Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » 23 de abril de 1916

Autora: Luisa Piccarretta

Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver todo circundado de luz, luz que le salía de dentro de su santísima Humanidad y que lo embellecía en
modo tal que formaba una vista encantadora y raptora; yo
quedé sorprendida y Jesús me dijo:

“Hija mía, cada pena que sufrí, cada gota de sangre,
cada llaga, oración, palabra, acción, paso, etc., produjo
una luz tal en mi Humanidad de embellecerme de manera
de tener raptados a todos los bienaventurados.

Ahora, el alma, a cada pensamiento de mi Pasión, a cada compadecimiento, a cada reparación, etc. que hace, no hace otra cosa que tomar luz de mi Humanidad y embellecerse a mi semejanza, así que un pensamiento de más de mi Pasión
será una luz de más que llevará un gozo eterno.”

Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » 6 de noviembre de 1914

Autora: Luisa Piccarretta

Continuando las acostumbradas Horas de la Pasión, mi amable Jesús me ha dicho:

“Hija mía, el mundo está en continuo acto de renovar mi Pasión, y como mi inmensidad envuelve todo dentro y fuera de las criaturas, así estoy obligado por su contacto a recibir clavos, espinas, flagelos, desprecios, escupitajos y todo lo demás que sufrí en mi Pasión, …y aún más.

Ahora bien, quien hace estas Horas de mi Pasión, a su contacto Me siento sacar los clavos, pulverizar las espinas, endulzar las llagas, quitar los salivazos; me siento cambiar en bien el mal que me hacen los demás; y Yo, sintiendo que su contacto no me hace mal sino bien, me apoyo siempre más en ella.”

Después de esto, volviendo el bendito Jesús a hablar de estas Horas de la Pasión me ha dicho:

“Hija mía, has de saber que con estas Horas, el alma toma mis pensamientos y los hace suyos, mis reparaciones, las oraciones, los deseos, los afectos y aún mis más íntimas fibras, y las hace suyas; elevándose entre el Cielo y la Tierra hace mi mismo oficio, y como corredentora dice conmigo:

”Ecce ego mitte me”, quiero repararte por todos, responderte por todos e implorar el bien para todos”.

Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » 4 de Noviembre de 1914

Autora: Luisa Piccarretta

Estaba haciendo las Horas de la Pasión, y Jesús, complaciéndose todo, me dijo:

“Hija mía, si tú supieras la gran complacencia que siento al verte repetir estas Horas de la Pasión y siempre repetirlas, y de nuevo repetirlas, quedarías feliz.

Es verdad que mis santos han meditado la Pasión y han comprendido cuánto sufrí, y se han deshecho en lágrimas de compasión hasta sentirse consumar por amor de mis penas, pero no lo han hecho así de continuo y siempre repetido con este orden.

Así que puedo decir que tú eres la primera que me da este gusto tan grande y especial. Y al ir desmenuzando en ti hora por hora mi vida y lo que sufrí.

Yo me siento tan atraído que hora por hora te voy dando el alimento y como contigo ese mismo alimento y hago junto contigo lo que haces tú.

Debes saber que te recompensaré abundantemente con nueva luz y nuevas gracias; y aún después de tu muerte, cada vez que sean hechas por las almas en la Tierra estas Horas de mi Pasión, Yo en el Cielo te cubriré siempre de nueva luz y nueva gloria”.

Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » Octubre de 1914

Autora: Luisa Piccarretta

Estaba escribiendo las Horas de la Pasión y pensaba para mí: “Cuántos sacrificios por escribir estas Horas de la Pasión, especialmente por tener que poner en el papel ciertos actos internos que solo entre mí y Jesús han pasado. ¿Cuál será la recompensa que Él me dará?”.

Y Jesús haciéndome oír su voz tierna y dulce me dijo:

“Hija mía, en recompensa por haber escrito las Horas de la Pasión, por cada palabra que has escrito te daré un alma, un beso”.

Y yo: “Amor mío, eso para mí, pero a aquellos que las harán, ¿Qué les darás?”.

Y Jesús: “Si las hacen junto Conmigo y con mi misma Voluntad, por cada palabra que reciten les daré también un alma, porque toda la mayor o menor eficacia de estas Horas de la Pasión está en la mayor o menor unión que tienen Conmigo, y haciéndolas con mi Voluntad la criatura se esconde en mi Querer y actuando mi Querer puedo hacer todos los bienes que quiero, aun por medio de una sola palabra; y esto cada vez que las hagan”.

Otro día estaba lamentándome con Jesús porque después de tantos sacrificios para escribir las Horas de la Pasión, eran muy pocas las almas que las hacían, y entonces me dijo:

“Hija mía, no te lamentes, aunque fuera solo una, deberías estar contenta. ¿No habría sufrido Yo toda mi Pasión aunque se debiera salvar una sola alma?

Pues así también tú. Jamás se debe omitir el bien porque sean pocos los que lo aprovechan; todo el mal es para quien no lo aprovecha.

Y como mi Pasión hizo adquirir el mérito a mi Humanidad como si todos se salvaran, a pesar de que no todos se salvan, porque mi Voluntad era la de salvarlos a todos, merecí según Yo quise y no según el provecho que las criaturas habrían querido recibir.

Así tú, según tu voluntad se ha fundido con la Mía de querer hacer el bien a todos, así serás recompensada, todo el mal es de los que, pudiendo no las hacen.

Estas Horas son las más preciosas de todas, que no son otra cosa que repetir lo que YO hice en el curso de mi vida mortal y lo que continúo en el Santísimo Sacramento.

Cuando oigo estas Horas de mi Pasión, oigo mi misma voz, mis mismas oraciones, veo mi voluntad en esa alma, voluntad de querer el bien de todos y de reparar por todos, y Yo me siento transportado a morar en ella para poder hacer en ella lo que ella misma hace.

¡Oh, cuánto quisiera que, aunque fuera una sola por pueblo, hiciera estas Horas de la Pasión; me oiría a Mí mismo en cada pueblo, y mi Justicia, en estos tiempos tan grandemente indignada, quedaría en parte aplacada”.

Agrego que otro día estaba haciendo la Hora cuando la Mamá Celestial dio sepultura a Jesús, y yo la seguía junto para hacerle compañía en su amarga desolación para compadecerla.

No tenía la costumbre de hacer esta Hora siempre, sino solo algunas veces, y estaba indecisa si la hacía o no, y Jesús bendito, todo amor y como si me rogara, me dijo:

“Hija mía, no quiero que la descuides, la harás por amor mío y en honor de mi Mamá. Has de saber que cada vez que la haces, mi Mamá se siente como si Ella misma en persona estuviera en la tierra repitiendo su vida y, por lo tanto, recibe Ella la gloria y el amor que me dio a Mí en la tierra. Y Yo siento como si estuviera de nuevo mi Mamá en la tierra, sus ternuras maternas, su amor y toda la gloria que Ella me dio. Y por todo esto te tendré en consideración de madre…”

Y entonces, abrazándome Jesús, me decía quedo, quedo al oído: ”Mamá, mamá…” y me sugería lo que hizo y sufrió en esta Hora la dulce Mamá, y yo la seguía…

Y desde ese día en adelante no he descuidado esta Hora ayudada siempre por su gracia…

Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » 6 de septiembre de 1913

Autora: Luisa Piccarretta

Estaba pensando en las Horas de la Pasión escritas, y como están sin Indulgencias, quien las hace no gana nada; en cambio hay tantas oraciones enriquecidas con muchas Indulgencias…

Y mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús todo benignidad, me dijo:

“Hija mía, con las oraciones indulgenciadas se gana alguna cosa, en cambio las Horas de la Pasión son mis mismas oraciones, mis mismas reparaciones; son todo amor y han salido del fondo de mi Corazón.

¿Has acaso olvidado cuántas veces me he unido contigo para hacerlas juntos y he cambiado los flagelos en gracias para toda la tierra?

Y es tal y tanta mi complacencia que en lugar de la Indulgencia le doy al alma un puñado de amor, que contiene precio incalculable de infinito valor.

Además, cuando las cosas son hechas por puro amor, mi amor encuentra ahí su desahogo… y no es indiferente que la criatura dé alivio y desahogo al amor de su Creador”.

Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » 10 de Abril de 1913

Autora: Luisa Piccarretta

Esta mañana, Jesús ha venido y estrechándome a su Corazón me ha dicho:

“Hija mía, quien piensa siempre en mi Pasión forma en su corazón una fuente, y por cuanto más piensa tanto más esta fuente sea grande, y como las aguas que brotan son comunes a todos, esta fuente de mi Pasión que se forma en el corazón sirve para el bien del alma, para gloria mía y para bien de las criaturas.”

Entonces yo le he dicho: “Dime, Bien mío, ¿qué cosa darás en recompensa a quienes hagan las Horas de la Pasión, tal como Tú me has enseñado?”

Y Él: “Hija mía, estas Horas no las consideraré como cosas vuestras, sino como cosas hechas por Mí, y os daré mis mismos méritos, como si Yo estuviera sufriendo en acto mi Pasión, y así os haré conseguir los mismos efectos, según las disposiciones de las almas, y esto en la tierra, por lo que cosa mayor no podría daros; luego en el Cielo, a estas almas me las pondré de frente saeteándolas con saetas de amor y de contentos por cuantas veces habrán hecho las Horas de mi Pasión, y ellas me saetearán a Mí.

¡Qué dulce encanto sea éste para todos los bienaventurados!”

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