Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Hay una película, titulada Un príncipe en Nueva York (Coming to America), donde Eddie Murphy hace el papel de un príncipe de África a punto de convertirse en rey.

Todas las mujeres del reino quieren casarse con él por su riqueza, pero él desea encontrar a alguien que lo ame por sí mismo.

Con esta intención va a USA, donde nadie sabe quién es. Se viste sencillamente y consigue un trabajo como empleado de McDonalds y vive en un lugar pobre de Harlem en Nueva York.

Con el fin de encontrar la mujer de su vida, se convierte, por decirlo así, en un pobre empleado con apariencia pobre y humilde.

De esta manera, llega a conocer en una iglesia a una joven muy atractiva que lo quiere mucho y ambos se enamoran.

Ella acepta su propuesta matrimonial y, al descubrir que es un príncipe disfrazado, queda asombrada. Pero ella ha sido quien le ha robado el corazón y él la convierte en una princesa y en la mujer más rica del mundo.

Esta es la historia de la película, pero algo parecido podemos decir de Jesús. No quiere que lo busquemos solamente por interés, porque es rico y nos puede ayudar.

Muchos sólo lo invocan, cuando lo necesitan. Él quiere que lo amemos por sí mismo.

Por eso, ha querido tener una pobre apariencia en la hostia consagrada y estar en el sagrario, como en una casa pequeña y pobre, esperando encontrar al amor de sus amores.

Pero muchos pasan de largo y no sienten necesidad de Él y menos de perder su tiempo visitándolo, porque no se dan cuenta de que Él es el mismo Jesús de Nazaret, el Dios-Hombre, creador de universo, en persona.

Quizás se den cuenta demasiado tarde, cuando ya no tengan remedio.

Mientras tanto, Jesús sigue buscando sinceros y verdaderos adoradores que lo amen por sí mismo, sin interés, sin buscar nada a cambio, simplemente para agradecerle todos los beneficios recibidos y para disfrutar de su sincera amistad.

¿Quieres ser un verdadero amigo de Jesús? Jesús está enamorado de ti.

¿Estás tú enamorado de Jesús? Quizás Él quiere que seas su esposa a tiempo completo y para siempre, consagrándote a Él en la vida religiosa.

Pero, al menos, no lo olvides, Él desea que le des todo tu amor y que le digas muchas veces: Jesús, yo te amo, yo confío en Ti.

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