa nos sentimos atraídos por la Ortodoxia. Pero nos dimos cuenta de que, durante cientos de años, las iglesias ortodoxas105 no habían crecido. No habían evangelizado a nadie.

Su propagación en nuestro país o en otros, se debía a la inmigración de gente ortodoxa. Pero ninguna de estas iglesias ortodoxas había demostrado un sentido universal.

Los teólogos ortodoxos dicen que el concilio ecuménico es su máxima autoridad, pero en 1.200 años no ha habido ninguno. Ahora que no hay ningún emperador cristiano, ¿quién puede convocar un concilio?

Si el patriarca de una de las iglesias quisiera hacerlo, sería inmediatamente desautorizado, porque no tiene autoridad sobre las otras iglesias, que no han solucionado el problema de la autoridad.

Para ellos, el concilio ecuménico es la última autoridad y los decretos conciliares pueden ser infalibles, solamente después de que han sido recibidos en toda la Iglesia, pero no hay modo de determinar cuándo esto ha sucedido en el pasado...

A la hora de pensar en hacerme católico, mi mayor problema era someterme a la autoridad del Papa, pero cuando leí la Apología del cardenal Newman, todo se me iluminó.

Y así, 16 años después de comenzar nuestra búsqueda de la verdad de Cristo, fuimos admitidos en la Iglesia católica.

Previamente, durante varios meses, cada semana íbamos a recibir instrucción de un monje benedictino, cuya amistad nos ha enriquecido mucho.

Como católico he sido un laico en la Iglesia durante siete años. En estos años nos fuimos a vivir a Milwaukee (USA) para hacer mi doctorado en teología (católica).

Después nos mudamos a San Diego para unirnos a la facultad de Teología de la Universidad Católica. Y, mientras enseñaba, fui ordenado como diácono permanente.

Trece meses más tarde, mi obispo recibió una carta del cardenal Ratzinger, diciéndole que el Santo Padre Juan Pablo II había aprobado mi solicitud de ser ordenado sacerdote católico, siendo dispensado del celibato. Y, después de varios meses de exámenes y preparación, fui ordenado sacerdote hace doce años. Y ahora cada vez que estoy en el altar, le digo al Señor: Gracias”106.


105 Según afirma Beppe del Colle: “Las Iglesias ortodoxas, una vez truncado el vínculo con Pedro y con Roma, es decir, con un centro y un mando universales ha recorrido la misma y dramática parábola de las iglesias nacidas de la Reforma en Occidente. Al igual que estas últimas, después de negar a Pedro, han acabado bajo los césares, transformándose en unas burocráticas y pasivas “Iglesias de Estado”, de modo que también las iglesias de Oriente se han convertido en iglesias nacionales bajo la absoluta tutela del poder de turno… La Iglesia ortodoxa rusa es profundamente rusa, sin esa dimensión universal que hace que un católico como yo, se sienta como en casa entre los hermanos de fe de cualquier parte del mundo” (Citado por Vittorio Messori, Los desafíos del católico, Ed Planeta, Barcelona, 1997, pp. 19-20).
106 Resumen del artículo publicado primeramente en la revista This Rock de enero de 1995 y en el libro
Journeys Home de Marcus Grodi, Ed Queenship, Goleta (CA), pp. 33-42.

1.22» Joseph Ranalli

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Testimonio

Ha escrito su testimonio y dice así:

“Yo nací en una familia católica que iba a misa todos los domingos. Mi esposa también había crecido en una familia católica, pero dejó de ir a la iglesia a raíz del divorcio de sus padres. Nos casamos y, aunque no íbamos a misa todos los domingos, bautizamos a nuestra primera hija Britney.

Cuando nos mudamos a vivir al condado de Orange, buscamos una iglesia cercana y un vecino nos invitó a su iglesia Calvary Chapel (capilla del Calvario).

Después de algunos meses de estar asistiendo a esta iglesia regularmente y hacer amigos, empecé a sentir resentimiento contra la Iglesia católica.

Veía que la gente de mi nueva iglesia hablaba del Evangelio con entusiasmo. Hablaban de nacer de nuevo, de que Jesús nos había perdonado los pecados y que debíamos recibirlo como Salvador y someterle nuestras vidas.

Creíamos que en esta iglesia estaba la fe tal como la tuvieron los primeros cristianos.

En los siguientes años, estudiando la Biblia y conociendo cristianos comprometidos, nos sentíamos contentos.

Nuestro principal problema era que la mayoría de nuestros amigos y familiares eran todavía católicos. Pero algo sucedió.

Una familia vino a vivir junto a nosotros. Ellos eran John y Cheryl, convencidos católicos. Yo me quedé atónito de saber que antes de hacerse católicos ellos habían también pertenecido a nuestra iglesia Calvary Chapel en Costa Mesa, California. Yo no podía imaginar ese cambio.

Otro día, un viejo amigo, Pat Bump, me dijo que él estaba formando un grupo católico de defensa de su fe. Pat y yo tuvimos muchas conversaciones durante meses.

Mi padre me dio el libro Contestando a un fundamentalista, escrito por Fr. Albert Nevins y lo leí con avidez. Yo no sabía que la doctrina católica tenía bases bíblicas.

Por eso, para solucionar mis dudas, fui a ver a nuestro pastor, pero no me las solucionó. Yo amaba nuestra iglesia, estaba contento en ella y, además, recordaba mi vida vacía como católico.

Por eso, creía que la Iglesia católica seguía vacía y que sus fieles estaban espiritualmente muertos. Yo no podía suponer que Dios quisiera que yo dejara mi Iglesia por la iglesia católica.

Pero, estando un día en casa de Cheryl y John, nos invitaron a ir al día siguiente a misa y, aunque no tenía ningún interés, fuimos por curiosidad. Nuestros amigos comulgaron con mucha devoción.

Yo me sorprendí de que hubiera muchos católicos comprometidos con su fe y me dieron algunos libros para leer.

Después de pasar un fin de semana con parejas católicas, creo que algo cambió en mí sobre mis ideas sobre la Iglesia católica.

Le dije a mi pastor que iba a estudiar en profundidad la fe católica y le pedí a Pat Bump que me proporcionara los escritos de los Padres de la primitiva Iglesia, que se suponía eran muy parecidos a las enseñanzas de la iglesia Calvary Chapel. Pero yo descubrí que eran semejantes a las ideas de 1a Iglesia católica.

Después, decidí concentrar mis estudios sobre la sola fe y la sola Escritura, que son los pilares de las iglesias surgidas de la reforma.

Ninguno de los Padres de la Iglesia primitiva habla de la sola Escritura o de la justificación por la sola fe. Y observé que había más de 28.000 denominaciones cristianas distintas, que estudiaban la misma Biblia, dando interpretaciones diferentes.

Según iba profundizando, me iba dando cuenta de que la Iglesia fundada por Jesús era la Iglesia católica.

Cuanto mas leía, más me convencía. Y así, poco a poco, surgió la idea de volver a la Iglesia católica para ser fiel a Cristo.

Ahora, mirando hacia atrás, veo que Dios nos ha bendecido a mí y a mi esposa más de lo que pudimos imaginar.

Una de las bendiciones es estar unidos a mi familia en la Iglesia católica.

Después de “regresar a casa” convertidos, tuvimos el privilegio de enseñar en la parroquia un curso sobre apologética y cómo defender la fe católica.

Dios ha querido que compartamos nuestra fe renovada con muchos ex-católicos y con muchos católicos para afianzar su fe.

Ahora evangelizamos cuanto podemos y procuramos hacer entender a todos que somos verdaderamente “evangélicos” en la Iglesia fundada por Cristo, que es la Iglesia una, santa, católica y apostólica”104.


104 Resumen del testimonio publicado en Welcome Home, Ignatius Press, San Francisco, 2000, pp. 121- 154. Sobre muchos otros católicos, que se hicieron evangélicos y regresaron a la Iglesia, después de estudiarla más a fondo, podemos encontrar otros testimonios en este mismo libro Welcome Home.

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