por Makf | 19 Abr, 2026 | Apologética 23
Autor: Fuente: ReligionEnLibertad.com
Se ha convertido en práctica frecuente. ¿No es acaso una expresión panteísta? ¿Es la mejor manera de expresar la fe en la resurrección de la carne?.
La Conferencia Episcopal Italiana ha presentado la nueva edición en lengua italiana del Rito de las exequias, publicada por la Librería Editrice Vaticana, en la que considera que la cremación queda concluida cuando se deposita la urna en el cementerio, y afirman que la posibilidad en algunas legislaciones de esparcir las cenizas produce "no pocas perplejidades sobre su plena coherencia con la fe cristiana".
"Aunque algunas legislaciones permiten esparcir las cenizas en la naturaleza o conservarlas en lugares diversos del cementerio, "estas prácticas producen no pocas perplejidades sobre su plena coherencia con la fe cristiana, sobre todo cuandoremiten a concepciones panteístas o naturalistas", indica el nuevo ritual.
Monseñor Angelo Lameri, miembro de la Oficina Litúrgica nacional de la Conferencia Episcopal Italiana, ha explicado que el tema de la cremación se ha colocado en un apéndice aparte para subrayar que la Iglesia, "aunque no se opone a la cremación de los cuerpos cuando no se hace in odium fidei, sigue considerando que la sepultura del cuerpo de los difuntos es la forma más adecuada para expresar la fe en la resurrección de la carne así como para favorecer el recuerdo y la oración de sufragio por parte de familiares y amigos".
Según se indica en este capítulo, excepcionalmente, los ritos previstos en la capilla del cementerio o ante la tumba se pueden celebrar en el lugar mismo de la cremación y se recomienda también el acompañamiento del féretro a dicho lugar, según ha informado el Vaticano.
Compartir el luto
Esta segunda edición del rito también se refiere al momento de la visita a la familia, que no se contemplaba en la edición anterior.
Monseñor Lameri ha explicado que "para un sacerdote, es un momento para compartir el dolor, escuchar a los familiares afectados por el luto, y conocer algunos aspectos de la vida de la persona difunta con el fin de ofrecer un recuerdo correcto y personalizado durante la celebración de las exequias".
También se proponen nuevos textos para pronunciar en el momento de cerrar el ataúd, adecuados a diversas situaciones: para una persona anciana, para una persona joven, para quien ha muerto inesperadamente, etcétera, y se ha añadido una amplia propuesta de formularios para la oración de los fieles.
Monseñor Alceste Catella, presidente de la Comisión Episcopal para la Liturgia, ha señalado que este libro "atestigua la fe de los creyentes y el valor del respeto hacia los difuntos, el respeto por el cuerpo humano incluso cuando ya no tiene vida".
"Testimonia la fuerte exigencia de cultivar la memoria, de tener un lugar cierto en el que deponer el cadáver o las cenizas, en la certeza profunda de que ésto es auténtica fe y humanismo auténtico", ha concluido.
Quienes deseen leer el documento de la Conferencia Episcopal Italiana lo pueden hacer visitando el siguiente enlace, tener presente que la información está en italiano.
por Makf | 19 Abr, 2026 | Apologética 23
Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe
Porque todo lo que Dios ha creado es bueno y no se ha de rechazar ningún alimento que se coma con acción de gracias, pues queda santificado por la palabra de Dios y la oración.
Muchos preguntan con frecuencia si en verdad, según la Biblia, está prohibido comer o tomar ciertos alimentos.
Esta inquietud les nace de conversaciones tenidas con miembros de algunas iglesias de origen protestante, o de ciertas sectas, quienes, con la Biblia en la mano, les han mostrado que no se puede comer cerdo, conejo, ciertos peces y ciertas aves, etc.
En esta línea están sobre todo los Adventistas del Séptimo Día, los Testigos de Jehová, los Mormones y otros. Algunos prohíben incluso tomar vino y cualquier licor, café, té, coca-cola, fumar, etc., por motivos de religión, como si la Biblia prohibiera todo eso.
Vamos, pues, a contestar a este punto.
Pero queremos advertir que este tema de los alimentos, por ser uno de los más claros y sencillos de comprender, nos permite entender otra verdad básica en la lectura de la Biblia: La Biblia no fue escrita en un solo día, sino que fue redactada durante un período de casi 2.000 años. Y cuando uno lee con atención este libro sagrado nos damos cuenta de que a través de toda la Biblia hay una gran evolución doctrinal y moral.
Es decir, que, en la Biblia, no todo tiene el mismo valor o igual vigencia. Que hay una gran diferencia, aunque se complementen, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Que no se puede leer el Antiguo Testamento en forma parcial y aislada, como si todo en él fuera doctrina eterna. Hay que leer siempre el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento.
Porque Jesucristo, Dios-hombre, es el centro del N.T. y el fin de toda la Biblia. Además, Jesucristo, con su autoridad humano-divina, corrigió y perfeccionó muchas cosas que se leen en el A.T. y anuló y abolió costumbres que para los judíos del A.T. eran prácticas muy importantes. Y entre estas cosas que Jesús abolió está la cuestión de los alimentos.
Prohibición en el Antiguo Testamento
Leyendo con atención la Biblia nos damos cuenta de que dentro del mismo A.T. hay diversas tradiciones y costumbres en cuanto a los alimentos.
- Los textos aparentemente más antiguos hablan de que todos los alimentos son buenos. Que todas las plantas y animales han sido creados buenos y están al servicio del hombre (Lea: Gén. 1, 20-25 y 28-30).
Y se dice expresamente: «Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento. Todas las cosas les servirán de alimento, así como las legumbres y las hierbas». (Gén. 9, 2-3).
Pero enseguida leemos en Gén. 9, 4 que el sagrado escritor prohíbe comer «carne con sangre». (Según muchos biblistas o estudiosos de la Biblia, este versículo (Gén. 9,4) es un agregado posterior, una relectura introducida por la tradición mosaica).
De todas maneras, nadie va a negar que se dio la prohibición de comer ciertos alimentos en el A.T. Esta prohibición de comer ciertos alimentos es una de las características de la religión israelítico-judía.
Los textos prohibitivos más famosos
Que son los que suelen mostrar nuestros hermanos con la Biblia en la mano para confundir al católico sencillo, son los siguientes: Levítico 11, 1-23 y su paralelo Deut. 14, 3-21.
Sería largo citarlos aquí. En estos textos se prohíbe comer: camello, conejo, liebre, cerdo y una serie larga de animales acuáticos, aves y bichos alados. (Los llamos son de la familia de los camellos, y también sería pecado comer carne de llamo).
Según los mejores biblistas
Algunas de esas prohibiciones son muy antiguas, y son costumbres tomadas de otros pueblos, y anteriores a la formación más primitiva del pueblo de Israel. Otras prohibiciones se dieron en Israel con la finalidad de distinguirse y apartarse de los pueblos paganos vecinos y de sus cultos idolátricos.
La prohibición de comer carne con sangre
Es también muy antigua, y ello es porque se creía que la sangre era el alma o donde el alma residía (Lev. 19, 26; 17, 11; Deut. 12, 23). Por lo mismo, se juzgaba también impuro todo animal que no había sido desangrado, y todo alimento que lo tocara (Lev. 11, 34 y 39). Además se prohíbe la grasa de los animales (Lev. 7, 23).
También son impuros y prohibidos
Todos los animales de la casa cuando hay un cadáver en ella. «Esta es la ley para cuando uno muere en casa: Todo el que entre en la casa, y todo lo que esté dentro de ella, será impuro siete días. Y todo envase que no esté cerrado con una tapa atada será impuro». (Núm. 19, 14-15).
No cabe duda de que hubo muchas personas santas del A.T. que observaban rígidamente todo eso. Algunos preferían morir antes que comer estos alimentos prohibidos. Así lo leemos en el bellísimo relato de 2 Macabeos 6, 18-31.
Y es que, según sus creencias, el quebrantar tales normas acerca de las comidas prohibidas, podía interpretarse como una «apostasía» o una «traición a la religión del judaísmo».
Estas prohibiciones sólo se leen en el A.T. y no en el N.T. donde son anuladas radicalmente por Nuestro Señor Jesucristo.
¿Qué nos enseña el Nuevo Testamento acerca de los alimentos?
Todas las prohibiciones de comer ciertos alimentos (como el camello, el cerdo, el conejo, etc.) estaban en plena vigencia en el judaísmo dentro del cual nació, vivió y murió Nuestro Señor Jesucristo. ¿Cómo reaccionó Jesús frente a ellas?
La actitud renovadora y liberadora de Jesús
Un día, Jesús llamó a toda la gente y les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanme bien: No hay ninguna cosa fuera del hombre que al entrar en él lo pueda hacer pecador o impuro…».
Y como sus mismos discípulos se sorprendieron con tamaña novedad, Jesús añadió enseguida: «¿No comprenden que nada de lo que desde fuera entra en el hombre lo puede hacer impuro porque no entra en su corazón, sino en su estómago y luego se echa afuera?». Y añade el mismo Jesús:
«Lo que sale del hombre, eso es lo que le hace impuro, pues de dentro del corazón salen las malas intenciones, los desórdenes sexuales, los robos, libertinaje, envidia, injuria, orgullo, falta de sentido moral. Todo eso sale de dentro, y eso sí que mancha al hombre» (Mc. 7, 14-23 y Mt. 15, 10-20).
La práctica de los primeros cristianos
Pero los judíos continuaron aferrados a sus leyes y costumbres en esos puntos, e impugnaron duramente a los primeros cristianos convertidos del judaísmo.
De tal modo que en las primeras comunidades cristianas de origen judío, fue muy difícil cambiar de criterio respecto a los alimentos. Hasta los mismos apóstoles tuvieron sus resistencias (Hech. 10, 9-16; y 11, 1-18).
Incluso después de declarar, en el concilio de Jerusalén, que no les obligaba la ley de Moisés, ni la circuncisión (Hech. 15, 1-12), tuvieron que hacer algunas concesiones respecto a la costumbre judía de los alimentos, pero sólo para ciertas comunidades aisladas, donde habitaban los judeocristianos.
Es que, como señala la misma Biblia, muchos judeocristianos seguían aferrados celosamente a la Ley de Moisés (Hech. 15, 13-19 y 21, 20). ¡Nunca han sido fáciles los cambios!
La enseñanza del apóstol Pablo
Será especialmente San Pablo quien, en la línea liberadora de Jesús, repetirá a los cristianos: «Que nadie los critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de las fiestas, de novilunios o de los sábados.
Todo eso no era sino sombra de lo que había de venir, y ahora la realidad es la persona de Cristo… ¿Por qué se van a sujetar ahora a preceptos como «no tomes esto», «no gustes eso», «no toques aquello»?…
Tales cosas tienen su apariencia de sabiduría y de piedad, de mortificación y de rigor, pero sin valor alguno…» (Col. 2, 16-17; 20-23).
Y también en su carta a Timoteo, Pablo escribe contra quienes prohibían, entre otras cosas, «el uso de alimentos que Dios creó para que fueran comidos con acción de gracias por los fieles que han conocido la verdad.
Porque todo lo que Dios ha creado es bueno y no se ha de rechazar ningún alimento que se coma con acción de gracias, pues queda santificado por la palabra de Dios y la oración. Si tú enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen ministro de Cristo Jesús» (1Tim. 4, 3-6; 1 Cor. 6, 13 y 8, 7-13).
¿Y qué decir del vino?
- En el Antiguo Testamento hay muchos y diversos textos sobre la vid y el vino. Se prohíbe el vino a la familia sacerdotal de Aarón (Lev. 10, 9-11).
Tampoco tomaban vino algunos grupos religiosos particulares, como se lee en Jer. 35, 5-7. Pero en general, la vid es símbolo de Israel, y se cantan las bondades del vino tomándolo con moderación (Is. 5, 1-7; Prov. 9, 2-5; Ecl. 31, 25-30; Cant. 5, 1; Sal. 104, 15).
También se usaba el vino en los sacrificios (Ex. 29, 38-40; Núm. 15, 10 ).
- En el Nuevo Testamento, Jesucristo convierte el agua en vino en las bodas de Cana (Jn. 2, 1-11). Y además Jesús mismo tomó vino (Mt. 11, 19; Lc. 7, 34), y lo presenta como símbolo de la Nueva Alianza (Mt. 9, 17; Jn. 15, 1-6). Luego Jesús celebra con vino la Ultima Cena, convirtiéndolo en su propia Sangre (Lc. 22, 14-20; 1 Cor. 11, 17-27 y textos paralelos ).
- El apóstol San Pablo le recomienda a Timoteo: «No bebas, pues, agua sola. Toma un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes indisposiciones». (1Tim. 5, 23). (Otra cosa es emborracharse, que eso sí es un pecado grave contra la dignidad de la persona). (1Tim. 3, 3-8; Tit. 2, 3).
Queridos amigos, está claro que quienes hacen problemas en cuestiones de comida y bebida, aunque lo hagan con la Biblia en la mano, no han leído bien «toda» la Biblia. No han llegado hasta el Nuevo Testamento.
Así, hermanos católicos, no les hagan caso cuando los hermanos protestantes u otros enseñen sólo ciertos textos del Antiguo Testamento.
No olviden nunca esta regla de oro: En la revelación de Dios hay una evolución. El A. T. es como la sombra del N. T. Jesús mismo vino a perfeccionar la ley antigua. Por tanto hay cosas que, vistas desde ahora, ya quedaron definitivamente atrás, como es el carácter sagrado del sábado y todo lo referente a los alimentos prohibidos.
Una regla de oro para la recta interpretación de la Biblia, lo repetimos una vez más, es no sacar nunca una frase de su contexto.
Estamos seguros de que muchos enseñan estas cosas sólo por ignorancia, y a pesar de andar todo el tiempo con el libro de la Biblia en la mano no lo conocen, ignoran el Nuevo Testamento, o tal vez lo hacen con mala voluntad para confundir a los católicos sencillos y conquistarse adeptos. Y este proselitismo barato de ninguna manera puede ser del agrado de Dios.
Queridos amigos, lean una y otra vez estos Temas, consulten las citas bíblicas y verán cómo eso les dará seguridad y como el Señor pondrá en sus labios la respuesta oportuna cuando llamen a la puerta de su casa los representantes de otras religiones.
¿Qué es el Ecumenismo?
El Ecumenismo es un movimiento dirigido a restaurar la unidad de los cristianos.
¿Quiénes participan en este movimiento ecuménico?
Participan los que invocan al Dios Uno y Trino y confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador.
¿Como oró Jesús en la Ultima Cena?
En la Ultima Cena, Jesús oró diciendo: «Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en tí, para que también ellos sean uno como nosotros y el mundo crea qua tú me has enviado». (Jn. 17, 21)
¿Cuál es el principio de unidad de los cristianos?
El principio de unidad es el Espíritu Santo que habita en los creyentes. Sólo El puede realizar esta admirable unión y restaurar la unidad perdida.
¿Qué corresponde, entonces, a los cristianos?
A los cristianos de las distintas denominaciones corresponde orar a Dios para acelerar la hora de la unión y hacer gestos de buena voluntad que faciliten este re-encuentro sin olvidar las palabras de Jesús: «sencillos como palomas pero prudentes como serpientes».
Cuestionario
¿Cómo hay que leer la Biblia? ¿Podemos aferrarnos a textos aislados del A. T. y aplicarlos al hombre de hoy? ¿Hay entre el A. T. y el N. T. una gran evolución doctrinal y moral? ¿Qué se lee en Gén. 1, 20-25? ¿Son buenas todas las cosas?
¿En qué se basaba la prohibición de ciertos alimentos en el A. T ? ¿Cuál fue la actitud liberadora de Jesús? ¿Qué concesiones hicieron los judíos a los gentiles convertidos desde los primeros siglos? ¿Cuál debe ser nuestra actitud hoy?
por Makf | 19 Abr, 2026 | Apologética 23
Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe
¿Prohíbe la Biblia la transfusión de sangre?
Hay católicos que me preguntan si es verdad que la Biblia prohíbe la transfusión de sangre… Su inquietud nace del hecho de que algunas personas, con la Biblia en la mano, tratan de afirmar que la transfusión de sangre es un pecado gravísimo contra Dios.
Tales personas -así dicen ellos- prefieren morir antes que aceptar una transfusión de sangre, porque dicen: es la voluntad de Dios. En esta línea están sobre todo los Testigos de Jehová y miembros de algunas sectas religiosas modernas.
¡Qué triste que haya gente entre nosotros que usa la Biblia para confundir al católico sencillo y para propagar estas teorías que son una burla a la humanidad!
A los que piensan así les quiero recordar que nunca debemos leer la Biblia en forma parcial; nunca debemos estudiar el Antiguo Testamento (A.T.) sin tomar en cuenta el Nuevo Testamento (N.T.).
Hay una gran diferencia entre los dos. Aunque se complementan el A.T. y el N.T., no debemos olvidar que Jesucristo, Dios-hombre, es el centro y el fin de toda la Biblia. Además Jesucristo, con su autoridad humano-divina, corrigió varias cosas que se leen en el A.T. y anuló muchas costumbres que para los judíos del A.T. eran prácticas muy importantes.
Si uno lee atentamente la Biblia verá que de la primera a la última página hay una evolución doctrinal y moral. Es decir, que no todo en la Biblia tiene el mismo valor o igual vigencia. Y entre esas cosas que cambió el N.T. está la ley de la sangre.
¿Qué nos enseña el A.T. acerca de la transfusión de sangre?
Antes que nada, debemos decir que la Biblia nunca habla de la transfusión de sangre como práctica de medicina para salvar a enfermos, simplemente porque los antiguos no conocieron este tratamiento. Pero veamos de dónde sacan algunos miembros de otras religiones esta creencia.
Los israelitas del A.T., como otros pueblos antiguos de aquel tiempo, pensaban que la vida (o el alma) de cada ser estaba en la sangre. Leemos en Gén. 9, 4-5: «Lo único que no deben comer es la carne con su alma, es decir, con su sangre… Reclamaré la sangre de ustedes, como si fuera su alma».
Así, los antiguos creían que el alma era la sangre misma (Lev. 17, 14; Dt. 12, 23). Es decir: alma = vida = sangre. Ahora bien, Dios es el único Señor de la vida y por eso la sangre tenía un carácter sagrado para los israelitas, la sangre pertenecía a Dios. De este concepto antiguo que tenían los israelitas acerca de la vida, vienen las leyes acerca de la sangre que es lo que vamos a analizar ahora brevemente:
Prohibición del homicidio
El hombre fue creado a imagen de Dios, por lo cual Dios tiene poder sobre su vida: «Si alguien derrama su sangre, Dios le pedirá cuenta de ello (Gén. 9, 5). En esto encuentra su fundamento religioso el mandamiento que dice:
«No matarás» (Ex. 20, 13). Pero en caso de homicidio los antiguos aceptaron la venganza de sangre inocente contra el asesino: «Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente» (Ex. 21, 23). Solamente fue admitida una venganza limitada, porque Dios mismo se encargará de esta venganza, haciendo recaer la sangre inocente sobre la cabeza del asesino (1 Reyes 2, 32).
Prohibición de la sangre como alimento
La sangre, como signo de la vida, pertenece sólo a Dios y por eso la sangre es parte de Dios (Lev. 3, 17). La sangre derramada es alimento de Dios, «manjar de Yahvé», y ningún hombre puede beber sangre, ni comer carne prohibida (Dt. 12, 16). La sangre pertenece por derecho propio a Dios, Señor de la vida. (De ahí sacan los Testigos de Jehová su enseñanza de no aceptar la transfusión de sangre).
El uso de la sangre en el culto del A.T.
La sangre es sagrada, aún la de un animal, y solamente puede ser ofrecida a Dios en un sacrificio (Gén. 9, 5). Si no se sacrifica en un altar, debe ser derramada en el suelo, pero no se puede comer.
Además los israelitas, como los demás hombres del pasado, se hacían de Dios una imagen terrible y pensaban que sólo podían estar en paz con ese Dios violento ofreciendo sacrificios y sangre (Heb. 9, 22).
Era su manera de entrar en contacto con Dios; por eso los antiguos hacían ritos sangrientos para sellar su alianza con Dios (Ex. 24, 3-8); sacrificios para la expiación de los pecados (Is. 4, 4); ritos pascuales con sangre de corderos para alejar los espíritus exterminadores (Ex. 12, 7-22), etc.
Con el tiempo los israelitas descubrieron que estos sacrificios sangrientos eran una forma de culto muy imperfecto. Y por boca del profeta Isaías, Dios rechazó estos sacrificios: «¿De qué me sirve la multitud de sus sacrificios? No me agrada la sangre de sus vacas, de sus ovejas y machos cabríos» (Is.1, 11). También dice el salmista, hablando con Dios: «Un sacrificio no te gustaría, si ofrezco un holocausto, no lo aceptas» (Salmo 51, 16).
Reflexionando sobre estas leyes de sangre dentro del contexto del A.T. podemos decir que Dios aceptó al pueblo de Israel con sus costumbres y tradiciones, y que Dios educó a su pueblo a partir de su propia cultura.
Pero no debemos pensar que las leyes de sangre fueron dictadas por Dios desde el cielo, sino que fueron elaboradas por los sacerdotes de aquel tiempo que estaban a cargo de la conducta religiosa del pueblo de Israel. Las leyes sobre la sangre son solamente una manera de educar e inculcar el sentido de carácter sagrado de la vida.
Por muy antiguas, y a veces anticuadas que sean estas leyes, el cristiano de hoy las debe considerar con fe y buscar reflexiones nuevas referentes a lo que Dios nos pide ahora.
¿Qué nos enseña el N.T. acerca de esas leyes de sangre?
En el N.T. no encontramos ninguna referencia acerca de la transfusión de sangre. Pero hay claras indicaciones a favor de esta práctica.
- Jesús repitió con el A.T. el profundo respeto por la vida: «No matarás» (Mt. 19,18), pero el Señor criticó duramente la antigua ley de la venganza de sangre inocente: «Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero Yo les digo: no resistan al hombre malo; al contrario si alguien te pega en un lado de la cara, ofrécele también el otro lado» (Mt. 5, 39).
También terminó Jesús con la ley de alimentos prohibidos: «No hay ninguna cosa fuera del hombre que al entrar en él pueda hacerle pecador o impuro» (Mc. 7, 15). Con estas palabras está claro que la prohibición de comer «carne con sangre» no tiene ningún valor para Jesús.
Jesús quiso morir derramando su sangre
Para mostrar la entrega total de su vida por obediencia al Padre y por amor a sus hermanos (Jn. 3, 16; Rom. 8, 32). Este sacrificio de su vida terminará con todos los sacrificios de animales del A.T., porque el sacrificio de su vida era para el perdón de todos los pecados del mundo y la reconciliación definitiva entre Dios y los hombres (Heb. 9, 26; Heb. 10, 5-7). «Cristo nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre» (Apoc. 1, 5).
En la Ultima Cena Jesús presentó la copa de la acción de gracias (o Eucaristía)
Diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que está confirmada por mi sangre, que se derrama por ustedes» (Lc. 22, 20). Y desde ahora en adelante los hombres pueden comulgar con esta sangre de la Nueva Alianza cuando beben el cáliz eucarístico (1 Cor. 10, 16 y 11, 25-28). La sangre de Cristo derramada en la cruz establecerá entre los hombres y el Señor una unión profunda que durará hasta su venida (1 Cor. 10, 16 y 11, 25-28).
Jesús, el Buen Pastor, dio su vida por sus ovejas
(Jn. 10, 11), así también los discípulos de Jesús han sido llamados a dar su vida por el prójimo: «El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos» (Jn. 15, 13). El discípulo de Jesús no debe preocuparse excesivamente por su vida y debe ser capaz de arriesgarla por los demás, como nos enseña también el apóstol Pablo: «Les tenemos a ustedes tanto cariño que hubiéramos querido darles no sólo el mensaje de Dios, sino hasta nuestras propias vidas, pues hemos llegado a quererles mucho» (1Tes. 2, 8).
Esto se manifiesta en los misioneros que han muerto por Cristo y en los mártires cristianos de todos los tiempos. ¿Acaso no dijo Jesús: «Quien quiere salvar su vida (su alma) la perderá, pero quien la pierda por causa mía, la hallará para la vida eterna»? (Mt. 16, 25; 10, 39).
Algunas consideraciones finales
Las leyes de sangre del A.T. son un reflejo de una cultura primitiva y no fueron dictadas por Dios y sólo tendían a inculcar al pueblo del A.T. el sentido sagrado de la vida.
Por tanto las muchas leyes de sangre del A. T. no son doctrina eterna. Recordemos que Cristo vino a perfeccionar la antigua Ley. Ahora sabemos muy bien que el alma humana no se identifica con una cosa material como es la sangre. Propiamente hablando, el alma no habita en un cuerpo con sangre, sino que se expresa en el hombre entero.
Y cuando los Testigos de Jehová se aferran a las creencias del A.T., ellos olvidan que la ley del A.T. fue perfeccionada por Jesucristo y que muchas costumbres de aquel tiempo no tienen valor en la Nueva Alianza que comenzó con Cristo. Los Testigos de Jehová y muchos otros se quedaron en el A.T. y no aceptan la evolución que está en la Biblia; ellos no interpretan bien toda la Biblia ya que se quedaron en una práctica judía antigua y no siguieron el cumplimiento del N.T.
Esto sucede porque interpretan la Biblia en forma literal y parcial, y además arreglaron la Biblia a su manera con traducciones equivocadas y malas interpretaciones. (Ninguna de las Iglesias Cristianas acepta la Biblia arreglada por los Testigos de Jehová).
En Jesucristo fue superada la Antigua Alianza y la ley de Moisés.
Los primeros cristianos muy pronto terminaron con muchas prácticas del A.T., como por ejemplo, la observación del día sábado, etc. y entre estas cosas el N.T. abolió también las leyes de sangre. Es verdad que entre los primeros cristianos de origen judío persistía al comienzo la ley de sangre, y algunas comunidades cristianas judías fueron injustamente obligadas a observar esta práctica (Hech.15, 29).
Pero esta observancia se hizo solamente por un breve tiempo para no escandalizar a los de conciencia débil. Pronto fue superado este problema y las iglesias siguieron el consejo de Jesucristo: «No hay nada de fuera que ensucie el alma» (Mc. 7,15).
Finalmente el Apóstol Pablo escribe en forma muy tajante a los colosenses: «Que nadie les venga a molestar por cuestiones de comida o bebida» (Col.2,16). «Todos los alimentos son buenos y todas las cosas les servirán de alimento» (1 Tim. 4,3-6).
Dios es el Dios de la vida.
«Dios no se complace en la muerte de nadie» (Ez.18, 32). «No creó al hombre para dejarlo morir, sino para que viviera» (Sab. 1, 13; 2, 23). Para Jesús la vida era cosa preciosa, y «salvar una vida» prevalecía sobre la ley del sábado (Mc. 3, 4), porque «Dios no es un Dios de muertos sino de vivos» (Mc. 12, 27). El mismo sanó y devolvió la vida como si no pudiera tolerar la presencia de la muerte.
«Si hubieras estado aquí, mi hermano Lázaro no hubiese muerto», le dijo Marta a Jesús (Jn.11, 21). Jesús, Dios-hombre, dijo que El es la vida, y ha venido a servir, y murió como rescate para provecho de la multitud (Mc. 10,45).
Seamos seguidores de Cristo.
A ejemplo de Cristo, podemos dar nuestra vida por amor al prójimo. «Nadie tiene más amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn. 15, 13). Por supuesto que nuestra vida está en la mano de Dios. Pero si Dios nos ha dado inteligencia y voluntad, y con ellas podemos salvar la vida de otros, entonces esto es la voluntad de Dios.
Todo lo que el hombre realiza en la medicina moderna para respetar la vida y sanar a los enfermos es voluntad de Dios. Y sería un pecado gravísimo dejar morir a una persona que, con buenos remedios y con una transfusión de sangre, puede ser sanada.
En este sentido «dar sangre» para hacer una transfusión no es ningún atentado contra Dios, sino que puede llegar a ser un acto heroico de caridad. Por supuesto, que hay que atenerse a la reglamentación necesaria en cuanto a higiene y desinfección, porque en asunto tan delicado hay que evitar todo posible contagio de SIDA y otras enfermedades.
Frente a la transfusión de sangre, entonces, hay una sola palabra: «Conocemos el amor con que Jesucristo dio su vida por nosotros; así también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos».
Y eso mismo vale para la donación de órganos. Es muy humano y cristiano solidarizar con un enfermo hasta el punto de ceder los propios órganos para ser trasplantados a otras personas que carecen de ellos.
Ello se puede hacer tanto en vida como después de la muerte. Y a diario vemos padres que donan ojos o riñones para sus hijos, ¡qué ejemplo de caridad! Estos son gestos que hay que recomendar, ya que tanto con la donación de sangre como con la donación de órganos podemos salvar una vida.
Cuestionario
¿Qué enseña la Biblia sobre este punto? ¿Por qué en el A. T. se prohibía tomar la sangre como alimento? ¿Qué se enseña al respecto en el N. T.? ¿Cuál fue la Doctrina de Jesús? ¿Qué se quería inculcar al Pueblo de Dios con las leyes de sangre?
¿Perfeccionó Jesús esta legislación? ¿Qué dice San Pablo en Col. 2 16? ¿Se puede hacer la transfusión de sangre en beneficio de los enfermos? ¿Se pueden hacer trasplantes? ¿Qué pensar de los donantes de órganos?