Autor: P. Angel Peña O.A.R
Oh María, Madre de nuestra familia, a tu Corazón Inmaculado queremos consagrarnos en este día.
Queremos ponernos bajo tu manto y protección para que siempre nos defiendas de todo mal y de todo poder del maligno.
Madre nuestra, Virgen María, defiéndenos de los peligros, ayúdanos a superar las tentaciones y presérvanos de todo mal.
Y, cuando lleguen los momentos de dolor, sé Tú nuestro consuelo y nuestro refugio.
Y, en los momentos de alegría, llévanos por el camino que nos conduzca a Dios para serle siempre agradecidos.
Madre nuestra, recibe nuestro humilde acto de consagración.
Tuyos somos y tuyos queremos ser para siempre.
Y danos la gracia de amar a Jesús con todo nuestro corazón y ofrecerle el homenaje de nuestro amor, especialmente en la Eucaristía.
Soy todo tuyo, Reina mía, madre mía, y cuanto tengo tuyo es.
Te entrego mi vida y mi amor, mi pasado, mi presente y mi futuro con todo lo que tengo y todo lo que soy para que todo ello se lo presentes a Jesús, que lo recibirá contento de tus manos.
Dulce Corazón de María, sed la salvación mía.
Amén.
