9» Perdonar – Parte 1

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Algo esencial para ser felices es saber perdonar.

Porque el odio y el resentimiento son un veneno que envenena la vida.

El odio destruye, mientras que el amor construye. El odio enferma, mientras que el amor sincero sana y da felicidad.

Muchas enfermedades físicas provienen de la falta de perdón.

Estudios recientes han demostrado, por ejemplo, que un elevado número de divorciados, sobre todo mujeres, siguen alimentando mucho resentimiento a su excónyuge aun después de años de separación.

Y el estrés originado por este rencor llega a afectar su cuerpo con diversas enfermedades.

No querer perdonar es quedarse anclados en el pasado, de modo que la vida ya no puede seguir su curso normal.

Imaginemos a un esposo muy trabajador, que llega un día temprano a casa, antes de lo previsto, y encuentra a su esposa en su habitación con otro.

La esposa se echa a sus pies y le pide perdón. Él se queda pálido de indignación, pero se da cuenta de que el silencio somete a su esposa a una gran tortura.

El caso llega a oídos de la familia y de los vecinos. Y el esposo se goza de la vergüenza que siente la esposa.

En la casa, más que violencia, él la llena de desprecios con miradas y silencios.

Pero así no es feliz, se siente humillado y su silencio es una triste venganza.

Piensa: ¿Cómo me ha podido engañar a mí, un esposo fiel y trabajador? Me ha engañado con mi mejor amigo. La haré sufrir hasta el día de mi muerte.

Este hogar será un infierno en el que los hijos sufrirán las consecuencias.

La esposa tendrá miedo al esposo y, si se entrega a él en relaciones íntimas, no lo podrá hacer por amor sino por miedo y se sentirá violada por él.

Y él no podrá ser feliz, llevando su rencor en el corazón.

Lo que debe hacer es reconocer su parte de culpa, al descuidar a su esposa, pedirle perdón por su indiferencia hacia ella y darle la oportunidad de cambiar.

Es muy fácil sentirse la víctima y vengarse yendo con otras mujeres.

Pero, si sabe perdonarla de verdad, todo puede arreglarse y comenzar para ambos una nueva vida.

He conocido personalmente casos de infidelidades de esposas, que han traído inmenso sufrimiento a toda la familia.

Pero que, al final, con perdón, se han podido solucionar.

He conocido mucho sufrimiento en esposas que han descubierto la infidelidad de sus esposos.

En algunos casos, no han querido perdonarlo y lo han rechazado íntimamente para el resto de su vida.

Y ellos han tenido que buscar en la calle el cariño que se les negaba en casa.

Al no querer perdonar, la esposa, en cierto modo, es también culpable de las infidelidades futuras del esposo.

Otro problema es, cuando se van acumulando rencores y amarguras por las pequeñas cosas de cada día, en las que no hay comprensión ni amor ni delicadeza. Y uno de los dos va rumiando internamente pensamientos negativos contra el otro.

Es necesario dialogar para ir calmando las tensiones de la vida diaria.

No hay que acumular recelos, incomprensiones o resentimientos, que llevan a venganzas sutiles y a actitudes negativas, que van matando el amor.

El rencor que se guarda dentro se va convirtiendo en un tumor maligno, que envenena la vida entera. Tiene una fuerza destructiva terrible.

Por esto, perdonar es una condición indispensable para poder ser felices.

El rencor y el odio son como una barrera invisible que ponemos a Dios, que no puede perdonarnos ni oír nuestras oraciones hasta que nosotros no perdonemos de corazón a los demás.

Lo dice claramente san Juan: El que dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso (1 Jn 4, 20).

Y Jesús dice: Si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas (Mt 6, 14).

Con frecuencia, los problemas conyugales comienzan en la falta de perdón. Hay mujeres que son frígidas, porque tienen miedo al esposo. Para ellas tener relaciones sexuales, más que un placer es un sufrimiento, porque se sienten como objetos.

Él busca ávidamente su placer y deja a la esposa sin llegar a disfrutar de esa relación conyugal.

Entonces, ella le guarda resentimiento y puede rechazar esas relaciones en las que no siente felicidad, sino sufrimiento, a causa del egoísmo del esposo.

También el egoísmo de la esposa, quizás camuflado con apariencias de cansancio o de enfermedad, va matando muchas veces el amor.

¡Cuánta paciencia debe tener cada uno para poder comprender, aceptar y perdonar los defectos y errores del otro!

¡Cuántas veces es mejor callar, cuando el otro se pone a gritar o a criticar cualquier cosa sin motivo!

Hay que tener paciencia y calma para no reaccionar airadamente y comenzar una pelea. A veces, es mejor el silencio y la paciencia.

Precisamente, una de las definiciones del amor es tener paciencia con la persona amada.

Eso hacen las mamás con sus hijos. No se cansan de atenderlos, aunque sea a altas horas de la noche, porque los aman y son capaces de sacrificarse por ellos.

8» Diálogo – Parte 3

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Por otra parte, en el matrimonio no debe haber lo mío y lo tuyo, sino lo nuestro.

El sueldo de la esposa o del esposo hay que ponerlo en común.

Pero si el esposo esconde su sueldo y nadie sabe cuánto gana o sólo da poco a poco, se crean malos entendidos y amarguras por falta de generosidad y por tratar al otro como si fuera un pobre limosnero.

Lamentablemente, hay muchos esposos que ocultan muchas de sus entradas económicas para poder así disponer, no siempre bien, del dinero que les sobra.

- Siempre es importante ser románticos y tratar al otro con delicadeza y con mucha amabilidad. Hay que dar importancia a los pequeños detalles para hacer feliz al otro.

Si a ella le gustan las flores, ¿qué cuesta comprarle de vez cuando una flor?

Si le gustan los chocolates, ¿por qué no comprarle algunos?

¿Por qué no darle gratas sorpresas con algún regalo imprevisto?

Si a él le agrada ver su partido de fútbol tomando café, ¿por qué no servírselo con cariño y renunciar a ver la novela del momento?

Si él se siente contento de tomar una cerveza de vez en cuando, ¿por qué no comprársela?

¿Por qué darle fastidio por no tener la cocina limpia?

Son muchas las cosas que mutuamente pueden hacerse para darse gusto y evitarse conflictos.

La felicidad se va tejiendo de pequeños detalles y esos pequeños detalles van fabricando la felicidad de toda una vida. Dile a tu cónyuge que lo amas, no te canses de decírselo..

En fin, siembra flores en el camino de tu esposo(a) y hazle su vida más feliz con esos pequeños detalles de amor.

El amor muchas veces supone sacrificio. Precisamente la medida del amor está en la capacidad de sufrir por la persona que se ama.

Veamos un ejemplo, tomado de un poema de Tagore, el gran poeta indio:

Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su casa, pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba admirado de su cabellera hermosa, larga y negra.

El iba cada día al mercado a vender frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes una pipa vacía. No llegaba el dinero para comprar un poquito de tabaco.

Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalar a su esposo. Y además ¿con qué dinero?

Un día se le ocurrió una idea. Sintió un escalofrío al pensarlo; pero, al decidirse, todo su cuerpo se estremeció de gozo. Venderé mi cabello para comprar tabaco para mi esposo.

Se imaginaba al esposo sentado ante las frutas, dando largas bocanadas a su pipa. Aromas de incienso y de jazmín darían al esposo la solemnidad y prestigio de un verdadero comerciante.

Sólo obtuvo por su cabello unas cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco. Todo compensaba largamente el sacrificio de su cabello.

Al llegar la tardé del día del aniversario, regresó el esposo. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos peines para su mujer. Los acababa de comprar tras vender su pipa.

¿Serías tú capaz de hacer lo mismo?

Dice san Pablo que el amor es paciente, servicial, no tiene envidia, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuenta del mal, se alegra con la verdad.

Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca muere (1 Co l3, 4-7).

Tú, esposo, dedica tiempo a tu esposa y a tus hijos. No digas que estás tan ocupado que no tienes tiempo para salir de paseo o jugar con ellos.

Debes hacer sentir a tu esposa, que necesitas de ella y pedirle siempre su opinión. Por eso, al volver del trabajo, cuéntale las cosas que creas más interesantes.

Llévala contigo siempre que sea posible. No le regatees alabanzas, cuando se presente la ocasión. No dejes de decirle alguna vez que ese vestido le sienta bien o que ese peinado te gusta más.

Hazle sentir la reina de la casa y de tu corazón.

Sonríele con frecuencia y hazla feliz. Verás cómo ella no se deja ganar en generosidad y hará todo lo posible para hacer de ti el hombre más feliz de la tierra.

Recuerda lo que decía Kepler: El resplandor de todas las estrellas del universo no puede compararse con la luz proyectada por una madre que sonríe a su esposo y a
sus hijos.

7» Diálogo – Parte 2

Autor: P. Angel Peña O.A.R 

Por otra parte los esposos deben tener claro que nadie debe ser más importante que ellos en su matrimonio. Cada uno debe poder decirle al otro con toda sinceridad: Tú eres la persona más importante del mundo para mí.

Nunca la familia de uno de los dos debe primar sobre los intereses o sentimientos del cónyuge. Y muchísimo menos los amigos o los gustos y deseos personales. Uno debe estar dispuesto a darlo todo y a dejarlo todo por hacer feliz al otro.

Por supuesto que esto no es fácil en la vida diaria, pues normalmente cada uno tiene sus preferencias y sus gustos. De ahí que sea tan necesario acudir a Dios para pedir ayuda, cuando uno tenga celos, deseos de gritar o de insultar.

Cuando las cosas no están como uno desea y, cuando se ve con claridad los defectos del otro, es muy fácil corregir sin delicadeza y eso puede crear más problemas. Hay que corregir con amor, hablar con amor, sonreír con amor… Y pedir ayuda a Dios.

Hay estadísticas confiables que afirman que, en cualquier matrimonio roto, uno de los dos tiene el corazón endurecido contra Dios.

Cuando el corazón se endurece, no hay visión de perspectiva eterna. Y por eso, cuando el esposo falla, la esposa debe orar con intensidad y pedir y pedir a Dios por su esposo.

Nada puede haber en el mundo más eficaz ante Dios que la oración de la esposa por el esposo; mucho más incluso, que la oración de su madre, pues Dios los ha hecho UNO por el matrimonio.

En caso de problemas, la esposa debe pedir oraciones, hacer cadenas de oración. Y por otra parte, preguntarse:

¿Qué estoy haciendo para ser más atractiva para mi esposo?

¿Soy la clase de esposa que él espera de mí? ¿Me visto de modo atractivo? ¿Lo atiendo con cariño?

Y cuando el esposo sienta que su esposa ya no lo ama, que no quiere tener relaciones sexuales con él, debe preguntarse:

¿Soy la clase de esposo que ella esperaba de mí? ¿La trato con cariño? ¿Es ella la persona más importante de mi vida?

¿Me preocupo más del trabajo o de mis aficiones que de ella y de los niños? ¿Está bendecido nuestro matrimonio por Dios? ¿Oramos juntos? ¿Está Dios presente en nuestras vidas?

Veamos algunos consejos prácticos para tenerlos en cuenta durante el diálogo:

- Escucha al otro todo lo que te quiere decir. No digas: estoy cansado o estoy muy ocupado. Busca siempre tiempo para escuchar y dialogar con tu pareja y con tus hijos.

- Recuerda el día de su cumpleaños y aniversarios importantes para felicitarlo(a). Y siempre que haga algo digno de mención, aplaude y felicita, porque necesita sentirse valorado(a) para ser feliz.

- Nunca llames por apodos o palabras de desprecio como: Oye, vieja, gorda, pelado, chaparro, idiota… Dile su nombre con cariño.

- Nunca mientas, di siempre la verdad y cumple tu palabra. Lo mismo para corregir a tus hijos que para premiarlos. A tu esposa nunca le prometas algo sin cumplirlo. Sé hombre de palabra.

Y ella que sea una mujer transparente, que nunca finja o exagere para conseguir sus propósitos. Ni que haga chantajes: Si no me das tal cosa, tampoco yo te daré la otra. Los chantajes no pueden fomentar el amor, sino todo lo contrario.

Hay que ser sinceros y transparentes, diciendo siempre la verdad.

- Hay que cuidar la apariencia física para que no se pierda la ilusión del primer amor y no se tengan que avergonzar el uno del otro.

Pero, sobre todo, cuidar el comportamiento y medir las palabras; pues, muchas veces, puede uno quedar avergonzado por el comportamiento arrogante, soberbio, criticón o abusivo del otro; especialmente en público.

Nunca dar malos ejemplos con vicios o borracheras. Hay que mantener el equilibrio y la dignidad en todo momento y saber comportarse de manera ejemplar, sin responder con insultos a las ofensas de los demás.

- La familia de cada uno es la familia del otro. Hay que llevarse bien y amarlos de verdad.

Sus errores o desprecios hay que saber perdonarlos, pues guardar rencor es algo que le hace daño a uno mismo.

Además, el no hablarse con otros miembros de la familia nos empobrece y nos hace daño.

- Es muy importante tomar las decisiones siempre en pareja. Consultarlo todo y no hacer nada sin la aprobación del cónyuge.

Es muy triste que, a veces, hay esposas que piden préstamos para comprar sus cosas y después el esposo tiene que pagarlos con intereses. La falta de transparencia y sinceridad trae muchos problemas.

No hay que hacer nada a ocultas, que pueda ofender gravemente al otro, ni siquiera ir a jugar con los amigos o amigas y, mucho menos, irse a bailar o a una fiesta diciendo que se va a otra parte.

- Piensa siempre en cómo hacer feliz al otro. No importa si se lo merece o no. Hay que intentar siempre hacerlo feliz.

Porque si la esposa, por comodidad, no quiere servirle la comida a la hora de llegada o no quiere dormir con él o no lo atiende en sus pequeños gustos… el esposo sentirá que la esposa lo deja en segundo plano.

Peor si le dice constantemente que ella no es la empleada de nadie. Entonces, ¿dónde queda el amor?

No hay que medir lo que se da. No hay que contar los sacrificios. Hay que dar sin condiciones, hay que amar a todas horas y hay que buscar siempre el bien y la felicidad del otro.

- Cuando se dialoga, hay que evitar sacar los trapos sucios de tiempos pasados.

Hay que concretarse al problema que se esta tratando. De otro modo, la discusión se extiende a otros puntos y todo acabará en amargura y resentimiento mutuo.

5» Amor – Parte 2

Autor: P. Angel Peña O.A.R

Decía Saint-Exupery que amar no es mirarse el uno el otro, sino mirar juntos en la misma dirección. Sí, mirar y caminar unidos.

Amar no es tomarse de la mano mirando el televisor o pasearse por los parques tomados de la mano.

Amar es mucho más, es decirse sí el uno al otro en cada momento.

Y decirse sí el uno al otro significa decirle también sí a los hijos y a Dios, para cumplir su santa voluntad.

Es renovar en cada instante de la vida el sí que se dieron un día ante el altar en presencia de Dios, como testigo.

Por eso, cuando hay infidelidad, aunque sea en el pensamiento, se está siendo infiel también a Dios.

Cada pensamiento, palabra u obra, debe unir más a los esposos, porque todo aquello que los separa y aleja uno del otro es desamor, infidelidad al compromiso matrimonial.

De ahí que sea tan importante la oración para poder crecer en el amor de Dios. Cuanto más amen a Dios, más se amarán el uno al otro.

¡Qué hermoso es pedir a Dios cada día nuevos ojos para verse, como cuando eran novios!

Aquellos ojos que lo fascinaban siguen siendo tan bellos como antaño, pero ¿por qué ya no le fascinan?

¿Por qué no le dice el esposo: Eres linda y preciosa y te quiero con todo mi corazón?

¿Por qué la esposa no hace más que criticarlo y rebajarlo como si fuera un hombre incapaz de solucionar los problemas?

¿Por qué no lo valora y no desea tener intimidad con él?

Recuerdo a un esposo que, cuando su esposa se enfermó gravemente y tuvieron que operarla de emergencia, se puso a rezar y le dijo a Dios:

Señor, si sale bien de la operación, te prometo que le voy a dar todos los besos que no le di. Procuraré hacerla feliz de todas las formas posibles.

Ahora comprendo, Señor, el gran regalo que me diste y que yo no he sabido valorar.

Tuvo que llegar un momento difícil parar saber valorar a su esposa y hacer un propósito de enmienda.

Felizmente, la esposa salió bien y el matrimonio mejoró notablemente su relación, ayudados por el grupo parroquial al que pertenecían.

Por eso, no olvidemos que el amor es para hoy y que hay que demostrarlo hoy. No hay que dejar para mañana lo que debemos hacer hoy.

Además, el amor nunca debe darse por supuesto, hay que manifestarlo y decirlo.

¿A quién no le gusta que le digan que lo quieren, que lo admiran, que se sienten bien a su lado?

¡Cuán feliz se sentirá el esposo si se lo dice la esposa!

¡O al revés! También los hombres, que son como niños grandes, necesitan del cariño de la esposa y que ella les manifieste su admiración y agradecimiento.

Ahora quisiera preguntarte:

¿Cuánto eres capaz de sufrir por tu consorte? ¿Qué eres capaz de hacer por él?

Cuando hay problemas, ¿estás dispuesto a dialogar para solucionarlos?

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