Autora: Luisa Piccarretta

Esta mañana, Jesús ha venido y estrechándome a su Corazón me ha dicho:

“Hija mía, quien piensa siempre en mi Pasión forma en su corazón una fuente, y por cuanto más piensa tanto más esta fuente sea grande, y como las aguas que brotan son comunes a todos, esta fuente de mi Pasión que se forma en el corazón sirve para el bien del alma, para gloria mía y para bien de las criaturas.”

Entonces yo le he dicho: “Dime, Bien mío, ¿qué cosa darás en recompensa a quienes hagan las Horas de la Pasión, tal como Tú me has enseñado?”

Y Él: “Hija mía, estas Horas no las consideraré como cosas vuestras, sino como cosas hechas por Mí, y os daré mis mismos méritos, como si Yo estuviera sufriendo en acto mi Pasión, y así os haré conseguir los mismos efectos, según las disposiciones de las almas, y esto en la tierra, por lo que cosa mayor no podría daros; luego en el Cielo, a estas almas me las pondré de frente saeteándolas con saetas de amor y de contentos por cuantas veces habrán hecho las Horas de mi Pasión, y ellas me saetearán a Mí.

¡Qué dulce encanto sea éste para todos los bienaventurados!”

Categorías