1.15» Julien Green

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Fue un famoso escritor y novelista norteamericano, de origen francés, que murió a los 98 años lleno de méritos.

Dice de sí mismo: “Cuando era niño, mi madre me educó en la fe evangélica. Desde los seis o siete años yo le hacía muchas preguntas sobre la fe y ella me respondía lo mejor que sabía.

A los 15 años leí un libro de un padre jesuita francés y un libro del cardenal de Baltimore que respondía a mis inquietudes. Y abracé la fe católica con gran entusiasmo hasta el día de hoy.

Cuando le dije a mi padre que me había hecho católico, él me dijo: “Yo también me convertí al catolicismo hace un año cuando estaba en Inglaterra”.

Este gran escritor decía:

“Para mí escribir significa ser fiel a la verdad”.

1.14» Thomas Merton

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Educado episcopaliano, dejó prácticamente la fe durante los primeros veinte años de su vida y se dedicó a vivir su vida con todos los gustos y placeres de la juventud moderna y alocada.

Dice en su Autobiografía: “Cuando murió mi padre, me encontré completamente libre de todo lo que impedía el movimiento de mi voluntad para obrar a mi antojo. Imaginé que era libre.

Fueron necesarios cinco o seis años para descubrir en qué cautiverio había entrado. La dura corteza de mi alma seca expulsó los últimos vestigios de religiosidad que, alguna vez, había albergado.

No había lugar para ningún Dios en aquel templo vacío, lleno de polvo y basura, que entonces era tan celoso en guardar contra todos los intrusos, a fin de dedicarlo a la veneración de mi propia y estúpida voluntad”86.

“Mi alma estaba simplemente muerta. Estaba vacía, era como un vacío espiritual, por lo que al orden sobrenatural se refiere. Eran sus facultades como cáscaras secas de lo que debían haber sido”87.

Visitando Italia como turista, empezó a conocer un poco a Cristo, aunque tenía rechazo al catolicismo.

Dice: “Fue en Roma donde mi comprensión de Cristo se formó. Allí fue donde vi por primera vez a quien ahora sirvo como a mi Dios y a mi Rey, y que posee y gobierna mi vida”88.

Dios seguía sus pasos y “de repente, una noche me pareció que mi padre (muerto) estaba allí conmigo.

El sentido de su presencia era tan vívido,ido tan real, tan sobrecogedor como si él me hubiera tocado el brazo o hablado conmigo.

Todo pasó en un relámpago; pero, en aquel relámpago, instantáneamente, me sentí abrumado con una visión súbita y profunda de la miseria y corrupción de mi propia alma.

Fui atravesado hondamente con una luz que me hizo comprender algo de la condición en que me encontraba. Me llené de horror ante lo que vi, todo mi ser se rebeló contra lo que dentro de mí había, mi alma deseaba huir…

Ahora pienso que, por primera vez en toda mi vida, empecé verdaderamente a rezar, rezando al Dios que nunca había conocido para que viniera a sacarme de las tinieblas y me ayudara a liberarme de las cosas terribles que retenían mi voluntad esclavizándola”89.

Después de un tiempo, empezó a buscar a Dios entre los cuáqueros, la iglesia sionista y otras iglesias cristianas.

Un día entró en una librería y compró un libró “El espíritu de la Filosofía medieval”. Se sintió decepcionado, cuando se dio cuenta que era un libro católico, pero lo leyó.

“Cuando hube dejado de leer este libro, empecé a tener deseo de ir a la iglesia”90.

“Un fuerte impulso empezaba a afirmarse en mí y me sentía arrastrado mucho más imperativamente a la Iglesia católica.

Por último, la tendencia se hizo tan fuerte que no pude resistirla. Le dije a mi muchacha que había resuelto ir a misa, por primera vez en mi vida. ¡La primera vez en mi vida!

Eso era verdad. Había vivido varios años en el continente (europeo), había estado en Roma, había estado entrando y saliendo de mil catedrales e iglesias católicas y, sin embargo, no había oído misa.

Si alguna misa se estaba celebrando en las iglesias que visitaba, me había escapado siempre, con alocado pánico protestante.

No olvidaré fácilmente lo que sentí aquel día (agosto de 1938).

Primero, sentí en mí una tendencia dulce, fuerte, suave y pura que me decía: ¡Vete a misa! Era algo completamente nuevo y extraño esa voz que parecía moverme, esta convicción firme y creciente de lo que necesitaba hacer.

Tenía una suavidad, una simplicidad que no podía explicarme fácilmente. Cuando cedí a ella, no se regocijó sobre mí, no me atropelló, sino que me llevó serenamente en la dirección determinada…

Todavía estaba en verdad, un poco asustado de ir a una iglesia católica con propósito deliberado, con toda la demás gente, y acomodarme en un banco y abandonarme a los misteriosos peligros de esa cosa fuerte y rara que llaman su "misa".

Dios hizo un domingo muy bello. Y puesto que era la primera vez que había pasado realmente un domingo sobrio en Nueva York, me sorprendí de la atmósfera pura y tranquila de las calles vacías de la parte alta de la ciudad.

El sol era resplandeciente… La gente entraba por la puerta de la iglesia completamente abierta… y, de repente, todas las iglesias de Italia y Francia se me aparecieron.

La riqueza y plenitud del ambiente de catolicismo, que no había podido evitar de percibir y amar de niño, resurgieron en mí como un torrente; pero ahora iba a entrar en él, plenamente, por primera vez…

La cosa que más me impresionó fue que la iglesia estaba llena, absolutamente llena, no sólo de ancianas y caballeros agotados, sino de hombres y mujeres, niños, jóvenes y viejos, especialmente jóvenes"91.

Un día lluvioso de setiembre siente de nuevo la voz que le apremia y se dirige a la iglesia del Corpus Christi de Broadway en Nueva York, para pedir el bautismo.

El 16 de noviembre de 1938 recibe el bautismo condicionalmente. Entonces, pudo decir: "Todo fue muy sencillo, ¡Qué montañas cayeron de mis espaldas: Creo, Creo!”.

“Uno de los grandes defectos de mi vida espiritual en el primer año era la falta de devoción a la Madre de Dios.

Creía en las verdades que enseña la Iglesia acerca Ntra. Señora, decía el Avemaría, cuando rezaba, pero eso no era suficiente.

La gente no se da cuenta del tremendo poder de la Santísima Virgen. No sabe quién es, que por sus manos vienen todas las gracias, porque Dios ha querido que ella participe así en su obra de salvación de los hombres”92.

Pero su amor a Cristo y a María se hizo tan grande que algo dentro de sí mismo le hacía sentir deseos de entregarse totalmente.

Por fin la gracia divina venció en él y, con veintiséis años, entró en la Abadía de los frailes trapenses de Kentucky (USA), donde ha vivido el resto de su vida como sacerdote católico.

Tomás Merton, un gran poeta y escritor norteamericano, de origen francés, que nos enseña que, por muy alejados que estemos de Dios, siempre Él nos sigue esperando y nos pide una entrega total para servirlo a Él y a los hermanos.

1.13» Heinrich Schlier

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Fue un famoso escriturista luterano alemán.

Él dice: “La herencia apostólica no puede estar contenida solamente en los escritos del nuevo Testamento84.

“Yo he aprendido que la Iglesia católica ha enseñado infaliblemente desde el principio. La Iglesia existe antes que el cristiano individual. Ella es el Cuerpo de Cristo y, por tanto, siempre está antes que la suma de todos sus miembros.

Nosotros recibimos la vida de la Cabeza (Cristo) a través de su Cuerpo que es la Iglesia85.

Otros pastores luteranos convertidos, de la misma época, son George Klünder y Eric Peterson; Rudolf Goethe fue ordenado sacerdote católico el 22 de diciembre de 1951, siendo casado; y Martin Giebner también se ordenó sacerdote el 19 de diciembre de 1953.

1.12» Cornelia de Vogel

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Testimonio

Cornelia J. de Vogel es una historiadora holandesa. Dice en su escrito Hacia la plenitud católica:

“Mi entrada en la Iglesia católica no ha sido una conversión en el sentido habitual de la palabra. No fue, entonces, cuando encontré a Cristo ni tuve entonces el verdadero contacto con Dios por primera vez en mi vida ni tuve por primera vez contacto con la comunidad de una Iglesia visible...

Yo pertenecía a la Iglesia reformada neerlandesa. Pero, en el invierno de 1944-1945, hice mi entrada en la Iglesia católica...

No es que creyera que no se hallaban pecados ni apostasías en esta Iglesia, pero están absolutamente condenados por la doctrina y fuertemente combatidos en la práctica, mientras que en la Iglesia reformada, a que yo pertenecía entonces, el pecado estaba más o menos legitimado por la enseñanza, con una llamada al texto de la carta a los Romanos 7,14, sin que se enseñara a los creyentes la vigilancia y la lucha.

Después de algunos años de orientación general, emprendí la traducción de la principal obra dogmática de san Atanasio: “Orationes contra Arrianos”.

Con gran sorpresa, me encontré ante una teología puramente católica en todos los puntos esenciales. Es decir, comprobé que en todo aquello en que la Reforma del siglo XVI se opone a la doctrina de Roma, Atanasio se inclina hacia el lado católico...

El estudio de los orígenes de la Iglesia modificó, poco a poco, mi visión sobre la Historia de la Iglesia.

Comprobé, con evidencia, que, en toda la línea, la Iglesia antigua había comprendido el Evangelio en el sentido católico, que hay continuidad entre la antigüedad cristiana, la Edad Media y la Iglesia católica romana actual.

Por otra parte, la tradición de la Reforma ha introducido una interpretación del Evangelio que no se remonta a la antigüedad y que no encuentra apoyo en sus representantes más ilustres como san Atanasio y san Agustín...

¿Quién estaba, pues, en el error?

¿La Iglesia de siglos, la Iglesia de Atanasio y Agustín, la Iglesia que construyó las catedrales de la Edad Media y que todavía hoy produce frutos de una santidad excepcional?

¿O los que en el siglo XVI se separaron de esta Iglesia para fundar otra tradición con una interpretación contraria a la que ha prevalecido desde los comienzos?”83.

Escribió un libro Ecclesia Catholica, aparecido en Utrecht en 1946, donde da todos los argumentos que la llevaron a la Iglesia de Roma.

1.11» Sigrid Undset

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Testimonio

Noruega, gran escritora, que recibió el premio Nóbel de literatura en 1928. Ha visto sus obras traducidas a muchos idiomas.

En su relato Ma conversion au catholicisme (Mi conversión al catolicismo), traducido del noruego al francés por el Padre Bechaux, para la revista “Estudios”, dice:

“En el protestantismo tal como aprendí a conocerlo, la desgracia está en que cada uno tiene su “convicción personal” y su propia fe... Yo no había dudado nunca que la Iglesia católica se identificara con la Iglesia fundada por Cristo.

Para mí, la cuestión de la autoridad de la Iglesia católica era solamente una cuestión de autoridad de Cristo. Siempre había considerado a la Reforma protestante como la historia de una rebelión contra el cristianismo, aunque fuese una rebelión de creyentes y de cristianos animados por una intención piadosa...

Tampoco me habían hecho gran impresión las objeciones habituales que oía contra el catolicismo como el escándalo de los malos católicos...

El culto de los santos, que existe en la Iglesia desde sus orígenes, responde a una exigencia, que parece inmanente a nuestra naturaleza.

Queremos honrar a los héroes... ¿Y el culto a María?

He pensado siempre que era lógico y natural. Si se cree que Dios nos ha salvado, tomando nuestra carne y nuestra sangre, debemos tener para el Vaso del que Él formó su cuerpo de hombre, sentimientos que no se parezcan a ninguno de los que podamos tener para nuestros semejantes: un respeto, una ternura, un corazón compasivo...

Si es verdad que el hijo de María es, a la vez, verdadero Dios y verdadero hombre, entonces, el hijo es Hijo y la madre es Madre para toda la eternidad, siendo Él el Creador y ella su criatura...

Es difícil expresar con palabras lo que Dios me ha dado por medio de su Iglesia.

Él mismo ha dicho que nos da su paz, pero esta paz no es la que da el mundo. Es de otra clase. Se la puede comparar quizás a la paz que reina en los abismos del océano”82.

Sigrid Undset, fue instruida por Monseñor Kjelstrup y fue recibida en la Iglesia el 1 de noviembre de 1924.

Ella encontró en la Iglesia católica una seguridad para su fe cristiana, que no podía encontrar en las iglesias surgidas de la Reforma.

1.10» Sven Stolpe

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Testimonio

Escritor, nacido en Noruega en 1895.

Dice en sus escritos autobiográficos: “Contraje la tuberculosis y en 1927 tuve que trasladarme al Agra-sanatorium en Suiza, donde me encontré con una treintena de estudiantes bávaros entre los que había muchos católicos.

Durante una parte de mi estancia, compartí mi habitación con un teólogo católico, Siefried Huber. Quedé asombrado ante el nuevo mundo que se me abría, gracias a las conversaciones con mi compañero”79.

“Mis ensayos franceses condujeron a varios de sus lectores al catolicismo. Recibí cartas de personas que me mostraban su gratitud por haber contribuido a su ingreso a la Iglesia. Mi sorpresa era tanto mayor cuanto que yo mismo no era católico”80.

“Después de la segunda guerra mundial, me dirigí con mi familia a París. Allí busqué contactos con círculos católicos y la providencia de Dios me condujo a la Abbaye Sainte Marie donde el Padre Charles Massabki me recibió en la Iglesia…

La mayoría de mis libros de los últimos años, basados siempre en temas religiosos, fueron aceptados en la Suecia protestante más amablemente que mis anteriores obras…

Además, consideré que mi labor había de ser despertar en Suecia el interés por la Edad Media católica. Por ello publiqué estudios detallados sobre personajes santos”81.

Ha sido uno de los más famosos escritores de Suecia.

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