por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 5
Ella tenía seis años cuando la vi por primera vez en aquella playa cercana por donde vivía. Suelo manejar hasta esa playa, unas tres o cuatro millas, cada que vez que siento que el mundo me agobia.
Ella estaba construyendo un castillo de arena o algo así. De repente miró hacia arriba, con sus ojos azules, tan azules como el mar. - Hola - me dijo.
Le respondí con un gesto, sin muchas ganas de preocuparme por una niña pequeña.
- Estoy construyendo – dijo ella.
- Ya veo. ¿Pero y qué es? – le dije, sin darle mucha importancia.
- No lo sé, pero me gusta sentir la arena.
- Eso suena fantástico - pensé, y me quité los zapatos, cuando de pronto un Andarríos pasó volando.
- ¡La felicidad! - dijo la niña. ¿Qué es… qué?
- ¡Es la felicidad! Mi mami dice que los pájaros marrones (Andarríos) vienen para traernos
felicidad.
El ave se fue, deslizándose suavemente por la playa.
- Hasta luego, felicidad, - murmuré interiormente, "hola
dolor", me dije, y me volteé y seguí caminando. Estaba deprimida, mi vida estaba completamente fuera de control… Pero ella no se rendiría…
- ¿Cómo se llama? - me dijo. Ruth -le respondí-. Me llamo Ruth Peterson.
- Yo soy Wendy, y tengo seis años. Hola Wendy - le dije.
Y con su risa de niña me dijo: -¡Qué graciosa es!
En lugar de seguir triste, también me sonreí y seguí caminando… Su risita musical me acompañó…
- Venga otra vez, señora –me dijo- y tendremos otro día feliz.
Los siguientes días, son otra historia: un grupo de revoltosos Niños Exploradores, reuniones de la Asociación de Padres de Familia, mi madre enferma…
El sol brillaba una mañana, en que decidí sacar mis manos del agua sucia de los platos…
- Necesito un pájaro marrón - me dije a mí misma, y cogí un abrigo. El bálsamo siempre
cambiante de las olas del mar me esperaba…
Caminé a trancazos, a pesar de la brisa fría, tratando de recapturar la serenidad que tanto necesitaba… Había olvidado a la niña, y me sobresalté cuando ella apareció.
- Hola, Ruth -me dijo-. ¿Quieres jugar?
- ¿Qué tienes en mente? – le pregunté, con un tono de enojo.
- No lo sé, lo que tú digas. ¿Qué tal unas "charadas"? -le pregunté sarcásticamente.
Su cantarína risa regresó otra vez, diciéndome: ¡No sé qué es eso!
- Entonces, sólo caminemos -le dije.
Mirándola, me di cuenta de la delicada palidez de su rostro.
- ¿En dónde vives? - le dije. Por allá - dijo, y señaló hacia una fila de cabanas de verano,
algo extraño para ser invierno.
- ¿A qué escuela vas? No voy a la escuela. Mimami dice que estamos de vacaciones - y siguió con su conversación de niña mientras nos paseábamos por la playa, pero mi cabeza estaba en otro sitio.
Cuando me iba a casa, Wendy dijo que había sido un lindo día. Sintiéndome sorprendentemente mejor, le sonreí coincidiendo con ella…
Tres semanas después, corrí a mi playa casi presa de un estado de pánico. Ni siquiera estaba de humor para saludar a Wendy. Creí ver a su madre en el portal de su cabana, y me sentí casi pidiéndole que mantuviera a su hija ahí.
- Mira, si no te importa -le dije rápidamente cuando Wendy se cruzó conmigo-, hoy preferiría estar sola.
Se le veía extrañamente pálida, y con mucha dificultad para respirar…
- ¿Por qué? - preguntó. Me volteé y le grité: ¡Porque mi madre ha muerto! - y pensé "Dios mío, ¿qué hago diciéndole esto a una niña?".
- Oh, -dijo ella en voz baja- entonces hoy no es un buen día. ¡Así es, ni ayer ni antier, ni…
oooh, vete de aquí! ¿Dolió?
- ¿Qué dolió? -dije exasperada con ella y conmigo-¿cuándo ella murió?, ¡por supuesto que dolió!, - le contesté toscamente, sin entender bien, y me encerré en mí misma… Me fui
rápidamente…
Un mes después o algo así, cuando fui otra vez a la playa, ella no estaba ahí…
Me sentí culpable, avergonzada, y me dije a mí misma que la extrañaba, así que después de mi caminata, fui a su cabana y toqué a la puerta. Me abrió la puerta una joven mujer, de cabellos color miel y rostro desencajado.
Hola, -le dije- Me llamo Ruth Peterson. Hoy no vi a su niña y me preguntaba dónde estaría. Ah, sí, señora, pase por favor. Wendy hablaba mucho de usted. Siento mucho haberla dejado que la molestara tanto. Acepte mis disculpas, si es que ella la molestó mucho.
- No, no, por favor, ella es una niña encantadora - le dije, dándome cuenta de que en
realidad era eso lo que quería decir.
- ¿Dónde está? Wendy… murió la semana pasada, señora. Tenía leucemia.
Tal vez no se lo dijo. Muda del asombro, busqué a tientas una silla, a la vez que trataba de recuperar la respiración…
- Ella amaba esta playa, así que cuando pidió que viniéramos, no pudimos decirle que no.
Parecía estar mucho mejor aquí, y tenía mucho de lo que ella llamaba… sus días felices. Pero las últimas semanas… se fue rápidamente… - dijo su madre, quebrándosele la voz.
- Dejó algo para usted… si tan sólo pudiera encontrarlo. ¿Podría esperar un momento mientras lo busco?
Hice un gesto estúpido de aceptación, mientras mi mente buscaba algo, cualquier cosa, algo que pudiera decirle a esta amable jovencita…
Me extendió un sobre garabateado con las letras: "Sra. P" en negrita y con caligrafía infantil. Dentro de él, había un dibujo en crayolas: una playa amarilla, un mar azul y un pájaro marrón. Debajo de todo eso, se leía cuidadosamente escrito: "UN PÁJARO MARRÓN PARA DARLE FELICIDAD".
La cara se me llenó de lágrimas, y un corazón que prácticamente había olvidado amar, comenzó a abrirse… Tomé a la mamá de Wendy en mis brazos…
- Cuánto lo siento, cuánto lo siento… cuánto lo siento - dije una y otra vez, y lloramos a mares las dos juntas…
El precioso dibujito ahora está enmarcado, y cuelga en mi estudio.
Seis palabras… una por cada año de su vida… seis palabras que me hablan de armonía, coraje y amor incondicional.
Un regalo de una niña de ojos color mar azul y cabellos color arena, una niña que me enseñó y me dio un regalo de amor.
La historia anterior es una historia de la vida real, enviada por Ruth Peterson. Que sirva
para recordarnos a todos nosotros que necesitamos darnos tiempo para disfrutar de la vida y de nosotros.
"El precio de odiar a otros seres humanos, es amarnos menos a nosotros mismos".
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 5
Una tarde, una pareja iba en la carretera, cuando de pronto vieron a lo lejos a una mujer en la mitad de la misma, que pedía que pararan.
La esposa le dijo al esposo que mejor no se parara, porque podía ser peligroso, pero el esposo decidió pasar despacio, para no quedarse con la duda de saber qué es lo que sucedía…
Cuando iban acercándose, observaron que la mujer estaba golpeada de la cara y de los brazos; es ese momento decidieron pararse. La mujer les pidió ayuda, diciéndoles que había tenido un accidente automovilístico y que su esposo y su hija, una recién nacida, estaban adentro del carro, en el barranco; que el esposo estaba muerto, pero que la bebé se encontraba con vida.
El esposo decidió bajar a rescatar a la niña, y le pidió a la señora lastimada que se quedara con su esposa adentro del carro.
Él bajó y vio a dos personas adelante, en el carro, pero no le tomó importancia y sacó rápido a la bebé, y subió a llevársela a su madre. Cuando subió no vio a la señora, así que le preguntó a su esposa que en dónde estaba, pero la esposa le contestó que la señora se había ido tras él. Cuando el señor decidió ir a buscarla al barranco, se fijó claramente que las dos personas que estaban en los asientos de adelante estaban muertas, y eran un señor y una señora con el cinturón puesto. Y cuando vio bien a la señora, se dio cuenta de que era la misma que les pidió auxilio al principio.
¿No crees que fue un milagro de Dios?
Actualmente la niña vive con sus familiares, y vivirá para contarlo.
“El amor de Dios es como el mar, puedes ver su inicio, pero no su final”
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 5
¿Has tenido alguna vez la sensación de que la vida es mala, realmente mala, y deseado estar en una situación diferente? Sientes que la vida te ha hecho las cosas difíciles: el trabajo apesta, la vida apesta, todo parece irte mal. Lee la siguiente historia, bien pudiera cambiar tu perspectiva acerca de tu vida:
Durante una conversación con uno de mis amigos, me dijo que a pesar de tener dos empleos y llevar a casa poco más de unos $6,000 al mes, se sentía feliz.
Me pregunté cómo podía sentirse feliz, considerando que tenía que luchar con tan pocos ingresos para mantener a un par de padres ancianos, a sus suegros, a una esposa, dos hijas y las muchas cuentas de un hogar.
Me explicó que había llegado a esta actitud, a través de un incidente que vivió en la India. Este había ocurrido unos pocos años antes, mientras se sentía realmente mal, y decidió pasear por aquel país, tras un fuerte descalabro personal.
Me contó que justo frente a sus ojos, vio a una madre hindú cortarle el brazo derecho a su
niño con un hacha. El recuerdo de la impotencia de la madre reflejada en sus ojos, y el grito de dolor de la inocente criatura de 4 años, todavía le persiguen hasta hoy.
Uno se podría preguntar por qué hizo tal cosa la madre; ¿se habría portado mal el niño?, ¿se le habría infectado la mano al niño? No, aquello fue hecho por dos sencillas palabras: ¡para mendigar!
La desesperada madre había lisiado deliberadamente al niño, para que éste pudiera salir a la calle a mendigar.
Tomado por sorpresa por la escena, dejó caer un trozo de pan que estaba comiendo. Y casi instantáneamente, un grupo como de cinco o seis niños se abalanzó sobre el pedacito de pan cubierto de arena, arrebatándose trocitos el uno al otro. La reacción natural del hambre.
Impactado por lo acontecido, le pidió a su guía que lo llevara a la panadería más cercana. Visitó dos panaderías y compró todo el pan que pudo hallar en ellas. Los dueños, sorprendidos pero de buena gana, vendieron todo su producto. Invirtió menos de $800 al adquirir unas 400 rebanadas de pan (a menos de $2 la rebanada) y gastó otros $1,000 para comprar otros artículos de primera necesidad.
Así, volvió a la calle con un camión lleno de pan. Mientras distribuía el pan y los artículos de primera necesidad entre los niños (la mayoría lisiados) y unos cuantos adultos, recibió alabanzas y agradecimientos de parte de los infortunados. Por primera vez en su vida se preguntaba cómo podía la gente sacrificar su dignidad por una rebanada de pan que costaba menos de $2. Comenzó a decirse a sí mismo cuan afortunado era. Cuan afortunado de tener un cuerpo completo, de tener un empleo, de tener una familia, de tener la oportunidad de quejarse acerca de la calidad de la comida, de tener la oportunidad de vestirse, de tener las muchas cosas de las que esta gente frente a él estaban desprovistas.
¡En ese momento comencé a pensar y sentir lo mismo! ¿Era mi vida realmente tan mala? Tal vez no. No debía sentirme mal del todo. ¿Y qué de usted? Quizás la próxima vez que piense que lo está, debiera pensar en el niño que perdió una mano para mendigar en las calles.
"La satisfacción no es la realización de lo que queremos, es el reconocimiento de lo mucho que ya tenemos".
Cuando la puerta de la felicidad se cierra, otra se abre; pero muchas veces nos quedamos mirando la puerta cerrada por tanto tiempo, que no vemos la que se nos ha abierto.
Si bien, es cierto que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, no es menos cierto que tampoco sabemos lo que nos ha estado faltando, hasta que nos llega.
La gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo; simplemente la que sabe aprovechar al máximo todo lo que le viene.
El futuro más brillante siempre estará basado en un pasado olvidado; no nos podrá ir bien en la vida, hasta que soltemos nuestro pasado de fracasos y quejas.
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 5
Para recordar y valorar la oportunidad que tenemos de estar con las personas que amamos y nos aman…
"Estoy harto de la vida…" Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días, llego a la casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar, la cual no me gustó mucho que digamos, y tengo que comer la comida que no me gusta.
Voy a entrar al baño, y mi hija de apenas año y medio no me deja, porque quiere jugar conmigo; no entiende que estoy cansado y quiero entrar al baño. Después, tomo mi revista para leerla en mi sillón, y mi hija nuevamente quiere jugar y que la arrulle entre mis brazos.
Yo quiero leer mi revista y sale mi esposa con su…
- ¿Qué tal me veo?, me arreglé para ti… - le digo que bien sin despegar los ojos de mi revista, para variar; se enoja conmigo porque dice que no la comprendo, y que nunca la escucho. No sé por qué se enoja si le pongo toda mi atención; es más, aún viendo la T.V. le pongo atención, bueno, siempre y cuando haya malos comerciales. A veces quisiera estar solo y no escuchar nada, yo sólo quiero descansar. Suficientes problemas tengo en el trabajo para escuchar los de mi casa.
Mi padre también me molesta algunas veces, y entre clientes, esposa, hija, padre, me vuelven loco, quiero paz.
Lo único bueno es el sueño. Al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos. Hola, vengo por ti. ¿Quién eres tú?, ¿Cómo entraste?
- Me manda Dios por ti, dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de descansar.
- Eso no es posible, para eso tendría que estar… Así es, sí lo estás, ya no te
preocuparás por ver a la misma gente, ni por caminar, ni de aguantar a tu esposa con sus
guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste. Es más, jamás escucharás los consejos de tu
padre. Pero… ¿Qué va a pasar con todo?, ¿con mi trabajo? No te preocupes, en tu
empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto, y por cierto, está muy feliz porque no tenía trabajo.
- ¿Y mi esposa y mi bebé? A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades, que tú nunca observaste en ella, y acepta con
gusto todos sus guisos sin reclamarle nada, porque gracias a Dios y a ella, tiene algo qué llevarse a la boca todos los días, a diferencia de otras personas que no tienen nada qué comer, y pasan hambre hasta por meses; y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera de él, y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, dedica tiempo para jugar con ella. Son muy felices.
- No, no puedo estar muerto. Lo siento, la decisión ya fue tomada.
- Pero… eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebé, ni a decirle "te amo" a mi esposa. Ya no veré a mis amigos para decirles lo mucho que los aprecio, ni darle un abrazo a mi padre. Ya no volveré a vivir, ya no existiré más; me enterrarán en el panteón y ahí se quedará mi cuerpo, cubierto de tierra. Nunca más volveré a escuchar las palabras que me decían: ¡Hey, amigo, eres el mejor!; hijo mío, estoy orgulloso de ti; cuánto amo a mi esposo; hermano mío, qué bueno que veniste a mi casa; papito…
- NO, ¡NO QUIERO MORIR, QUIERO VIVIR!, ¡envejecer junto a mi esposa!, ¡NO QUIERO MORIR TODAVÍA…!
- Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para
SIEMPRE.
- NO, NO QUIERO, ¡NO QUIERO, POR FAVOR, DIOS…!
- ¿Qué te pasa, amor?, ¿tienes una pesadilla? - dijo mi esposa despertándome.
- No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebé, de mi familia, de todo lo que Dios creó. ¿Sabes?, estando muerto ya nada puedes hacer, y estando vivo puedes disfrutarlo todo. Una vez cerrando tus ojos, nadie te garantiza volver a abrirlos.
Recuerden que despertar a cada día es maravilloso.
¡QUÉ BELLO ES VIVIR! HOY LO LOGRÉ, MAÑANA… MAÑANA DIOS DIRÁ.
Aunque las cosas no vayan nada bien, Dios nos da la oportunidad de despertar y disfrutar la vida… mientras estés vivo…
"No pongas un punto, donde Dios puso una coma"
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 5
Cuentan que una vez, un hombre caminaba por la playa en una noche de luna llena. Pensaba de esta forma:
"Si tuviera un auto nuevo, sería feliz".
"Si tuviera una casa grande, sería feliz".
"Si tuviera un excelente trabajo, sería feliz".
"Si tuviera una pareja perfecta, sería feliz".
En ese momento, tropezó con una bolsita llena de piedras, y empezó a tirarlas una por una al mar cada vez que decía: "Sería feliz si tuviera…"
Así lo hizo, hasta que solamente quedaba una piedrita en la bolsa, la cual guardó. Al llegar a su casa se dio cuenta de que aquella piedrita era un diamante muy valioso. ¿Te imaginas cuántos diamantes arrojó al mar sin detenerse y apreciarlos?
¿ Cuántos de nosotros pasamos arrojando nuestros preciosos tesoros, por estar esperando lo que creemos perfecto, o soñando y deseando lo que no se tiene, sin darle valor a lo que tenemos cerca de nosotros?
Mira a tu alrededor, y si te detienes a observar te darás cuenta cuan afortunado eres; muy cerca de ti está tu felicidad y no le has dado la oportunidad de demostrarlo.
Observa la piedrita, que puede ser un diamante valioso. Cada uno de nuestros días es un diamante precioso, valioso e irremplazable. Depende de ti aprovecharlo o lanzarlo al mar del olvido, para nunca más poder recuperarlo.
"Dame Señor, lo que Tú sabes que me conviene y que yo no sé pedir. Que tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, y que me halle siempre dispuesto a hacer Tu santa voluntad.
Derrama, Señor, tus gracias sobre todos los que amo. Y concede tu paz al mundo entero. Gracias, Dios mío, por escucharme".