6. ¿Donde Jesús llamó a Pedro “Papa”?

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

Reflexiones a los interrogantes más comunes de los protestantes sobre el oficio petrino.

Una de las doctrinas más rechazadas por los hermanos protestantes es precisamente la doctrina del primado de Pedro. Pude comprobarlo cuando recientemente platicando con uno me preguntaba de forma insistente una y otra vez:

"Pero ¿Donde Jesús llama a Pedro "Papa de Roma" "Jefe de los apóstoles" "infalible" donde?"

Si se han tomado el tiempo de dialogar con protestantes, seguramente habrán escuchado preguntas similares muchas veces: "¿Donde dice la Biblia que Dios es una Trinidad?", "¿Donde dice la Biblia que se ha cambiado el día de reposo del sábado el domingo?", "¿Dónde dice esto?, ¿Dónde dice aquello?, ¿Dónde? ¿Dónde? Y ¿Dónde?…". Es allí donde nos toca a los católicos dar razón de nuestra fe.

Y precisamente para responder esta pregunta, hay que entender primero cual es la esencia del Papado, porque si no nunca se va a comprender donde está el papado en la Biblia.

Pero ¿Donde llama Jesús a Pedro "Papa", "jefe de los apóstoles", "infalible"?

Aquí, la respuesta simple y llana es: EN NINGUNA PARTE….

Si, en ninguna parte, así como en ninguna parte leemos la palabra Trinidad, la encarnación, una lista de los libros que forman parte del canon, y muchas otras cosas que los mismos protestantes suelen aceptar. Y es que en la Escritura como testimonio de la Revelación se encuentran verdades implícitas y explícitas, y sobre muchas de ellas, la comprensión que ha tenido el pueblo de Dios ha ido aumentando con el paso del tiempo.

Y así como la comprensión va aumentando, también la terminología que se ha venido utilizando va enriqueciéndose, logrando así expresar de forma más precisa lo que la Iglesia ha creído y creerá siempre. (De allí se deriva que hoy podamos llamar al sucesor del ministerio ejercido por el apóstol Pedro "Papa", o al Dios revelado en Tres Personas Divinas "Trinidad").

El problema de mi amigo protestante es haber planteado la pregunta equivocada. La doctrina del papado no depende de su terminología, ni tampoco del estilo en que haya sido ejercido a lo largo de la historia, pero precisamente de estos dos puntos quiero profundizar.

La doctrina del Papado no depende de la terminología

Hoy podríamos no llamar al sucesor de Pedro "Papa", podríamos referirnos a él de cualquier otra forma y eso no cambiaría la esencia del papado. Lo que importa realmente no es la terminología sino lo que esta terminología pretende explicar.

La doctrina del Papado no depende del estilo con que haya sido ejercido a lo largo de la historia

Muchos protestantes que no "encuentran" un Papa en los primeros siglos cristianos fallan en no entender la esencia del Papado. Si su búsqueda la centran en alguien portando el título de "Papa", con espléndidas ropas, aspecto pomposo y casi dictatorial, demandando que todos los cristianos sigan sus decretos sin preguntas (La imagen que la mayoría de los protestantes tienen del Papado) no lo encontrarán. Es oportuno citar aquí el comentario del apologista católico Mark Bonocore:

"No vamos a decir que la perspectiva protestante no tiene absolutamente ninguna validez. Por el contrario, es algo cierto decir que los Papas de Roma han actuado con un estilo autocrático y dictatorial en muchas ocasiones en la historia cristiana. Sin embargo, elestilo del Papado no define al Papado mismo, ni define su existencia en la Iglesia primitiva". [1]

Así, no debemos tener problema en aceptar que dicho estilo de Papado no existía, o ha ido variando y evolucionando a medida que la Iglesia ha enfrentado diferentes retos y situaciones históricas, pero el Papado mismo (propiamente definido) existió desde el mismo momento en que Cristo encomendó a Pedro apacentar las ovejas y corderos de su rebaño, y le entregó las llaves del reino de los cielos.

Pero ¿Cual es la esencia del Papado para que podamos reconocerla a lo largo de Escritura y la Tradición?. Mark nos da un concepto bien concreto y resumido:

"El Papado es el ministerio de pastor supremo con poder de jurisdicción de mantener la unidad universal y ortodoxia dentro de la Iglesia Cristiana"

¿Fue ejercido ese ministerio por Pedro, y luego lo hicieron los obispo en Roma desde los primeros siglos cristianos hasta hoy? Allí debo responder sin dudar de forma afirmativa.

La esencia y el ejercicio del Papado en la Escritura

Si hubo días importantes en la vida de Pedro, uno de ellos fue seguramente el día en que Jesús le dio un nuevo nombre. Y es que quizá hoy día que a alguien se le cambie el nombre no tiene mucho significado. Casi siempre los artistas lo hacen antes de comenzar su carrera para que encaje mejor en el mundo del espectáculo, otros simplemente porque están enojados con el nombre que sus padres quisieron darles.

"¡Por qué demonios me tuvieron que llamar Filomena!" "¡Como se les ha ocurrido llamarme Pancracio!" se quejan algunos.

Sin embargo, en la antigüedad los nombres tenían una profunda importancia, y mucho más cuando Dios mismo era quien cambiaba o asignaba el nombre a alguna persona. Este cambio de nombre venía acompañado de un profundo cambio en la vida de la persona, una nueva función, una nueva identidad.

Así, si repasamos brevemente la Biblia, encontraremos no pocos trascendentales cambios de nombre: Abram por Abraham en Génesis 17,3-6 (porque sería "padre de naciones"), Sarai por Sara en Génesis 17,16 ("madre de reyes", "princesa fecunda"), Jacob por Israel en Génesis 32,28 (porque "luchó con Dios y los hombres y venció"), e inclusive el nombre mismo de Jesús en Mateo 1,21 (Dios salvador, porque salvaría al pueblo de sus pecados).

Pues así como ellos, le llegó el día a Simón. Estando Jesús reunido con sus discípulos les pregunta: "¿quién dicen los hombres que soy Yo?", a lo que como siempre él, llevando la delantera sobre el resto de los discípulos, se apresura a contestar: «¡Tú eres el Cristo!, ¡el Hijo de Dios vivo!.».

Bastante acertadas fueron las palabras de Simón, porque no se lo había revelado "ni la carne ni la sangre, sino el Padre que está en el cielo" . Y es que no podía errar, porque su confesión era producto de la revelación divina. Había revelado en pocas palabras la identidad de Cristo, verdadero hijo de Dios. Jesús le devuelve el gesto y responde cual sería la nueva identidad de Simón, el oficio para el cual él le había escogido, entregado junto con un nuevo nombre:

"Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." [2]

Se consumaba así un suceso enorme en la vida de Simón. Cristo había dado un nombre nuevo: "Piedra", y le había dicho que sobre esa Piedra edificaría su Iglesia. Y como con un nuevo nombre viene un nuevo ministerio, así fue que Pedro ese mismo día, también lo recibió:

"A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos." [3]

La similitud de estas palabras y la profecía de Isaías donde se coloca un nuevo mayordomo sobre el reino de Judá es asombrosa:

"Aquel día llamaré a mi siervo Elyaquim, hijo de Jilquías. Le revestiré de tu túnica, con tu fajín le sujetaré, tu autoridad pondré en su mano, y será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá. Le hincaré como clavija en lugar seguro, y será trono de gloria para la casa de su padre" [4]

Y es que realmente no fue casualidad que Jesús utilizara esas palabras, sino que intencionalmente llama la atención al contexto de esa profecía, donde un nuevo mayordomo está siendo colocado sobre el reino de Judá (Elyaquim). La figura del mayordomo era ampliamente conocida, ya que era un siervo a quien el rey entregaba las llaves.

El texto de Isaías nos muestra varias de las funciones que ejercía el mayordomo, un ministro al servicio del rey con la máxima autoridad subordinada solo a la del propio rey, y con un rol de paternidad espiritual: "será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá".

Elyaquim no era realmente un precedente en dicho cargo. Ya en tiempos de Abraham contaba este con un mayordomo (Eliezer de Damasco [5]), lo que demuestra que ya en aquella época era una figura conocida. Posteriormente José (hijo de Jacob) cuando fue vendido como esclavo y fue llevado a Egipto llegó a ser mayordomo en casa de Putifar:

"Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa, y entregó en su poder todo lo que tenía" [6]

Llegó más tarde a ser mayordomo en casa de Faraón,

"Tú estarás al frente de mi casa, y de tu boca dependerá todo mi pueblo. Tan sólo el trono dejaré por encima de ti. Dijo Faraón a José: «Mira: te he puesto al frente de todo el país de Egipto.»" [7]

Así sucesivamente encontramos numerosas referencias a mayordomos en los reinados de Judá e Israel a lo largo de los siglos en 1 Reyes 4,6; 16,9; 18,3; 2 Reyes 10,5; 18,18.37, 19,2; 2 Crónicas 28,7; Isaías 22,15; 36,3.22; 37,2.

Importante es que en todos esos casos, había en cada reino, muchos ministros pero un solo mayordomo, con autoridad plena después de la del Rey, y con autoridad de tomar decisiones que ningún otro ministro del reino podía revocar: "abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá"

Jesús siendo heredero del trono de David también de acuerdo a la costumbre designa un mayordomo real sobre su reino. Es en este trascendental acontecimiento donde Jesús llama a Pedro "Papa", porque es allí, en la entrega de las llaves a Pedro como mayordomo del reino de los cielos, donde se encierra la esencia del oficio petrino.

Visto desde este punto de vista, toma mucha claridad el porqué Pedro figura como Piedra sobre la que se edifica la Iglesia. Cristo utiliza una metáfora donde compara a la Iglesia con un edificio espiritual, donde los cristianos figuramos como partes de la construcción. Como todo edificio, no todos los bloques van en el mismo lugar ni todos tienen la misma función, así también en la Iglesia los cristianos desempeñamos distintas funciones y ministerios.

Pedro ejerciendo un ministerio especial como mayordomo del reino, y cabeza del colegio apostólico figuraría como piedra sobre la que se edifica la Iglesia, lo mismo que los apóstoles junto con Pedro mismo figuraran en otras metáforas como fundamento de la Iglesia (Efesios 2,20).

Por no entender esto un amigo protestante me replicaba:

"Si para ti la iglesia esta edificada sobre un hombre:"Pedro" y no sobre "Cristo" estás en tu derecho de creer de esa manera."

El error está en que no entienden en qué sentido Pedro es la piedra de Mateo 16,18. Pedro es la piedra sobre la que se edifica en cuanto a la autoridad instituida por Jesucristo para gobernar la Iglesia, mientras la confesión de fe es el fundamento doctrinal de la misma. Cuando los protestantes no diferencian entre ambas cosas terminan por desfigurar y caricaturizar la posición católica, pensando que tenemos puesta nuestra fe sobre "un hombre".

El ejercicio del Papado en la historia

Al comienzo de estas reflexiones decía que si bien la esencia del Papado siempre ha sido la misma, suestilo ha ido cambiando a lo largo de la historia, a medida que la Iglesia enfrentaba distintos obstáculos y desafíos.

Estando los apóstoles vivos, y siendo guiados ellos directamente por el Espíritu Santo, el ejercicio del oficio petrino consistía principalmente en liderazgo. Es allí donde vemos a un Pedro como representante del resto de los apóstoles recibiendo las órdenes de Cristo de apacentar el rebaño del pueblo de Dios.

"Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas»." [8]

Es bastante llamativo este texto, porque si bien el apacentar el rebaño es labor no solo de Pedro sino de todos los pastores, aquí Cristo se dirige solo a Pedro. Pedro no solo tendrá al igual que el resto la labor de pastorear las "ovejas", sino también "los corderos" (el resto de los apóstoles). Nótese que es refiriéndose a los otros apóstoles que le pregunta "¿me amas más que estos?".

Es también a Pedro a quien pide Satanás para "zarandear como a trigo" [9], y por quien ora para que su fe no desfallezca[10]. Quizá más importante de todo esto, es que es a él a quien encomienda confirmar a sus hermanos (los apóstoles) en la fe[11].

Como mayordomo del reino es quien recibe la revelación de que los gentiles podían entrar a la Iglesia[12], quien es el primero en predicar en pentecostés[13], quien toma la iniciativa sobre la necesidad de completar el grupo de los doce[14], es quien hace la primera curación milagrosa luego de la resurrección[15], etc.

En definitiva podemos decir que el marcado liderazgo de Pedro en todo el Nuevo Testamento no fue más que el ejercicio de su oficio, pero su estilo de ejercerlo, fue mediante el liderazgo del colegio apostólico.

Luego que es sucedido en su oficio por los obispos de Roma, vemos que durante los cinco primeros siglos ningún obispo usurpa la primacía para él, sino que se le atribuye según la antigua costumbre, al obispo de Roma. Las objeciones frecuentes que hacen los algunos protestantes (porque la mayoría niega de plano tal primacía) referentes a que su primacía era solo de honor y no de jurisdicción no pueden ser sostenidas ante la gran cantidad de evidencia histórica existente. Y es que los Papas desde los días de los Apóstoles, no solo continuaron ejerciendo la jurisdicción suprema en occidente, sino incluso en oriente hasta el gran cisma en el siglo IX.

Sin embargo ya en los primeros siglos tuvo que ejercerse este oficio de distintos modos, y no solo de forma de liderazgo, sino inclusive al disciplinar comunidades rebeldes (Como Clemente Romano al disciplinar a la comunidad de Corinto por haber depuesto a sus pastores), o sirviendo como una última y suprema corte de apelaciones.

Un ejemplo de este ejercicio de primacía jurisdiccional la tenemos precisamente en estas apelaciones, ya que nunca se apela de un tribunal superior a uno inferior. En la historia de la Iglesia nos encontramos con apelaciones de todas partes (obispos, patriarcas y hasta herejes) a la Iglesia de Roma. Muchos ejemplos se podrían citar, pero unos cuantos bastarán:

1) Durante el pontificado del Papa San Víctor (189 d.C. – 198 d.C.) se da una controversia sobre las diferencias existentes entre la iglesia de Roma –a la que seguían casi todas las demás- y las iglesias asiáticas, en cuanto al día de la celebración de la pascua. San Policarpo se trasladó a Roma con más de 80 años de edad para alegar que la fecha en que celebraban la pascua era una tradición que había aprendido del propio San Juan. Debido a esto el Papa y San Policarpo mantuvieron la paz.

Posteriormente cuando el problema vuelve a agravarse el Papa Víctor amenazó con excomulgarles, y ahora interviene San Ireneo, quien tras reconocer su adhesión a la observancia romana, pidió al Papa que no les excomulgara por el apego que mostraban a sus antiguas tradiciones, siendo que no era una cuestión doctrinal. El Papa aceptó no excomulgarles e igualmente a la larga terminaron por aceptar la disciplina romana.

2) Dionisio, obispo de Roma, cerca de la mitad del tercer siglo, después de haber oído que el Patriarca de Alejandría se equivocó en algunos puntos de la fe, exige una explicación y el patriarca en obediencia a su superior reivindica con prontitud su propia ortodoxia.

3) San Atanasio, patriarca de Alejandría, apela en el siglo IV al papa Julio I, a partir de la decisión dictada contra él por los obispos orientales. El Papa revierte la sentencia del concilio oriental y vuelve Atanasio a su sede.

4) San Basilio, Arzobispo de Cesárea, también en el siglo IV recurre a la protección del Papa Dámaso.

5) San Juan Crisóstomo, Patriarca de Constantinopla, apela en el inicio del siglo V al Papa Inocencio I para una reparación de agravios infligidos a él por varios prelados orientales y por la emperatriz Eudoxia de Constantinopla.

6) San Cirilo apela al Papa Celestino contra Nestorio; Nestorio que no era tonto y también sabía a quién apelar, apeló también al Papa, pero este tomó partido por San Cirilo.

7) Los concilios de Milevis y Cartago celebrados por los obispos Africanos y San Agustín incluidos, piden la aprobación del Papa a sus edictos. Cuando el Papa responde, San Agustín se alegra y da la causa por zanjada. En numerosas cartas mantiene que nada es más claro que el juicio de la sede apostólica.

8) Cuando Eutiques comenzó a predicar la doctrina conocida como "monofisismo" fue condenado por herejía por Flaviano (obispo de Constantinopla) durante un sínodo. Apela entonces al Papa León (De Eutiques al Papa León Ep 21), a lo cual Pedro Crisólogo (obispo de Ravena) le escribe (a Eutiques), para que preste obediencia al Papa: "Nosotros te exhortamos, honorable hermano, que tu obedientemente escuches que ha sido escrito por el bendito Papa de la ciudad de Roma, desde el bendito Pedro, quien vive y preside en su propia silla. Para nosotros, en nuestro celo por la paz y la fe, no podemos decidir cuestiones de fe aparte del consentimiento del obispo de Roma" [16]

9) Para juzgar la causa de Eutiques, en el 449 se intentó realizar en Éfeso un concilio ecuménico (convocado por el emperador Teodosio II con la autorización del Papa León I). El concilio lo precedió Dioscuro (Patriarca de Alejandría), quien apoyaba a Eutiques. Eutiques logró que la carta del Papa traída por los legados papales no fuera leída, y tras esta y otras irregularidades el legado papal (Hilario) anuló la sentencia en nombre del Papa y abandonó el concilio.

Posteriormente en el concilio de Calcedonia se acusó a Dioscoro de que "había celebrado un Concilio (ecuménico) sin la Sede Apostólica, lo que nunca estaba permitido", lo cual se refería a haber continuado el Concilio después de la partida de los legados papales.

El Papa León recibió también las apelaciones Teodoreto y Flaviano y les había escrito al emperador y emperatriz que todos los actos del Concilio eran nulos. Excomulgó a todos los que habían tomado parte en él y absolvió a los que habían sido condenados, (excepto a Domnus de Antioquía), y fue así como un concilio ecuménico fue anulado por el Papa y llegó a ser conocido como el concilio "Latrocinio"

10) En el concilio de Calcedonia, donde por medio de la aprobación del canon 28, se intentaba darle a Constantinopla el segundo lugar después de Roma, se pedía la aprobación Papal para dicho canon, y el mismo patriarca escribiéndole, reconoce que la aprobación de las actas dependía de su sanción. Lo mismo el concilio en pleno le reconoció como sucesor de Pedro y cabeza de la Iglesia Católica.

Si todas estas continuas apelaciones no implican un reconocimiento mismo de jurisdicción, vaya usted a saber que es.

Objeciones protestantes

Objeción #1: Cristo se refería a sí mismo o a la confesión de fe como la piedra sobre la que edificaría la Iglesia y no a Pedro.

Si bien podemos decir que sobre la fe de Pedro se edifica la Iglesia, no podemos desconocer que también Cristo se refería a Pedro aquí como la Piedra sobre la que la Iglesia es edificada. Hay que tener en cuenta que en ese momento Cristo está cambiando el nombre a Pedro para hacer un juego de palabras "Tu eres Pedro (Piedra) y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia". No tendría sentido cambiar el nombre a Pedro por Piedra para luego referirse a "otra" piedra distinta de Pedro.

La frase en griego dice "epi tautee tee petra" . Aquí "epi" significa "sobre", y "tautee tee petra" significa "sobre esta misma piedra". Así, la frase sin el "tee" significaría solo "sobre esta piedra", pero con el "tee" la construcción gramatical fuerza a identificar la piedra a la que se hace referencia (sobre la que se edifica la Iglesia), con la que se acaba de mencionar (Pedro). Así, es Pedro y no otra piedra a la que se refiere Cristo sobre la que se edifica la Iglesia.

Una explicación al respecto la da Robert A Sungenis:

"Es importante señalar que aquí Jesús elige la frase epi tautee tee petra ("sobre esta roca") más que la más ambigua redacción como epi tee roca ("sobre la roca") o epi petra (sobre una roca). Utilizando el artículo definido o indefinido podría parecer que señala a alguien más que a Pedro, mientras el adjetivo demostrativo tautee (esta) es más probable que identifique a alguien en la inmediata proximidad gramatical al sustantivo «roca». La única otra roca que se ilustra en la inmediata proximidad es Petros (Pedro) el cual es un nombre propio que significa «Roca»...." [17]

Tomando esto en cuenta no tiene mucho sentido que alguien pretenda interpretar que Cristo quiso decir "Tu eres Pedro y sobre aquella piedra edificaré mi Iglesia"

Objeción #2: La palabra utilizada con Pedro (Petros) es distinta a la palabra utilizada para referirse a la piedra sobre la que se edifica la Iglesia (Petra), por tanto Cristo no se refería a Pedro como la Piedra.

Los protestantes suelen alegar que la palabra utilizada en el texto griego "Petros" hace referencia a una "piedra pequeña" mientras que "Petra" hace referencia a una piedra grande o roca, sin embargo, hay poderosas razones para desechar ese argumento.

En primer lugar porque en griego koine (el idioma en que se encuentran los escritos del Nuevo Testamento) ambas palabras (Petros y Petra) eran sinónimas. Para referirse a una piedra pequeña existe en griego otra palabra "lithos", la cual es utilizada en la Escritura frecuentemente de este modo. Un ejemplo lo tenemos en Mateo 15,46:

"quien, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca (Petra); luego, hizo rodar una piedra (lithos) sobre la entrada del sepulcro".

En el texto griego para la palabra "roca" se utiliza "Petra" , pero para "piedra" se utiliza "lithos" y no "Petra".

Otro ejemplo lo tenemos en 1 Pedro 2,8:

"Para vosotros, pues, creyentes, el honor; pero para los incrédulos, la piedra (lithos) que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido, en piedra (lithos) de tropiezo y roca (petra) de escándalo. Tropiezan en ella porque no creen en la Palabra; para esto han sido destinados"

Aquí otra vez se utiliza la palabra lithos para referirse a una piedra pequeña (con la que se tropieza) y petra para una roca o piedra grande.

Más ejemplos:

"y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra (lithon) alguna.»" [18]

"¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra (lithon);" [19]

"Y Jesús les dice: "¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra (lithon) que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?" [20]

Y así, en cada texto donde la Escritura hace referencia a una piedra utiliza la palabra "lithos", mientras que cuando hace referencia a una roca utiliza "petra", pero lo más importante es que Petros no se utiliza NUNCA en toda la Escritura para hacer referencia a piedra pequeña, sino solo exclusivamente como nombre propio de Pedro. De querer el texto griego diferenciar entre Pedro y la Piedra sobre la que se edifica la Iglesia bien pudiera haber utilizado "Lithos" para Pedro, pero no lo hace.

¿Por qué Petros (masculino) en lugar de Petra (femenino)?

Y si con Pedro el texto griego se utiliza "Petros" y no "Petra" es porque a diferencia del arameo, el griego si cuenta con géneros y no era posible asignar un nombre propio de género femenino a una persona de género masculino (Seria tan incoherente como llamar a un hombre en español "Petrina" o "Petronila"). Este hecho lo han reconocido inclusive numerosos eruditos protestantes entre los cuales podemos contar D.A. Carson, R.T. France, Oscar Cullmann, Herman Ridderbos, Craig Blomberg, William F. Albright, C.S. Mann, Craig S. Keener, Francis Wright Beare, Eduard Schweizer, Ivor H. Jones, M. Eugene Boring, Thomas G. Long, Richard B. Gardner entre otros. [21]

Pero quizá lo que hace esta objeción más inverosímil es que hay evidencia suficiente para pensar que Cristo dijo esas palabras no en griego sino en arameo (el idioma utilizado por Jesús y sus discípulos). Prueba de esto lo tenemos en Juan 1,42 donde San Juan nos narra que el nombre dado a Pedro fue Cefas:

"Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Piedra)." [22]

Cefas (en griego Kephas) es una transliteración de la palabra aramea Kephas (roca). Pedro es llamado a lo largo de las epístolas de Pablo repetidas veces por este nombre, lo que no tendría sentido si realmente no hubiera sido ese el nombre dado a él por Jesús.

"Me refiero a que cada uno de vosotros dice: «Yo soy de Pablo», «Yo de Apolo», «Yo deCefas», «Yo de Cristo»". [23]

"…ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro" [24]

"¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?" [25]

"... se apareció a Cefas y luego a los Doce" [26]

"...subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía" [27]

"...Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas..." [28] 

"Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión." [29]

"Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije aCefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?»" [30]

Así, si Jesús llamó a Pedro "Kephas" debió decir "Tu eres Kephas y sobre esta Kephas edificaré mi iglesia", y allí Pedro figura sin lugar a dudas como la misma piedra sobre la que se edifica la Iglesia.

Hay que señalar que Kephas significa "Roca" en arameo, y este idioma para hacer referencia a una simple piedra existe otra palabra "evna". De Cristo querer dar a Pedro el nombre de una piedra "pequeña" y no una roca le hubiera llamado "Evna" y no "Kephas".

Pero no solo hay evidencia suficiente para pensar que Cristo pronunció Mateo 16,18 en arameo, sino que inclusive todo el evangelio de Mateo fue escrito en dicha lengua y posteriormente traducido (lamentablemente los originales en arameo se han perdido).

Quizá la más contundente es el testimonio unánime de la Iglesia primitiva sobre el origen de este evangelio. El más antiguo lo tenemos de la mano de San Papías, un discípulo directo del apóstol San Juan (Según San Ireneo de Lyon). Su testimonio lo recoge Eusebio en Historia Eclesiástica:

"Esta es la referencia de Papías a Marcos. De Mateo tenía esto que decir: Mateo recopiló los dichos [logia de Cristo] en lengua hebrea, y cada uno los traducía lo mejor que podía" [31]

Paul L. Meier (historiador protestante) aclara respecto a lo anterior que cuando se refiere a lengua hebrea probablemente lo que se designa es arameo, como en el Nuevo Testamento.

Otro testimonio casi tan antiguo lo tenemos de la mano de San Ireneo de Lyon (discípulo de San Policarpo, quien fue a su vez discípulo de Juan y compañero de Papías).

"Mateo, (que predicó) a los Hebreos en su propia lengua, también puso por escrito el Evangelio, cuando Pedro y Pablo evangelizaban y fundaban la Iglesia. Una vez que éstos murieron, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, también nos transmitió por escrito la predicación de Pedro. Igualmente Lucas, seguidor de Pablo, consignó en un libro «el Evangelio que éste predicaba»" [32]

Orígenes también da testimonio de esto, tal como recoge Eusebio:

"Aprendí por tradición que los cuatro Evangelios sólo son incuestionables en la Iglesia de Dios. El primero en ser escrito fue por Mateo, que había sido recaudador de impuestos pero que más tarde llegó a ser apóstol de Jesucristo, y que publicó en hebreo para los creyentes judíos..." [33]

Y el mismo Eusebio declara lo mismo:

"Mateo predicó al principio a los hebreos, y cuando planeó ir también a otros, escribió su Evangelio en su propia lengua nativa para los que iba a dejar, llenando su escrito el vacío que dejaba su partida"[34]

San Atanasio en su sinopsis de la Sagrada Escritura afirma lo mismo:

"El evangelio de Mateo fue escrito por Mateo en dialecto hebreo, publicado en Jerusalén, y Santiago, el hermano del Señor hizo una traducción" [35]

San Juan Crisóstomo en su homilía sobre Mateo escribe:

"De Mateo nuevamente es dicho, que cuando aquellos que entre los judíos habían creído vinieron a él, al tener que dejarlos les escribió las mismas cosas que él les había hablado por palabra, él también compuso su evangelio en la lengua de los hebreos" [36]

Epifanio de Salamina en su Panarion escribe:

"Ellos tienen completo el evangelio de Mateo en Hebreo. Porque no hay duda que todavía está preservado por ellos en escritura hebrea, tal como fue originalmente escrito" [37]

Pero si esto no fuera poco, San Jerónimo testifica que él mismo vio personalmente el evangelio de Mateo escrito en hebreo, de la cual había transcrito su propia copia.[38]

San Agustín repite lo mismo:

"De los cuatro [evangelios], es verdad, solo Mateo es reconocido haber escrito en lengua hebrea, el resto en griego" [39]

Estas son solo algunos de tantos testimonios, y podríamos añadir a San Cirilo de Jerusalén, San Gregorio Nacianceno, y todos los escritores eclesiásticos de la edad media repitieron que Mateo escribió en lengua hebrea (arameo).

La Enciclopedia Católica señala que todos los escritores eclesiásticos concordaron en que Mateo escribió su evangelio en hebreo (arameo), y afirmaron que el texto griego era una traducción del arameo (hasta Erasmo quien lo puso en duda). También es hoy aceptado, y no solo por los eruditos católicos. Oscar Cullman, conocido teólogo protestante suizo explica:

"La gran antigüedad y el origen palestino de la sección (Mateo 16,17 ff.) puede ser hoy considerada fuera de toda duda. Esto es mostrado por las grandes características lingüísticas semíticas de esta sección... El paralelismo de las dos declaraciones: «Tú eres la roca, y sobre esta roca construiré...» muestra que la segunda roca no se refiere a nada distinta de la primera. Esto es más claro expresado en arameo donde la misma palabra kepha aparece en ambos lugares, a diferencia del griego...Así aquí el nombre y la cosa son exactamente idénticos. Por lo tanto, debemos suponer que la frase se acuñó originalmente en arameo" [40]

Los amigos protestantes que lean estas líneas deben saber que si todavía no entienden en donde la Escritura llama a Pedro "Papa", "Jefe de los apóstoles", o "infalible", los católicos tenemos razones muy bien fundadas tanto en la Escritura como en la Tradición para creerlo. Que no las compartan, no quiere decir que no existan, o que no sean válidas.

NOTAS

[1] Mark Bonocore: Debate con Jason Engwer, Palabras de apertura.

[2] Mateo 16,18

[3] Mateo 16,19

[4] Isaías 22,20-23

[5] Génesis 15,2

[6] Gen 39,4

[7] Génesis 41,40-41

[8] Juan 21,15-17

[9] Lucas 22,31

[10] Lucas 22,32

[11] Lucas 22,32

[12] Hechos 10,28

[13] Hechos 2,14

[14] Hechos 1,15-22

[15] Hechos 3,6-7

[16] De Pedro Crisólogo al Papa Leo, Ep 25

[17] Traducido del comentario de Robert Sungenis en Jesús, Peter & the Keys, Butler, Dahlgren, Hess, pág. 23-24

[18] Mateo 4,6

[19] Mateo 7,9

[20] Mateo 21,42

[21] Puede consultar el artículo en Internet en http://www.bringyou.toapologeticsPeterRockKeysPrimacyRome.htm

[22] Juan 1,42

[23] 1 Corintios 1,12

[24] 1 Corintios 3,22

[25] 1 Corintios 9,5

[26] 1 Corintios 15,5

[27] Gálatas 1,18

[28] Gálatas 2,9

[29] Gálatas 2,11

[30] Gálatas 2,14

[31] Eusebio, Historia de la Iglesia, Paul L. Maier, pág. 129.

[32] Ireneo de Lyon, Contra las herejías 3.3.1

[33] Orígenes, citado por Eusebio en Historia Eclesiástica.
Tomado de Eusebio, Historia de la Iglesia, Paul L. Meier, pág. 226

[34] Eusebio, Historia de la Iglesia, Paul L. Meier, pág. 113.

[35] Cornelius A. Palide, The Great Commentary upon the Holy Scriptura, trans. Thomas W. Mossman, (London: John Hodges, 1893), p.xxxvii.

[36] Homilies of St. John Chrysostom of the Gospel According to St. Matthew, in Philips Schaff, ed., Nicene and Post-Nicene Fathers-Chrysostom, vol. 10,(n.p.:Christian Literature Pub. Co. 1888; rep. Peabody, MA: Hendrickson, 1994), 3

[37] Epiphanius, Bishop of Salamis: Selected Passages, (New York: Oxford, 1990), 93

[38] The Great Commentary upon the Holy Scriptures, trans. Thomas W. Mossman, (London: John Hodges, 1893), p. Xxxvii

[39] The Harmony of the Gospels, 1:1:4, in Philips Shaff, ed., Nicene nd Post-Nicene Fathers-Augustin, vol. 6, (n.p.: Christian Literature Pub. Co., 1888; rep. Peabody, MA: Hebdrickson, 1994,78)

[40] Oscar Cullmann, Peter: Disciple, Apostle, Martyr, trans. Floyd V. Filson, (Philadelphia Westminster, 1953),185,206,185.

5. La Iglesia surgida del Concilio de Nicea 4/4

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Vamos a dedicar estos artículo a analizar las acusaciones más comunes en este sentido y ver cuánto fundamento hay en ellas.

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Esta es la parte segunda de un artículo dividido en cuatro partes en el que se analiza en particular la veracidad de las acusaciones vertidas en un artículo publicado en Internet. Si no ha leído la primera parte puede hacerlo aquí: Parte 1, allí encontrará también el mencionado artículo, que no es más que un ejemplo de lo que se suele decir sobre el tema.

Analizaremos ahora los puntos 11 al 15.

1- La liturgia católica
2- Dedicar un templo a un santo
3- Introducción de cánticos
4- Quema de incienso
5- Lámpara de aceite y velas
6- Utilización del agua bendita
7- El anillo de bodas
8- Fiestas religiosas
9- Vestimentas sacerdotales
10- La mitra
11- Constantino como "obispo de los obispos"
12- El papa como Sumo Pontífice
13- ¿Es el Nuevo Testamento un texto paganizado?
15- Descatalogación y quema de evangelios.


Antes de continuar con esta última parte del artículo conviene aclarar que las acusaciones de las que nos estamos aquí haciendo eco no son todas comunes a todos los protestantes. De hecho la mayoría de las iglesias protestantes (incluidas la mayoría de las evangélicas) aceptan el credo de Nicea como la base del cristianismo, lo que implica que deberían reconocer que Constantino no pudo interferir para nada en la doctrina del Concilio, de lo contrario su propia fe también se habría construido sobre cimientos paganos. Algunas de estas 15 acusaciones no solo afectan a la Iglesia Católica y Ortodoxa sino que también afectan a las creencias protestantes.

Otras acusaciones son compartidas por muchos protestantes, pero no consideran que sean influencia directa de Constantino, y menos aún durante el Concilio de Nicea. En cualquier caso la mayoría de los protestantes está de acuerdo en que estos rasgos de la Iglesia Católica, vengan de donde vengan, son rasgos paganos que distorsionan el cristianismo original. Lo que nosotros estamos haciendo en esta serie de 4 artículos es o bien negar la acusación o bien demostrar que ese rasgo no es pagano sino que forma parte del cristianismo desde sus mismos orígenes o incluso se remonta a la tradición bíblica judía. Pasemos ahora a la acusación número 11.

Constantino se hizo llamar "obispo de los obispos"

Lo de Constantino como "obispo de los obispos" es algo que se oye tantas veces (incluso en programas serios de televisión y charlas), se lee en tantos libros (incluso de algunos historiadores profesionales) y se puede encontrar en internet tantos miles de veces que parece ya que casi nadie, ni los mismos católicos, duda de su verdad.

A veces se dice que es así como Eusebio de Cesárea le describe muchas veces (incluso "cientos de veces"), especialmente en cuanto a su actuación en el concilio de Nicea, o se dice que era un título que el propio Constantino usaba para sí mismo muy a menudo, o incluso que lo instauró como parte de sus títulos imperiales. Nada de eso es correcto.

Por muchos miles de veces que sea hoy en día repetido, lo cierto es que ese supuesto título no aparece en ninguna fuente histórica. Por supuesto esto se dice queriendo demostrar que Constantino actuó como jefe de los obispos imponiendo su voluntad doctrinal en Nicea para paganizar el cristianismo, y últimamente hasta muchos blogs católicos en internet intentan defenderse de esa acusación contextualizando el título que ya empiezan a dar por verídico. Veamos de dónde surge semejante idea tan hábilmente manipulada y distorsionada. Hay dos fuentes diferentes a la hora de explicar de dónde viene esta expresión de "obispo de los obispos":

1- Traducción libre de la expresión latina "Pontifex Maximus"
2- Traducción literal de la expresión original en griego "Episcopos Episcopon"

En el primer caso veremos luego que tal título lo ostentaban los emperadores desde mucho antes de Constantino y por tanto no surge pensando en los obispos cristianos. En el segundo caso tendríamos que ver en qué documentos (de Eusebio o de Constantino o de otra gente) aparece ese título tan frecuentemente como dicen. No lo encontramos, por supuesto, pero puestos en el aprieto algunos historiadores ateos o protestantes afirman que dicho título aparece "implícitamente" en una cita de Eusebio de Cesarea en su libro sobre la vida de Constantino:

"En una ocasión en la que [Constantino] estaba charlando con un grupo de obispos dejó caer la expresión de que él mismo era también obispo, y sorprendido como quedé, le escuché decirles esto: Vosotros sois obispos cuya jurisdicción está dentro de la Iglesia: yo también soy un obispo, ordenado por Dios para supervisar lo que es externo a la Iglesia.

Y verdaderamente sus medidas se correspondían con sus palabras, pues él cuidaba de sus súbditos con un cuidado "episcopal" [comillas mías] y les exhortaba en la medida de sus posibilidades a llevar una vida devota. [… de ese modo] el origen de su autoridad imperial lo hacía venir de lo alto." (Eusebio de Cesarea, Vita Constantini)

Vemos pues que lo de Constantino como "obispo" no es un título ni algo que él mismo o Eusebio o ningún otro usara para referirse a él, y menos aún que esta expresión tuviera nada que ver con el Concilio de Nicea. Ocurre en el contexto de una charla informal con unos cuantos obispos, no en un acto oficial ni concilio, y por tanto es simplemente una forma de expresarse, de explicar cómo ve su función de emperador. Y desde luego ni aquí ni en ninguna otra parte se menciona ese título de "obispo de los obispos".

Por un lado hay que aclarar que Eusebio escribió esto en griego, y en el griego de entonces la palabra "obispo" (episcopos) significaba literalmente "protector, supervisor", por lo tanto su afirmación sonaría menos eclesial y chocante si lo tradujéramos así: "Yo también soy un supervisor, ordenado por Dios para supervisar lo que es externo a la Iglesia"… pues él cuidaba de sus súbditos con el interés de un protector".

Parece evidente que Constantino, en este contexto, estaba usando la palabra episcopos en sus dos acepciones y de ahí el juego de palabras (vosotros sois obispos y yo también soy "obispo/supervisor" porque mi función es la de supervisar/proteger a mis súbditos). Pero de esta simple anécdota a afirmar que en el Concilio de Nicea Constantino ostentaba el título de "obispo de los obispos" va tanta diferencia que no podríamos ni siquiera hablar de una interpretación errónea de los datos, sino de un claro caso de falsedad que ha llegado a hacerse pasar por verdad histórica de tanto repetirlo sin fin.

A pesar de que Eusebio era un ferviente admirador de Constantino y de que, como ya hemos comentado en otro artículo, su peculiar filosofía personal consideraba a Constantino el enviado mesiánico que iba a fundir Iglesia y Estado en una especie de Reino de Dios en la tierra, no puede evitar sobresaltarse al oírle decir que él también es un obispo (este sobresalto lo utiliza como excusa para haber puesto oídos y escuchar indiscretamente el siguiente trozo de conversación privada que nos va a transcribir), pero luego se tranquiliza ante la explicación que el emperador da sobre lo que quiere decir con la palabra episcopos (supervisor/protector).

Vemos de todas formas que Constantino hace clara la diferencia entre ellos: los obispos, que se ocupan de las cosas de dentro de la Iglesia, y él mismo, el "obispo" (supervisor) que se ocupa de las cosas de fuera de la Iglesia. Por lo tanto con esta afirmación no pretende reclamar para sí, como dice ahora tanta gente, su derecho a controlar la doctrina y los asuntos internos de la Iglesia, sino todo lo contrario.

Se puede interpretar que su jurisdicción era la de los asuntos de estado, no los de la Iglesia (proclamando la separación entre Iglesia y Estado), pero conociéndole y conociendo la mentalidad imperial, esto es poco probable; más bien se está refiriendo a que deja los asuntos internos de la Iglesia en manos de los obispos pero él va a ocuparse de "los asuntos externos de la Iglesia", o sea, no son asunto suyo los temas doctrinales, pero sí aquellos aspectos de la Iglesia con repercusión externa. Por eso cuando los obispos declaren herejes a los arrianos y a sus libros, será Constantino quien se considere con derecho a exiliar a Arrio y sus dos obispos fieles y a ordenar la quema de libros arrianos, ejecutando con medidas "externas" (políticas) lo que los obispos han sancionado en sus asuntos internos (doctrinales).

No podemos suponer, ante la evidencia histórica, que Constantino fue un gran devoto cristiano, admirador de los obispos y que otorgó a la Iglesia una independencia de acción total sin jamás interferir en nada, pero tampoco podemos admitir la afirmación de que Constantino actuó en la teoría y en la práctica como un papa con el apoyo de todos los obispos, y menos aún que cambiara ningún aspecto doctrinal.

Lo que Constantino está claramente haciendo en ese texto, y así lo reconoce el propio Eusebio con ese comentario que añade a continuación, es reclamando el origen divino de su poder político. Es lo que más tarde los reyes germánicos generalizarían con la expresión Dei Gratia Rex (rey por la gracia de Dios), que perviviría hasta entrado el siglo XX en algunos países. Por eso se considera un "obispo/supervisor ordenado por Dios" en lo concerniente al poder secular. Esto encaja con la visión que tenían los emperadores romanos y medievales de que su legitimidad en el poder "venía de lo alto".

Algunos detractores de Nicea, confrontados con el pasaje entero, dicen que esa distinción entre "obispos de dentro" y "obispo de fuera" es en realidad un añadido de Eusebio, que Constantino originalmente no habría hecho esa diferencia.

Esto muestra un enorme desprecio a la historia y a sus métodos de investigación. Si la única fuente en la que pueden basar sus afirmaciones sobre ese supuesto título de "obispo de los obispos" es este pasaje de Eusebio, no pueden decir que Eusebio modificó la cita y que en realidad ellos saben qué es exactamente lo que dijo Constantino, aunque no estaban allí. Eso es deformar la historia para adaptarla a sus creencias sobre lo que pasó en lugar de modelar sus creencias basándolas en la historia que conservamos.

Cosas como esta son las que en los últimos años han convertido a Nicea en algo casi imposible de discernir, pues hay tanta confusión en la información, tantas falsedades y medias verdades incluso a niveles de fuentes supuestamente respetables, que al ciudadano medio le resultará ya imposible discernir la verdad a no ser que acuda a las fuentes originales, algo que casi nadie está en disposición de hacer. Y en este río que algunos han revuelto tan exitosamente, ahora están logrando sus ganancias de pescadores.

Sin embargo, si nos olvidamos de Eusebio y Constantino nos llevaremos una sorpresa. El título de "obispo de los obispos" sí aparece en una cita de la Antigüedad, pero aparece cien años antes de Nicea y en latín "episcopus episcoporum", y no va dirigido a ningún emperador, sino al papa de Roma.

Paradójicamente es un hereje quien lo usa, y su intención era despreciar la posición preeminente del obispo de Roma por considerarse legitimado para presidir sobre los demás obispos. Igualmente aplica al papa el título latino de "Pontifex Maximus", que viene a significar lo mismo. El hereje es Tertuliano (montanista) y el papa Calixto I. Tertuliano ataca la relajación de la disciplina penitencial ordenada por un edicto reciente:

Oigo decir que se ha publicado un edicto y ciertamente irrevocable. El pontifex maximus, el Obispo de los obispos, ha anunciado: "os perdono los pecados de lujuria y adulterio después de la correspondiente penitencia" (De pudicitia, 1, 6, año 220)

Así que el título de "obispo de los obispos" no tiene nada que ver con Constantino sino con el obispo de Roma, pero veamos ahora qué ocurre con el otro título de significado análogo: Pontifex Maximus.

El papa se hizo llamar Sumo Pontífice

El emperador Augusto (s. I a.C.) representado con el velo sacerdotal de Pontifex Maximus

El título latino Pontifex Maximus se suele traducir en español con el latinismo "Sumo Pontífice", que es como a veces se llama al papa en la actualidad. Muchos protestantes dicen que este título es "extra bíblico" y pagano. Supongo que cuando dicen extra bíblico se refieren a que ese nombre no aparece en la Biblia, pero eso ya lo sabíamos todos porque la Biblia original no se escribió en latín. Pero una traducción algo menos latinizada de "pontifex maximus" es simplemente "sumo sacerdote", y no creo que nadie pueda considerar esa expresión "extra bíblica"; de hecho la vulgata (la traducción latina de la Biblia) utiliza a veces el término "pontifex" para referirse a los sumos sacerdotes (por ejemplo en Hebreos 5:1).

Aunque en latín se asume muy pronto la palabra griega "episcopos" para designar al obispo (episcopus), a veces también se utiliza la palabra latina que ya existía para esa misma idea: "pontífice" (pontifex), que significa "jefe de sacerdotes", o sea, obispo en el caso del cristianismo. El sumo sacerdote (o sumo pontífice) es jurisdiccionalmente el dirigente religioso más importante de todos (summus = principal, pontifex= jefe sacerdotal), y por tanto es normal que en una religión pagana o en una cristiana o judía se denomine así en la lengua latina al sacerdote que es el cabeza principal de una religión.

En el siglo I, IV y VIII en Roma se hablaba latín, y en la Iglesia el latín es la lengua oficial hasta el día de hoy, así que no tiene sentido decir que sea extra bíblico utilizar una forma latina para designar ese cargo, porque eso es exactamente lo que el papa es, el jefe de los obispos. A pesar de ello es conveniente recordar que dicho título nunca ha sido ni es uno de los títulos oficiales del papa. Es a partir del Renacimiento, con su gusto renovado por la Roma clásica, cuando se hizo frecuente aplicar ese título a los papas de forma oficiosa, y así hasta el día de hoy.

Lo de que Constantino se hizo nombrar "Pontifex Maximus" en el Concilio de Nicea es otra de las muchas falsedades que circulan por todas partes en la actualidad y pretende sugerir que en Nicea el emperador se estableció como jefe principal (papa) de la Iglesia.

Los que esto argumentan exhiben un total desprecio o desconocimiento de la historia. El título de "Pontifex Maximus" comenzó siendo un título religioso del sumo sacerdote de Roma, pero ya el emperador Augusto lo asoció al cargo imperial en el siglo primero a.C., y desde Augusto hasta después de Constantino, todos los emperadores romanos, incluido Constantino, recibían el título de Pontifex Maximus como parte de sus títulos imperiales.

Fue en el año 382 cuando el emperador Graciano el Joven renunció al título imperial de Pontifex Maximus tras cuatro siglos de uso político. Por lo tanto el que Constantino tuviese el título de Pontifex Maximus no tiene nada que ver ni con Nicea ni con su supuesto interés por controlar a los obispos y su doctrina, sino que era parte de una antigua tradición de los emperadores romanos.

En cuanto a su uso por los papas es un asunto mucho más difuminado. Ya vimos en la cita anterior de Tertuliano que en el siglo III se aplica ese título al papa, aunque no consta que el papa lo usase. Algunos dicen que el primer papa en usarlo fue Dámaso I, a finales del IV, cuando el emperador Graciano lo abandonó. En tal caso el papa Dámaso no estaría asumiendo dicho título porque se consideraba heredero de los emperadores romanos (como muchos afirman hoy), ya que seguiría habiendo emperadores romanos hasta 100 años después (Rómulo Augústulo, 475-476), así que no hay en ese título ninguna intención de asumir el papel político de emperador, sino simplemente que al quedar ese título religioso desvinculado del poder político, la Iglesia puede utilizarlo de nuevo en su sentido original de "jefe de los jefes sacerdotales", o sea, "pontifex maximus" (no olvidemos que la gente sigue hablando latín), aunque como hemos dicho, no será hasta el Renacimiento cuando esa expresión empiece a usarse en la Iglesia con frecuencia.

¿Es el Nuevo Testamento un texto paganizado?

De todas las acusaciones de paganización que hemos visto en el texto que estamos comentando, ni una sola de ellas se sostiene en pie en cuanto la contrastamos con la historia. En ningún caso hemos visto ningún atentado contra la doctrina ni ningún rasgo que justifique la supuesta "paganización de la Iglesia", que es lo que el texto pretende demostrar, pero sí hemos visto el enorme desconocimiento histórico de quienes defienden esas ideas con medias verdades o falsedades completas.

Con ese tipo de razonamiento podríamos rizar el rizo y tachar al mismísimo Nuevo Testamento de ser un texto paganizado, pues en él vemos muchos ejemplos de cómo el autor ha tomado elementos de la cultura griega pagana para expresar las verdades de la fe. Por ejemplo:

En el Antiguo Testamento se llama al cielo "shammayim", que literalmente significa "los mares superiores", sin embargo en el Nuevo Testamento se sustituye esa expresión por la griega "ouranós", que significa, me temo que sí, "Urano", el dios pagano que personifica los cielos. ¿Claro ejemplo de cómo los evangelistas maliciosamente contaminaron de paganismo el mensaje de Jesús?

Pues incluso llegan a la tremenda blasfemia de que las palabras bíblicas originales que ponen en boca de Jesús cuando nos enseña a orar en Mateo 6:9 son estas: "Pater emon o en tois uranois" = Padre nuestro que estás en "el reino de Urano", una prueba clarísima, según este retorcido razonamiento, de que o bien Jesús era un pagano disfrazado o bien los evangelistas pervirtieron su mensaje paganizándolo.

Cuando Jesús habla del infierno, en varias ocasiones los evangelistas tienen el tremendo "desliz" de poner en boca de Jesús la palabra Hades, que como todos sabemos es el reino de los muertos en la mitología griega, el reino del dios Hades (por ejemplo en Lucas 10:15) ¿Puro paganismo?

La palabra "prosopon" significa "persona", pero procede del nombre de las máscaras que empleaban en sus ritos los adoradores de Proserpina. Lo más "blasfemo" de todo es que la Iglesia primitiva utilizó ese término para referirse a que Dios es tres "personas" y una esencia, tal como seguimos diciendo hoy católicos y protestantes.

Pero si eso nos parece pagano, peor está entonces que el propio Pablo lo use en la Biblia en 2 Corintios 4:6: (normalmente traducida como: la Gloria de Dios en la faz de Cristo, pero literalmente dice "en la persona de Cristo").

Según la mitología pagana, el Tártaros era la zona del reino de los muertos donde los malos sufrían tormento, pero el autor de la segunda epístola de Pedro utiliza esa misma palabra en el original griego cuando dice: "sino que los arrojó al infierno" (2 Pedro 2:4)

El mismo Jesús, cuando critica a los fariseos por ser falsos y fingir, les dedica la palabra "hipócritas", que significa "los que llevan el hipos", o sea, la máscara que usaban los actores paganos en el teatro griego. ¿No será que en realidad Jesús jamás usó tal término sino que lo introdujo Constantino en la Biblia para paganizar a Jesús?

Como vemos, la inculturación es un fenómeno natural de ayer y hoy y no tiene nada que ver con la doctrina. Ninguna secta actual de las que critican la inculturación de la Iglesia Católica va a sus servicios religiosos hablando griego o arameo, vistiendo túnicas palestinas del siglo I y luciendo luengas barbas.

Si cualquier rasgo de la Iglesia del s. IV que se asemeje a la cultura en la que vivía se puede considerar una perniciosa corrupción, entonces el mismo Nuevo Testamento debería ser acusado de mostrar contaminación pagana, pues abunda en elementos tomados de la cultura griega (y pagana) que le rodeaba. No podemos decir que si la inculturación aparece en el Nuevo Testamento está bien, pero si aparece fuera está mal y es un rasgo de paganización.

Es evidente que cuando se entra en la paranoia de buscar elementos paganos en la Iglesia, al final se puede llegar a la conclusión de que los hay por millares, pero con esa misma manera de razonar podríamos declarar pagano al Nuevo Testamento, como acabamos de ver, lo cual sería absurdo para cualquier creyente que acepte la Biblia como libro sagrado, incluidos los protestantes e incluso los para-protestantes. Estos razonamientos son un claro ejemplo de cómo a algunos les gusta dispararse en el pie y ni siquiera se dan cuenta.

Pero antes de terminar con ese texto veamos las dos últimas acusaciones que hacen al Concilio de Nicea.

La Iglesia original era simplemente una "comunidad de fieles"

La afirmación de ese texto de que los cristianos primitivos usaban "iglesia" solo en el sentido de comunidad de fieles y por tanto era una especie de unión espiritual, no una organización o grupo religioso, es sencillamente incorrecta. Los apóstoles no van predicando y convirtiendo a gente y luego dejando que cada uno viva la fe a su manera, o que se reúnan en asambleas para adorar a Dios y luego vuelvan a casa sin dejar de ser individuos aislados que se han juntado puntualmente para hacer algo, ni que cada grupo local fuera independiente de los demás. En el Nuevo Testamento vemos a los apóstoles hablar de que todos somos uno en Cristo, San Pablo dice que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, y parte de las epístolas están dirigidas a iglesias locales para animarlas o reprenderlas por haberse desviado de lo que todos en la Iglesia deben hacer o creer, y lo mismo vemos en el Apocalipsis.

El argumento de que las iglesias locales tenían autonomía (incluso doctrinal) no se puede defender usando los Evangelios, pues lo que pretenden los apóstoles es todo lo contrario, que todas las iglesias locales estén en armonía y no se aparten de la doctrina común, considerándolas todas partes geográficamente dispersas pero pertenecientes a una misma Iglesia, una sola Comunidad. Dicho de otra forma, el modelo de Iglesia que vemos ya en el Nuevo Testamento es más consistente con el modelo actual de la Iglesia Católica que con la forma de organización de las iglesias evangélicas y paraprotestantes.

Las iglesias locales (parroquias) nunca funcionaron autónomamente como si fueran asambleas independientes con solo cierta coordinación. En el Nuevo Testamento vemos cómo se comunican, se envían emisarios, se ayudan económicamente, y todo bajo la atenta supervisión de los apóstoles (como harían también sus emisarios y luego sucesores, los llamados en griego "obispos", o sea, "supervisores").

Y también en los documentos extra-bíblicos del siglo I y siguientes en todo momento nos muestran lo mismo: cristianos que son conscientes de pertenecer a la única y universal Iglesia de Cristo (a la que llaman καθολικὴ = "católica", o sea, "universal"), que además ya desde el mismo Nuevo Testamento vemos que está jerarquizada, que se organiza con presbíteros (o sea, sacerdotes, ver por ejemplo 1 timoteo 5:17-19), diáconos (1 Timoteo 3:8-10) y obispos (1 Timoteo 3:1-7), con los apóstoles en su cúspide.

Al principio no suelen ser los fieles los que eligen a sus líderes religiosos, sino los propios apóstoles quienes los ordenan y envían a la comunidad. Luego, en los casos en los que una iglesia local elige a un líder (presbítero, obispo, etc), tal cargo no tiene ningún efecto hasta que la persona elegida es refrendada y ordenada sacramentalmente por los obispos vecinos, lo que implica que forman todos parte de una misma estructura y una sola institución.

Una comunidad de fieles compuesta por meros individuos o por iglesias locales autónomas unidas solo por puros lazos espirituales no se organiza de la manera en que ya los mismos apóstoles la organizaron. Si esas iglesias hubieran sido autónomas sin duda habrían ejercido su autonomía nombrando y revocando a sus propios líderes y dirimiendo sus propias disputas internas, tal como hacen ahora las diferentes iglesias e incluso congregaciones individuales evangélicas.

Pero no es eso lo que vemos ni en el Nuevo Testamento ni en los documentos históricos del siglo I y posteriores. Jesús no fundó una Iglesia simbólica, fundó una Iglesia real, visible y tangible dirigida por los apóstoles, y tras su muerte, por los obispos, sucesores de los apóstoles. Tampoco fundó un conglomerado de iglesias coordinadas, sino una sola Iglesia con una sola estructura.

Cuando una Iglesia local se desviaba de la doctrina o las normas de los apóstoles, no vemos en las epístolas bíblicas expresiones de respeto ante el ejercicio de la autonomía local, sino duras críticas e incluso condenas por parte de los apóstoles hacia la comunidad que se ha salido de la norma, pidiendo su rectificación. Veamos un ejemplo especialmente claro en una epístola de San Pablo:

No es mi intención avergonzaros al escribiros todo esto. Sólo quiero corregiros como a hijos míos muy queridos. Porque maestros en la fe en Cristo Jesús podéis tenerlos a millares, pero padres, no; he sido yo quien os ha engendrado para la fe mediante el mensaje evangélico. Os ruego, pues, que sigáis mi ejemplo, para lo que os he enviado a Timoteo*, hijo mío muy querido y cristiano de fiar.

Él os recordará el estilo de vida que tengo yo como creyente en Cristo Jesús y que voy enseñando por doquier en cada iglesia. Pensando que no iré a visitaros, algunos han comenzado a envalentonarse. Pues bien, si Dios quiere, os haré pronto una visita, y entonces veremos si esos engreídos hacen tanto como dicen. Porque el reino de Dios no es cuestión de palabras, sino de eficacia. ¿Qué preferís: que vaya vara en mano o con espíritu de amor y suavidad? (1 Corintios 4 14-21)

*Según el Nuevo Testamento, este Timoteo fue nombrado supervisor (obispo) de varias iglesias en distintas ocasiones, como vemos aquí que es enviado a la de Corinto. Finalmente será nombrado obispo de Éfeso por San Pablo para supervisar a aquella iglesia y evitar que la herejía les contaminase, y para que organizase la iglesia de esa ciudad mediante el nombramiento de presbíteros y diáconos, con poder por encima de todos ellos (ver la primera epístola a Timoteo). La iglesia de Éfeso no elige a su líder, sino que lo elige San Pablo y lo envía allá, siendo que Timoteo ni siquiera era miembro de aquella iglesia local.

Quienes critican la uniformidad y la autoridad que reinan en la Iglesia Católica como opuestas al carácter plural, autónomo y asambleario de algunas iglesias localistas (especialmente evangélicas y paraprotestantes) tendrán serios problemas para explicar la actitud que San Pablo muestra aquí ante una iglesia local que se encuentra dividida y parece querer seguir su propio camino.

Se puede defender un funcionamiento más asambleario dentro de la Iglesia Católica en consonancia con la mentalidad de los tiempos, pero no se puede defender la autonomía de las iglesias locales como asambleas independientes o la Iglesia como mera comunidad espiritual sin organización humana, porque esos conceptos no forman parte ni de la Tradición ni del Nuevo Testamento.

En el Concilio de Nicea se descalificaron decenas de evangelios

Algunos llegan a dar la cifra de 266 evangelios eliminados y decir que tras el concilio "decenas de miles" de cristianos fueron asesinados por poseer alguna copia de ellos. No sé si las fuentes serán de nuevo la novela del Código Da Vinci pero en el Concilio de Nicea no se trató el tema del canon bíblico. Los actuales libros del Nuevo Testamento eran de facto reconocidos como inspirados por todas las iglesias locales (aunque había alguna epístola y el Apocalipsis que eran reconocidos en la mayoría pero no en todas) por eso se confirmaron de iure como parte del canon bíblico pero no en Nicea, sino ya después de Constantino.

La mayoría de los evangelios no inspirados (que hoy llamamos apócrifos) no solo no fueron destruidos sino que se siguieron leyendo en muchas iglesias aunque no se considerasen libros inspirados, pero sí inspirantes. No fue hasta el Concilio de Trento (s. XVI) cuando se desaconsejó su uso en servicios religiosos.

Decir que se mató a decenas de miles de cristianos por poseer esos libros es desconocer la historia. Los únicos libros declarados heréticos por este concilio fueron los libros arrianos, que no eran evangelios sino escritos doctrinales, y esos sí fueron quemados tras el concilio y, tristemente, el emperador decretó pena capital para quien conservara dichos libros, pero no tenemos constancia de que se produjeran cientos ni miles ni mucho menos decenas de miles de muertes.

En realidad el propio Constantino suavizó sus órdenes solo tres meses después del concilio y acabó incluso simpatizando con los arrianos y atacando a los obispos ortodoxos, o sea, católicos (¿también asesinó a decenas de miles de ellos?). El propio autor, Arrio, fue excomulgado por la Iglesia y exiliado por el emperador, pero no ejecutado, y años más tarde sería readmitido y exiliado, y readmitido según las presiones que recibía el emperador (personalmente empeñado en devolverle su sede), aunque la Iglesia mantuvo siempre su excomunión.

A finales de siglo, año 382, en el Concilio de Roma, el papa Dámaso I declara al final de ese nuevo concilio la lista de los libros que desde entonces serán considerados oficialmente los inspirados. No fue una elección por capricho, sino que allí se debatió qué libros eran los más universalmente aceptados en toda la Iglesia, rechazando aquellos que eran aceptados solo en zonas locales.

Rechazar esta declaración papal, considerada infalible, causaría a los protestantes de cualquier rama un enorme conflicto, pues es en esos libros reconocidos por la Iglesia Católica donde los protestantes afirman que se encuentra la única y absoluta verdad (los protestantes aceptan todo el canon del Nuevo Testamento sancionado en este concilio católico).

El concilio católico sirvió para zanjar la polémica que rodeaba a varios libros. El libro más conflictivo fue el Apocalipsis de San Juan, cuya inclusión encontró cierta oposición en algunas iglesias orientales hasta el siglo IX*, y que el mismo Lutero quiso excluir de la Biblia (junto con la epístola de Santiago) sin conseguirlo.

Si el papa y su concilio hubieran decidido que el Apocalipsis no es un libro inspirado, muchos protestantes se quedarían sin su libro favorito, e incluso algunas iglesias protestantes perderían totalmente su razón de ser, incluidos mormones y testigos de Jehová. El Nuevo Testamento protestante es el que el papa Dámaso I refrendó, y ni siquiera Lutero logró modificar ese canon católico, a pesar de que lo intentó repetidas veces. Está claro que los protestantes también son, a su modo, herederos de la Tradición de la Iglesia Católica.

*Uno de los obispos que se opuso a incluir el Apocalipsis en el canon bíblico fue San Juan Crisóstomo, padre de la Iglesia, y lo hacían porque advertían de que interpretar este libro era tan difícil que existía el peligro de que en el futuro se hicieran interpretaciones imprevisibles e incluso peligrosas sobre su verdadero mensaje.

Hoy en día podemos comprobar cómo sus temores eran fundados, y muchas comunidades cristianas o para-cristianas basan buena parte de su razón de ser en interpretaciones extrañas e incluso extravagantes del Apocalipsis, como la creencia en el Gran Rapto o en que el mundo está a punto de terminar, por no mencionar la cantidad de anticristos señalados con el dedo en los últimos siglos o la creencia de algunos de que la batalla entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal será una batalla real con ejércitos.

El otro gran mito de que fue aquí, en este concilio de Nicea, donde se declararon falsos los evangelios gnósticos resulta casi absurdo. El gnosticismo fue una herejía más antigua que surgió ya en tiempos del apóstol San Juan. La Iglesia desde los tiempos apostólicos ya consideró herejía al gnosticismo, y por tanto los únicos que consideraban verdaderos los evangelios gnósticos fueron ellos mismos, los gnósticos.

La Iglesia nunca tuvo que declarar que los libros sagrados de los herejes eran heréticos, porque sería una redundancia. Al contrario de lo que algunos dicen, el gnosticismo nunca fue considerado una forma más de cristianismo. Si una simple idea cambiada podía suponer la declaración de herético en Oriente, imagínense el gnosticismo que cambiaba casi todo. La herejía que Nicea quería combatir era el arrianismo, el gnosticismo ya se consideraba un peligro del pasado, aunque no había muerto del todo.

4. La Iglesia surgida del Concilio de Nicea 3/4

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Vamos a dedicar estos artículo a analizar las acusaciones más comunes en este sentido y ver cuánto fundamento hay en ellas.

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Esta es la parte segunda de un artículo dividido en cuatro partes en el que se analiza en particular la veracidad de las acusaciones vertidas en un artículo publicado en Internet. Si no ha leído la primera parte puede hacerlo aquí: Parte 1, allí encontrará también el mencionado artículo, que no es más que un ejemplo de lo que se suele decir sobre el tema.

Analizaremos ahora los puntos 6 al 10.

1- La liturgia católica
2- Dedicar un templo a un santo
3- Introducción de cánticos
4- Quema de incienso
5- Lámpara de aceite y velas
6- Utilización del agua bendita
7- El anillo de bodas
8- Fiestas religiosas
9- Vestimentas sacerdotales
10- La mitra

11- Constantino como "obispo de los obispos"
12- El papa como Sumo Pontífice
13- ¿Es el Nuevo Testamento un texto paganizado?
15- Descatalogación y quema de evangelios

Utilización del agua bendita

El texto que citamos en la Parte 1 de esta serie consideraba la costumbre católica de rociar con agua bendita algo tan sumamente pagano que llega a calificar al catolicismo como "paganismo rociado con agua". Algunos dicen que el agua bendita se empezó a usar con Nicea, otros dicen que empezó en el año 850, pero lo cierto es que siempre se usó. No era este un elemento extraño introducido como novedad en el cristianismo, la propia Biblia nos muestra en repetidas ocasiones que el agua puede transmitir purificación y bendición. El agua bendita es un símbolo del agua viva de la que habla la Biblia (Ez 36,25-27: "Os rociaré con agua pura…").

En las Escrituras, el agua se usa para limpiar, purificar y sanar. Así, por ejemplo, en Éxodo 23:25 («Vosotros daréis culto a Yahveh, vuestro Dios, yo bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré de ti las enfermedades»), en Números 5:17 («Luego echará el sacerdote un poco de agua santa en un vaso de barro, y tomando del polvo que haya en el suelo del Tabernáculo, lo mezclará con el agua») y en Reyes 5:14 («Descendió entonces Naamán y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios, y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio»), entre muchos otros pasajes de la Biblia.

El bendecir a personas, lugares y cosas tampoco es innovación católica, es práctica frecuente en el Antiguo y Nuevo Testamento, el mismo Jesús bendice el pan, a los apóstoles, a los niños, etc. Utilizar el agua como instrumento para transmitir esa bendición es simplemente un medio, igual que la imposición de manos, pero un medio refrendado por la cultura bíblica; empezando por el propio bautismo, donde el agua también es instrumento para transmitir la bendición del Espíritu Santo, y muchas veces aparece en la Biblia como instrumento de purificación, como cuando se les ordena a Aarón y sus hijos purificarse con agua (Éxodo 29:4) y así harán todos los sacerdotes israelitas en adelante.

Si al agua bendita se le puede añadir un poco de sal no es maleficio pagano, es precisamente para asemejarla a la muy salada agua del Mar Muerto en Palestina, pero el mismo Eliseo echa sal en el agua para purificarla (Eliseo fue hacia los manantiales de las aguas, echó dentro la sal y dijo: Así ha dicho el Señor: "Yo sané estas aguas, ya no habrá en ellas muerte ni enfermedad". Y fueron saneadas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que pronunció Eliseo. 2 Reyes 2:21-22).

Además, tampoco es esta una innovación de Nicea, ya en el siglo II tenemos constancia documental de la costumbre de bendecir el agua antes de celebrar un bautismo (Tertuliano De Bap IV col 1203) y en el siglo III San Cipriano nos dice: "Oportet ergo mundari et sanctificari aquam prius a sacerdote", o sea, "Por lo tanto el agua debe ser antes purificada y bendecida por el sacerdote" (5º Conc. de Cartago; cf Cabrol, Monumenta Ecclesiae liturgica I. p. 2340.2349).

Bendecir y rociar con agua son también elementos de la tradición judía. La Mishnáh (Parah) y el Talmud jerosolimitano (Berakhot IV,1; Sota II,1) ofrecen enseñanzas sobre los ritos de la aspersión y el uso del agua lustral: la aspersión, que debía realizarla un sacerdote, se hacía dando siete golpes diversos sobre el objeto que se deseaba purificar. En la Biblia vemos que el hecho mismo de tomar el agua pura y hacerla pasar por las cenizas era suficiente para su bendición (Num 19,9), y también hay ejemplos de cómo bendecir lugares y objetos rociando con sangre, como los cuernos del Altar.

Si bendecir el agua y tener sacerdotes son rasgos paganos como dicen algunos, entonces la Iglesia ya era bien pagana antes de Nicea, y la misma Biblia quedaría en entredicho pues el antiguo judaísmo mismo sería, según su vara de medir, una religión pagana. Y para los que afirman que el hisopo con el que el sacerdote esparce el agua bendita es un artilugio sacado de la religión egipcia, bastará con recordarles las palabras del rey David en su famoso miserere:

Purifícame con el hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. (Salmo 51:9)

El hisopo era una planta, y se utilizaba para rociar algo con sangre o agua en los ritos de purificación. Los sacerdotes hebreos rociaban personas, casas, objetos, lugares, del mismo modo que los sacerdotes católicos siguen haciendo hoy en día. El sacerdote católico también hoy utiliza a veces una planta o incluso una flor como hisopo para esparcir el agua bendita, pero lo que hoy llamamos "hisopo" suele ser una vara terminada en esfera, artilugio metálico que realiza más cómodamente la misma función que la planta usada por los hebreos (rociar líquido), por eso mantiene su mismo nombre.

Si el cristianismo sustituyó totalmente la frecuente aspersión con sangre por la también bíblica aspersión con agua es algo que hay que agradecer, pero tampoco es un invento católico; en el Nuevo Testamento vemos cómo a todos los niveles la sangre ritual del judaísmo pasa a convertirse en una metáfora con excepción del sacrificio de Jesús, y la purificación pasa exclusivamente al agua, como prueba el mismo bautismo ya desde Juan.

Todavía les quedaría a los protestantes el dudoso recurso de decir que rociar agua bendita con una planta de hisopo podría ser bíblico, pero que hacerlo con un instrumento metálico no es bíblico.

Pobre y gratuito razonamiento sería ese que confunde el fondo con la forma, similar al de confundir la llama con la vela, pero incluso ese argumento es refutado por la misma Biblia, pues cuando Salomón construye el Templo de Dios en sustitución a la tienda del Tabernáculo, igualmente manda hacer hisopos de metal en sustitución al ramillete vegetal usado en la época del desierto:

"las ollas, las palas y los aspersorios. Todos esos objetos que hizo Jiram para el rey Salomón, en la Casa del Señor, eran de bronce bruñido." (1 Reyes 7:45)

La palabra aquí traducida como "aspersorios", muchas veces se traduce por "vasos" porque no conocemos su forma, pero fuere como fuere su forma, su uso para rociar con agua bendita parece claro si tenemos en cuenta la raíz de la palabra original "mizraq", que deriva de la palabra "zaraq", que significa "rociar (con líquido)", por tanto estos recipientes metálicos del Templo no tenían forma de vaso, sino alguna forma que les permitía rociar con ellos para bendecir, pues esa era su función.

Una vez más hay que recordar que una cosa es encontrar algún tipo de paralelismos en otras religiones y otra cosa es afirmar que el origen de ciertos elementos católicos está en otras religiones no bíblicas. El razonamiento de quienes consideran el agua bendita un elemento pagano es el mismo que el de quienes consideran que la resurrección de Jesús es un invento posterior basado en la resurrección de Osiris, entre otros dioses paganos.

Similitud no presupone origen, y tal como hemos visto, el uso del agua bendita es un elemento bíblico que desgraciadamente se ha perdido en el protestantismo pero que se mantiene como siempre en las Iglesia Católica y Ortodoxa.

El anillo de bodas

Llegamos por fin a un elemento indiscutiblemente pagano, pues el intercambio de anillos como parte del ceremonial de bodas es de origen romano y no existe en la tradición bíblica. También los judíos del siglo I usaban a veces los anillos por influencia romana, y no lo consideraron una contaminación de su religión, pues solo es un elemento formal.

Sí podría quizá considerarse contaminación de la doctrina cristiana si el intercambio de anillos fuese un elemento intrínseco del sacramento del matrimonio, pero en el catolicismo no se considera que los anillos sean parte del sacramento, sino un ritual asociado a él. Si dos personas se casan sin anillos el sacramento es igualmente válido porque los anillos no son un signo, una vía de transmisión del sacramento al modo en que sí lo es el agua en el bautizo, sino una metáfora, como las arras.

Por tanto, los anillos en el sacramento del matrimonio se pueden comparar al "tradicional" vestido blanco de novia y el ramillete de flores. Si en una boda suprimimos los anillos y las cámaras de fotos, el sacramento permanece inalterado porque no son elementos sacramentales, sino accesorios. Otra vez confundiendo las formas con el contenido.

Fijación de fiestas religiosas y procesionales

Un hecho religioso se puede celebrar cualquier día, da igual cuándo. El único día cuya fecha tenía significación precisa era la Pascua de Resurrección, porque era una fiesta del calendario judío y la Biblia prescribía cuándo debía celebrarse, y esa fecha no se tocó en Nicea ni en tiempos de Constantino (aunque hubo y hay diferentes opiniones de cuál sería la fecha actual más equivalente a la fecha bíblica para adaptar el calendario solar-lunar judío al solar cristiano).

La otra fiesta heredada del calendario judío, Pentecostés, debía ser automáticamente 50 días posterior a la Pascua, como su propio nombre indica, y así la mantiene la Iglesia Católica. También casi todas las fiestas principales (lo que hoy llamamos fiestas móviles) están fijadas con respecto a la fecha de Pascua (tantos días después de Pascua), y las fiestas que conmemoran a un santo se celebran en el día de su muerte, porque es el día en el que nacen en el Paraíso (excepto Juan Bautista que también se celebra el día de su nacimiento). Por tanto la mayoría del calendario festivo cristiano no tiene nada que ver con el pagano.

En cuanto al día de Navidad, si no sabían qué día del año había nacido Jesús, cuando varios siglos después decidieron celebrar su nacimiento cualquier día les venía bien, no era un asunto doctrinal sino práctico. Ponerlo en el día del nacimiento del Sol Invicto más que paganización supone, al contrario, la cristianización de un festival pagano muy popular (un gran golpe de efecto) y de paso presentaban a Jesús como el verdadero Sol Invicto.

Además la Iglesia vio esta fecha como la que podía aportar el símbolo perfecto para la encarnación de Dios, pues el 25 de diciembre en el hemisferio norte es la fecha en que por primera vez que la luz empieza a ganar tiempo a las sombras de la noche (los días alargan), simbolizando que la llegada de Jesús supuso el triunfo de la luz sobre las tinieblas. No comprendo qué se puede ver de malo en que los cristianos decidieran elegir un día para alegrarse y festejar el gran acontecimiento que recuerda el momento en el que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

¿Pero qué más da cuándo se celebre una fiesta? Es de nuevo un asunto de formas, no de doctrina. La Iglesia empezó a situar algunas fiestas cristianas en fechas de fiestas paganas como una manera (que resultó muy efectiva) de cristianizar esas fiestas. Las fiestas tradicionales son costumbres muy arraigadas (y más antes) muy difíciles de eliminar, en vez de prohibirlas era mucho más sencillo y más sabio poner en su lugar una fiesta cristiana.

Esa táctica no es algo criticable, sino elogiable por su eficacia. El mismo sistema exitoso se está llevando a cabo hoy en día para paganizar de nuevo la sociedad en algunos países, colocando fiestas paganas en días de fiesta cristiana: las brujas y zombies de Halloween sustituyendo a la fiesta del Día de los Difuntos, los conejitos de Pascua sustituyendo a la Pasión de Jesús, Santa Claus sustituyendo al nacimiento de Jesús, etc.

La utilización de prendas y vestimentas sacerdotales suntuosas

La suntuosidad, del tipo que sea, es un rasgo perfectamente criticable dentro de cualquier iglesia, pero tampoco afecta la doctrina. De todas formas esa suntuosidad en todo caso parecería más propia de los obispos (si así fuera), porque los sacerdotes en su mayoría eran gente común y corriente y, al contrario que los obispos tras Nicea, no recibían un sueldo del emperador.

Sería en la Edad Media cuando obispos y sacerdotes empiecen a mostrar más ostentación en la vestimenta litúrgica, algo que se simplificó de nuevo tras Vaticano II. Y en cuanto a las ropas en sí, criticar los nuevos ropajes de los sacerdotes es el mismo caso que criticar el vestido de novia.

Ante esto los evangélicos suelen decir que el problema católico no es solo el hecho en sí de tener ciertas vestimentas reglamentadas, sino sobre todo el hecho de considerar esas vestimentas sagradas. Pero tener vestimentas "sagradas" (en el sentido de dedicadas en exclusiva para uso en ceremonias sacras) es un rasgo no solo del paganismo sino también del judaísmo y de casi todas las religiones.

En la Biblia tenemos a Dios dando instrucciones detalladas a Moisés sobre qué tipo de vestimenta deben usar los sacerdotes (Éxodo 28), por lo que de nuevo estamos ante un asunto sagrado, no meramente utilitario; es el mismo Dios quien dice "Harás vestiduras sagradas para Aarón, tu hermano, que muestren el honor y la dignidad de su función sacerdotal" (Éxodo 28:2). Una vez más nos encontramos que la Iglesia Católica es criticada y acusada de pagana por seguir obedeciendo los designios del Dios bíblico.

Sin embargo las vestimentas litúrgicas de la Iglesia no se derivaron de lo establecido en la ley mosaica, sino de la ropa normal (túnica talar) que usaba la gente honrada de Grecia y Roma en tiempos de la difusión del cristianismo. En el siglo I, pues, no había ropas con un diseño específico para oficiar, pero sí que el oficiante solía usar su mejor túnica para ello y la reservaba a tal fin, así que incluso entonces podemos hablar de "vestimentas sagradas" en el uso cristiano.

Cuando llegó la paz de Constantino y la Iglesia salió de la clandestinidad, se fijó exactamente qué modelo de túnica talar debía ser usado por los sacerdotes (algo en lo que Constantino no tuvo nada que ganar ni nada que ver). Será más tarde, en el siglo VI, al cambiar la moda, cuando empezará a notarse una marcada diferencia entre la manera de vestir de los sacerdotes, que sigue igual que siempre, y la del resto de la gente, que va a la nueva moda.

Las vestiduras sacerdotales actuales son, en gran medida, la manera normal de vestir de los hombres de la Roma y Grecia clásica, igual que los pastores evangélicos actuales suelen vestir con ropa occidental moderna y no por ello consideran que están contaminando su religión. Bueno es recordar que, al igual que comentamos con los anillos de boda, un sacerdote católico puede oficiar misa e impartir sacramentos sin necesidad de tener las vestiduras reglamentarias.

Debemos recalcar, una vez más, que cuando decimos que un objeto es "sagrado", tanto católicos como la Biblia queremos decir que ese objeto está "apartado" o "reservado" para ser usado en el culto a Dios, no que el objeto en sí tenga propiedades "mágicas" o "poderes divinos".

Si utilizásemos una vestidura sacerdotal sagrada para disfrazarnos en carnavales estaríamos cometiendo una profanación porque una vez hemos reservado algo para Dios, darle un uso pagano es desacralizarlo, profanarlo, es como robarle a Dios algo que teníamos a él consagrado en exclusiva, es como si entran en mi casa y se llevan sin mi permiso mi ordenador para "jugar a las casitas" en la calle, y en eso la Iglesia Católica mantiene el mismo concepto que vemos en la Biblia ante situaciones semejantes: una vez hemos apartado algo para Dios o su culto, solo para él queda reservado su uso: se convierte en algo sagrado.

La mitra

En cuanto a la famosa mitra episcopal, que desde El Código Da Vinci se ha convertido en uno de los símbolos de la paganización católica, hay que comentar que no procede del gorro frigio de los sacerdotes mitraicos, aunque tampoco importaría nada que ese fuera su origen porque no es más que un accesorio de las vestimentas episcopales.

La mitra en la Iglesia Oriental es ovoide y tiene su origen en unos antiguos gorros bizantinos (el camelauco) usados por oficiales de la corte imperial, y la mitra en la Iglesia Occidental es triangular y algunos dicen, sin razón, que pudiera tener su origen en unos gorros de sacerdotes romanos paganos, aunque viendo una y otros parece que lo único que tienen en común es que se llevaban sobre la cabeza (los gorros sacerdotales romanos se parecían más al gorro de lana peruano que a otra cosa).

El Código Da Vinci dice que la mitra es copia del gorro sacerdotal de los mitraicos (adoradores del dios Mitra), y que lo demuestra su propio nombre: "mitra". Esto es recurrir a lo aparentemente obvio sin molestarse en investigar. La palabra "mitra", en el sentido de tocado, no tiene nada que ver con el dios Mitra. Aparece por primera vez en el idioma griego. Homero la utiliza en el sentido de una especie de fajín que rodea la cintura. Por analogía, cuando el "fajín" se usa en la cabeza (una banda de tela para el pelo) se llamará igualmente "mitra".

Heródoto usa esa palabra griega cuando intenta describir un tocado de tela usado por las mujeres babilónicas de su época. Del mismo modo un griego podía usar la palabra "mitra" para describir el gorro sacerdotal de los sacerdotes judíos (el mitznefet) o de cualquier otro sacerdote o el de un simple campesino. Por tanto "mitra" en el griego de los primeros siglos de nuestra era equivale más bien a la palabra española "gorro". El gorro que empiezan a usar los obispos cristianos se llamará igualmente mitra, al igual que otros gorros, y la palabra pasará más tarde al latín ya en el sentido especializado de "tocado usado por los obispos".

En los primeros siglos no se usa una mitra como parte de la indumentaria eclesial. Los sacerdotes, obispos o gente normal usaban a veces diversos tipos de gorro para protegerse la cabeza, pero nunca con sentido litúrgico. En algún momento se incorporó el gorro a las vestimentas episcopales y la primera constancia que tenemos de un obispo en vestiduras clericales usando gorro (llamado "mitra", o sea, "gorro") es en dos miniaturas de mediados del siglo XI. Parece que a mediados del siglo X se empezó a conceder a algunos obispos el "privilegio" de llevar gorro.

Hasta casi el siglo XII no se generalizó este uso a todos los obispos, al menos en Occidente. Por tanto no hay ningún motivo para derivar la mitra cristiana de los tocados sacerdotales paganos, porque cuando la mitra se introduce en el cristianismo hacía siglos que el paganismo clásico había desaparecido. Y desde luego tampoco esta vez podemos culpar al pobre Constantino de haberlo impuesto. Sin embargo sí sería posible suponer que si los obispos católicos y ortodoxos terminaron por añadir un tocado a sus vestimentas fue más bien por influencia de las "mitras" usadas por los sacerdotes del Templo de Jerusalén, lo cual, a alguien acostumbrado a leer la Biblia, acaba por resultar un complemento muy apropiado en quien tiene que oficiar ante Dios.

3. La Iglesia surgida del Concilio de Nicea 2/4

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Vamos a dedicar estos artículo a analizar las acusaciones más comunes en este sentido y ver cuánto fundamento hay en ellas.

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Esta es la parte segunda de un artículo dividido en cuatro partes en el que se analiza en particular la veracidad de las acusaciones vertidas en un artículo publicado en Internet. Si no ha leído la primera parte puede hacerlo aquí: Parte 1, allí encontrará también el mencionado artículo, que no es más que un ejemplo de lo que se suele decir sobre el tema.

Analizaremos ahora los puntos 6 al 10.

1- La liturgia católica
2- Dedicar un templo a un santo
3- Introducción de cánticos
4- Quema de incienso
5- Lámpara de aceite y velas
6- Utilización del agua bendita
7- El anillo de bodas
8- Fiestas religiosas
9- Vestimentas sacerdotales
10- La mitra

11- Constantino como "obispo de los obispos"
12- El papa como Sumo Pontífice
13- ¿Es el Nuevo Testamento un texto paganizado?
15- Descatalogación y quema de evangelios

Utilización del agua bendita

El texto que citamos en la Parte 1 de esta serie consideraba la costumbre católica de rociar con agua bendita algo tan sumamente pagano que llega a calificar al catolicismo como "paganismo rociado con agua". Algunos dicen que el agua bendita se empezó a usar con Nicea, otros dicen que empezó en el año 850, pero lo cierto es que siempre se usó. No era este un elemento extraño introducido como novedad en el cristianismo, la propia Biblia nos muestra en repetidas ocasiones que el agua puede transmitir purificación y bendición.

El agua bendita es un símbolo del agua viva de la que habla la Biblia (Ez 36,25-27: "Os rociaré con agua pura…"). En las Escrituras, el agua se usa para limpiar, purificar y sanar. Así, por ejemplo, en Éxodo 23:25 («Vosotros daréis culto a Yahveh, vuestro Dios, yo bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré de ti las enfermedades»), en Números 5:17 («Luego echará el sacerdote un poco de agua santa en un vaso de barro, y tomando del polvo que haya en el suelo del Tabernáculo, lo mezclará con el agua») y en Reyes 5:14 («Descendió entonces Naamán y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios, y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio»), entre muchos otros pasajes de la Biblia.

El bendecir a personas, lugares y cosas tampoco es innovación católica, es práctica frecuente en el Antiguo y Nuevo Testamento, el mismo Jesús bendice el pan, a los apóstoles, a los niños, etc. Utilizar el agua como instrumento para transmitir esa bendición es simplemente un medio, igual que la imposición de manos, pero un medio refrendado por la cultura bíblica; empezando por el propio bautismo, donde el agua también es instrumento para transmitir la bendición del Espíritu Santo, y muchas veces aparece en la Biblia como instrumento de purificación, como cuando se les ordena a Aarón y sus hijos purificarse con agua (Éxodo 29:4) y así harán todos los sacerdotes israelitas en adelante.

Si al agua bendita se le puede añadir un poco de sal no es maleficio pagano, es precisamente para asemejarla a la muy salada agua del Mar Muerto en Palestina, pero el mismo Eliseo echa sal en el agua para purificarla (Eliseo fue hacia los manantiales de las aguas, echó dentro la sal y dijo: Así ha dicho el Señor: "Yo sané estas aguas, ya no habrá en ellas muerte ni enfermedad". Y fueron saneadas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que pronunció Eliseo. 2 Reyes 2:21-22).

Además, tampoco es esta una innovación de Nicea, ya en el siglo II tenemos constancia documental de la costumbre de bendecir el agua antes de celebrar un bautismo (Tertuliano De Bap IV col 1203) y en el siglo III San Cipriano nos dice: "Oportet ergo mundari et sanctificari aquam prius a sacerdote", o sea, "Por lo tanto el agua debe ser antes purificada y bendecida por el sacerdote" (5º Conc. de Cartago; cf Cabrol, Monumenta Ecclesiae liturgica I. p. 2340.2349).

Bendecir y rociar con agua son también elementos de la tradición judía. La Mishnáh (Parah) y el Talmud jerosolimitano (Berakhot IV,1; Sota II,1) ofrecen enseñanzas sobre los ritos de la aspersión y el uso del agua lustral: la aspersión, que debía realizarla un sacerdote, se hacía dando siete golpes diversos sobre el objeto que se deseaba purificar.

En la Biblia vemos que el hecho mismo de tomar el agua pura y hacerla pasar por las cenizas era suficiente para su bendición (Num 19,9), y también hay ejemplos de cómo bendecir lugares y objetos rociando con sangre, como los cuernos del Altar.

Si bendecir el agua y tener sacerdotes son rasgos paganos como dicen algunos, entonces la Iglesia ya era bien pagana antes de Nicea, y la misma Biblia quedaría en entredicho pues el antiguo judaísmo mismo sería, según su vara de medir, una religión pagana. Y para los que afirman que el hisopo con el que el sacerdote esparce el agua bendita es un artilugio sacado de la religión egipcia, bastará con recordarles las palabras del rey David en su famoso miserere:

Purifícame con el hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. (Salmo 51:9)

El hisopo era una planta, y se utilizaba para rociar algo con sangre o agua en los ritos de purificación. Los sacerdotes hebreos rociaban personas, casas, objetos, lugares, del mismo modo que los sacerdotes católicos siguen haciendo hoy en día.

El sacerdote católico también hoy utiliza a veces una planta o incluso una flor como hisopo para esparcir el agua bendita, pero lo que hoy llamamos "hisopo" suele ser una vara terminada en esfera, artilugio metálico que realiza más cómodamente la misma función que la planta usada por los hebreos (rociar líquido), por eso mantiene su mismo nombre.

Si el cristianismo sustituyó totalmente la frecuente aspersión con sangre por la también bíblica aspersión con agua es algo que hay que agradecer, pero tampoco es un invento católico; en el Nuevo Testamento vemos cómo a todos los niveles la sangre ritual del judaísmo pasa a convertirse en una metáfora con excepción del sacrificio de Jesús, y la purificación pasa exclusivamente al agua, como prueba el mismo bautismo ya desde Juan.

Todavía les quedaría a los protestantes el dudoso recurso de decir que rociar agua bendita con una planta de hisopo podría ser bíblico, pero que hacerlo con un instrumento metálico no es bíblico.

Pobre y gratuito razonamiento sería ese que confunde el fondo con la forma, similar al de confundir la llama con la vela, pero incluso ese argumento es refutado por la misma Biblia, pues cuando Salomón construye el Templo de Dios en sustitución a la tienda del Tabernáculo, igualmente manda hacer hisopos de metal en sustitución al ramillete vegetal usado en la época del desierto:

"las ollas, las palas y los aspersorios. Todos esos objetos que hizo Jiram para el rey Salomón, en la Casa del Señor, eran de bronce bruñido." (1 Reyes 7:45)

La palabra aquí traducida como "aspersorios", muchas veces se traduce por "vasos" porque no conocemos su forma, pero fuere como fuere su forma, su uso para rociar con agua bendita parece claro si tenemos en cuenta la raíz de la palabra original "mizraq", que deriva de la palabra "zaraq", que significa "rociar (con líquido)", por tanto estos recipientes metálicos del Templo no tenían forma de vaso, sino alguna forma que les permitía rociar con ellos para bendecir, pues esa era su función.

Una vez más hay que recordar que una cosa es encontrar algún tipo de paralelismos en otras religiones y otra cosa es afirmar que el origen de ciertos elementos católicos está en otras religiones no bíblicas. El razonamiento de quienes consideran el agua bendita un elemento pagano es el mismo que el de quienes consideran que la resurrección de Jesús es un invento posterior basado en la resurrección de Osiris, entre otros dioses paganos.

Similitud no presupone origen, y tal como hemos visto, el uso del agua bendita es un elemento bíblico que desgraciadamente se ha perdido en el protestantismo pero que se mantiene como siempre en las Iglesia Católica y Ortodoxa.

El anillo de bodas

Llegamos por fin a un elemento indiscutiblemente pagano, pues el intercambio de anillos como parte del ceremonial de bodas es de origen romano y no existe en la tradición bíblica. También los judíos del siglo I usaban a veces los anillos por influencia romana, y no lo consideraron una contaminación de su religión, pues solo es un elemento formal. Sí podría quizá considerarse contaminación de la doctrina cristiana si el intercambio de anillos fuese un elemento intrínseco del sacramento del matrimonio, pero en el catolicismo no se considera que los anillos sean parte del sacramento, sino un ritual asociado a él.

Si dos personas se casan sin anillos el sacramento es igualmente válido porque los anillos no son un signo, una vía de transmisión del sacramento al modo en que sí lo es el agua en el bautizo, sino una metáfora, como las arras. Por tanto, los anillos en el sacramento del matrimonio se pueden comparar al "tradicional" vestido blanco de novia y el ramillete de flores. Si en una boda suprimimos los anillos y las cámaras de fotos, el sacramento permanece inalterado porque no son elementos sacramentales, sino accesorios. Otra vez confundiendo las formas con el contenido.

Fijación de fiestas religiosas y procesionales

Un hecho religioso se puede celebrar cualquier día, da igual cuándo. El único día cuya fecha tenía significación precisa era la Pascua de Resurrección, porque era una fiesta del calendario judío y la Biblia prescribía cuándo debía celebrarse, y esa fecha no se tocó en Nicea ni en tiempos de Constantino (aunque hubo y hay diferentes opiniones de cuál sería la fecha actual más equivalente a la fecha bíblica para adaptar el calendario solar-lunar judío al solar cristiano). La otra fiesta heredada del calendario judío, Pentecostés, debía ser automáticamente 50 días posterior a la Pascua, como su propio nombre indica, y así la mantiene la Iglesia Católica.

También casi todas las fiestas principales (lo que hoy llamamos fiestas móviles) están fijadas con respecto a la fecha de Pascua (tantos días después de Pascua), y las fiestas que conmemoran a un santo se celebran en el día de su muerte, porque es el día en el que nacen en el Paraíso (excepto Juan Bautista que también se celebra el día de su nacimiento). Por tanto la mayoría del calendario festivo cristiano no tiene nada que ver con el pagano.

En cuanto al día de Navidad, si no sabían qué día del año había nacido Jesús, cuando varios siglos después decidieron celebrar su nacimiento cualquier día les venía bien, no era un asunto doctrinal sino práctico. Ponerlo en el día del nacimiento del Sol Invicto más que paganización supone, al contrario, la cristianización de un festival pagano muy popular (un gran golpe de efecto) y de paso presentaban a Jesús como el verdadero Sol Invicto.

Además la Iglesia vio esta fecha como la que podía aportar el símbolo perfecto para la encarnación de Dios, pues el 25 de diciembre en el hemisferio norte es la fecha en que por primera vez que la luz empieza a ganar tiempo a las sombras de la noche (los días alargan), simbolizando que la llegada de Jesús supuso el triunfo de la luz sobre las tinieblas. No comprendo qué se puede ver de malo en que los cristianos decidieran elegir un día para alegrarse y festejar el gran acontecimiento que recuerda el momento en el que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

¿Pero qué más da cuándo se celebre una fiesta? Es de nuevo un asunto de formas, no de doctrina. La Iglesia empezó a situar algunas fiestas cristianas en fechas de fiestas paganas como una manera (que resultó muy efectiva) de cristianizar esas fiestas. Las fiestas tradicionales son costumbres muy arraigadas (y más antes) muy difíciles de eliminar, en vez de prohibirlas era mucho más sencillo y más sabio poner en su lugar una fiesta cristiana.

Esa táctica no es algo criticable, sino elogiable por su eficacia. El mismo sistema exitoso se está llevando a cabo hoy en día para paganizar de nuevo la sociedad en algunos países, colocando fiestas paganas en días de fiesta cristiana: las brujas y zombies de Halloween sustituyendo a la fiesta del Día de los Difuntos, los conejitos de Pascua sustituyendo a la Pasión de Jesús, Santa Claus sustituyendo al nacimiento de Jesús, etc.

La utilización de prendas y vestimentas sacerdotales suntuosas

La suntuosidad, del tipo que sea, es un rasgo perfectamente criticable dentro de cualquier iglesia, pero tampoco afecta la doctrina. De todas formas esa suntuosidad en todo caso parecería más propia de los obispos (si así fuera), porque los sacerdotes en su mayoría eran gente común y corriente y, al contrario que los obispos tras Nicea, no recibían un sueldo del emperador.

Sería en la Edad Media cuando obispos y sacerdotes empiecen a mostrar más ostentación en la vestimenta litúrgica, algo que se simplificó de nuevo tras Vaticano II. Y en cuanto a las ropas en sí, criticar los nuevos ropajes de los sacerdotes es el mismo caso que criticar el vestido de novia.

Ante esto los evangélicos suelen decir que el problema católico no es solo el hecho en sí de tener ciertas vestimentas reglamentadas, sino sobre todo el hecho de considerar esas vestimentas sagradas. Pero tener vestimentas "sagradas" (en el sentido de dedicadas en exclusiva para uso en ceremonias sacras) es un rasgo no solo del paganismo sino también del judaísmo y de casi todas las religiones.

En la Biblia tenemos a Dios dando instrucciones detalladas a Moisés sobre qué tipo de vestimenta deben usar los sacerdotes (Éxodo 28), por lo que de nuevo estamos ante un asunto sagrado, no meramente utilitario; es el mismo Dios quien dice "Harás vestiduras sagradas para Aarón, tu hermano, que muestren el honor y la dignidad de su función sacerdotal" (Éxodo 28:2). Una vez más nos encontramos que la Iglesia Católica es criticada y acusada de pagana por seguir obedeciendo los designios del Dios bíblico.

Sin embargo las vestimentas litúrgicas de la Iglesia no se derivaron de lo establecido en la ley mosaica, sino de la ropa normal (túnica talar) que usaba la gente honrada de Grecia y Roma en tiempos de la difusión del cristianismo. En el siglo I, pues, no había ropas con un diseño específico para oficiar, pero sí que el oficiante solía usar su mejor túnica para ello y la reservaba a tal fin, así que incluso entonces podemos hablar de "vestimentas sagradas" en el uso cristiano.

Cuando llegó la paz de Constantino y la Iglesia salió de la clandestinidad, se fijó exactamente qué modelo de túnica talar debía ser usado por los sacerdotes (algo en lo que Constantino no tuvo nada que ganar ni nada que ver). Será más tarde, en el siglo VI, al cambiar la moda, cuando empezará a notarse una marcada diferencia entre la manera de vestir de los sacerdotes, que sigue igual que siempre, y la del resto de la gente, que va a la nueva moda.

Las vestiduras sacerdotales actuales son, en gran medida, la manera normal de vestir de los hombres de la Roma y Grecia clásica, igual que los pastores evangélicos actuales suelen vestir con ropa occidental moderna y no por ello consideran que están contaminando su religión. Bueno es recordar que, al igual que comentamos con los anillos de boda, un sacerdote católico puede oficiar misa e impartir sacramentos sin necesidad de tener las vestiduras reglamentarias.

Debemos recalcar, una vez más, que cuando decimos que un objeto es "sagrado", tanto católicos como la Biblia queremos decir que ese objeto está "apartado" o "reservado" para ser usado en el culto a Dios, no que el objeto en sí tenga propiedades "mágicas" o "poderes divinos".

Si utilizásemos una vestidura sacerdotal sagrada para disfrazarnos en carnavales estaríamos cometiendo una profanación porque una vez hemos reservado algo para Dios, darle un uso pagano es desacralizarlo, profanarlo, es como robarle a Dios algo que teníamos a él consagrado en exclusiva, es como si entran en mi casa y se llevan sin mi permiso mi ordenador para "jugar a las casitas" en la calle, y en eso la Iglesia Católica mantiene el mismo concepto que vemos en la Biblia ante situaciones semejantes: una vez hemos apartado algo para Dios o su culto, solo para él queda reservado su uso: se convierte en algo sagrado.

La mitra

En cuanto a la famosa mitra episcopal, que desde El Código Da Vinci se ha convertido en uno de los símbolos de la paganización católica, hay que comentar que no procede del gorro frigio de los sacerdotes mitraicos, aunque tampoco importaría nada que ese fuera su origen porque no es más que un accesorio de las vestimentas episcopales.

La mitra en la Iglesia Oriental es ovoide y tiene su origen en unos antiguos gorros bizantinos (el camelauco) usados por oficiales de la corte imperial, y la mitra en la Iglesia Occidental es triangular y algunos dicen, sin razón, que pudiera tener su origen en unos gorros de sacerdotes romanos paganos, aunque viendo una y otros parece que lo único que tienen en común es que se llevaban sobre la cabeza (los gorros sacerdotales romanos se parecían más al gorro de lana peruano que a otra cosa).

El Código Da Vinci dice que la mitra es copia del gorro sacerdotal de los mitraicos (adoradores del dios Mitra), y que lo demuestra su propio nombre: "mitra". Esto es recurrir a lo aparentemente obvio sin molestarse en investigar. La palabra "mitra", en el sentido de tocado, no tiene nada que ver con el dios Mitra. Aparece por primera vez en el idioma griego. Homero la utiliza en el sentido de una especie de fajín que rodea la cintura. Por analogía, cuando el "fajín" se usa en la cabeza (una banda de tela para el pelo) se llamará igualmente "mitra". Heródoto usa esa palabra griega cuando intenta describir un tocado de tela usado por las mujeres babilónicas de su época.

Del mismo modo un griego podía usar la palabra "mitra" para describir el gorro sacerdotal de los sacerdotes judíos (el mitznefet) o de cualquier otro sacerdote o el de un simple campesino. Por tanto "mitra" en el griego de los primeros siglos de nuestra era equivale más bien a la palabra española "gorro". El gorro que empiezan a usar los obispos cristianos se llamará igualmente mitra, al igual que otros gorros, y la palabra pasará más tarde al latín ya en el sentido especializado de "tocado usado por los obispos".

En los primeros siglos no se usa una mitra como parte de la indumentaria eclesial. Los sacerdotes, obispos o gente normal usaban a veces diversos tipos de gorro para protegerse la cabeza, pero nunca con sentido litúrgico. En algún momento se incorporó el gorro a las vestimentas episcopales y la primera constancia que tenemos de un obispo en vestiduras clericales usando gorro (llamado "mitra", o sea, "gorro") es en dos miniaturas de mediados del siglo XI.

Parece que a mediados del siglo X se empezó a conceder a algunos obispos el "privilegio" de llevar gorro. Hasta casi el siglo XII no se generalizó este uso a todos los obispos, al menos en Occidente. Por tanto no hay ningún motivo para derivar la mitra cristiana de los tocados sacerdotales paganos, porque cuando la mitra se introduce en el cristianismo hacía siglos que el paganismo clásico había desaparecido.

Y desde luego tampoco esta vez podemos culpar al pobre Constantino de haberlo impuesto. Sin embargo sí sería posible suponer que si los obispos católicos y ortodoxos terminaron por añadir un tocado a sus vestimentas fue más bien por influencia de las "mitras" usadas por los sacerdotes del Templo de Jerusalén, lo cual, a alguien acostumbrado a leer la Biblia, acaba por resultar un complemento muy apropiado en quien tiene que oficiar ante Dios.

2. La Iglesia surgida del Concilio de Nicea 1/4

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Vamos a dedicar estos artículo a analizar las acusaciones más comunes en este sentido y ver cuánto fundamento hay en ellas..

Para hacernos una idea de lo que algunos protestantes y ateos dicen sobre la influencia de Constantino, empecemos viendo parte de un texto donde se defiende la idea de que el cristianismo como tal fue un invento de Pablo de Tarso y que la Iglesia Católica fue creación de Constantino.

Entre los cambios más importantes que Constantino efectúa en la liturgia católica, con el fin de atraer a los paganos, cabe destacar la práctica que lleva a cabo al destinar un templo en exclusiva para el culto a un santo en particular (adoración de imágenes), la introducción de cánticos, como era el Kyrie Eleison, o la quema de inciensos y plantas aromáticas, el uso de lámparas de aceite y velas, la utilización del agua bendita, la tonsura sacerdotal, el anillo de bodas, fijación de las fiestas religiosas y procesionales (la fecha del 25 de diciembre, que se correspondía con el solsticio de invierno y que era festejada como la fiesta del Solis Invictus, del que Constantino era adorador, pasó a ser el día de la Natividad del Señor, una efeméride que antes nunca había sido festejada por los cristianos), así como la utilización de prendas y vestimentas sacerdotales suntuosas, por poner un ejemplo, tal como explicase Eusebio de Cesárea en sus escritos y fuese recogido por el cardenal católico J. H. Newman, en su libro "An Essay on the Development of Christian Doctrine, pp. 359, 360″.

Como contrapartida, y a fin de contentar a la jerarquía eclesiástica, Constantino otorga una serie de prebendas y privilegios a la Iglesia Católica, como el derecho de asilo, la capacidad de heredar de terceros, la exención de pagar impuestos o percibir ingresos dinerarios por el alquiler de inmuebles, son sólo algunos de los ejemplos más destacables.

Constantino ostentaba el título de "Sumo Pontífice" en la religión pagana del Solis Invictus de la que era el jefe supremo, y a fin de seguir manteniendo dicho título en la nueva Iglesia del Imperio, se hizo nombrar "obispo de obispos" en el Concilio de Nicea. Después de la muerte de Constantino, el título de "Sumo Pontífice" fue heredado y desde entonces es ostentado por los Papas.

[…]En el Concilio de Nicea, la nueva Iglesia Católica, sienta las bases de su doctrina a través de los cuatro evangelios seleccionados, que formarán parte del canon, que hasta entonces era inexistente.[…] El Concilio de Nicea representaba una ruptura total con el concepto original que los cristianos tenían de Iglesia, donde el significado aceptado, hacía referencia a una "asamblea de fieles".

En el Concilio de Nicea, se descalificaron decenas de evangelios que, desde el origen del cristianismo y hasta entonces, habían sido aceptados y adoptados por las distintas comunidades cristianas, quienes tenían el derecho de poder decidir por sí mismas que textos aceptar y cómo interpretar los evangelios. Ahora, todos esos conceptos habían cambiado. […] No obstante, y a pesar de que la religión católica era la religión protegida por el emperador y por tanto la religión oficiosa del imperio, en realidad no llegó a ser confirmada como la religión oficial, sino hasta el año 380 d.C., bajo el mandato del emperador Teodosio. […]

Empecemos diciendo que en algo tiene razón, que Constantino no hizo al cristianismo religión oficial del estado (eso fue Teodosio) sino simplemente legalizó su culto y permitió que los cristianos pudiesen profesar su religión en público del mismo modo que el resto de las religiones.

Algunas de las cosas que cita (prebendas, cesiones, financiación, etc.) son cuestiones mundanas que son ciertas pero que no tocan la doctrina ni transforman la Iglesia en algo nuevo. El emperador devuelve a los cristianos y a las iglesias locales todos los bienes incautados durante las persecuciones, reconstruye sus iglesias (templos) y construye muchas más, les regala basílicas (palacios) que serán las futuras catedrales, le hace donaciones y da un sueldo a los obispos. Todas estas cosas materiales se pueden considerar acertadas o no, se pueden alabar o rechazar (independientemente de que seas católico o protestante), pero de ninguna forma implica que esa nueva Iglesia ahora favorecida y mimada por el poder sea una Iglesia apóstata diferente de la anterior Iglesia perseguida.

Si a un baptista le regalas un coche y le pagas un crucero por el Caribe seguirá siendo baptista si sus creencias permanecen intactas. Si él se va al Caribe con el dinero del diezmo de sus fieles, su conducta será muy reprobable, pero tampoco eso demuestra que su religión se haya corrompido, solo demuestra que él es un sinvergüenza y el que se ha corrompido es él.

Ya vimos en el artículo "El cristianismo antes de Nicea: persecuciones y herejía" con qué tipo de cristianos contamos en esa época y lo tremendamente susceptibles que eran ante cualquier cambio doctrinal por mínimo que fuera. Recordemos una vez más que todos esos adultos, obispos o no, eran cristianos curtidos en las persecuciones y que habían arriesgado su vida por mantener su doctrina intacta, sin concesiones.

No olvidemos tampoco que cuando hablamos de la Iglesia no estamos hablando solamente de obispos y clero, el pueblo cristiano también era esa Iglesia y también tuvo un papel muy activo en ese siglo, apoyando o rechazando a sus obispos y alzando su voz en muchas ocasiones, y más de una vez el emperador cambió sus decisiones ante la presión popular (como cada vez que tuvo que permitir al obispo Atanasio regresar del exilio y recuperar su sede). Constantino no podía amenazar a nadie con nada peor de lo que su predecesor Diocleciano había intentado ya.

Es un grave -y común- error pensar que la relación entre la jerarquía y el pueblo era comparable a la que después se daría en la Edad Media. Los obispos en el siglo IV no eran los señores del pueblo, sino sus líderes y servidores, y el pueblo cristiano no era una masa de fieles sumisos sin opinión propia, sino héroes supervivientes, celosos de su fe y su herencia religiosa. Si se pudiese sobornar a un obispo, no se sobornaría con él a todo su pueblo.

Si Constantino hubiera logrado que todos los obispos apostataran de su fe, el pueblo se rebelaría contra ello y habría sido necesaria una nueva y feroz persecución para intentar someterlos, pero si unos años antes esos mismos cristianos habían resistido bajo la terrible y larga persecución de Diocleciano, también habrían resistido esta nueva persecución de Constantino. Sin embargo no hubo tal persecución ni tal cisma ni los obispos defraudaron a su pueblo, porque no hubo tal cambio de doctrina como ahora muchos modernistas afirman.

En este y otros dos artículos próximos analizaremos una por una las cosas que esa página web cita como perversiones de la nueva iglesia y veremos si realmente son novedades impuestas por Constantino. Cuando estén publicados pondremos aquí los enlaces. Estos serán los puntos a tratar:

1- La liturgia católica;
2- Dedicar un templo a un santo;
3- Introducción de cánticos;
4- Quema de incienso;
5- Lámpara de aceite y velas;
6- Utilización del agua bendita;
7- El anillo de bodas;
8- Fiestas religiosas;
9- Vestimentas sacerdotales;
10- La mitra;
11- Constantino como «obispo de los obispos»;
12- El papa como Sumo Pontífice;
13- ¿Es el Nuevo Testamento un texto paganizado?;
14- La Iglesia como comunidad de fieles;
15- Descatalogación y quema de evangelios.

Veremos en este artículo los 3 primeros puntos:

La liturgia católica

Aunque ya se ha convertido en tópico la afirmación de que la liturgia católica (y ortodoxa) es una creación de Constantino en Nicea, en un próximo artículo demostraremos con citas y datos que la liturgia de la misa cristiana no cambió en Nicea, y que además, comparada con la misa católica actual, es en esencia la misma y hunde sus raíces en la Biblia. Ya desde finales del siglo I, incluso en vida del apóstol Juan, tenemos testimonios de cómo era el rito católico, y lo que vemos no tiene nada que ver con esos supuestos grupos de fieles que simplemente se reunirían para rezar y alabar a Dios sin necesidad de ritos ni fórmulas ni jerarquías.

No es de extrañar que muchos exégetas piensen que el evangelio de San Juan, de alto contenido simbólico, nos presenta la vida de Jesús desde una perspectiva que solo se puede entender bien como una reflexión posterior hecha desde el punto de vista litúrgico y doctrinal de una Iglesia que ya está organizada y asentada, al contrario que los otros libros del Nuevo Testamento, que son reflejo de una Iglesia en pleno proceso de creación y formación.

Cuando los apóstoles empezaron a predicar el evangelio lógicamente no se preocupaban de enseñar a los nuevos fieles cómo debían hacer la misa o cómo debía vestirse el sacerdote, bastante tenían con enseñarles el mensaje de Jesús. Si hay que reconstruir una ciudad arrasada en un terremoto, las autoridades no empiezan construyendo cines, piscinas, hermosos jardines y levantando bellas estatuas en medio de las plazas, eso vendrá luego, cuando la gente tenga un techo bajo el que dormir, pero en cuanto la vida se restablezca se necesitará urgentemente establecer un control para el tráfico, pensar en la seguridad, en escuelas para los niños, en el sistema de alcantarillado y una red de comercios.

Si las autoridades levantan la ciudad y después la dejan sin servicios la ciudad será un fracaso o los propios ciudadanos tendrán que tomar la iniciativa y organizarse ellos como puedan. Y luego cuando todo vaya sobre ruedas vendrá la tercera fase, la de jardines, cines y piscinas, que hará la vida más agradable pero que claramente puede considerarse accesoria con respecto a las dos fases anteriores.

Ese mismo proceso se dio también en la creación de la Iglesia de Jesús, la Ciudad de Dios. Las tres fases en la construcción de la Iglesia serían 1- fe y sacramentos, 2- liturgia y jerarquía y finalmente 3- cuestiones formales y de organización (lo accesorio). Los apóstoles tuvieron que empezar por "construir calles y casas" predicando el evangelio y estableciendo comunidades, y muchos de ellos realmente no tuvieron tiempo para mucho más porque pronto empezaron a ser asesinados. Otros sin embargo sí vivieron para conocer cómo las comunidades más grandes y antiguas pasaban ya a la segunda fase, la que necesita de los servicios.

Tal como vimos en la ciudad arrasada, o los apóstoles deciden cómo organizar esos "servicios" o las propias comunidades habrían tenido que tomar sus propias decisiones. La prueba de que las liturgias establecidas resultaron en esencia homogéneas en todas partes del imperio demuestra que esas decisiones se tomaron no en la dispersa base de la Iglesia, sino en su cúspide, que en la era apostólica eran los apóstoles (tras la muerte de los apóstoles quedarían los obispos, etc.).

Estas necesidades de organización las vemos también cuando Pablo intenta poner un poco de orden en las celebraciones cristianas del día del Señor. Al principio se trataba de partir el pan, bendiciéndolo, pero quizá no había reglas claras de cómo hacerlo, salvo citar las propias palabras de Jesús.

Los cristianos iban a la celebración con su propio pan y su propio vino y allí eran bendecidos y selo comían (cuando la Biblia dice que bendecían el pan en sus casas probablemente se está refiriendo a las casas donde se reunía la Iglesia, las domus-ecclesiae, pues al principio, cuando les cerraron las sinagogas, no tenían templos).

Esto pronto degeneró en algunos sitios y los más pudientes se hartaban de comer pan y se ponían ebrios de vino mientras que otros pobres no tenían ni pan que llevar, un escándalo, así que el apóstol tiene que recriminarles y decir que la celebración no es un sitio para comer y beber, sino para tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, y el que tenga hambre que coma primero en casa, y quien tenga más que comparta con el que tiene menos. Como la cita es larga puede consultarla en 1 Corintios 11:17-34.

A finales del siglo, cuando ya solo quedaba el apóstol Juan, sin duda él sería la referencia última para todos los cristianos, y hubiera bastado con que él expresara su horror y rechazo ante esa liturgia que existía para que los cristianos hubieran considerado un gran error lo que estaban haciendo. El hecho de que en vida de Juan la liturgia y la primitiva jerarquía ya estuviese establecida prueba también que no fue fruto de decisiones locales, sino apostólicas.

Si Juan hubiese sido evangélico o Testigo de Jehová, por ejemplo, se habría pasado los últimos años de vida combatiendo tan grave error y declarándolo herético, en lugar de escribir por entonces otro libro bíblico, el Apocalipsis, donde vemos claramente los ecos de esa doctrina. Aunque Juan apóstol no fuese el autor del Apocalipsis, sigue en pie el hecho de que ese libro está en la Biblia y por tanto es inspirado. Incluso si el Apocalipsis no es fruto de la liturgia católica sino al revés, que la liturgia católica es reflejo del Apocalipsis, estamos teológicamente ante el mismo hecho, que la liturgia católica tiene bendiciones bíblicas. Pero eso lo veremos con más detalle en el próximo artículo que estamos anunciando.

Destinar un templo para el culto a un santo particular (adoración de imágenes)

Supongo que el autor del texto que vimos antes se refiere a dos cosas distintas aunque su uso del paréntesis parece explicar que el dedicar un templo a un santo consiste en adorarlo con sus imágenes. Primero, los católicos ni ahora ni en el s. IV ni nunca han adorado imágenes, las han usado como inspiración, nunca como un fin en sí mismo. Por lo demás, dedicar una iglesia a un santo no tiene nada de perverso, incluso muchos protestantes, y también los anglicanos, lo siguen haciendo hoy en día. Un tema diferente sería la veneración de los santos, de la que también tenemos numerosas pruebas históricas y arqueológicas, pero eso será en otro artículo futuro.

Ni la veneración de santos ni el uso de imágenes tienen nada que ver con Constantino. De hecho, las imágenes se utilizaban ya en el siglo II o antes, pero no fue hasta siglos después, mucho después de Constantino, cuando la Iglesia las aceptó oficialmente. En la época de Constantino ningún obispo dio sanción oficial a ese uso popular, aunque casi siempre fueron toleradas. Por lo tanto mezclar a Constantino y las imágenes es sencillamente un error histórico.

Introducción de cánticos

El Antiguo Testamento nos muestra abundantes pruebas del uso de cánticos en la adoración a Dios, empezando por el mismo libro de Salmos. La primera descripción de cánticos en la misa cristiana la hallamos también en la misma Biblia:

Concretando, hermanos: cuando os reunís, no hay inconveniente en que uno cante, otro enseñe, otro comunique una revelación, otro hable un lenguaje misterioso, otro, en fin, interprete ese lenguaje. Pero que todo se encamine al provecho espiritual. (1 Corintios 14:26)

Y también lo vemos en las posteriores narraciones de la Iglesia Primitiva, donde nos dicen que se reúnen en el Día del Señor a partir el pan, cantar y alabar a Dios. Si lo que quiere decir el autor del texto es que se introdujeron cantos nuevos basados en el paganismo (como el Kyrie Eleison que menciona) ¿qué más da? es cuestión de formas, a Dios se le puede alabar con cualquier canción, supongo que no pretenderán ahora que las únicas canciones verdaderamente cristianas son los salmos bíblicos, por esa regla de tres los cristianos deberíamos hablar todos hebreo, arameo o griego y nunca cantar en nuestras lenguas modernas. Para aquellos que no conocen el cántico pagano del Kyrie, aquí les dejo la letra tan simple que tiene:

Kyrie, eleison. Christe, eleison. Kyrie, eleison.

Es decir: Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. (fin)

Totalmente pagano, ¿verdad? Pero quienes dicen semejante cosa lo hacen basándose en que la fórmula de adoración "kyrie eleison" la usaban los paganos griegos.

Flavio Arriano, el insigne historiador y filósofo pagano del siglo II nos cuenta: "Invocando a Dios decimos «Kyrie Eleison»" (Diatribae Epicteri, II, 7). Pero resulta casi malicioso decir que los cristianos del siglo IV recogieron la fórmula del Kyrie de los paganos cuando la expresión es también tan bíblica.

En el AT aparece al menos 7 veces y en el NT aparece otras 6. Por ejemplo:

"Señor, ten piedad de nosotros"
= kyrie eleison imas epi soi
(Isaías 33:2, versión de la Septuaginta griega)

Sugerir que "Christe eleison" (Cristo, ten piedad) también es una fórmula pagana parece ya ir demasiado lejos.

1. ¿Quiso Jesús fundar una Iglesia?

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

En el siglo XIX algunos estudiosos empezaron a decir la Iglesia es invento de Pablo de Tarso, lo que supone una traición a la intención original de Jesús y crea meros instrumentos de poder y opresión. ¿Es esto verdad?

En el siglo XIX algunos estudiosos bíblicos empezaron a decir que Jesús no pretendía fundar una iglesia, que la iglesia la fundó Pablo de Tarso, el cual se inventó lo de que Jesús era Dios. Según ellos, esta doctrina retorcida extendida por la iglesia paulina es la que aparece en los evangelios, los cuales describen a un Jesús que en bien poco se parecería al Jesús histórico.

Por tanto, la misma existencia de la Iglesia (o de las iglesias actuales en general) supone una traición a la intención original de Jesús y meros instrumentos de poder y opresión. Jesús sólo quería reformar el judaísmo rechazando las normas, los templos y las jerarquías, de manera que los fieles pudiesen adorar a Dios "en espíritu", sin más ayuda que la de su propio corazón. Todavía hoy hay gente que sigue defendiendo eso. Veamos si estas afirmaciones se sostienen.

JESÚS ERA UN SIMPLE FILÓSOFO PREDICADOR

La suposición de que Jesús no quiso fundar una Iglesia es defendida sobre todo por estudiosos pertenecientes al llamado revisionismo histórico modernista, movimiento que se extendió por el siglo XIX y también bien entrado en el siglo XX, aunque en buena parte fue luego perdiendo fuerza desplazado por unos estudios exegéticos más serios y menos fantasiosos.

Esos estudiosos revisionistas, que defendían que el Jesús histórico tiene muy poco que ver con el Jesús de los cristianos, ignoran en gran medida los evangelios por considerarlos invenciones posteriores, salvo cuando encuentran un pasaje que creen que apoya sus ideas.

Niegan cualquier elemento divino o sobrenatural en Jesús, y por tanto necesitan reinterpretar o sencillamente rechazar como mentiras mucho de lo que los cristianos consideramos verdad.

Al final tratan la figura de Jesús como la de un simple artesano palestino del siglo I sin más pretensiones que predicar su visión del judaísmo como tantos otros predicadores del momento, empezando por Juan.

Lo consideran igual que otros filósofos o grandes maestros como Buda o Confucio, gente buena que intenta explicar "su" verdad. No es extraño que piensen que todo lo que vino después fue algo que Jesús jamás pudo prever y ni siquiera desear.

Pero una primera crítica que se les puede hacer es ¿Cómo puede ser que veinte siglos después el modernista pueda entender mejor la tradición cristiana y las Escrituras que los que estuvieron dispuestos a morir por su causa en el primer siglo? No tiene mucho sentido que esa gente en pocos años se invente un montón de historias y luego se las crean hasta el punto de estar dispuestos a dar su vida por ellas.

En esos primero años aún vivía mucha gente que había sido testigo de los acontecimientos, o hijos de los testigos. Ante unos evangelios inventados habrían levantado la voz. Parece más lógico pensar que esa misma Iglesia temprana que escribió los evangelios y que se refleja en ellos creía verdaderamente que todo lo que allí pone es la verdad. Una verdad tan grande y tan importante que incluso merece dar la vida por ella.

SAN PABLO FUE EL VERDADERO FUNDADOR DE LA IGLESIA

Dicen algunos que la Iglesia no la fundó Jesús, sino Pablo de Tarso. No se sabe bien en qué pruebas puedan basarse más allá de su propia imaginación. San Pablo dejó registrada la realidad de la fundación de la Iglesia en Cristo y su resurrección, si eso no fuera cierto, nos dice el mismo apóstol:

"Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos." (1 Corintios 15:19-20)

Es difícil aceptar que Pablo, un hombre ya maduro que tiene la vida hecha y disfruta de poder y prestigio en su sociedad, con un papel relevante en su comunidad judía, pueda abandonarlo todo, marcharse a recorrer el mundo como un pordiosero, viviendo de la caridad de los demás, sufriendo ataques, palizas y hasta la persecución de sus anteriores compañeros, y todo para terminar encarcelado y finalmente ejecutado en Roma por fundar un nuevo movimiento religioso que él mismo sabe que es falso.

Se necesita un convencimiento muy fuerte y una fe muy sólida en algo muy superior para ser capaz de dejarlo todo. Pablo, con su gran formación intelectual, aportó a la Iglesia mucho, formuló con claridad muchas ideas, pero no se inventó nada.

También es cierto que su papel en la configuración de la Iglesia primitiva está muy magnificado porque el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde vemos cómo esa Iglesia se va extendiendo y desarrollando, está escrito por Lucas, el cual acompañó a Pablo, y por tanto sabemos mucho de la labor misionera de Pablo, algo de Pedro y muy poco o nada de lo que hicieron los demás apóstoles. Eso nos puede transmitir la falsa imagen de que casi toda la evangelización la hizo Pablo, pero no fue así.

Pero de todas formas, su enorme capacidad de sacrificio y su gran entusiasmo sólo se explican porque verdaderamente se encontró con el Jesús resucitado y creyó que él era el Señor. Pablo, como nosotros, creyó verdaderamente que Cristo es el Hijo de Dios y que éste envió a sus seguidores (y a él mismo) a la historia para cumplir una misión que amplía y completa la misión del judaísmo y que no se separa de éste por mera escisión.

Si Pablo estuviera predicando una fe distinta a la predicada por los apóstoles, ambas creencias habrían chocado y se habrían producido conflictos que sencillamente no hubo. Tampoco los apóstoles hubieran permitido que un recién llegado les convenciese de que el mensaje de Jesús en realidad era bien distinto de lo que ellos creían.

La realidad nos muestra, tanto en la Biblia como en los escritos de la Iglesia primitiva, que Pedro y Pablo predicaban en armonía, y a finales del siglo I, el cristianismo de todas las naciones era idéntico (salvo por la irrupción de la herejía gnóstica llegada de Persia), no tenemos unas creencias procedentes de Pablo que finalmente se fuesen imponiendo a las creencias de otras naciones evangelizadas por otros apóstoles. La misma Roma, donde tanto Pedro como Pablo predicaron, mostraba una unidad doctrinal.

JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LOS TEMPLOS

Otra de las escenas que se utilizan a veces en contra de la intención de fundar una iglesia es la de la mujer samaritana:

La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.» (Juan 4:19-24)

Según los modernistas este pasaje significa que Jesús rechaza los templos y que a Dios se le adorará en el corazón de cada uno, sin templos de piedra ni organizaciones eclesiásticas que te digan qué creer o cómo creerlo. Pero en realidad sacar todas esas conclusiones de este texto puede ser cualquier cosa menos una labor seria de exégesis.

Para empezar, Jesús dice que pronto llegará el momento en que ni en Garizim ni en Jerusalén se adorará a Dios. Cierto, varias décadas después Jerusalén y el templo serán arrasados y todos los judíos deportados, se acabó el culto en ambos sitios. Dice también Jesús que los creyentes "adorarán al Padre en espíritu y en verdad". Cierto, eso hacemos todos los cristianos, independientemente de nuestra denominación. Los cristianos consideramos que con el sacrificio de Jesús en la cruz se puso fin a todos los sacrificios.

A partir de ese momento ya no necesitamos un templo para adorar a Jesús, le adoramos "en espíritu y en verdad" en cualquier parte, en el campo, en nuestro dormitorio… ¡o dentro de una iglesia! acompañados de nuestra asamblea de creyentes. De hecho, una iglesia normalmente es un sitio especialmente acondicionado para entrar en oración. Se puede adorar a Dios y rezar en una discoteca, pero es evidente que resulta mucho más complicado.

Pero es más, no tiene sentido decir que Jesús estaba en contra de los templos, sino todo lo contrario. Jesús sintió el más profundo de los respetos hacia el Templo de Jerusalén. A los doce años decidió quedarse en el Templo en vez de irse con sus padres porque verdaderamente se sentía allí en casa de su Padre y sentía que ese era su lugar. Según nos cuenta Lucas 2:41, la familia de Jesús, como muchos otros, peregrinaba al Templo todos los años por Pascua.

Durante sus años de magisterio peregrinó al Templo con motivo de las principales fiestas judías. Jesús oraba con su Padre en cualquier sitio, pero es evidente que consideraba el Templo como un lugar privilegiado para el encuentro con Dios. Para él el Templo era la casa de su Padre, una casa de oración, por eso se indigna tanto cuando ve el atrio exterior del Templo (el exterior, ni siquiera el Templo propiamente dicho) convertido en un mercado y es la única ocasión en la que vemos a Jesús fuera de sí.

También el Templo fue uno de sus sitios preferidos para predicar cuando estaba en Jerusalén ¿De dónde sacan, pues, la idea de que a Jesús no le gustaban los templos? Los apóstoles iban al templo a orar (¡ya recibido el Espíritu en Pentecostés!), como consta en los Hechos ¿Será que se olvidaron de que Jesús no quería que fueran al templo? Si la revelación de Jesús es pura y exclusivamente personal. ¿Por qué pidió Jesús a los discípulos que permanecieran unidos y no se movieran de Jerusalén?

JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS NORMAS RELIGIOSAS

Otro argumento es que Jesús pretendía liberar a su pueblo del peso de la religión y todos sus preceptos, y por tanto nunca tuvo intención de sustituir un yugo por otro nuevo.

Es cierto que Jesús estaba en contra de tantísimas reglas que los fariseos habían ido añadiendo a los preceptos de los judíos a mayores de la Ley, pero de ahí no se deduce que estuviese a favor de que no hubiese ninguna norma. De hecho Jesús critica a los dirigentes corruptos, no a los procedimientos e instituciones religiosas establecidas por Moisés y los Profetas hebreos.

Al contrario, afirma y reaviva el espíritu de esa ley y lo que critica es la hipocresía del fundamentalismo judío que transforma la ley mosaica en un instrumento de opresión para la gente y que eventualmente aleja a la gente de Dios y del amor al prójimo. Cuando Jesús llamó hipócritas a los fariseos no dijo "no hagáis caso de lo que os dicen los fariseos" sino "haced y cumplid todo lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen" (Mateo 21:3).

Jesús critica, por ejemplo, el corbán* (Marcos 7:11), no por ser malo, sino porque esa tradición frecuentemente era usada como manera de defraudar a los progenitores y por tanto iba en contra del 5º mandamiento; o una interpretación excesivamente restrictiva y radical de normas como la del descanso del sabath.

Jesús asiste al Templo y a la sinagoga y cumple con sus obligaciones mosaicas. Aun en aquellas veces en que la interpretación de Jesús parece modificar la ley de Moisés, a veces endureciendo (caso del divorcio) a veces ablandando la interpretación de la ley (caso del descanso sabático o del apedreamiento de la adúltera), hay siempre una revelación de una nueva dimensión espiritual del mandamiento que se explica.

[*Un hijo tenía la obligación de cuidar de sus padres ancianos y darles todo lo que necesitaban. El corbán era un juramento que se hacía de entregar a Dios como ofrenda algo tuyo, pero sin necesidad de fecha concreta. Muchos judíos declaraban corbán todos sus bienes, sin llegar nunca a ejecutarlo. Como lo ofrecido a Dios ya no podía ser entregado a otra persona, dejaban a sus padres sin amparo con la excusa de que todo lo que poseían en realidad era corbán y algún día tendrían que entregarlo. Aunque ese día nunca llegase]

Jesús dijo que no había venido a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento (Mateo 5:17), y a continuación añade: "Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos". No suena a alguien que esté en contra de las normas y preceptos, más bien parece alguien que está en contra de quienes abusan de ellos, en contra de quienes defienden la letra de la Ley por encima del espíritu de ella.

Otra cosa hubiera sido que Jesús dijera cosas como "¿Quiso Moisés fundar una religión?" o tal vez "La Ley de Moisés es una ley del corazón y no hace falta ir al Templo" o cualquier otra objeción a la autoridad de la ley o su integridad histórica con el objeto de minar su importancia o veracidad. Es a partir del momento de la muerte de Jesús y su resurrección cuando se establece la Nueva Alianza y por tanto la ley antigua queda superada.

Ahora el pacto que establece Dios es con toda la humanidad y a medida que se vayan integrando cada vez más gentiles, los apóstoles se dan cuenta de que no tiene sentido exigirles también a ellos que cumplan las antiguas leyes judías.

A medida en que la nueva Iglesia se encontraba con una situación totalmente diferente, fue estableciendo sus propias normas de funcionamiento y sus propios preceptos basados en las enseñanzas de Jesús.

JESÚS NO QUERÍA CREAR UNA NUEVA RELIGIÓN

También dicen que lo que Jesús pretendía no era crear una religión nueva, sino reformar el judaísmo. El problema de este argumento es que (sorpresa) también los cristianos creemos que Jesús no vino a crear una religión nueva, sino a reformar el judaísmo y darle perfección y cumplimiento.

El mismo Jesús lo deja claro como el agua cuando dice en el Sermón de la Montaña, tal como hemos visto antes:

"No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento." (Mateo 5:17)

Si Jesús hubiera pretendido romper con el judaísmo y crear una religión nueva, entonces los cristianos no usaríamos el Antiguo Testamento como libro sagrado y palabra de Dios. Nosotros consideramos que somos el mismo Pueblo de Dios que se inició con la alianza hecha a Abraham. Nuestra religión no comenzó con la predicación de Jesús, comenzó con Abraham, y allí empezó una larga historia de salvación que obró primero a través del pueblo de Israel, y que todas las promesas del Antiguo Testamento tomaron forma con la llegada de Jesús.

Los judíos esperaban al Mesías, los profetas anunciaban la llegada de los tiempos en los que llegaría el Mesías, y entonces todas las naciones serían llamadas a él, y Dios sería llamado Señor por todas las razas. Ese día llegó.

El Mesías llegó, y tal como anunciaron los profetas, nadie quedó excluido. Tanto judíos como gentiles fueron llamados a participar en el Reino que Jesús predicaba, y en la iglesia que él fundó había sitio por igual para unos y para otros.

Los judíos que no aceptaron que Jesús era el Mesías que estaban esperando, quedaron atrás, encerrados en sus antiguas promesas pero sin ser capaces de ver que se habían cumplido; los judíos que reconocieron a Jesús como el Mesías esperado, junto con los gentiles que luego se sumaron, continuaron avanzando en una nueva fase de su religión, la fase en la que las promesas de la Antigua Alianza recibían cumplimiento y se abría una nueva fase, con una Nueva Alianza en la que se hacían promesas nuevas.

Es varios años después de la muerte de Jesús cuando el sanedrín declara a los judíos seguidores de Jesús herejes, les impide entrar en el templo y en las sinagogas y comienza luego a perseguirlos. Entonces es cuando esos judíos seguidores de Jesús empiezan a verse a sí mismos como una comunidad diferente. Años después, a esos judíos seguidores de Jesús les comienzan a llamar "cristianos", primero como insulto, luego como apelativo aceptado también por ellos mismos.

Por tanto dejemos esto claro para los que piensan que los cristianos pensamos de otro modo: Jesús no vino a fundar una religión nueva, vino a dar cumplimiento al judaísmo. Aunque ahora nos llamemos "cristianos", en realidad nosotros somos los descendientes espirituales de los judíos que aceptaron la nueva alianza, los hijos del Israel bíblico, el mismo Pueblo de Dios.

SIGNIFICADO DE LA PALABRA EKKLESIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

Que Jesús quisiera fundar una Iglesia no es sólo cosa que nos revele la tradición, es él mismo quien nos lo dice en los evangelios:

"Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia [ekklesia], y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella." (Mateo 16:18)

La palabra griega que pronunciamos como "ekklesia" significa en griego "asamblea". Los griegos paganos a menudo la usaban para referirse a una asamblea o reunión de ciudadanos reunidos por convocatoria pública para tratar algún asunto, a menudo político. En este sentido aparece a veces usada en el libro de Hechos:

"Y otros gritaban otra cosa; porque la iglesia estaba confusa, y la mayoría no sabía por qué se habían reunido." (Hechos 19:32)

Pero la versión en griego del Antiguo Testamento (la Septuaginta), que era la usada por los cristianos, utiliza el término "ekklesia" para traducir la palabra hebrea "qahal", que se refiere a la congregación de Israel, al Pueblo de Dios:

"Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la qahal te alabaré." (Salmos 22, 22)

Cuando Jesús habla de "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi ekklesia" (Mateo 16:18) no tendría sentido interpretarlo como una reunión puntual para tratar un tema concreto. Jesús está dando instrucciones para la creación de una asamblea de creyentes que continuará su labor cuando él se marche, no está haciendo una convocatoria a una reunión.

El término arameo/hebreo utilizado por Jesús, que el evangelista traduce en griego como "ekklesia" es, pues, "qahal", que es lo que usó Jesús. Por tanto Jesús está usando "qahal" para llamar a su iglesia del mismo modo que en el Antiguo Testamento se usaba "qahal" para referirse al Pueblo de Dios. La Iglesia que Jesús está fundando es, pues, el nuevo Pueblo de Dios, que ya no estará formada por los nacidos de mujer judía, sino por los bautizados que sigan a Jesús.

LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESPIRITUAL INVISIBLE

Tampoco podemos decir, como algunos, que Jesús no pretendía crear una organización, sino simplemente una comunidad de creyentes, una "ekklesia" en el sentido místico.

La iglesia como simple comunidad de creyentes ya existía, todos los seguidores de Jesús formaban su iglesia, su comunidad, y ya en vida de Jesús se habían fundado pequeñas comunidades de seguidores por Judea, Galilea y Samaria. Lo que Jesús está fundando aquí es una cosa nueva (dice "edificaré", futuro) y esa cosa nueva es la organización en sí, la estructura, con Pedro a la cabeza.

Así pues, Jesús no sólo sabe que dejará tras de sí una asamblea de creyentes, sino que en este acto fundacional anuncia la creación de un organismo que sea capaz de estructurar, coordinar y dirigir toda la obra que debe realizar esa asamblea de seguidores que deja y los que vendrán.

Es cierto que San Pablo también utiliza la palabra "ekklesia" en el sentido místico de la comunidad de todos los bautizados, "el cuerpo místico de Cristo", pero ese mismo San Pablo habla a la Iglesia de Cristo refiriéndose a una comunidad real, organizada y estructurada (o más bien, en pleno proceso de organización y estructuración).

No es el cristianismo una religión donde se pueda ir de por libre, pues está basada en la noción de comunidad y hermanamiento. "Porque donde hay dos o tres [o 500] reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos." (Mateo 18:20)

JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS JERARQUÍAS RELIGIOSAS

Otro aspecto a favor de que Jesús pretendía crear una organización propia para propagar su mensaje es el hecho de que él mismo sentó las bases para esa organización antes de fundar la iglesia. Jesús no se limitó, como sí hizo Juan Bautista, a predicar a la gente su mensaje para que se marchase y cambiase de vida. Jesús no buscaba simplemente conversiones personales y dejar lo demás como estaba.

Jesús quería crear un movimiento, y un movimiento organizado que fuera extendiendo su mensaje y lo mantuviese vivo, una organización que luchase por establecer el Reino "en la tierra como en el cielo" y para eso se necesita organización y coordinación. Y no fue una idea que fue evolucionando con el tiempo, fue un plan premeditado.

Lo primero que hizo Jesús cuando se planteó empezar a predicar fue elegir a doce discípulos. Esos serían sus principales ayudantes y depositarios de su doctrina. Su objetivo no era simplemente convertirles a ellos, sino prepararles a fondo para que le ayudasen a convertir a los demás, y también pensando en que ellos serían los pilares de su iglesia cuando él no estuviera.

A continuación nombró a setenta discípulos como ayudantes y predicadores (segundo nivel de la jerarquía), y cuando su movimiento fue suficientemente grande nombró a un tercer nivel de quinientos predicadores y los mandó por todos los pueblos a difundir su mensaje. A eso se le llama organización.

Y en la cúspide estaba él. Por eso después de su muerte, antes de ascender a los cielos, necesita dejar en manos de los hombres lo que hasta entonces había estado en última instancia en sus manos: la dirección de esa organización. Le pasa el testigo a Pedro y sobre él funda su iglesia.

Antes él mismo había organizado a sus seguidores, él mismo era la organización. Ahora que él se marchaba necesitaba fundar una organización y ponerla enteramente en manos humanas confiando en que su mensaje y aliento les ayudase a ir por buen camino, pero sabiendo perfectamente, como bien lo sabe Dios, que esa andadura estaría plagada de tropiezos, errores, abusos, peleas, etc. porque así funcionan siempre las organizaciones humanas, sobre todo si les das suficiente tiempo.

Lo que sí prometió Jesús fue no dejar que su doctrina se corrompiese y enviar el Espíritu Santo para que les ayudara a comprender la verdad. En todo lo demás, bien sabía él que la iglesia que estaba fundando no se acercaría a la perfección que él deseaba, pero así es como tiene que aprender la humanidad, luchando contra sus propios errores y superándose. Ya llegaría el día en el que él mismo regresaría y por su propia mano establecería el Reino en su perfección.

(nota: algunas partes de este artículo han sido inspiradas o incluso copiadas de un artículo publicado por Carlos Caso-Rosendi, aunque él mismo declara que a su vez lo ha tomado de otras fuentes, no sé si copiado entero o inspirado a su vez).

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