Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » Horario

Autora: Luisa Piccarretta

» Horario

1ª Hora
De las 5 a las 6 p.m.
Jesús se despide de su Santísima Madre

2ª Hora
De las 6 a las 7 p.m.
Jesús se aleja de su Madre Santísima y se encamina al
Cenáculo.

3ª Hora
De las 7 a las 8 p.m.
La cena legal.

4ª Hora
De las 8 a las 9 p.m.
La cena Eucarística.

5ª Hora
De las 9 a las 10 p.m.
Primera Hora de agonía en el Huerto de Getsemaní

6ª Hora
De las 10 a las 11 p.m.
Segunda Hora de agonía en el Huerto de Getsemaní

7ª Hora
De las 11 a las 12 p.m.
Tercera Hora de agonía en el Huerto de Getsemaní

8ª Hora
De las 12 a la 1 a.m
La captura de Jesús

9ª Hora
De la 1 a las 2 a.m.
Jesús, atado, es hecho caer en el torrente de Cedrón

10ª Hora
De las 2 a las 3 a.m.
Jesús es presentado a Anás

11ª Hora
De las 3 a las 4 a.m.
Jesús en casa de Caifás

12ª Hora
De las 4 a las 5 a.m.
Jesús en medio de los soldados

13ª Hora
De las 5 a las 6 a.m.
Jesús en la prisión

14ª Hora
De las 6 a las 7 a.m.
Jesús de nuevo ante Caifás y después es llevado a Pilatos

15ª Hora
De las 7 a las 8 a.m.
Jesús ante Pilatos
Pilatos lo envía a Herodes

16ª Hora
De las 8 a las 9 a.m.
Jesús de nuevo ante Pilatos. Es pospuesto a Barrabás
Jesús es flagelado

17ª Hora
De las 9 a las 10 a.m.
Jesús es coronado de espinas. “Ecce Homo”
Jesús es condenado a muerte

18ª Hora
De las 10 a las 11 a.m.
Jesús abraza la Cruz

19ª Hora
De las 11 a las 12 a.m.
La Crucifixión de Jesús

20ª Hora
De las 12 a la 1 p.m.
Primera Hora de agonía en la Cruz

21ª Hora
De la 1 a las 2 p.m.
Segunda Hora de agonía en la Cruz

22ª Hora
De las 2 a las 3 p.m.
Tercera Hora de agonía en la Cruz
Muerte de Jesús

23ª Hora
De las 3 a las 4 p.m.
Jesús muerto, traspasado por la lanza
El descendimiento de la Cruz

24ª Hora
De las 4 a las 5 p.m.
La Sepultura de Jesús

Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » » Del valor y del Provecho del Ejercicio de Estas Horas de la Pasión

Autora: Luisa Piccarretta

Con la debida reserva y con la más perfecta sumisión al juicio de la Santa Iglesia, según el decreto del Papa Urbano VIII, transcribo ahora algunas REVELACIONES que Nuestro Señor Jesucristo habría hecho al Alma Solitaria, a la que inspiró esta Obra.

Revelaciones que muestran cuán agradable es al Corazón adorable de Jesús que se practique este Ejercicio.

Comienzo con transcribir una carta enviada a mí por la Autora:

“Muy Reverendo Padre Annibale:

Finalmente, le remito las Horas de la Pasión. Todo para gloria de nuestro Señor. Le envío también otras hojas en las que se contienen los efectos y las bellas promesas de Jesús para quien hace estas Horas de la Pasión.

Yo creo que si quien las medita es pecador, se convertirá; si es imperfecto, se hará perfecto; si es santo, se hará más santo; si es tentado, encontrará la victoria; si sufre, encontrá en estas Horas la fuerza, la medicina y el consuelo; si su alma es débil y pobre, encontrará un alimento espiritual y un espejo donde mirarse continuamente para embellecerse y hacerse semejante a Jesús, nuestro modelo.

Es tanta la complacencia que del ejercicio de estas Horas Jesús bendito recibe, que Él quisiera que hubiera un ejemplar en cada ciudad y pueblo y que se practicara, porque entonces sucedería como si en esas reparaciones Jesús sintiera reproducirse su misma voz y sus mismas oraciones tal como Él mismo las elevaba al Padre en las 24 horas de su dolorosa Pasión.

Y si esto se hiciera por las almas en todas las ciudades y hasta en los más pequeños pueblos, Jesús me hace entender que la Justicia Divina quedaría en gran parte aplacada y serían en gran parte evitados y como aligerados los flagelos en estos tan tristes de dolores y de sangre.

Haga UD. Reverendo Padre, una llamada a todos, para que tenga su cumplimiento esta obra que Jesús me ha hecho hacer.

Quiero decirle que la finalidad de estas Horas de la Pasión no es la de narrar la historia de la Pasión, pues muchos libros hay que tratan este piadoso tema, y no habría sido necesario hacer uno más.

La finalidad es la de uniros con nuestro Señor Jesucristo para hacernos corredentores en Él, aceptándonos el Padre Eterno como a su propio hijo.

De aquí la importancia que tiene el meditar y reparar estas horas junto a Jesús, en algunos pasajes se bendice, en otros se da correspondencia, en otros se suplica, se pide, se implora, etc.

Pero dejo a Ud. Padre Annibale, hacer conocer a todos esta finalidad de las Horas con un prólogo o introducción”.

Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » Sobre las Horas de la Pasión

Autora: Luisa Piccarretta

Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
De la Sierva de Dios Luisa Piccarretta
Es una serie de 24 meditaciones sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, precedida la presentación de la autora y la introducción escrita por su censor oficial y primer editor San Aníbal de Francia consta en el epílogo final.

Está escrita especialmente para almas amantes de Jesucristo, que desean cultivar su vida espiritual, y para almas consagradas, como indica el Beato Aníbal de Francia. Les servirá para “internarse en los sentimientos del Corazón Santísimo de Jesús en sus divinos padecimientos” y obtener gozosos frutos de mayor amor y gratitud hacia Jesús, purificación del alma, progreso espiritual, fortalecimiento en las pruebas, mayor unión con Dios…

Que la Sma. Virgen María, la primera en haber acompañado a Jesús en su camino de la Cruz y en rememorar después muchas veces en su corazón, volviendo a recorrerlo, el amor y el dolor por el que Jesús quiso redimirnos, haga que sean muchos los que, aprovechando la guía de este librito, gusten en acompañarla a Ella y a su Divino Hijo en la Vía Dolorosa ahora y en la Gloria y Dicha Celestial, en su compañía, después.

Atlacomulco, Méx., a 22 de enero de 2005

RICARDO GUIZAR DÍAZ
OBISPO DE ATLACOMULCO

Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » De una carta de S. Aníbal a Luisa Piccarretta

Autora: Luisa Piccarretta

San Aníbal María de Francia
Confesor extraordinario y censor de los escritos
de la sierva de Dios Luisa Piccarretta
Apóstol de la Divina Voluntad
Canonizado el 16 de Mayo de 2004

“Son “escritos” que ya es necesario dar a conocer al mundo.

Creo que producirán grandes frutos. Por cuanto la grandeza de esta ciencia del “Divino Querer” es sublime, igualmente estos escritos dictados celestialmente nos la presentan clara y límpida.

Pero a mi parecer, ninguna inteligencia humana hubiera
podido crearla”. Vuestro en J. C.

Canónigo A. M. Di Francia
Messina, 20.6.1924

Sobre las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo » Introducción

Autora: Luisa Piccarretta

La presente obra, si bien publicada bajo mi nombre, o mejor a mi cargo, no ha sido escrita por mí.

Yo la conseguí, la obtuve, después de mucho insistir, de una persona que vive solitaria en íntima comunión de inefables sufrimientos con nuestro adorable y Divino Redentor Jesús, y no sólo con los de Él, sino también con las penas de su Santísima e Inmaculada Madre María.

Esta persona inició la serie de sus meditaciones a partir del siguiente suceso:

Tenía la edad de trece años cuando, mientras se encontraba un día en su estancia, escuchó ruidos extraños, como de una multitud de gente ruidosa que pasara por la calle.

Corrió al balcón… y asistió a un espectáculo conmovedor.

Una turba de feroces soldados, con antiguos cascos, armados con lanzas, con aspecto como de gente ebria y enfurecida, y cuyo caminar se mezclaba con gritos, blasfemias y empellones, y llevaba entre ella a un hombre encorvado, vacilante, ensangrentado…

¡Ay, qué escena!…El alma contemplativa se conmueve y se estremece…Mira entre la turba para ver quién es ese hombre, ese infeliz así maltratado, así arrastrado…

Ese hombre se encuentra ya bajo su balcón…y levantando su cabeza, la mira, y con una voz profunda y lastimera, dirigiéndose a ella, le dice: “¡Alma, Ayúdame…!”.

Oh Dios, el alma lo fija, lo mira…lo reconoce, ¡es Jesús!, es el Redentor Divino…coronado de espinas, cargado con la pesada Cruz, quien es cruelmente llevado hacia el Calvario.

La escena de la Vía Dolorosa se le presenta ante la mirada espiritual y corporal. Lo que sucedió veinte siglos atrás se le hace presente por la Divina Omnipotencia…y Jesús la mira y le dice: “¡Alma, Ayúdame…!”.

En ese momento la jovencita, a punto de desvanecerse ante tal vista y no pudiendo soportar tan desgarrador espectáculo, rompe en llanto y deja el balcón para entrar a la estancia, pero el amor, la compasión que han surgido hacia el Sumo Bien así reducido, la llevan de nuevo al balcón…

Temblando dirige su mirada hacia la calle,,,pero todo ha desaparecido: Desaparecida la turba, desaparecidos los gritos, desaparecido Jesús. Todo ha desaparecido… excepto la viva imagen de Jesús sufriente que fue al Calvario a morir crucificado por nuestro amor…, excepto el sonido, siempre vivo, de esa voz…“¡Alma, Ayúdame…!”.

El alma solitaria, en el florecer de su juventud espiritual fue presa en aquel momento del tal amor a Jesús sufriente, que ni de día ni de noche ha podido dejar de meditar, con la más profunda contemplación de amor y de amoroso dolor, en los sufrimientos y en la muerte del adorable Redentor Jesús.

Muchos años han transcurrido desde el día de aquella visión, desde aquella doliente invitación…“¡Alma, Ayúdame…!”, y la persona a quien fueron dirigidas estas palabras no ha dejado nunca sus dolorosas contemplaciones.

No me es lícito manifestar su nombre, ni el lugar donde sencillamente y en la soledad ella vive.

Me contentaré con llamarla simplemente con el nombre de “Alma”, y a este nombre lo complementaré frecuentemente con adjetivos de toda clase, tanto en el curso de esta introducción como en el cuerpo de las meditaciones de este libro.

Antes de todo, hay que decir que cualquier meditación acerca de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es de suma complacencia al Corazón adorable de Jesús, y de sumo provecho espiritual para quien devotamente la hace.

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