Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse de él y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: "¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?"
Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Éste les respondió: "¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quien sabe?"
Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, que se limitó a decir: "¿Mala suerte? ¿Buena Suerte? ¿Quién sabe?
Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?
Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien.
Dios está presente e involucrado en nuestras vidas, aunque parezca que no nos oye o que nos ha abandonado.
Le 24,13-32: Parece que no está pero nos acompaña.
Mt 27,46: Jesús llega a sentirse abandonado.
Fil 4,19: Tener confianza en la riqueza de la Gloria de Dios.
Hace tiempo al estar en mi casa, siendo como las 11:00 de la noche, recibí la llamada telefónica de un muy buen amigo mío.Me dio mucho gusto su llamada y lo primero que me preguntó fue: "¿cómo estas?" Y sin saber por qué, le contesté: "solísimo".¿Quieres que platiquemos? Le respondí que sí.Y me dijo: "¿quieres que vaya a tu casa?" Y respondí que sí.Colgó el teléfono y en menos de quince minutos él ya estaba tocando a mi puerta.Yo empecé y hablé por horas y horas de todo: de mi trabajo, de mi familia, de mi novia, de mis deudas, y él atento siempre, me escuchó. Se nos hizo de día, yo estaba totalmente cansado mentalmente, me había hecho mucho bien su compañía y sobre todo que me escuchara y que me apoyara y me hiciera ver mis errores; me sentía muy a gusto, y cuando él notó que yo ya me encontraba mejor, me dijo: "bueno pues, me retiro, tengo que ir a trabajar". Yo me sorprendí y le dije: "pero por qué no me habías dicho que tenias que ir a trabajar, mira la hora que es, no dormiste nada, te quité tu tiempo toda la noche". Él sonrió y me dijo: "no hay problema para eso estamos los amigos". Yo me sentía cada vez más feliz y orgulloso de tener un amigo así.Lo acompañé a la puerta de mi casa... y cuando él caminaba hacia su automóvil le grité desde lejos: "Oye amigo, y a todo esto, ¿por qué llamaste anoche tan tarde?". Él regresó y me dijo en voz baja: "es que te quería dar una noticia...", y le pregunté: "¿qué pasó?" Y me dijo: "fui al doctor y me dice que mis días están contados, tengo un tumor cerebral, no se puede operar y solo me queda esperar...", yo me quedé mudo... él me sonrió y me dijo: "que tengas un buen día amigo...", se dio la vuelta y se fue...Pasó un buen rato para cuando asimilé la situación y me pregunté una y otra vez, ¿por qué cuando él me preguntó cómo estás? me olvidé de él y sólo hablé de mí.¿Cómo tuvo la fuerza de sonreírme, de darme ánimos, de decirme todo lo que me dijo, estando él en esa situación?... Esto es increíble.Desde entonces mi vida ha cambiado, suelo ser más crítico con mis problemas y suelo disfrutar más de las cosas buenas de la vida, ahora aprovecho más el tiempo con la gente que quiero. Por ejemplo él. Todavía vive y procuro disfrutar más el tiempo que convivimos y platicamos, sigo disfrutando de sus chistes, de su locura, de su seriedad, de su sabiduría, de su temple. ¡De mi amigo...!
Era la reunión del domingo por la noche de un grupo apostólico en una iglesia de la comunidad. Después que cantaron los himnos, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo y presentó a un orador invitado; se trataba de uno de sus amigos de la infancia, ya entrado en años.
Mientras todos lo seguían con la mirada, el anciano ocupó el pulpito y comenzó a contar esta historia:
"Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparon a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres". Al decir esto, el anciano se detuvo un momento y miró a dos adolescentes que por primera vez desde que comenzó la plática estaban mostrando interés; y siguió narrando:
"El padre logró agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse. El padre sabía que su hijo era un buen cristiano, y también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas".
"Miró en dirección a su hijo y le gritó: ¡TE QUIERO, HIJO MIÓ! y le tiró la soga al amigo de su hijo. En el tiempo que le tomó al amigo nadar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo".
Los dos adolescentes estaban escuchando con suma atención, atentos a las próximas palabras que pronunciara el orador invitado.
"El padre" -continuó el anciano- "sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo, y no podía soportar el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios. Por eso sacrificó a su hijo".
¡Cuan grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros!"
Dicho esto, el anciano volvió a sentarse, y hubo un tenso silencio. Pocos minutos después de concluida la reunión, los dos adolescentes se encontraron con el anciano. Uno de ellos le dijo cortésmente: "Esa fue una historia muy bonita, pero a mí me cuesta trabajo creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo". "Tienes toda la razón", le contestó el anciano mientras miraba su Biblia gastada por el uso. Y mientras sonreía, miró fijamente a los dos jóvenes y les dijo: "Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí. A mí también me costaría trabajo creerlo si no fuera porque el amigo de ese hijo era yo."
Qué agradable es estar enamorado y llamar a tus amigos para contarles que tu otra mitad te miró...
Qué agradable es estar triste y tener a alguien que te escuche llorar y que te preste sus lágrimas si se acaban las tuyas...
Qué agradable es sentir que en tu contestadora siempre encontrarás un mensaje de alguno de tus amigos criticando la voz que tenías cuando grabaste el saludo...
Qué agradable es saber que cada vez que pelees con tus padres tendrás un amigo que diga: "todos son iguales"... o que sólo te diga: "... es que te pasaste".
Qué agradable es prender tu computadora y encontrar un mensaje donde tus amigos te cuentan toda su vida, con todo y detalles, aunque tu ya la sepas..., o que no recibas ni un e-mail, pero sepas que recibieron los tuyos...
Qué agradable es que llegue tu cumpleaños y no puedas celebrarlo porque piensas que todos tus amigos pueden venir a tu casa..., aunque sepas que la mitad va a recordar tan importante día después de las 4 de la tarde; que un 25% comienza a felicitarte tarareando el cumpleaños feliz; que un 20% no te ha comprado ni una tarjeta; que un 2% te llama, o dos días antes, o un día después (¡equivocado!); que un 2% no sabía ni que día era; o que un 1% te llame a tu casa y se ponga a hablar contigo sin darse cuenta que ese día te hacías más viejo.
Qué agradable es que estés de viaje y no te alcance el dinero gastándolo en regalitos para tus amigos.
Qué agradable es llegar de viaje y encontrar a tus amigos deprimidos porque no estabas con ellos y al mismo tiempo felices porque ya llegaste.
Que agradable es recibir correos-cadena de tus amigos cuando ya les dijiste que los odiabas y ellos sólo te dicen: "¡Este sí que es bueno!".
Qué agradable es cuando se muere tu pescadito y todos te llaman para ver cómo estás.
Qué agradable es estar a miles de kilómetros y recibir noticias de tus amigos.
Qué agradable saber que tus amigos cuentan los días para verte.
Qué agradable es tener a quien contarle todas, todas, todas nuestras cosas.
Qué agradable es tener a alguien que te diga: "Disculpa que te lo diga, para algo soy tu amigo, pero: Te lo dije".
Qué agradable es tener a un amigo que te acompañe a jugar tu deporte preferido (¡aunque no le guste!).
Qué agradable es tener a alguien que entienda que confundiste su amistad.
Que agradable es tener a alguien que comprenda que ya no lo quieres ver más hasta la próxima semana...
¿Por qué no visualizas tu presente?
¡Mira!... Fíjate que tuviste miles de personas llamadas amigas que hoy no lo son...
Fíjate que esperas tener miles de personas llamadas amigos, que hoy sólo son conocidos...
Fíjate en todo lo agradable de la amistad... y ¡piensa!...
Piensa que hoy te sobran los dedos de las manos para contar quiénes son tus verdaderos amigos.
Piensa que de todos los que has tenido ¡son pocos los que escogiste!...
¡No los pierdas! Porque te aseguro que hay algunos de ellos que los viste cuando miraste tu pasado, cuando miraste tu futuro y ¡ahora que ves tu presente!... ¡Ellos son lo mejor!
Y más allá de todo eso, ¿por qué no dejas de ver el pasado, el presente y el futuro y ves el corazón de tus amigos y tratas de ver si el nombre que tienen grabado como MI MEJOR AMIGO te lo ganaste tú?.
De no ser así, ¿crees que sería agradable? ...De no ser así ¡ya nada sería "Lo mejor"!
"Muéstrate tal como eres, pues tienes cualidades especíales que te han sostenido hasta ahora y que siempre te sostendrán".