¿Quién es la Santa Muerte? ¿De dónde viene? ¿Es una entidad buena o mala? Son muchas las preguntas que la gente se hace y pocas son las respuestas. En este espacio conocerás la historia de la Señora desde sus orígenes hasta nuestros días. Aprenderás cuál.
Declaraciones de los obispos de México:
1. El obispo que supuestamente sigue esta secta NO está ordenado sacerdote
2. Es una secta
3. La autodenominada “Iglesia católica tradicional, misioneros del Sagrado Corazón y de san Felipe de Jesús”.
NO son católicos, ni tradicionalistas. Tampoco son una iglesia.
4. quienes caen en este tipo de culto son personas que se encuentran desesperadas, pero no por una crisis económica, sino por una crisis de fe.
5. Los católicos que caen en este culto deben saber que es un pecado grave: idolatría (“devoción popular” sin ningún soporte doctrinal ni justificación teológica)
Y advierten a los seguidores de la santa muerte que “esto no es un juego, ni la muerte es una deidad divina, detrás de ese culto hay algo diabólico y la gente debe tener mucho cuidado. Detrás de esto está el reino del maligno y la gente puede ser víctima de una posesión diabólica".
La Iglesia católica alerta sobre el peligro que representa adorar a la “santa muerte”, dado que esto trae como consecuencia pérdidas de algún familiar o desgracias en los hogares. No es una devoción católica
El culto a la Santa Muerte se ha extendido de tal forma en México que quienes lo profesan han decidido no ocultar más su fervor y han puesto altares en la calle para que cualquiera que requiera su ayuda pueda invocarla.
Sus promotores la presentan como una «entidad espiritual» que ha existido siempre, desde el principio de los tiempos hasta nuestros días, por lo que maneja una energía denominada «energía de la muerte»,capaz de materializarse en una figura, que concentra tanto la fuerza creadora como la destructora del universo.
Según ellos, el creyente en la Santa Muerte puede aprender a manejar esta fuerza, que emana de sus imágenes consagradas, puesto que la Santísima (otro de sus nombres) es una de las protecciones más fuertes que existen.
Para sus devotos, la Señora, como la llaman afectuosamente, es capaz de aparecerse y manifestarse corporalmente o imprimir sus imágenes en diversos lugares. En libros y revistas en los que se promueve su culto, narran las intervenciones milagrosas que han vivido, en las que la Santa Muerte los ha librado de múltiples peligros y les ha ayudado a resolver problemas complicados.
¿Qué decir al respecto? Que se trata de una superstición más, que en este caso se manifiesta dando características humanas y divinas a un fenómeno tan natural como la muerte, que no es ni una persona ni siquiera una cosa o fuerza. Podríamos definirla simplemente como el término de la vida.
Conviene señalar que los católicos que rinden culto a la Santa Muerte y a sus imágenes, están haciendo un pecado gravísimo, pues les están atribuyendo poderes que no tienen ni tendrán jamás. Por otra parte, en vez de poner la propia confianza en Dios, la ponen en una supuesta entidad (o ser) espiritual que, sencillamente, no existe.
En realidad, la Santa Muerte no es una persona. Es sólo un fenómeno natural como el nacer o el crecer (el inicio y el desarrollo de la vida), aunque nunca se habla del Santo Nacimiento o Santo Crecimiento.
Quienes siguen este culto están lejos de Dios y lejos del Papa
Esta falsa devoción la permite, favorece y promueve una agrupación no-católica que se autonombra"Iglesia Católica Tradicional MÉX-USA, Misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús". Es un grupo tradicionalista, que se opone a las reformas del Concilio Vaticano II y a la autoridad del Papa.
Este grupo religioso no está en comunión con la Iglesia Católica ni con la Santa Sede, como podría desprenderse del nombre que ostenta. Ni tampoco son una congregación religiosa católica, como parece sugerir el nombre “Misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús”.
Sus ministros de culto no son sacerdotes católicos, y el arzobispo David Romo Guillén -lider del grupo- no es reconocido por el Papa Juan Pablo II.
Hasta este momento ignoramos si son válidas sus ordenaciones sacerdotal y episcopal y quién las realizó.
Al respecto, el padre David Romo habla a nombre de su comunidad, “Nosotros no hemos encontrado nada realmente criticable, o a juicio nuestro, capaz de juzgarse como herético o que desvíe la doctrina o el conocimiento de la fe. “ Y por si hubiera dudas, señala que no tiene nada que ver con la Iglesia Católica.
"Para nosotros, no nos hace más, ni menos (católicos) esta situación, es más, hay un lema que dice ´lejos de Roma y cerca de Dios´ y nosotros preferimos estar cerca de Dios y lejos del Papa".
Claro, el culto de la parroquia de la Misercordia no consiste exclusivamente en venerar a esta imagen, pero su párroco no duda en afirmar que sobran razones para acaparar la popularidad de la devoción, y que le duela al Vaticano si quiere.
"Ubicar a la santa Muerte, en el lugar que le corresponde, que es el de los santos, es lo natural, ya que este ser no necesita de una canonización, como el ángel Gabriel, quien sin necesidad de que un Concilio o de que un Papa lo hubiese nombrado santo, es santo porque es un ángel de nuestro señor", afirma el sacerdote. "Lo mismo la Santa Muerte". ¿Quién es la muerte para un católico?
“Morir, sólo es morir. Morir, se acaba...” Así describe el muy recordado escritor José Luis Martín Descalzo a la muerte. Y más que un estilo poético, recalca una verdad de fe.
La muerte es una consecuencia de nuestro pecado original. No es un castigo de Dios, sino una privación de los bienes que tenían Adán y Eva antes de desobedecer a Dios Padre. Cristo quiso hacerse hombre, padecer, morir y después resucitar para alcanzarnos la salvación eterna.
De esta forma, la muerte para el cristiano, aunque no deja de ser dolorosa y misteriosa, tiene un sentido positivo y se convierte en un paso de este mundo al Cielo en donde estaremos en presencia de Dios, y en donde tendremos dicha completa. Por eso, se entiende esta frase bíblica: “ Cristo ha vencido a la muerte”. ( Catecismo de la Iglesia Católica nos. 410-421, 1010-1014).
Con la muerte se experimenta una separación real de cuerpo y alma. El cuerpo del hombre continúa un proceso de corrupción –como cualquier materia viva– mientras que su alma va al encuentro de Dios. Esta alma estará esperando reunirse con su cuerpo glorificado. Con la resurrección, nuestros cuerpos quedarán incorruptibles y volverán a unirse con nuestras almas.
Dios nos dio una vida temporal en la tierra para ganarnos la vida sobrenatural. Con la muerte termina nuestra vida en la tierra. ( Juan 5, 29, cf. Dn. 12,2).
Desde que Cristo venció la muerte y nos dio nueva vida, el cristiano mira a la muerte con una granesperanza. Esto no quita, sin embargo, que uno sufra cuando ve que nos dejan los seres que más amamos, o sienta miedo cuando vea que le llega la hora de la enfermedad y de la muerte.
Pero también, en medio del dolor y del sufrimiento, el cristiano puede levantar los ojos y contemplar a Cristo, que dio su vida por nosotros, que murió a nuestro lado, que nos rescató con su Resurrección y nos espera con los brazos abiertos en la vida futura.
Cristo nos dice: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida"(Jn 15). Por medio de la muerte nosotros llegamos a la vida. No podemos estar en el Cielo si no dejamos la vida terrena. Por lo tanto, es un paso necesario para llegar al Cielo. La muerte a todos nos puede causar tristeza.
Pero no nos puede abatir. ¡Cristo es la respuesta a la vida y a la muerte! Sólo a Dios se le da el culto
Bien conocido es el pasaje del Evangelio en el cual un doctor de la Ley le pregunta a Jesús sobre cuál es el principal mandamiento de la Ley y la respuesta: “Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento”. (Mateo 22, 36-38).
Ya en el Antiguo Testamento, encontramos el mandato de Dios: “Yo, el Señor, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de la servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí” . (Ex. 20, 2)
Este mandato lleva como consecuencia la necesidad de vivir la fe, la esperanza y la caridad. Así como la virtud de la religión.
La virtud de la religión es la virtud moral, por la cual el hombre tributa a Dios el culto que le es debido en justicia, como Creador y Ser Supremo.
Amar a Dios como al Ser supremo es una virtud. Podemos definir la virtud de la religión como el hábito de amar a Dios por encima de todo. Se exterioriza por medio de los actos de culto y por el cumplimiento de los Mandamientos.
El culto: son las acciones a través de las cuales el hombre expresa su relación de amor y respeto a Dios.
Existen diferentes tipos de culto:
Interno: culto que se rinde a Dios en la conciencia, en el corazón, en la inteligencia y la voluntad. Es el fundamento de la virtud. (Mateo 15, 8) Como pueden ser la devoción, es decir, la disponibilidad y la generosidad ante lo referente al servicio a Dios, y la oración.
Externo: manifestaciones externas en actos visibles, de la relación que se vive con Dios.
Hay diferentes categorías de culto:
Adoración: culto interno y externo que se tributa a Dios y que en sentido estricto solo se debe a Él, porque como criaturas sólo existimos por Él. Se llama de “latría”.
Veneración: culto que se tributa a los santos. A ellos nos encomendamos para que nos alcancen por su intercesión las gracias de Dios. Este culto se llama de “dulía”.
Una veneración especial: reservada a la Santísima Virgen por su dignidad de Madre de Dios. A este culto se le llama de "hiperdulía”.
El culto a las imágenes sagradas, fundado en el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios, no es contrario al primer mandamiento.
El que venera una imagen, venera en ella al modelo, a la persona que representa. Es una veneración respetuosa no una adoración que sólo corresponde a Dios.(Catesismo 2132, 2141) No es ninguna santa la muerte
Recordemos que sólo la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, tiene la facultad de proclamar la santidad de una persona. Cuando popularmente se tiene a un difunto como santo que no ha sido reconocido por la Iglesia, puede ser que:
1. La devoción de la gente acierte y años más tarde el difunto sea oficialmente reconocido por la Iglesia como santo.
2. Puede que el difunto sea santo pero que nunca sea reconocido canónicamente.
3. Puede que la gente se equivoque. La gente se identifica con quien tuvo luchas, sufrimientos y tragedias. Pero no es suficiente sufrir para ser santo, hace falta vivirlo todo con heroico amor y fidelidad a Jesucristo.
La devoción a los verdaderos santos está orientada a imitarlos en su total obediencia a Dios.
Para concluir recordemos lo que la Sagrada Congregación para el Culto Divino ha dicho sobre los peligros que pueden desviar la piedad popular y las sugerencias que propone para poner remedio a estas eventuales limitaciones y defectos que de ella se derivan.
65.El Magisterio, que subraya los valores innegables de la piedad popular, no deja de indicar algunos peligros que pueden amenazarla: presencia insuficiente de elementos esenciales de la fe cristiana, como el significado salvífico de la Resurrección de Cristo, el sentido de pertenencia a la Iglesia, la persona y la acción del Espíritu divino; la desproporción entre la estima por el culto a los Santos y la conciencia de la centralidad absoluta de Jesucristo y de su misterio; el escaso contacto directo con la Sagrada Escritura; el distanciamiento respecto a la vida sacramental de la Iglesia; la tendencia a separar el momento cultual de los compromisos de la vida cristiana; la concepción utilitarista de algunas formas de piedad; la utilización de "signos, gestos y fórmulas, que a veces adquieren excesiva importancia hasta el punto de buscar lo espectacular"; el riesgo, en casos extremos, de "favorecer la entrada de las sectas y de conducir a la superstición, la magia, el fatalismo o la angustia".
66. Para poner remedio a estas eventuales limitaciones y defectos de la piedad popular, el Magisterio de nuestro tiempo repite con insistencia que se debe "evangelizar" la piedad popular, ponerla en contacto con la palabra del Evangelio para que sea fecunda.
Esto "la liberará progresivamente de sus defectos; purificándola la consolidará, haciendo que lo ambiguo se aclare en lo que se refiere a los contenidos de fe, esperanza y caridad".
En esta labor de "evangelización" de la piedad popular, el sentido pastoral invita a actuar con una paciencia grande y con prudente tolerancia, inspirándose en la metodología que ha seguido la Iglesia a lo largo de la historia, para hacer frente a los problemas de enculturación de la fe cristiana y de la Liturgia, o de las cuestiones sobre las devociones populares.
Se recomienda la lectura del documento completo: DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA. PRINCIPIOS Y ORIENTACIONES
Autor: Fr. Nelson Medina | Fuente: Un teólogo Responde
¿Promueve la Iglesia esta clase de oraciones llamadas de Pirámides o cadenas?.
Las "Pirámides" Espirituales
Nelson, hace días recibí un correo de una persona conocida. Hasta donde entiendo es algo que está circulando mucho por Internet. Dice más o menos así:
"Padre Ignacio es el cura sanador de Rosario, es excelente y cura realmente, ha hecho muchos milagros de sanación... Rezar hace bien... sé que escogí a mis doce personas, y estoy segura que recibiremos fortaleza, sabiduría, paz y luz divina.
Esta es una novena del padre Ignacio, que empezó el 10 de Enero de 2005 y todavía no se ha roto... cuando la recibas, reza un Avemaría y has un pedido especial.... verás lo que sucede al cuarto día de haberla recibido..."
Mi pregunta es: ¿Esa clase de prácticas son católicas? ¿Promueve la Iglesia que se hagan esas "cadenas de oración"?
¿No es verdad que se parecen mucho a otras "pirámides" en que uno tiene que escoger personas para que la cadena siga y "no se rompa"? –
Respuesta:
S.M. Debo decirte que yo mismo he recibido esas historias de la Novena del P. Ignacio, así como otras prácticas que no deberían ser tan malas, porque están invitando a orar, pero que en realidad sí hacen mucho daño y hay que evitarlas por las siguientes razones:
1. Lo más pernicioso es aquello de:
"A los tantos días verás un milagro..." ¿En dónde nos ha enseñado la Iglesia semejante barbaridad?
¿Cuándo se ha visto que a Dios se le pongan plazos?
Lo que la Sagrada Escritura nos enseña es exactamente lo contrario como leemos en el libro de Judit, cuando los ancianos y jefes de Israel fueron donde esta santa mujer. El relato va así:
Vinieron y ella les dijo: «Escuchadme, jefes de los moradores de Betulia. No están bien las palabras que habéis pronunciado hoy delante del pueblo, cuando habéis interpuesto entre Dios y vosotros un juramento, asegurando que entregaríais la ciudad a nuestros enemigos si en el plazo convenido no os enviaba socorro el Señor.
¿Quiénes sois vosotros para permitiros hoy poner a Dios a prueba y suplantar a Dios entre los hombres?
¡Así tentáis al Señor Onmipotente, vosotros que nunca llegaréis a comprender nada!
Nunca llegaréis a sondear el fondo del corazón humano, ni podréis apoderaros de los pensamientos de su inteligencia, pues ¿cómo vais a escrutar a Dios que hizo todas las cosas, conocer su inteligencia y comprender sus pensamientos?
No, hermanos, no provoquéis la cólera del Señor, Dios nuestro.
Si no quiere socorrernos en el plazo de cinco días, tiene poder para protegernos en cualquier otro momento, como lo tiene para aniquilarnos en presencia de nuestros enemigos.
Pero vosotros no exijáis garantías a los designios del Señor nuestro Dios, porque Dios no se somete a las amenazas, como un hombre, ni se le marca, como a un hijo de hombre, una línea de conducta.
Pidámosle más bien que nos socorra, mientras esperamos confiadamente que nos salve. Y él escuchará nuestra súplica, si le place hacerlo.» (Judit 8,11-17)
2. En segundo lugar, ¿conocemos acaso los planes del Señor?
Supongamos que una persona está enferma. Lo más natural es que quiera curarse, pero Dios puede tener otros planes, incluyendo la posibilidad de llevarlo a la gloria eterna. Alguien reza con la cadena esa que va de email en email.
¿Ahí qué sucede? ¿Tendrá Dios que posponer su plan, el plan de su sabiduría, porque nosotros estanmos haciendo tal o cual devoción "infalible"? El profeta Isaías nos enseña:
“¿Quién midió las aguas en el hueco de su mano, con su palmo tomó la medida de los cielos, con un tercio de medida calculó el polvo de la tierra, pesó los montes con la báscula, y las colinas con la balanza? ¿Quién guió al Espíritu del SEÑOR, o como consejero suyo le enseñó? ¿A quién pidió consejo y quién le dio entendimiento? ¿Quién le instruyó en la senda de la justicia, le enseñó conocimiento, y le mostró el camino de la inteligencia?
He aquí, las naciones son como gota en un cubo, y son estimadas como grano de polvo en la balanza; he aquí, El levanta las islas como al polvo fino. El Líbano no basta para el fuego, ni bastan sus bestias para el holocausto.
Todas las naciones ante El son como nada, menos que nada e insignificantes son consideradas por El. ¿A quién, pues, asemejaréis a Dios, o con qué semejanza le compararéis? (Isaías 40,12-18)”
3. El modelo de oración que tenemos es el que nos regaló Jesucristo, y en él lo que se dice es que esperemos como hijos amados en la voluntad de nuestro Padre del Cielo.
El tono de nuestra oración debe ser entonces algo como lo que nos inspira el salmo 19:
“La ley del Señor es perfecta, es consolación del alma, el dictamen del Señor, veraz, sabiduría del sencillo. Los preceptos del Señor son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento del Señor, luz de los ojos.
El temor del Señor es puro, por siempre estable; verdad, los juicios del Señor, justos todos ellos, apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que la miel del panal. Por eso tu servidor se empapa en ellos, gran ganancia es guardarlos. Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame. (Salmo 19,7-12)
4. Hay casos incluso peores que lo de la cadena de oración citada en la pregunta de hoy. En otras cadenas se habla de amenazas y castigos si uno rompe la cadena. Ese lenguaje va directamente en contra de lo que nos enseña Cristo y lo que aparece en toda la Biblia:
Que la razón de nuestra confianza en Dios no está en nada nuestro, pues somos todos pequeños y pecadores, sino en la misericordia y la gracia del Señor. Escribe san Pablo:
“Nadie será justificado ante él por las obras de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado. Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen - pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios - y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente, en el tiempo de la paciencia de Dios; en orden a mostrar su justicia en el tiempo presente, para ser él justo y justificador del que cree en Jesús.
¿Dónde está, entonces, el derecho a gloriarse? Queda eliminado. ¿En virtud de qué ley? ¿La de las obras prescritas en la Ley? No. Por la ley de la fe. (Romanos 3,20-27)
Invito, pues, a todos a JAMÁS difundir esa clase de cadenas "super-eficaces" aunque parezcan muy católicas.
Detrás de ellas hay un pensamiento que en el fondo es pura superstición y que está gobernado por el deseo de conseguir lo que uno quiere y gobernado por el temor de no hacer tales o cuales acciones so pena de castigos y desgracias.
Nuestra fe es distinta. Como decía Santa Catalina de Siena, refiriéndose a la Orden de Predicadores, así decimos nosotros de nuestra fe, que es "amplia, perfumada y alegre."
Autor: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net
Prometen grandes bendiciones en caso de seguirlas con fidelidad o presagian la desgracia para quien interrumpa la cadena.
A nuestras casas y al e-mail llegan con cierta periodicidad mensajes que nos invitan a iniciar o continuar una cadena de oración.
Dichas cadenas provienen de diversas partes del mundo, las más de las veces de Sudamérica y generalmente, prometen grandes bendiciones en caso de seguirlas con fidelidad o presagian la desgracia para quien se atreva a interrumpir la cadena, mencionando a renglón seguido los casos afortunados de personas que siguieron la cadena y las desgracias acaecidas a quienes la interrumpieron.
Estas cadenas nos invitan a la oración y a propagar la oración entre nuestros conocidos. No hay duda que ofrecen un buen testimonio de hacer apostolado de la oración.
Pero ofrecer la condena y la desgracia o el premio seguro, no va de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia.
La oración es una fuerza liberadora que permite elevar el alma para contemplar a Dios y conocer su divina voluntad sobre nuestras vidas. En la oración, dice Juan Pablo II, “Se realiza la experiencia viva de la promesa de Cristo:
´El que me ame, será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él´ (Jn. 14, 21). Se trata de un camino sostenido enteramente por la gracia, que requiere un intenso compromiso espiritual y que encuentra también dolorosas purificaciones (la noche oscura), pero que llega, de tantas formas posibles, al indecible gozo vivido por los místicos como ´unión esponsal´”. (Novo Millenio Ineunte cfr. no. 33).
La oración, por lo tanto, es una actividad del amor. En la oración amamos a Dios y somos amados por Él y el amor no se alimenta con premios y castigos. Su alimento es simplemente buscar el mayor bien de la persona amada.
En la oración, como decía el Beato Enrique de Ossó: “se busca amar más a Dios, para que Dios sea más amado”. Es una acción espontánea que no busca la recompensa o huye del castigo, como lo proponen las cadenas de oración.
La perseverancia en la oración, motivada por el amor y no por presión de ninguna clase, es un camino a la salvación eterna. Decía Santa Teresa de Jesús:
“Dadme un cuarto de hora de oración cada día y os daré el Cielo. Un alma que persevera en la oración, se asegura la propia salvación”. La constancia en la oración, durante toda la vida, es prenda de la gracia de la perseverancia final.
Las cadenas de oración, ciertamente inician en la oración, pero sólo de una manera temporal. Después de que desaparece el tiempo del compromiso, mantenido por la presión del premio o del castigo ofrecidos, desaparece la necesidad de orar.
Son cadenas de oración que oprimen, que hacen pesada y fatigosa la carga de orar, cuando en realidad deberían servir para dar alas al alma para alcanzar más rápido el Cielo que Dios nos ha prometido.
Y esta expresión del amor contemplado en la oración no puede reducirse a una acción tan específica como la de orar para no ser castigado o el orar para ser premiado. Los grandes místicos que se han dedicado a la oración saben que el amor que se contempla en la oración no se transmite sólo con palabras.
“Dios mío, no sé como expresar mi amor. Desearía tener todas las sinfonías del silencio, toda la poesía del sufrimiento desconocido para cantarte mi amor.
Quisiera la elocuencia de todos los mártires y la simplicidad de la nada para modular mi himno de gratitud”. (Dina Bélanguer, santa, religiosa de la Congregación de Jesús- María).
Es cierto que podemos orar por varias necesidades. Es la oración de súplica la que hace que elevemos nuestra alma hacia Dios y reconociendo nuestra miseria, ponemos en las manos del Dios providente aquello que deseamos en nuestro corazón: la curación de un enfermo, la solución a una penuria económica, la paz en nuestras familias.
Pero esta oración de súplica se da siempre buscando que se cumpla la voluntad de Dios, cuando es verdadera oración. Cuando se ponen condiciones en estas oraciones de súplica, como muchas veces sucede en las cadenas, no podemos hablar de una verdadera oración.
Esas cadenas de oración más bien nos atan, nos esclavizan, nos oprimen con sus condicionantes. No pueden ser entonces verdaderas oraciones cristianas.
Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe
Los textos bíblicos son muy claros en su prohibición de hacer imágenes o estatuas de falsos dioses. Pero otra cosa muy distinta es aplicar estos textos a las imágenes como adornos o signos religiosos.
Cuántas veces hemos escuchado esta acusación de parte de nuestros hermanos evangélicos: «Los católicos hacen imágenes para adorarlas, mientras que la Biblia lo tiene estrictamente prohibido».
Muchos hermanos nuestros católicos no saben qué contestar, otros se dejan influenciar fácilmente por estas verdades a medias y algunos sienten la tentación de botar las imágenes de las capillas.
Les quiero aclarar este tema acerca de las imágenes, pero con la Biblia en la mano. Antes que nada, debemos hacer una clara distinción entre una imagen, un cuadro, un adorno religioso y un ídolo, que es «la imagen de un falso dios».
La Biblia sí que rechaza enérgicamente el culto de adoración a los ídolos (falsos dioses), pero la Biblia nunca ha rechazado las imágenes como signos religiosos.
¿Qué es un ídolo según la Biblia?
Muchos años antes de Jesús, en tiempo de Moisés, Dios comenzó a formar a su pueblo elegido, el pueblo de Israel. Era gente muy primitiva que Dios había sacado del politeísmo para llevarla al monoteísmo. Todos estos pueblos antiguos tenían infinidad de dioses, los que adoraban y representaban a través de imágenes de baales, que tenían la forma de un toro, de un león o de otros animales. A esas imágenes, el pueblo de Moisés las llamaba «ídolos» o falsos dioses.
La gente de aquel tiempo pensaba que estas imágenes tenían un poder mágico o una fuerza milagrosa. En el fondo estos ídolos eran representaciones de poderes o vicios del hombre mismo.
Por ejemplo la imagen del becerro de oro que aparece en Éxodo 32, era la expresión de la fuerza bruta de la naturaleza. También podía representar la encarnación del poder sexual desorientado y vicioso. Y el oro del becerro significaba el poder de la riqueza que explota y aplasta al hombre, es decir, el hombre con sus vicios, representados en el becerro de oro, quiere ser dios y no quiere dejar lugar al único y verdadero Dios.
Dios llamó al pueblo hebreo a avanzar por la senda del monoteísmo, dejando atrás los ídolos y dando adoración al verdadero Dios. Pero los israelitas de aquel tiempo atraídos por las prácticas de los pueblos paganos querían, a veces, volver al politeísmo y a la adoración de ídolos.
Entonces Moisés, inspirado por Yahvé-Dios les prohibió estrictamente hacer estos ídolos: «No tengas otros dioses fuera de mí, no te hagas estatua, ni imagen alguna de lo que hay en el cielo ni en la tierra ni te postres ante esos «ídolos», no les des culto».
Queridos hermanos, estos textos bíblicos son muy claros en su prohibición de hacer imágenes o estatuas de falsos dioses. Pero otra cosa muy distinta es aplicar estos textos a las imágenes como adornos o signos religiosos. Estos signos (imágenes) nunca han sido prohibidos por Dios ni por la Biblia.
Textos aclaratorios:
La Sagrada Escritura siempre hace la distinción entre imágenes como «ídolos» e imágenes como «adornos o signos religiosos».
Leamos algunos textos en los cuales Dios mismo manda a Moisés hacer imágenes como símbolos religiosos: «Harán dos querubines de oro macizo, labrados a martillo y los pondrán en las extremidades del lugar del perdón, uno a cada lado... Allí me encontraré contigo y te hablaré desde el lugar del perdón, desde en medio de los querubines puestos sobre el arca del Testimonio...» (Ex. 25,18-22).
Estos dos querubines parecidos a imágenes de ángeles, eran adornos religiosos para el lugar más sagrado del templo. Pues bien, estas imágenes, hechas por manos de hombres, estaban en el templo, en el lugar más sagrado y nunca fueron consideradas como ídolos, sino todo lo contrario, el mismo Dios ordenó construirlos.
Leamos otro texto del A. T.: Números 21, 8-9. Ahí se nos narra como en aquel tiempo los israelitas murmuraban contra Dios y contra Moisés. Entonces Dios mandó contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían, de modo que murió mucha gente.
Moisés intercedió por el pueblo y Dios le respondió: «Haz una serpiente de bronce, ponla en un palo y todo el que la mire se salvará». Nos damos cuenta otra vez de que esta serpiente de bronce era una imagen hecha por manos de hombre, pero no para adorar, sino que era un «signo religioso» para invocar a Dios con fe.
Hay otros textos en la Biblia que nos hacen ver que en el templo de Jerusalén había varias imágenes o esculturas que no fueron prohibidas, menos aun consideradas como ídolos.
Dice el Salmo 74, 4-5: «Tus enemigos rugieron dentro de tu santuario como leñadores en el bosque, derribaron con hacha las columnas y esculturas en el templo». Eso significa que en el templo de Jerusalén había también esculturas o imágenes.
Queridos hermanos católicos, esas indicaciones de la Biblia son suficientes para decir que la Biblia, sí, prohíbe la fabricación de imágenes como dioses falsos, (ídolos) pero nunca ha prohibido las imágenes o esculturas como adornos religiosos.
Que nadie entonces los venga a molestar por tener una imagen o adorno en su templo o en su casa. Es por falta de conocimientos bíblicos, o por mala voluntad, que los hermanos evangélicos les meten estas cosas en la cabeza.
Las imágenes en nuestra vida diaria.
Ahora bien, hermanos, en nuestros tiempos vemos por todos lados imágenes y estatuas. Cada país tiene sus propios símbolos patrios y estatuas a sus héroes.
En nuestras casas tenemos cuadros que representan la imagen de alguna persona. Tengo en mi velador, por ejemplo, una foto de mi madre que ya está en el cielo; y contemplando esta foto me acuerdo de ella. Incluso puedo colocar esta foto en un lugar bien bonito y adornarlo con una flor y una velita... Y si alguien viene a mi casa a visitarme y me dice, refiriéndose a la foto:
«Qué mono más feo», por supuesto que me siento muy ofendido. Así también tenemos cuadros e imágenes en nuestras capillas que representan algunas personas religiosas, como la Virgen María, la Madre de Jesús, algún santo patrono de nuestros pueblos. Y ningún católico va a pensar que estas imágenes son ídolos o falsos dioses.
Estas imágenes simplemente nos hacen pensar en el mismo Jesús o en tal o cual santo que está en la presencia de Dios y nos ayudan a pensar en la belleza de Dios.
La Iglesia Católica acepta el respeto y la veneración a estas imágenes en nuestros templos, pero nunca ha enseñado la adoración a una imagen.
A veces, dicen los hermanos de otra religión que nosotros adoramos a las imágenes. Están muy, pero muy equivocados y debemos, eso sí, perdonarles sus expresiones.
La Iglesia Católica acepta que guardemos imágenes o cuadros en nuestros templos siempre que no sea en forma exagerada. ¿Qué quiero decir con ello? Quiero decir que a veces nuestras iglesias parecen una exposición de santos y en algún caso están tan mal colocados, que no hay espacio ni para la imagen de Cristo. Ahí sí que exageramos.
Por eso el Concilio Vaticano pidió que no se repitiera más de una imagen por cada santo y que el lugar central de la Iglesia, a ser posible, esté reservado siempre para la imagen de Cristo.
Está claro, entonces, que nunca podemos dar culto de adoración a una imagen, nunca podemos ponernos de rodillas delante de una imagen para adorarla, pero sí podemos ponernos de rodillas ante una imagen para pedir perdón por nuestros pecados y para suplicar que el santo interceda ante Dios por nosotros.
En todas estas discusiones, hermanos míos, guardemos el amor. ¿Quién eres tu para juzgar a tú hermano? (Stgo. 4, 12).
Cada uno puede arrodillarse en cualquier parte para invocar a Dios, en el patio de su casa, en el campo. En la noche antes de acostarse uno puede arrodillarse delante de un crucifijo para así hablar con Dios. A veces hay gente que piensa que tal imagen es milagrosa y le atribuyen un poder mágico.
Debemos corregir estas actitudes y explicarles que sólo Dios hace milagros. Por supuesto aceptamos que Dios puede actuar por intercesión de los santos.
Hermanos: no aplastemos la fe de nuestros hermanos que tal vez tienen poca formación cristiana, no critiquemos y no hablemos mal de otros. Ofender al hermano es un pecado muy grave. Es triste constatar el lenguaje ofensivo de nuestros hermanos evangélicos hacia los católicos. Tratemos de devolver bien por mal.
Martín Lutero, el fundador del protestantismo y de las iglesias evangélicas, nunca rechazó las imágenes, todo lo contrario él dijo que las imágenes eran «el Evangelio de los pobres». ¿A quién de nosotros no le gusta contemplar un lindo cuadro o una hermosa imagen? Muchas veces mirando un cuadro o una imagen podemos más fácilmente entrar en oración y en un profundo contacto con Dios.
¿Quién puede negar por ejemplo la belleza de la Piedad de Miguel Ángel? Pues bien, según los evangélicos habría que destruirla porque va contra la Biblia ¡Qué disparate tan grande! Ello es hacer decir a la Biblia lo que nunca la Biblia ha dicho. Ello es una distorsión de lo que Dios nos quiere decir en la Biblia.
Una regla de oro para interpretar la Biblia es mirar siempre el contexto de una frase y no aferrarse a la letra, porque en este caso, sin el contexto, hasta se puede hacer decir a la Biblia que «Dios no existe» porque la Biblia pone esta frase en labios del tonto (Sal. 10, 4). Los falsos dioses o ídolos de este mundo moderno.
Hermanos, los ídolos o falsos dioses de este mundo moderno no están en los templos, sino que son poderes que dominan al hombre moderno por dentro. Son poderes falsos que destruyen las buenas relaciones con el prójimo y con Dios.
Estos ídolos modernos están a veces en nuestras calles, en nuestras instituciones, en nuestras comunidades y familias. Esta es la idolatría que hemos de desterrar.
Pienso, por ejemplo, en el falso dios del poder y de la dominación que quiere aplastar tu libertad y engañar pueblos enteros; en el falso dios «poder» que provoca guerras y matanzas de gente inocente. Este es el «ídolo» moderno que se pasea por el mundo.
Pienso en el falso dios «dinero» que domina tu corazón, que comienza con mentiras, engaños, robos, tráfico de drogas etc. y que pareciera que en nombre de este dios dinero todo está permitido.
Pienso en el falso dios del sexo desorientado, en el dios que destruye la unión familiar, en el dios de la pasión que engaña al hombre y a la mujer, es el falso dios que deja los niños desamparados, en el falso dios que destruye el verdadero amor y que se resiste a servir a una comunidad.
El lugar desde donde estos falsos dioses comienzan a brotar está en nuestro corazón. Es el demonio mismo que quiere destruir nuestro corazón como templo de Dios. Y mucha gente entre nosotros, sin darse cuenta, está bajo el poder de estos falsos dioses y no dan lugar en su corazón al único y verdadero Dios del amor.
Hermanos, no debemos buscar ídolos o falsos dioses en cosas de madera o de yeso, en imágenes o cuadros, sino en nuestro corazón.
Si volviera ahora Moisés a nosotros, no se referiría a las imágenes ya que hoy no está el peligro de la idolatría, sino que gritaría: «No te hagas falsos dioses dentro de tu corazón, destruye los vicios fuente de toda idolatría». Esto es lo que ya hicieron los profetas que vinieron después de Moisés.
Los primeros misioneros que evangelizaron América Latina trajeron de España y del Perú numerosas imágenes del Señor, de la Virgen y de los santos. Son imágenes religiosas cargadas de historia que penetraron hondamente en el alma de nuestro pueblo y que aparte de su valor escultórico tienen el mérito de que ante ellas oraron nuestros antepasados.
Y cada capilla tiene las imágenes de sus patronos. Todas ellas nos recuerdan los misterios centrales de la encarnación e ilustran de alguna manera la Historia de la Salvación realizada por Dios a favor nuestro.
Así que cuando lleguen los evangélicos a las puerta de sus casas y les digan que los católicos somos unos idólatras porque adoramos las imágenes ya saben qué contestarles. Díganles que no es correcto sacar frases de la Biblia fuera de su contexto para hacer decir a la Biblia lo que nunca dijo. Y que la Biblia nunca ha prohibido las imágenes como adornos religiosos.
Finalmente hay que tener presente que en el A. T. no podía representarse a Dios porque el Verbo no había tomado cuerpo ni forma humana. Pero en el N. T. es distinto.
Con la Encarnación, el Verbo Dios tomó forma humana y si El mismo se hizo hombre hace dos mil años y nos mandó guardar su memoria es que quiere que nosotros lo representemos así, como hombre, para recordar que «el Verbo se encarnó y habitó entre nosotros». Y si representarlo en una pintura o en una imagen ayuda a recordar su memoria ¿qué de malo hay en ello?
Pero por sobre todo hay que entender la evolución gradual que hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Algunas sectas dan la impresión que quedaron petrificadas en el Antiguo Testamento y sólo por ignorancia o mala voluntad pueden decir lo que dicen. Es decir, se aferran de textos aislados, los sacan de su verdadero contexto, y confunden a los no iniciados en la Biblia.
Y aquí le viene recordar que el mismo Jesús confirmó esta progresiva evolución entre el Antiguo y el Nuevo Testamento cuando dijo: «Antes se les dijo... ahora les digo».
Cuestionario
¿Qué es lo que prohíbe la Biblia referente a las imágenes? ¿Prohíbe las imágenes de falsos dioses?
¿Prohíbe las imágenes como objetos de adorno o de veneración? ¿Qué mandó construir Dios a Moisés? ¿Había esculturas en el templo de Jerusalén?
¿Qué habría que hacer, según los evangélicos, con todas las imágenes, incluida la famosa Piedad de Miguel Ángel? ¿Cuáles son los ídolos de hoy? ¿Cómo fustigaría hoy Moisés a los ídolos modernos?
¿Por qué en la Iglesia católica se tienen imágenes si el Antiguo Testamento parece prohibirlas?.
¿Por qué en la Iglesia católica se tienen imágenes si el Antiguo Testamento parece prohibirlas (Ex 20,4-5; Dt 4,15-16; 7,25-26; 2Re 8,14 Sl 135,15-18)?
La raíz hebraica para “adorar” es "hawah" esta raíz en hebreo significa “adorar”, mientras que en arameo designa “relatar”, “informar”. En griego se traduce siempre con προσκυν€ˆ (prskyneo).
Adorar a Dios: Gn 22,5; 24,48; 37,10; Ex 4,31; 33,10; Dt 26,10; 1Sam 1,3.19; 15,25.30; 2Sam 15,32; 2Re 17,36; 18,22; 32,12; 2Cron 7,3.22; 20,18; 29,28.29.30; Is 2,10; 27,13; 36,7; 49,7.23; 66,23; Jer 1,16; 7,2; 26,2; 22,9; Ez 46,2.3.9; Zac 14,16.17; Sl 5,8; 22,27.29;29,2; 66,4; 86,9; 95,6; 96,9; Ne 8,6; 9,3.6.
Adorar a Absalón: 1Sam 2,36.
Adorar a Dios y al rey: 1Cr 29,20.
Adorar a los ídolos, al sol u otros dioses: Ex 32,8; Lev 26,1; 1Re 9,6.9; 11,33 (sin correspondencia griega); 2Re 5,18; 17,16.35; 19,37; Jue 2,12.13 (en este caso el griego emplea Ï·ÙÚ‡ˆ = latreuo). 17; Is 2,20; 37,38; 46,6 Ez 8,16; Jer 25,6; 2Cr 7,19; Is 2,20.
La raíz aramea para adorar es "segid" esta raíz también existe en hebreo con el mismo significado y figura traducida en griego por proskyneo: Is 44,15.17.19; 46,6 (adorar ídolos).
Adorar a Dios; rehusar la adoración de otros dioses o ídolos: Dn 3,12.15; se traduce por latreuo; Adorar ídolos: Dn 3,5.6.7.10.11. 14.18 se traduce al griego por proskyneo.
En otros pasajes figuran juntas las dos raíces de "segid y hawah" Is 44,15, donde a hawa equivale proskyneo, mientras que segid no parece tener equivalente; Is 44,17: segid es traducido por proskyneo; mientras que a hawa corresponde el verbo proseuchomai.
Como se habrá observado por las diversas citas antes aducidas, en unas tres ocasiones los verbos hebreo y arameo segir y hawah se traducen por latreuo.
Hay otros verbos que sorprenden por sus diversos contextos. La gloria es un atributo divino (doxa) y encontramos el verbo doxazo con el sentido de honrar al hombre en Ester 6,6.7.9.11. El verbo sébomai aparece en LXX Is 29,13; Jos 4,24; 24,33 con el contexto de “venerar a Dios” ; el libro de la Sabiduría lo usa para los ídolos en 15,18.
Un estudio atento al empleo que se hacen de las diversas raíces, muestra que no hay una clara distinción en los escritos antiguos entre adorar y venerar.
La forma de culto de Cristo y de los santos en los cementerios es de las devociones más antiguas; pero no sólo, en las catacumbas de Roma es frecuente encontrar representaciones de Cristo como “Buen Pastor” y como “pez”, también en Galilea hay mosaicos antiguos que representan el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. Este culto se universalizó hacia tiempos de Constantino.
Con todo, en el S. IV el concilio regional de Elvira prohibía la decoración de las iglesias con pinturas, pero no se universalizó; la causa se debía al contraste entre los misterios de la fe y las débiles creaciones humanas.
Eusebio de Cesarea consideraba también imposible la representación de la humanidad gloriosa de Cristo. Asimismo los monofisitas eran enemigos de tales representaciones.
En el 599 Severo de Marsella encabezó el primer caso de destrucción de las imágenes en su diócesis, lo que acarreó la reacción de Sn Gregorio Magno. Esta polémica se acrecentó en el 727 cuando el emperador León III hizo derribar una figura de Cristo en los palacios imperiales. El pueblo reaccionó y dio muerte a varios oficiales.
A ello siguieron varias represiones imperiales bajo León III y Constantino Coprónimo. La tranquilidad llegó cuando ocupó el trono la emperatriz Irene. El II concilio de Nicea confirmó la legitimidad del culto en la sesión VII.
El IV concilio de Constantinopla parece emplear una misma raíz de “proskyneo” para la adoración de la imagen de Cristo Salvador, de la Virgen, Madre de Dios, de los ángeles y de los santos.
Así que más que un intento fallido de la teología, es mérito de ésta el haber ido comprendiendo mejor el dato a fin de aclarar los términos; y más que de la teología, el mérito se debe al magisterio eclesiástico.
No se olvide que el concilio de Elvira no tuvo valor universal respecto de las imágenes. En dicho concilio el verbo griego que se empleaba para “adorar” es el mismo que para “venerar”: “proskyneo” (προσκυν€ˆ).
El diccionario de la lengua griega Montanari que es uno de los más completos que se han publicado recientemente, elenca las siguientes acepciones para este verbo: (1) saludar con afecto, abrazar; (2) adorar, venerar; (3) postrarse, considerar con respeto o veneracón; (4) conjurar, tratar de aplacar suplicando; etc...
Con ello queda claro que un mismo verbo griego –que es el que usó Constantinopla IV- se emplea para adorar y para venerar.
En cuanto al NT hay cuatro acepciones:
Con ese verbo se indica el culto debido a Dios (Mt 4,10; Lc 4,8; Jn 4,21; 1Cor 14,25; Ap 4,10; Hebreos 11,21...
Adorar a Cristo, profeta, mesías y Dios (Mt 2,2; 8,1Lc 24,52; Hebreos 1,6...).
Venerar a alguien con un acto de humilde postración (Hechos 10,25; Ap 19,10; 22,8).
Adorar al diablo, a la bestia, al dragón y a sus representaciones (Mt 4,9; Lc 4,7; Ap 9,20; 13,4.8).
El IV concilio de Constantinopla, a pesar de echar mano de proskyneo para la adoración de la imagen Cristo y de la Virgen y de los ángeles y santos, establece una clara y sutil distinción entre los cuatro.
En el caso de Cristo se dice que esa adoración es similar a la adoración de los evangelios y eso no se dice de la Virgen, de los ángeles ni de los santos; por otro lado, en el caso de Cristo se emplea el verbo porskyneo, “venerar” de modo fuerte, absoluto.
En los otros tres casos se echa mano de dos verbos y no solamente de “adorar”, sino que se dice: “honramos y adoramos”; es lo que se llama una “hendíadis”: a este honrar y adorar se le llama hoy “venerar”.
La gradación de estos cuatro grupos tampoco es casual: el culto reservado a María es privilegiado respecto de los otros dos; por ello figura antes que ellos y el concilio da el motivo: es Madre de Dios, cosa que no encarnan los ángeles ni los santos.
Para el año 869-870 no había una terminología clara o neta para designar el culto reservado a la Virgen y a los santos (alguna distinción había establecido el II concilio de Nicea, pero no se había comprendido bien, por contar con una mala traducción, a la que se sumaban rivalidades entre los dos imperios romanos de oriente y occidente); por eso es que el verbo “venerar” no figura. Venerar en griego se decía también “proskyneo”, como ha señalado el diccionario de Montanari.
La Iglesia a lo largo de los siglos ha ido precisando esta terminología, de manera que hoy el catecismo establece una clara distinción entre adorar y venerar. Algo semejante ocurrió con el término “persona”. Antes de Calcedonia, no había una clara distinción entre “persona” y “naturaleza”. Fue mérito de Calcedonia precisar el concepto de persona.
Ahora pasamos a las citas veterotestamentarias que nuestros hermanos separados nos aducen para decirnos que los católicos cometemos actos de idolatría cuando veneramos las imágenes sagradas.
A menudo parece que con dicho método de citar el Antiguo Testamento se descuida que el Nuevo Testamento ayuda a comprender el Antiguo (cf 2Cor 2,14) y que el Antiguo da una base al Nuevo, como si no hubiera distinción entre los dos. En realidad, en el Antiguo Testamento encontramos una especie de bosquejo del plan de salvación.
La revelación ha tenido un carácter progresivo hasta el cumplimiento definitivo en Cristo (Heb 1,1-2). A esta luz, no parece ser un buen método el hacer que la Biblia diga lo que yo quiero como sostén de mis gustos personales, parapetados tras el nombre de “libre examen”. Más bien se ha de leer a la luz del Espíritu con que ha sido escrita.
El motivo de que no se diera lugar a imágenes en el AT se debía al peligro que tenía el pueblo de caer en la idolatría. El hecho es que los profetas nunca cesaban de fustigar esta costumbre, que consistía sobre todo en representaciones de Dios tomadas del reino animal. Esta inclinación se debía a que Israel vivía en torno a naciones idólatras.
El primer mandamiento del Decálogo prohibía que se hiciera imagen tallada de cualquier figura (Ex 20,3), lo cual debe entenderse no en sentido absoluto, sino en su contexto de no rendir culto a las falsas divinidades que los judíos pudieron ver en Egipto.
La representación de Dios en una imagen equivalía para la mentalidad de aquel entonces a atribuir a Dios una forma arbitraria según el gusto del hombre –una cosa o ser animado-, descuidando su dimensión trascendente (Dt 14,15-16.28). En tiempo de los macabeos volvió a aplicarse el Decálogo al pie de la letra.
Flavio Josefo cuenta cómo reaccionó el pueblo ante la colocación de una águila de oro en la entrada principal del templo, de la indignación que sintieron los judíos cuando vieron que en los estandartes del ejército romano en Jerusalén había imágenes del César.
Más aún, el nombre de Dios no podía pronunciarse; el hombre no podía mirar a Dios, ni siquiera Moisés pudo hacerlo (logró ver sólo su dorso como enseña Éxodo 33,18-20, texto que corrige a Éxodo 24,9-11 y a Deuteronomio 34,10, y que confirma Jn 1,18).
Si es verdad que Cristo nos revela el rostro de Dios (Jn 6,46), con Él se inaugura una nueva era, porque nos ha enseñado a llamarle "Padre" a Dios con todo derecho.
Con toda razón dirá san Juan en su primera carta: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos en lo tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido” (1Jn 1,1-4).
Juan habla de tocar, ver, contemplar, palpar... en relación con el Verbo de vida, Cristo Jesús. Por eso es lícita la representación de su rostro, de su cruz, de sus padecimientos: Dios, que era invisible en su naturaleza, se ha hecho visible, hasta el punto que dejó contemplarse, tocarse, palparse. La encarnación ha inaugurado una nueva "economía de las imágenes"(NC 1159).
El libro del Apocalipsis muestra un aborrecimiento visceral de toda forma de paganismo: magia (Ap 9,21; 18,23; 21,8; 22,15), nicolaitismo (Ap 2,6.15), blasfemias contra Dios (Ap 2,9; 13,6); adoración de los ángeles (Ap 19,10; 22,9); de los ídolos (21,8; 22,15); del demonio (Ap 13,4-6).
¿Parece contradecirse cuando recurre a las comparaciones con las piedras preciosas para describir al que se sienta sobre el trono (Ap 4,3), cuando ofrece diversas representaciones -teriomorfas o no- de Cristo (León de la tribu de Judá, raíz de David, cordero de pie como degollado, Ap 5,6); cuando nos presenta a María trascendente en Ap 12,1-2; cuando presenta a los cuatro "animales" y a los 24 presbíteros, los cuales contienen copas que son las oraciones de los santos ante el trono de Dios? El culto de la iglesia a las imágenes va en esta línea.
Si abundan representaciones antiguas de dioses paganos en muchas ciudades, no se debe a que hoy se realicen actos de idolatría, sino que son obras de arte. Y la obras de arte tienen un alcance universal tanto para los hombres que nos han precedido como para los de hoy y los que habrán de venir mañana. Una vez más, si los términos no son claros en la Escritura, es mérito de la Iglesia el haber establecido la distinción entre adorar y venerar.
En los siglos I - II del cristianismo se tienen las siguientes representaciones religiosas:
a. Misterios de la fe cristiana, virtudes, representaciones de Cristo: el cordero, la paloma, el pez, el ancla. b. Parábolas o alegorías: viña, Buen Pastor, vírgenes sabias y necias. c. Personajes del AT: Noé, Daniel, Jonás, Moisés. d. Imágenes de Cristo, de la Virgen y de los santos.
En los siglos III-IV : a. Aparecen pinturas de estuco en las paredes o como fondo de vasos y medallas. b. Escenas de la vida de Cristo y de la historia de la Iglesia. c. Escenas de la vida de Cristo en cementerios, Moisés que golpea la roca, el pescador que extrae el pez del agua, el Bautismo de Cristo en el Jordán, el sacrificio eucarístico, la llamada de los 12.
Algunos padres y escritores eclesiásticos testimonian algunas de dichas representaciones: Ireneo (Adv Haer, I, 25) Lampridio (Alex Sev, 29), Tertuliano (De pudicitia, VII, 10).
Con la paz de Constantino cobra nuevo realce la veneración a la cruz como estandarte cristiano o “labarum”. De este período son los mosaicos en Roma y Rávena que representan a Cristo, a la Virgen y a los santos, como puede constatarse en el mausoleo de santa Constanza de Roma (edificio más antiguo del S. IV), el ábside de Santa Prudentina que representa a Cristo, Pedro y Pablo, así como el gran arco de Sta. María la Mayor de mediados del S. V., que representa a Jesús, llevado por su Madre al lado de Ana y Simeón.
Del mismo período hay una prefiguración en Sta. Sabina de la “Ecclesia ex circumcisione” y de la “Ecclesia ex gentibus”. En Rávena Sta. Ágata contiene un mosaico de Cristo con dos ángeles, en el mausoleo de Galla Placidia (año 424), donde figuran el Buen Pastor, san Lorenzo y los apóstoles.
Las catacumbas son una evolución de hipogeos romanos a los que se añadieron corredores. En un inicio eran privados, pero se difundieron con la práctica de la inhumación entre paganos, judíos y cristianos. Ello explica que al lado de prefiguraciones paganas se encuentren temas cristianos.
Los complejos son llamados “colombari” y luego se transformaron en lugares de inhumación. Estos lugares sirvieron de cementerio hasta el S. VI, y luego se transformaron lugares de devoción. A partir del S. III se comenzaron a celebrar allí las diversas conmemoraciones de los fieles difuntos.
A partir del S. IV se adosaron escaleras y altares y se llevaron allí más reliquias de santos. Hacia el S. VIII las catacumbas cayeron en el olvido.
De las 67 catacumbas hoy conocidas, De Rossi descubrió unas 26 en 1849, aunque en el siglo XVI Antonio Bosio había dado inicio a los descubrimientos arqueológicos. Las más famosas son las de Comodila, Priscila, Calixto y Sebastián. Se trata de más vastos complejos funerarios.
El sector más antiguo de Sn Calixto es el de las criptas de Lucina en la vía Apia y que se remonta al S. II. Aquí han sido sepultados al menos 4 de los 14 papas: Ponciano, Antero, Fabiano, Eutiquiano. De Rossi reconoció las figuras de Cristo, de Sta. Cecilia y del Papa Urbano en los frescos bizantinos de la cripta de Sta. Cecilia. Hay un nicho ahí con una copia de la estatua de Sta. Cecilia y que es obra de Maderno (el original está en el Trastévere).
No muy lejos figuran cinco cámaras sepulcrales con representaciones de la resurrección, de los sacramentos del bautismo, de la Eucaristía. Son decoraciones del S. III.
Las prefiguraciones cristianas más comunes allí son: el Buen Pastor, las primeras dos letras de la palabra Cristo, un hombre en oración, el pez, el ciervo que lucha con la serpiente como símbolo del catecúmeno, las palabras iniciales de “mártir”.
En la ciudad de Roma hay tres columnas famosas: la columna de Trajano, cuya estatua Sixto V reemplazó con otra de san Pedro, obra de Giacomo della Porta: esto ocurrió el 4 de diciembre de 1587. Dos años después el mismo Papa mandó que se colocara una estatua de san Pablo sobre la columna de Marco Aurelio en Piazza Colonna: en la edad media desapareció la estatua de este emperador, esculpida entre el 180 y 193 para conmemorar sus victorias sobre marcomanos, cuados y sarmatos.
Nadie realiza ante dichas columnas actos idolátricos. En la plaza de España de Roma hay también una antigua columna con una estatua de bronce de la Inmaculada; a sus pies hay efigies de Moisés, Isaías, Ezequiel y David. Esta obra fue erigida por Luigi Poletti dos años después de la proclamación del dogma (1854) por parte de Pío IX. Cada año el 8 de diciembre el Papa se dirige a este lugar, deja a los pies de la imagen de la Madre de Dios un ramo de flores y dirige un discurso a los presentes.
San Gregorio Nacianceno habla de una imagen de san Polemón, que convierte a una pecadora (Carm I,1; sec II v. 800); se duda aún de si es de san Basilio o Efrén el discurso con que se exhorta a los pintores a ser buenos maestros en su arte cristiano (PG xxxi, col 489).
San Gregorio de Nisa, siguiendo las huellas de las descripciones de san Efrén, describe las pinturas religiosas que ha visto en el oratorio de santa Eufemia, en Calcedonia (PG xI, col 333-337); él mismo habla de haber visto representaciones del sacrificio de Isaac, de mosaicos con diversos temas religiosos (PG xlvi col 737).
San Nilo reprocha a Olimpiódoro el haber querido pintar en una basílica escenas de caza y pesca y le exhorta a elegir para su decoración temas bíblicos que instruyan a los fieles (PG lxxix, col 577).
San Jerónimo habla de imágenes de los apóstoles pintadas en vasos sagrados (In Ion IV,6).
San Agustín indica la costumbre de representar en muchos lugares a san pedro y a san Pablo al lado de Nuestro Señor ( PL, xxxiv, col 1049); también habla de la pintura que ha visto de San Esteban mientras muere lapidado, al tiempo que san Pablo cuida las vestiduras de los que le apedrean ( PL xxxviii, col 1434).
En el “Contra Faustum” habla de una pintura que representa el sacrificio de Abraham (PL xlii col 446). En cuanto a la advertencia que Ud. recoge de san Agustín: primero, quizá no convenga decir que corrige a Tomás de Aquino, ya que es muy posterior a él. Por otro lado, sus palabras han de ponderarse dentro de su propio contexto: advierte contra la adoración de falsas divinidades. De ahí que insista en su valor representativo. En ese sentido está dentro de lo que siempre ha dicho la Iglesia.
Prudencio habla de las pinturas que representan el martirio de san Casiano (PL lx, cpl 433-435). San Paulino de Nola y Suplicio Severo decoran de imágenes religiosas las basílicas construidas por ellos; se trata de escenas veterotestamentarias (PL lxi, col 660).
El culto reservado a las imágenes no es de adoración, sino de veneración: nunca la Iglesia ha pensado que las imágenes o representaciones de los santos sean dioses.
Al mismo tiempo, en la Biblia, figuran diversas representaciones: el mismo Moisés por orden de Dios hace colocar dos querubines de oro sobre el arca de la alianza (Ex 25,18), izó una serpiente de bronce como signo de salvación para los que padecieran picaduras de las víboras como castigo del pueblo por murmurar (Nm 21,3): más tarde, Exequias hizo destruir la serpiente de bronce, porque los judíos se ponían a quemar incienso ante ella (2Re 18,4); no se ha de olvidar tampoco la imagen de madera cubierta de metal, y que representaba a Dios: la mandó hacer la madre de Miqueas (Jue 17,4-5).
De ella se apropiaron los danitas, hicieron un santuario y le rindieron culto (Jue 18,30-31); asimismo, el templo de Salomón constaba de diversas decoraciones de querubines, toros, bueyes, leones, palmeras, botones de flores (1Re 6,23-35; 7,25-51); tampoco ha de olvidarse que los judíos tenían candelabros (Zac 4,2). Zacarías que en su visión del cap 4, da con dos olivos que Dios dice ser los dos ungidos que recorren toda la tierra (Zac 4,14).
Repito, es mérito de la Iglesia el haber aclarado la terminología al respecto. No es una veneración a la materialidad de las cosas sino a lo que representan. Con ello se aclara que en la Iglesia católica no hay idolatría –otra cosa es que algunas personas distingan eso y caigan en desviaciones a menudo por ignorancia-. Tampoco se adora a los ángeles ni a los santos.
Consideramos los diversos objetos dignos de respeto, pero no les tributamos dotes o poderes especiales. Otro aspecto del culto a la Virgen y a los santos son los nombres: un gran número de personas, creyentes o no, tiene nombres de santos, de la Virgen, de Jesús y no por eso creemos que se cae en la idolatría. Este es un aspecto de dicha veneración.
Las imágenes son recuerdo de las personas, no las personas mismas. Si yo contemplo la foto de mi abuela que ya ha muerto, no significa que amo un trozo de papel a colores, sino que ese trozo de papel me la recuerda. Sé que no es la abuela, y sin embargo, me hace recordar su rostro, su modo de ser y hablar. Si esto puedo hacerlo con un ser querido, ¡con mayor razón lo debiera hacer con lo que nos recuerda a Dios!
Algo similar hacemos con la bandera, con otros símbolos patrios, como monumentos a los héroes, etc. En el caso de los Evangelios: ¿Por qué los besamos? ¿Por qué los cuidamos? Porque son también imagen de Dios, su palabra escrita.
No es que idolatremos un amasijo de papeles, sino que contienen lo que Dios nos ha querido transmitir; por otro lado, la imagen y la palabra se esclarecen mutuamente (Nuevo Catecismo 1160). Con la representación de los santos Cristo es glorificado en ellos (Nuevo Catecismo 1161).
Cabe hacer aquí algún comentario de interés sobre la reforma protestante. Sorprende que varios hermanos separados no se reconozcan luteranos mas hayan hecho propias muchas ideas de Lutero, de modo consciente o inconsciente.
Un ejemplo claro son los principios de la “sola fe” y de la “sola Escritura”. Pero no sólo. Lo que está en el fondo del pensamiento de Lutero contra María y los Santos es su rechazo del concepto de “sacramento”, ya que a su entender ello llevaba confundir lo divino con lo humano (en contra de lo que dice la misma Escritura en Jn 10,34). En el fondo para Lutero ningún ser humano ni la Virgen ni los santos puede considerarse elevado a la vida de gracia.
En 1521 Lutero reconocía aún en María y en los santos el título de intercesores, pero fue cambiando de parecer hasta negarlo (en 1521 cuando escribe su comentario al Magníficat no da a María el título de “abogada”; en 1522, con ocasión del sermón sobre la Navidad, se lo niega de manera explícita). El último paso que dio fue la omisión de la segunda parte del avemaría, a instancias de Zwinglio, ya que consiste en una intercesión o súplica.
Concluyendo, no sólo es bueno llevar una cruz al pecho, besar los evangelios, tener imágenes de Cristo, de la Virgen, de los santos, sino que es una tradición antigua de la Iglesia. Son también un estímulo para nuestra oración.
Desde la antigüedad la Virgen y los santos han sido invocados como intercesores antes Dios: el culto que la Iglesia les tributa está dirigido a Dios mismo. Por eso se nos proponen como modelos seguros de vida cristiana. Entre ellos María desempeña un puesto privilegiado como Madre de Dios, cooperadora en la obra de la redención y figura de la Iglesia.
La Iglesia respeta las imágenes de igual forma que se respeta y venera la fotografía de un ser querido.
Desde la antigüedad, el hombre siempre ha usado pintura, figuras, dibujos y esculturas, entre otros, para darse a entender o explicar algo.
Estos medios sirven para ayudar a visualizar lo invisible; para explicar lo que no se puede explicar con palabras.
Cuando el hombre cayó por el pecado y perdió la intimidad con Dios, comenzó a confundir a Dios con otras cosas y a darles culto como si fueran dioses. Este culto se representaba frecuentemente con esculturas o imágenes idolátricas.
La prohibición del Decálogo contra las imágenes se explica por la función de tales representaciones.
Sin embargo, aún cuando muchas personas piensan que el primer mandamiento prohibe respeto a las imágenes esto no es necesariamente así.
El culto cristiano a lo que representan las imágenes no es contrario al primer mandamiento porque el honor que se rinde a una imagen pertenece a quien en ella es representado. Es decir, al que se venera no a la imagen sino a lo que ésta representa.
En ese sentido, Santo Tomás de Aquino en su monumental Summa Theologiae señala que "el culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado.
Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que es imagen".
Incluso ya en el Antiguo Testamento, Dios ordenó o permitió la institución de imágenes que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado, y como ejemplo de ellos tenemos la serpiente de bronce o el arca de la alianza y los querubines.
Ahora bien, las primeras comunidades cristianas representaron a Jesús con imágenes del Buen Pastor; más adelante aparecerán las del Cordero Pascual y otros iconos representando la vida de Cristo.
Las imágenes han sido siempre un medio para dar a conocer y transmitir la fe en Cristo y la veneración y amor a la Santísima Virgen y a los santos.
Prueba de ellos, son las catacumbas -la mayoría ubicadas en Roma- donde aún se conservan imágenes hechas por los primeros cristianos, como las catacumbas de Santa Priscila, pintadas en la primera mitad del siglo III.
Sin embargo, con la encarnación de Jesucristo se inauguró una nueva economía de las imágenes. Cristo tomó y rescató las enseñanzas del Antiguo Testamento y le dio una interpretación más perfecta en su propia persona.
Antes de Cristo nadie podía ver el rostro de Dios; en Cristo Dios se hizo visible. Antes de Jesús las imágenes con frecuencia representaban a ídolos, se usaban para la idolatría. Ahora, el verdadero Dios quiso tomar imagen humana ya que Él es la imagen visible del Padre.
María y los santos
La Iglesia Católica venera a los santos pero no los adora. Adorar algo o alguien fuera de Dios es idolatría. Hay que saber distinguir entre adorar y venerar. San Pablo enseña la necesidad de recordar con especial estima a nuestros precursores en la fe.
Ellos no han desaparecido en la nada sino que nuestra fe nos da la certeza del cielo donde los que murieron en la fe están ya victoriosos en Cristo.
La Iglesia respeta las imágenes de igual forma que se respeta y venera la fotografía de un ser querido. Todos sabemos que no es lo mismo contemplar la fotografía que contemplar la misma persona de carne y hueso.
No está, pues, la tradición Católica contra la Biblia. La Iglesia es fiel a la auténtica interpretación cristiana desde sus orígenes.
La Iglesia procuró siempre con interés especial que los objetos sagrados sirvieran al esplendor del culto con dignidad y belleza, aceptando la variedad de materia, forma y ornato que el progreso de la técnica ha introducido a lo largo de los siglos.
Más aún: la Iglesia se ha considerado siempre como árbitro de las mismas, escogiendo entre las obras artísticas las que mejor respondieran a la fe, a la piedad y a las normas religiosas tradicionales, y que así resultaran mejor adaptadas al uso sagrado.