por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
¿Has visto el rostro de ¡Dios?
Si respondes que no, entonces:
- No lo has contemplado en un amanecer o un atardecer.
- No te has deleitado, al mirar el rostro o la sonrisa de un niño.
- No lo has visto reflejado en I el rocío de una rosa.
¿Has sentido a Dios?
Si respondes que no, entonces no lo has advertido:
- Cuando tienes frío y los rayos de sol penetran en tus huesos.
- Cuando el viento se abraza a tu cuerpo.
- Cuando el agua refresca tu sed.
- Cuando un amigo te abraza en tu soledad.
- Cuando tu corazón se complace en dar y no en recibir.
¿Has percibido a Dios?
Si respondes que no, entonces no lo has percibido:
- Cuando se extiende la fragancia de cientos de rosas.
- Cuando el olor del mar se esparce por el aire al caminar en 1 un atardecer.
- Cuando respiras al despertar.
¿Has oído a Dios llorar?
Si respondes que no, entonces no lo has escuchado:
- Cuando un niño es agredido o abandonado.
- Cuando lo olvidamos y le damos la espalda.
- Cuando vivimos para el mundo y no para El.
- Cuando no lo amamos.
- Cuando sólo pensamos en El por problemas o enfermedad.
- Cuando tomamos malas decisiones y lo culpamos a Él de los malos resultados.
- Cuando triunfamos y nos creemos igual que El y fue
El quien hizo todo.
¿Has visto los ojos de Dios?
Si respondes que no, entonces no lo has mirado:
- En la inmensidad de un cielo estrellado.
- En la inocencia de un niño.
¿Has escuchado la voz de Dios?
Si respondes que no, entonces no has querido escuchar:
- Tu conciencia cuando te resistes a oír la verdad sobre ti y tus pecados.
¿Has visto la creatividad de Dios?
- Cuando unió el óvulo y un espermatozoide y te creó a ti.
Siempre Dios está presente en todo, pero aún así tú te resistes a su verdad:
"HE ESTADO CON USTEDES Y AÚN NO ME RECONOCEN” Jn 14,9)
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Jack tenía parálisis cerebral. Era cuadripléjico y empleaba el restringido movimiento que tenía en una mano para empujar la palanca que movía su silla de ruedas eléctrica. A pesar de que no era alumno mío, a menudo asistía a mis conferencias y participaba en grupos de discusión. Yo tenía dificultades para entender lo que decía, y confiaba en gran medida en sus compañeros de clase para que lo interpretaran. El compartía sus preocupaciones y frustraciones personales conmigo, conmoviéndose profundamente. ¡Era valiente para ser tan vulnerable!
Un día, después de clase, Jack se me acercó y dijo que quería trabajar. En ese momento yo estaba entrenando a adultos gravemente discapacitados, para trabajar en puestos dentro y fuera del campus en la Universidad. Le pregunté:
- ¿Dónde?
- Con usted, en la cafetería -me respondió.
Asombrada en el primer instante, pensé en las destrezas necesarias para limpiar mesas, cargar lavaplatos, barrer, pasar el trapo, ordenar provisiones, etcétera.
¿Cómo podría una persona cuadripléjica intervenir en ese tipo de programa de formación? No pude responderle. Tenía la mente en blanco.
- ¿Qué te gustaría hacer, Jack? - le pregunté, esperando que tuviera algo pensado.
Su respuesta fue firme:
- ¡Haría cualquier cosa! - me dijo con una sonrisa.
¡Oh, cómo me gustó su ánimo y su voluntad, y cuánto admiré su convicción!
Acordamos encontrarnos en la cafetería a las diez de la mañana del otro día.
Me pregunté si sería puntual. ¿Podía siquiera leer la hora?
A la mañana siguiente, oí su silla de ruedas quince minutos antes de la cita. En silencio imploré consejo y lucidez.
A las diez de la mañana nos encontramos. A las diez y un minuto, Jack estaba listo para empezar a trabajar. Su entusiasmo hacía que su forma ; de hablar fuera todavía más difícil de entender. En mi esfuerzo por encontrar una manera de que Jack participara de manera significativa en un programa vocacional de formación, me enfrenté con un obstáculo tras otro.
Su silla de ruedas impedía que se acercara demasiado a las mesas. Era incapaz de usar las manos, salvo para apretar.
Intenté algunas adaptaciones sin éxito. Al ver mi frustración, un preceptor de buen corazón se ofreció para ayudar. En media hora había encontrado una solución. Acortó el mango de un cepillo, para que cupiera cómodamente bajo el brazo de Jack y pudiera ser manipulado con una mano.
El cepillo se ubicó de tal manera que pudiera alcanzar la tabla de las mesas. Con la otra mano, Jack impulsaba su silla, limpiando la superficie de las mesas mientras se movía.
¡Jack estaba en el cielo! Se sentía orgullosísimo de ser un participante activo, y no sólo un observador.
Cuando lo miraba, advertía que podía sacar las sillas de su camino, usando su silla de ruedas. Se creó un nuevo trabajo para Jack: apartar las sillas de las mesas que estaban diseñadas para sillas de. ruedas, y alinearlas contra la pared, fuera del camino. Jack cumplía ese trabajo con gusto y orgullo.
¡Su autoestima rebasaba! ¡Por fin se sentía capaz y digno!
Un día, Jack se me acercó cubierto de lágrimas. Cuando le pregunté qué pasaba, me explicó que la gente no lo dejaba hacer su trabajo. Al principio no entendí lo que quería decir, luego lo observé tratando de mover las sillas.
Le costaba tanto esfuerzo, que los alumnos bienintencionados pensaban que estaba luchando para sacar las sillas de su camino, y las movían para dejarle el campo libre. Él trataba de explicar, pero nadie se tomaba el trabajo de escucharlo. El problema se resolvió cuando hice estas tarjetas, para que Jack llevara sobre su bandeja:
¡Hola! Mi nombre es Jack. Trabajo en la cafetería. Mi tarea es limpiar mesas y mover ciertas sillas
hacia la pared. Si quieren ayudarme, POR FAVOR denme una gran sonrisa y díganme qué buen trabajo estoy haciendo.
Jack desplegaba y compartía estas tarjetas orgullosamente. Los estudiantes empezaron a tomarse a Jack y su trabajo en serio. Ese semestre experimentó la autoestima que se siente cuando uno percibe que es reconocido y apoyado.
Su voluntad siempre será una inspiración para mí cuando busco y encuentro, para mis alumnos y para mí, nuevos caminos tendientes a superar los obstáculos de la vida, y ser lo mejor que podemos con los talentos que Dios nos dio.
Dolly Trout
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Su nombre era Blanca. Mientras estuvo al frente de su clase de 5° grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentira.
Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos y les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí, en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado Diego.
La maestra Blanca había observado a Diego desde el año anterior, y había notado que él no jugaba con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y a menudo necesitaba darse un buen baño.
Diego comenzaba a ser un tanto desagradable. Llegó el momento en que la maestra Blanca disfrutaba al marcar los trabajos de Diego con un plumón rojo haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.
En la escuela donde Blanca enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño; ella dejó el expediente de Diego para el final.
Cuando por fin revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa. La profesora de primer grado escribió:
"Diego es un niño muy brillante, con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales… es un placer tenerlo cerca".
Su profesora de segundo grado escribió: "Diego es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado, porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil".
La profesora de tercer grado escribió: "Su madre ha muerto; ha sido muy duro para él. Él trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no le muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas".
Su profesora de cuarto grado escribió: "Diego se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme en clase".
Ahora la maestra Blanca se había dado cuenta del problema, y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos les llevaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Diego. Su regalo estaba mal envuelto, con un papel amarillento que había lomado de una bolsa de papel.
A la maestra Blanca le dio miedo abrir ese regalo en medio los otros presentes. Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con sólo un cuarto de su contenido.
Ella detuvo las burlas de los niños, al exclamar lo precioso Que era el brazalete, mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca.
Diego se quedó ese día al final de la clase para decir:
- Maestra Blanquita, el día de hoy usted huele como olía mi mamá.
Después de que el niño se fue, ella lloró por lo menos una hora.
Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir.
En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. La maestra Blanca puso atención especial en Diego.
Conforme comenzó a trabajar con él, su alma comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido.
Para el final del ciclo escolar, Diego se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase, y a pesar de su mentira de que quería a todos sus alumnos por igual, Diego se convirtió en uno de sus consentidos.
Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Diego, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida.
Seis años después, por las mismas fechas, recibió otra nota de Diego; ahora le escribía diciéndole que había terminado la preparatoria siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.
Cuatro años después, recibió otra carta donde le decía que, a pesar de que en ocasiones las cosas fueron muy duras, se mantuvo en la escuela y pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró a la maestra Blanca que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida, y que era su favorita.
Cuatro años después recibió otra carta. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su preferida; pero ahora su nombre se había alargado un poco; la carta estaba firmada por el Doctor Diego Hernández Figueroa.
La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, Diego ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse.
Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a la maestra Blanca si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio; por supuesto, Blanca aceptó, y adivinen…
Ella llegó usando el viejo brazalete, y se aseguró de usar el perfume que Diego recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo, y el Dr. Hernández le susurró al oído:
- Gracias Blanca por creer en mí.
Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo podía hacer la diferencia.
Blanca, con lágrimas en los ojos, tomó aire y dijo:
- Diego, te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo hacer la diferencia. No sabía cómo educar hasta que te conocí.
Recuerda que a donde quiera que vayas y hagas lo que hagas, tendrás la oportunidad de tocar y/o cambiar con tus actitudes los sentimientos de alguien. Trata de hacerlo de una forma positiva.
“Los amigos son Angeles que nos levantan, cuando nuestras alas tienen problemas para recordar como volar"
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Dios me pidió un poema sobre las bellezas de la creación, y yo me puse a hablar de las cosas que Él creó.
Hablé del sol, y sentí sus manos calentándome.
Hablé de la luna, y sentí su brillo envolviéndome.
Hablé de la noche, y sentí sobre mí su manto de estrellas.
Hablé de todo lo verde del planeta, y sentí su soplo de esperanza.
Hablé de las aguas, y sentí su inmersión en el misterio de mi espíritu.
Hablé del cielo, y sentí que su azul me protegía.
Hablé del fuego, y sentí sus llamas quemando mis penas.
Hablé del aire, y sentí su soplo divino renovándome.
Hablé de todos los seres, y sentí su presencia en cada forma viviente.
Y a Él le presenté todo lo que escribí:
- Aquí está el poema que me pediste, espero que apruebes todo lo que escribí.
Y oí su respuesta:
- Prosigue, aún no has hablado de ti.
Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres (Tagora)
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Existen momentos en la vida que nos marcan para siempre o dejan una huella imborrable en nuestros corazones.
Permite que esos momentos sólo sean los más bellos y puros.
Permite que las huellas en tu corazón sean aquéllas que al momento de tu vejez te llenen de ternura, dulzura y sobre todo, de paz…
Y por último, permítete ser feliz, pero de manera tal, que nada ni nadie sea capaz de nublar ese bello sentimiento que Dios ha sembrado en nuestros corazones y que el amor y la
amistad han fortalecido.
Y es mi deseo:
Que Él nos ayude a que sólo esos momentos de felicidad sean los que nos acompañen ahora y siempre.
Ahora procuro no retardar u olvidar, sino conservar nada más aquello que podría acrecentar sonrisas de felicidad y alegría a mi vida.
Cada día que pasa, digo para mí mism@, que éste es un día muy especial.
Cada día, cada hora, y cada minuto que pasa son especiales.
¡APROVECHALOS!
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Bajo un sol abrazador, dos africanos descendían por el río Zambeze y remaban en su angosta piragua.
Oculto bajo las tranquilas aguas, un cocodrilo, terror del río, aguardaba su presa. De repente, la embarcación fue fuertemente sacudida y el cocodrilo hundió sus puntiagudos dientes en uno de los remos.
Desequilibrados, los dos remeros cayeron en las profundas aguas. Al ver la muerte ante sí, se debatían con vigor.
Uno de ellos se acordó de la advertencia de los ancianos de su aldea: "Si caes en un río infestado de cocodrilos, nada debajo del agua río arriba, porque el cocodrilo, en busca de su presa, siempre se deja llevar por la corriente".
Finalmente, después de muchos esfuerzos, este hombre alcanzó la orilla sano y salvo. Su compañero eligió la solución más fácil: nadó en el sentido de la corriente, pero también en el sentido del cocodrilo.
Muy cerca de la ribera, su pierna fue atrapada por un mordisco de la terrible bestia que lo arrastró al fondo del río.
El peligro está tan presente en un río infestado de cocodrilos como cuándo se siguen las corrientes de la moda de este mundo: la opinión pública, los placeres dudosos, el amor al dinero, la popularidad…¿Andas tú en la dirección correcta, o en el sentido de la corriente?
Dios dice: "Hay caminos que al hombre le parecen rectos; pero al final conducen a la muerte"
(Proverbios 14:12).