REGRESANDO A CASA
Testimonio

Describe así su proceso de conversión:

“La convención general de la Iglesia episcopal de Seattle, de 1967, determinó admitir el aborto para salvar la vida de la madre, cuando había violación o incesto, o cuando el niño podía nacer enfermo de cuerpo o alma.

Hasta ese día, yo estaba contento como sacerdote ordenado de la Iglesia episcopaliana y creía que la Iglesia episcopaliana tenía la plenitud de la fe, en unión con la Iglesia católica y la ortodoxa.

Yo tenía la esperanza de que la Iglesia de Inglaterra y el resto de la comunión anglicana se distanciaría de esta decisión de la Iglesia episcopaliana norteamericana y le pediría una retractación. Pero esto no ocurrió.

Por eso, yo no podía aceptar la comunión anglicana, que permitía o, al menos, toleraba lo que había sido rechazado por toda la cristiandad desde el comienzo, como puede verse en la Didache (Doctrina de los doce apóstoles), escrita hacia el año 70.

Pensé en hacerme sacerdote de la Iglesia ortodoxa, que tenía sacerdotes casados. Pero me di cuenta de que la Iglesia ortodoxa aceptaba el matrimonio de aquéllos que se habían divorciado, después de recibir el sacramento del matrimonio, y estando todavía vivos sus esposos.

¿Debería hacerme católico? Yo creía que la Iglesia católica estaba equivocada con relación a la infalibilidad del Papa.

Sin embargo, pedí el consejo de un notable teólogo y ecumenista, el Padre John A. Hardon, jesuita. Él era amigo de mi familia y había dirigido en 1965 mi grado de master en teología medieval.

Él me dirigió para estudiar a los Padres de la primitiva Iglesia y ver cómo creían en la infalibilidad del Papa. Además, estudié durante un año en una escuela teológica.

Después de este año, el Padre Hardon aceptó un puesto de enseñanza en la Universidad de Ottawa y allí nos fuimos con él para seguir estudiando hasta que me convencí y decidí hacerme católico.

Yo era católico ya en mis creencias en 1971, pero esperé hasta 1978 a ver si me aceptaban como sacerdote católico.

Después de varios intentos infructuosos, fui recibido el 15 de agosto de 1978 en la Iglesia como laico, aunque ya mi esposa e hijos lo habían hecho con anterioridad.

Felizmente, después de varios años, el Papa Juan Pablo II, me dio un permiso especial para ser ordenado sacerdote católico, estando casado. Fui ordenado por el obispo Fremiot Torres, de Ponce, Puerto Rico.

Ahora soy feliz de ser sacerdote en la Iglesia católica”124.

"Aunque las lenguas del mundo son diversas, sin embargo, la autoridad de la tradición es una y la misma."
(San Ireneo, Contra los herejes, 1, 10, 2).


124 Resumen del testimonio, que puede leerse en internet en www.chnetwork.org/converts.htm.

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