por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
El oro, para ser purificado, debe pasar por el fuego, y el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las pruebas?
Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida, y cómo las cosas le resultaban tan difíciles.
No sabía cómo hacer para seguir adelante, y creía que se daría por vencida. Estaba
cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. Su padre, un cheff de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua, y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto, el agua de las tres ollas estaba hirviendo.
En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos, y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos, el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer tazón. Mirando a su hija, le dijo:
- Querida, ¿qué ves? Zanahorias, huevos y café - fue su respuesta. La hizo acercarse, y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo, y notó que estaban blandas. Luego
le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cascara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió, mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente, la hija preguntó:
- ¿Qué significa esto, padre? El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo; pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil. Su cascara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
Los granos de café, sin embargo, eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
- ¿Cuál eres tú? -le pregunta a su hija.- Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café? ¿Y cómo eres tú, amigo?
¿Eres una zanahoria que parece fuerte, pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
-¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio, o un despido, te has vuelto duro y rígido?
Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.
¿Cómo manejas la adversidad? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano
de café?
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Cierta vez, caminaban dos monjes a orillas del bosque. Se dirigían con paso fluido hacia el monasterio que se ubicaba a dos kilómetros de distancia, después de cruzar el torrentoso río.
Al aproximarse al río, uno de ellos observó que una mujer, con su ropa raída por los intentos de cruzar, ya estaba exhausta y con mucho miedo…
En cuanto los vio aproximarse, les suplicó que le ayudarán a cruzar el río, pues sola ya comprendía que no lo lograría…
Uno de los monjes se deshizo en explicaciones.
No te podemos cruzar porque llevamos prisa, y aparte no te podemos ayudar porque somos de cuerpo frágil para cargarte, y es por esto que no podemos cruzar contigo, porque si fallamos seríamos culpables de tu muerte.
El otro monje, la tomó fuertemente en sus brazos, la cruzó, la soltó y siguió caminando…
Mientras seguían la senda, aquél que puso puros pretextos y explicaciones, le alegaba y llamaba la atención por haber ayudado a la mujer.
- Cómo pudiste arriesgar tu vida; gastaste tu energía física, no debiste haberlo hecho.
Después de dos horas de escuchar reproches, y ante la puerta del monasterio, el monje le responde…
- Yo sólo la cargué mientras cruzaba el río; sin embargo, tú la has cargado todo el camino…
¿Cuántas veces llevamos con nosotros un problema que bien hubiera podido quedarse en el pasado?
¿Cuánto tiempo nos demoramos en perdonar, aun cuando el río tormentoso ya lo hayamos cruzado?
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Acabábamos de llegar a San Miguel, de misiones.
Calles y personas nos hablaban de pobreza.
Casas construidas con hojalata se veían por doquier.
Niños sucios y de suéter roto, remendado en exceso, de caras mal lavadas, nos acompañaron todo el camino.
Pero anchas sonrisas iluminaban esas caras.
Bromas y chistes acompañaban sus juegos, a la vez que un gran respeto por las misioneras.
Sus papas no eran menos.
Nos acogieron con toda alegría, con la mayor solemnidad que fueron capaces.
Nos llevaron a conocer el lugar: la escuela, la parroquia, sus casas…
Sorprendía ver con cuánta pobreza vivían.
Un cuarto era todo su hogar: cocina, dormitorio, sala, todo en uno.
Jergones en el suelo hablaban del lugar donde descansaban del trabajo del día.
Unos pocos trastes eran toda su riqueza.
Y la imagen de la Virgen de Guadalupe, por supuesto, con unas flores y entre cortinas.
Dios nos había traído al palacio de la pobreza, y
estábamos dispuestas a compartirla con Él.
Los señores nos llevaron a conocer nuestra casa, la que nos alojaría esa semana.
Un poco más grande que las demás, nos estaba esperando.
Al entrar, una visión sorprende nuestras mentes: en el suelo, en lugar de jergones, había camas.
Las únicas camas de todo el pueblo, encerradas todas en esa casa.
Nosotras tenemos sacos de dormir, en los que pensábamos pasar la noche.
Como por un resorte, nos acercamos a los señores que tan bien nos habían tratado, para decirles:
- ¿Pero, cómo nos han dejado sus camas? Llévenselas. Nosotras tenemos sacos,
podemos dormir perfectamente en ellos.
- No, señorita, estas camas son para las misioneras. Pero, si podemos dormir
perfectamente en nuestros sacos…
Al final, un señor bigotudo, mucho más decidido, nos dio la explicación.
- Señorita, no depende de si tienen sacos o no. Lo que importa es que ahora ustedes representan a Jesús.
Y si viniera Jesús, nunca permitiríamos que durmiera en el suelo. Dormimos en sus camas esa semana.
Nos dieron lo mejor que tenían, como si se lo dieran a Dios. Su fe nos dejó aún más que
esas mismas camas.
Pero, estoy segura de que también Dios se los recompensó, como dice en el Evangelio:
"En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí". (Mateo 25,40)
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Cuenta una antigua leyenda, que cuando Dios estaba creando al ser humano, tenía a su alrededor seis ángeles:
Uno de ellos preguntó: - ¿qué estás haciendo?
El segundo preguntó: - ¿por qué lo haces?
El tercero: - ¿puedo ayudarte?
El cuarto ángel preguntó: - ¿cuánto vale todo eso?
El quinto dijo: - no me gusta
- y el sexto se puso a admirar y a aplaudir.
El primer ángel era un científico.
El segundo un filósofo. El tercero un altruista. El cuarto un comerciante.
El quinto un demonio y el sexto un místico.
Esos mismos personajes aparecen a nuestro alrededor cuando queremos hacer algo, y hay que aprender a reconocerlos.
Unos quieren observar, otros discutir, otros criticar y sólo unos pocos están dispuestos a ayudar y a estimular.
Por eso, cuando queremos sembrar, debemos contar con la envidia y las críticas, sin dejarnos frenar por ellas.
Pero hay algo más: cuando otros hacen algo, ¿cuál es nuestra actitud?
¿Tendemos la mano, o ponemos zancadillas?
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
El niñito miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:
- ¿Abuelo, estás escribiendo una historia sobre nosotros?, ¿es, por casualidad, una historia acerca de mí?
El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:
- Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras, es
el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueras como él cuando crezcas.
El nieto miró el lápiz, intrigado, y no vio nada de especial en él, y preguntó:
- ¿Qué tiene de particular ese lápiz? El abuelo le respondió:
- Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.
Primera cualidad:
Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esta mano la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a su voluntad.
Segunda cualidad:
De vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, estará más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.
Tercera cualidad:
El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho, no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.
Cuarta cualidad:
Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.
Quinta cualidad:
Siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso, intenta ser consciente de cada acción.
"Sí quieres oír la voz de Dios, bájale el volumten a la del mundo”