El guardián perfecto

Un hombre se introdujo en la huerta de un vecino para robarle maíz. Llevó consigo a su hijito para que hiciera el papel de guardián y le avisara si se aproximaba alguien. Antes de comenzar, verificó que no hubiera nadie en los alrededores.

Miró a un lado y luego al otro. Al no ver a nadie, se disponía a llenar la bolsa que llevaba consigo, cuando de repente el niño exclamó:

  • ¡Papá, te olvidaste de mirar donde la busques, en otra dirección!
    Suponiendo que se acercaba alguien, guardó rápidamente la bolsa y le preguntó a su hijo en voz baja:
  • ¿Dónde? Este le respondió:
  • ¡Te olvidaste de mirar hacia arriba!

Al padre le remordió la conciencia, tomó a su hijo de la mano y emprendió el regreso a casa, sin el maíz que había planeado robar.

La conciencia es la luz de la inteligencia, es la que sabe distinguir el bien del mal.

El grillo

Un newyorkino y su amigo paseaban por el bullicioso sector de Times Square, en el centro de Manhattan, a la hora del almuerzo. En medio del infernal ruido producido simultáneamente por bocinas, sirenas, altoparlantes, música a todo volumen y miles de personas hablando al mismo ¡ tiempo, el muchacho dijo:

  • Estoy oyendo un grillo.
  • ¿Qué? ¡Debes estar loco! -replicó su amigo-, ¡no es posible que puedas escuchar un grillo en medio de todo este ruido!

Sin decir nada, el muchacho caminó hacia una maseta con flores que había en la acera, y tras una ligera búsqueda, extrajo de allí un pequeño grillo.

El amigo, sorprendido, dijo:

  • Esto es extraordinario, debes tener los oídos de Superman.
  • No -respondió el otro-, mis oídos son iguales a los tuyos. Todo depende de lo que a uno le interese escuchar.

Para demostrar lo que decía, sacó de su bolsillo varias monedas y discretamente las dejó caer al piso. El sonido producido por las monedas al tocar el suelo provocó que varios de los transeúntes voltearan la cara, curiosos por saber a quién se le había caído el dinero.

¿Ves lo que te digo? -insistió el newyorkino-, el sonido del dinero lo escucharon todos, pero el del grillo no. Todo depende de qué es importante para ti.

Y para usted, ¿qué es importante? ¿Qué quiere usted escuchar? Alguna gente dice que no puede oír a Dios porque El nunca nos habla. Pero quizás ellos no lo pueden ver o escuchar porque ése no es el sonido que quieren oír. Pueden escuchar la moneda que cae al piso, pero son incapaces de captar el chirrido del grillo.

Dice una canción "no busques a Cristo en lo alto, ni lo busques en la oscuridad, mucho menos entre la multitud, pues muy dentro de ti, en tu corazón, puedes adorar a tu Señor".

Dios es esa musiquita que queremos acallar dentro de nuestro ser, pero estamos tan preocupados por el escándalo del medio, que no la escuchamos.

El espejo que embellece

El horrible ogro que todos odiaban compró en la tienda un espejo de su propio tamaño.
Lo colocó en uno de los muros de su castillo. Podía verse en el espejo de cuerpo entero.

El vendedor le había asegurado algo que terminó por convencerlo.

  • Este espejo lo embellecerá, mi excelentísimo señor, se verá usted en él como siempre quiso verse.

Pasaba horas el ogro frente al espejo, comprobando sus bondades.

Era cierta la promesa del tendero; podía verse allí como siempre había soñado ser.

Cambió el ogro su mirada sobre sí mismo y consiguió que todos lo vieran distinto, a pesar de que su cuerpo no se había transformado. Ya no era tan horrible para los demás, porque había comenzado a embellecerse para él. Ya no era odiado por todos, porque había aprendido a quererse en el espejo.

Descúbrete a ti mismo con amor, para que los demás comiencen a quererte.

El equilibrista

En una muy importante ciudad se habían construido dos rascacielos impresionantemente altos, a treinta metros de distancia uno del otro. Un famoso equilibrista puso una cuerda en lo más alto de estos edificios, de extremo a extremo, con el fin de pasar caminando sobre ella. Antes dijo a la multitud expectante:

  • Me subiré y cruzaré sobre la cuerda, pero necesito que ustedes crean en mí y tengan confianza en que lo voy a lograr…
  • Claro que sí, respondieron todos al mismo tiempo.
    Subió por el elevador y, ayudándose de una vara de equilibrio, comenzó a atravesar de un edificio a otro sobre la cuerda floja.

Habiendo logrado la hazaña, bajó y dijo a la multitud, que le aplaudía emocionada.

  • Ahora voy a pasar por segunda ocasión, pero sin la ayuda de la vara. Por tanto, más que antes, necesito su confianza y su fe en mí.

El equilibrista subió por el elevador y luego comenzó a cruzar lentamente de un edificio hasta el otro. La gente estaba muda de asombro y aplaudía.

Entonces el equilibrista bajó y en medio de las ovaciones, por tercera vez dijo:

  • Ahora pasaré por última vez, pero será llevando una carretilla sobre la cuerda…

Necesito, más que nunca, que crean y confíen en mí. '

La multitud guardaba un tenso silencio. Nadie se atrevía a creer que esto fuera posible…

  • Basta que una sola persona confíe en mí y lo haré, afirmó el equilibrista.

Entonces uno de los que estaba atrás gritó:

  • Sí, sí, yo creo en ti; tú puedes. Yo confío en ti…

El equilibrista, para certificar su confianza, lo retó:

  • Si de verdad confías en mí, ven conmigo y súbete a la carretilla…

Cuando creas en ti mismo y contemples tu alma, viéndola divina y preciosa, te convertirás automáticamente en un ser que puede crear un milagro.

Donando amor

Un periódico de Tokio, ha publicado la noticia de un donante anónimo que ha entregado 10 millones de yens (moneda japonesa) a la cruz Roja para refugiados de Camboya en Tailandia.

La donante, ha explicado el motivo de su decisión con estas palabras:

  • Hoy, al ver en la televisión la noticia en vivo de la situación de hambre y desnutrición de tantos niños, un primer plano mostraba a un niño famélico alargando la mano y pidiendo comida.

    Mi nietecito se ha quitado el "omochi" (pastel de arroz) de la boca y se ha ido a la pantalla de la televisión para dárselo al niño hambriento. El no habla porque es muy pequeño, yo hago este donativo con su corazón.

Tomado de: "Niñez Misionera"

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