¿Cómo son los ángeles mamá?

El niño pregunta a su madre:

  • ¿Van al colegio los ángeles?, ¿se tienen que comer toda la sopa y lavarse los dientes, mamá?
  • Hijo querido, los ángeles no son niños. ¡Son seres que viven en el cielo!
  • ¡Mamá! ¿y tienen muchos amigos para jugar los domingos?, ¿y rompen los pantalones buscando en los árboles los nidos de pájaros?
  • Hijo querido, los ángeles son amigos de los árboles y los nidos. Ellos cuidan a las aves, y no necesitan vestidos.
  • ¡Mamá! Los ángeles, cuando se quedan dormidos… ¿Quién los cuida y los besa, si tú dices que no son niños?
  • Hijo querido ¡Los ángeles del cielo, son como tú, mi niño! ¡No están solos! Pues Dios está con ellos y también está contigo.

Como Di Dad

Un día, un hombre sabio y piadoso clamó al cielo por una respuesta.
Aquel hombre encabezaba un grupo de misioneros que oraban por la paz del mundo, para lograr que las fronteras no existieran y que toda la gente viviera feliz.
La pregunta que hacían era: ¿Cuál es la clave, Señor, para que el mundo viva en armonía?
Entonces, los cielos se abrieron y después de un magnífico estruendo, la voz de Dios les dijo:

- COMODIDAD.
Todos los misioneros se veían entre sí, sorprendidos y extrañados de escuchar tal término de la propia voz de Dios.
El hombre sabio y piadoso  preguntó de nuevo:
- ¿Comodidad, Señor?, ¿qué  quieres decir con eso? Dios respondió:
- La clave para un mundo ¡: pleno es: COMO DI, DAD. Es decir, así como yo les di, dad  vosotros a vuestro prójimo.

Como di, dad vosotros fe; como di, dad vosotros esperanza; como di, dad vosotros caridad; como di, sin límites, sin pensar en nada más que dar, dad vosotros al mundo.
Sigamos la clave: Como di, dad.

"Les doy un mandamiento  nuevo: que se amen los unos a  los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado".                                                (Juan 13,34)


Hay mayor felicidad en dar que en recibir. Da de lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta

Caridad

Cuántas y cuántas veces nos sentimos contentos con nosotros mismos cuando hacemos una obra de caridad, algún gesto de ayuda al prójimo.

Y todo tiene su valor, no hay duda, como dijo Jesucristo:
"Hasta un vaso de agua dado con amor tendrá su recompensa" (Mt 10,42)
Vea por ejemplo el testimonio de una mujer:
"Un niñito desarrapado, con carita de hambre, vino a recoger una camisa que le ofrecí cuando lo encontré en la calle.

Sobraba algo de comida del almuerzo. Y, entonces, le pregunté: - ¿Quieres almorzar?

El respondió: - Sí quiero, señora.
Y comió de prisa, con muchas ganas. En la mitad de plato, de repente, se paró y dijo:

  • Señora, ¿me regala un pedazo de papel?
    Al traerle el papel, él envolvió con cuidado el resto de su comida y explicó:
  • Es para mi amigo; hoy a esta hora él no ha comido nada todavía.
    Y yo pensaba que estaba siendo caritativa porque le di una camisa vieja y un poco de comida que sobró".

"A los ojos de la caridad no es nunca pequeño el bien que se hace ni el mal que se evita"

Ayudar a otros

Estaban los reporteros de un canal de televisión en un restaurante céntrico, cubriendo una noticia… en eso, a través de un cristal polarizado que no permitía ver desde el exterior, observaron y filmaron una escena que han venido repitiendo continuamente, tratando de "taladrarnos" el alma para sembrar el mensaje:

La temperatura era como de 5° grados, eran las 10:00 de la mañana, aproximadamente. En la acera, por una rejilla de ventilación, brotaba el aire caliente del sistema de calefacción de un hotel. De pie sobre la rejilla, una mujer indigente, afectada de sus facultades mentales, trataba de mitigar el frío con el aire caliente, cubriéndose con un mantel.

En eso, un joven se acerca a ella, se quita la chaqueta, quedando en mangas de camisa, le pone la chaqueta a la señora, le cierra el zipper (cremallera, como otros la conocen), le indica que recoja un bolso que tenía la señora a un lado y se aleja, envolviéndose con una larga bufanda clara. A su alrededor, la gente pasaba indiferente, sin notar lo que sucedía…

Este hecho, que debía ser cotidiano para todos como seres humanos y hermanos que somos, ha causado un revuelo como no tienen idea. Los reporteros trataron de hablar con el joven, pero éste se escabulló, después de dar un nombre falso…

La historia podría haber terminado ahí, en un benefactor anónimo… sin embargo, la gente empezó a llamar a la televisora, algunos dando datos del joven en cuestión, otros "denunciando" otros casos de benefactores, ángeles silenciosos que Dios guía para ayudar a quien lo necesita.

Dos días después aceptó ser entrevistado. Resultó ser un joven de 27 años, desempleado, soltero, que vive con su madre y cuyo padre falleció hace año y medio. La chaqueta era de su papá, pero se desprendió de ella porque pensó que el mejor uso que podía darle era ése, ayudar a quien no tenía cobijo. Su madre lo convenció de salir en la televisión, sugiriendo que tal vez ésa era la manera en que Dios quería ayudarlo para que consiguiera trabajo.

Cuando le preguntaron, ¿por qué lo hiciste?.., sólo respondió:

  • Toda mi vida he estado rodeado de amor, quizá demasiado, sólo compartí un poquito de lo mucho que he recibido.
  • Y, ¿qué sentías cuando te alejabas de ahí?.
  • Sólo felicidad; el aire frío que me calaba me hizo sentir alegre, pues yo lo sentía en vez de esa mujer…

Qué gran lección nos dio este muchacho, a muchos que como él estamos desempleados, con riesgo de tener dificultades económicas y que, al contrario que él, sólo pensamos en solucionar nuestros problemas sin pensar en los demás.

Está de más decir que ahora hay decenas de empresas que solicitaron hablar con él ofreciéndole un empleo basándose en el hecho irrefutable de que donde hay valores hay honestidad, y un empleado con la calidad moral de él sólo puede traer beneficios a la empresa.

A ayudar a los demás, amigos, eso es lo que Él nos enseñó, ¿cuándo fue que perdimos el Camino?…

Ayudando seremos ayudados

En una zona montañosa, a través de una región desierta, caminaban dos viejos amigos, ambos enfermos, cada uno defendiéndose lo mejor posible, contra los golpes del aire helado; y de pronto, se vieron sorprendidos por una criatura casi muerta en el camino, ante el viento del invierno.

Uno de ellos, miró a este ser singular, tirado, y exclamó irritado:

  • No perderemos el tiempo. Debo cuidarme a mí mismo. Sigamos nuestro camino.
  • Amigo, salvemos al pequeño. Es nuestro hermano…, ¡por humanidad!
  • No puedo -dijo el compañero endurecido-. Me siento cansado y enfermo. Este desconocido sería un peso insoportable. Tenemos frío y hay tempestad. Precisamos llegar a la aldea próxima, sin pérdida de tiempo.

Y avanzó hacia adelante, dando largos pasos.
El caminante de buenos sentimientos, con todo, se inclinó hacia el pequeño extendido sobre el suelo, se demoró algunos minutos para levantarlo colocándolo paternalmente en su propio pecho, y apretándolo aún más contra sí, comenzó a caminar lentamente.

La lluvia helada cayó por la noche, pero él, cargado con el valioso cuerpo del pequeño, después de mucho tiempo, logró llegar al albergue del poblado que buscaba.
Con enorme sorpresa, no encontró allí a su amigo, que lo precedía.

Solamente, al día siguiente, después de una minuciosa búsqueda, fue el infeliz caminante encontrado sin vida, en una desviación del camino principal.

Siguiendo de prisa y a solas, con la idea egoísta de preservarse, no resistió la onda de frío que se hizo violenta, y cayó casi congelado, sin recursos para calentarse; en cuanto a su compañero de viaje, recibió a cambio, el suave calor del pequeño que llevaba junto a su propio corazón, superando los obstáculos de la noche fría, guardándose a salvo de semejante desastre.

Este viajero descubrió lo sublime del auxilio mutuo…
Ayudando al pequeño abandonado, se ayudó a sí mismo.
Avanzando con sacrificio, para ser útil al otro, consiguió vencer los obstáculos del camino, alcanzando las bendiciones de la salvación recíproca.

Los más elocuentes y exactos testimonios de un hombre delante del Padre Supremo, son sus propias obras.

Aquéllos que amparamos, constituyen nuestro sustento.
El corazón que socorremos se jnvierte ahora, o más tarde, en scurso a nuestro favor.
Nadie lo dude.

Un hombre solo, es simplemente un adorno vivo de la soledad, pero aquél que coopera en beneficio del prójimo, es creador del auxilio común.
Ayudando, seremos ayudados. Dando… recibiremos: ésta es la Ley Divina.

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