por Makf | 27 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Amor es una palabra muy bonita.
Hay infinidad de canciones y películas que ensalzan el amor.
Pero, a veces, es un amor falsificado, porque es un amor adúltero, donde el protagonista, por ser guapo y simpático, pareciera tener derecho a todo.
Es un amor de película, que no dura más de dos horas.
Pero la vida real requiere que, para ser felices, el amor sea eterno.
No se puede vivir cambiando de pareja como de camisa.
No se puede ir por el mundo diciendo a todo el que pase: Te quiero, porque quiero estar contigo.
Hay que tener seriedad y responsabilidad y no amar al paso.
Cuando los esposos están comprometidos en un matrimonio hay que cuidar mucho ese tesoro del amor, porque puede contagiarse con las enfermedades del mundo moderno. Y se puede perder, si sólo se piensa en la propia felicidad.
Si tú has encontrado una buena esposa, no te dejes encandilar por falsas apariencias, no la vendas por nada ni por nadie.
No te dejes arrastrar por el afán de aventuras o de placeres indebidos. Mírala, admírala y dale todo tu cariño.
Si vas detrás de otras mujeres, al final, perderás lo que más vale: tu propia esposa.
Mírala bien, descubre sus tesoros y no la devalúes, no la maltrates.
Reconquista el amor perdido a fuerza de ternura y cariño.
Enamórala cada día y te responderá con un amor incondicional que te hará inmensamente feliz.
Y tú, esposa, si tu esposo es un hombre bueno y fiel, cuídalo con cariño.
No lo rebajes, no le hagas sentir mal, comparándolo con otros que tienen más éxito económico y social.
Piensa siempre que tu esposo es más importante que todas las cosas del mundo.
No lo molestes con tus manías de limpieza.
Enséñale cómo comportarse para no manchar inútilmente, pero no le digas continuamente: No toques, no manches, no te sientes, no te muevas, no pongas eso ahí…
Es como si le dijeras, prefiero que te vayas a la calle y no manches; prefiero tener la casa limpia a que estés feliz en ella.
Sería preferible decirle: Te quiero tanto que no me importa que manches con tal de que te sientas feliz, aunque después, tendrás que ayudarme a limpiar.
Algo importante es hacer las cosas juntos para fomentar el amor mutuo.
No sólo orar e ir a fiestas, también limpiar, cocinar algún día, pasear, estudiar…
¡Hay tantas cosas hermosas que pueden hacerse juntos!
¡Hay tantos pequeños detalles que pueden hacer feliz al otro!
¡Es tan fácil sentarse juntos unos momentos a escuchar aquella música que los fascinaba siendo jóvenes o tomarle la mano en silencio, sonreírle o darle un regalo, o decirle con las palabras más hermosas: Te quiero!
¡Es tan fácil sorprender al otro, de vez en cuando, con un ramo de flores o una caja de chocolates!
¡O escribirle una hermosa tarjeta con palabras hermosas de agradecimiento por todo lo que hace!
Y, cuando tenga problemas, es fácil llamarlo por teléfono a ver cómo está y decirle:
No tengas miedo, yo estoy contigo. Todo pasará, no te preocupes, confiemos en Dios, pongamos todo en las manos de Dios.
Lo importante es no dejar el amor en el invernadero de la rutina. La rutina es un roedor implacable.
Después de los primeros tiempos de dulzura y felicidad, se va colando en muchos matrimonios la monotonía de la vida diaria.
Y, sin que nadie se dé cuenta, las cosas se van haciendo más pesadas.
Ya no se vibra con la ilusión de la llegada del cónyuge, ya no se le espera como en otros tiempos, todo parece que ha cambiado, como si hubieran cambiado de personalidad.
Pasan los años y la rutina, como un termita, va evaporando lo poco que queda de ilusión.
Parecen dos extraños, viviendo en la misma casa, pensando sólo en ir tirando.
Falta la frescura del primer amor, falta color y originalidad, falta Dios, que es el único que puede ir renovando el matrimonio con el agua fresca de su divino amor.
por Makf | 27 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
"Señor Jesús, tú nos has unido por el sacramento del matrimonio. Te damos gracias.
Gracias por todas las alegrías
que nacen de la recíproca comunión;
gracias por nuestros hijos
y por la paz de nuestro hogar.
Te pedimos: que mantengas vivo
cada día, nuestro amor;
no permitas que se pierda a causa
de la monotonía o de la actividad de la vida.
No permitas que jamás nos falte
algo que comunicarnos y que vivamos
el uno junto al otro como extraños.
Enséñanos como podemos cada día
avivar nuestra vida en común y haz que siempre sepamos perdonarnos y que podamos siempre
ayudarnos en nuestras decisiones.
Danos fuerza para poder enfrentarnos juntos a todas las penas y como a todas las pruebas.
Señor, te pedimos que renueves en cada uno de nosotros, cada día, tu amor."
Amén
por Makf | 27 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Sí deseas un matrimonio feliz, debes comenzar por prepararte bien durante el tiempo de noviazgo.
Autor: P. Angel Peña O.A.R
El noviazgo es un tiempo de preparación y de conocimiento mutuo. Pero, muchas veces, se convierte en un tiempo de desórdenes, en el que Dios está totalmente ausente.
Y Dios es fundamental en la vida de todo hombre que quiere ser feliz y, por supuesto, en un verdadero matrimonio.
Muchos jóvenes tienen una mentalidad pagana. Confunden amor con sexo. Hablan de amor a primera vista y, en un tiempo récord, quieren casarse sin conocerse de verdad.
No faltan quienes se conocen por internet y, en poco tiempo, sin apenas conocerse personalmente, ya quieren formalizar un matrimonio que debe durar para toda la vida.
Es posible conocer a la esposa ideal por internet, pero hay que estar muy seguros y conocerla muy bien, para dar este paso transcendental del que depende la felicidad personal y de los futuros hijos.
Muchos adolescentes, desde los doce años o antes, ya desean tener una novia para poder presumir ante sus compañeros.
¿Para qué desean tener novia a esa edad? ¿Sólo para besarla y abrazarla? ¿No será una señal de inmadurez?
Los noviazgos prematuros terminan rápidamente y, con frecuencia, después de haber tenido relaciones sexuales.
Si esto se repite en varios noviazgos, ¿qué podría decirse de la novia o del novio? ¿Es esa la mejor preparación para el matrimonio?
Lo peor es que muchos jóvenes ya no quieren casarse y sólo quieren convivir sin compromiso.
Otros prefieren tener compañeros sentimentales. De esa manera, aunque no haya amor, pueden satisfacerse mutuamente y, después, separarse sin problema y seguir buscando otras uniones pasajeras semejantes.
Pero así nunca podrán ser felices, porque el matrimonio para ser feliz necesita amor, y el amor verdadero viene de Dios y quiere ser eterno.
En la actualidad, son muy frecuentes estos matrimonios al paso, sin compromiso.
Muchos jóvenes modernos son incapaces de asumir un mínimo de responsabilidad matrimonial.
Se divorcian con la facilidad de quien toma un vaso de agua y se vuelven a juntar con la misma frivolidad. ¿Y los niños?
Si se quedan con la madre, crecen bajo la sombra de la tristeza materna y, a veces, con una gran inseguridad; porque les falta la presencia paterna. ¡Cuántas madres solteras o abandonadas!
¡Cuántos matrimonios rotos, cuántos divorcios, cuánto sufrimiento!
Por eso, hay que tomar en serio el noviazgo.
Dice el Catecismo de la Iglesia católica: Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia… Y reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal.
Deben ayudarse mutuamente a crecer en santidad (Cat 2350).
Los jóvenes que desean casarse deben pensar en hacerlo para toda la vida; si no, su unión será débil y ante cualquier dificultad se romperá, porque no pondrán de su parte y no estarán dispuestos a hacer ningún sacrificio para superar las dificultades.
Es preciso tener la idea clara de que uno se casa para toda la vida y de ser puros antes del matrimonio.
Puros hasta el altar y fieles hasta la tumba. Algo muy importante en el noviazgo es el decirse la verdad en cuanto a sus vidas y su pasado.
Porque si uno de los dos oculta algo grave, que el otro tiene derecho a saber, el matrimonio podría ser nulo.
Por ejemplo, ocultar que no puede tener hijos, que tiene sida o cualquier otra enfermedad crónica grave, que tiene hijos o que ha estado unido anteriormente con otra persona; que es adicto al juego, a las drogas, al alcohol…
Hay que ser transparentes y decirse siempre la verdad. Declara san Pablo que el amor se alegra con la verdad (1 Co 13, 6). Sin verdad no hay verdadero amor.
Querido joven, ¿ya conoces a la que será tu esposa para toda la vida?
Respétala, no te permitas con ellas acciones inmorales, no la engañes con sutilezas ni le pidas una "prueba de amor".
Ten prudencia y evita estar a solas con ella en lugares solitarios o cerrados.
Tu amor a ella debe ser siempre puro y limpio, con la ilusión de llegar los dos juntos vírgenes al matrimonio.
Evita los abrazos y besos apasionados y los tocamientos indecorosos.
Debes saber esperar hasta el momento en que sea tu esposa y puedas decirle de verdad: Ahora soy tuyo, totalmente, y para siempre ¿Te imaginas que podrías tener un hijo no deseado?
¿Cómo se sentiría ese niño que no es bien recibido al venir a este mundo?
¿Pensarías en matarlo por el aborto? Con los hijos no se juega.
No se puede tener una relación matrimonial antes del matrimonio.
Prepárate para ese momento tan importante de tu vida.
El amor es algo tan hermoso y tan grande que sólo Dios lo puede dar.
Porque Dios es la fuente de todo auténtico amor. Dios es amor (1 Jn 4, 8). Y hay que estar casados en el Señor (1 Co 7, 39), casados por la Iglesia.
Y tú, querida joven, ¿has encontrado ya al que será tu futuro esposo?
¿Piensas en él, rezas por él?
Pídele a Dios que te lo presente cuanto antes y que no te equivoques en tu elección.
Y, desde ahora, consérvate pura y limpia para él. Evita la compañía de hombres deshonestos, las conversaciones de doble sentido, espectáculos pornográficos…
Busca diversiones sanas y prepárate en cuerpo y alma para el que será el padre de tus hijos.
¡Qué hermoso es encontrar chicas que sonrían con sincera alegría, que sean decentes y se vistan con gusto!
¡Qué belleza irradian estas jóvenes de alma transparente y cuerpo puro! ¡Una chica buena, trabajadora, responsable y maternal es un regalo que vale más que todos los tesoros del mundo!
Y ahora rezad los dos, aunque no se conozcan, esperando conocerse y amarse pronto.
"Señor, quiero pensar en este momento en tu presencia por quien será mi esposo(a).
Haz que mi recuerdo lo acompañe siempre y lo defienda de toda acción baja y vulgar.
Haz que nunca se deslice entre nosotros la mentira ni el engaño.
Señor, preséntamelo cuantos antes, tengo deseos de conocerlo(a) para darle el tesoro de mi amor, que guardo con tanto cariño y pureza para él (ella).
Que su recuerdo, en vez de quitarme las ganas de estudiar, sea para mí un estímulo para salir adelante.
Quiero ser para él (ella) una persona auténtica que lo sostenga en la debilidad y le dé fuerza y energía para superar las dificultades.
Y haz que su sonrisa y su alegría ilumine el camino de mi vida y me llene de felicidad.
Pensando en él (ella) mi corazón vibra de emoción.
Señor, desde ahora, ya lo(a) amo con todo mi corazón.
Y quiero darle las rosas más bellas de mi corazón humano, Señor, quiero servirte y amarte con él (ella) y con nuestros hijos por toda la eternidad.
Haznos una familia unida en tu divino Corazón. Amén".
por Makf | 27 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Hay matrimonios que parecen cansados y aburridos como los dos discípulos de Emaús, que ya habían perdido las esperanzas que habían puesto en Jesús.
Por esto, hay que renovar el matrimonio cada día. Y decirle a Jesús, como los discípulos de Emaús:
Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día declina. Y entró y se quedó con ellos (Lc 24, 13-25).
Nosotros también debemos invitar a Jesús a quedarse con nosotros, a ser un miembro más de la familia.
Con Jesús todo lo podremos superar más fácilmente y los problemas de cada día no nos parecerán insolubles. Y también debemos invitar a María.
En las bodas de Caná estaban los dos invitados. Y fue una bendición para los recién casados y para toda la familia.
María se dio cuenta de que faltaba algo importante. Y le dijo a Jesús:
No tienen vino (Jn 2, 3). Y Jesús, por amor a María, a quien no le puede negar nada por ser su madre, hizo su primer milagro sin estar previsto en sus planes.
De la misma manera, nosotros, invitando a Jesús y a María, podemos estar seguros de que ella intercederá ante Jesús y le dirá:
No tienen comprensión, les falta dialogo, no quieren tener hijos, no tienen paz… Y Jesús podrá hacer milagros una vez más.
Por ello, es tan importante tener en la casa alguna imagen de Jesús y de María y rezar todos los días en familia y consagrarse como familia a Jesús por María.
Sin fe, el matrimonio no puede ser feliz. Pero con fe todo es diferente.
Decía Susana Tamaro:
Estoy plenamente convencida de que, sin fe, el matrimonio es una especie de campo de concentración, pero estoy igualmente convencida de que el matrimonio, vivido en plenitud, es un lugar de satisfacción, un camino de duro compromiso, pero bellísimo.
Sin embargo, muchos se casan de forma casual, sin ninguna preparación y sin ningún sentido de la sacralidad del matrimonio.
Hay un analfabetismo afectivo. El matrimonio se convierte para muchos en un producto de consumo más.
No tienen idea de construir algo juntos, conscientes de que en esa construcción, hay dificultades.
El matrimonio requiere fe, amor y vocación2.
Dice el doctor Aquilino Polaino Lorente:
He tenido ocasión de conocer una pareja que vino a pedir ayuda.
Ambos eran jóvenes y trabajaban, comenzando a abrirse paso en la vida profesional.
La esposa recibía unos honorarios más cuantiosos que su marido. Y en su matrimonio trataron de organizarse de la forma más racional, dado que ambos eran universitarios.
Para ello hicieron inventario minucioso de las tareas domésticas. En función de su grado de dificultad que cada una de ellas comportaba y del tiempo que exigía su realización, les fue asignada una determinada puntuación.
Luego suscribieron un acuerdo para realizar las tareas domésticas al 50%.
De acuerdo a lo pactado, si al llegar el fin de semana uno de los dos había logrado menos puntos por haber realizado menos actividades en casa, entonces destinaría su tiempo libre a completar las tareas que le faltaban al cómputo.
Esto se cumplió escrupulosamente por ambas partes durante los tres primeros meses de matrimonio, aunque con dificultades.
Por fin, el marido se cansó. Se veía obligado a trabajar durante los fines de semana para completar su igualitaria dedicación a las tareas domésticas.
Le parecía que su casa se parecía más a una cooperativa que a una familia y que las relaciones con su mujer eran más difíciles que con la patronal de su empresa.
En definitiva, que su mujer no lo estimaba, que era muy difícil encontrar un gesto de amor en sus relaciones conyugales.
Dada esta situación, le habló a la esposa de la manera más clara posible de que no podía aguantar aquella situación.
Pero su esposa se negó a modificar el acuerdo establecido.
El esposo le dijo: "Si seguimos con el reparto equitativo de las tareas domésticas, nuestra vida será cualquier cosa menos matrimonio, que es lo que tú y yo soñamos al casarnos.
Si no estás dispuesta a que nos organicemos de otro modo, a partir de ahora tú te vas con tu madre y yo con la mía".
Y eso fue lo que acabaron por hacer. A ello siguió la demanda de separación y después el divorcio.
La terapia de pareja resultó inútil en este caso.
El matrimonio no puede organizarse como una empresa o una cooperativa.
El matrimonio no es una sociedad laboral en la que cada tres meses deben rotar los empleados y asumir nuevas y diversas responsabilidades.
El matrimonio es una comunidad de amor que no puede regirse por un reglamento laboral frío, pues una organización así vacía el matrimonio del amor que es su finalidad esencial y más necesaria3.
Hay que darse cada uno al 100%. Pero, cuando falta el amor verdadero, que viene de Dios, falta el sentido del matrimonio.
Por eso, hay que pedir a Dios, en oración, que llene nuestro corazón de amor auténtico para evitar el egoísmo disfrazado de amor.
por Makf | 27 Oct, 2025 | Matrimonios Felices
Autor: P. Angel Peña O.A.R
Una vez que los novios lo han pensado bien, deben prepararse para el gran día de su matrimonio religioso (estando previamente casados por lo civil).
Para su matrimonio, no sólo deben pensar en las invitaciones, en el banquete, en el vestido de la novia y en otras cosas materiales.
Sobre todo, deben preparar su alma para consagrarse mutuamente en cuerpo y alma en la presencia de Dios. Deben estar bien confesados para comulgar en la misa. Y deben ser conscientes de su compromiso de amor y fidelidad para toda la vida.
Yo prometo serte fiel en lo favorable y en lo adverso, con salud o enfermedad. Y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.
Esto lo declaran ante Dios, que es testigo de su compromiso de amor eterno. Así que ya nunca más hay que pensar en el divorcio.
Y hay que hacer todo lo posible y lo imposible para superar las dificultades. Si éstas fueran insolubles, la Iglesia acepta la separación de cuerpos, manteniéndose firme el vínculo matrimonial.
Ambos podrían seguir confesando y comulgando normalmente, mientras no tengan un nuevo compromiso. Y, si se unen a otra tercera persona, sepan lo que dice el Papa:
La práctica de la Iglesia es no admitir a los sacramentos a los divorciados vueltos a casar…
Sin embargo, siguen perteneciendo a la Iglesia que los sigue con especial atención con el deseo de que, dentro de lo posible, cultiven un estilo de vida cristiano mediante la participación en la santa misa, aunque sin comulgar, la escucha de la palabra de Dios, la adoración eucarística, la oración, la participación en la vida comunitaria, el diálogo con un sacerdote de confianza, la entrega a obras de caridad, de penitencia y a la tarea educativa de los hijos.
Donde existan dudas legítimas sobre la validez del matrimonio sacramental contraído, se debe hacer lo que sea necesario para averiguar su fundamento1.
Lamentablemente, hay esposos soberbios, flojos para el trabajo, adictos al sexo, al alcohol, a las drogas o a otros vicios.
Otros se creen padres y esposos modelos, porque no son borrachos ni mujeriegos ni les gustan las fiestas; y trabajan todo el día pare el bien de su familia.
Ciertamente, a su familia no le falta nada material, pero le falta el amor del papá.
Sus hijos se quejan de que nunca tiene tiempo para escucharlos, de que nunca sale con ellos a pasear, porque siempre está demasiado ocupado.
A su esposa, cuando se queja de que no salen nunca juntos o no le da el cariño que ella espera, le recuerda que no tiene tiempo y que está muy cansado, porque trabaja todo el día.
Además, le dice que no olvide que todos sus vestidos y todo lo que tiene se lo debe a él.
En algunos de estos casos, la esposa puede buscar amor en otra parte.
Como aquella esposa, a quien otro hombre la estaba cortejando.
Ella decía: Yo sé que el otro no siente lo que me dice, pero no me importa. Me agrada que alguien se fije en mí y me diga palabras bonitas, aunque sean mentira.
Por eso, es triste que haya maridos ciegos para reconocer la belleza de su esposa y piensen que todas las demás son más bellas que ella.
Lo peor es que le diga palabras de desprecio: fea, gorda, sucia, desordenada, etc. En este caso, está matando el amor de su corazón y ella no tendrá alegría ni voluntad para hacerlo feliz.
Al final, los dos pierden y, sobre todo, los hijos, que ven las discusiones y sienten la lejanía de sus padres.
La esposa, como mujer, necesita ser admirada. Cuando nadie la mira ni la valora, siente que su vida está vacía. Haría cualquier cosa para ser admirada, valorada y amada. Y ahí está el peligro.
Si el esposo nunca le dice que la ama, y el otro se lo repite constantemente, podrá recibir alguna recompensa a cambio, aunque sea un beso furtivo o un abrazo. Y por ese camino, ni ella misma sabe a dónde puede llegar.
El amor en el matrimonio nunca se debe dar por supuesto, hay que decirlo de todas las maneras posibles, con un beso, un abrazo, un apretón de manos, palabras bonitas, regalos, miradas…
¡Se puede decir de tantas maneras al otro que se le ama! ¡Es tan fácil hacer felices a los demás, diciendo palabras amables!
Y ésta es una regla para todos y con todo el mundo, pero especialmente para los esposos y para los hijos, que también necesitan ser queridos y valorados por sí mismos sin comparaciones odiosas.
Muchos hombres van matando el amor de su esposa, porque son como los fariseos, que querían apedrear a la mujer adúltera del Evangelio (Jn 8).
Les gustaría apedrear a su esposa y lo hacen con sus desprecios continuos y sus palabras hirientes o con gestos burlescos.
La ponen en medio de los demás y le sacan sus defectos ante toda la familia, porque es gastadora, histérica, infantil, llorona…
Pero, como dice Jesús: El que esté sin pecado, que tire la primera piedra.
Por supuesto que también hay esposas que no hacen más que criticar a sus esposos, porque no trabajan más, porque falta dinero en casa, porque son calvos o feos y, sobre todo, lo comparan con los vecinos o amigos, que tienen más que ellos. Y eso duele. Y no ayuda para el crecimiento del amor mutuo.
1 Benedicto XVI, Exortación apostólica Sacramentum caritatis, N° 29.
2 Susana Tamaro, El misterio y lo escondido, Ed. Seix Barral, Barcelona, 1999, pp. 115-116.
3 Polaino Lorente Aquilino, En busca de la autoestima perdida, Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 2003,
p. 110.