A mi Hijo

Hijo mío:

Si quieres amarme, bien puedes hacerlo, tu cariño es oro que nunca desdeño.

Mas quiero que sepas que nada me debes, soy ahora el padre, tengo los deberes.

Nunca en la alegría de verte contento, he trazado signos de tanto por ciento.

Mas ahora, mi niño, quisiera avisarte, mi agente viajero llegará a cobrarte.

Presentará un cheque de cien mil afanes, será un hijo tuyo, gota de tu sangre.

Y entonces, mi niño, como un hombre honrado, en tu propio hijo deberás pagarme.

No ames a Dios por recompensa…, sea El tu recompensa
Rudyard Kipling

En Busca del Amor

¿Estás en busca de amor? Bueno, no eres la única perso­na. A nadie le gusta la soledad, sólo que, si no estás claro en lo que es el AMOR, puedes termi­nar en una situación cargada de angustias y de miseria…

¿Sabes por qué?…

Porque las ideas torcidas conducen a destinos equivoca­dos. Mucha gente está sufrien­do, quieren amar, desean amar y el tiro siempre les sale por la culata.

Las mujeres empiezan una relación, se ilusionan, se casan y al cabo de algún tiempo termi­nan criando solas a sus hijos.

Los hombres por su parte no soportan estar lejos de su amorcito al principio de la rela­ción y al cabo de algunos años de convivencia no soportan es­tar cerca de la mujer que esco­gieron para compartir las ale­grías y las penas, la salud y la enfermedad…

¿Qué es lo que está pasando?

Sencillo: las ideas torcidas que tenemos en la mente sobre el amor nos están guiando por senderos equivocados. Así que te pregunto: ¿Deseas saber lo qué es el AMOR VERDADERO, o quieres escuchar las de­finiciones que montan los crea­dores de novelitas para seducir y engañar a las multitudes?

Si optas por la segunda, mira un comercial de cervezas, ex­plora la publicidad cercana al día de los enamorados, o escucha las canciones que transmiten por la radio. Eso sí, si luego intentas reproducir en la vida real lo que viste y escuchaste en esos me­dios, caerás en la cuenta de una gran verdad: el amor no se mon­ta sobre mundos de fantasía y quienes lo hacen fracasan en el proyecto de amar.

Ahora, si deseas saber lo que es el amor VERDADERO, de­bes comenzar por definirlo. Lee con cuidado:

El AMOR es una DECISIÓN que busca el BIEN de la perso­na amada.

Esa decisión se mantiene con la voluntad y NO DEPENDE de los sentimientos. Los sentimien­tos no son malos, son parte de las expresiones del cuerpo físi­co pero no sirven para edificar una relación de amor pura y ver­dadera…

¿Sabes por qué?

Porque los sentimientos son TEMPORALES, ninguno dura para siempre. La alegría, la pena, la euforia, el coraje y la tristeza son ejemplos de sentimientos. Nadie está alegre siempre, ni triste. Los sentimientos son emo­ciones pasajeras y el amor está llamado a la eternidad… por eso es una DECISIÓN.

Tu amas a tu pareja cuando independientemente de como te puedas sentir, buscas las cosas que le hacen bien y hay que par­tir de una base de madurez bien sólida.

Míralo así: en un carro quien guía es el piloto y al lado quien va es el copiloto.

En la relación de una pareja quien debe guiar es la razón y al lado debe ir el corazón (piloto/ copiloto, razón/corazón). Los sentimientos van en el viaje, cla­ro que sí. Sólo que su lugar, al igual que cualquier niño inquie­to, van en el asiento de atrás; ellos NO GUIAN la relación de pareja y quienes los han puesto a conducir, por lo regular termi­nan estrellándose contra una cama.

Claro, el novelista y el mer­cader del sexo te van a decir que llegar a la cama es llegar a la expresión máxima del amor. Yo te digo que quienes desnudan el cuerpo sin desnudar el alma pri­mero, descienden la relación de pareja al nivel de los animales… cuerpos que sienten, pero más allá de lo físico… no hay nada. ¿Y qué fuerza es la que nos lle­va a entregar el cuerpo aun sa­biendo que existe el riesgo de contraer una enfermedad mortal o un embarazo no deseado? Esa fuerza se llama DESEO. El de­seo nace y muere en el cuerpo físico.

El amor en cambio nace del ALMA y se fija más en las vir­tudes espirituales de la persona: (bondad, paz, simpatía, humil­dad, etc.). Cuando hay amor, el deseo se mantiene vivo. Si no hay amor, el deseo muere debi­do a que el atractivo sexual, por más fuerte que sea, se pierde.

Las razones para esa pérdi­da son tres:

1) Según las hojas del alma­ naque van cayendo, las arrugas en la piel se van levantando.

2) El gusto se pierde, todas las noches el mismo plato en la cama cansa (si no hay amor).

3) Cesa la locura de los pri­meros días debido a que el cuerpo balancea el desequilibrio hor­monal que provocó el enamora miento.

Eso del enamoramiento es muy importante. Y la verdad es que ¡es divino estar enamorado!.

Los enamorados lo expresan así: "Desde que estoy con esa persona, veo todo lindo, wow, si me toca me elevo, pienso en él (ella) día y noche… estoy tan ilusionad®…" y dicen bien, es­tán ILUSIONADOS pero, ¿qué es una ilusión?… Una ilusión es una percepción falsa de la realidad.

En otras palabras, el enamo­ramiento nos pone en un ESTA­DO DE LOCURA temporal, nos ciega y cuando abrimos los ojos (20 a 22 meses después del primer contacto sexual) ya es tarde… ya están casados.

Y dicho sea de paso, el ma­trimonio lo que te da es una base para que continúes creciendo en el proyecto de amar a tu pareja.

Si lo asumes desde la verdad, verás que el matrimonio se con­vierte en la Institución que más felicidad le puede otorgar a la pareja. Si lo asumes desde es­quemas falsos, te veré divor­ciad® y a tus hijos pagando las consecuencias de tus decisiones.

Qué pena, usaron las caricias como gasolina para apagar el fuego de la pasión y terminaron quemándose…

Es claro, el sexo NO PUE­DE mantener a una pareja uni­da, sólo el amor logra ese pro­yecto y si es verdadero… sabrá esperar.

¿Quieres amar? ¿Sí? Bien, pues rompe los límites de tu propio egoísmo, date al nece­sitado, al que no te pueda co­rresponder, ayuda al caído, consuela al afligido.

El Verdadero Sentido del Amor en las Parejas

Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio.

Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando éste se apaga, en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.

El maestro les dijo que respe­taba su opinión, pero les relatólo siguiente: "Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Cayó.

Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, rebasando, sin respetar los altos, condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido. Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdo tas. Él pidió a mi hermano teólogo que le dijera, dónde estaría mamá en ese momento.

Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturó cómo y dónde estaría ella. Mi padre escuchaba con gran atención.

De pronto pidió: "llévenme al cementerio". "Papá" respondi­mos "¡Son las 11 de la noche! ¡No podemos ir al cementerio ahora!"

Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: "No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años".

Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, lloró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos: "Fueron 55 buenos años… saben?. Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara. "Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis, cambio de empleo", continuó: "Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad.

Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad y perdonamos nuestros errores…" "Hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben por qué?, porque se fue antes que yo; no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera…"

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló: "Todo está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día". Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, más bien se vincula al trabajo y al cuidado que se profesan dos personas realmente comprome­tidas.

Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universita­rios no pudieron debatirle. Ese tipo de amor era algo que no conocían.

El Corazón Perfecto

Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el co­razón más hermoso de toda la comarca. Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños.

Sí, coincidieron todos que era el corazón joven más hermoso que hubieran visto.

Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

De pronto un anciano se acercó y dijo: "¿Por qué dices eso, si tu corazón no es ni aproximadamente tan hermoso como el mío?". Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reem­plazados por otros que no en­cajaban perfectamente en el lu­gar, pues se veían bordes y aris­tas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos,

donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se so­brecogió.

-¿Cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?, pen­saron …

El joven contempló el cora­zón del anciano y al ver su esta­do desgarbado, se echó a reír.

"Debes estar bromeando", dijo. "Compara tu corazón con el mío…, el mío es perfecto, en cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor."

"Es cierto," dijo el anciano, "tu corazón luce perfecto, pero yo JAMÁS me involucraría con­tigo… Mira, cada cicatriz repre­senta una persona a la cual en­tregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entre­gárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos, a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lu­gar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me ale­gro, porque al poseerlos me re­cuerdan el amor que hemos compartido".

"Hubo oportunidades en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona NO me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí que­daron los huecos".

"DAR AMOR ES ARRIESGARSE, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, ME RECUERDAN QUE LOS SIGO AMANDO Y ALIMENTAN LA ESPERAN­ZA, QUE ALGÚN DÍA -tal vez- REGRESEN Y LLENEN EL VACÍO QUE HAN DEJA­DO EN MI CORAZÓN".

"¿Comprendes ahora lo que es VERDADERAMENTE her­moso?".

El joven permaneció en silen­cio, lágrimas corrían por sus mejillas.

Se acercó al anciano, arran­có un trozo de su hermoso y jo­ven corazón y se lo ofreció.

El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.

El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

¡Desde aquí puedo ver lo HERMOSO que es TU CORA­ZÓN!

¡Que tengas un lindo día! ¡El más HERMOSO!

Recibe TU un pedazo de MI CORAZÓN…

Con mi cariño de siempre. ¡Verdaderamente vales mucho para mí!

"Usa el corazón y llenarás tu alma de alegrías.

CUÁNDO MUERES NO TE LLEVAS NADA MATERIAL

"Lo único que tendrás… es tu alma…

la que llenaste de alegrías …o tristezas,

…y sólo eso te llevarás".

Donando Sangre

Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de Stanford, conocí a una niñita llamada Liz quien su­fría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recupe­rarse aparentemente era una transfusión de sangre de su her­mano de 5 años, quien había so­brevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había de­sarrollado los anticuerpos nece­sarios para combatirla. El doc­tor explicó la situación al herma­no de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su san­gre a su hermana. Yo lo vi dudar por sólo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir:

"Sí, lo haré, si eso salva a Liz". la transfusión conti­nuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su herma­na, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su herma­na, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Entonces, la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: "¿A qué hora empe­zaré a morirme?

Siendo sólo un niño, no había comprendido al doctor; él pen­saba que le daría toda su sangre a su hermana. Y aún así se la daba.

DA TODO POR QUIEN AMES.

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