12.2» Apariciones de san José Parte 2

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Veamos ahora algunos casos más de apariciones de san José.

El miércoles de ceniza 16 de febrero de 1575, iba santa Teresa de Jesús, acompañada de dos sacerdotes, a fundar un convento a Beas de Segura (Jaén). Celebraron el miércoles de ceniza en la parroquia de santa María de los Olmos de Torre, de Juan Abad, provincia de Ciudad Real. Sor Ana de Jesús, testigo presencial de las peripecias de aquel día, dice así: En Sierra Morena perdieron los carreteros el camino, de manera que no sabían por dónde iban.

Nuestra Madre Teresa de Jesús nos mandó, a las ocho monjas que íbamos con ella, que rezásemos a Dios y a nuestro padre san José que nos encaminasen; porque decían los carreteros que íbamos perdidos y que no hallaban remedio de salir de unos riscos altísimos por donde íbamos. Y, al tiempo que la santa nos mandó lo dicho, comenzó desde una hondura muy honda, que con harta dificultad se veía desde lo alto de aquellos riscos en que estábamos, a dar grandes voces un hombre, que en la voz parecía anciano, diciendo:

Deteneos, deteneos, que vais perdidos y os vais a despeñar si pasáis por ahí. A estas voces, paramos y los sacerdotes y las personas seglares que iban con nosotras comenzaron a escuchar y a preguntar:

“Padre, ¿qué remedio tenemos para salir del estrecho en que estamos?”. Él les respondió que echasen hacia una parte, que vimos todos que milagrosamente habían podido atravesar por allí los carros. Quisieron algunos ir a buscar al que nos había avisado y mientras ellos estaban allá, díjonos la Madre con mucha devoción y lágrimas: “No sé para qué los dejamos ir, que era mi padre san José y no lo han de hallar”. Y así fue que volvieron diciendo que no habían podido hallar rastro de él, aunque habían llegado a la hondura de donde sonó la voz45.

El padre Jerónimo Gracián, confesor de santa Teresa de Jesús, cuenta el caso de un religioso del monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, que era muy devoto de san José. Un día, salió a dar un paseo solitario por aquellas montañas y se alejó más de lo normal, extraviándose, perdiendo el camino y desorientándose completamente. Sin saber por dónde ir, se encomendó a san José.

Al poco rato, se encontró con un desconocido que conducía a una señora montada sobre una burrita y llevando en sus brazos un pequeño niño. Después de los saludos previos, les preguntó por dónde debía tomar el camino para llegar al monasterio, a lo que respondió el desconocido:

  • Si quiere usted seguirnos, yo se lo enseñaré, porque difícilmente usted lo hallaría, sobre todo, viniéndose encima la noche. No tema, pues conozco bien estos senderos.

Caminaron largo tiempo, hablando de las cosas de Dios, de modo que el corazón del religioso se sentía inflamado de amor de los bienes eternos. Por fin, llegaron a un lugar que el monje conocía. Entonces, los desconocidos se despidieron y el religioso, al darse la vuelta, no los vio más, pues habían desaparecido. Reflexionando sobre este suceso, cayó en la cuenta de que no podían ser otros que san José con la Virgen y el niño, que habían venido a sacarlo del apuro y conducirlo seguro al monasterio46.

San Juan de la cruz tenía mucha devoción a san José. El sello que usaba en los documentos, representaba el Monte Carmelo coronado por una cruz y con la inscripción: San José. Así aparece en el autógrafo que conservan las religiosas carmelitas descalzas de Sanlúcar la Mayor de Sevilla. Pero esta devoción no la tuvo desde siempre. Hay un hecho en su vida que hizo de él un gran devoto de san José.

Era san Juan de la cruz confesor de las carmelitas descalzas, mientras era Superior del convento de Los Mártires de Granada. Un día, no pudo bajar a confesarlas y encomienda el oficio al padre Pedro de la Encarnación y al padre Evangelista… Al entrar los dos descalzos por la Plaza Nueva, se les hace el encontradizo un hombre. Es de buen talle, tez blanca y sonrosada y tiene el cabello cano. Aparenta unos cincuenta años de edad. Viste traje negro y es de aspecto venerable. Se acerca a los descalzos, los separa y colocándose en medio de ellos, les pregunta de dónde vienen.

  • De las monjas descalzas, contesta el padre Pedro.
  • Muy bien hacen vuestras reverencias de atenderlas, porque en esta Religión se agrada mucho a Nuestro Señor y la estima Su Majestad en mucho, e irá en aumento. Padres, ¿por qué tienen en su Orden tanta devoción a san José?
  • Porque nuestra santa Madre Teresa de Jesús le era muy devota, pues le había ayudado mucho en sus fundaciones y le había alcanzado del Señor muchas cosas; y, por esta causa, las casas que ha fundado las ha intitulado de San José, dice el padre Pedro.
  • Mírenme vuestras reverencias a la cara y tengan mucha devoción a este santo, que no le pedirán cosa que no la alcancen de él.

Los descalzos no lo ven más (había desaparecido). Cuando llegan al convento de “Los Mártires”, cuentan al Prior lo que les ha pasado. Fray Juan de la cruz no muestra extrañeza alguna y les dice:

Callen, que no le conocieron; sepan que era san José; habíanse de arrodillar al santo. Y no se les apareció por vosotros, sino por mí, que no le era tan devoto como debía, pero lo seré de aquí en adelante47.
45 Sor Ana de Jesús, en procesos para la beatificación y canonización de santa Teresa de Jesús, editados por el padre Silverio de santa Teresa, tomo 1, Ed. Monte Carmelo, Burgos, 1935, p. 463.
46 Resumen del ejemplo presentado por Butiñá Francisco, Las glorias de san José, o.c., pp. 573-574.
47 Crisógono de Jesús, Vida de san Juan de la cruz, BAC, Madrid, 1982, p. 258. Este relato lo escribió de su puño y letra el padre Juan Evangelista, que dice al terminar: Esto sucedió el año de 1584 y por verdad lo firmo en nuestro convento de los Santos Mártires de Granada el 25 de abril de 1627. Este relato se encuentra en el manuscrito 7003 folio 158.

12.1» Apariciones de san José – Parte 1

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  El 7 de junio de 1660, el pastor Gaspar Ricard d´Estienne se refugió con sus animales a la sombra de los árboles del cerro del Bessillon, en la provincia de Var, municipio de Cotignac (Francia). Estaba sediento, pues hacía mucho calor. De pronto, un hombre de contextura imponente surgió delante de él y señalando una roca, le dijo:

Yo soy José. Levanta esa roca y beberás.

No podré, es demasiado pesada.

Sí podrás.

Entonces, el pastor se acerca y con gran sorpresa mueve la roca al primer intento. Y una fuente de agua viva comienza a fluir en el lugar. Gaspar corre y bebe con avidez. Cuando se levanta, el hombre había desaparecido. El pastor corre a anunciar la novedad al pueblo, donde nadie le cree. Pero algunas personas deciden seguirlo para ver el supuesto manantial.

A su llegada, todos gritan de alegría, porque el agua corre en abundancia desde hace tres horas y todos constatan que la roca que Gaspar movió tan fácilmente, no se mueve, si no la empujan al menos ocho hombres juntos. Entonces, Gaspar adquiere conciencia de la fuerza que le fue dada por el cielo y exclama:

  • El que estaba ahí era san José, él me dio fuerza.

Todos se arrodillan y le dan gracias a san José. Posteriormente, las curaciones obtenidas por la aplicación del agua milagrosa atraen multitudes hacia el cerro del Bessillon. El culto a san José, hasta entonces inexistente en la comarca, toma un impulso extraordinario y se extiende rápidamente por toda la Provenza. Y con los donativos recibidos y con la aprobación del obispo de Fréjus, se construye una capilla en el lugar. El rey de Francia Luis XIV decretó que, a partir de ese momento, la fiesta de san José fuera día festivo en todo el reino de Francia. Al año siguiente, el 19 de marzo de 1661, el rey consagró Francia a san José43.

  • El 21 de agosto de 1879 se aparece la Virgen María en el pueblecito irlandés de Knock. A su derecha estaba san José y a su izquierda san Juan Evangelista. Estas apariciones fueron aprobadas por la Iglesia y el santuario de Knock es actualmente el santuario mariano nacional de Irlanda.
  • En las apariciones de Fátima, les decía la Virgen María a los tres pastorcitos el 13 de septiembre de 1917: Continuad rezando el rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen, y san José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Y llegó la esperada fecha y última de las apariciones del 13 de octubre de 1917, que fue el día del gran milagro del sol, visto hasta a 50 kms de distancia del lugar por más de 100.000 personas.

Dice Lucía en sus Memorias: María, abriendo las manos, las hizo reflejarse en el sol. Y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz, proyectándose en el sol. Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa distancia del firmamento, vimos al lado del sol a san José con el Niño, y a Nuestra Señora, vestida de blanco con un manto azul.

San José con el Niño parecían bendecir al mundo con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después, desvanecida esta aparición, vimos al Señor y a Nuestra Señora, que me daba la idea de ser Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir al mundo de la misma forma que san José. Se desvaneció esta aparición y me parecía ver todavía a Nuestra Señora en forma semejante a Nuestra Señora del Carmen44.

  • En Zeitún, un suburbio de El Cairo (Egipto), donde según la tradición estuvo la Sagrada Familia, se apareció nuestra Madre la Virgen María desde el 2 de abril de 1968 hasta setiembre de 1970 en la cúpula exterior de una iglesia copta. Fueron apariciones que todos podían ver.

A veces, se reunían hasta 100.000 personas, y las apariciones duraban desde un cuarto de hora hasta dos horas o más. El 8 de junio de 1968 duró desde la nueve de la noche hasta las cuatro de la mañana. No hablaba, pero sonreía a todos. Allí se reunían musulmanes, judíos, coptos, ateos, católicos y cristianos de distintas denominaciones.

En algunas ocasiones, la Virgen María aparecía rodeada de ángeles, pero en dos ocasiones vino también como Sagrada Familia con san José y el niño Jesús. Su mensaje, sin palabras, estaba claro para todos: era la Madre de todos y a todos quería salvar y bendecir en unión con Jesús y con José. -

El 13 de mayo de 1944 se aparece la Virgen María con el Niño Jesús y san José en Ghiaie di Bonate, provincia de Bergamo, en Italia. Se le llama la Virgen de la familia. Se le aparecía a la niña de siete años Adelaida Roncalli.

En seis oportunidades, entre el 13 de mayo y el 13 de julio de este año 1944, tuvo lugar el milagro del sol que fue visto por miles de personas y que fue captado por el observatorio astronómico de Venecia a más de 200 kms del lugar, y del que hablaron los periódicos al día siguiente. La Virgen pedía oración y penitencia para la conversión de los pecadores. San José y el niño Jesús no hablaron, pero sonreían dulcemente.

Es importante anotar aquí lo referente a las supuestas apariciones de María en Itapiranga, Brasil, en 1994. Se le aparece al joven de diecisiete años Edson Glauber. En algunas ocasiones, María se le aparecía con el niño Jesús en brazos de san José. Le habló también de la consagración al Corazón castísimo de san José. San José se aparecía con un corazón en el pecho y, dentro de su corazón, había una M con una cruz, simbolizando a María y a Jesús, como si estuvieran siempre unidos los tres corazones.

En estas apariciones de Brasil, todavía no aprobadas por la Iglesia, al igual que las de Ghiaie di Bonate, le habló al joven de la veracidad de las apariciones de Ghiaie di Bonate, de las que el joven ni siquiera había oído hablar ni conocía el lugar, pero su director espiritual, un sacerdote italiano, sí sabía. El joven Edson ha visitado Ghiaie di Bonate y tuvo allí mismo algunas apariciones de María, que pide el rezo del rosario y mucha oración y penitencia para salvar a los pecadores.

43 Agustín María, Id a José, Ed. Traditions monastiques, 2004, pp. 103-105.
44 Lucía de Fatima, Memorias de Lucía, Ed. Sol de Fatima, Madrid, 1974, p. 152.

11» Los Papas y san José

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  BENEDICTO XIII, en 1725, fijó definitivamente la fiesta de los desposorios de José y María para el 23 de enero. Este mismo Papa, el 19 de diciembre de 1726, mandó colocar el nombre de san José en las letanías de los santos.

El PAPA PÍO IX, queriendo poner la Iglesia bajo la especial protección de san José, lo nombró patrono de la Iglesia universal el 8 de diciembre de 1870, por la encíclica Quemadmodum Deus. Eran tiempos muy difíciles, pues el Papa estaba prisionero en su palacio del Vaticano.

Unas semanas antes, las tropas piamontesas se habían apoderado de Roma. El mismo día de la proclamación de san José como patrono de la Iglesia, los fieles de Roma, que habían asistido a los oficios, fueron insultados y maltratados a la salida de la Iglesia. Por la noche, bajo las ventanas del Vaticano, unos indeseables gritaron: ¡Muera el Papa!

Este mismo Papa, en su Breve Inclytun Patriarcham, del 7 de julio de 1871, dice: El ilustre patriarca, el bienaventurado José, fue escogido por Dios prefiriéndolo a cualquier otro santo para que fuera en la tierra el castísimo y verdadero esposo de la Inmaculada Virgen María y el padre putativo de su Hijo único. Y con el fin de permitir a José que cumpliera a la perfección un encargo tan sublime, lo colmó de favores absolutamente singulares.

Por eso, es justo que la Iglesia católica, ahora que José está coronado de gloria y honor en el cielo, lo rodee de magníficas manifestaciones de culto y lo venere con una íntima y afectuosa devoción.

LEÓN XIII, en la encíclica Quamquam pluries, del 15 de agosto de 1889, dice: Las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia y por las que, a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús… José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia…

Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo.

PÍO XI declaró el 19 de marzo de 1935: José es quien lo puede todo cerca del divino Redentor y cerca de su divina Madre, de una manera y con una autoridad que superan las de un simple depositario. Y el 19 de marzo de 1938 decía: La intercesión de María es la de la madre, no vemos qué es lo que su divino Hijo podría negarle a tal madre.

La intercesión de José es la del esposo, la del padre putativo, la del jefe de familia; no puede dejar de ser todopoderosa, pues nada pueden negarle Jesús y María a José, que les consagró toda su vida y a quien realmente debieron los medios de su existencia terrestre.

El PAPA BENEDICTO XV incluyó el nombre de san José en las invocaciones Bendito sea Dios, después de la Exposición del Santísimo Sacramento.

PÍO XII en 1955 designó el primero de mayo como fiesta de san José obrero, encomendando a todos los obreros del mundo a su patrocinio.

JUAN XXIII era muy devoto de san José a quien lo nombró patrono del concilio Vaticano II y estableció que se incluyera su nombre en el canon de la misa.

PABLO VI dijo: san José fue un hombre pobre, honesto, laborioso, pero tiene una insondable vida interior. San José es un hombre comprometido, todo para María y para Jesús. Para él los trabajos, las responsabilidades, los riesgos, los afanes de la pequeña y singular familia.

Para él, el servicio; para él, el trabajo; para él, el sacrificio en la penumbra del cuadro evangélico, en el cual nos place contemplarlo y ciertamente con razón llamarlo dichoso y bienaventurado… San José es el modelo de los humildes que el cristianismo eleva a grandes destinos; san José es la prueba de que para ser buenos y auténticos seguidores de Cristo, no se necesitan grandes cosas, sino que se requieren solamente las virtudes comunes, humanas, sencillas, pero verdaderas y auténticas (Homilía del 19 de marzo de 1969).

“San José es el hombre justo, que lleva consigo todo el patrimonio de la antigua Alianza” (Redemptoris custos 32).

10» El más santo de los santos

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Después de la Virgen María, nadie ha habido ni habrá más santo que José. Su cercanía a María y a Jesús le hizo alcanzar el más alto grado de santidad. Él fue testigo excepcional de la Encarnación. Vio a Cristo recién nacido y lo tomó en sus brazos y lo abrazó con los más puros afectos. Y él mismo le puso el nombre, como jefe de familia.

Algunos, por eso, lo llaman a José la sombra del Padre, porque el Padre celestial lo delegó para hacer sus veces en la tierra; como su representante, para cuidar a su Hijo y ayudarlo en todo como buen padre. San Agustín llamaba a san José padre de Cristo y san Bernardo padre de Dios. Los evangelios lo nombran varias veces como padre de Jesús. ¿Puede decirse algo más grande de algún santo que ser padre de Jesús y, a la vez, ser esposo de María, la persona humana más santa que ha existido, existe y existirá?

Decía san Juan Damasceno: José es esposo de María, nada mayor puede decirse38. San José es el camino más corto, más rápido y más seguro para llegar a María, mediadora de todas las gracias. La Virgen María a nadie amó más en la tierra, después de Jesús, que a José; lo amó con un amor total y esponsal. ¿Quién puede calcular el poder de intercesión de José ante su esposa María y ante su hijo Jesús? Su patrocinio y su poder de intercesión es superior al de todos los demás santos y ángeles, sin duda alguna.

Ubertino de Casale, un italiano gran devoto de san José de fines del siglo XIII, en su obra Arbor vitae crucifixae, dice: En todo matrimonio, la unión de corazones se realiza hasta el punto que el esposo y la esposa se consideran como una sola persona o, como dice la Biblia, como una sola carne, como una sola realidad en dos personas. Así José se asemejó a su esposa. ¿Cómo podía el Espíritu Santo unir tan estrechamente el alma de María Virgen a otra alma, si ésta no hubiera sido semejante a ella en la práctica de la virtud? Yo estoy convencido de que san José fue el hombre más puro en virginidad, más profundo en humildad y más elevado en contemplación39.

San Gregorio Nacianceno (330-390) escribió: El Señor ha reunido en José como en el sol, toda la luz y el esplendor que los demás santos tienen juntos40.

El padre José María Vilaseca (1831-1910), fundador de los Institutos de Misioneros josefinos, dice: El poder de san José sobrepuja con mucho el poder de todos los ángeles y de todos los santos juntos, porque él es, a la vez, poderoso en el corazón de Dios y en el corazón de María41.

El Papa León XIII en la encíclica Quamquam pluries dice: No hay duda que san José se acercó más que cualquier otra persona a la supereminente dignidad por la que la Madre de Dios es ensalzada por encima de todas las criaturas creadas. Y el Papa Pío XI dijo: Entre Dios y José no distinguimos ni podemos distinguir otro mayor que María Santísima por su divina maternidad42.

Esto quiere decir que José, no sólo es mayor que cualquier otro santo, sino también que cualquier ángel. Algunos autores, para reafirmar esta idea de que José es mayor que los ángeles, citan el texto: ¿A cuál de los ángeles dijo Dios alguna vez: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy; y luego: Yo seré para Él Padre y Él será Hijo para mí? (Heb 1, 5). Estas palabras de Dios Padre, con relación a su Hijo Jesús, también las podría decir, en cierto modo, san José, pues ¿qué ángel podría decir a Jesús como José: Tú eres mi hijo?

San José es patrono de la Iglesia universal. A san Miguel arcángel también se considera patrono y protector de la Iglesia universal; pero la Iglesia solamente lo ha declarado solemnemente como tal a san José. Además, san Miguel es patrono de la Iglesia en cuanto que la defiende de Satanás y de todos sus ejércitos infernales. Su oficio es el de defender la Iglesia; en cambio, el oficio de san José es obtener inmensos favores para Ella, pues su intercesión ante Jesús y María es más poderosa que la de ningún otro, porque nadie ha estado más cerca de ellos que san José.

En resumen, san José es el más santo entre todos los santos y ángeles, y nosotros podemos sentirnos orgullosos de él y llamarle, como algunos santos, nuestro padre y señor.
38 Oratio de nativitate B.V.M.
39 Cahiers de Josephologie, vol 2, julio de 1953, pp. 186-187.
40 Gasnier Michel, Los silencios de san José, Ed. Palabra, Madrid, 1980, p. 207.
41 Vilaseca José María, Muy piadosas preces al Señor San José, México, 1887, lección III.
42 Sermón del 22 de abril de 1926.

9» San José y los moribundos

Autor: P. Angel Peña O.A.R

  Dice la palabra de Dios: Mucho vale a los ojos de Dios la muerte de los que le aman (Sal 116, 15). Bienaventurados los que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, para que descansen de sus trabajos, pues sus obras los acompañan (Ap 14, 13).

La muerte es una de las realidades más ciertas y más trágicas de la existencia humana. Todos, tarde o temprano, debemos morir. Pero ¡qué diferencia entre morir desesperados o morir en paz con Dios! San José tuvo la suerte de morir entre los brazos de Jesús y de María. Su muerte fue un paso tranquilo a la eternidad. Veamos lo que nos dice al respecto la beata Ana Catalina Emmerick:

Cuando José murió, estaba María sentada a la cabecera de la cama y lo tenía en brazos, mientras Jesús estaba junto a su pecho. Vi el aposento lleno de resplandor y de ángeles. José, cruzadas las manos en el pecho, fue envuelto de lienzos blancos, colocado en un cajón estrecho y depositado en la hermosa caverna sepulcral, que un buen hombre le había regalado. Fuera de Jesús y María, unas pocas personas acompañaron el ataúd, que vi, en cambio, entre resplandores y ángeles34.

La venerable María de Jesús de Ágreda dice: Jesús le dio la bendición y le dijo: Padre mío, descansa en paz y en la gracia de mi Padre celestial y mía. A mis profetas y santos, que te esperan en el limbo, dales alegres nuevas de que llega ya su redención. En los brazos de Jesús expiró el santo y felicísimo José, y Jesús le cerró los ojos. Y, al mismo tiempo, una multitud de ángeles, que asistían con su Rey y Reina, hicieron dulces cánticos de alabanza con voces celestiales y sonoras. Luego, llevaron su alma al limbo de padres y profetas…, donde causó nueva alegría ante aquella innumerable redención35.

El pueblo cristiano, basándose en la dicha de José de haber muerto en los brazos de Jesús y de María, lo ha considerado siempre como abogado y protector de los agonizantes. Y así lo ha corroborado la Iglesia con su autoridad. El Papa Benedicto XV, el 25 de julio de 1920, escribió: Habiendo la Sede apostólica aprobado diversos modos de honrar al santo patriarca, celébrense con toda la solemnidad posible los miércoles y el mes que le está dedicado (marzo), en todas y cada una de las diócesis a instancia de los obispos. Pero, principalmente, como es singular protector de los moribundos, pues a su muerte estuvieron presentes el mismo Jesús y María, fomenten los venerables hermanos aquellas asociaciones piadosas, que fueron fundadas para orar a san José por los moribundos como la de la “Buena muerte” y la del “Tránsito de san José”, a fin de que ayude con toda su autoridad a favor de los agonizantes.

El Papa Pío XI, en las letanías de san José, aprobadas el 21 de marzo de 1935 dice: Patrono de los moribundos, ruega por nosotros. En el Catecismo de la Iglesia católica se nos aconseja: Pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros en la hora de nuestra muerte y confiarnos a san José, patrono de la buena muerte (Cat 1014).

Veamos un ejemplo: La venerable Ana de San Agustín (1555-1624), carmelita descalza, era muy devota de san José y estando ya agonizante, vinieron a llevársela al cielo Jesús, san José y santa Teresa de Jesús. Viendo la moribunda su celda convertida en un cielo, dio muestras de alegría extraordinaria. En cierto momento, exclamó tres veces: ¡Mis padres! Refiriéndose a san José y santa Teresa… Una carmelita de gran virtud, que moraba en distinto convento, estando rogando por la enferma, la vio subir al cielo entre san José y santa Teresa de Jesús, seguida de gran número de ángeles y santos, que componían el triunfal cortejo. Así honra san José en la hora de la muerte a los que le honran en vida y le piden la gracia de una buena muerte36.

San Vicente Ferrer (1350-1419), predicando un día el sermón de la fiesta de la Navidad, contó lo siguiente: Un mercader de Valencia (España) invitaba a su casa todos los años el día de Navidad a un pobre anciano y a una mujer con su hijo pequeño, pues le representaban a la Virgen con el niño Jesús y san José. Se sabe que, a su muerte, se le aparecieron la Virgen con el Niño y José diciéndole: Por recibirnos en tu casa, te recibiremos a ti en la nuestra37.
34 Emmercik Ana Catalina, Visiones y Revelaciones, Ed. Guadalupe, México, Vida de Jesucristo, cap. XCV, p. 330.
35 Mística ciudad de Dios, Tomo 5, segunda parte, libro 5, cap. 15.
36 Resumen del ejemplo del libro Glorias de san José de Francisco Butiñá, o.c., pp. 613-614.
37 Llamera Bonifacio, Teología de san José, BAC, Madrid, 1953, p. 652.

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