¿Cómo será el infierno?

Una antigua leyenda describe a un hombre visitando el Infierno y asombrándose al encontrar a sus habitantes sentados ante enormes mesas, con magníficos manteles, hermosas cuberterías y enormes cantidades de alimentos para ellos. Sin embargo, ninguno de ellos estaba comiendo y todos gemían.

Cuando miró más de cerca, vio que ninguno de ellos podía doblar el codo: así, aunque podían tocar la comida, no podían acercársela a la boca.

El visitante fue entonces al Cielo donde la escena era idéntica; enormes mesas con manteles fabulosos, con cuberterías finísimas y comida en abundancia.

Y aquí también, la gente era incapaz de doblar el codo, aunque nadie estaba gimiendo porque cada persona estaba ayudando a su vecino

¿Cómo Crees que son Ángeles?

Son como la viejecita que ayer te devolvió tu cartera.
Como el chofer del taxi que te dijo que tus ojos iluminaban el mundo cada vez que sonreías.
Como el niño que te demostró la maravilla de las cosas sencillas.
Como ese hombre pobre que ofreció compartir lo que tenía, contigo.
Como ese hombre rico que te demostró que realmente todo es posible, si tienes fe.
Como ese desconocido que se cruzó en tu camino justo cuando no sabías dónde te encontrabas.
Como ese amigo que tocó tu corazón cuando pensabas que no tenías.
Los ángeles vienen en todos los tamaños y formas, de todas las edades y colores de piel.
Algunos tienen pecas, otros tienen lunares, algunos tienen arrugas, y otros, nada de eso tienen.
Tienen apariencia de amigos, amas de casa, maestros, estudiantes, novios, y hasta de tontos.
Nunca toman la vida demasiado en serio, viajan muy ligeros.
No te dan una dirección donde ubicarlos, ni te piden nada a cambio.
Son difíciles de hallar cuando cierras los ojos, pero si decides ver, los encuentras en todas partes.
Así que, abre los ojos y cuenta todos los ángeles que tienes…

¡Verás que realmente están junto a ti!

Cómo Amar a los Adultos Mayores

HABLAR... porque  hay en su pasado un tesoro lleno de verdad, de belleza y
de bien.
DÉJALO VENCER... en las discusiones, porque tiene necesidad de sentirse seguro de
sí mismo.
DÉJALO IR A VISITAR... a sus viejos amigos, porque entre ellos se siente revivir.
DÉJALO CONTAR... sus historias repetidas, porque se siente feliz cuando lo escuchamos.
DÉJALO VIVIR... entre las cosas que ha amado, pues sufre sintiendo que le
arrancamos pedazos de su vida.
DÉJALO GRITAR... cuando se ha equivocado, porque los ancianos como los niños tienen derecho a la comprensión.
DÉJALO VIAJAR... en el automóvil de la familia cuando van de vacaciones, porque el año próximo tendrás remordimientos de conciencia si "TU VIEJO" ya no existe más.
DÉJALO ENVEJECER... con el mismo paciente amor con que dejas crecer a tus hijos,
porque todo es parte de la naturaleza.
DÉJALO REZAR... como él sabe, como él quiere, porque el adulto mayor descubre la
presencia de DIOS en el camino que le falta recorrer.
DÉJALO MORIR... entre brazos llenos de piedad, porque el AMOR de los hermanos sobre la tierra nos hace presentir mejor el torrente infinito de amor del PADRE en EL CIELO.

Por favor... ¡déjalo ser!

Carta del Cielo

Tú, que eres un ser humano, eres mi milagro. Y eres fuerte, capaz, inteligente y lleno de dones y talentos. Cuenta tus dones y talentos. Entusiásmate con ellos. Reconócete. Encuéntrate. Acéptate. Anímate. Y piensa que, desde este momento, puedes cambiar tu vida para bien, si te lo propones y te llenas de entusiasmo.

Y sobre todo, si te das cuenta de la felicidad que puedes conseguir con sólo desearlo. Eres mi creación más grande. Eres mi milagro. No temas comenzar una nueva vida. No te lamentes nunca. No te quejes.No te atormentes. No te deprimas.

¿Cómo puedes temer si eres mi milagro? Estás dotado de poderes desconocidos para todas las criaturas del universo. Eres único. Nadie es igual a tí. Sólo en tí está aceptar el camino de la felicidad, enfrentarlo y seguir siempre adelante hasta el fin.

Simplemente porque eres libre. En tí está el poder de no atarte a las cosas. Las cosas no hacen la felicidad. Te di grandes capacidades para que construyeras tu vida maravillosamente y no para que te destruyas con tonterías.

Te di el poder de pensar, te di el poder de amar, te di el poder de determinar, te di el poder de reír, te di el poder de imaginar, te di el poder de crear, te di el poder de planear, te di el poder de hablar, te di el poder de rezar… y te situé por encima de los ángeles cuando te di el poder de elección.

Te di el dominio de elegir tu propio destino, usando tu voluntad. ¿Qué has hecho de estas tremendas fuerzas que te di? No importa. De hoy en adelante, olvida tu pasado usando sabiamente ese poder de elección. Elige amar, en lugar de odiar; elige reír, en lugar de llorar; elige actuar, en lugar de aplazar; elige crecer, en lugar de consumirte; elige bendecir, en lugar de maldecir; elige vivir, en lugar de morir.

Aprende a sentir mi presencia en cada acto de tu vida. Crece cada día un poco más en el optimismo de la esperanza. Deja atrás los miedos y los sentimientos de derrota. Yo estoy a tu lado siempre.

Llámame, búscame, acuérdate de mi. Vivo en tí desde siempre y siempre te estoy esperando para amarte. Si has de venir hacia mí algún día… que sea hoy, en este momento.

Cada instante que vivas sin mí, es un instante infinito que pierdes de paz. Trata de volverte niño, simple, inocente, generoso, dador, con capacidad de asombro y capacidad para conmoverte ante la maravilla de sentirte humano, porque puedes conocer mi amor, puedes sentir una lágrima, puedes comprender el dolor…milagro.

Que te quiero feliz, con misericordia, con piedad, para que este mundo que transitas pueda acostumbrarse a reír, siempre que tú aprendas a reír.

Y si eres mi milagro, entonces usa tus dones y cambia tu medio ambiente contagiando esperanza y optimismo sin temor, porque yo estoy a tu lado.

Con todo cariño: DIOS

Carta de un Hijo a Su Padre

No me des todo lo que pido. A veces, sólo pido para ver hasta cuánto puedo lograr.

No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

Cumple tus promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es castigo.

No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos. Si tú me haces lucir mejor con los demás, alguien va a sufrir, y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.

No cambies de opinión tan a menudo, sobre lo que debo hacer. Decide y manten esa decisión.

Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender. No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal, y haces que yo pierda la fe en lo que me dices.

Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga el por qué lo hice. A veces, ni yo mismo lo sé.

Cuando estés equivocado en algo, admítelo. Así crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también. Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos.

Que seamos familia, no quiere decir que no podamos ser amigos también. No me digas que haga una cosa que tú no haces. Yo aprenderé siempre de lo que tú hagas aunque no lo digas, pero nunca aprenderé de lo que tú digas y no lo hagas.

Enséñame a amar y a conocer a Dios. Si en el colegio me quieren enseñar no importa, porque de nada vale si yo veo que tú ni conoces ni amas a Dios.

Cuando te cuente un problema mío, no me digas: "No tengo tiempo para beberías", o "eso no tiene importancia". Si te busco es porque necesito de tu ayuda y comprensión.

Quiéreme y dímelo. A mí me encanta oírtelo, aunque tú no creas necesario decírmelo.

Te quiere: Tu hijo

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