28» Renovación de las Promesas Matrimoniales

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Esposo: Bendito seas, Señor, porque ha sido un regalo tuyo recibir a …… por esposa.

Por ello, quiero darte gracias y pedirte que la bendigas y nos llenes cada día más de tu amor.

Esposa: Bendito seas, Señor, porque ha sido un regalo tuyo recibir a …… por esposo. Por ello, quiero darte gracias y pedirte que lo bendigas y nos llenes cada día más de tu amor.

Yo te recibo a ti como esposo(a) y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.

(Tomados de la mano):

BENDITO SEAS, SEÑOR, PORQUE NOS HAS ASISTIDO AMOROSAMENTE EN LAS ALEGRIAS Y EN LAS PENAS DE NUESTRAS VIDAS.

TE PEDIMOS QUE NOS AYUDES A GUARDAR FIELMENTE NUESTRO AMOR MUTUO PARA QUE SEAMOS FIELES TESTIGOS DE TU AMOR EN EL MUNDO.

BENDÍCENOS Y BENDICE A NUESTROS HIJOS. AMEN.

27» Un Mensaje de María

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

La Virgen María, nuestra Madre, le decía al padre Esteban Gobi, fundador del Movimiento sacerdotal mariano, aprobado por la Iglesia:

A los niños les pido que crezcan en la virtud de la pureza.

A los jóvenes les pido que se formen en el dominio de las pasiones con la oración y la vida de unión conmigo y que renuncien a ir a los cines y discotecas, donde hay un continuo peligro de ofender la virtud de la pureza.

A los novios les pido que se abstengan de toda relación antes del matrimonio.

A las familias les pido que se formen en el ejercicio de la castidad conyugal y nunca usen medios artificiales para impedir la vida (13 de octubre de 1989).

Oren más, especialmente, el santo rosario. Hagan frecuentes horas de adoración y reparación eucarística, acojan con amor todos los sufrimientos que el Señor les mande y difundan sin miedo mis mensajes (15 de setiembre 1989).

No tengan miedo, al final la victoria será sólo de mi Hijo y mía: será el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo (19 de diciembre de 1973).

Conságrense a mi Corazón inmaculado. A quien se consagra a Mí, yo vuelvo a prometerle la salvación: la salvación del error en este mundo y la salvación eterna (13 de mayo de 1976).

En estos tiempos en que hay tanta pornografía y tanta inmoralidad, es importante protegerse bajo el manto de María y rezar el rosario, que es un arma sencilla y humilde contra la soberbia de Satanás.

Y, además, acudir frecuentemente a Jesús Eucaristía para recibir fuerza para seguir adelante.

Algo importante es también el acudir a los santos y ángeles en demanda de ayuda.

Y muy especialmente, pedir ayuda a todos nuestros familiares que estén ya en el cielo y a todos los ángeles de nuestra familia que han sido sus custodios a lo largo de los siglos.

De vez en cuando, les recomiendo mandar celebrar una misa en honor de los ángeles de la familia y por todos los difuntos, incluidos los niños muertos sin bautismo.

Que Dios haga de su familia, una gran familia para gloria de Dios.

26» Esposa Ideal – Parte 2

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Una mujer así es un tesoro. Por eso el poeta Gabriel y Galán la buscaba y le cantaba en un poema:

Y nosotros podemos cantarle esa conocida canción que dice así:

        Busqué una mujer como mi madre entre las hijas de mi hidalga tierra.

        Y fue mi esposa, viviente imagen de mi madre muerta.

        ¡Un milagro de Dios que ver me hizo otra mujer como la santa aquella!

        Compartían mis únicos amores la amante compañera, la patria idolatrada, la casa solariega con la   heredada hacienda.

        ¡Qué buena era la esposa y qué feraz la tierra!

        ¡Qué alegre era mi casa y qué sana mi hacienda, y con qué solidez estaba unida la tradición de la honradez a ellas!

        Una sencilla labradora humilde, hija de oscura castellana aldea; una mujer trabajadora, honrada, cristiana, amable, cariñosa y seria, trocó mi casa en adorable idilio, que no pudo soñar ningún poeta.

        ¡Oh, cómo se suaviza el penoso trajín de las faenas cuando hay amor en casa!

        Todo lo pudo la mujer cristiana, logrólo todo la mujer discreta; la vida en la alquería giraba en torno a ella, pacífica y amable, monótona y serena...

        ¡Y cómo la alegría y el trabajo donde está la virtud se compenetran!

        Lavando en el riachuelo cristalino cantaban las mozuelas.

        Y cantaba en los valles el vaquero y cantaban los mozos en las sierras, y el aguador camino de la fuente, y el cabrerillo en la pelada cuesta…

        ¡Y yo también cantaba, que ella y el camino hiciéronme poeta!

        ¡Qué deseos el alma tenía de ser buena, y cómo se llenaba de ternura, cuando Dios le decía que lo era!
        Como una promesa eres tú, eres tú, como una mañana de verano; como una sonrisa eres tú, eres tú, así, así eres tú.

        Toda mi esperanza eres tú, eres tú; como lluvia fresca en mis manos; como fuerte brisa eres tú.

        Eres tú, así eres tú.
        Eres tú, como el agua de mi fuente, eres tú, como el fuego de mi hoguera.

        Algo así eres tú, algo así como el fuego de mi hoguera, algo así eres tú, mi vida, algo así eres tú.

        Como mi poema eres tú, eres tú; como mi guitarra en la noche; todo mi horizonte eres tú, eres tú, así eres tú.

25» Esposa Ideal – Parte 1

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

¿Puede haber una esposa ideal?

En la realidad, nunca la encontraremos, pero, al menos, veamos algunas de sus cualidades tal como la presenta la Biblia:

Vale mucho más que las perlas. En ella confía el corazón de su marido y no tiene nunca falta de nada. Le da siempre gusto y nunca disgustos, todo el tiempo de su vida…

Todavía de noche, se levanta y prepara a su familia la comida. Tiende la mano al pobre… Se reviste de fortaleza y gracia y sonríe al porvenir.

La sabiduría abre su boca y en su lengua está la ley de la bondad. Vigila a toda su familia y no come su pan de balde.

Se alzan sus hijos y la aclaman bienaventurada y su marido la ensalza. Engañosa es la gracia y fugaz la hermosura, la mujer que teme (ama) al Señor ésa es de alabar (Prov 31, 10-31)

El Papa Pío XII decía de ella: Es el sol de la familia con su generosidad y abnegación, con su constante prontitud, con su delicadeza vigilante y previsora en todo cuanto puede alegrar la vida de su esposo y de sus hijos.

Ella difunde en torno a sí luz y calor; y, si suele decirse de un matrimonio que es feliz, cuando cada uno de los cónyuges al contraerlo se consagra a hacer feliz al otro, este noble sentimiento e intención es, sin embargo, virtud principal de la mujer.

La esposa es el sol de la familia con la claridad de su mirada y con el fuego de su palabra. Es el sol de su familia con su ingenua naturalidad, con su digna sencillez y con su majestad cristiana y honesta.

Sus sentimientos delicados, sus graciosos gestos, sus ingenuos silencios y sonrisas le dan la gracia de una flor selecta y, sin embargo, sencilla que abre la corola para recibir y reflejar los colores del sol.

¡Oh si supieseis cuán profundos sentimientos de amor y de gratitud suscita en el corazón del padre de familia y de los hijos semejante imagen de esposa y de madre24.
24 Pío XII a los recién casados, 11 de marzo de 1942.

24» Matrimonios Felices – Parte 3

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

El padre Clemente Sobrado cuenta que un día le llegó una confesión escrita en la que alguien le decía:

Aquella mañana del 8 de enero de 1976, cansado de la rutina del trabajo y de la vida diaria, decidí aflojar tensiones y me propuse correr una pequeña aventura.

Marqué el número del teléfono. Me contestó ella misma con su voz clara… Escuchó mi propuesta. Dudó unos instantes.

Luego, decidida, aceptó salir conmigo aquella noche. Me esperaría lista a las ocho y treinta. A esa hora, su marido no estaría en casa y sus hijos estarían ya en cama.

Ella, igual que yo, necesitaba unos momentos de diversión…

Su esposo era uno de esos hombres que suelen trabajar en exceso y que muchas veces no tenía tiempo para fiestas.

Al colgar el teléfono, me quedé pensando en ella. Era una mujer que, pese a sus cinco hijos, se mantenía bonita y atractiva. Era fina, elegante, culta y de trato encantador. Me preparé para pasar una gran noche.

La había conocido, cuando aún era una muchachita soltera, muy bonita y llena de alegría de vivir.

Fue allá en Buenos Aires. Ambos éramos estudiantes y salíamos a bailar juntos.

Esa mañana del 8 de enero venían aquellos recuerdos llenos de colorido, unidos al inevitable romance. Luego… ella se había casado.

El esposo era una buena persona y trabajador. Tenía cinco hijos y la mayor casada, le había hecho ser abuela, aunque en nada había mermado su espíritu juvenil.

A las ocho y media en punto la busqué en el lugar concertado y allí estaba ella, elegante, sonriente como antaño. Le abrí la puerta como en los días de Buenos Aires.

Ella agradeció la galantería y conversando nos dirigimos a un restaurante de comida italiana. Ocupamos una mesa, discretamente iluminada por un lamparín, desde donde casi podíamos ver sin ser vistos.

Rememoramos aquellos momentos pasados juntos veintiséis años atrás. Juntamos nuestras manos discretamente, varias veces, como en aquellos años…

Llevados del entusiasmo, decidimos escaparnos a bailar a alguna boite como años antes… Adentro, todo era penumbra de distintos colores, suaves, difusos, cargados de misterioso ambiente.

Un mozo, provisto de linterna, nos ubicó en una mesa con asientos sólo para dos, frente a la pista de baile.

Todo invitaba al amor, la confidencia, la intimidad. Y allí estábamos los dos, tomados de la mano sin decir palabra. Sólo se veían sombras de colores.

En la penumbra difícilmente seríamos reconocidos. Y salimos a bailar, muy juntitos. Luego lo inevitable, el primer beso, seguido de otros más apasionados…

Nuestros caminos, una vez más, nos habían unido. No había ni un asomo de remordimiento en ninguno de los dos. Éramos inmensamente felices pese a nuestros años…

Mañana sería otro día y volveríamos a la rutina diaria. Ella a su esposo bueno y a sus hijas. Y yo a mi esposa y a mis hijas también.

A la una de la madrugada, felices, plenos el uno del otro, salimos de la boite. En el automóvil se sentó muy junto a mí… y abrazados, regresamos a su casa por las ya solitarias calles de la ciudad. Palabras de cariño.

Terminaba la aventura con una cierta melancolía y con planes para escaparnos juntos muy pronto…

Al llegar a la puerta de su casa, bajé a abrirle la puerta del coche. Todo estaba silencioso. Su esposo aún no estaba en casa. Sus hijos dormían. Nos miramos sin decir palabra, nos dimos un beso y, luego, sin soltarnos de la mano, me invitó a entrar con ella.

Solamente quisiera aclarar que esa mujer maravillosa, madre de familia ejemplar, a quien hacía 29 años había conocido, ERA MI PROPIA ESPOSA.

La aventura había sido decidida para celebrar juntos el 26 aniversario de nuestro matrimonio23.

Para muchos, esto puede parecer una telenovela barata, pero es cierto que hay parejas que, después de 26 años de haberse dicho SI con mayúsculas, todavía siguen amándose y siendo felices el uno al lado del otro.

Todavía existen matrimonios felices y quizás más de los que la gente se imagina. Lo que pasa es que los matrimonios felices no tienen tanta publicidad como los matrimonios rotos.
23 Sobrado Clemente, o.c., pp. 23-27.

23» Matrimonios Felices – Parte 2

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Dice la escritora Beth Matthews: Hace unos nueve años, Dios embarcó a mi familia en un extraño, pero fantástico viaje. En 1991 diagnosticaron autismo a nuestro tercer hijo, Patrick. Y así empezó nuestra odisea. A pesar de la medicación, dieta, tratamientos y profesores, Patrick ha mejorado poco… Mientras conducía por la autopista con Patrick a mi lado, recé una vez más la oración de san Ignacio de Loyola y le pedí la gracia de querer siempre a Patrick como era. Las lágrimas rodaron por mis mejillas. Pensé: “Puede que nunca juegue al balón o diga mami, pero siempre será un hijo especial de Dios”.

Y entonces caí en la cuenta. Dios me había bendecido, ofreciéndome una escalera mecánica para ir al cielo. Eso era exactamente lo que había pedido durante los últimos diez años. Dios conocía mis debilidades. Sabía que necesitaba mucho más que un pasamanos.

Así que me dio la mano de mi precioso hijo y me pidió que la tomara. A veces, se detiene; a veces, retrocede, pero siempre apunta al cielo20.

Unos esposos peruanos daban así su testimonio: Somos Santos Navarro y Margarita Zapata de Navarro. Tenemos cuatro hijos. Los dos mayores, Iván Santos y Olivia Margarita, padecen retardo mental.

Agradecemos a Dios por habernos dado esta familia. Con nuestro apoyo, nuestros hijos especiales crecieron con independencia.

Nunca los excluimos de la mesa, aprendieron a vestirse y bañarse solos, nos ayudaban en la tarea del hogar y paseábamos juntos como cualquier familia.

Aunque la gente veía a nuestros hijos como distintos y hasta soportábamos algunas burlas, juntos aprendimos a superarlo.

Estamos convencidos de que Dios nos ama y ama muchísimo más a nuestros hijos. Iván Jesús ha recibido muchos regalos del Señor.

Con esfuerzo logró convertirse en campeón nacional de atletismo en el año 2002, y el año 2003 fue a Irlanda para competir.

Trajo muchas medallas y su entrenador nos felicitó por su orden, disciplina, perseverancia y puntualidad. Él es un campeón.

Nuestro mayor gozo es ver a nuestros hijos felices y cerca de Dios. Las cualidades de Iván Santos destacan también en su grupo de oración juvenil de la parroquia “Perpetuo Socorro” de Trujillo (Perú), donde también es un ejemplo de superación.

Como esposos, pertenecemos al ministerio de oración arquidiocesano de la Comunidad católica Bodas de Caná y, cuando por alguna razón no podemos ir a adorar al Santísimo Sacramento, Iván Santos se ofrece para rezar por quienes necesiten nuestra oración.

Como familia, sabemos que Dios nos ha dado un regalo maravilloso que nos mantendrá siempre unidos: la oración personal y en familia. Siempre tenemos algo que pedir a Dios.

La familia es el don más hermoso que Dios nos da y no importan las dificultades que debamos enfrentar. Si el Señor está en casa, el amor no se agota y todos los problemas se derrotan21.

Un padre con mucha fe decía: Mi primer hijo nació sin problemas. Siete años después tuvimos a Eddie, un niño con síndrome de Down. En el hospital, cuando descubrieron lo que tenía, se ofrecieron amablemente a matarlo.

Al nacer, tenía dos agujeros en el corazón y, a los cuatro meses, tuvieron que operarlo. Recuerdo esa gotita de vida sobre mi hombro, los brazos caídos a los lados, demasiado débil para hacer nada.

Una vez pasada la cirugía, las emergencias y los dramas, era hora de ponerse a vivir. Eddie tiene ahora cinco años y su educación sigue su ritmo.

Dice algunas palabras y tiene todo un vocabulario de signos y una esperanzadora capacidad de comprensión.

Cualquier progreso es emocionante. A Eddie le encanta reír y hacer reír. Yo puedo decir que no tengo un hijo con síndrome de Down: soy el padre de Eddie. Hay una enorme diferencia. Lo primero es casi imposible de asumir, lo segundo es como vivo día a día. No pienso mucho en ello.

El síndrome de Down se usa como una de las grandes justificaciones para el aborto. Estoy aquí para decir que no es algo insuperable. Eddie es mi hijo y es genial. No es el fin del mundo, fue el principio del mío. Tengo un hijo con síndrome de Down y la gente me tiene lástima. Es un error.

No hay que tenerme lástima sino envidia.

Un esposo le escribía a su esposa: No todo ha sido color de rosa en estos cuarenta años. Estoy seguro que te he hecho sufrir mucho. ¡Mucho más de lo que yo me imagino!

¡He sido y soy inaguantable en muchas ocasiones! No me estoy justificando, sólo Dios y tú sabéis lo que te he herido con mis malos modos y mis asperezas.

Pero, a pesar de todo, puedo asegurarte con toda mi alma que, ni en los peores momentos, ni un solo minuto he dejado de quererte muchísimo. Está es la auténtica verdad, aunque la fiebre de la ira superara los cuarenta grados.

Perderte hubiera supuesto para mí arruinar mi vida. Hay otro hecho cierto. Jamás, en estos cuarenta años, he faltado a mi fidelidad hacia ti ni un instante.

Sinceramente, no ha sido ningún mérito mío. Por una parte, ha sido una gracia de Dios y, por otra, porque tú llenabas tanto mis aspiraciones que no había el mínimo hueco para nadie.

¿Ahora qué? Pienso que nos queda lo mejor. Sabes bien que todas las noches, cuando apagamos la luz para dormir, te digo lo mismo: “Te quiero muchísimo”. No es un somnífero ni un tic nervioso ni un acto reflejo. Es una síntesis, un resumen del día y un propósito para el día siguiente. Sí, te quiero muchísimo22.
20 Beth Matthews, Precious Treasure, Emmaus Road Publishing, Steubenville, 200
21 Varios, Familia santuario de la vida, Ed. comisión episcopal de la familia, Lima, 2004, pp. 40-41.
22 Vázquez Antonio, El matrimonio y los días, Ed. Palabra, Madrid, 2002, p. 112.

Categorías