por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Si tú crees que una sonrisa es más fuerte que un arma.
Si tú crees que lo que une a los hombres es más fuerte que lo que los separa.
Si tú crees en el poder de una mano extendida.
si tú crees que ser diferente es una riqueza y no un peligro, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú sabes mirar al otro con un poquito de amor.
Si tú sabes preferir la esperanza a la sospecha.
Si tú estás persuadido que te corresponde tomar la iniciativa antes que el otro.
Si todavía la mirada de un niño llega a desarmar tu corazón, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú puedes alegrarte del gozo de tu vecino.
Si la injusticia que golpea a los otros te indigna tanto como la que tú puedes sufrir.
Si para ti el extranjero es un hermano.
Si tú puedes dar gratuitamente un poco de tu tiempo, por amor, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú sabes aceptar que el otro te preste su ayuda.
Si tú compartes tu pan y sabes dar con él un pedazo de tu corazón.
Si tú crees que el perdón consigue más que la venganza.
Si tú sabes cantar la felicidad de otro y bailar su alegría, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú puedes escuchar al desdichado que te hace perder tu tiempo y consolarlo con una sonrisa.
Si tú sabes aceptar la crítica y hacer que te sea provechosa, sin rechazarla ni defenderte.
Si tú sabes acoger y aceptar un punto de vista diferente al tuyo.
Si tú rehusas a darte golpes por tus culpas en el pecho de otros, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si para ti el otro es, ante todo, un hermano.
Si para ti la cólera es una debilidad, no una manifestación de fuerza.
Si tú prefieres ser herido antes de hacer daño a alguien.
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú alcanzas y te colocas al lado del pobre y del oprimido sin creerte un héroe.
Si tú crees que el amor es la única fuerza de disuasión.
Si tú crees que la paz es posible, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
A pesar de que eran ricos, Napoleón y George Washington nunca contaron con una pastilla para el dolor de cabeza.
Simón Bolívar, San Martín y Pancho Villa jamás pudieron tomar un taxi cuando necesitaban llegar pronto a algún lugar.
Ni Cervantes, ni Dante, ni Shakespeare tuvieron una máquina de escribir.
Los vikingos viajaron sin brújulas y Colón no pudo llevar alimentos enlatados ni un refrigerador; Julio César y Cario Magno jamás comieron una pizza y tampoco disfrutaron del cine o la televisión.
Beethoven no pudo usar audífonos ni oír su música en un equipo de sonido. Mozart no pudo grabar sus composiciones.
Hipócrates y Galeno no se sirvieron de las vacunas ni de miles de avances médicos.
Y nosotros hoy nos quejamos de que no tenemos todo lo que queremos, y de que esta vida es insufrible.
Así somos. ¿Por qué seremos así?
No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria.
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
En 1989, un terremoto de magnitud 8.2 sacudió a Armenia, matando a más de treinta mil personas en menos de cuatro minutos.
En medio de la devastación y el caos total, un padre dejó a su mujer a salvo en la casa, corrió al colegio donde suponía debía estar su hijo y al llegar, descubrió que el edificio había quedado aplastado hasta los cimientos.
Después del trauma del shock inicial, se acordó de la promesa que le había hecho a su hijo: "Pase lo que pase, ¡siempre estaré para ayudarte!" Y se echó a llorar.
Al mirar la pila de escombros que en algún momento habían sido la escuela, parecía no haber esperanza, pero no obstante siguió recordando el compromiso con su hijo. Empezó a concentrarse en el camino que hacía cada mañana cuando llevaba a su hijo al colegio.
Al recordar que el aula de su hijo debía de estar en el ángulo derecho posterior del edificio, corrió hasta allí y empezó a cavar entre los escombros.
Mientras cavaba, llegaron otros padres desolados, que se golpeaban el corazón exclamando:
- ¡Mi hijo!, ¡mi hija! Otros padres bien intencionados trataron de apartarlo de lo que había quedado de la escuela.
- ¡Es demasiado tarde! - ¡Están muertos!
- ¡No puede ayudar!; - ¡Váyase a su casa!
- ¡Vamos, enfrente la realidad, no hay nada que pueda hacer!
- ¡No hace más que empeorar las cosas!
A cada uno, él le respondía con la misma frase:
- ¿Me va a ayudar, sí o no?
Y luego seguía removiendo piedra por piedra para encontrar a su hijo.
El jefe de bomberos se presentó y trató de alejarlo de los escombros de la escuela:
- Están propagándose incendios, hay explosiones por todas partes. Corre peligro. Nosotros nos encargaremos - le dijo.
- ¿Va a ayudarme ahora? -respondió este padre amoroso y perseverante.
Llegó la policía y alguien le dijo:
- Está enojado, angustiado y ya pasó. Pone en peligro a los demás. Váyase a su casa. ¡Nosotros lo manejaremos!
Al oír esto, replicó:
- ¿Van a ayudarme, sí o no? -Nadie lo ayudó.
Valientemente, siguió solo, porque necesitaba saber por sí mismo si su hijo estaba vivo o muerto.
Cavó durante ocho horas… doce horas… veinticuatro horas… treinta y seis horas… entonces, cuando habían pasado treinta y ocho horas, movió una piedra grande y oyó la voz de su hijo y gritó su nombre:
- ¡Armando!
- ¿Papá? ¡Soy yo, papá! Les dije a los otros chicos que no se preocuparan. Les dije que si estabas vivo, me salvarías y al salvarme a mí, estarían a salvo.
Lo prometiste: "¡Pase lo que pase, siempre estaré para ayudarte!" Lo hiciste, papá.
- ¿Cómo están las cosas ahí? ¿Qué pasa? - preguntó el padre.
- Quédanos catorce de los treinta y tres, papá.
Estamos asustados, tenemos hambre, sed y nos alegra que estés aquí. Cuando el edificio se derrumbó, se formó una cuña, como un triángulo y nos salvó.
- ¡Ven, sal de ahí, hijo!
- No, papá. Primero que salgan los otros chicos, porque sé que me salvarás.
Pase lo que pase, sé que estarás para ayudarme.
Mark V. Hansen
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Usa tus ojos… para ver la belleza de la vida, o para ver el interior de las personas.
No los uses para criticar maliciosamente de cómo se ven o se visten los demás, o para juzgar a las personas sólo por sus apariencias.
Usa tus oídos… para escuchar a tu prójimo y poder ofrecerle una palabra de aliento; para escuchar los sonidos agradables que te ayudan a olvidar las dificultades y edificar tu interior.
No los uses como un arma, o para envenenar a los demás, creando cizañas con lo escuchado.
Usa tu olfato… para percibir el olor de las flores, del perfume, del amor.
No lo impregnes con los malos olores, como lo son el odio, el egoísmo, la traición.
Usa tu gusto… para saborear el triunfo de tus metas
alcanzadas; de los logros obtenidos con esfuerzo y dedicación.
No lo uses para saborear las derrotas de otros, cuando algo les sale mal.
Usa tu tacto… para sentir y dar amor. Para tocar a las personas con tus deseos positivos, y con tu caridad.
No lo uses para pedir injustificadamente, o para golpear sin piedad.
¡El Sexto Sentido, el más importante…!
Es el que nos da la sabiduría para distinguir la diferencia entre los otros sentidos; entre el bien y el mal, entre dar o recibir, entre salvar o matar.
¡A veces miramos sin ver; oímos sin escuchar; olemos sin percibir; probamos sin saborear; tocamos superficialmente!
¡Usa tus sentidos sabiamente; no se trata de cuántos tengas, sino de cómo los utilizas!
"Para ser exitoso, no tienes que hacer cosas extraordinarias, haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien"
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Una noche tormentosa, hace muchos años, un hombre mayor y su esposa llegaron a un pequeño hotel en Filadelfia.
Intentando conseguir resguardo de la copiosa lluvia, la pareja se aproxima al mostrador y pregunta:
- ¿Puede darnos una habitación?
El empleado, un hombre atento con una cálida sonrisa, les dijo:
- Hay tres convenciones simultáneas en Filadelfia…
Todas las habitaciones de nuestro hotel y de los otros están ocupadas.
El matrimonio se angustió, pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo horroroso fueran a conseguir dónde pasar la noche. Pero el empleado les dijo:
- Miren, no puedo enviarlos afuera con esta lluvia.
Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me acomodaré en un sillón de la oficina.
El matrimonio lo rechazó, pero el empleado insistió de buena gana y finalmente terminaron ocupando su habitación.
A la mañana siguiente al pagar la factura, el hombre pidió hablar con él y le dijo:
- Usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio hotel.
Quizás algún día construya un hotel para devolverle el favor que nos ha hecho.
El recepcionista tomó la frase como un cumplido, y se despidieron amistosamente.
Pasaron dos años y el administrador recibió una carta de aquel hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba un pasaje de ida y vuelta a New York, con la petición expresa de que los visitara.
Con cierta curiosidad, el conserje no desaprovechó esta oportunidad de visitar gratis New York, y concurrió a la cita.
En esta ocasión, el hombre mayor le llevó a la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34, y señaló con el dedo un imponente edificio de piedra rojiza, y le dijo:
- Este es el hotel que he construido para usted.
El conserje miró anonadado y dijo: - ¿Es una broma, verdad?
- Puedo asegurarle que no - le contestó con una sonrisa el hombre mayor.
Y así fue como William Waldorf Astor construyó el Waldorf Astoria y contrató a su primer gerente de nombre George C. Boldt (el recepcionista en la noche lluviosa).
Obviamente George C. Boldt no imaginó que su vida estaba cambiando para siempre cuando hizo aquel favor para atender al viejo Waldorf Astor en aquella noche tormentosa.
No tenemos muchos "Waldorf Astor" en el mundo, pero un jefe satisfecho o un cliente sorprendido pueden equivaler a nuestro Waldorf Astor personal.
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Vivo en México en una población llamada Teocaltiche, Jalisco, para ser exactos.
Tengo 31 años y estoy casada desde hace 13 años.
Hace un año empecé a enfermar de muchas cosas que yo no esperaba; primero comencé con artritis reumática y terminé con la tiroides muy atrofiada.
Comencé a desarrollar una enfermedad que se llama vitíligo: son manchas blancas en la piel, pero ésta me afectó muchísimo, pues en menos de 2 meses mi cuerpo estaba totalmente cubierto de manchas.
Esto hizo que entrara en una etapa depresiva bastante fuerte, pero Dios sabía por lo que pasaría y por eso me mandó 3 grandes maestros para poder superarla: mi esposo Sergio y mis 2 hijos Abraham de 12 años e Isaac de 7 años. El más pequeño es fanático de los aviones.
En uno de esos días malos, que ni el sol me calentaba y no quería salir ni a hacer compras para hacerles de comer a mis pequeños, le dije a mi niño:
- ¿Verdad Isaac que mis manchas se ven muy feas? - claro, queriendo que tal vez la respuesta fuera "sí", para seguir compadeciéndome a mí misma y seguir siendo la mártir del año.
Pero para mi sorpresa, volteó, me vio y sólo dijo "no"; corrió a la mesa y tomó una lapicera y como pudo me dibujó en el brazo un avión y me dijo:
- Mira mami, éste es el avión y las manchas son las nubes.
No pude más que sentarme a llorar y darme cuenta que ese pequeño maestro de amor no tenía la misma perspectiva que yo, pues donde yo veía un cuerpo con manchas él sólo veía el cielo.
A partir de ese día deje de usar manga larga, pues la usaba aunque hiciera mucho calor con el fin de cubrir mis manchas.
Y ahora, cuando la gente me pregunta: ¿qué te paso?, ¿por qué estás asi?, sólo digo: estoy enferma de vitíligo, pero mi hijo me enseñó que esto que se ve no son manchas, sino unas hermosas nubes blancas.
¿Y el avión? Claro que con las bañadas se me borró, pero en mi corazón quedó tatuado para toda mi vida.
Aún de vez en cuando, que comienzo a deprimirme, le pido , que me dibuje uno de sus hermosos aviones para no olvidar aquella experiencia de amor.
Quería compartir esto, como muestra de que nuestros pequeños siempre tienen algo qué decirnos y qué enseñarnos.
Con cariño:
Bere Valdivia