por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Hay muchos matrimonios que son felices a pesar de los problemas que no faltan en la vida diaria. Jesús no nos ha prometido una vida sin enfermedades ni problemas. Sólo nos ha prometido ayudarnos para superarlos. Venid a Mí los que estáis agobiados y sobrecargados que yo los aliviaré (Mt 11, 28).
La felicidad no está en los bienes materiales. En este caso, solamente los ricos podrían ser felices.
La felicidad no está en la salud ni en el éxito profesional ni en el lugar donde vivimos.
La felicidad la llevamos dentro o no la poseeremos jamás.
Ser felices es una manera diferente de vivir. Es ver las cosas con fe, desde el punto de vista de Dios.
Es vivir en una perspectiva de eternidad. Por eso, podemos encontrar matrimonios y familias felices, a pesar de tener enfermedades, hijos minusválidos o problemas materiales.
El famoso apóstol del Corazón de Jesús, padre Mateo Crawley decía:
- Un día bendije un matrimonio de dos pobrecitos y me pidieron que entronizase en su tugurio al Corazón de Jesús.
Les dije: Prometedme que trataréis a Jesús como a un amigo, como si lo vierais. Pocos años más tarde, viene el pobre joven a llamarme una noche y me dice que su mujer se estaba muriendo.
Voy a la casa a confesarla, sorprendido de la paz de cielo que reinaba en aquel hogar.
Pregunto a la enferma: - Hija mía, dime con toda verdad, ¿has sido desgraciada en tu matrimonio?
- No, ni por un momento. Hemos sufrido, hemos luchado, pero ¿desgraciados con Jesús, nuestro amigo y Rey? Jamás, jamás.
Lo mismo confirmó su esposo. Ellos habían comprendido bien el espíritu de la entronización, pues hicieron de Jesús el Rey y amigo inseparable de su familia.
Otra pobre campesina me decía: Padre, desde que hicimos le entronización en nuestra pobre choza, me considero la inquilina de Jesús, ya que todo es suyo: mis aves, mis flores, mi viejo, todo es suyo. Yo vivo alojada en el palacio del Rey y soy feliz. Ya no vivimos para nosotros, sino en Él y para Él18.
La familia Nocito tiene nueve hijos. El sexto, Alejandro, es autista. El segundo, Miguel, tuvo un accidente de moto a los quince años. Se dio un golpe fortísimo en la cabeza. El cerebro quedó con múltiples hemorragias.
Los médicos les dijeron que no iba a sobrevivir y que firmaran un papel para donar sus órganos. Pero para sorpresa de los médicos, después de quince años, sigue vivo, cuidado con amor por sus familiares.
Desde el primer momento, los hermanos se volcaron en atenciones con él. Todos hacían turnos para atenderlo. Durante los cuatro primeros años, estuvo en coma.
De pronto, un día dio la primera señal de vida, esbozando una leve sonrisa.
Dice su hermana Sonsoles: Ahora lo sacamos a pasear por la mañana y por la tarde, durante más de una hora para que le dé el aire y le haga lagrimear, para que, si llueve, note el agua en la cara, para que le dé el sol, para que le salude el guarda, el obrero, el vecino…, para que oiga sonidos igual que todos, para que tenga sensaciones, perciba olores y oiga los coches al pasar…
Cada día, en la familia Nocito Muñoz, hay un canto a la vida. Más que un canto es un grito fortísimo que nos ofrece a los que asistimos perplejos a su rutina, una bocanada de aire fresco.
Un respiro que ensancha el alma, sobre todo, en estos días en que se premian películas homicidas, o, peor aún, en las que se deja morir de hambre o de sed a una mujer que se encuentra en las mismas condiciones que Miguel.
La familia Nocito es muy unida, porque son creyentes y viven su fe católica. Cuando se casó Borja en el santuario de Torreciudad (Huesca), para que Miguel pudiera seguir la ceremonia, instalaron un sistema de videoconferencia en su habitación.
Así pudo asistir como si estuviera en la iglesia a más de 400 Kms. de distancia.
Miguel no se quedó sin fiesta; mientras sus hermanos celebraban la boda, todos los amigos de Miguel lo acompañaron durante la ceremonia, vestidos de sus mejores galas e, incluso, un sacerdote repartió la comunión en el momento oportuno a quienes estaban preparados.
Y tras la ceremonia, se celebró también en la casa un agasajo especial. Esto fue una de las condiciones de su hermano Borja para casarse: que su hermano Miguel estuviera presente y lo celebrase con ellos.
Una familia así, unida en Dios, es capaz de superar las más difíciles pruebas de la vida con la mirada alta y la sonrisa en los labios, porque son felices por dentro e irradian amor y alegría a los demás19.
18 Crawley Mateo, Jesús, Rey de amor, Lima, 1948, pp. 33-34.
19 www.conelpapa.com
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Los esposos Luigi y María Beltrame Quattrocchi, beatificados por el Papa Juan Pablo II el 21 de octubre de 2001, oraban en familia todos los días.
En la homilía de beatificación, dijo el Papa:
En medio de las alegrías y las preocupaciones de una familia normal, supieron llevar una existencia extraordinariamente rica en espiritualidad.
En el centro: la Eucaristía diaria, a la que se añadían la devoción filial a la Virgen María, invocada con el rosario, que rezaban todos los días por la tarde.
Así supieron acompañar a sus hijos en el discernimiento vocacional, entrenándolos para valorarlo todo tejas arriba, como simpáticamente solían decir.
La vida matrimonial y familiar puede atravesar momentos de desconcierto. Sabemos cuántas familias sienten en estos casos la tentación del desaliento.
Pienso, en particular, en los que viven el drama de la separación; pienso, en particular, en los que deben afrontar la enfermedad y en los que sufren la muerte prematura del cónyuge o de un hijo.
También en estas situaciones, se puede dar un gran testimonio de fidelidad en el amor, que llega a ser más significativo aún gracias a la purificación en el crisol del dolor.
Ellos tuvieron 4 hijos, de los cuales una fue religiosa y dos llegaron a ser sacerdotes.
¡Qué hermoso es ver parejas de esposos, unidas de 1a mano, cuando van a comulgar!
¡Qué hermoso es ver esposos que se quieren hasta la ancianidad y que no han perdido la alegría de su mirada ni la sonrisa de sus labios!
El amor, con el paso del tiempo, más que disminuir debe aumentar.
¿Por qué solamente los jovencitos van tomados de la mano?
"Señor, en nombre nuestro y de nuestros hijos, te damos gracias y te bendecimos.
Te alabamos, porque eres el Dios del amor.
Nuestra gratitud va unida a la de todos los esposos que se aman de verdad.
Te damos gracias por el amor que pusiste en nuestros corazones y por el amor que existe en el mundo: el amor de los esposos, el amor de los hijos y de los padres.
El amor de los hermanos y de los amigos. El amor de quienes te han entregado su vida como holocausto de amor...
Unidos a todos los que te aman de verdad, queremos en este día, Señor, darte gracias y pedirte que nos llenes de tu amor para amarnos cada día más.
Señor, te ofrecemos nuestro amor. Hazlo cada día más puro y verdadero.
No permitas que nada lo manche, para que sea puro y limpio para Ti.
Que juntos caminemos por la vida, tomados de la mano, diciendo siempre la verdad, sirviéndote, Señor, en todos los demás.
Bendice a nuestros hijos y pon en nuestra familia amor, unión y comprensión. Amén".
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
La oración es una necesidad vital para la vida de la pareja. Es necesario orar, no sólo en particular, sino también en familia.
Cuando se ora, Dios mismo se hace presente para bendecir el hogar. Jesús lo dice: Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Y os digo:
Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, estén seguros que mi Padre celestial se lo dará (Mt 18, 19-20).
Siempre he entendido que, cuando Jesús habla de dos de vosotros, se refiere al matrimonio.
La oración de la pareja es mucho más eficaz que la oración individual y, si además es oración familiar con los hijos, lo es mucho más.
Por eso, dice Jesús: Donde están dos o tres reunidos en mi nombre.
¡Qué importante y necesaria es la oración en familia!
La familia que reza unida permanece unida.
Todos los días hay que orar en familia. No dejarlo para los tiempos libres o para los domingos en la iglesia. Hay muchas familias que nunca rezan juntos. Pero la oración no es un hobbie, es una necesidad familiar.
La falta de oración se notará después en la falta de comprensión y unión. La oración es como la gasolina para el coche.
No podemos decir que echaremos gasolina, cuando tengamos tiempo o sólo el domingo, porque el coche no funciona sin gasolina y nos quedaremos estancados en cualquier lugar.
Si queremos que el coche funcione, hay que echar gasolina permanentemente. Así los esposos deben tomar fuerza cada día de la oración. La oración es la fuerza del alma, el alimento del espíritu. Sin ella no podremos vivir espiritualmente.
El padre Clemente Sobrado dice: Muchas veces, cuando a través de mi sacerdocio encuentro tantos hogares tristes, tantos esposos resignados, me pregunto el por qué. Son muchas las motivaciones, pero hay una que no me falla.
La falta de esa fe cristiana que les haga descubrir esa otra dimensión de su amor por encima de las exigencias puramente biológicas. Todo es cuestión de invitación, invitamos a tantos. A los amigos, a los familiares... Pero ¿invitamos a Cristo a quedarse con nosotros?16.
Una vida cristiana sin Cristo, estará vacía. Y ¿dónde encontrar a Cristo? En la Eucaristía. Allí nos espera el mismo Jesús de Nazaret, el amigo que siempre nos espera, el amigo que nunca falla. Jesús está realmente presente en la Eucaristía con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.
Y se sentirá feliz de vernos, cuando vamos a visitarlo y a recibirlo en la comunión.
De ahí que unos esposos cristianos deberían ir todos los días a visitarlo y, si es posible, a recibirlo en la comunión para que su unión con Cristo se fortalezca más y más.
Decía una madre de familia italiana: Recién casados, comenzamos a rezar como siempre habíamos hecho. Él es pediatra y yo profesora.
Él va cada mañana a misa y reza por todos, mientras yo preparo a los niños; después, desayunamos todos juntos y vamos a trabajar, llevando primero a los 5 niños al colegio.
Por la tarde, recogemos a los niños del colegio y, antes de la cena, nos sentamos y colocamos una imagen de María en el centro.
Cada uno enciende su propia vela y hacemos oración. Orar juntos es para nosotros una necesidad. Los niños rezan por todo y por todos. Todo se lo confían a la Virgen.
Nosotros somos una familia que cree en el matrimonio único e indisoluble. Creemos que Dios está siempre con nosotros y podemos contar siempre con su providencia.
Creemos que está siempre atento, cuando le hablamos, y siempre dispuesto a intervenir cuando lo necesitamos17.
16 Sobrado Clemente, o.c., p. 223.
17 Pastoral de Monseñor Giuseppe Mani, encargado de las familias en la diócesis de Roma.
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
También es importante aclarar que la pareja de esposos debe tener las mismas cualidades de la Iglesia: Una, santa, católica y apostólica.
Un verdadero matrimonio debe tener unidad, no uniformidad de criterios o de costumbres, sino unidad para hacer juntos las cosas fundamentales y vivir unidos en el amor de Dios, el uno para el otro. Debe también tener santidad. Dios los quiere santos.
Dios debe ser el centro de sus vidas, cumpliendo siempre su santa voluntad. De modo que todo lo que hagan, los una más a Dios y los vaya llenando cada vez más de su amor.
También la pareja debe ser católica, es decir, universal, pensando en la salvación del mundo entero y haciendo todo lo posible para que el amor de Dios llegue hasta el confín de la tierra.
Y, por eso mismo, debe ser apostólica, lo que quiere decir que deben ser activos evangelizadores, con su palabra, con el ejemplo de su vida, con su oración, con su apostolado.
Dios dice por boca de san Pablo que el matrimonio es un gran misterio, y yo lo aplico a Cristo y a la Iglesia (Ef 5, 32).
Así como Cristo es la cabeza de la Iglesia y la Iglesia es su esposa, así en la familia, el esposo es cabeza de la esposa. El marido es cabeza de la mujer como Cristo es cabeza de la Iglesia. Y como la Iglesia se sujeta a Cristo, así las mujeres a sus maridos en todo.
Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla… Los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo… Que cada uno ame a su mujer y la ame como a sí mismo y la mujer reverencie a su marido (Ef 5, 23-33).
Esto no quiere decir que la esposa sea propiedad del esposo, sino que le debe respeto y obediencia, pero no en forma absoluta como una esclava sino como esposa.
Ambos deberían rivalizar en ver quién ama más y hace más feliz al otro. Por eso, el Papa Juan Pablo II, al hablar de esto, dice:
El texto de que las mujeres estén sumisas a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer…, debe entenderse y realizarse de un modo nuevo: como una sumisión recíproca en el temor de Cristo (Ef 5, 21)…
En la relación marido-mujer la sumisión no es unilateral, sino recíproca13.
Ambos tienen los mismos derechos como personas y ambos se han comprometido mutuamente ante Dios por el sacramento del matrimonio a amar y respetar al otro y hacerlo feliz todos los días de su vida.
Este compromiso de ayuda mutua debe hacerse realidad en las pequeñas cosas de cada día.
Por ejemplo, en el beso dado con ternura; el abrazo dado con calor; el arreglarse para estar bonita para él; el ponerse la camisa y la corbata que a ella le gusta; el sacrificar la telenovela o el partido de futbol para estar a su lado, escuchándole; el saber pedir perdón, cuando uno se equivoca, el trabajar con empeño pensando en el otro y en los hijos; el limpiar la casa para que esté limpia y ordenada para él.
Todos estos detalles y muchos más son como ladrillos que van construyendo el amor día a día y haciendo un hogar feliz.
De este modo, una jornada salpicada de sonrisas, de palabras bonitas y de miradas de amor se hace una jornada sagrada que da mucha gloria a Dios y los va santificando y acercando más a Dios como pareja.
San Josemaría Escrivá de Balaguer dice: El amor puro y limpio de los esposos es una realización santa, que yo como sacerdote bendigo con las dos manos.
Aseguro a los esposos que no han de tener miedo a expresar el cariño.
Lo que les pide el Señor es que se respeten mutuamente y que sean mutuamente leales, que obren con delicadeza, con naturalidad y modestia.
Les diré también que las relaciones conyugales son dignas, cuando son prueba de verdadero amor y están abiertas a la fecundidad, a los hijos…
Cuando la castidad conyugal está presente en el amor, la vida matrimonial es expresión de una conducta auténtica, pero, cuando el don divino de la sexualidad se pervierte, la intimidad se destroza y el marido y la mujer no pueden mirarse noblemente a la cara14.
El amor humano, cuando es limpio, me produce un inmenso respeto, una veneración indecible.
¿Cómo no vamos a estimar esos cariños santos, nobles de nuestros padres, a quienes debemos una gran parte de nuestra amistad con Dios? ¡Bendito sea el amor humano!
Pero a mí el Señor me ha pedido más… En cualquier caso, cada uno en su sitio, con la vocación que Dios le ha infundido en el alma, ha de esforzarse en vivir delicadamente la castidad, que es virtud para todos y de todos exige lucha, delicadeza, primor, reciedumbre, esa finura que sólo se entiende, cuando nos colocamos junto al Corazón enamorado de Cristo en la cruz15.
Por todo esto es tan importante la relación personal con Jesucristo, el amigo que siempre nos espera en la Eucaristía.
Dice el Papa Benedicto XVI en la exhortación apostólica Sacramento de amor del año 2007:
El consentimiento recíproco que marido y mujer se dan en Cristo y que los constituye en comunidad de vida y amor, tiene también una dimensión eucarística (N° 27).
Exhorto a todos los laicos, en particular a las familias, a encontrar continuamente en el sacramento del amor (Eucaristía) la fuerza para transformar la propia vida en un signo auténtico de la presencia del Señor resucitado (N° 94).
Monseñor José Mani, obispo auxiliar de Roma y encargado de las familias, en una carta pastoral sobre la familia, escribía:
Conozco dos esposos a quienes he casado personalmente.
Jamás pudieron imaginar que iban a encontrarse en una situación en la que deberían escoger entre el aborto o la muerte de la esposa.
Era el tercer embarazo y el ginecólogo les había hablado del riesgo de muerte. Consultados otros ginecólogos, llegaron a la misma conclusión.
Los familiares y amigos les presionaban para que se decidieran por el aborto. Ellos decidieron confesarse y comulgar antes de decidir. Y después de comulgar la esposa le dijo al esposo:
“Yo confío en Dios, no voy a abortar”. Y decidieron comulgar todos los días para recibir fuerza.
Felizmente, Dios quiso que el tercer hijo llegara sano y que la mamá siguiera viva para la alegría de todos.
Oren juntos en familia y Dios los bendecirá más de lo que jamás podrían imaginar.
13 Carta apostólica Mulieris dignitatem Nº 24.
14 Es Cristo que pasa N° 25.
15 Amigos de Dios Nº 185.
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
En la actualidad, hay demasiadas parejas que conviven sin ningún compromiso; otros sólo se unen por lo civil para poder así divorciarse fácilmente en caso de problemas.
Pero lo mejor es recibir la bendición de Dios por el sacramento del matrimonio, ya que, de esa manera, recibirán gracias extraordinarias para poder superar las constantes dificultades de la vida diaria.
El matrimonio religioso es un sacramento. Es una alianza sagrada que los esposos hacen ante Dios. Por eso, no pueden renunciar a ese compromiso sagrado; el matrimonio es para toda la vida. Es como consagrarse el uno al otro y, ambos unidos, a Dios.
A partir del matrimonio sacramental, sus vidas se entrelazan definitivamente en el corazón de Dios. De ahí que el cuerpo de la esposa no le pertenece, le pertenece al esposo; y el cuerpo del esposo no le pertenece, le pertenece a la esposa (1 Co 7, 3-5).
Cuando un hombre y una mujer se desposan en el Señor sacramentalmente, se hacen partícipes del mismo amor de Cristo: el Espíritu Santo los abre a ese amor. El amor de Cristo es la perfección suprema. Los esposos participan de ese amor. Ellos reciben la capacidad de amar como Cristo ha amado…
Ahora bien, la fe de la Iglesia enseña que la presencia más perfecta del amor de Cristo está en la Eucaristía. Por eso, entre la Eucaristía y el matrimonio hay una relación muy profunda. El amor de los esposos encuentra en la Eucaristía su fuente. No se puede vivir verdaderamente el estado conyugal sin una continua y profunda vida eucarística.
Por otra parte, observamos que la familia no se agota en los esposos sino que se expande en los hijos. Ellos, antes de ser concebidos en el corazón de su madre, han sido concebidos en el corazón de Dios. Por eso, la familia se funda en el amor creador de Dios.
En el origen de cada persona, hay un acto creativo divino y un acto humano de concepción: cada persona es creada y concebida. Los dos actos, creativo y generativo, están en relación.
La fecundación del nuevo ser no es un hecho biológico solamente, sino que lo transciende con un acto creativo del alma por Dios.
Por ello, cada relación conyugal es un acto sagrado y cada ser humano que viene al mundo es una persona sagrada que, desde su mismo origen, tiene una dignidad y unos derechos, porque viene de Dios. Y Dios le da una misión que cumplir.
Para cumplirla, necesita constantemente la ayuda de Cristo, que nos espera en la Eucaristía.
Vivir de la Eucaristía, vivir de Cristo y con Cristo, debe ser la máxima realización personal del ser humano, llamado a la vida y a realizarse como persona sagrada, como hijo de Dios y cristiano, dentro de la Iglesia10.
Pero, hablando de los esposos, la entrega mutua, consagrada por el matrimonio, debe superar egoísmos y mezquindades. Esta entrega mutua llega a su manifestación más alta en el acto sexual, que debe ser donación mutua.
Cuando uno de los dos abusa del otro, pensando sólo en sí mismo, profana ese acto sagrado.
Decía el padre Clemente Sobrado: Por el sacramento vuestros cuerpos siguen siendo los mismos, pero son cuerpos consagrados sacramentalmente.
Al igual que el pan y el vino que, antes de la consagración, son pan y vino corrientes, pero después de consagrados, sólo pueden ser tratados con toda reverencia y amor por ser el mismo Cristo en persona.
Así el pan de vuestros cuerpos sólo puede comerse en verdadera comunión de amor. Comulgar sin amor es un sacrilegio, daros en comunión física sin amor sería el sacrilegio de la eucaristía conyugal11
Sería profanar ese amor bendecido por Cristo el día del matrimonio.
De ahí que sea tan importante para mantener vivo y fresco el amor conyugal el comulgar diariamente con el cuerpo eucarístico de Cristo.
Los esposos que van diariamente o frecuentemente a misa y comulgan con fe y devoción, están renovando su amor a Cristo y construyendo una muralla tan fuerte a su alrededor que ninguna tentación o poder mundano puede romperlo o destruirlo.
Es importante que los esposos cristianos comprendan que en un matrimonio consagrado por Cristo, Él no puede estar ausente. Sería como invitar a Cristo a su casa en el momento de la ceremonia religiosa y después mandarlo a la calle, porque se prefiere vivir sin Él.
Estar casados por la Iglesia es también estar consagrados a Dios por Cristo y significa también vivir con Cristo toda la vida. Él debe ser el amigo inseparable, un miembro más de la familia.
Su presencia debe hacerse presente a través de sus imágenes, al igual que las de nuestra Madre la Virgen María. Ambos son inseparables y deben estar presentes en nuestra vida.
Ahora bien, para fortalecer esta unión de los esposos con Cristo es importante consagrar conscientemente el hogar a Cristo por María.
Personalmente, siempre aconsejo a los recién casados que el día de su matrimonio, o el día siguiente, vayan a una iglesia y, ante una imagen de la Virgen, le dejen el ramo de flores de la novia como un símbolo de que quieren poner su hogar bajo su protección.
Algunos no le dan la importancia debida a estos actos tan sencillos, que son una fuente inmensa de bendiciones y que van fabricando día a día el edificio de la santidad conyugal.
Los esposos están llamados a ser santos. A este respecto, debemos anotar que la palabra hebrea matrimonio, Kiddushin, significa santidad.
Esto quiere decir que un matrimonio debe ser santo de acuerdo al plan de Dios. Y cada unión sexual debe ser una renovación de la alianza sacramental entre los dos y con Dios.
Dice Scott Hahn: El acto sexual renueva la alianza de por vida entre un hombre y una mujer. Es el acto que les hace una familia. Este acto hace que los dos sean uno, un uno tan real que, nueve meses después, tienes que ponerle nombre.
La unión sexual es un acto de poder extraordinario, cuando le dejamos decir su verdad. El amor conyugal es sacramental. El acto sexual es acto matrimonial, el acto que consuma el sacramento del matrimonio12.
Anotemos también que la palabra sacramento, sacramentum en latín, significa juramento. Por eso, los esposos, en cada acto matrimonial, que es sacramental y, por tanto, agradable a Dios, deben renovar el juramento de amor eterno que se dieron el día de su matrimonio.
Esto implica vivir ese juramento cada día, diciendo siempre y en todo la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Sin verdad ni sinceridad no puede haber un verdadero matrimonio y el amor irá falsificándose poco a poco.
10 Puede leerse el libro, Familia y cuestiones éticas, Quaderna editorial, Murcia, 2006, pp. 21-26.
11 Sobrado Clemente, Palabras para el camino, Lima, 1980, pp. 251-252.
12 Hahn Scott, Lo primero es el amor, Ed. Rialp, Madrid, 2006, p.171.
por Makf | 28 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Dice la Biblia que los hijos son una bendición de Dios. No hay ningún versículo que afirme lo contrario. No son posesiones de los padres, como si fueran juguetes para su disfrute.
Hay que quererlos por sí mismos, pues tienen una dignidad inmensa por ser hijos de Dios, creados a imagen y semejanza de Dios.
La Biblia dice: La herencia que da el Señor son los hijos; su salario el fruto del vientre: son saetas en manos de un guerrero los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba: no quedará derrotado, cuando litigue con su adversario en la plaza (Sal 126, 3-5).
Tus hijos son como renuevos de olivo alrededor de tu mesa: ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga… y veas a los hijos de tus hijos (Sal 127, 3-4).
El Señor, a la estéril, le da un puesto en la casa, como madre feliz de hijos (Sal 112, 9). La corona del anciano son sus hijos y sus nietos; los hijos son la honra de sus padres (Prov 17, 6).
Los hijos son un tesoro que Dios da a los padres y deben cuidarlos y educarlos con todo cariño, consagrándolos al Señor por medio de María.
Así lo he visto que lo hacía mi hermana Inés con sus hijos; y lo recomiendo a todas las mamás.
Que al nacer sus hijos, los lleven ante una imagen de la Virgen y allí se los entreguen para que María tenga un cuidado especial de ellos y los cubra y los proteja con su manto durante toda su vida.
Ahora bien, a los hijos hay que educarlos de común acuerdo. Los padres no pueden contradecirse mutuamente en su modo de actuar con ellos.
Deben darles buenos ejemplos, ya que un ejemplo vale más que mil palabras. No se puede pretender que los niños sean sinceros, si ven en la casa que su padre le miente a su madre o viceversa. Y así en todo.
Por esto, sería bueno tener en cuenta algunos consejos.
- Nunca mentir, ni siquiera para quedar bien ante los demás. Y cumplir la palabra dada, tanto para darles un premio como un castigo.
- Nunca comparar a uno con otros. Cada uno es diferente con cualidades y limitaciones personales.
- No decirles palabras insultantes o de desprecio, pues se les baja la autoestima. Más bien, hay que alabarlos, cuando se lo merezcan y alegrarnos con ellos.
- Hay que abrazarlos y besarlos, frecuentemente, no sólo la madre, sino también el padre. Los niños hombres necesitan el cariño físico de su padre.
- Saber escucharlos, cuando tengan algo que decirnos. No decirles constantemente que no tenemos tiempo, porque estamos muy ocupados. ¿Puede haber algo más importante para los padres que sus hijos?
- Acompañarlos a la iglesia para educarlos en la fe con el ejemplo. Que los niños vean a sus padres confesarse y comulgar para que así ellos lo acepten como algo normal en una familia cristiana, que está bendecida por Dios desde el día de su matrimonio.
- Nunca gritarles, es preferible decirles las cosas con calma, aunque haya que castigarles, no con castigos físicos, sino privándoles de algo que les guste, como ver televisión o salir a jugar con sus amigos.
- Enseñarles a hacer las cosas por sí mismos. No ahorrarles esfuerzo, pues deben aprender a luchar, a sacrificarse y esforzarse para conseguir sus metas.
Y, por encima de todo, mucho amor. Que los niños sientan que son importantes para sus padres y que éstos los aman con todo su corazón.
La Madre Teresa de Calcuta decía:
Sabemos que el mejor lugar para que los niños aprendan a amar y rezar es el seno de la familia, viendo el amor y la oración de su madre y de su padre. Cuando las familias se rompen o están separadas, muchos niños crecen sin saber cómo amar y cómo rezar.
Aquel país cuyas familias hayan sido destruidas de esta manera, tendrán muchos problemas. He visto con frecuencia, especialmente en los países ricos, cómo los hijos se lanzan a las drogas y a otras cosas para huir del sentimiento de no ser queridos y de verse rechazados9.
El amor es la mejor medicina para los problemas de la familia.
Oremos a Dios y pidámosle más amor para amar más, pues Dios es la fuente de todo auténtico amor.
9 Mensaje a los delegados de la IV Conferencia internacional sobre la mujer de la ONU, Pekín, setiembre de 1995.