por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 6
Hace muchísimos años, en una pequeña ciudad, vivía una viuda con su único hijo. Cuando creyó que estaba cerca de su final llamó a su hijo y le dijo:
- Hemos vivido en dificultades porque somos pobres, pero te entrego esta riqueza. Este libro me lo regaló un poderoso mago, y dentro de sus páginas están todas las indicaciones necesarias para hallar un gran tesoro. Yo no he tenido ni fuerza ni tiempo para leerlo, pero ahora te lo doy a ti. Sigue las instrucciones y llegarás a ser rico.
El hijo, después de haber superado la tristeza por la pérdida de su madre, empezó a leer aquel grueso libro, antiguo y precioso que comenzaba así: Para llegar al tesoro debes leer página por página. Si te saltas alguna página por leer el final del libro, desaparecerá por arte de magia y no podrás encontrar el tesoro. Y prosiguió describiendo las riquezas.
Pero después de la primera página, el texto continuaba en lengua árabe. El joven, que ya se imaginaba rico, para no correr el riesgo de que otro se entere, se puso a estudiar árabe, hasta que pudo leer sin problema. Pero con sorpresa advirtió que mas adelante, el libro continuaba en chino y en otros idiomas. El joven, con paciencia, estudió cada idioma.
Mientras tanto, para poder sostenerse, aprovechó el conocimiento de varias lenguas y comenzó a ser conocido en la ciudad como el mejor intérprete, de tal modo que ya su situación económica no era tan difícil.
El libro continuaba con las instrucciones para administrar el tesoro. El joven estudió con
mucha voluntad comercio y economía. Se capacitó sobre los bienes muebles e inmuebles, para que no lo engañaran cuando tuviera el tesoro.
A su vez, aprovechó para adquirir nuevos conocimientos, a tal punto que su fama se extendía hasta la corte, donde lo nombraron administrador general.
El libro, por fin, se adentraba en lo único en cuestión, indicando la forma de cómo construir un puente, cómo usar los instrumentos para llegar al lugar, cómo abrir las puertas de piedra, apartando la tierra.
Enseñaba cómo aplanar una calle; siempre con la idea de que nadie lo ayudara, para no confiar su secreto.
El hijo de la viuda, quien había llegado a ser un hombre muy culto y respetado, estudió ingeniería y urbanismo. Al ver el rey su valor y cultura, lo nombró ministro y arquitecto de la corte.
Finalmente primer ministro. No existía en el reino un hombre tan culto e inteligente, el cual había llegado al final de la lectura. El día en que se casaba con la hija del rey llegó a la última frase de todo el libro y por fin pudo leer:
La más grande riqueza es el CONOCIMIENTO
DESEO: tener metas y luchar por alcanzarlas con dedicación y |ganas, sin miedo al fracaso. ¡Querer es poder!
DETERMINACIÓN: perseverar, no obstante. Insistir con paciencia, y si se falla, volver a empezar.
DISCIPLINA: dedicar a esa meta tiempo e interés, ser fiel a sus principios y a un proceso ordenado. Igual que el atleta a su entrenamiento, o el artista a su ensayo.
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 6
Había un leñador llamado Manuel, quien cortaba con su hacha 10 árboles semanales; luego, a la siguiente semana cortó únicamente 4 árboles, la tercera semana cortó 3 árboles y así sucesivamente iba disminuyendo su producción y su fuerza.
Preocupado su vecino José que le observaba, se acerca y le pregunta a Manuel…
- ¿Manuel, qué es lo que te está ocurriendo, por qué razón estás bajando tu producción? Veo que cada día te levantas más temprano, trabajas más duro y casi no te das tiempo para comer… y te veo cada vez más delgado, triste y desmotivado. ¿Cuál es el problema?
Desde luego que Manuel no supo responderle…
¿Saben ustedes entonces dónde estaba el problema? ¡EN EL HACHA (su herramienta)!, pues se desafilaba cada día más y no la volvía a afilar.
Debemos ser muy objetivos en esta vida. Muchas veces nos empieza a ir mal en algo pero no sabemos por qué. ¿Cuántas personas se enferman y no se les encuentra nada físico? Y el problema es una depresión o un sentimiento, ya sea de odio, rencor, dolor o malos recuerdos.
Analicemos bien nuestras vidas y donde veamos que tenemos problemas, detengámonos a pensar cómo están nuestras relaciones con las otras personas y con Dios mismo. Después de todo, ¿con quién sino con tu creador debes tener una excelente relación?
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 6
Un anciano vendía juguetes en el mercado.
Sus compradores, sabiendo que tenía la vista muy débil, le pagaban de vez en cuando con monedas falsas. El anciano se daba cuenta, pero no decía nada. En sus oraciones, pedía a Dios que perdonara a todos los que lo engañaban.
- Tal vez tengan poco dinero, y quieren comprar regalos a sus hijos - se decía.
Pasó el tiempo y el hombre se murió. Delante de las puertas del paraíso, rezó una vez más:
- ¡Señor! -dijo-. Soy un pecador. Cometí muchos errores, no soy mejor que las monedas falsas que recibí. ¡Perdóname!
En ese momento se abrieron las puertas y dijo una voz:
- ¿Perdonar qué? ¿Cómo puedo juzgar a alguien que, en toda su vida, jamás juzgó a los demás?
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 6
Había una vez un palacio cercado por cuatro murallas.
La exterior ceñía a la ciudad donde vivían los subditos. Dentro de la ciudad se formaba una segunda muralla, que rodeaba un magnífico jardín donde había todas las frutas y flores imaginables. Dentro del jardín había una tercera muralla protegida por el ejército de su majestad. La cuarta muralla rodeaba el palacio, con incontables torres que se elevaban hacia el cielo.
Cuando el pequeño príncipe, hijo del rey, tenía siete años, se había contratado una banda de gitanos para entretener a la corte. Usaban alegres ropas coloridas, y tenían como atracción un oso bailarín.
Por la noche, el rey fue hasta la habitación de su hijo para desearle, como todas las noches, un sueño feliz, pero no lo encontró. Por más que lo buscó por todas las dependencias del palacio no lo pudo encontrar, y esto le provocó una enorme angustia.
Finalmente entendió que su hijo había desaparecido con lo gitanos, e inmediatamente movilizó a todo su ejército para encontrarlo, pero lamentablemente, y para la mayor tristeza del rey, el pequeño príncipe no apareció.
Pasaron muchos años durante los cuales el hijo del rey se crió entre los gitanos. Al niño se le habían olvidado el resplandor del palacio, sus lujos y su familia; sus amigos, las fiestas y todo lo que había en su vida como hijo del rey.
Cierto día, la noticia de que el rey estaba agonizando llegó hasta el pueblo de estos gitanos. El rey pedía que el príncipe volviera para coronarse.
Prometía, además, que la persona que lo trajera ganaría una recompensa enorme. Como los gitanos pretendían ganar esa recompensa, lo llevaron al palacio enseguida.
Pasaron por la puerta de la primera muralla, y el joven miró la ciudad a su alrededor. No reconocía nada. Siguiendo su camino, pasaron por la segunda muralla, y entraron al jardín de las hermosas flores y frutas maduras.
El joven tuvo una agradable sensación, pero aún no reconocía su entorno.
Al pasar por la tercera muralla vio a un grupo de soldados que desfilaban. Entonces llegó a la puerta de la cuarta muralla. Allí,uno de los gitanos que lo acompañaba habló con el guardia que la protegía y, finalmente, los dejó pasar.
El joven observaba asombrado las paredes recubiertas de oro, y el gran lujo que se desplegaba ante su vista.
- Hoy verás al rey -le dijo el gitano-, él te dará los regalos más hermosos, oro y joyas, todo lo que tú quieras.
Cuando el joven fue llevado ante el rey, éste lo reconoció como su hijo, y con mucha emoción, tomándolo en sus brazos, le dijo:
- El reino es tuyo. Puedes tener lo que desees. ¿Cuál es tu voluntad?
El príncipe miró a su alrededor y se miró a sí mismo, sus pies descalzos y su ropa rasgada. Vio el trono esculpido en plata brillante, pero no recordaba nada.
Finalmente dirigiéndose al rey, le dijo lo siguiente:
- Yo quisiera tener ropas abrigadas y un par de zapatos fuertes. Sería maravilloso.
Todos somos como el pequeño príncipe. Siempre pedimos cosas pequeñas y nos olvidamos que el mundo entero, y eso incluye la gloria de Dios, es nuestro. Nos la pasamos tratando de obtener apenas lo mínimo necesario para sobrevivir el momento, sin recordar que somos los hijos del Rey, nuestro Dios
La verdad es que somos hijos del Rey, pero también es verdad que vivimos sin la conciencia de que, como hijos del Rey, podemos elevar nuestras vidas, nuestros propósitos, nuestras metas e ideales. Y aun así nuestra vida transcurre como si fuéramos mendigos. Corremos tras las necesidades más inmediatas y simples, sin fijarnos en lo que realmente es importante.
Este relato es una invitación para que meditemos y recordemos cuál es el propósito de nuestra existencia y cuál debería ser nuestra forma de enfrentar el destino. No como los que apenas buscan el hoy que termina con la puesta del sol, sino como verdaderos hijos del Rey que somos.
Marcelo Rittner
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 6
Cuentan que en la periferia de una ciudad Canadiense, en un soleado día de invierno, dos niños patinaban alegremente sobre una laguna congelada.
Los niños no se habían percatado que en el centro de la laguna yacía una bandera roja que anunciaba hielo delgado, porque se había caído sobre el hielo por una ráfaga de viento.
Los niños jugaban alegremente sin preocupación, al no percibir el peligro que corrían. Cuando de pronto, el hielo se reventó, y uno de los niños cayó al agua.
El otro niño, viendo que su amiguito era llevado por la ligera corriente unos metros más lejos y se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas, hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.
Un automovilista que pasaba dio la alarma, y corrió con una manta a socorrerlos, pero no se atrevía a ir más allá de la orilla, por temor al hielo quebradizo.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: ¿Cómo un niño tan pequeño fue capaz de romper un hielo de más de dos pulgadas de ancho?
- ¡¡¡El hielo está muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar con esa piedra y sus manos tan pequeñas!!!
En ese instante apareció un anciano, quien les dijo:
- Yo sé cómo lo hizo.
- ¿Cómo? - le preguntaron al anciano quien contestó:
- No había nadie a su alrededor, para decirle que era imposible que lo pudiera hacer.
Si QUIERES HACER ALBO EN LA VIDA, NO CREAS EN LA PALAPRA “IMPOSIBLE.”