por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Tres jóvenes vecinos, Salvatore, Julio y Antonino, vivían y jugaban en Cremona, Italia, a mediados del siglo XVII.
Salvatore tenía una voz hermosa, y Julio lo acompañaba tocando el violín, mientras tocaban en la plazas o llevaban serenatas a las prometidas de los novios ocasionales que recurrían de sus servicios. Aunque a Antonino le encantaba la música, su voz chirriante hacía que la gente se burlara de él.
No obstante, Antonino no carecía de talento. Su posesión más valiosa era una navaja de bolsillo, con la que hacía unas preciosas figuras en trozos de madera.
Un día de fiesta, los tres amigos salieron para la plaza de la catedral. Mientras caminaban, Antonino reflexionaba respecto a su incapacidad para cantar. Eso hacía llorar su corazón, porque amaba la música tanto como los otros.
Una vez en la plaza, Julio tomó el violín, en tanto que Salvatore cantaba con su potente voz de cantor. La gente se detenía a escucharlos, y la mayoría dejaba una o dos monedas para los andrajosos muchachos. Un anciano salió de la multitud, los felicitó y puso una brillante moneda en la mano de Salvatore. El muchacho abrió la mano y exclamó:
-¡Miren! es una moneda de oro.
Los tres muchachos estaban entusiasmados y se pasaban la moneda entre sí.
- Pero ese anciano muy bien puede permitirse dar limosnas de esa cantidad -dijo Julio- es el gran Amati.
- ¿Y quién es Amati?, ¿y por qué es grande? - preguntó tímidamente Antonino.
- Amati es el gran "hacedor de música" -respondió Salvatore-, él fabrica los mejores violines de Italia, y vive en nuestra ciudad.
Su corazón empezó a latir fuertemente y una idea cruzó por su mente. A la mañana siguiente, el joven salió de casa llevando consigo su preciosa navaja y algunas cosas que con ella había hecho: un bello pájaro, un cofre, una flauta, varias estatuillas y un exquisito barco de madera.
Tocó a la puerta del gran maestro, y le dijo:
- Traje estas cosas para que usted las vea, señor -mientras mostraba el producto de sus manos- ¿seré digno de ser su aprendiz?
El maestro Amati, con cuidado, recogió y examinó cada pieza, deteniéndose en la exquisitez de los detalles del pequeño barco, e invitó a Antonino a entrar a su casa.
- ¿Y por qué quieres hacer violines? Inquirió el anciano artista.
- Porque amo la música, pero no puedo cantar, pues mi voz suena como una bisagra que rechina. Ayer usted dio una moneda a mis amigos, en la plaza de la Catedral. Yo también quiero hacer que la música tome vida - concluyó Antonino.
En muy poco tiempo se convirtió en discípulo del gran artista. Después de muchos años no había secreto en la fabricación de un violín, de sus setenta diferentes partes que él no conociera.
Cuando cumplió 22 años de edad, su maestro le permitió poner su propio nombre en un violín que había fabricado. Durante su vida Antonino fabricó más de mil cien de ellos, tratando de hacer cada uno mejor y más bello que el anterior.
Cualquier persona que posea un violín fabricado por Antonino STRADIVARIUS es dueña de un TESORO, de una obra maestra
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Si tú crees que una sonrisa es más fuerte que un arma.
Si tú crees que lo que une a los hombres es más fuerte que lo que los separa.
Si tú crees en el poder de una mano extendida.
si tú crees que ser diferente es una riqueza y no un peligro, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú sabes mirar al otro con un poquito de amor.
Si tú sabes preferir la esperanza a la sospecha.
Si tú estás persuadido que te corresponde tomar la iniciativa antes que el otro.
Si todavía la mirada de un niño llega a desarmar tu corazón, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú puedes alegrarte del gozo de tu vecino.
Si la injusticia que golpea a los otros te indigna tanto como la que tú puedes sufrir.
Si para ti el extranjero es un hermano.
Si tú puedes dar gratuitamente un poco de tu tiempo, por amor, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú sabes aceptar que el otro te preste su ayuda.
Si tú compartes tu pan y sabes dar con él un pedazo de tu corazón.
Si tú crees que el perdón consigue más que la venganza.
Si tú sabes cantar la felicidad de otro y bailar su alegría, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú puedes escuchar al desdichado que te hace perder tu tiempo y consolarlo con una sonrisa.
Si tú sabes aceptar la crítica y hacer que te sea provechosa, sin rechazarla ni defenderte.
Si tú sabes acoger y aceptar un punto de vista diferente al tuyo.
Si tú rehusas a darte golpes por tus culpas en el pecho de otros, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si para ti el otro es, ante todo, un hermano.
Si para ti la cólera es una debilidad, no una manifestación de fuerza.
Si tú prefieres ser herido antes de hacer daño a alguien.
¡VENDRÁ LA PAZ!
Si tú alcanzas y te colocas al lado del pobre y del oprimido sin creerte un héroe.
Si tú crees que el amor es la única fuerza de disuasión.
Si tú crees que la paz es posible, entonces…
¡VENDRÁ LA PAZ!
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
A pesar de que eran ricos, Napoleón y George Washington nunca contaron con una pastilla para el dolor de cabeza.
Simón Bolívar, San Martín y Pancho Villa jamás pudieron tomar un taxi cuando necesitaban llegar pronto a algún lugar.
Ni Cervantes, ni Dante, ni Shakespeare tuvieron una máquina de escribir.
Los vikingos viajaron sin brújulas y Colón no pudo llevar alimentos enlatados ni un refrigerador; Julio César y Cario Magno jamás comieron una pizza y tampoco disfrutaron del cine o la televisión.
Beethoven no pudo usar audífonos ni oír su música en un equipo de sonido. Mozart no pudo grabar sus composiciones.
Hipócrates y Galeno no se sirvieron de las vacunas ni de miles de avances médicos.
Y nosotros hoy nos quejamos de que no tenemos todo lo que queremos, y de que esta vida es insufrible.
Así somos. ¿Por qué seremos así?
No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria.
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
En 1989, un terremoto de magnitud 8.2 sacudió a Armenia, matando a más de treinta mil personas en menos de cuatro minutos.
En medio de la devastación y el caos total, un padre dejó a su mujer a salvo en la casa, corrió al colegio donde suponía debía estar su hijo y al llegar, descubrió que el edificio había quedado aplastado hasta los cimientos.
Después del trauma del shock inicial, se acordó de la promesa que le había hecho a su hijo: "Pase lo que pase, ¡siempre estaré para ayudarte!" Y se echó a llorar.
Al mirar la pila de escombros que en algún momento habían sido la escuela, parecía no haber esperanza, pero no obstante siguió recordando el compromiso con su hijo. Empezó a concentrarse en el camino que hacía cada mañana cuando llevaba a su hijo al colegio.
Al recordar que el aula de su hijo debía de estar en el ángulo derecho posterior del edificio, corrió hasta allí y empezó a cavar entre los escombros.
Mientras cavaba, llegaron otros padres desolados, que se golpeaban el corazón exclamando:
- ¡Mi hijo!, ¡mi hija! Otros padres bien intencionados trataron de apartarlo de lo que había quedado de la escuela.
- ¡Es demasiado tarde! - ¡Están muertos!
- ¡No puede ayudar!; - ¡Váyase a su casa!
- ¡Vamos, enfrente la realidad, no hay nada que pueda hacer!
- ¡No hace más que empeorar las cosas!
A cada uno, él le respondía con la misma frase:
- ¿Me va a ayudar, sí o no?
Y luego seguía removiendo piedra por piedra para encontrar a su hijo.
El jefe de bomberos se presentó y trató de alejarlo de los escombros de la escuela:
- Están propagándose incendios, hay explosiones por todas partes. Corre peligro. Nosotros nos encargaremos - le dijo.
- ¿Va a ayudarme ahora? -respondió este padre amoroso y perseverante.
Llegó la policía y alguien le dijo:
- Está enojado, angustiado y ya pasó. Pone en peligro a los demás. Váyase a su casa. ¡Nosotros lo manejaremos!
Al oír esto, replicó:
- ¿Van a ayudarme, sí o no? -Nadie lo ayudó.
Valientemente, siguió solo, porque necesitaba saber por sí mismo si su hijo estaba vivo o muerto.
Cavó durante ocho horas… doce horas… veinticuatro horas… treinta y seis horas… entonces, cuando habían pasado treinta y ocho horas, movió una piedra grande y oyó la voz de su hijo y gritó su nombre:
- ¡Armando!
- ¿Papá? ¡Soy yo, papá! Les dije a los otros chicos que no se preocuparan. Les dije que si estabas vivo, me salvarías y al salvarme a mí, estarían a salvo.
Lo prometiste: "¡Pase lo que pase, siempre estaré para ayudarte!" Lo hiciste, papá.
- ¿Cómo están las cosas ahí? ¿Qué pasa? - preguntó el padre.
- Quédanos catorce de los treinta y tres, papá.
Estamos asustados, tenemos hambre, sed y nos alegra que estés aquí. Cuando el edificio se derrumbó, se formó una cuña, como un triángulo y nos salvó.
- ¡Ven, sal de ahí, hijo!
- No, papá. Primero que salgan los otros chicos, porque sé que me salvarás.
Pase lo que pase, sé que estarás para ayudarme.
Mark V. Hansen
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Usa tus ojos… para ver la belleza de la vida, o para ver el interior de las personas.
No los uses para criticar maliciosamente de cómo se ven o se visten los demás, o para juzgar a las personas sólo por sus apariencias.
Usa tus oídos… para escuchar a tu prójimo y poder ofrecerle una palabra de aliento; para escuchar los sonidos agradables que te ayudan a olvidar las dificultades y edificar tu interior.
No los uses como un arma, o para envenenar a los demás, creando cizañas con lo escuchado.
Usa tu olfato… para percibir el olor de las flores, del perfume, del amor.
No lo impregnes con los malos olores, como lo son el odio, el egoísmo, la traición.
Usa tu gusto… para saborear el triunfo de tus metas
alcanzadas; de los logros obtenidos con esfuerzo y dedicación.
No lo uses para saborear las derrotas de otros, cuando algo les sale mal.
Usa tu tacto… para sentir y dar amor. Para tocar a las personas con tus deseos positivos, y con tu caridad.
No lo uses para pedir injustificadamente, o para golpear sin piedad.
¡El Sexto Sentido, el más importante…!
Es el que nos da la sabiduría para distinguir la diferencia entre los otros sentidos; entre el bien y el mal, entre dar o recibir, entre salvar o matar.
¡A veces miramos sin ver; oímos sin escuchar; olemos sin percibir; probamos sin saborear; tocamos superficialmente!
¡Usa tus sentidos sabiamente; no se trata de cuántos tengas, sino de cómo los utilizas!
"Para ser exitoso, no tienes que hacer cosas extraordinarias, haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien"