por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que busqué un árbol muerto, y lo corté. Pero luego, en la primavera, vio, desolado, que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos.
Mi padre dijo: "Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto. Había perdido todas las hojas en el invierno. Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban, y caían, como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida. Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco".
Y volviéndose hacia mí, me aconsejó: "Nunca olvides esta importante lección".
Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso, o cuando estés molesto.
Nunca tomes las más importantes decisiones, cuando estás en tu peor estado de ánimo.
Espera. Sé paciente. La tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá".
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Comprensivos, por que ellos
tendrán la amistad de sus hijos.
Cariñosos, porque serán amados por sus hijos.
Honestos, porque tendrán la verdad de sus hijos.
Que dan buen ejemplo, porque los imitarán con alegría.
Que se entienden, porque sus hijos los entenderán.
Justos, porque no serán juzgados por sus hijos.
Que acompañan a sus hijos, porque no se sentirán solos.
Que apoyan a sus hijos, porque éstos serán su apoyo.
Que siembran armonía, porque cosecharán felicidad.
Que escuchan a sus hijos, porque siempre serán atendidos.
Que consuelan a sus hijos, porque nunca les faltará consuelo.
Que velan por sus hijos, porque podrán cada noche dormir tranquilos.
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
La revista "National Geographic" publicó hace unos años, un artículo sobre algo sucedido después de un incendio en el Parque Nacional Yellowstone de los EE.UU., el mismo de las caricaturas del Oso Yogi, pero éste de verdad.
Después de sofocado el fuego empezó la labor de evaluación de daños, y fue entonces que al ir caminando por el parque, un guardabosques encontró una ave calcinada junto al pie de un árbol, en una posición bastante extraña, pues no parecía que hubiese muerto escapando o atrapada, simplemente estaba con sus alas cerradas alrededor de su cuerpo.
Cuando el impactado guardabosques la golpeó suavemente con una vara, tres pequeños polluelos vivos emergieron de debajo de las alas de su madre, quien sabiendo que sus hijos no podrían escapar del fuego, no los abandonó.
Tampoco se quedó con ellos en el nido sobre el árbol, donde el humo sube y el calor se acumula, sino que los llevó, quizás uno a uno, a la base del árbol y ahí dio su vida por salvar la de ellos.
¿Pueden imaginar la escena? El fuego rodeándolos, los polluelos asustados y la madre muy decidida, infundiéndole paz a sus hijos, como diciéndoles: "No teman, vengan bajo mis alas, nada les pasará".
Tan seguros estaban al estar ahí tocando sus plumas, aislados del fuego, que ni siquiera habían salido de ahí horas después de apagado el incendio.
Estaban totalmente confiados en la protección de su madre, y sólo al sentir el golpeteo pensaron que debían de salir.
¿Tienes a quién amar así?
¿Te ha amado alguien así?
Quien encuentra un motivo por el cual vale la pena vivir, encuentra un motivo por el cual vale la pena dar la vida.
Si tú crees que nadie te ha amado como esa madre pájaro amó a sus polluelos, creo que te equivocas, te puedo asegurar que Dios nos amó tanto que se dio a sí mismo para ser humillado y morir por ti.
Pero hoy vive y quiere hacerte sentir amado, como sólo Él puede amar, y no te costará nada, sólo invítale a vivir en ti, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio.
"El que habita al abrigo del
Altísimo, morará bajo la
sombra del Omnipotente"
Salmo 91:1
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Me sorprende cómo celebran nuestros jóvenes la llegada de sus 18 años: emborrachándose, fumando, con grandes fiestas, frecuentando lugares del todo impropios. Se presentan como adultos en la sociedad, rompiendo sus leyes.
Por el contrario, cuando un joven aborigen de la tribu Maui de las islas del Pacífico llega a la mayoría de edad, las cosas son diferentes. Se le somete a una prueba, para comprobar si es realmente maduro, adulto, y capaz de llevar una vida responsable, y de formar una familia.
El joven tiene que construir una piragua con sus propias manos y navegar, totalmente solo, por más de 500 kilómetros de mar abierto, hasta una lejana isla, de la cual debe traer una flor exótica de vuelta a casa. Debe sortear todo tipo de peligros.
Si los jóvenes en la sociedad occidental están tan lejos de ser adultos, ¿no será porque con frecuencia, los adultos les dificultamos madurar?
Es tan grande el amor de una madre…, que hasta Dios quiso tener una.
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
El pequeño Luis, de seis años, decidió una mañana prepararles hot-cakes a sus papas para desayunar.
Encontró un gran tazón y una cuchara, acercó una silla a la mesa y trató de alzar el pesado paquete de harina para abrirlo. La mitad del paquete quedó desparramado entre la mesa, la silla y el suelo.
Tomó toda la que pudo con sus manitas, y la puso dentro del tazón, y después le puso un poco de leche y azúcar, haciendo una mezcla pegajosa, que empezaba a chorrear por los bordes.
Además, habían ya pequeñas huellas de harina por toda la cocina, dejadas por él y su gatito.
Luis estaba totalmente cubierto con harina y estaba empezando a frustrarse. Él quería darles una sorpresa a sus papas, haciendo algo muy bueno, pero todo le estaba saliendo al revés. No sabía qué más había que agregar a su pasta, o si había que hornear los hot-cakes, pues ni siquiera sabía cómo usar el horno.
Cuando miró otra vez la mesa, su gatito estaba lamiendo el tazón, por lo que corrió a apartarlo de la mesa, pero por accidente se volcó el cartón de leche, y además se quebraron unos huevos que había sobre la mesa, al caer al suelo.
Intentó agacharse a limpiarlo, pero se resbaló, y quedó con toda su pijama pegajosa, llena de harina y huevo.
En ese momento, vio a su papá de pie en la puerta. Dos grandes lágrimas se asomaron a sus ojos. El sólo quería hacer algo bueno, pero en realidad había causado un gran desastre.
Estaba seguro de que su papá lo iba a regañar, y muy posiblemente a castigarlo. Pero su papá sólo lo miraba en medio de aquel desorden. Entonces, caminando encima de todo aquello, tomó en sus brazos a su hijo que lloraba y le dio un gran abrazo lleno de amor, sin importarle llenarse él mismo de harina y huevo.
Así es como Dios nos trata…
A veces tratamos de hacer las cosas bien, pero sin quererlo, terminamos haciendo un desastre. Nuestra familia se pelea, o insultamos a un amigo, o hacemos mal nuestras obligaciones, o desordenamos nuestra vida. Otras veces sólo podemos llorar, porque ya no sabemos que más hacer. Entonces, es cuando Dios nos toma en sus brazos, nos perdona y nos demuestra que nos ama, sin importarle que pueda ensuciarse con nuestra suciedad. Pero por el simple hecho de habernos equivocado, no debemos dejar de preparar algo especial para Dios, o para alguien más Tarde o temprano lo lograremos y Dios estará orgulloso de nosotros, porque no nos dimos por vencidos…