La belleza

La belleza siempre impacta.

Nadie puede dejar de reconocer que la belleza física es un factor deseable y deseado, y que en primera instancia, puede abrir muchas puertas.
Pero más allá de favorecer un primer acercamiento, no asegura nada.

La belleza física, de por sí, no puede asegurar la perpetuidad o la continuidad de los sentimientos despertados por la persona que la posee.

La belleza interna, la belleza del espíritu, en cambio, puede perpetuar los sentimientos y hacer que los mismos perduren, incluso después de la muerte… y en el recuerdo.

Y además, con la belleza interior sucede un fenómeno opuesto a lo que sucede con la belleza externa.

El paso de los años desluce inexorablemente las bondades del cuerpo. Y aunque se lo cultive y hasta se lo someta a cirugías, su belleza decrece con los años.

En cambio, para quienes cultivan lo lindo de su interior, con el paso del tiempo ocurre lo contrario:
El cuerpo envejece, pero el espíritu se hace cada vez más noble y más hermoso.

Por eso cuidemos nuestro cuerpo, es importante. Pero fundamentalmente cuidemos nuestro espíritu, ya que es muchísimo más importante.

Y enseñemos a cultivar y valorar la belleza interior.

Esa, que es la que despierta sentimientos verdaderamente auténticos y duraderos, que son, en definitiva… los únicos que sirven.

El que no lleva la belleza dentro de alma, no la encontrará en ninguna parte. Noel

"El mejor cosmético para la belleza es la felicidad."
Condesa de Blesington

" Comprender la belleza significa poseerla."
Wilhelm Lübke

Información, ¿en qué le puedo ayudar?

Cuando yo era niño, mi padre tenía uno de los primeros teléfonos de nuestro vecindario. Recuerdo bien la vieja caja pulida clavada a la pared, y el brillante auricular colgado en el lateral de la caja. Yo era demasiado pequeño para alcanzar el teléfono, pero solía escuchar con fascinación cuando mi madre hablaba por él.

Entonces descubrí que en alguna parte dentro de ese maravilloso dispositivo, vivía una
extraña persona - su nombre era "Información" y no había nada que ella no supiera.

"Información", podía proporcionarte el teléfono de cualquiera y la hora exacta.

Mi primera experiencia personal con este "genio de la lámpara" llegó un día mientras mi madre visitaba a un vecino. Divirtiéndome con el cajón de herramientas del sótano, me aplasté el dedo con un martillo. El dolor era terrible, pero allí no parecía haber ninguna razón para llorar, porque en casa no había nadie que me pudiera consolar.

Caminé de un lado a otro por la casa, chupando mi dedo palpitante, y finalmente llegué a la escalera. ¡El teléfono! Rápidamente corrí por el taburete en el recibidor, y lo arrastré hasta el rellano de la escalera. Subiéndome a él, descolgué el receptor y lo mantuve junto a mi oreja.

  • Información, en qué lo puedo ayudar, - una vocecita clara habló en mi oído.

Dije al micrófono justo sobre mi cabeza:

  • Información. Me he lastimado el dedo… - gemí al teléfono. Las lágrimas llegaron sin demasiado esfuerzo, ahora que tenía audiencia.
  • ¿No está tu madre en casa? - preguntó. - Nadie más que yo está en casa - sollocé.
  • ¿Estás sangrando? - No - repliqué. Me he golpeado el dedo con el martillo, y me duele.
  • ¿Puedes abrir la nevera? –preguntó Dije que podía.
  • Entonces corta un trocito de hielo, y mantenlo junto a tu dedo - dijo la voz.

Después de aquello, llamaba á "Información, ¿en qué le puedo ayudar?" para cualquier cosa. La llamé para que me ayudara con la geografía y me dijo dónde estaba Canadá.

Me ayudó con las matemáticas. Me dijo que mi ardilla, que había agarrado en el parque justo un día de antes, ¡cometía frutas y nueces. Por aquel entonces, Petey, nuestro canario, murió. Llamé a "Información, ¿en qué le puedo ayudar?" y le conté la triste historia. Ella escuchó, y después dijo lo que usualmente los adultos dicen para consolar a un niño. Pero yo estaba desconsolado. Le pregunté:

  • ¿Por qué los pájaros pueden cantar tan bellamente y llevar alegría a todas las familias, sólo para acabar como un montón de plumas en el fondo de la jaula? Ella debió sentir mi profunda ^inquietud, porque dijo sencillamente:
  • Paúl, recuerda siempre que ¡hay otros mundos donde cantar.

De alguna forma me sentí mejor. Otro día estaba en el teléfono.

  • Información, ¿en qué lo puedo ayudar?
  • Información -dijo la ahora familiar voz-. ¿Cómo se deletrea aprieto? - pregunté.

Y todo ello tuvo lugar en un pequeño pueblo en el Noroeste de la costa del Pacífico.

Cuando tenía 9 años me mudé a través del país a Boston. Eché mucho de menos a mi amiga. "Información, ¿en qué le puedo ayudar?" pertenecía a aquella vieja caja de madera allá en casa, y de ningún modo pensé intentarlo con el increíble y brillante nuevo teléfono situado en la mesa en el recibidor.

Cuando llegué a la adolescencia, las memorias de aquellas conversaciones infantiles, en realidad nunca me abandonaron. A menudo, en momentos de duda y confusión, podía apelar a una serena seguridad y la tenía. Apreciaba ahora cuan paciente, comprensiva y amable era ella, para haber gastado su tiempo en un niño pequeño.

Unos pocos años más tarde, en mi ruta hacia el oeste hacia la universidad, mi avión aterrizó en Seattle. Tenía algo así como media hora entre avión y avión. Pasé alrededor de 15 minutos al teléfono con mi hermana, que en ese tiempo vivía allí. Entonces, sin pensar en lo que estaba haciendo, marqué a la operadora de mi pueblo natal. Milagrosamente, oí la menuda y clara voz que conocía tan bien, "Información".

No lo había planeado, pero me oí a mí mismo diciendo: - ¿Puede decirme cómo se deletrea aprieto?

Hubo una larga pausa. Entonces vino la respuesta en voz baja.

  • Supongo que tu dedo ya debe estar curado. - Así que realmente eres tú aún - dije y reí.
  • Me pregunto si tienes idea de cuánto significaste para mí en aquel tiempo.
  • Me pregunto, -dijo ella-, si sabes lo mucho que tus llamadas significaban para mí. Nunca he tenido hijos, y solía esperar tus llamadas.

Le dije cuan a menudo había pensado en ella a lo largo de los años, y le pregunté si podía llamarla de nuevo, cuando volviera a visitar a mi hermana.

  • Por favor, hazlo -dijo-. Pregunta por Sally.
    Tres meses después estaba de vuelta en Seattle. Una voz diferente contestó.
  • Información. Pregunté por Sally. - ¿Es usted un amigo? - dijo ella. - Sí, un muy antiguo amigo - respondí. - Siento tener que decirle esto -dijo-. Sally había estado trabajando medio tiempo los últimos años, porque estaba enferma. Murió hace cinco semanas.

Antes de que pudiera colgar dijo: - Espere un momento. ¿Dijo que su nombre era Paúl?

-Sí.

  • Bien, Sally dejó un mensaje para usted. Lo anotó por si usted llamaba. Déjeme leérselo.

La nota decía, "Dile que aún digo que hay otros mundos donde cantar. Él sabrá lo que quiero decir".
Le di las gracias y colgué. Sabía lo que Sally quería decir.

Cualquiera que sea la pregunta, amor es la respuesta.

Honor

El ambiente estaba cargado de mucha tensión. Rosa Elliot llegó a la cuarta ronda del concurso nacional de ortografía. Se le había pedido a la pequeña de 11 años que deletreara la palabra "admisión". Ella lo hizo, con su suave acento sureño, pero los jueces no fueron capaces de determinar si había pronunciado una "o" o una "a" como letra antepenúltima.

Debatieron entre sí por varios minutos mientras escuchaban las grabaciones. Sin embargo, la letra decisiva tenía su acento demasiado marcado como para descifrarla. Finalmente, el jefe de los jueces le pregunto a la única persona que conocía la respuesta.

  • ¿Disculpa, Rosa, dijiste una letra "a" o una "o"? - le preguntó.

En ese momento, estando rodeada por jóvenes concursantes que murmuraban entre ellos, Rosa sabía el correcto deletreo de la palabra. Tranquilamente, sin titubear, contestó que había pronunciado mal la palabra y se fue del escenario.

Todo el auditorio se puso de pie y aplaudió, incluyendo unos cincuenta reporteros gráficos. El momento fue emocionante y lleno de orgullo para sus padres. Aun vencida era victoriosa. En efecto, con el pasar de los años, ¡se escribió más acerca de Rosa, que sobre el "desconocido" ganador del concurso!

Ser una persona que ama la verdad, aun cuando ésta va en contra de uno, nos reviste de gran honor…

EL HONOR ES MEJOR QUE LOS HONORES

"La sabiduría termina cuando nuestro sueño es tan alto
que lo perdemos de vista mientras tratamos de
alcanzarlo"

¿Has tenido contacto con Dios?

¿Has visto el rostro de ¡Dios?
Si respondes que no, entonces:

  • No lo has contemplado en un amanecer o un atardecer.
  • No te has deleitado, al mirar el rostro o la sonrisa de un niño.
  • No lo has visto reflejado en I el rocío de una rosa.

¿Has sentido a Dios?
Si respondes que no, entonces no lo has advertido:

  • Cuando tienes frío y los rayos de sol penetran en tus huesos.
  • Cuando el viento se abraza a tu cuerpo.
  • Cuando el agua refresca tu sed.
  • Cuando un amigo te abraza en tu soledad.
  • Cuando tu corazón se complace en dar y no en recibir.

¿Has percibido a Dios?
Si respondes que no, entonces no lo has percibido:

  • Cuando se extiende la fragancia de cientos de rosas.
  • Cuando el olor del mar se esparce por el aire al caminar en 1 un atardecer.
  • Cuando respiras al despertar.

¿Has oído a Dios llorar?

Si respondes que no, entonces no lo has escuchado:

  • Cuando un niño es agredido o abandonado.
  • Cuando lo olvidamos y le damos la espalda.
  • Cuando vivimos para el mundo y no para El.
  • Cuando no lo amamos.
  • Cuando sólo pensamos en El por problemas o enfermedad.
  • Cuando tomamos malas decisiones y lo culpamos a Él de los malos resultados.
  • Cuando triunfamos y nos creemos igual que El y fue

El quien hizo todo.
¿Has visto los ojos de Dios?

Si respondes que no, entonces no lo has mirado:

  • En la inmensidad de un cielo estrellado.
  • En la inocencia de un niño.
    ¿Has escuchado la voz de Dios?

Si respondes que no, entonces no has querido escuchar:

  • Tu conciencia cuando te resistes a oír la verdad sobre ti y tus pecados.

¿Has visto la creatividad de Dios?

  • Cuando unió el óvulo y un espermatozoide y te creó a ti.

Siempre Dios está presente en todo, pero aún así tú te resistes a su verdad:

"HE ESTADO CON USTEDES Y AÚN NO ME RECONOCEN” Jn 14,9)

Haría cualquier cosa

Jack tenía parálisis cerebral. Era cuadripléjico y empleaba el restringido movimiento que tenía en una mano para empujar la palanca que movía su silla de ruedas eléctrica. A pesar de que no era alumno mío, a menudo asistía a mis conferencias y participaba en grupos de discusión. Yo tenía dificultades para entender lo que decía, y confiaba en gran medida en sus compañeros de clase para que lo interpretaran. El compartía sus preocupaciones y frustraciones personales conmigo, conmoviéndose profundamente. ¡Era valiente para ser tan vulnerable!

Un día, después de clase, Jack se me acercó y dijo que quería trabajar. En ese momento yo estaba entrenando a adultos gravemente discapacitados, para trabajar en puestos dentro y fuera del campus en la Universidad. Le pregunté:

  • ¿Dónde?
  • Con usted, en la cafetería -me respondió.
    Asombrada en el primer instante, pensé en las destrezas necesarias para limpiar mesas, cargar lavaplatos, barrer, pasar el trapo, ordenar provisiones, etcétera.

¿Cómo podría una persona cuadripléjica intervenir en ese tipo de programa de formación? No pude responderle. Tenía la mente en blanco.

  • ¿Qué te gustaría hacer, Jack? - le pregunté, esperando que tuviera algo pensado.

Su respuesta fue firme:

  • ¡Haría cualquier cosa! - me dijo con una sonrisa.
    ¡Oh, cómo me gustó su ánimo y su voluntad, y cuánto admiré su convicción!

Acordamos encontrarnos en la cafetería a las diez de la mañana del otro día.

Me pregunté si sería puntual. ¿Podía siquiera leer la hora?

A la mañana siguiente, oí su silla de ruedas quince minutos antes de la cita. En silencio imploré consejo y lucidez.

A las diez de la mañana nos encontramos. A las diez y un minuto, Jack estaba listo para empezar a trabajar. Su entusiasmo hacía que su forma ; de hablar fuera todavía más difícil de entender. En mi esfuerzo por encontrar una manera de que Jack participara de manera significativa en un programa vocacional de formación, me enfrenté con un obstáculo tras otro.

Su silla de ruedas impedía que se acercara demasiado a las mesas. Era incapaz de usar las manos, salvo para apretar.

Intenté algunas adaptaciones sin éxito. Al ver mi frustración, un preceptor de buen corazón se ofreció para ayudar. En media hora había encontrado una solución. Acortó el mango de un cepillo, para que cupiera cómodamente bajo el brazo de Jack y pudiera ser manipulado con una mano.

El cepillo se ubicó de tal manera que pudiera alcanzar la tabla de las mesas. Con la otra mano, Jack impulsaba su silla, limpiando la superficie de las mesas mientras se movía.

¡Jack estaba en el cielo! Se sentía orgullosísimo de ser un participante activo, y no sólo un observador.

Cuando lo miraba, advertía que podía sacar las sillas de su camino, usando su silla de ruedas. Se creó un nuevo trabajo para Jack: apartar las sillas de las mesas que estaban diseñadas para sillas de. ruedas, y alinearlas contra la pared, fuera del camino. Jack cumplía ese trabajo con gusto y orgullo.

¡Su autoestima rebasaba! ¡Por fin se sentía capaz y digno!

Un día, Jack se me acercó cubierto de lágrimas. Cuando le pregunté qué pasaba, me explicó que la gente no lo dejaba hacer su trabajo. Al principio no entendí lo que quería decir, luego lo observé tratando de mover las sillas.

Le costaba tanto esfuerzo, que los alumnos bienintencionados pensaban que estaba luchando para sacar las sillas de su camino, y las movían para dejarle el campo libre. Él trataba de explicar, pero nadie se tomaba el trabajo de escucharlo. El problema se resolvió cuando hice estas tarjetas, para que Jack llevara sobre su bandeja:

¡Hola! Mi nombre es Jack. Trabajo en la cafetería. Mi tarea es limpiar mesas y mover ciertas sillas
hacia la pared. Si quieren ayudarme, POR FAVOR denme una gran sonrisa y díganme qué buen trabajo estoy haciendo.

Jack desplegaba y compartía estas tarjetas orgullosamente. Los estudiantes empezaron a tomarse a Jack y su trabajo en serio. Ese semestre experimentó la autoestima que se siente cuando uno percibe que es reconocido y apoyado.

Su voluntad siempre será una inspiración para mí cuando busco y encuentro, para mis alumnos y para mí, nuevos caminos tendientes a superar los obstáculos de la vida, y ser lo mejor que podemos con los talentos que Dios nos dio.

Dolly Trout

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