1.28» Linda Poindexter

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Linda Poindexter, norteamericana, esposa de John Poindexter, contralmirante de la Armada de USA, madre de cinco hijos, perteneció a la iglesia Discípulos de Jesús hasta los 20 años.

Desde entonces, perteneció a la Iglesia episcopaliana, donde llegó a ser sacerdotisa desde 1986 a 1999 hasta que se convirtió a la Iglesia católica, como también lo hizo su esposo un poco más tarde.

En una entrevista que le hizo el periodista Stephen Ryan, corresponsal del periódico católico National Catholic Register de Inglaterra, le dijo:

“Me hice católica, porque entre los protestantes existe la tendencia a tener ideas propias y es lo que ha motivado la existencia de tantas iglesias distintas. Ellos no tienen una idea clara de la autoridad...

Cuando comencé a interesarme por la Iglesia católica, lo primero que hice fue comprar el libro Apología del cardenal John Henry Newman...

Más tarde, estando destinada a una parroquia (como sacerdotisa episcopaliana) me resultaba difícil orar en el mismo lugar de mi trabajo.

Había una iglesia católica a pocos minutos y yo solía ir a orar. Me ponía una bufanda para tapar mi alzacuello.

Recuerdo sentir un vago deseo, casi un anhelo: Ojalá un día pueda ser católica.

Adquirí muchos libros sobre María, pues sentía una gran inclinación a amar a María...

También estoy convencida de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No todo el mundo lo entiende y me entristece ver la indiferencia que hay hacia la presencia real de Jesús en la Eucaristía”113.


113 Puede verse este artículo en internet www.archimadrid.es. Linda Poindexter dio su testimonio en el Congreso internacional de convertidos de Austria en noviembre de 2003.

1.27» Stephen Ray

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Cuando su mejor amigo, que era pastor evangélico, decidió con su esposa hacerse católico, él empezó a investigar el porqué de su decisión y, acudiendo a la Iglesia primitiva, encontró que era la auténtica Iglesia de Cristo, que se conservaba viva en la Iglesia católica.

En su libro Crossing The Tiber cuenta cómo el 2 de enero de 1994 fueron, él y su esposa, por primera vez a una misa, acompañados de sus dos amigos, Al y su esposa Sally.

Dice: “A media misa, de pronto, me di cuenta que era la misma liturgia, con los mismos textos de la Escritura, que era celebrada a lo largo del mundo en Japón, Rusia, Nueva York, Israel, Egipto, Sudáfrica, India, Roma y en cualquier otra parte del mundo, y así había sido por dos mil años.

La misma antigua liturgia que había sido celebrada por los apóstoles y Policarpo, Ireneo, Clemente, Cirilo, Atanasio, Agustín y todos los santos y predecesores de la primitiva Iglesia”110.

“Mi esposa Janet y yo nunca hemos olvidado la experiencia de aquella primera misa y nunca olvidaré el lugar donde estuve sentado...

Después de visitar aquella iglesia de Cristo Rey durante varias semanas, pedimos unirnos a ella. Pero tuvimos que estudiar por doce semanas, diferentes aspectos de la fe católica y así pudimos entrar en la Iglesia el domingo de Pentecostés...

El domingo que fuimos recibidos en la Iglesia católica romana será recordado como uno de los más importantes de la vida.

Era Pentecostés, 22 de mayo de 1994, y nos unimos junto a Rob Corzine, otro convertido de la Iglesia bautista”111.

“Mi esposa y yo, en nuestra conversión a la fe católica hemos tenido la experiencia de ser cristianos en plenitud.

Nosotros somos todavía evangélicos, en el mejor sentido de la palabra, y amamos y admiramos su fervor y su celo por la evangelización.

El evangelismo nos enseñó a amar a Dios, conocer las Escrituras y seguir la verdad. El evangelismo fue una nodriza que nos llevó a la plenitud de la fe en la Iglesia católica.

La profundidad de alegría y paz que acompañó nuestra conversión es inexpresable. Hemos descubierto que esta misma experiencia han tenido los que han cruzado el Tiber y han llegado a la fe del Papa de Roma, a la plenitud de la fe en la Iglesia católica”112.

Stephen Ray, bautista y profesor de estudios bíblicos, en USA, encontró en la Iglesia la plenitud de su fe cristiana.


110 Ray Stephen K., Crossing the Tiber, Ignatius Press, San Francisco, 1997, p.85.
111 ib. p. 87.
112 ib. p. 275.

1.26» Robert Williams

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Él nos dice: “El comienzo de mi conversión fue la confusión dentro de los cristianos evangélicos.

Yo creía en Cristo, creía que mis pecados habían sido perdonados y creía que conocía el Evangelio del Nuevo Testamento. También creía que todas las demás religiones eran falsas.

A la Iglesia católica la veía como apóstata, llena de corrupciones medievales, y estaba convencido de que la Palabra de Dios era la única autoridad.

Pero los evangélicos están divididos; por ejemplo, unos aceptan el bautismo de los niños y otros creen que sólo es para creyentes adultos.

Estudié el asunto del bautismo y descubrí que el bautismo, exclusivamente de adultos, había comenzado en el siglo XVI.

Esto fue la clave de la verdad y traté de convencer a cristianos evangélicos bautistas de esta verdad, pero me decían que eso era secundario.

Por otra parte, ninguno de los Padres de la Iglesia predica la justificación por sola fe.

La teoría de que en el siglo IV, el emperador Constantino había empezado la corrupción de la Iglesia, me pareció menos creíble.

Yo descubrí que los líderes de la primitiva iglesia creían en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, en la sucesión apostólica, en las oraciones por los difuntos y en el puesto especial del obispo de Roma.

Por eso, como diría el cardenal Newman: el que estudia la historia, deja de ser protestante.

A mí me dijeron que la Iglesia católica había quemado copias de la Biblia, pero yo descubrí que la Iglesia había conservado la Biblia y había definido cuáles eran los libros inspirados, y sólo había prohibido las ediciones que eran traducciones heréticas, que atacaban a la Iglesia y al Papa como la de Tyndale.

Además, antes de la Reforma, ya se había traducido la Biblia a las principales lenguas modernas...

Por otra parte, los cristianos bíblicos se preocupan mucho de condenar ciertas conductas de los demás.

Por ejemplo, consideran que tomar licor es pecado y están convencidos que Jesús tomó sólo jugo de uva en la Última Cena o que el vino que multiplicó en las bodas de Caná no era alcohólico.

Para algunos el bailar es una abominación, para otros el fumar o el comprar lotería y, sin embargo, casi todos ellos aceptan los medios artificiales anticonceptivos.

Por esto y por mucho más, yo me he hecho católico. Y no estoy solo.

En los últimos años, muchos evangélicos conservadores han entrado en la Iglesia, a pesar de que el camino a la Iglesia está bloqueado por muchas falsas ideas y malas interpretaciones sobre lo que es la Iglesia.

La Iglesia católica es como la pequeña piedra de la visión de Daniel que destruye la falsa imagen (Dan 2), es la semilla de mostaza que llega a ser un árbol grande. Es la casa edificada sobre roca”109.


109 ib. pp. 112-123.

1.25» Thomas Ricks

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Dice:

“Yo crecí fundamentalista bautista en una zona rural de Carolina del Norte (USA).

Al catolicismo sólo lo conocía por televisión y por las enciclopedias. Por eso, crecí sin ningún sentimiento anticatólico...

Mi padre era pastor... Y yo llegué a ser predicador bautista...

En una conferencia ecuménica, encontré a muchos devotos e instruidos católicos, que vivían profundamente su fe y sabían exactamente por qué eran católicos.

Un domingo asistí a su misa. Era la fiesta del Corpus Christi y Fr. John Michael Beers celebraba la misa en la que citó a san Agustín, hablando de la Eucaristía.

Mi esposa y yo comenzamos a estudiar el catolicismo, del que sabíamos muy poco, y, cuando viajábamos, íbamos a la misa católica, en vez de ir al servicio bautista.

Después de varios meses de estudio, encontramos a Fr. Conrad Kimbrough, un sacerdote de la diócesis de Charlotte, que fue providencial para nosotros.

Este santo y sabio sacerdote, convertido él mismo, fue el instrumento de nuestra conversión. Nos recomendó leer los escritos de los Santos Padres de la primitiva Iglesia para ver cuál era la religión de los primeros cristianos.

Cuando comencé a leer estos escritos como la Didache, la tradición apostólica de san Hipólito, la epístola de Papa san Clemente a los corintios o los escritos de san Ireneo, me admiré de que aquellas doctrinas, que yo había considerado como inventos medievales, por ejemplo la veneración de los santos o la oración por los difuntos, estaban claramente aceptadas en la antigüedad...

Después leí las siete cartas de san Ignacio de Antioquía, que fue martirizado el año 107, y en ellas habla de la presencia real de Jesús en la Eucaristía y de la importancia esencial de la sucesión apostólica desde el principio. Por eso, me hice católico.

El 1° de enero de 1994, mi esposa y yo, fuimos bautizados condicionalmente y recibidos en la Iglesia católica, recibiendo la primera comunión.

Yo me sentí como un hombre que había vivido comiendo sólo pan y agua toda su vida, y descubre de pronto un suntuoso banquete al que es invitado...

Me sentía como un hombre que toda su vida ha estado hablando de que debe construir una casa, pero nunca ha tenido un martillo ni una sierra para hacerlo.

Ahora he descubierto todas las herramientas en la adoración eucarística, el rosario, el oficio divino, etc.

Desde que hemos entrado a la Iglesia católica, Dios nos ha bendecido con tres nuevos hijos.

Hemos vivido en distintos lugares y hemos encontrado maravillosos católicos y muchos convertidos.

Cada conversión es única. Pero la conversión no es el final, sino el comienzo de un nuevo viaje de crecimiento.

Desde hace dos mil años, Jesús ha estado presente en el sacramento eucarístico para hacernos santos”108


108 Moss Rosalind, o.c., pp. 71-81.

1.24» James Pitts

REGRESANDO A CASA
Testimonio

Veamos un resumen de lo que dice sobre su conversión:

“Hace dos años, yo estaba completando mi segundo año como pastor en la iglesia presbiteriana de Abilene, Texas, y se acercaba el vigésimo aniversario de mi ordenación como ministro.

Yo amaba a Jesús, yo amaba ser pastor y amaba a mi congregación, a la que yo servía. En el verano de 1998, sin embargo, yo sentí la necesidad de una renovación espiritual en mi vida. Recuerdo cómo deseaba estar más cerca del Señor...

Un amigo, sacerdote episcopal, me habló sobre un monasterio católico que ofrecía retiros espirituales. Era el monasterio de Nuestra Sra. de Guadalupe, abadía benedictina en Pecos, Nuevo México...

A mediados del verano, ya estábamos mi esposa Sandra y yo, disfrutando de la oración monástica, y cantando el oficio divino con los benedictinos.

En los cinco años anteriores, yo estaba buscando una vida más sacramental y había llegado ya a creer en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y, aunque yo sabía que la consagración del pan y del vino no podía tener lugar en la Iglesia presbiteriana, yo tenía la esperanza de incrementar las celebraciones de comunión, de una vez al mes hasta cada domingo.

La comunidad benedictina tenía adoración de 6,30 a 7,30 cada tarde. Una gran hostia (consagrada) era colocada en una custodia para adorar a Jesús. Todos estaban de rodillas.

Después de unos minutos de leer la Biblia, yo miré la hostia y vi una luz radiante, que brilló como si saliera de ella. De pronto, un sentimiento de amor vino sobre mí, sin saber por qué. Yo me arrodillé de nuevo y oré al Señor.

No podía apartar mis ojos de la hostia y decía: ¿Cómo puedo saber que tú estás aquí con nosotros, Señor?

Al otro día, celebró la misa Fr. Kevin en honor de la Virgen María, al conmemorar sus 20 años de sacerdocio...

Él me dijo después de la misa: Yo amo a María. Ella es mi madre, la madre de todos. Ella es también tu madre.

La presencia de Cristo en la Eucaristía y el amor a María me llevó a abrir mi corazón a Dios.

Durante la Cuaresma de 1999, en el fin de semana de la Fiesta de la Anunciación, yo y mi esposa Sandra fuimos recibidos en la Iglesia católica por el buen obispo de Alexandria, Luisiana.

La Iglesia consideró válido mi bautismo, recibido 46 años antes en la Iglesia metodista”107.


107 Moss Rosalind, Home at last, Ed Catholic Answers, San Diego, 2000, pp. 25-36.

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